COSSÉ (_á los otros_).--Pero, señores, ¿os parece bien que el rey le

sople así la dama á todo el mundo? Querría saber yo lo que diría el

rey, si alguien le usurpara la suya.

TRIBOULET (_adelantándose_).--¡Cómo me maldijo el anciano! Siento

así... como una turbación. (_La oscuridad es tan densa que no ve á

Gordes con quien se roza al pasar._) ¿Quién va?

GORDES (_volviendo á los otros_).--¡Triboulet, señores!

COSSÉ.--¡Victoria doble! Matemos al traidor.

PIENNE.--Eso no.

COSSÉ.--Está en nuestras manos.

PIENNE.--Pero ¿quién nos divertirá mañana?

GORDES.--Va á estorbarnos.

MAROT.--Dejad que yo le hable: voy á arreglarlo todo.

TRIBOULET (_prestando atento oído_).--Parece que hablan bajo.

MAROT (_acercándose_).--¿Triboulet?

TRIBOULET (_con voz ruda_).--¿Quién va?

MAROT.--¡Pardiez! No vayas á tragarme: soy yo.

TRIBOULET.--¿Quién eres tú?

MAROT.--Marot.

TRIBOULET.--¡Ah! ¡Está tan oscuro!... Y ¿qué ocurre?

MAROT.--Venimos... ¿No lo adivinas?

TRIBOULET.--No.

MAROT.--Pues venimos á robar para el rey la esposa de Cossé.

TRIBOULET (_respirando_).--¡Ah!... ¡Magnífica idea!

COSSÉ (_aparte_).--Estoy por romperle un hueso.

TRIBOULET.--¿Y cómo os las compondréis para llegar hasta ella?

MAROT (_bajo á Cossé_).--Dadme vuestra llave.

[Ilustración: BLANCA.--_¡Padre! ¡Padre mío! ¡Socorro!_]

(_Se la da. Toma, y tienta la llave y reconoce el cincelado blasón

del conde._)

TRIBOULET.--Sí, las tres hojas de sierra: es su blasón. (_Aparte._)

¡Pardiez! ¡Qué necio soy! No sé lo que me había imaginado. (_Alto._)

Pues ahí está el palacio de Cossé. ¡Conque venís á robar su mujer!

¡Bravo!

MAROT.--Todos venimos enmascarados.

TRIBOULET.--Pues bien, venga una máscara. (_Marot le pone una máscara y

añade una venda que le ata sobre los ojos y las orejas._) ¿Y ahora?

MAROT.--Ahora nos tendrás la escala.

(_Los caballeros suben por la escala, fuerzan la puerta del primer

piso del terrazo y penetran en la casa. Un momento después, uno de

ellos aparece en el patio, cuya puerta abre. Después entra todo el

grupo, trayendo á Blanca desceñida y amordazada, que se resiste como

puede._)

BLANCA (_á lo lejos_).--¡Padre! ¡Padre mío! ¡Socorro!

LOS CABALLEROS.--¡Victoria!

(_Desaparecen con la joven._)

TRIBOULET (_solo al pié de la escalera_).--¿Me hacen pasar aquí mi

purgatorio? ¿Han acabado ya? ¡Qué irrisión! (_Suelta la escala, se

lleva la mano á la máscara y encuentra la venda._) ¡Ah, tengo los ojos

vendados! (_Se arranca la venda y la máscara. Á la luz de la linterna

sorda, que se han dejado olvidada en el suelo, ve algo blanco, lo

recoge y reconoce el velo de su hija. Vuélvese y ve apoyada la escala

en el muro de su terrazo y la puerta de su casa abierta. Entra en ella

como un loco y reaparece un momento después arrastrando á la dueña

amordazada y medio vestida. Mírala con estupor y luégo se mesa los

cabellos dando gritos inarticulados. Al fin recobra la palabra y grita

sordamente:_) ¡Oh! ¡la maldición, la maldición!

