franciscano, natural de Ubeda, que avia estado XX años en lo de Mexico,
y venia por obispo de Yucatan, el qual por las informaciones de los
españoles, y por las quexas de los indios, deshizo lo que los frayles
tenian hecho, y mando soltar los presos y que sobre esto se agravio el
provincial y determino ir a España, quexandose primero en Mexico, y que
assi vino a Madrid, donde los del consejo de Indias le afearon mucho que
uviesse usurpado el oficio de obispo, y inquisidor, para descargo de
lo qual alegava la facultad que su orden tenia para en aquellas partes
concedida por el papa Adriano, a instancia del emperador, y el auxilio
que la Audiencia real de las Indias le mando dar conforme a como se dava
a los obispos; y que los del consejo se enojaron mas por estas desculpas,
y acordaron de remitirle a el y a sus papeles y a los que el obispo avia
embiado contra las frayles a fray Pedro de Bovadilla, provincial de
Castilla, a quien el rey escrivio, mandandole que los viesse y hiziesse
justicia y que este fray Pedro, por estar enfermo, cometio el examen
destos processos a fray Pedro de Guzman de su orden, hombre docto y
esperimentado en cosas de inquisicion, y se presentaron los pareceres de
siete personas doctas del reyno de Toledo que fueron el D. fray Francisco
de Medina y fray Francisco Dorantes de la orden de St Francisco, y el
maestro fray Alonzo de la Cruz, frayle de St Augustin, quien avia estado
XXX años en las Indias, y el licenciado Thomas Lopez, que fue oidor
en Guatimala en el Nuevo Reyno, y fue Juez en Yucatan, y el D. Hurtado
cathedratico de canones, y el D. Mendez, cathedratico de santa Escritura,
y el D. Martinez, cathedratico de Scoto en Alcala, los quales dixeron que
el provincial hizo justamente el auto y las otras cosas en castigo de los
indios. Lo qual visto por fray Francisco de Guzman, escrivio largamente
sobre ello al provincial fray Pedro de Bovadilla.
Que los indios de Yucatan merecen que el rey les favoresca por muchas
cosas y por la voluntad que mostraron a su servicio. Estando necessitado
en Flandes embio la princesa doña Juana su hermana, que entonces era
governadora del reyno, una cedula pidiendo ayuda a los de las Indias, la
qual llevo a Yucatan un oidor de Guatimala y para esto junto los señores
y ordeno que un frayle les predicasse lo que devian a su magestad, y lo
que entonces les pedia, y que concluyda la platica, se levantaron dos
indios en pie y respondieron que bien sabian lo que eran obligados a Dios
por aver les dado tan noble y christianissimo rey, y que les pesava no
vivir en parte donde le pudieron servir con sus personas, por tanto que
viesse lo que de su pobreza queria que le servirian con ello y que si no
bastasse, que venderian sus hijos y mugeres.
§ XIX.—_Arrivée de l’évêque Torral; il délivre les Indiens emprisonnés.
Le provincial des franciscains se rend en Espagne pour se justifier._
En ce temps-là arriva à Campêche frère Francisco Toral, religieux
franciscain, natif d’Ubeda, qui avait été durant vingt ans employé au
Mexique, et qui venait actuellement comme évêque du Yucatan. Ce prélat,
sur les informations des Espagnols et les plaintes des Indiens, détruisit
ce que les moines avaient fait, commandant de mettre en liberté les
prisonniers. Le provincial, qui se crut offensé, résolut d’aller en
Espagne, après avoir d’abord porté ses plaintes à Mexico. Il arriva à
Madrid où les membres du conseil des Indes l’accueillirent fort mal,
pour avoir usurpé l’office d’évêque et d’inquisiteur. Il allégua pour
sa décharge les facultés que son ordre avait reçues, pour ces contrées,
du pape Adrien, sur les instances de l’empereur, et le secours que le
conseil royal des Indes lui avait fait donner d’après ce qui se faisait
avec les évêques; mais les membres du conseil éprouvèrent encore plus
d’irritation de ces excuses: ils résolurent de le remettre lui, avec ses
papiers et ceux que l’évêque avait envoyés contre les religieux, à frère
Simon de Bovadilla, provincial de Castille, à qui le roi écrivit, lui
donnant ordre d’examiner l’affaire et de faire justice. Mais frère Pedro
étant malade confia l’examen de cette procédure à frère Pedro de Guzman,
de son ordre, homme docte et expérimenté dans les choses d’inquisition.
