Partimos de esta base, ya cuidadosamente cimentada: la simulación
es un medio fraudulento de lucha por la vida. En este capítulo
determinaremos su evolución, estudiándola entre los medios fraudulentos
en general, como forma de lucha opuesta a los medios violentos. Para
ello comenzaremos examinando brevemente la evolución de la lucha por la
vida entre los hombres; y ésto nos impone fijar previamente el criterio
sociológico con que entraremos a ese examen.
La sociología es una de las disciplinas científicas más tardíamente
desarrolladas; correspondiéndole estudiar fenómenos muy complicados,
su constitución ha sido posterior a otras que se ocupan de problemas
menos complejos. No se ha llegado todavía a fijar definitivamente el
pensamiento de los estudiosos acerca de sus criterios fundamentales.
Como observara, con su habitual clarividencia, A. Loria, (en la
"_Rivista di Sociología_"), esta ciencia necesita cierta unidad de
criterio que sirva de espina dorsal a las investigaciones que se
realicen; sólo así evitará el error cometido por las ciencias que
estudiaron determinados grupos de fenómenos sociales: partiendo de
puntos de vista previos, han producido conclusiones unilaterales.
Por esto mismo, Kidd considera llegada la hora de que las ciencias
sociales busquen el "substratum" común de todas, sobre el cual deben
desenvolverse sinérgicamente.
Las doctrinas de Juan Jacobo han caído definitivamente; el "Contrato
social" está amortajado. De nada sirven las amalgamas de Fouillée,
pretendiendo armonizar el contractualismo de Rousseau con el
organicismo de Spencer. Éste, por su parte, ha trazado el camino a la
escuela biosociológica, mediante su seductora síntesis, encaminada a
establecer la concordancia entre la constitución y las leyes de los
agregados sociales y las de los agregados orgánicos en general. Se le
ha objetado, fundadamente, que si fuera exacta la concepción de la
sociedad como organismo, la sociología no tendría motivos para existir
como ciencia autónoma; los fenómenos sociales, aun los más complejos,
deberían explicarse mediante simples aplicaciones de las leyes
biológicas fundamentales.
Sin duda, la teoría orgánica es cómoda y seductora; pero la observación
del conjunto de los fenómenos sociales la revela insuficiente, pues se
observan en ellos caracteres propios que los diferencian con claridad
de los biológicos. Es innegable que el factor biológico entra, en vasta
proporción, en todo fenómeno social; pero también lo es que éste posee
caracteres específicos, no encontrados en el mundo biológico. En la
vida social existe un nuevo elemento, propio y exclusivo de la especie
humana; un hecho fundamental diferencia al hombre de las demás especies
animales: mientras éstas, en general, viven subordinadas a los medios
de existencia que les ofrece, espontáneamente, la naturaleza, el hombre
puede producir, artificialmente, sus medios de vida. La evolución y
prosperidad de los grupos sociales depende, en mucha parte, del grado
de desenvolvimiento de su capacidad productiva.
Ése es el fenómeno verdaderamente humano, verdaderamente social; ese
factor, integrándose progresivamente, determina diferencias entre
los fenómenos biológicos y los sociales. El análisis genético y
evolutivo de la vida social, revela que las condiciones económicas de
los agregados humanos, representadas por su capacidad de producción,
constituyen el _substratum_, buscado en vano por Kidd, sobre el cual se
desenvuelven los fenómenos que estudia la sociología. Este concepto,
entrevisto por varios historiadores y sociólogos, fué concretamente
formulado por Marx, que ensayó algunas aplicaciones históricas;
recientemente, numerosos escritores han seguido análogos rumbos, el
economista liberal De Molinari entre otros. En Italia, por obra de
Loria, esta concepción ha adquirido unidad y método, fijándose en
vigorosos estudios sobre "las bases económicas de la constitución
social". Sintéticamente podría enunciarse así: Las instituciones
que constituyen la superestructura social se arraigan, florecen
y evolucionan sobre las instituciones económicas, cuya evolución
es la causa principal (no siempre directa ni exclusiva) de las
transformaciones sociales.
Espíritus estrechos pretenden que esta concepción tiende a identificar
la sociología con la economía política. Pero se ha observado, con
razón, que esta última es una ciencia particular, y analiza los
fenómenos e instituciones económicas en sí mismas, estática y
dinámicamente; la sociología sobre base económica es, en cambio, una
ciencia general que observa los fenómenos e instituciones económicas
en sus relaciones con el conjunto de la vida social, abarcando otros
fenómenos e instituciones que son, por su parte, objeto de estudio
para ciencias particulares. Entre ambas existe la relación de la
parte al todo, relación que también existe con cada una de las otras
ciencias sociales. En la determinación de la resultante final la
economía política entra en proporción importante; pero ello no implica
confusión, como no la hay entre la osteología y la anatomía cuando se
afirma que el esqueleto es el sostén fundamental del organismo.
Vemos, pues, frente a la teoría biosociológica, al organicismo
spenceriano, extremado por los antropo-sociólogos y los partidarios
del "darwinismo social", esta nueva concepción, más científica:
la económico-sociológica. Llamada, impropiamente, por algunos,
"materialismo histórico" o "materialismo económico", "economismo
histórico", "teoría económica de la historia", etc., esta doctrina es
compartida actualmente por un núcleo selectísimo de sociólogos. Lo más
importante es que ella es aceptada de hecho por casi todos los que se
proponen contradecirla.
Aunque este es nuestro criterio, las conclusiones a que llegaremos
pueden aceptarse por cuantos observan bajo distinto prisma la vida
social, pues no se oponen a las demás teorías sociológicas.