y damas engalanados. Antorchas, música, danzas, carcajadas.--Algunos
sirvientes trayendo platos de oro y vajilla de esmalte; grupos de
caballeros y damas yendo y viniendo por la escena.--La fiesta toca á su
fin.--El alba blanquea ya las vidrieras. Reina cierta libertad que da á
la fiesta carácter de orgía.--La arquitectura, los muebles y los trajes
son del gusto del Renacimiento.
PERSONAJES
FRANCISCO I.
TRIBOULET.
M. DE SAINT-VALLIER.
CLEMENTE MAROT.
M. DE PIENNE.
M. DE GORDES.
M. DE BRION.
M. DE MONTCHENU.
M. DE MONTMORENCY.
M. DE COSSÉ.
M. DE LA TOUR-LANDRY.
M.me DE COSSÉ.
M. DE PARDAILLAN.
ESCENA I
EL REY, como lo pintó el Tiziano, M. DE LA TOUR-LANDRY
EL REY.--Conde, quiero terminar esta aventura. Sin duda que es mujer de
oscuro linaje, de la clase media, pero encantadora.
LA TOUR.--¿Y soléis verla en la Iglesia?
EL REY.--En San Germán adonde voy todos los domingos.
LA TOUR.--Pues á estas horas, ya hará dos meses que eso dura.
EL REY.--Sí.
LA TOUR.--¿Y dónde vive?
EL REY.--En el callejón sin salida que llaman de Buci.
LA TOUR.--¿Cerca del palacio de Cossé?
EL REY (_con una señal afirmativa_).--Donde hay un gran muro.
LA TOUR.--¡Ah! Ya sé. ¿Y la perseguís, señor?
EL REY.--Sí, pero está siempre allí una vieja adusta que le guarda los
ojos, la boca y hasta los oídos.
LA TOUR.--¿De veras?
EL REY.--Y lo más curioso es que por la noche entra en la casa un
hombre misterioso, muy arrebujado en su capa, tan negra como las
sombras.
LA TOUR.--¡Bah! Pues haced vos lo mismo.
EL REY.--¡Oh! La casa está muy bien cerrada para el prójimo.
LA TOUR.--Pero, cuando seguís á la dama ¿no hace seña alguna?
EL REY.--Sin presunción, comprendo por ciertas miradas que no le
inspiro odio.
LA TOUR.--¿Sabe que la ama el rey?
EL REY.--No... voy disfrazado con una ropilla gris.
LA TOUR (_riendo_).--Estoy viendo que á la postre saldremos con que
amáis con amor purísimo á alguna augusta Antonia, ama de cura.
(_Entran Triboulet y muchos señores._)
EL REY (_á La Tour_).--Silencio, que vienen. En amor hay que saber
callar para conseguir. (_Á Triboulet que se acerca y oye estas últimas
palabras._) ¿No es verdad?
TRIBOULET.--El misterio es el único asilo de las intrigas de amor,
frágiles de suyo.
ESCENA II
EL REY, TRIBOULET, M. DE GORDES.--Muchos señores lujosamente vestidos.
Triboulet con su traje de bufón, como lo pintó Boniface. El rey
contempla un grupo de damas que pasan.
LA TOUR.--¡Qué preciosa es M.me de Vendosme!
GORDES.--No lo son menos la de Alba y la de Montchevreuil.
EL REY.--Pero la de Cossé las aventaja á todas.
GORDES.--Bajad la voz, señor... que oye el marido.
(_Indicándole á Mr. de Cossé, que pasa por el fondo.--Mr. de Cossé,
bajo y ventrudo, uno de los cuatro gentiles hombres más gordos de
Francia, dice Brantôme._)
EL REY.--¿Y á mí qué?...
GORDES.--Iría á decirlo á Diana.
EL REY.--¿Y á mí qué...?
(_Va al fondo á hablar con otras damas que pasan._)
TRIBOULET (_á Gordes_).--Va á enojar á Diana de Poitiers, á quien no
habla hace ocho días.
GORDES.--¿Si irá á enviársela á su marido?
TRIBOULET.--Creo que no.
GORDES.--Ha pagado el perdón de su padre y en paz.
TRIBOULET.--Á propósito de Saint-Vallier. ¿Qué capricho tuvo ese viejo
estrafalario de casar á su hija Diana, tan hermosa y angelical, con un
senescal jorobado?