(_Cae sin sentido._)

[Ilustración]

ACTO III

EL REY

La antecámara del rey en el Louvre. Dorados, molduras, muebles,

tapicería del Renacimiento.--Una mesa, una silla de brazos y otra de

tijera en primer término.--Una gran puerta dorada en el fondo.--Á la

izquierda la puerta del dormitorio del rey. Á la derecha un aparador

cargado de vajilla de oro y esmalte.

PERSONAJES

FRANCISCO I.

TRIBOULET.

BLANCA.

SAINT-VALLIER.

CLEMENTE MAROT.

M. DE PIENNE.

M. DE GORDES.

M. DE PARDAILLAN.

M. DE MONTCHENU.

M. DE COSSÉ.

PAJES.

CABALLEROS.

ESCENA I

LOS CABALLEROS

GORDES.--Ahora debemos tratar del desenlace de la aventura. Es preciso

que Triboulet se atormente y desespere, sin sospechar que está aquí su

amada.

COSSÉ.--Que se desespere buscándola... está muy bien... pero si los

porteros la han visto entrar.

MONTCHENU.--Todos los ujieres de palacio tienen orden de decirle que no

han visto aquí esta noche á mujer alguna.

PARDAILLAN.--Además un criado mío muy hábil en burlerías, ha ido á

desorientarle diciendo en casa del bufón que había visto por sus ojos

llevar por fuerza una mujer al palacio de Hautefort, á eso de la media

noche.

COSSÉ (_riendo_).--Pues Hautefort le aleja mucho del Louvre.

GORDES.--Apretémosle la venda que le ciega.

MAROT.--Yo le he escrito esta esquela esta mañana. (_Saca un papel

y lee:_) «Acabo de robarte tu beldad, amigo Triboulet, y por darte

noticias de ella, te participo que me la llevo fuera de Francia.»

(_Ríen todos._)

GORDES (_á Marot_).--¿Firmado?

MAROT.--Juan de Nivelles.

(_Nuevas carcajadas._)

PARDAILLAN.--Va á correr el mundo buscándola.

COSSÉ.--Gozo ya viéndolo.

GORDES.--El desdichado, con su desesperación, sus crispados puños y sus

dientes apretados, nos va á pagar en un día todas sus deudas atrasadas.

(_Ábrese la puerta lateral y entra el rey en lujoso traje de mañana

y en compañía de Pienne. Todos los cortesanos se descubren y abren

paso. El rey y M. de Pienne ríen á carcajadas._)

EL REY (_indicando la puerta del fondo_).--¿Está allí la hermosa?

PIENNE.--¡La manceba de Triboulet!

EL REY.--En verdad que soplarle la dama á mi bufón es cosa de risa.

PIENNE.--¿Pero es su manceba ó su esposa?

EL REY (_Aparte._)--¡Una mujer, una hija! No le suponía tan buen padre

de familia.

PIENNE.--¿Quiere verla Vuestra Majestad?

EL REY.--¡Pardiez!

(_Sale el duque y vuelve sosteniendo á Blanca velada y vacilante.

Siéntase el rey con negligencia._)

PIENNE (_á Blanca_).--Entrad, hermosa. Después temblaréis cuanto

queráis. Estáis en presencia del rey.

BLANCA.--¡Ah! ¡Aquel galán es el rey!

(_Corre á postrarse á sus piés. El rey con un gesto despide á los

cortesanos._)

ESCENA II

EL REY, BLANCA

(_Á solas ya el rey con Blanca, le quita el velo que la envuelve._)

EL REY.--¡Blanca!

BLANCA.--¡Gaucher Mahiet! ¡Cielos!

EL REY (_riendo_).--¡Á fe de caballero, que me encanta la treta, sea

engaño ó deliberación! ¡Vive Dios! Blanca, hermosa mía, ven á mis

brazos.

