MARCELA. Ha amanecido muy buen día, ¿verdad, tío Basilio?
DON BASILIO. Muy buen día.
MARCELA. No podemos quejarnos del tiempo.
DON BASILIO. Ciertamente: no podemos quejarnos del tiempo.
_Sale_ DOÑA CLARINES _por la puerta del foro. La sigue_ TATA.
DOÑA CLARINES. Pues va a llover.
MARCELA. ¿Cree usted que va a llover? ¿Vuelve usted por eso?
DON BASILIO. ¿Te duele el tobillo?
DOÑA CLARINES. No; pero cuando se está murmurando de una persona y se
habla del tiempo porque ella llega, casi siempre llueve.
DON BASILIO. ¡Y truena! ¡Qué carape! ¡La manía de que a todas horas
hemos de murmurar de ti!
DOÑA CLARINES. Como los dos tenéis el deber de hablar bien, por eso
estoy segura de que habláis mal.[120] _Obedeciendo a un presentimiento._
¿Quién estaba aquí?
_Sensación. Pausa._
DON BASILIO. Nadie.
DOÑA CLARINES. ¿Nadie?
MARCELA. El tío y yo.
DON BASILIO. Y quitándote el pellejo, según has advertido. _Entre
dientes._
Cosas tenedes el Cid
que farán fablar las piedras.[121]
_Doña Clarines, que viene de mal temple, se quita el velo y se lo da a
Tata, en unión del portamonedas._
DOÑA CLARINES. Tata.
TATA. Señora.
DOÑA CLARINES. Lleva esto a mi tocador.
TATA. Sí, señora.
_Éntrase por la puerta de la derecha._
DOÑA CLARINES. Marcela.
MARCELA. Tía.
DOÑA CLARINES. Toma pluma y papel, que voy a contestarle a la señora de
ahí enfrente.
MARCELA. ¿Ahora?
DOÑA CLARINES. Ahora, sí. En la única casa a que he ido, me han puesto
del humor necesario.
_Don Basilio saca el cuaderno de sus cantares y afila la punta de un
lapicero._
MARCELA. Pues usted dirá. _Siéntase ante una mesita 10 escritorio, y va
escribiendo lo que la señora le dicta. A cada instante hace gestos de
protesta y disgusto._
DOÑA CLARINES. _Dictando._ «Señora doña Sebastiana Reguero. Muy señora
mía: empiezo esta carta llamándole a usted señora dos veces, porque de
alguna manera[122] he de empezarla; no porque crea que usted lo es, ni
lo ha sido en su vida.»
_Don Basilio, apenas oye la primera andanada de la carta, silba
inconscientemente, y se va escapado por la puerta de la izquierda
dispuesto a anotarla en el cuadernito. En seguida vuelve._
MARCELA. ¡Tía Clarines!
DOÑA CLARINES. Pon lo que yo te mande, y no te asustes por tan poco.
MARCELA. Tenga usted en cuenta...
DOÑA CLARINES. ¡Chist! «Quiere usted saber, y me lo pregunta en una
carta ridícula, llena de impertinencias y de haches, por qué mi sobrina
no va desde hace dos días a su casa, como antes iba. Voy a satisfacer su
curiosidad en el acto, y con mejor ortografía desde luego.» Tú verás,
niña, cómo escribes.[123]
MARCELA. _Suspirando._ ¡Ay!
DOÑA CLARINES. «Mi sobrina no ha vuelto a su casa, porque nada bueno
puede aprender ahí.» _Don Basilio sacude los dedos y va a irse otra vez,
pero se detiene._ «Ha protegido usted, a espaldas mías, los amores de
ella con su novio; lo cual, en neto castellano, tiene un nombre sonoro y
rotundo. En medio de él puede usted colocar perfectamente una de esas
haches[124] que con tanta liberalidad prodiga.» _Vuelve a irse don
Basilio: esta vez por la puerta del foro._ ¿Pero qué entrar y salir
trae ese majadero?[125]
MARCELA. No sé, tía; no sé.
DOÑA CLARINES. «Aquí daría yo fin a la presente, si hoy no hubiera
sabido por un azar quién es el novio de mi sobrina.»
MARCELA. _Estremeciéndose y dejando de escribir._ ¿Eh?
DOÑA CLARINES. _Dictándole con gran energía._ «... si hoy no hubiera
sabido por un azar quién es el novio de mi sobrina.»
MARCELA. Pero ¿usted ha sabido?...
DOÑA CLARINES. Escribe tú.
MARCELA. _Repitiendo la frase mientras escribe_ «... quién es el novio
de mi sobrina.»
_Don Basilio, que se ha puesto muy serio al oír esta revelación, se
guarda el cuaderno y se sienta en un rinconcito a reflexionar._
DOÑA CLARINES. «Pero como he sabido esto, debo añadirle a usted que sus
manejos en este caso no revelan solamente liviandad hipócrita, sino
maldad muy grande.» _Durante las frases anteriores pasa_ TATA,
_prestando oído a doña Clarines, y deteniéndose más de lo natural, desde
la puerta de la derecha a la del foro._ Tata.
TATA. Señora.
DOÑA CLARINES. ¿Quieres preguntarme si estorbas para contestarte que
sí?[126]
TATA. Señora, no he hecho más que atravesar de un lado a otro. No sé por
dónde había de irme.
DOÑA CLARINES. Chitón, y dile a Escopeta que venga.