GORDES.--Es un loco. Me hallé en el mismo cadalso, cuando recibió el
perdón; estaba más cerca de él que de ti ahora, y no le oí decir más
que estas palabras. «¡Dios guarde al rey!» Es loco de remate.
EL REY (_pasando con la de Cossé_).--¡Cruel! ¿Os vais?
MAD. DE COSSÉ (_suspirando_).--Á Soissons, adonde me lleva mi esposo.
EL REY.--¿No es una mengua que cuando vuestros bellos ojos inflaman
todos los corazones, y fuerzan á las damas á que vigilen celosas á sus
amantes; cuando príncipes y señores, todos os miran con amoroso anhelo,
cuando deslumbráis á la corte con el esplendor de vuestra hermosura,
vayáis como astro humilde á lucir en un cielo de provincia despreciando
señores y príncipes?
MAD. DE COSSÉ.--Calmaos.
EL REY.--Ah, no. ¡Capricho original!... ¡apagar la luz en medio del
baile!
(_Entra Mr. de Cossé._)
MAD. DE COSSÉ.--Aquí viene mi celoso, señor.
(_Se aparta del rey._)
EL REY.--¡Mal demonio se lo lleve! (_Á Triboulet._) No por eso he
dejado de echarle á su mujer una tirada de versos. ¿Te ha enseñado
Marot los últimos que he compuesto?
TRIBOULET.--Yo no leo versos vuestros, señor. Los versos de los reyes
son siempre muy malos.
EL REY.--¡Qué chusco!
TRIBOULET.--Pase que los haga la plebe; pero un rey... Á las hermosas
cortejadlas vos y que haga Marot los versos. Un rey que versifica
abdica.
EL REY (_con entusiasmo_).--¡Ah! Rimar para las hermosas exalta el
corazón. He de poner alas á mi torreón real.
TRIBOULET.--Sería convertirle en molino de viento.
EL REY.--Si no viera allí á M.me de Coislin, te mandaba azotar.
(_Corre hacia la de Coislin á quien dirige algunas galanterías._)
TRIBOULET (_aparte_).--Sigue, sigue el viento que te lleva hacia esa
también.
GORDES (_acercándose á Triboulet y haciéndole notar lo que pasa en el
fondo_).--Mira en la otra puerta á la de Cossé. Apuesto lo que quieras
á que va á dejar caer un guante para que el rey lo recoja.
TRIBOULET.--Estemos á la mira.
(_M.me de Cossé, que ve con despecho las atenciones del rey á la de
Coislin, deja caer en efecto su ramo, que el rey corre á recoger, y
luégo entabla con la dama un coloquio al parecer muy tierno._)
GORDES (_á Triboulet_).--¿No lo dije?
TRIBOULET.--¡Magnífico!
GORDES.--¡Ya le cogió otra vez!
TRIBOULET.--La mujer es un diablo perfeccionado.
(_El rey estrecha el talle de la dama y le besa la mano, y mientras
ella ríe y departe con él alegremente, entra su esposo por la puerta
del fondo. Gordes se lo indica á Triboulet. Mr. de Cossé se detiene
mirando el grupo de su esposa y del rey._)
GORDES (_á Triboulet_).--¡El marido!
MAD. DE COSSÉ.--Separémonos. (_Se deshace de los brazos del rey y
huye._)
TRIBOULET.--¿Qué viene á hacer aquí ese barrigudo?
(_El rey se acerca á un aparador del fondo y pide de beber._)
MR. DE COSSÉ (_Adelantándose pensativo. Aparte._)--¿Qué se dirían?
(_Se acerca con viveza á La Tour que le hace una seña._)
LA TOUR (_misteriosamente_).--¿Sabéis que vuestra esposa es bellísima?
(_Mr. de Cossé se desvía de repente y se dirige á Gordes que parece
quiere decirle algo._)
GORDES.--¿En qué estáis pensando? ¿Por qué miráis de reojo tantas veces?
(_Desvíase otra vez el interpelado y se encuentra cara á cara con
Triboulet, quien se lo lleva con reservado ademán á un extremo del
fondo, mientras Gordes y La Tour se desternillan de risa._)
TRIBOULET (_bajo á Cossé_).--¡Cómo andáis tan cariacontecido, señor
mío! (_Suelta una carcajada y vuelve la espalda al desdichado marido,
que sale furioso._)
EL REY (_volviendo_).--¡Oh! ¡Cuán feliz soy! Á mi lado, Hércules y aun
el mismo Júpiter Olímpico no son sino fatuos ridículos. Estas mujeres
están encantadoras y yo... soy dichoso. ¿Y tú?
