EN España, como entre nosotros--¡es un triste consuelo!--, no se ha

llegado todavía a resolver el problema de la revista. Es singular el

caso que aquí, en donde se ha contado con elementos a propósito desde

hace largo tiempo, acaezca a este respecto lo propio que en nuestros

países de progreso reciente. España no cuenta en la actualidad con una

sola revista que pueda ponerse en el grupo de los «grandes periódicos»

del mundo; no existe lo que llamaremos la revista institución--_Revue

des Deux Mondes_, _Nuova Antologia_, _Blackwood's_ o _North American

Revue_. La _España Moderna_, que podría ocupar el puesto principal, se

sostiene gracias al cuidado y entusiasmo de su propietario el señor

Lázaro. No faltan los escritores de revistas, y la prueba es que las

revistas extranjeras tienen colaboradores españoles de primer orden--;

he encontrado principalmente a Ramón y Cajal, el eminente sabio que

acaba de partir a los Estados Unidos a dar conferencias, llamado por

una de las mejores universidades; a Salillas, el antropólogo; y a

un escritor cuyo nombre en Europa, en el mundo del estudio, es bien

conocido: Rafael Altamira, profesor de la Universidad de Oviedo.

¿Cuál es la causa de que en España no prospere la revista?

Primeramente, la general falta de cultura. En Inglaterra, o en Francia,

no hay casa decente en donde no se encuentre una de esas publicaciones

condensadoras del pensamiento nacional y reflectoras de las ideas

universales. Para el parisiense de cierta posición, de atmósfera,

llamémosla así, «senatorial», burgués de cualquier profesión elevada,

propietario que se receta sus lecturas, o buen varón de la nobleza, la

_Revue des Deux Mondes_ es una costumbre, o una necesidad. No hablaré,

además, de tales o cuales revistas pertenecientes a estas o aquellas

agrupaciones, políticas o religiosas; son legión. Albareda, que realizó

aquí los esfuerzos que en Buenos Aires los señores Quesada, tuvo que

ver la lamentable desaparición de su obra, y, si no ha acontecido lo

mismo al señor Lázaro, es porque lucha bravamente contra todo peligro.

Las tentativas han sido muchas desde hace largos años, en este siglo,

que entre tantas peregrinas cosas, es el siglo de la revista. El

_Teatro Crítico_ del padre Feijóo, puede muy bien considerarse en el

siglo XVIII como una gran revista española, en cierto sentido; en

la centuria actual la crítica de revista se cristaliza en _Fígaro_,

aunque sean muy anteriores a los escritos de Larra algunas otras

publicaciones que se asemejan al tipo de la revista. Si no tan antiguo

como el francés, hubo en la corte española un viejo _Mercurio_.

Asimismo, otras publicaciones periódicas y en forma de folleto que,

a la manera del _Teatro Crítico_ del padre Feijóo, eran redactadas

por un solo escritor. Entre las muchas revistas o semirevistas de

aquel tiempo, he de citar, aunque sin orden cronológico, además del

_Mercurio_, _El Censor_, _El Pensador matritense_, _El Correo de los

Ciegos_, _El Pobrecito Hablador_, de Larra, el _Semanario Pintoresco_,

el _Museo pintoresco_, la _Revista Española_, la _Revista Mensajero_,

_El Laberinto_, de Antonio Flores y Ferrer del Río, _La lectura

para todos_, el _Periódico para todos_, _El Museo Universal_, _La

Ilustración de Madrid_, la _Revista Española de Ambos Mundos_, la

_Revista Ibérica_, la _Revista Hispanoamericana_, _La Abeja_, de

Barcelona, _La Revista de Ciencias, Literatura y Arte_, de Sevilla, la

_Minerva, o el Revisor General_, _El Criticón_, de Bartolomé Gallardo,

la _Crónica Científica y Literaria_, el _Almacén de Frutos literarios_,

la _Miscelánea_, las _Cartas Españolas_, la _Lectura para todos_, la

_Revista de Madrid_ y _El Europeo_ de Aribau. Entre las que he citado,

muchas han sido ilustraciones, _magazines_, del tipo de revista para

familias, variadas e ilustradas a la manera del antiguo _Magasin

pittoresque_, de París. Las hubo que tenían un carácter puramente

literario y científico; algunas, como _La Abeja_, se limitaron a

ofrecer traducciones de varios autores extranjeros, especialmente

alemanes, y no pocas intentaron producir un movimiento intelectual

elevando el nivel de cultura, sin conseguirlo por desgracia.