A la suite de cela il y eut sept avis différents donnés par des hommes
de science du royaume de Tolède, qui furent frère Francisco de Medina
et frère Francisco Dorantes, de l’ordre de Saint-François; le maître
frère Alonzo de la Cruz, moine de Saint-Augustin, qui avait passé trente
ans dans les Indes; le licencié Thomas Lopez, qui avait été auditeur
à Guatémala et dans le Nouveau Royaume[98], et juge au Yucatan; le D.
Hurtado, professeur de droit canon; le D. Mendez, professeur d’Écriture
sainte, et le D. Martinez, professeur de philosophie scolastique[99]
à Alcala: or tous ensemble déclarèrent que le provincial avait agi
justement à l’occasion de l’_auto-da-fé_ et des autres choses en
châtiment de l’apostasie des Indiens. Ce qu’ayant vu frère Francisco de
Guzman, il en écrivit longuement au provincial frère Pedro de Bovadilla.
Les Indiens du Yucatan méritent que le roi leur fasse quelque faveur
pour bien des raisons et pour la bonne volonté qu’ils ont montrée pour
son service, durant les besoins qu’il éprouva en Flandre; car ce fut
alors que la princesse doña Juana, sa sœur, qui était régente du royaume,
expédia une cédule, demandant de l’aide aux habitants des Indes; un
auditeur de Guatémala la porta au Yucatan et réunit à cet effet les
chefs du pays, commandant à un religieux de les prêcher sur ce qu’ils
devaient à Sa Majesté et ce qu’il leur demandait pour le moment. A la fin
du sermon, deux Indiens se levèrent et répondirent qu’ils savaient fort
bien ce qu’ils devaient à Dieu pour leur avoir donné un roi si noble et
si chrétien, et qu’ils regrettaient de n’être point là où ils auraient pu
le servir de leurs personnes; que néanmoins il voulût bien voir en quoi
le peu qu’ils possédaient pouvait lui être utile, et que si cela ne lui
suffisait point, ils vendraient jusqu’à leurs fils et leurs femmes[100].
§ XX.—_Manera de las casas en Yucatan. Obediencia y respete de los indios
á sus señores. Modo de ornar sus cabezas y de llevar sus vestidos._
Que la manera de hazer las casas era cubrirlas de paja que tienen muy
buena y mucha, o con hojas de palma que es propia para esto y que tenian
muy grandes corrientes para que no se lluevan, y que despues echan una
pared por medio al largo que divide toda la casa, y que en esta pared
dexan algunas puertas para la mitad que llaman las espaldas de la casa,
donde tienen sus camas, y que la otra mitad blanquean de muy gentil
encalado, y que los señores las tienen pintadas de muchas galanterias y
que esta mitad es el recebimiento y aposento de los guespedes, y que esta
pieça no tiene puerta, sino toda abierta conforme al largo de la casa, y
baxa mucho la corriente delantera por temor de los soles y aguas, y dizen
que tambien para enseñorearse de los enemigos de la parte de dentro en
tiempo de necessitad. Y que el pueblo menudo hazia a su costa las casas
de los señores, y que con no tener mas puertas, tenian por grave delicto
de hazer mal a casas agenas. Tenian una portezilla atras para el servicio
necessario y que tienen unas camas de varillas, y en cima una serilla
donde duermen, cubiertas de sus mantas de algodon: en verano duermen
comunmente en los encalados con una de aquellas serillas, especialmente
los hombres. Allende de la casa hazian todo el pueblo a los señores sus
sementeras, y se las beneficiavan y cogian en cantidad que le bastava a
el y a su casa, y quando avia caças o pescas, o era tiempo de traer sal
siempre davan parte al señor, por que estas cosas siempre las hazian de
comunidad.
Si moria el señor, aunque le succediesse el hijo mayor, eran siempre los
demas hijos muy acatados, y ayudados y tenidos por señores. A las demas
principales inferiores del señor ayudavan en todas estas cosas, conforme
a quien eran, o al favor que el señor les dava. Los sacerdotes vivian de
sus officios y offrendas. Los señores regian el pueblo, concertando los
litigios, ordenando y concertando las cosas de sus republicas, lo qual
todo hazian por manos de los mas principales que eran muy obedecidos y
estimados, especial la gente rica, a quien visitavan y tenian palacio
en sus casas donde concertavan las cosas, y negocios principalmente de
noche, y si los señores se salian del pueblo, llevavan mucha compañia, y
lo mesmo quando salian de sus casas.