TRIBOULET.--¿Yo?... Yo me río al paño del baile, de los juegos y de los
amoríos. Yo critico y vos gozáis; vos sois dichoso como un rey, y yo
como un jorobado.
EL REY.--¡Día de júbilo el día en que mi madre me concibió riendo!
(_Mirando á Mr. de Cossé que sale._) Sólo ése agua la fiesta. ¿Qué te
parece?
TRIBOULET.--¡Necio y ofensivo!
EL REY.--No importa. Excepto ese celoso, todo me agrada. ¡Poderlo todo,
quererlo todo, poseerlo todo!... ¡Triboulet, Triboulet! ¡Qué gusto
estar en el mundo y qué bueno es vivir! ¡Oh dicha!
TRIBOULET.--Ya lo creo, señor; ¡estáis ebrio!
EL REY.--Pero allá descubro... ¡Ah! ¡Qué ojos, qué brazos tan hermosos!
TRIBOULET.--¿Los de M.me de Cossé?
EL REY.--Ven á hacernos pantalla.
(_Cantando._)
¡Vivan los domingos
de mi buen París,
las mujeres rubias...
TRIBOULET.--...y los hombres chispos!
ESCENA III
M. DE GORDES, M. DE PARDAILLAN, joven paje rubio, M. DE VIC, CLEMENTE
MAROT, en traje de ayuda de cámara del rey. Después M. DE PIENNE; uno ó
dos caballeros más. De vez en cuando M. DE COSSÉ, que se pasea serio y
pensativo.
MAROT (_saludando á Gordes_).--¿Qué se miente esta noche?
GORDES.--Nada... que la fiesta es magnífica y que el rey se divierte.
MAROT.--¡Ah! ¡Gran noticia! ¿El rey se divierte? ¡Diablo!
MR. DE COSSÉ (_á espaldas de ellos_).--Gran desgracia, digo yo, porque
un rey que se divierte es un rey peligroso. (_Pasa adelante._)
GORDES.--Ese pobre gordinflón lleva la muerte en el alma.
MAROT.--Parece que el rey asedia mucho á su esposa.
(_Gordes se da por entendido; entra Mr. de Pienne._)
GORDES.--Aquí está nuestro caro duque. (_Se saludan._)
PIENNE (_con misterio_).--Noticia, amigos míos. Oíd una cosa capaz de
turbar al más prudente; una cosa admirable, risible, inverosímil...
GORDES.--Sepamos.
PIENNE (_agrupándolos en torno de sí_).--¡Silencio! Venid, maese
Clemente. (_Á Marot que ha ido á hablar con otros._)
MAROT (_acercándose_).--¿Qué hay, señor?
PIENNE.--Sois un gran necio.
MAROT.--Grande no me creía yo de ningún modo.
PIENNE.--He leído en vuestra composición sobre el sitio de Peschière
estos versos relativos á Triboulet:
_Un loco de cabeza desmochada_
_tan cuerdo á treinta años, á fe mía,_
_como el en que nació dichoso día._
Repito que sois un gran necio.
MAROT.--Lléveme Cupido, si os comprendo.
PIENNE.--En buen hora. Amigos míos... adivinadlo, si podéis. Caso
extraordinario el que ocurre á Triboulet.
PARDAILLAN.--¡Qué! ¿se le ha caído la joroba?
COSSÉ.--¿Le han hecho condestable?
MAROT.--Á dicha ¿lo han servido asado á la mesa?
PIENNE.--No, es cosa más chusca todavía. Triboulet tiene... Adivinad lo
que tiene. Es increíble.
GORDES.--¿Un duelo con Gargantúa?
PIENNE.--No.
PARDAILLAN.--¿Un mono más feo que él?
PIENNE.--No.
MAROT.--¿El bolsillo repleto de escudos?
COSSÉ.--¿Un empleo de perro de asador?
GORDES.--¿Un alma por ventura?
PIENNE.--Apuesto ciento contra diez á que no lo adivináis. Triboulet el
bufón, Triboulet el deforme, Triboulet... ¡á ver quién acierta!... algo
exorbitante es...
MAROT.--Su joroba.
PIENNE.--No. Apuesto mil contra diez. Está amancebado.
(_Todos se echan á reir._)
MAROT.--¡Qué chistoso está el duque!
