I.--LA LUCHA POR LA VIDA Y LA SIMULACIÓN ENTRE LOS HOMBRES

Cuando se intenta abarcar, en una mirada de conjunto, las diversas

actividades desarrolladas por el hombre que vive en sociedad, salta a

la vista que la lucha por la vida rige en el mundo social, lo mismo que

en el propiamente biológico, aunque sufre modificaciones importantes

que estudiaremos al examinar la evolución de la simulación. Habiendo

"lucha por la vida", según lo enunciamos en el capítulo precedente,

encontraremos fenómenos de simulación adaptados a sus distintas

modalidades.

La Humanidad, como especie biológica, lucha por la vida contra el reino

vegetal y contra las demás especies animales. Eso es evidente. Además,

como animal susceptible de asociarse en agregados o colonias, el hombre

está sometido a nuevas formas de lucha: sea como miembro de un agregado

social, sea como individuo.

Tres formas de lucha por la vida son posibles entre los individuos

de la especie humana: 1.º. Entre agregados sociales; 2.º. Entre

agregados e individuos; 3.º. Entre individuos aislados. Dos naciones

que se arruinan recíprocamente en una guerra de supremacía económica,

encuéntranse en el primer caso. Un delincuente que cometa acciones

antisociales, representa el segundo. Dos salvajes que se disputan una

raíz alimenticia, se encuentran en el tercero.

Recorriendo la escala biológica, a medida que se asciende, muéstrase

más compleja la vida de los organismos, tocando su máximum en la

especie humana. Como consecuencia de ello, cuanto más complejas son las

manifestaciones de la vida, tanto más arduas son las condiciones en que

la lucha por la vida se plantea. Y, como corolario, obsérvase que esas

formas complejas de lucha producen un perfeccionamiento progresivo de

los medios de lucha, superando en el hombre a todas las demás especies

vivas. En sentido figurado, podríamos decir que, también en este caso,

la función desarrolla el órgano, es decir, que la necesidad estimula el

desenvolvimiento de la aptitud.

Encarando ampliamente la cuestión, puede afirmarse que la civilización

humana ha implicado un continuo aumento de la lucha por la vida y de

los medios de lucha, ora dirigidos contra la naturaleza, ora esgrimidos

entre los agregados sociales o entre los individuos; pero en todos los

casos tiende a la selección de las razas y de los individuos más aptos

en su medio. Para ello, o como su resultado, la especie humana posee un

elevado desarrollo mental que le permite organizar conscientemente sus

medios de lucha, buscando una progresiva adaptación a las condiciones

de la lucha por la vida. En una palabra, para resumir: donde la vida

es más compleja la lucha es múltiple y los medios son más complicados.

Hemos visto ya que las manifestaciones de la lucha evolucionan de

formas violentas a formas fraudulentas; los medios se adaptan a la

lucha y sufren, también ellos, una progresiva evolución, tendiendo

hacia el predominio de los fundados en la fraudulencia. Entre éstos

encuéntrase la simulación, uno de los más frecuentemente observados.

Es fácil encontrarla en todas las manifestaciones de la actividad

humana, reemplazando a la violencia como medio ofensivo y defensivo.

Más aún: el espíritu humano tiende a adaptar una manera especial de

simulación a cada una de las modalidades que reviste la lucha por la

vida en el ambiente, estableciéndose entre ellas cierto paralelismo. De

ella, en sus innumerables facetas, trataremos en el presente capítulo,

demostrando que a las diversas formas colectivas e individuales de

lucha por la vida, corresponden formas colectivas e individuales de

simulación.

Las formas de lucha por la vida entre los agregados sociales, así como

entre los grupos colectivos que viven dentro de cada agregado, varían

al infinito; sus relaciones recíprocas son constantemente diversas,

debido a la persistente heterogeneidad de intereses. Una primera causa

de antagonismo nace de las desigualdades étnicas; hay luchas entre las

razas, estudiadas por Gumplowicz, Ammond, Lapouge, Winiarsky; en la

evolución histórica se atenúan sus conflictos, tendiendo a unificarse

bajo la hegemonía de las mejor adaptadas para la lucha por la vida,

como demostraron Colaianni, Finot, Nordau y otros. Dentro de una misma

raza, la diversidad de condiciones económicas, debida a la influencia

del ambiente natural, determina la formación de diversos agregados

políticos; se constituyen estados distintos, apareciendo entre ellos

antagonismos e intereses que son causa de las luchas entre las

naciones; basta recordar los estudios de Novicow. La diversa función

social de cada sexo y las necesidades de la conservación de la especie,

determinan la lucha entre los sexos, analizada por Viazzi, procurando

cada uno ejercer mayor autoridad sobre el otro y conquistando el

derecho al amor al precio del menor esfuerzo posible. Dentro de cada

agregado social, la división del trabajo determina la aparición de

clases sociales que pueden tener intereses antagónicos o divergentes:

aparecen así las luchas de clases, estudiadas por los marxistas. Desde

otro punto de vista más estrecho, la solidaridad de intereses entre los

que ejercitan una función particular engendra una lucha entre ellos y

el resto de la sociedad, en formas que oscilan desde el espíritu de

cuerpo profesional hasta la solidaridad económica de capitalistas o

proletarios, y desde el politiquismo profesional hasta la explotación

de las supersticiones. Podrían señalarse cien formas de lucha por la

vida especiales de colectividades: siempre que existe una solidaridad

de intereses, permanente o transitoria, hay lucha colectiva contra

el resto de la especie o contra algunas de sus partes. El principio

darwiniano se repite, bajo mil formas, en el mundo social.

De conformidad con nuestra teoría general, encontraremos que a cada

una de esas formas de lucha, la actividad humana ha adaptado fenómenos

especiales de simulación.

Al mismo tiempo, cada individuo, independientemente de la raza, clase o

grupo a que pertenece, está obligado a luchar por la vida adaptándose

lo mejor que pueda al medio social. Muy pocos hombres de personalidad

firme resisten a la presión colectiva y pueden hacerlo conservando

algunos de sus rasgos característicos; los más están obligados a imitar

las ideas, los sentimientos, las costumbres colectivas, y su éxito en

la vida consiste en alcanzar la más perfecta adaptación al medio. Para

ello no es necesario _ser_ como los demás; basta con _parecer_. Eso es

lo útil; para ello se simula.

Debería definirse la "educación" como el arte de formar en los hombres

una personalidad; vemos, en cambio, que el uso corriente da a esa

palabra el sentido contrario, diciendo que son mejor "educados" los

individuos que por su refinada aptitud para fingir consiguen disimular

completamente su personalidad propia, no haciéndola gravitar nunca

sobre los demás. Esta pretendida educación tiende a establecer una

verdadera "homocromía social" entre el individuo y las ideas de la

sociedad, y un riguroso "mimetismo personal" con las costumbres

corrientes en ella. En el traje, en la mímica, en las opiniones, en

las maneras, se va hacia la uniformidad; para ello cada hombre está

obligado a disimular todo lo que le es individual y a simular todo

lo que es común a la sociedad y no posee él mismo. No importa que

esa costumbre de _parecer_ destruya en el hombre toda capacidad para

_ser_; la sociedad no vacila en sacrificar los individuos al interés

de la especie, lo mismo que las demás colonias animales. Todo lo que

exige del niño que entra a la vida es que se esfuerce por imitar lo que

hacen los demás; y el niño, cada vez que no puede hacerlo, se decide a

simularlo. Así, simulando, se aventaja en la lucha por la vida, y para

conservar las ventajas adquiridas sigue simulando, después, hasta la

muerte.

La simulación en la lucha por la vida · 第 29 / 56 题