Las diversas formas de actividad mental, indisolublemente unidas en la
personalidad, intervienen como elementos armónicos en la constitución
del carácter individual, que se exterioriza bajo la forma de conducta:
conjunto de acciones y reacciones mediante las cuales el individuo
se adapta al medio en que vive, o manera personal de reaccionar a
las excitaciones recibidas del medio interior y exterior.--Lo que
psicológicamente (para la personalidad individual) llamamos _carácter_,
éticamente (para la personalidad adaptada al ambiente moral de la
sociedad) se traduce por la _conducta_.
Podemos, pues, considerar al carácter como _el instrumento psicológico
de la conducta_. Siempre es una expresión _sintética_ de la psiquis
humana, de la personalidad.
Taine, primero, y luego Ribot, al comentar su libro "La Inteligencia",
insistieron sobre la necesidad de complementar las investigaciones de
psicología general, analítica y abstracta, con estudios de psicología
sintética y concreta, es decir, de psicología aplicada. "La psicología,
cuyo objeto es el estudio de los fenómenos mentales, en general,
no excluye en manera alguna el estudio de los seres reales, de los
individuos que sienten y piensan. Así entendida, es y seguirá siendo
una obra de clasificación, una taxonomía; ella determina los tipos y
las variedades específicas. La psicología general permanecerá siempre
muda a este respecto, pues, por su misma naturaleza, despreocúpase
de lo que no es general; su obra consiste en clasificar los procesos
mentales, sin inquietarse por las combinaciones resultantes de sus
diversas condiciones. Al contrario de la psicología general, que es
principalmente analítica, la psicología aplicada será, sobre todo,
sintética, por lo menos en cuanto a sus fines". Y agrega el mismo
Ribot, estudiando la psicología de los sentimientos: "Repetidamente,
muchos autores han señalado, con razón, que el gran trabajo realizado
hoy en el dominio de la psicología, debería completarse por estudios
directamente opuestos; es decir, que la psicología analítica y
abstracta tiene por complemento indispensable una psicología sintética
y concreta. Como toda ciencia, la psicología procede por generalidades.
Ya se ocupe de las percepciones o de los conceptos, de la asociación
de ideas o de los movimientos, de la atención o de las emociones, ella
toma esos hechos en todas partes donde los encuentra, en todos los
hombres, en todos los animales, y trata de explicarlos, reduciéndolos
a sus condiciones más generales. Parte de la suposición, implícita,
que en cada hombre hay instintos y costumbres, fenómenos intelectuales,
afectivos, voluntarios. ¿Pero en qué proporciones se combinan esos
elementos para constituir las diversas individualidades psicológicas?
¿Qué múltiples combinaciones pueden producir? ¿Hay preponderancia de
las emociones, de la inteligencia o de la acción? ¿La preponderancia
de la una influye sobre el desarrollo de las otras?" (_Psychologie des
sentiments_). Estas cuestiones son eminentemente prácticas y ajenas,
por lo tanto, a la psicología general. Pero así como en medicina no
hay enfermedades, sino enfermos, en psicología no hay una humanidad,
sino hombres; todo no puede reducirse al estudio analítico general de
cada fenómeno, pues la comprensión sintética no es desdeñable. Los
elementos del carácter se combinan, no se suman simplemente; de allí
que para conocer el conjunto no baste el conocimiento aislado de los
componentes. El estudio sintético es más necesario a medida que se
asciende de lo inorgánico, a lo orgánico, a lo consciente, a lo social.
En suma, es justo decir que la psicología analítica y abstracta tiene
por complemento indispensable una psicología sintética y concreta...
El problema capital de esta última reside en el campo de la acción, no
del conocimiento. Es práctico. Consistirá en determinar los principales
tipos de individualidad, según su manera de actuar y de reaccionar,
originada en los sentimientos y en la voluntad. Eso desígnase con un
término, un tanto vago, consagrado por el uso: el "carácter". Es decir,
consistirá en el estudio de la conducta como resultado del carácter
individual.
En el mismo orden de ideas encuéntranse Hoffding, Pérez, Malapert,
Queyrat y otros psicólogos que estudiaron los caracteres humanos.
Paulhan enuncia este concepto más explícitamente. Fouillée, aunque
tiende a separar de la psicología propiamente dicha el estudio de
los caracteres, le asigna proporciones y objetivos semejantes. Todos
los autores concuerdan en la necesidad de estudios sintéticos de
la personalidad humana, determinando y clasificando sus diversas
formas según la relativa preponderancia de alguno de los elementos
psicológicos en la conducta del individuo, actuando sobre su
personalidad.
Los métodos aplicables al estudio del carácter son cuatro. El
_empírico_, propio de todos los tiempos y accesible a todos los
observadores; el _razonante_ fué propio de los filósofos, reducidos
a especulaciones abstractas acerca del proceso íntimo de los hechos
estudiados; el _fisiológico_, cimentado sobre las doctrinas relativas
al "temperamento" individual, cuya consecuencia fué detener a muchos
autores en la investigación de las bases orgánicas del carácter y
de sus manifestaciones; el _psicológico_, creado por Stuart Mill,
que lleva a estudiar el carácter en sus manifestaciones psicológicas
sintéticas, y que podríamos llamar el procedimiento clínico.
Ribot sólo señala dos métodos: el fisiológico y el psicológico.
Malapert indica los tres últimos. Sin embargo, conviene señalar que el
empírico, por ellos omitido, fué en toda época el más generalizado y
fecundo, fundándose en la simple observación directa; las más geniales
manifestaciones del arte, que alcanzan la sanción de la clasicidad,
son estudios empíricos del carácter humano. Los tipos creados de
Shakespeare a Ibsen, de Cervantes a Zola, de Calderón a Dostojewsky,
serán eternos modelos psicológicos de caracteres humanos, empíricamente
observados; los mejores trabajos debidos al método científico podrán
equiparar, mas no superar, a un tipo de Macbeth o Stockmann, Sancho o
Saccard, Segismundo o Raskolnikoff.
El procedimiento empírico no subordina sus resultados al rigor de su
método, sino a la perspicacia del escritor; se funda en una aptitud
psicológica personal. El razonante reduce mucha parte de su labor
a especulaciones estériles, sólo utilizables cuando corresponden a
la observación empírica. El fisiológico tiende a estudiar las bases
orgánicas del carácter, antes que sus manifestaciones mismas. El
psicológico conduce al estudio directo del carácter, al estudio
_clínico_ de sus expresiones psicológicas; es el método por excelencia,
dada la imposibilidad de experimentar la formación y las evoluciones
del carácter. Fuerza es convenir con Malapert en que "el método
conveniente para el estudio de los caracteres es, si así puede decirse,
el método clínico, constituido esencialmente por la observación, la
comparación y una inducción prudente." (_Le caractère_).