PARDAILLAN.--¡Vaya un cuento!
PIENNE.--Señores, lo juro por mi honor; he de enseñaros la casa de la
dama. Todas las noches va allá, arrebujado en negra capa, con aspecto
sombrío y altivo como un poeta en ayunas. Rondando no lejos del palacio
de Cossé, he descubierto el secreto y suplico que lo guardéis, que
quiero darle un chasco.
MAROT.--¡Asunto de rondó! ¡Triboulet transformado por la noche en
Cupido!
PARDAILLAN (_riendo_).--¡Una mujer para Triboulet!
MAROT (_riendo_).--Yo creo que, si algún otro Bedfort desembarcara en
Calais, tendría la doncella todo lo que es menester para echar á los
ingleses.
(_Ríen. Viene Mr. de Vic. Mr. de Pienne se pone el dedo en los labios
con ademán de reserva._)
PARDAILLAN (_á Pienne_).--¿Por qué el rey sale también todos los días
al oscurecer y solo, como buscando aventuras?
PIENNE.--Vic nos dirá eso.
VIC.--Lo que puedo afirmar desde luego, es que el rey se divierte mucho.
COSSÉ.--¡Ah! ¡No me habléis de eso!
VIC.--Pero ¿qué me importa á mí de qué lado empuja el viento sus
caprichos, y si sale de noche disfrazado, ó si entra ó no por alguna
ventana?
COSSÉ (_moviendo la cabeza_).--Los viejos cortesanos, señores, saben
que un rey toma siempre en casa agena cuanto le place. ¡Ay del que
tiene hermana, esposa ó hija que le agrade! Un poderoso de buen humor
no piensa más que en hacer daño. Motivos hay para temer. Boca que se
ríe, enseña los dientes.
VIC (_bajo á los otros_).--¡Qué miedo le tiene al rey!
PARDAILLAN.--No le teme tanto su mujer.
MAROT.--Eso es lo que le espanta.
GORDES.--No tenéis razón, Cossé. Conviene que el rey se mantenga
alegre, pródigo y contento.
PIENNE (_á Gordes_).--Soy de tu opinión, conde: un rey aburrido es como
un verano de lluvias.
PARDAILLAN.--Ó un amor sin querellas.
VIC.--Un jarro lleno de agua.
MAROT (_bajo_).--El rey vuelve con el Cupido de Triboulet.
(_Entran el rey y Triboulet. Los cortesanos se retiran
respetuosamente._)
ESCENA IV
Los mismos, el REY, TRIBOULET
TRIBOULET (_como continuando una conversación_).--¡Sabios en la corte!
¡Rara monstruosidad!
EL REY.--Vé á decir eso á mi hermana de Navarra, que quiere rodearme de
sabios.
TRIBOULET.--Acá para _inter nos_, yo he bebido menos que Vuestra
Majestad. Por consiguiente, señor, para juzgar bien de las cosas en
todas sus causas y efectos, tengo sobre vos una ventaja inmensa, y aun
dos: no estar alegre, ni ser rey. Antes que sabios, señor, traed aquí
la peste, la fiebre... etcétera.
EL REY.--El consejo es un poco ligero. Mi hermana quiere rodearme de
sabios.
TRIBOULET.--Pues para ser vuestra hermana, muy mal os quiere. No hay
animal, ni cuervo, ni lobo, ni pájaro, ni buey, ni aun poeta, ni
mahometano, ni teólogo, ni regidor flamenco, ni oso, ni perro, más
feo, más desgreñado, más repulsivo, más encaperuzado de absurdos, más
arisco, más sucio y más lleno de viento que ese asno enalbardado que
llaman un sabio. ¿Os faltan placeres, poder, conquistas, mujeres en
flor para perfumar vuestros festines?
EL REY.--¡Ah! Mi hermana Margarita me dijo una noche en voz baja
que las mujeres no iban á satisfacerme eternamente, y que cuando me
hastiara...
TRIBOULET.--¡Absurda medicina! ¡Recetar sabios á quien se hastía!
La reina Margarita, bien lo sabéis, está siempre por los remedios
radicales.
EL REY.--Pues bien, ¡fuera sabios!; pero cinco ó seis poetas...
TRIBOULET.--Señor, siendo vos lo que sois, temería más á un poeta
emborronado de rimas, que Belcebú un hisopo empapado en agua bendita.
EL REY.--Cinco ó seis no más.