BLANCA (_retrocediendo_).--¡El rey! Dejadme, señor. ¡Dios mío! Yo

¡pobre de mí! no sé cómo hablar... ni qué decir. ¡Señor Gaucher

Mahiet!... ¡Ah, no; sois el rey! ¡Oh! Quienquiera que seáis, tened

piedad de mí.

(_Cayendo otra vez de rodillas._)

EL REY.--¡Tener piedad de ti! ¡Yo que te adoro! Lo que dijo Gaucher, lo

repite Francisco. Me amas, te amo y somos felices. Ser rey no es nada

contrario al amor. ¡Inocente! Me creías comerciante, escolar, menos

acaso. Porque la casualidad ha hecho que naciera un poco mejor, porque

soy rey, no debes odiarme tan pronto. No tengo la dicha de ser un

patán... ¿pero qué más da?

(_Riendo._)

BLANCA (_aparte_).--Se ríe. ¡Oh Dios! Quisiera morirme.

EL REY.--¡Oh! Las fiestas, los juegos, las danzas, los torneos, los

dulces coloquios de amor en el fondo de los bosques, cien y cien

placeres que las sombras cubrirán con sus alas, he aquí tu porvenir,

al cual no será extraño el mío. Seamos dos amantes, dos esposos,

dos seres felices. Hay que envejecer un día, y la vida, acá para

nosotros, ese tejido en que, á pesar de los años que la ajan, brillan

algunos instantes de amor, no sería más que un triste harapo sin esas

lentejuelas. Blanca, he reflexionado muchas veces en esto; toda la

sabiduría se reduce á honrar á Dios padre, amar, comer, beber, gozar.

BLANCA (_retrocediendo aterrada_).--¡Ay de mis ilusiones! ¡Qué

diferencia!

EL REY.--Pues ¿qué? ¿Me suponías un amante tímido y tembloroso, uno de

esos pazguatos lúgubres y fríos que creen que basta para cautivar los

corazones exhalar suspiros y querellas?

BLANCA.--Dejadme. ¡Desdichada de mí!

EL REY.--¡Oh! ¿Sabes bien quién soy yo? Francia entera, quince millones

de almas, riquezas, honores, placeres, poder sin cortapisa, todo es

para mí, todo es mío, yo soy el rey. Pues bien, Blanca, tú serás la

reina.

BLANCA.--¡La reina! ¿Y vuestra esposa?

EL REY.--¡Inocente! Mi esposa... no es mi manceba. ¿Comprendes?

BLANCA.--¡Ah! ¡Qué vergüenza!

EL REY.--¡Qué orgullosa!

BLANCA.--No, no soy vuestra; soy de mi padre.

EL REY.--¡Tu padre!... Tu padre es mi bufón, tu padre es mío y hago de

él lo que me place, sin que pueda querer él sino lo que yo quiera.

BLANCA (_llorando amargamente con la cabeza entre las manos_).--¡Oh

Dios! ¡Pobre padre! ¡Conque todo es vuestro!

(_Sollozando._)

EL REY (_echándose á sus piés para consolarla_).--Blanca, te juro que

te amo y que me interesas mucho. No llores más; ven á mis brazos, á mi

corazón.

BLANCA (_resistiéndose_).--¡Jamás!

EL REY.--Aún no me has repetido, ingrata, que me amas.

BLANCA.--Todo se acabó.

EL REY.--Sin querer te he ofendido; perdóname. No te aflijas, Blanca

mía. Oh, antes que arrancar lágrimas á tus bellos ojos quisiera morir y

aun pasar en mi reino y señorío por un rey débil y sin honor.

BLANCA.--¿No es verdad que todo esto es un juego? Si vos sois el rey,

yo tengo á mi padre. Mandad que me lleven á su lado. Vivimos junto al

palacio Cossé. Pero harto lo sabéis. ¡Oh! ¿Quién sois? No comprendo

nada de esto. ¿Cómo me han traído con la gritería de un festejo? Todo

esto se ha confundido en mi cabeza como un sueño. Ni siquiera sé ya

si os amo. (_Retrocediendo con terror._) ¡Ah! ¡El rey! ¡Piedad! Tengo

miedo de vos.

