Alguien abrió la puerta, en el otro extremo de la pieza; Nancy tuvo el
presentimiento de que era su marido. Volvió la espalda a la ventana con
los ojos llenos de alegría, porque el temor más grande de la esposa se
había desvanecido.
--Amigo mío, me alegro de que estéis de vuelta--dijo adelantándose hacia
él--. Comenzaba a estar...
Nancy se detuvo bruscamente, porque Godfrey se quitaba el sombrero con
las manos trémulas y se volvía hacia su mujer con el rostro pálido y la
mirada extraña y fría como si la viera realmente, como si la viera
desempeñando un papel en una escena que ella misma no viera. Nancy posó
una mano sobre el brazo de su marido, no atreviéndose a seguir hablando.
Godfrey, sin embargo, no reparó en aquel movimiento y se dejó caer en su
sillón.
Juana ya estaba en la puerta con la hirviente caldera.
--Decid que se retire, ¿queréis?--repuso Godfrey.
Y cuando la puerta se volvió a cerrar, trató de hablar con más claridad.
--Sentaos, Nancy... aquí...--indicando una silla frente a él--. He
vuelto así que pude, para impedir que alguna otra persona os contara lo
sucedido. He experimentado una gran sacudida, pero temo más lo que vais
a sentir vos.
--¿No se trata de mi padre o de Priscila?--dijo Nancy con los labios
trémulos y juntando sus manos con fuerza sobre las rodillas.
--No, no se trata de una persona viva--dijo Godfrey, incapaz de usar de
la habilidad prudente con que hubiera querido hacer su revelación--. Se
trata de Dunstan... mi hermano Dunstan, a quien perdimos de vista hace
diez y seis años. Lo hemos encontrado... hemos encontrado su cuerpo...
su esqueleto.
El terror profundo que la mirada de Godfrey le había causado a Nancy,
hizo que ella encontrara un alivio en aquellas palabras. Se sentó
relativamente tranquila, para oír lo que él tenía todavía que decir.
Godfrey prosiguió:
--La cantera se ha secado bruscamente, supongo que a causa de un
drenaje; y estaba allí... estaba allí desde hace diez y seis años;
encajado sobre dos piedras... con su reloj y su sello, con mi látigo de
caza de pomo de oro, que tiene mi nombre grabado. Lo tomó sin pedírmelo
el día en que montó a _Relámpago_, para ir de caza, la última vez que lo
vi.
Godfrey se detuvo; no era igualmente fácil revelar lo demás.
--¿Pensáis que se ahogó?--dijo Nancy, casi sorprendida de que su marido
estuviera tan profundamente impresionado por lo que había pasado hace
tantos años a un hermano al que no quería, respecto del cual sé había
augurado algo peor.
--No, cayó en la cantera--dijo Godfrey con voz baja, pero claramente,
como si quisiera expresar que el hecho implicaba algo más.
Poco después agregó:
--Dunstan fue quien robó a Silas Marner.
La sorpresa y la vergüenza hicieron afluir la sangre al rostro y al
cuello de Nancy, que había sido educada en la creencia de que eran un
deshonor hasta los crímenes de los parientes lejanos.
--¡Dios mío, Godfrey!--dijo con tono compasivo, porque inmediatamente
pensó que su marido debía sentir el deshonor más vivamente aún que ella.
--El dinero estaba en la Cantera--prosiguió Godfrey--, todo el dinero
del tejedor. Todo ha sido recogido y en este momento llevan el esqueleto
al _Arco Iris_. Pero yo me vine a contároslo todo; no he podido
contenerme, era preciso que lo supierais.
Permaneció silencioso, mirando al suelo durante largos minutos. Nancy
hubiera pronunciado algunas palabras para mitigar aquella vergüenza de
familia, si no hubiera sido contenida por el sentimiento instintivo de
que Godfrey tenía todavía algo que decirle. Muy luego alzó los ojos y
miró fijamente a Nancy, diciendo:
--Todo se descubre, Nancy, tarde o temprano. Cuando el Todopoderoso lo
quiere, nuestros secretos son revelados. Yo he vivido con un secreto en
el corazón; pero no quiero seguíroslo ocultando. No quisiera que os
fuese revelado por otra persona que yo, no quisiera que lo descubrieseis
después de mi muerte. Voy a decíroslo ahora mismo. Nunca tuve para ello
bastante fuerza de voluntad; pero ahora sabré cumplir mi resolución.
