=Marginar.= Apuntar, indicar, iniciar.
=Enunciados.= Condiciones, datos o puntos esenciales de una cuestión.
=Revenición.= Hundimiento.
=Supeditado.= Sujeto, dependiente.
=Aguzado.= De “aguzar”: despertar el ingenio.
=Ecuánime.= Equitativo.
=Arborícolo.= De los árboles.
=Filoxera.= Insecto perjudicial para la viña.
=Flagelo.= Azote, plaga.
=Orientación cardinal.= Propósito principal.
=Vinificación.= Elaboración del vino.
=Sistema foliáceo.= Conjunto de las hojas de una planta.
=Inextricable.= Que no se puede desenredar.
=Desmedro.= Perjuicio.
=Trifolio.= De tres hojas.
="Trefle rouge".= En francés: trébol rojo. Pronúnciase: trefl ruch.
=Leguminosa.= Familia de plantas cuyo fruto va encerrado en vainillas.
¿EL NILO ARGENTINO?
El Alto Valle del Río Negro es una de las zonas del país destinadas al
más grandioso porvenir. Se ha dado en motejarla de “Nilo argentino”,
aludiendo, sin duda, a las crecidas periódicas del Río Negro, pero sin
tener en cuenta la diferencia agrológica con las tierras del Egipto. El
parangón puede relacionarse con el régimen de las aguas, no con la
influencia fecundizante que puedan ejercer los propios desbordes. El
Nilo limifica las tierras, las enriquece, las adiciona. El Negro las
depura, las corrige, las salubrifica. Aquél, da con su limo la materia
tonificante reclamada por las tierras pobres de su cuenca. Este, obra en
sentido contrario: elimina de las tierras gordas, los salitres y las
sustancias nocivas que pudieran trabar, a flor de suelo, los cultivos.
De manera, que si para los campos egipcios las crecidas del gran río
africano, son de una necesidad imprescindible, para nuestro valle
conviene, en cambio, la disciplina de los canales para metodizar el
aprovechamiento de las tierras aptas y corregir, con la eliminación de
los lavajes, las materias que puedan entorpecer los cultivos. Con la
civilización hidráulica de las grandes arterias fluviales que surcan y
enriquecen este valle, habrá desaparecido por completo tan paradógica
comparación.
Este valle no es el Nilo ni por la condición de sus ríos ni por la
calidad de sus tierras, ni por su clima, ni por su ventajosa situación.
Es único en el caudal de sus riquezas y será único en su futura
potencialidad. Lo han reconocido tal, los estadistas, los geógrafos y
los viajeros ilustres. Después de su visita a la Argentina, pudo
suscribir este concepto sir Charles E. Smith, director en Londres del
Ferrocarril del Sud: “Aseguro que los valles del río Negro son
maravillosos, estupendos. Llevo de mi viaje la impresión de una cosa
colosal.” Se explica entonces, que quien era capaz de propalar una
impresión tan franca y categórica sobre las tierras valletanas, tuviera
influencia para reflejar en la gran empresa de su Directorio, la
necesidad de poner todo el empeño posible en beneficio de la zona,
estimulando la colonización, amplificando la superficie de cultivos,
nucleando, en fin, los centros urbanos y propendiendo en forma directa,
al mayor aprovechamiento cultural del agua.
Es obra de justicia demostrar la gran influencia del Ferrocarril del Sud
en toda la zona cultivada y cultivable de este valle. Sin el
ferrocarril, que tiende sus líneas desde Bahía Blanca hasta los
contrafuertes andinos, recorriendo valientemente cerca de 1.500
kilómetros por campos de ganadería criolla y de agricultura rudimental,
no se habría jamás operado el prodigio de la transformación. Con sus
rieles fué la población y el capital; sus estaciones provocaron la
colonia y el centro urbano. Valorizó las tierras y obligó al
parcelamiento y al cultivo. Con la facilidad del transporte, ennobleció
los productos del suelo en calidad y en valer, fomentó las explotaciones
agropecuarias facilitando los mercados del litoral bahiense y creó--ésta
es la palabra--las industrias del forraje y la elaboración del vino. Y
como todos estos nuevos exponentes de progreso que vitalizaban la gran
zona, debían necesitar, como elementos básicos, de los beneficios del
agua, complementa su obra cultural la gran compañía, construyendo bajo
su dirección y por cuenta del Estado, el gran canal de riego que arranca
en Cordero y terminará en Chichinales, arteria central que unificará más
tarde el aprovechamiento de las aguas y que constituye, con el dique del
Neuquen, la obra hidráulica más importante y trascendental que se ha
realizado en el país.