EL REY (_queriendo tomarla en brazos_).--¡Miedo de mí, ingrata!

BLANCA (_rechazándole_).--¡Dejadme! ¡Dejadme!

EL REY (_estrechándola más_).--Un beso de perdón.

BLANCA.--¡No! ¡No!

EL REY.--¡Qué extraña niña!

BLANCA (_desasiéndose_).--¡Dejadme! ¡Dejadme! Esta puerta...

(_Se precipita en la cámara real y se encierra._)

EL REY.--¡Oh! Traigo la llave encima.

(_Saca de su cinturón una llavecita de oro, abre y entra cerrando

tras sí la puerta. Marot que estaba en acecho junto á la puerta del

fondo, se adelanta riendo._)

MAROT.--¡Se ha refugiado en la misma cámara del rey! ¡Pobre muchacha!

(_Llamando á Mr. Gordes_) ¡Eh! ¡Conde!

ESCENA III

MAROT, luégo los CABALLEROS, después TRIBOULET

GORDES.--¿Han entrado?

MAROT.--El león ha arrastrado á la oveja á su madriguera.

PARDAILLAN (_Saltando de alegría._)--¡Oh! ¡Pobre Triboulet!

PIENNE (_que ha quedado en la puerta mirando afuera._) ¡Silencio! ¡Aquí

viene!

GORDES.--¡Disimulo!

MAROT.--Yo soy el único á quien puede reconocer, pues sólo habló

conmigo.

PIENNE.--No nos demos por entendidos.

(_Entra Triboulet. Nada ha cambiado en él. Trae su traje y su

indiferencia de bufón; sólo que está muy pálido._)

PIENNE (_como continuando una conversación y haciendo una seña á los

otros, que apenas pueden reprimir la risa_).--Sí, señores, entonces...

¡Hola! ¡Triboulet! Buenos días... entonces sacaron esta copla:

(_Cantando._)

_Cuando Borbón fué á Marsella_

_dicen que dijo á su séquito:_

_¿Qué capitán, Dios bendito,_

_encontraremos ahí dentro?_

TRIBOULET (_continuando la canción_):

_Del monte de la Colomba_

_es el paso muy estrecho_

_y subieron todos juntos_

_soplándose bien los dedos._

(_Risas y aplausos irónicos._)

TODOS.--¡Bravo!

TRIBOULET (_Adelantándose al proscenio lentamente. Aparte._)--¡Hija

mía!... ¿Dónde estará?...

(_Cantando._)

_y subieron todos juntos_

_soplándose bien los dedos._

GORDES (_aplaudiendo_).--¡Bravo, Triboulet!

TRIBOULET (_Examinando las caras de los que se ríen al rededor.

Aparte._)--Todos ellos dieron el golpe; no hay que dudarlo.

COSSÉ (_riendo y dándole una palmada en el hombro_).--¿Qué hay de

nuevo, bufón?

TRIBOULET.--Observad qué sombrío está este caballero cuando se ríe.

(_Remedándolo._) ¿Qué hay de nuevo, bufón?

COSSÉ (_riendo aún_).--Sí, ¿qué nos cuentas?

TRIBOULET (_mirándole de arriba abajo_).--Que no la echéis de gracioso,

porque sois desgraciado siempre.

(_Durante la primera parte de esta escena, Triboulet, preocupado

siempre, á pesar suyo, va como registrándolo todo. Á veces, cuando

cree que nadie le mira, quita un mueble de su sitio, ó tantea

el botón de una puerta para ver si está cerrada. Fuera de esto,

habla con todos, según su costumbre, con desenfado y burlando.