Que los indios de Yucatan son bien dispuestos y altos y rezios y de
muchas fuerças y comunmente todos estevados, porque en su niñez, quando
las madres los llevan de una parte a otra, van ahorcajados en los
quadriles. Tenian por gala ser vizcos lo qual hazian por arte las madres,
colgandoles del pelo un pegotillo que les llegava al medio de las sejas
desde niños, y alcançando los ojos, siempre como les andava alli jugando
venian a quedar vizcos; y que tenian las cabeças y frentes llanas, hecho
tambien de sus madres por industria desde niños y que trayan las orejas
horadadas para çarcillos y muy harpadas de los sacrificios. No criavan
barbas, y dezian que les quemavan los rostros sus madres con paños
calientes, siendo niños, por que no les naciessen, y que agora crian
barbas aunque muy asperas como cerdas de tocines.
Que criavan cabello como las mugeres; por lo alto quemavan como una buena
corona, y que assi crecia lo de abaxo mucho, y lo de la corona quedava
corto, y que lo entrençavan y hazian una guirnalda de ello entorno de la
cabeça, dexando la colilla atras como borlas.
Que todos los nombres usavan espejos y no las mugeres y que para llamarse
cornudos, dezian que su muger le avia puesto el espejo en el cabello
sobrando del colodrillo.
Que se vañavan mucho, no curando de cubrirse de las mugeres, sino quando
podia cubrir la mano. Que eran amigos de buenos olores y que por esto
usan de ramilletes de flores y yervas olorosas, muy curiosos y labrados;
que usavan pintarse de colorado el rostro y cuerpo y les parecia muy
mal, pero tenian lo por gran gala.
Que su vestido era un liston de una mano en ancho que les servia de
bragas y calças, y que se davan con el algunas vueltas por la cintura, de
manera que el un cabo colgava delante y el otro detras, y que estos cabos
los hazian sus mugeres con curiosidad y labores de pluma, y que traian
mantas largas y quadradas, y las atavan en los ombros, y que traian
sandalias de cañamo o cuero de venado por curtir seco, y no usavan otro
vestido.
§ XX.—_Habitations des Mayas. Leur soumission à leurs princes. Ornements
de tête et vêtements._
La manière de bâtir les maisons dans le Yucatan était de les couvrir
avec de la paille, et ils en avaient de fort bonne et abondamment, ou
avec des feuilles de palmier, tout à fait propres à cet usage; ils en
élevaient le toit, lui donnant une pente considérable, de manière à ce
que les eaux de la pluie n’y pussent pénétrer. Ils élevaient ensuite un
mur au milieu, partageant la maison dans sa longueur, laissant dans ce
mur quelques portes pour communiquer avec la partie qu’ils appelaient
les derrières de la maison, où ils avaient leurs lits; l’autre moitié
était blanchie à la chaux avec beaucoup de soin. Chez les seigneurs,
ces murs étaient recouverts de peintures agréables; c’était dans cette
partie qu’on recevait les hôtes et qu’on les logeait. Cette pièce n’avait
point de portes; mais elle était ouverte tout le long de la maison, le
toit descendant fort bas, afin que l’on y fût à l’abri du soleil et de
l’eau[101]. On dit aussi que c’était pour se rendre maître de l’ennemi
intérieur, en temps de nécessité[102]. Le menu peuple bâtissait à ses
frais les maisons des grands, et comme elles n’avaient point de portes,
on regardait comme un grave délit de faire le moindre tort aux maisons
d’autrui. Elles avaient toutefois, par derrière, une petite porte pour le
service des communs. Pour dormir, ils avaient des bois de lit faits en
treillis de cannes, tapissées de nattes, et ils s’y étendaient recouverts
de leurs étoffes de coton. Durant l’été, ils dorment d’ordinaire sur le
devant, étendus sur leurs nattes, les hommes principalement. Non loin de
la maison, la population réunie préparait les champs du seigneur: elle en
prenait soin et moissonnait ce qui lui était nécessaire pour lui et sa
famille; lorsqu’il y avait du gibier ou du poisson, ou bien au temps où
l’on apportait le sel, on faisait toujours la part du seigneur, toutes
ces choses étant du ressort de la communauté.
Si le seigneur venait à mourir, bien que ce fût l’aîné qui lui succédait,
les autres n’en étaient pas moins aimés, secourus ou regardés comme des
seigneurs eux-mêmes. Quant aux autres chefs d’un rang inférieur, on leur
fournissait également tout ce qui pouvait leur être nécessaire, chacun
selon sa qualité et la faveur dont ils jouissaient près du seigneur.