TRIBOULET.--No más ¿eh? Pues si esto es toda una recua, una academia,
un corral... ¿No tenemos harto y más con Marot, aquí presente, para
envenenarnos con otros?
MAROT.--Muchas gracias. (_Aparte._) Callárase el bufón y le tendría más
cuenta.
TRIBOULET.--Las mujeres, señor, son el cielo, la tierra, todo. Y vos
tenéis mujeres. Dejadme en paz y no penséis en los sabios.
EL REY.--No creas tampoco que esa idea me quite el sueño. (_Carcajadas
en un grupo del fondo._) ¡Hola! Aquellos galanes se burlan de ti.
TRIBOULET.--No, sino de otro loco. (_Se les acerca el bufón y vuelve._)
EL REY.--¡Bah! ¿De quién?
TRIBOULET.--Del rey.
EL REY.--¿De veras? ¿Y qué dicen?
TRIBOULET.--Pues dicen que sois un avaro; que no se hace nada por
ellos, porque dinero y favores van á parar á Navarra.
EL REY.--Sí, veo allá á Montchenu, Brion y Montmorency.
TRIBOULET.--Exactamente.
EL REY.--Son insaciables estos cortesanos: he hecho al uno almirante,
al otro condestable, á Montchenu mayordomo de palacio. ¿Qué más quieren?
TRIBOULET.--Todavía, y es muy justo, podríais hacerles algo.
EL REY.--¿Qué?
TRIBOULET.--Hacedlos ahorcar.
PIENNE (_Á los tres señores que están aún en el fondo.
Riendo._)--Señores, ¿habéis oído lo que dice Triboulet?
BRION.--Sí, por cierto. (_Mirando al bufón con ira._)
MONTMORENCY.--Me la pagará.
MONTCHENU.--¡Miserable!
TRIBOULET (_al Rey_).--Pero, señor, á veces tendréis vacío el corazón,
sin la compañía de una mujer, cuyos ojos os digan que no, mientras su
corazón os dice que sí.
EL REY.--¿Qué sabes tú de eso?
TRIBOULET.--Ser amado sólo por corazones deslumbrados y desvanecidos,
tanto es como no ser amado.
EL REY.--¿Qué sabes tú si hay en este mundo quien me ame por mí mismo?
TRIBOULET.--¿Sin conoceros?
EL REY.--Sin conocerme. (_Aparte._) Con esto no comprometo á mi beldad
del callejón sin salida.
TRIBOULET.--¿Es villana?
EL REY.--¿Por qué no?
TRIBOULET (_con viveza_).--¡Cuidado con ello! Mucho arriesgáis. Los
hombres de esta clase suelen ser altivos romanos; cuando se toca á lo
suyo quedan en las manos las señales. ¡Cuidado con ello! Contentémonos,
locos y reyes, como somos, con las esposas y hermanas de los cortesanos.
EL REY.--Sí, yo me contentaría con la mujer de Cossé.
TRIBOULET.--Tomáosla.
EL REY.--Fácil es decirlo, pero no hacerlo.
TRIBOULET.--Robémosla esta misma noche.
EL REY.--¿Y el conde? (_Indicando á Mr. Cossé._)
TRIBOULET.--Á la Bastilla.
EL REY.--¡Oh! no.
TRIBOULET.--Pues para arreglar vuestras cuentas, hacedlo duque.
EL REY.--Es celoso como un plebeyo, y negándose á todo se lamentaría á
voz en grito.
TRIBOULET (_pensativo_).--¡Qué hombre tan embarazoso!... No hay más que
pagarle ó desterrarlo. (_Mr. de Cossé que se ha acercado por detrás
escucha la conversación. Triboulet se da una palmada en la frente y
dice con alegría:_) Hay un medio sencillo, cómodo, facilísimo en que
debiera ya haber pensado.
EL REY.--¿Qué hemos de hacer con Cossé?
TRIBOULET.--Pues... cortarle la cabeza. (_El interesado retrocede con
espanto._) ¡Fingimos una conspiración con España ó Roma!...
COSSÉ.--¡Ah! ¡Satanás!
EL REY (_riendo y halagando á Cossé_).--¡Por mi fe de caballero! ¿Qué
has dicho? ¡Cortar esta cabeza! Mírala bien y dime de qué nacen tus
malos pensamientos.
TRIBOULET.--No son malos ni buenos los que nacen ahí.
COSSÉ.--¡Cortarme la cabeza!