El extremado terror de Nancy había vuelto. Sus ojos, llenos de espanto,
se encontraron como en una crisis en que el efecto se hubiera
suspendido.
--Nancy--dijo Godfrey lentamente--, cuando nos casamos, yo os oculté
algo... algo que debí deciros. Aquella mujer que Marner encontró muerta
entre la nieve... la madre de Eppie... aquella mísera mujer... aquella
mujer era mi esposa. Eppie es mi hija.
Se detuvo temiendo el efecto de su confesión. Sin embargo, Nancy
permaneció completamente tranquila en su asiento, salvo que sus miradas
se dirigieron hacia el suelo, dejando de encontrarse con las de Godfrey.
Estaba pálida y serena como una estatua de la meditación, con las manos
unidas sobre las rodillas.
--Nunca volveréis a tener por mí la misma estima--dijo Godfrey un
momento después, con voz algo trémula.
Nancy permaneció silenciosa.
--No debí dejar a la niña sin reconocerla; no debí ocultaros este
secreto. Me era imposible soportar la idea de renunciar a vos, Nancy. Me
vi obligado a casarme con aquella mujer, y eso me hizo sufrir mucho.
Nancy seguía siempre silenciosa, con la mirada baja. Godfrey casi
esperaba verla ponerse de pie inmediatamente y decir que iba a volverse
a casa de su padre. ¿Cómo podría mostrarse piadosa para con faltas que
debían parecerle tan negras, dada la sencillez y serenidad de sus
principios?
En fin, Nancy alzó los ojos hacia su marido y habló. No había ninguna
indignación en su voz, sólo había la expresión de un profundo pesar.
--Godfrey, si me hubierais dicho esto hace seis años, hubiéramos podido
cumplir en parte nuestro deber para con la niña. ¿Creéis que me hubiera
negado a recibirla, sabiendo que era nuestra hija?
En aquel momento Godfrey sintió toda la amargura de un error que no
había sido solamente inútil, sino que había fallado su propio objeto. No
había sabido apreciar a aquella mujer con la que había vivido tanto
tiempo. Pero ella habló de nuevo y con más agitación que antes.
--Y además, Godfrey, si la hubiésemos traído entonces, si vos os
hubierais encariñado con ella como debíais, ella me hubiera querido como
a una madre y vos hubierais sido más feliz conmigo. Me hubiera sido más
fácil soportar la muerte de mi nene y nuestra vida hubiera podido
parecerse más a lo que antes pensábamos que sería.
Las lágrimas de Nancy empezaron a correr y ella cesó de hablar.
--Pero entonces no hubierais querido casaros conmigo, Nancy, si os lo
hubiera dicho--replicó Godfrey, impulsado por la severidad de los
reproches de su conciencia, a probarse a sí mismo que su conducta no
había sido una locura completa--. Ahora os parece que me hubierais
aceptado por esposo, pero no lo hubierais hecho en aquel momento con
vuestra altivez y la de vuestro padre; os hubiera repugnado el tener
relaciones conmigo, después de las revelaciones que os hubiera hecho.
--No sabría deciros cuál hubiera sido mi decisión a ese respecto,
Godfrey. En todo caso, nunca me hubiera casado con otro. Pero yo no
merecía que se hiciera daño a causa de mí; nada lo merece en este mundo.
Ninguna cosa es tan buena como lo parece a primera vista; nuestra misma
unión no lo es, ya lo veis.
Pasó una débil y triste sonrisa por la fisonomía de Nancy cuando
pronunció estas últimas palabras.
--Soy un hombre peor de lo que pensabais, Nancy. ¿Podréis perdonarme
algún día?
--El mal que me habéis causado no tiene mucha importancia, Godfrey, y ya
está reparado; habéis sido bueno conmigo durante quince años. Es para
con otra que sois culpable, y temo que vuestras faltas para con ella no
puedan ser nunca borradas por completo.
--Pero nada nos impide adoptar a Eppie ahora--dijo Godfrey--. Ahora me
importa poco que se sepa todo. Seré franco y sincero el resto de mi
vida.
--Su presencia en casa no será ya lo que hubiera sido, ahora que Eppie
es grande--dijo Nancy meneando tristemente la cabeza--. Pero tenéis el
deber de reconocerla y de asegurar su suerte. Yo también cumpliré el
deber para con ella y rogaré a Dios para conseguir que me quiera.
--Entonces, los dos iremos a casa de Silas Marner esta misma tarde,
cuando todo esté ya tranquilo en las Canteras.