Los caballeros por su parte bromean entre sí, haciéndose señas de

inteligencia._)

TRIBOULET (_Mirando de reojo.--Aparte._) ¿Dónde la habrán escondido?

¡Oh! Si les pido mi hija, se burlarán más de mí. (_Acercándose á

Marot con semblante risueño._) Celebro mucho, Marot, que no te hayas

constipado esta noche.

MAROT (_fingiendo sorpresa_).--¡Esta noche!

TRIBOULET (_guiñándole el ojo_).--¡Buena jugada!

MAROT.--¿Qué jugada?

TRIBOULET.--¡Bah!

MAROT.--Te aseguro que al toque de ánimas estaba ya en la cama y el sol

muy alto cuando desperté.

TRIBOULET.--¡Cómo! ¿No has salido esta noche? Entonces lo he soñado.

(_Ve un pañuelo en una mesa y se echa encima de él._)

PARDAILLAN (_á Pienne_).--Mira, duque, cómo registra la marca de mi

pañuelo.

TRIBOULET (_Dejando el pañuelo. Aparte._)--No, no es el suyo.

PIENNE (_á algunos jóvenes que ríen en el fondo_).--¡Señores!

TRIBOULET (_aparte_).--¿Dónde puede estar?

PIENNE (_á Gordes_).--¿De qué os reís así?

GORDES (_indicando á Marot_).--¡Pardiez! Marot nos hace reir.

TRIBOULET (_aparte_).--Están todos muy risueños hoy.

GORDES (_á Marot, riendo_).--No me mires de esa manera ó te tiro el

bufón á la cabeza.

TRIBOULET (_á Pienne_).--¿No se ha levantado el rey aún?

PIENNE.--No á fe.

TRIBOULET.--Parece que se siente algo dentro.

(_Va á acercarse á la puerta y Pardaillan lo detiene._)

PARDAILLAN.--No vayas á turbar su real sueño.

GORDES (_á Pardaillan_).--Vizconde, este truhán de Marot nos cuenta un

cuento gracioso. Al volver, no sé de dónde, los tres Guys, hubieron de

encontrar á sus tres mujeres...

MAROT.--Con otros tres que no eran ellos.

TRIBOULET.--Anda tan perdida en estos tiempos la moral...

COSSÉ.--¡Son tan traidoras las mujeres!

TRIBOULET.--¡Cuidado!

COSSÉ.--¿Eh?

TRIBOULET.--Cuenta con lo que se dice, caballero Cossé.

COSSÉ.--¿Y eso?...

TRIBOULET.--Dicen que no hay que mentar la soga...

COSSÉ.--No entiendo.

TRIBOULET.--Pues no puedo explicarme más.

COSSÉ.--¡Hum!

TRIBOULET.--Señores, acertad qué animal dice cuando está furioso:

(_Remedando á Cossé_) ¡Hum!

(_Todos ríen. Entra un gentil hombre de la reina._)

PIENNE.--¿Qué ocurre, Vaudragon?

VAUDRAGON.--La reina, mi señora, desea ver al rey para asunto urgente.

(_El duque le da á entender por señas que es imposible. El gentil

hombre insiste._) M.me de Brezé no está con él, sin embargo.

PIENNE (_con impaciencia_).--El rey no se ha levantado aún.

VAUDRAGON.--Pero, duque, si hace un instante que estaba con vos...

PIENNE (_haciéndole señas que el otro no entiende y que no se le

escapan á Triboulet_).--El rey está de caza.

VAUDRAGON.--Sin pajes ni monteros, porque todos están aquí.

PIENNE (_con cólera_).--¡Diablo! Os digo, y á ver si lo comprendéis,

que el rey no puede ver á nadie ahora.

TRIBOULET (_con voz de trueno_).--¡Ella, ella está aquí! ¡Está con el

rey!

(_Asombro general._)

GORDES.--¿Qué quiere decir eso? ¡Ella! Sin duda delira.