Les prêtres vivaient de leurs offices et des offrandes. Les seigneurs
gouvernaient la ville ou la bourgade, arrangeant les procès, ordonnant
et concertant les choses de leurs communautés par l’intermédiaire des
principaux chefs, à qui l’on témoignait beaucoup d’obéissance et de
respect, surtout s’ils étaient riches. On les visitait chez eux et on
leur faisait la cour dans leurs maisons; on s’y réunissait pour agiter
les questions importantes, ce qui ordinairement avait lieu la nuit. Si
les seigneurs sortaient de la résidence, ils emmenaient à leur suite
beaucoup de monde, et il en était de même lorsqu’ils sortaient de leurs
maisons.
Les Indiens du Yucatan sont une race bien faite et de haute stature, vifs
et très-forts, mais généralement cagneux; car, dans leur enfance, lorsque
leurs mères les portent d’un endroit à l’autre, elles les portent à
califourchon sur les hanches. Ils regardaient comme une marque de beauté
d’être louches; aussi leurs mères leur donnaient-elles artificiellement
ce défaut en leur suspendant dès leur enfance aux cheveux une petite
emplâtre de poix qui leur descendait au milieu des sourcils jusqu’à
toucher les yeux; et comme cette emplâtre s’y balançait constamment,
ils en arrivaient à rester louches. Ils portaient la tête et le front
aplatis, ce qui était également l’ouvrage de leurs mères: tout petits
on leur perçait les oreilles pour y placer des pendants, et elles
étaient généralement fort scarifiées à cause des sacrifices[103]. Ils
n’avaient point de barbe: ils disaient que leurs mères leur brûlaient le
visage avec des linges chauds dans leur enfance, afin d’en empêcher la
croissance; mais maintenant ils en ont, quoique les poils soient aussi
rudes que des soies de sanglier.
Ils portaient les cheveux longs comme les femmes; au sommet ils se
brûlaient comme une grande tonsure, laissant croître la chevelure tout
autour, tandis que les cheveux de la tonsure restaient courts; ils les
tressaient en guirlande autour de la tête, à l’exception d’une petite
queue qui tombait en arrière comme une houppe.
Tous les hommes se servaient de miroirs, tandis que les femmes n’en
avaient point; aussi, pour parler de ceux qui étaient cocus, disait-on
d’eux que leurs femmes leur avaient mis le miroir dans les cheveux
au-dessus de l’occiput.
Ils se baignaient fréquemment, sans se mettre en peine de couvrir leur
nudité devant les femmes, si ce n’est en y portant la main. Ils étaient
amateurs de parfums; aussi ont-ils l’usage des bouquets de fleurs ou
d’herbes odoriférantes, arrangés avec beaucoup d’art. La coutume
existait également chez eux de se peindre le corps et le visage en rouge,
bien qu’elle leur parût mauvaise, mais cela passait pour très-gracieux.
Leur vêtement était une ceinture de la largeur de la main qui leur
servait de braies et de haut-de-chausses; ils s’en enveloppaient
plusieurs fois les reins, de manière à ce qu’il en tombât un bout par
devant et un autre par derrière. Ces bouts étaient travaillés avec
beaucoup de soin par leurs femmes, qui les ornaient de broderies et
d’ouvrages de plumes; par là-dessus, ils portaient des manteaux amples
et carrés, qu’ils se nouaient sur les épaules; ils avaient des sandales
de chanvre ou de cuir de bêtes fauves tanné à sec, et n’usaient point
d’autres vêtements[104].
§ XXI.—_Mantenimientos y comidas de los indios de Yucatan._
Que el mantenimiento principal es maiz del qual hazen diversos manjares
y bevidas, y aun bevido como lo beven, les sirve de comida y bevida; y
que las indias echan el maiz a remojar una noche antes en cal y agua, y
que a la mañana esta blando y medio cozido, y desta manera se le quita
el hollejo y peçon, y que lo muelen en piedras, y que de lo medio molido
dan a los trabajadores y caminantes, y navegantes grandes pelotas y
cargas; y que dura con solo azedarse algunos meses, y que de aquello
toman una pella y deslianlo en un vaso de la caxcara de una fruta que
cria un arbol, con el qual les proveio Dios de vasos, y que se beven
aquella substancia y se comen lo demas, y que es sabroso y de gran
mantenimiento, y que de lo mas molido sacan leche y la coajan al fuego,
y hazen como poleadas para las mañanas, y que lo beven caliente y que
sobre lo que sobra de las mañanas echan agua para bever entre dia, porque
no acostumbran bever agua solo. Que tambien lo tuestan y muelan y deslian
en agua que es muy fresca bevida, echandole un poco de pimienta de Indias
o cacao.
