MARCELA. ¡Cómo me quiere! Voy a verlo salir. _Asómase a los cristales de
la galería y mira con interés al jardín. Pausa._
_Ladra Leal. Poco después sale_ DARÍA _por la puerta de la
izquierda._
DARÍA. Otra vez el perro. ¿Estará también soñando ahora? _Abre la
mirilla, mientras Marcela despide a Miguel con la mano._ ¿Quién es? No:
ahora no está soñando. Es la señora.
MARCELA. _Sobresaltada._ ¿La señora?
DARÍA. _Asustada con el susto de Marcela._ La señora: sí. ¿Qué pasa?
MARCELA. Nada, mujer.
DARÍA. ¡Ah! Creí...
MARCELA. Ábrele. Sin duda le ha sucedido algo.
DARÍA. ¿Sí, eh? _Tira del cordel para abrir y se va por la puerta de la
izquierda, diciendo_: ¡Pues no seré yo quien se lo pregunte!
MARCELA. _Intrigada._ Es imposible... Ha vuelto muy pronto. No ha
podido dar toda la limosna.
_Llega rápidamente_ DON BASILIO _por la puerta del foro y se dirige
con gran misterio a su sobrina._
DON BASILIO. ¡Por un pelo!
MARCELA. ¿Cómo?
DON BASILIO. ¡Por un pelo! Entrando ellas por la puerta grande, saliendo
por la verja el otro. ¡Por un pelo!
MARCELA. Pero ¿es verdad, tío, que ha vuelto más pronto que nunca?
DON BASILIO. ¡Dónde va a parar! ¡A saber[119] si esto ha sido una trampa
de ella! ¡Es más larga!...
MARCELA. ¡Silencio, que viene!