He ahí en dos palabras la influencia decisiva del Ferrocarril del Sud en
el progreso de los valles del Río Negro. Uno de los factores más
eficientes en esta acción civilizadora--don Fernando G., presidente del
Ferrocarril del Sud y gran argentino--nos trasmite, a nuestro
requerimiento, su juicio sobre las orientaciones cardinales que tomará
la comarca. Esta opinión, que nos merece confianza por la autoridad que
la sustenta, tiene, en suma, puntos de contacto con la síntesis de
nuestra observación. Tiene una clara visión del futuro el señor G.,
cuando atribuye al porvenir definitivo de la zona un carácter
eminentemente industrial dentro de la producción agrícola y sus
especulaciones derivadas. Para llegar a este desiderátum, cerrando el
ciclo cultural de las tierras del valle, tiene que desaparecer
paulatinamente el acaparamiento de las tierras, a menos que sus
tenedores ejerciten la policultura en forma intensiva. La alfalfa
constituye, sin duda, un apreciable cultivo de rendimientos inmediatos.
Bien está cubriendo extendidas parcelas; pero mientras no se formalice
definitivamente el aspecto industrial de la zona. En efecto: en nuestra
gira hemos encontrado fincas de consideración, no muy prósperas debido a
su empecinamiento monocultor, con la fiebre de la alfalfa por única
orientación productora. La abundancia de lluvias en el litoral,
propicias a los cultivos forrajeros, suelen provocar ligeras crisis en
los alfalfares del valle, cuando no se ha dispuesto con previsión de su
aprovechamiento. Esta ligera consideración, nos hace converger con el
juicio del señor G., encauzado hacia el desarrollo de las industrias
granjeras y la diversificación agrícola.
En lo que respecta al riego de la región colónica del Neuquen (río
Limay), opina nuestro destacado interlocutor que se solucionaría
airosamente las dificultades en el aprovechamiento del agua, entregando
a los vecinos regantes la administración de este servicio. Se
organizaría, en consecuencia, las juntas de riego, evitando así los
pleitos y desavenencias con la autoridad. La región valenciana nos da
idea de la bondad de este sistema. Con tal procedimiento se extendería
la superficie cultivada hasta desaparecer el baldío que no tiene
justificación posible en las zonas de riego.
Una observación de carácter social muy digna de tomarse en cuenta, es la
que nos trasmite el señor G., sobre los caracteres generales de la
población del valle. El fenómeno--que tal puede llamarse al desarrollo
demográfico de la zona--merece una atención especial. “Por lo
común--opina el señor G.--las zonas de regadío, no atraen de inmediato a
los pobladores. Todo suelo que necesita riego artificial, es conceptuado
pobre, de primera intención. Habiendo tierras fértiles y
fáciles,--piensan los agricultores--¿para qué aventurarnos a estas
regiones con la incertidumbre del favor o la adversidad de la suerte?
Aquí, en el alto valle del Río Negro, ocurre una evidente concentración.
Todo el mundo se arraiga, y no bien se ha puesto en disposición de
productividad una tierra, ya tiene compradores o locatarios. Si se
realizara un censo en la zona, o sea en el Departamento General Roca,
sus guarismos serían una revelación. Nada de difícil sería que en
población, nomás, se alcanzara a un total de 30.000 habitantes. En toda
época del año, tanto durante la preparación de las tierras, como durante
los cultivos y cosechas, nunca faltan brazos, lo que comporta la
facilidad de convivir que encuentra el proletariado.”
En efecto: hemos hablado con todos los afincados pobres y ricos. Nadie
está descontento del solar. Y si vienen los años malos, nunca son tan
fatales como para que los siniestros sean aplastadores y agoten las
fuerzas económicas de la región. Numerosos son los concretos que
podríamos citar, de agricultores locatarios--no ya afincados--que nos
hacen notar el triunfo de su esfuerzo, traducido en bienestar económico
y en salud familiar.
Tiene una esperanza bien fundada el señor G. en el emporio azucarero que
será la zona, no bien se formalicen los cultivos de remolacha sobre la
base de empresas industriales bien montadas.
“Es posible--nos dice--que ninguna región del mundo pueda llenar más
cumplidamente las exigencias reclamadas por la industria del azúcar.
Aquí están reunidos los cuatro factores esenciales, sobre la base de la
mayor economía: tierra apta, agua, combustible y cal. No necesito hacer
notar la importancia hidráulica de los saltos producidos por el canal
grande. Ahí está la hulla blanca, que suple con ventaja a todo
combustible en baratura y en oportunidad. No necesito tampoco demostrar
la enorme existencia de cal en diversos puntos de la zona y
especialmente en la vecindad de Roca. Con tales elementos, además de las
ventajas agrológicas del terreno, queda demostrado que ninguna industria
derivada de la agricultura puede estar más capacitada que la azucarera
para formalizar en esta zona su gran centro de producción.” Tales
opiniones nos dan la oportunidad para manifestar que los recursos
hidráulicos de los canales, anticipan a las industrias una fuerza
propulsora superior a 20.000 caballos, sin contar los accidentes
propicios de los ríos. ¡Ya hay dinamismo para vitalizar la comarca!