TRIBOULET.--Bien sabéis todos de qué hablo. La mujer que todos

vosotros, Cossé, Pienne, Brion, Montmorency, Marot, Satanás; la mujer

que anoche robasteis de mi casa, está aquí, y la recobraré.

PIENNE (_riendo_).--¡Triboulet ha perdido á su manceba! Hermosa ó fea,

que la busque en otra parte.

TRIBOULET (_con espantoso enojo_).--¡Quiero á mi hija!

TODOS.--¡Su hija!

(_Movimiento de sorpresa._)

TRIBOULET (_cruzando los brazos_).--Mi hija. Reíd ahora... ¡Ah! Os

habéis quedado mudos. ¿Tenéis por cosa extraña que este bufón sea

padre y que tenga una hija? Pues ¿no tienen también su familia los

lobos y los señores? ¡Ea, basta de burlas! Quiero á mi hija. (_Los

cortesanos cuchichean entre sí._) Repito, señores, que quiero á mi

hija. (_Corriendo á la puerta del rey._) Aquí está.

(_Todos los cortesanos corren tras él y se interponen._)

MAROT.--Está loco de atar.

TRIBOULET (_retrocediendo con desesperación_).--¡Cortesanos!

¡Cortesanos! ¡Demonios! ¡Raza maldita! No hay duda: me han robado á

mi hija estos bandidos. Para ellos una mujer no vale nada cuando el

rey, por fortuna, es un crapuloso. Las mujeres de los señores, si son

diestras, les sirven mucho. El honor de una doncella es un lujo inútil,

un oneroso tesoro. Una mujer es un campo que produce, un fundo cuyo

real colono paga á cada plazo, y de aquí los favores que llueven no

se sabe de dónde, hoy un gobierno, mañana una venera, una multitud de

gracias que aumenta sin cesar. (_Mirándolos á todos cara á cara._)

¿Hay entre vosotros uno solo que me desmienta? ¿No es verdad lo que

digo, señores? (_Yendo de uno á otro._) Todo se lo venderíais, si

ya no lo habéis hecho, por un nombre, por un título, por cualquiera

otra vanidad. Tú, Brion, tu mujer; tú, Gordes, tu hermana; tú, joven

Pardaillan, tu madre.

(_Un paje se escancia en el aparador un vaso de vino, bebe, y canta

entre dientes:_)

_Cuando Borbón vió á Marsella_

_dicen que dijo á su séquito..._

TRIBOULET (_volviéndose_).--No sé qué me contiene, vizconde de

Aubusson, que no te rompo en los dientes la copa y el cantar. (_Á

todos._) ¡Quién lo creyera! Duques y pares, grandes de España, ¡oh

vergüenza! Un Vermandois que desciende de Carlomagno, un Brion, cuyo

abuelo era duque de Milán, un Gordes, un Pienne, un Pardaillan, un

Montmorency... los más ilustres personajes, ¡haber ido á robar su hija

á este pobre hombre! No, no son dignos de tan nobles razas corazones

tan viles bajo tan altos blasones. No, sin duda vuestras madres se

prostituyeron á infames lacayos; sois todos bastardos.

GORDES.--Es chusco.

TRIBOULET.--¿Cuánto os ha dado el rey por mi hija? (_Mesándose los

cabellos._) ¡Y no tenía yo más tesoro que ella! ¡Oh! si yo quisiera...

sin duda... Es joven y bella... Ciertamente me la pagaría bien.