TRIBOULET.--¡Y qué!... no hay para alarmarse tanto.
EL REY.--No le desesperes.
TRIBOULET.--¡Qué diablos! Para qué es ser rey si hay que tropezar á
cada paso con algún obstáculo, sin satisfacer el menor capricho.
COSSÉ.--¡Cortarme la cabeza! Estoy consternado.
TRIBOULET.--Pero es muy sencillo. ¿Por qué no?
COSSÉ.--¿De veras? ¡Ah! Yo te castigaré, gran pícaro.
TRIBOULET.--No os temo. Rodeado de poderosos á quienes hago la guerra,
nada temo, caballero, porque no tengo sobre los hombros otra cosa que
arriesgar que la cabeza de un loco. Lo único que puedo temer es que mi
joroba me éntre en el cuerpo y como á vos me caiga en la barriga, lo
cual me afearía mucho.
[Ilustración]
COSSÉ (_echando mano á la espada_).--¡Miserable!
EL REY.--Deteneos, conde. Vente, loco. (_Se aleja riendo con
Triboulet._)
GORDES.--El rey se desternilla de risa.
PARDAILLAN.--Poco necesita para eso.
MAROT.--Es curioso un rey que se divierte en persona.
(_En cuanto se alejan el rey y el bufón se acercan los cortesanos
otra vez y persiguen á Triboulet con miradas de odio._)
BRION.--Venguémonos del bufón.
TODOS.--¡Hum!
MAROT.--Está acorazado. ¿Por dónde lo heriríamos?
PIENNE.--Bien lo sé yo. Todos tenemos con él algún resentimiento y
podemos vengarnos todos. Esta tarde, entre dos luces, acudid bien
armados al callejón sin salida de Buci, junto al palacio de Cossé. Ni
una palabra más de esto.
MAROT.--Ya caigo.
PIENNE.--¿Estamos de acuerdo?
TODOS.--Sí.
PIENNE.--Que vienen. ¡Silencio!
(_Vuelven Triboulet y el rey rodeado de damas._)
TRIBOULET (_solo y aparte_).--¿Á quién haré ahora una mala jugada? ¿Al
rey?... ¡Pardiez!
UN HUJIER (_Entrando. Bajo á Triboulet._)--El señor de Saint-Vallier,
un anciano vestido todo de negro, quiere ver al rey.
TRIBOULET.--¡Pardiez! Dejadnos ver al señor de Saint-Vallier. (_Sale el
hujier._) ¡Á mi gusto! Pero va á dar un escándalo espantoso.
(_Ruido, tumulto en la puerta principal del fondo._)
UNA VOZ (_dentro_).--¡Quiero hablar al rey!
EL REY (_interrumpiendo su conversación_).--¡Cómo! ¿Quién se atreve á
tanto?
LA MISMA VOZ.--¡He de hablar con el rey!
EL REY.--¡No, no!
(_Un anciano vestido de luto se abre paso y viene á ponerse delante
del rey, quien le mira fijamente. Los cortesanos se apartan
sorprendidos._)
ESCENA V
Los mismos, SAINT-VALLIER (_Barba y cabellos blancos._)
SAINT-VALLIER (_al Rey_).--Sí, vengo á hablaros y os hablaré.
EL REY.--¡Señor de Saint-Vallier!...
SAINT-VALLIER (_inmóvil_).--Así me llamo.
(_El rey da un paso hacia él colérico. El bufón le detiene._)
TRIBOULET.--Permitidme, señor, que arengue yo á este buen hombre.
(_Tomando una actitud dramática._) Monseñor de Saint-Vallier, habéis
conspirado contra Nos, y Nos, como rey bondadoso y clemente, os hemos
perdonado. ¿Qué mal deseo os viene ahora de tener nietos de vuestro
señor yerno, feo, mal conformado, con una verruga en la nariz, tuerto
al decir de algunos, velludo, ruín, descolorido, barrigudo como este
caballero (_indicando á Mr. Cossé, que se indigna_) y hasta jorobado
como yo? Quien viera á su lado á vuestra hija, se reiría á buen
seguro, á costa de él. Si el rey no pusiera orden en esto, claro es
que tendríais nietos tuertos, feos, deformes, horribles, ridículos,
barrigudos como este caballero y aun jorobados como yo.
