--Lihuel Calel--nos informa en General Acha un fuerte afincado en el
Noveno Departamento--es una tierra rica en minerales de cobre y oro...
¿Por qué no la visita?
Deseos tendríamos, en verdad, de hacer una excursión a estas montañas,
que, con la Sierra Chica, constituyen un raro sistema orográfico perdido
en la inmensidad de los campos; pero nuestra visita, a simple título
contemplativo, a ninguna explicación concreta podría arribar sobre las
condiciones científicas de aquellos minerales. El viejo beneficio, que
tentó la codicia de algunos mineros profesionales en el espacio de
veinte años, a partir de 1885, está completamente abandonado. Baste
saber, a mérito informativo, que los pozos cavados en este asiento,
tienen algunos una profundidad de setenta metros. El explotador de las
minas de Lihuel Calel, fué don Juan de Dios Sepúlveda, quien las trabajó
durante diez años enviando su producto a Chile. Durante los años de 1902
a 1903, la explotación estuvo en manos de una compañía de Bahía Blanca.
El embarque de minerales se hacía por Pichi Mahuida--F. C. S.--a veinte
y cinco leguas de distancia. Probablemente, los gastos originados por el
transporte fueron óbice para continuar la explotación. Y ahí están los
trabajos paralizados, a la espera, tal vez, de que se formalice la línea
proyectada por el ferrocarril Pacífico, de General Acha al occidente,
acortando en una tercera parte la distancia ferrocarrilera que conviene
a la explotación.
La minería, industria incipiente todavía en nuestro país, no ha
despertado en este territorio el interés de la empresa. Los buscadores
de fortuna, tentados por el oro de las mieses, no salen de las
especulaciones trilladas. Las arenas de estos médanos--no es una novedad
para nadie--poseen un buen porcentaje de pirita de fierro. Esta
proporción que por su abundancia pudiera tener su interés para la
industria minera, vale mucho más para la explotación agrícola, en forma
indirecta y en el sentido práctico de los colonos. El aprovechamiento
racional está en la inmovilidad de esos médanos ferruginosos, y sobre
ellos el cultivo adaptable y eficaz. Engolosina, de primera intención,
la riqueza metálica de las arenas. Pero no se pone en cuenta las
dificultades y el costo de la explotación. Es un ingenuo lirismo esta
novedosa teoría de explotar los médanos, alejándolos de su destino
natural de ser tierra firme con el tiempo. Y hasta hay personas graves,
que nos dicen con énfasis, como si hubieran encontrado la piedra
filosofal:
--¡30 por ciento de fierro! ¡Si es una riqueza colosal!...
Ante este entusiasmo desmedido en vías de dar consagración a una
novelería, cabe preguntar, lo que sería de esta Pampa, si le quitaran el
hierro que constituye, precisamente, el poco de densidad de sus médanos.
Las dunas, lejos de civilizarse con plantaciones y sementeras, se
convertirían en un piélago de arenas indóciles, reacias a todo empeño de
cultura agrícola y de inmovilidad, destinadas a eterno juguete de los
vientos y azote de las poblaciones...
Cuando el general Roca, a punto de culminar su campaña civilizadora,
llegó al río Colorado, los oficiales descubrieron en las arenas vecinas
una mezcla poderosa de fierro titánico. Por medio de un imán, se extrajo
el mineral; y era tan pequeña la cantidad de arena pura, que quedaba,
después de esta separación, que apenas rendía un diez por ciento... Esta
existencia de fierro titánico, que venía a dar la presunción de un
arrastre aurífero, despertó en el público una gran predisposición por
las tierras del Colorado. Felizmente no se produjo el éxodo
californiano, a pesar de la aseveración optimista de los sabios teutones
que acompañaban la expedición. Quedó, sin embargo, un vaticinio augural,
que suscribió el redactor militar de la cruzada.
--Tengo la esperanza--decía el coronel Olascoaga--de oir decir un día
que se ha descubierto un rico lavadero o mina de oro en cualquier parte
del río Colorado; y más probable entre sus nacimientos y las
inmediaciones de Pichi Mahuida.
Van corridos treinta y ocho años y aun la profecía está en pie. Aquellas
tierras se han poblado, pero el oro del ensueño no ha despertado aun la
avidez de los buscadores.
Tal, la amable fábula de esta industrialización de los médanos, con la
diferencia que exprimir el hierro de los médanos sería fomentar el
Sahara infecundo, despiadado y eterno...
Cuando se estudie con detención el subsuelo de la Pampa, nada de extraño
será que se abra un nuevo horizonte capaz de concentrar fecundas
actividades. Este territorio, geológicamente considerado, es una
prolongación de las pampas mendocinas que tienen su punto de arranque en
las nacientes del Atuel, en donde los cateos acaban de revelar la
existencia de carbón (que ya se explota), alquitrán y petróleo, fuera de
los ricos minerales de cobre, conocidos y trabajados de tiempo atrás.
Esta derivación es probable que nos reserve algunas sorpresas. La
necesidad de buscar el surgente, que es la vida económica y firme de los
cultivos intensivos, ha de despejar la incógnita en el momento menos
pensado, revelando la existencia de hulla o la cuenca petrolífera
significada en fecundo nacedor.