(_Mirándolos á todos._) ¿Creerá vuestro rey que puede hacer algo

por mí? ¿Puede cubrir mi nombre con otro como los vuestros? ¿Puede

hacerme hermoso, gallardo, igual á los demás? ¡Infierno! ¡Todo me

lo ha quitado! ¡Oh! esta jugada es vil, infame, horrible, y se ha

hecho cobardemente. ¡Malvados! ¡Asesinos! ¡Todos, todos sois infames,

ladrones, bandidos!... Señores... quiero á mi hija... devolvédmela al

momento. ¡Oh! Ved esta mano... no tiene nada de ilustre, es la mano

de un plebeyo, de un palurdo, de un siervo; pero esta mano que parece

desarmada á los burladores, si no tiene espada tiene uñas. Harto esperé

ya. Devolvedme mi tesoro. Abrid esa puerta. (_Corre de nuevo á la

puerta, que defienden todos los cortesanos. Lucha porfiadamente con

ellos hasta que falto de fuerzas y jadeante viene á caer de rodillas

en el proscenio._) ¡Todos juntos contra mí! ¡Diez contra uno solo!

(_Sollozando._) Y bien, sí, lloro. (_Á Marot._) Marot, bastante te

has divertido conmigo; si tienes alma, inspiración, corazón plebeyo,

bajo esa librea, dime qué es de mi hija. Está ahí, ¿no es verdad? ¡Oh!

Contra esos malditos hagamos causa común los dos, como buenos hermanos.

Entre todos ellos, tú eres el único que piensas... Marot... amigo

Marot... ¡Callas! (_Arrastrándose hacia los señores._) ¡Oh! ¡Ved cómo

me arrastro á vuestros piés pidiéndoos perdón!... ¡Estoy enfermo!...

Tened piedad de mí. Otro día hubiera tomado mejor la travesura; pero

con frecuencia siento, al andar, dolores de que no hablo nunca, y como

contrahecho, suelo tener malos días. Hace muchos años que soy vuestro

juglar; no rompáis así vuestro juguete, el pobre Triboulet que tanto os

ha hecho reir. No sé ya cómo hablaros, ni qué deciros. Señores, señores

míos, devolvedme mi hija que está encerrada en la cámara real. Es mi

único tesoro: devolvédmela por piedad. ¿Qué haría sin mi hija? ¡Es ya

tan mala mi suerte!... (_Todos guardan silencio. Triboulet se levanta

desesperado._) ¡Oh Dios! No sabéis más que reir ó callar. Qué gusto,

¿verdad? ver á un pobre padre golpearse el pecho y arrancarse los

cabellos de desesperación.

(_Ábrese de repente la puerta de la real cámara y sale Blanca

despavorida y desgreñada._)

BLANCA.--¡Ah! ¡Padre!

TRIBOULET.--¡Hija! ¡Hija mía! (_Recibiéndola en sus brazos._) Sí, ella

es... mi hija... ¡Ah! señores... (_Llorando y riendo._) ¿Lo veis? Es

toda mi familia, mi ángel tutelar. Sin ella ¡qué duelo en mi casa! ¿No

es verdad que tenía razón en dolerme de su pérdida y que eran legítimos

mis arrebatos y justas mis lágrimas? (_Á Blanca._) No temas ya nada...

Fué sólo una chanza... Te habrán asustado mucho, pero son buenos, ya lo

ves: han visto cuánto te amo y en adelante nos dejarán en paz. ¿No es

verdad, señores? ¡Qué dicha volver á verte y abrazarte, hija mía!

Tanta es la alegría de mi corazón que ignoro si es un bien perderte un

momento para encontrarte después. (_Mirándola con inquietud._) Pero

¿por qué lloras así?

[Ilustración: TRIBOULET.--_Tened piedad de mí._]

BLANCA (_tapándose la cara con las manos_).--¡Desdichados de nosotros!

¡Qué vergüenza!

TRIBOULET (_estremeciéndose_).--¿Qué dices?... Habla.

BLANCA.--Delante de tantos hombres, no; á solas los dos.

TRIBOULET (_volviéndose hacia las puertas del rey_).--¡Infame!

BLANCA.--Quiero estar sola con vos.