(_La indignación de Cossé sube de punto. Los cortesanos aplauden al
bufón riendo á carcajadas._)
[Ilustración: SAINT-VALLIER.--_Escuchadme vos, señor..._]
SAINT-VALLIER (_sin mirar al bufón_).--Un ultraje más. Escuchadme
vos, señor, como debéis, puesto que sois el rey. Un día me hicisteis
conducir descalzo á la Grève, y ya en el suplicio me enviasteis el
perdón. Yo, pobre de mí, os bendije, sin saber lo que esconde un rey
dentro de sus gracias. En la que á mí me hicisteis escondíais mi
deshonra. Sí, sin respeto á una antiquísima raza, á la sangre de los
Poitiers, noble desde hace mil años, mientras volvía yo lentamente de
la Grève rogando á Dios que os diera mis muchos años de vida en días
de gloria, vos, Francisco de Valois, sin temor, sin piedad, sin pudor,
sin amor, deshonrasteis, envilecisteis á Diana de Poitiers, condesa
de Brezé. ¡Oh mi casta Diana! ¡Conque, cuando yo esperaba la muerte,
corrías tú al Louvre á comprar mi perdón, y el rey, el caballero
consagrado por Bayardo, puso en precio tu honor, y aquel tablado
horrible--que una mañana levantó el verdugo, antes de espirar el
día--había de ser ó el lecho de la hija ó el patíbulo del padre! ¡Oh
Dios que nos juzgáis! ¿Qué dijisteis desde el cielo, cuando en el mismo
patíbulo veíais revolcarse triste y hosca, ensangrentada y sucia, la
lujuria real disfrazada de clemencia?... ¡Mal hicisteis, señor! En buen
hora que sacrificarais á un anciano, que siendo de los del condestable,
merecía vuestro castigo; pero que por el anciano tomarais á la hija
desolada y tímida, es una impiedad de que tendréis que dar cuenta.
Habéis traspasado vuestro derecho: el padre os pertenecía, pero la hija
no. ¿Soy acaso ingrato porque no acepto en silencio vuestro perdón,
vuestra gracia, que así la llamáis? En vez de abusar de mi hija ¿por
qué no fuisteis á mi calabozo? Allí os hubiera yo dicho: «Matadme,
señor, matadme, pero respetad á mi hija, respetad mi honor. La muerte
antes que la afrenta. ¡Oh rey y señor mío! ¿Creéis que no es también
decapitar á un cristiano, á un conde, á un caballero arrebatarle el
honor?» Esto os hubiera dicho; y aquella noche, en la iglesia, sobre mi
ensangrentado féretro, mi honrada hija Diana hubiera podido orar por
su padre honrado. No vengo á pediros á mi hija: el que no tiene honor
no tiene ya familia. Que os ame ó no con insensato amor, nada tengo
que recobrar donde pasó la vergüenza. Retenedla, pues. Me propongo, no
obstante, venir á turbar así vuestros festejos; y hasta que un padre,
un hermano ó un marido me vengue de vos, lo que tarde ó temprano ha de
suceder, vendré á todos vuestros banquetes á deciros: ¡Mal hicisteis,
señor! Y me escucharéis sin levantar la frente hasta que yo haya
acabado. Para obligarme á callar, querréis entregarme al verdugo. No,
no os atreveréis á hacerlo, temiendo que venga á hablaros mi espectro
con esta cabeza en la mano.
EL REY (_sofocado de cólera_).--¡Que hasta este extremo se lleve la
audacia y el delirio! (_Á Pienne._) Duque, prended á ese lenguaraz.
(_El duque hace una seña y dos alabarderos se colocan á uno y otro
lado de Saint-Vallier._)
TRIBOULET (_riendo_).--El pobre hombre está loco, señor.
SAINT-VALLIER (_levantando los brazos_).--¡Malditos seáis los dos! (_Al
rey._) ¡Mal hacéis, señor! Contra el león moribundo soltáis á vuestro
perro. (_Á Triboulet._) Quienquiera que seas, hombre viperino, que así
escarneces el dolor de un padre ¡maldito, maldito seas! (_Al rey._)
Tenía derecho á ser tratado por vos de majestad á majestad: vos sois
rey, yo padre, y mi edad vale lo que un trono. Los dos ceñimos una
corona, adonde nadie debe alzar miradas insolentes; vos de flores de
lis, yo de canas. Cuando un sacrílego se atreve á la vuestra, el rey es
quien la venga; Dios es quien venga la otra.
[Ilustración]
[Ilustración]
ACTO II
SALTABADIL