MARCELA. ¿Algo más, tía?
DOÑA CLARINES. Nada más. Déjame firmar. _Se sienta a ello._[127] Así:
mi nombre y mis dos apellidos.[128] Yo no escribo anónimos, como algunos
traidorzuelos de chicha y nabo. _Marcela mira a don Basilio y éste no
sabe dónde meterse. Doña Clarines guarda el pliego en un sobre y escribe
en él la dirección._ ¿Qué te ocurre, Basilio?
DON BASILIO. ¿A mí? ¡Nada! ¿Qué me ha de ocurrir? ¡Nada!
DOÑA CLARINES. _Levantándose._ Lista.[129] Ahora, sobrina, mira tú si
tienes alguna otra cosa que ocultarme.
MARCELA. Yo, tía...
_Llega_ ESCOPETA _por la puerta del foro._
ESCOPETA. Señora.
DOÑA CLARINES. Escopeta, lleve usted esta carta ahí enfrente.
ESCOPETA. _Leyendo el sobre._ Señora doña Sebastiana Reguero. Ya sé.
¿Na más que dejarla?
DOÑA CLARINES. Nada más.
ESCOPETA. ¿Espero la respuesta?
DOÑA CLARINES. No.
ESCOPETA. ¿Ni tengo que desí ninguna cosita?
DOÑA CLARINES. Ninguna.
ESCOPETA. ¡Vaya por Dios! Me iba yo afisionando... ¿Y poné yo argo de
mi cosecha?
DOÑA CLARINES. ¿Cómo de su cosecha? ¡Dios lo libre a usted! Aquí no se
dice ni más ni menos que lo que[130] yo mando decir. ¡Medrados
estaríamos![131] _Éntrase en sus habitaciones._
ESCOPETA. ¡Me tocó la china esta vez! No hay más que aguantarse. _A_
TATA, _que sale por la puerta de la izquierda y cruza hacia la de la
derecha, llena de curiosidad._ ¡Paisana! ¡No entre usté, paisana! ¡Miste
que hay rayos en la armórfera, paisana!
TATA. _Volviéndose a él._ ¡Oiga usted... _militar_:[132] para
ser yo paisana de usted, tendría que haber nacido en una lata de sardinas!
¡Chúpate ésa[133] y vuelve por otra! _Vase._
ESCOPETA. ¡Es grasiosa esta vieja! _Se va por la puerta del foro, hacia
la izquierda, cantando._
_¿Quién me ha de entender a mí?..._
MARCELA. _Cuando se queda sola con don Basilio._ Tío.
DON BASILIO. ¿Qué quieres?
MARCELA. Miguel va a venir.
DON BASILIO. Me lo ha dicho.
MARCELA. Pues esté usted abajo, y cuando llegue entérelo usted de todo
esto.
DON BASILIO. Eso... y oro molido que me pidas,[134] ¡qué carape! Yo te
quiero más que tu tía, aunque me llames el tío Carape. ¡Qué carape!
MARCELA. Ande usted, ande usted.
DON BASILIO. Descuida en mí, tontuela.
_Don Basilio echa a correr por la puerta del foro, hacia la derecha, y
Marcela va a entrar en las habitaciones de doña Clarines, a tiempo que
de ellas sale_ TATA.
TATA. ¿Adónde vas, nena?
MARCELA. A ver a mi tía, Tata.
TATA. Pues no está el horno para bollos.
MARCELA. Tanto mejor.
TATA. ¿Ah, mejor?
MARCELA. Sí. Cuando llegue mi novio, que va a venir ahora, avísenos usted.
TATA. ¿Que va a venir tu novio?
MARCELA. Que va a venir, sí: con el tío Basilio. ¡Ojalá hubiera venido
antes! _Vase por la puerta de la derecha._