(_Sollozando y cayendo á sus piés._)

TRIBOULET (_dando tres pasos y barriendo con el ademán á todos los

desconcertados cortesanos_).--Idos de aquí. Y si el rey de Francia

se arriesga á venir... (_Á Vermandois._) Vos que sois de su guardia,

decidle que se detenga, que estoy aquí yo.

PIENNE.--Jamás se ha visto un loco como éste.

GORDES (_haciéndole una seña para que se retire_).--Con los locos y los

niños, hay que ceder algo. Estemos, sin embargo, á la mira, por lo que

pueda suceder.

(_Salen._)

TRIBOULET (_sentándose en la silla del rey y levantando á su hija._)

Ea, habla pues. Dímelo todo. (_Vuélvese y viendo á Mr. Cossé rezagado,

se levanta y le dice indicándole la puerta._) ¿No habéis oído,

caballero?

COSSÉ (_retirándose subyugado_).--Estos bufones reales creen que todo

les es permitido.

ESCENA IV

BLANCA, TRIBOULET

TRIBOULET (_con gravedad_).--Habla ahora.

BLANCA (_entre sollozos_).--Padre mío... tengo que deciros que ayer...

se deslizó en casa... ¡Qué vergüenza!... Hace mucho tiempo--yo debía

habéroslo dicho antes--hace mucho tiempo que me seguía... No... debo

empezar por el principio... Ese joven...

TRIBOULET.--Sí, el rey.

BLANCA.--Iba todos los domingos á la iglesia...

TRIBOULET.--Sí, á oir misa.

BLANCA.--Y sin hablarme nunca, para llamarme la atención, movía una

silla al pasar. Anoche se dió maña para introducirse en casa y...

TRIBOULET.--Ahórrate á lo menos la angustia de decirme lo demás: ya

lo adivino. (_Levantándose._) ¡Oh dolor! ¡El oprobio y la vergüenza

en una frente tan pura!... Blanca, velo de dignidad echado sobre mi

deshonra, único asilo del maldito á quien todos desprecian, ángel

olvidado en mi casa por la piedad de Dios, cielo perdido en este sucio

lodo, única cosa santa en que creía en este mundo ¿qué va á ser de

mí después de esta desgracia? ¿Qué voy ahora á hacer yo, que en esta

corte prostituída, fuera de mí como en mí mismo, no veía más que vicio,

desvergüenza, impudor, infamia, escándalo, y sólo tu virginal virtud

para consolar mi alma? Ya me había resignado y aceptaba mi miseria.

Las lágrimas, la abyección, el orgullo que destila sangre en lo hondo

de este roto corazón, la risa del desprecio que mis males aguzaban,

todos esos dolores mezclados con la vergüenza, todos los quería yo para

mí, mas para ella no. Cuanto más bajo había caído, más alta la quería

á ella, que bien está un altar junto á un patíbulo. ¡Y han derribado

el altar!... Esconde la frente... Sí, llora, hija querida... Te hice

hablar demasiado poco hace ¿no es verdad? Llora, llora mucho: á tu edad

suele correr con las lágrimas parte del dolor. Viértelas todas, si

puedes, en el corazón de tu padre. (_Pensando._) Blanca, cuando haya

hecho lo que me queda que hacer, nos iremos de París... si escapo bien

del empeño. (_Pausa._) ¿Quién dijera que basta un día para que todo se

mude así? (_Levantándose con furor._) ¡Maldición! ¿Quién me hubiera

dicho que esta corte infame que va desenfrenada contra todo lo que Dios

manda, y corre salpicando de sangre y lodo á las gentes, iría hasta las

sombras de mi casa á manchar esta frente casta y piadosa? (_Volviéndose

hacia la puerta del rey._) ¡Oh rey Francisco primero! ¡Plegue á Dios

que me escucha, que tropieces pronto en ese camino! ¡que tropieces y

caigas y no veas el día de mañana!

Dramas (1 de 2): Hernani; El Rey se divierte; Los Burgraves · 第 10 / 19 段