Que hazen del maiz y cacao molido una manera de espuma muy sabrosa con
que celebran sus fiestas, y que sacan del cacao una grasa que parece
mantequillas y que desto y del maiz hazen otra bevida sabrosa y estimada,
y que hazen otra bevida de la substancia del maiz molido, assi crudo que
es muy fresca y sabrosa. Que hazen pan de muchas maneras, bueno y sano,
salvo que es malo de comer, quando esta frio, y assi passan las indias
trabajo en lo hazer dos vezes al dia. Que no se ha podido acertar a hazer
harina, que se amasse como la del trigo, y que si alguna vez se haze como
pan de trigo, no vale nada.
Que hazen guisados de legumbres y carne de venados y aves monteses y
domesticas que ay muchas, y de pescados que ay muchos, y que assi tienen
buenos mantenimientos, principalemente despues que crian puercos y aves
de Castilla.
Que por la mañana toman la bebida caliente con pimienta, como esta dicho
y entre dia las otras frias, y a la noche los guisados. Y que si no ay
carne hazen sus salsas de la pimienta y legumbres. Que no acostumbravan
comer los hombres con las mugeres, y que ellos comian por si en el suelo,
o quando mucho sobre una serilla por mesa: y que comen bien quando lo
tienen, y quando no, sufren muy bien la hambre y passan con muy poco. Y
que se lavan las manos y la boca despues de comer.
§ XXI.—_Nourriture et repas des Indiens mayas._
Leur principale subsistance est le maïs, dont ils font des mets et des
breuvages variés: en le buvant même à leur manière, cela leur sert à
la fois de boire et de manger. Les Indiennes mettent la veille le maïs
tremper durant une nuit dans de l’eau, mêlée de chaux; au matin, il se
trouve ramolli et à moitié cuit, et elles lui ôtent ainsi la peau et
le germe. Elles le moudent ensuite sur une pierre, et c’est lorsqu’il
est à demi moulu qu’elles le donnent aux ouvriers, aux voyageurs et
aux navigateurs sous forme de grandes pelotes: ceux-ci les emportent
et elles leur durent plusieurs mois, sans autre détérioration que de
s’aigrir. Lorsqu’ils veulent s’en servir, ils en prennent une poignée
qu’ils délayent avec de l’eau dans un vase formé de l’écorce du fruit
d’un arbre que Dieu leur a donné, les pourvoyant ainsi de vases naturels:
ils y boivent cette substance et mangent le reste, ce qui leur fait une
nourriture savoureuse et qui les soutient à merveille. De la portion
moulue entièrement, ils tirent du lait qu’ils épaississent au feu et dont
ils font une sorte de bouillie pour le matin: ils la boivent chaude, et
sur ce qui reste du matin ils jettent de l’eau pour le boire durant le
jour; car ils ne sont pas accoutumés à boire de l’eau seule. Ils font
griller aussi du maïs et le moudent ensuite, le délayant dans de l’eau,
ce qui fait une boisson fort fraîche, en y mêlant un peu de piment des
Indes ou de cacao[105].
Ils font encore du maïs et du cacao, réduits en poudre, une sorte de
boisson écumante fort savoureuse[106]: c’est avec cela qu’ils célèbrent
leurs fêtes. Ils retirent du cacao une graisse qui ressemble à du beurre,
et de cette graisse mêlée avec du maïs composent un autre breuvage
savoureux et fort estimé. Ils font également une boisson de la substance
du maïs moulu et cru, qui est fort rafraîchissante et agréable. Ils font
du pain de différentes manières bon et salubre, sauf qu’il est indigeste
lorsqu’on le mange froid; aussi les Indiennes passent-elles beaucoup
de temps au travail afin d’en faire plusieurs fois le jour. On n’a pu
réussir encore à en faire de la farine qu’on puisse pétrir comme celle du
froment, et ce qu’on a essayé d’en faire en guise de pain de froment ne
valait rien.
Ils préparent des ragoûts de légumes et de gibier, gros et menu,
d’oiseaux sauvages et domestiques, qu’ils ont en grand nombre; aussi
ont-ils de cette façon de fort bonnes provisions de bouche, surtout
depuis qu’ils ont commencé à élever la volaille et les porcs de Castille.
Au matin, ils prennent leur boisson chaude au piment, ainsi qu’on l’a
fait voir; de jour, ils boivent les autres froides et mangent les ragoûts
la nuit: à défaut de viande, ils composent des sauces de piments et de
légumes. Les hommes n’avaient pas la coutume de manger avec les femmes:
ils prenaient leurs repas seuls, sur le sol ou bien sur une natte qui
leur servait de table. Ils sont de fort bon appétit, quand ils ont de
quoi se satisfaire; sinon, ils souffrent très-patiemment la faim et font
avec peu. En finissant de manger, ils se lavent les mains et la bouche.
§ XXII.—_Como estos indios se labravan el cuerpo. Sus borracheras, vino,
banquetes. Farsantes, musica y bailes._
Labravanse los cuerpos y quanto mas, tanto mas valientes y bravosos
se tenian, porque el labrarse era gran tormento que era desta manera.
Los oficiales dello labravan la parte que querian con tinta, y despues
sejavanle delicadamente las pinturas, y assi con la sangre y tinta
quedavan en el cuerpo las señales, y que se labran poco a poco por
el tormento grande, y tambien se ponen despues malos, porque se les
enconavan los labores, y haziase materia, y que con todo esso se mofavan
de los que no se labravan. Y que se precian muchos de ser requebrados
y tener gracias y habilidades naturales, y que ya comen y beben como
nosotros.
Que los indios eran muy dissolutos en bever y emboracharse, de que les
seguian muchos males, como matarse unos a otros, violar las camas,
pensando las pobres mugeres recebir a sus maridos, tambien con padres y
madres como en casa de sus enemigos, y pegar fuego a sus casas, y que con
todo esso se perdian por emboracharse; y que quando la borrachera era
general, y de sacrificios contribuian todos para ello, porque quando era
particular, hazia el gasto el que la hazia con ayuda de sus parientes. Y
que hazen el vino de miel y agua, y cierta raiz de un arbol que para esto
criavan con lo qual se hazia el vino fuerte y muy hediondo. Y que con
vailes y regozijos comian sentados de dos en dos, o de quatro en quatro;
y que despues de comido, sacavan los escancianos los quales no se solian
emborachar, de unos grandes artezones de bever hasta que se hazian unos
cimitaras, y que las mugeres tenian mucha cuenta de bolver sus maridos
borachos a casa.
Que muchas vezes gastan en un banquete lo que en muchos dias mercadeando
y trompeando ganavan; y que tienen dos maneras de hazer estas fiestas,
la primera que es de los señores y gente principal, obliga a cada uno de
los combidados a que hagan otro tal combite, y que dava á cada uno de
los combidados una ave assada y pan y bevida de cacao de abundancia, y
que al fin del combite suelen dar a cada uno una manta para cubrirse y
un banquillo y vaso mas galano que pueden. Y si se muere uno dellos es
obligada a pagar el combite la casa o parientes del. La otra manera es
entre parentelas, quando casan sus hijos o hazen memorias de las cosas
de sus antepassados, y esta no obliga a restitucion, salvo que si ciento
an combidado a un indio a una fiesta, assi a todos quando el haze fiesta
o casa sus hijos combida. Y que sienten mucho la amistad y conservan la
memoria aunque lejos unos de otros con estos combites, y que en estas
fiestas les davan a bever mugeres hermosas las quales despues de dado el
vaso volvian las espaldas al que lo tomava hasta vaciado el vaso.
Que los indios tienen recreaciones muy donosas y principalmente farsantes
que represantan con mucho donayre tanto que estos alquilan los españoles
para no mas que vean los chistes de las españoles que passan con sus
moças, maridos o ellos proprios sobre el buen o mal servir, y despues lo
representan con tanto artificio como curiosos españoles. Tienen atabales
pequeños que tañen con la mano, y otro atabal de palo hueco de sonido
pesado y triste; tañenlo con un palo larguillo puesto al cabo cierta
leche de un arbol, y tienen trompetas largas y delgadas de palos huecos,
y al cabo unas largas y tuertas calabaças. Y tienen otro instrumento de
toda la tortuga entera con sus conchas, y sacada la carne, tañenlo con la
palma de la mano, y es su sonido lugubre y triste.