Las últimas revistas, puramente tales, en forma de cuadernos, tipo

_Revue des Deux Mondes_, que lucharon con todo heroísmo, fueron

la _Revista de España_, fundada por don José Luis Albareda, y la

_Revista Contemporánea_. La de Albareda contaba con colaboradores

de primera línea, con las autoridades de la época, como don Manuel

de la Revilla y don Juan Valera en lo referente a la crítica; pero

poco a poco fué perdiendo su interés, disminuyó la colaboración, y

el público, que no necesita mucho para proteger su pereza cerebral,

abandonó las suscripciones. La _Revista Contemporánea_ fué creada por

don José del Perojo. Era una publicación más científica y filosófica

que de literatura y arte. Al lado de importantes trabajos españoles,

se insertaban traducciones de autores en boga. Allí se publicó la

primera novela rusa que haya aparecido en España, una de las mejores de

Turgenev: _Humo_. También la _Revista Contemporánea_ fué paso a paso

enflaqueciendo, por falta del apoyo público. Dirigióla por algún tiempo

don José de Cárdenas. Es seguro que el motivo del decaimiento estribó

en lo que por lo general causa la muerte de las revistas. Los que las

dirigen, por pobres tacaños, quieren henchir el cuaderno con trabajos

que no les cuestan dinero, y recurren a la falange de los grafómanos

que hacen fluir gratis los productos de sus inagotables sacos; reunen

suscriptores entre sus amigos y conocidos, que por fin se cansan de

la continua bazofia, y rompen, a veces con la amistad, el recibo de

la suscripción. Nada más grotesco que el director de una publicación

que cuenta para ella «con sus amigos». La _Revista Contemporánea_ está

dirigida hoy por don Rafael Álvarez Sereix, y está bastante mejor que

en tiempo de Cárdenas; pero según tengo entendido, se produce también

por colaboración _espontánea_, sin redactores ni colaboradores fijos,

interesados en su mantenimiento y progreso.

La _Revista Hispanoamericana_ se fundó con muy buenos propósitos,

pagaba con esplendidez los trabajos; pero no supo el director

conducirla, faltó buena administración en el sentido de la propaganda;

no encontró eco, por lo tanto, y murió no sin costarle a su editor

varios miles de duros. La _Revista Mensual_ tuvo corta vida y estaba

hecha _à l'instar de_ la _Revue générale_ de Bruselas. _El Ateneo_,

con excelentes elementos, se fundó para publicar las conferencias,

discursos, etc., dados en el Ateneo de Madrid. No interesó, a pesar de

su material de importancia. _La América_, de Eduardo Asquerino, con

colaboración americana, en un inaudito _cafarnaum_, pletórica, concluyó

igualmente. La _España Moderna_ comenzó con bríos y colaboración

española escogidísima. Luego se aumentó con la _Revista Internacional_

que dió a conocer a muchos autores extranjeros; pero la _Revista

Internacional_ concluyó muy pronto, y la _España Moderna_, como lo he

manifestado ya, con una suscripción relativamente escasa, se sigue

publicando gracias al loable desinterés de su director y dueño don

José Lázaro. La _Revista crítica de Historia y Literatura españolas,

portuguesas e hispanoamericanas_, tuvo un brillante aparecimiento, con

colaboración de primer orden, nacional y extranjera, en que resaltaban

especialistas tan eminentes como Menéndez y Pelayo y Farinelli. Esta

revista continúa, dirigida por don Rafael Altamira; pero paréceme que

lleva una vida lánguida y que no aparece con la regularidad que sería

de desear.

Ha habido algunas revistas interesantes, de ramos especiales, y entre

las de derecho y administración se distinguió una publicada por don

Emilio Reus, la _Revista de Legislación y Jurisprudencia_. Todas las

corporaciones científicas, de ingenieros, arquitectos, militares,

etcétera, publican órganos especiales que, por lo general, dan pobre

idea de la cultura del elemento oficial. Casi siempre, no se encuentran

sino indigentes reflejos del saber fundamental de otras naciones.

Exclusivamente de arte, ya sea a la manera de la _Gazette des Beaux

Arts_, o a la manera del _Studio_, o sus similares alemanes, no existe

ninguna.

Las revistas independientes, producidas por el movimiento moderno,

por las últimas ideas de arte y filosofía, y de las que no hay país

civilizado que no cuente hoy con una, o con varias, tuvo aquí su

iniciación con _Germinal_, de filiación socialista, apoyada por lo

mejor del pensamiento joven. Murió de extremada vitalidad quizás...

Demás decir que en Cataluña, sí, hay revistas plausibles, que, más o

menos, dan muestra de la fuerza regional, como _L'Avenç_, _Catalunya_,

_Revista Literaria_ y _La Renaixensa_. _Vida Nueva_, con formato de

diario, es una especie de revista semanal, y es de lo mejor que se

publica en Madrid. Revistas puramente intelectuales e independientes,

al modo de _Mercure de France_, _Revue Blanche_ o _La Vogue_, de

París, del _Yelow Book_; o el _Savoy_, de Londres, la _Rasegna_,

de Milán, _Chap Book_ o _Bibelot_, de los Estados Unidos, _Revista

Moderna_, de México, o _Mercurio de América_ y _El Sol_, de Buenos

Aires, no hay más que una, a la manera de _La Vogue_ o de la antigua

_Revue Indépendante_, de París, la _Revista Nueva_. Es ciertamente

extraño que, existiendo un grupo de escritores y artistas que sienten

y conocen, así sea incipiente y escasamente el arte moderno, no

hayan tenido un órgano propio. Creo que la causa de esto se basa en

el carácter de la juventud literaria, en lo general poco amiga del

estudio y sin entusiasmo. La _Revista Nueva_ se propone reunir todos

esos elementos dispersos, y desde luego cuenta con varias firmas de las

más cotizables en literatura castellana actual. Ha tenido la dirección

el buen talento de no hacerla sectaria ni aislada en un credo o bajo

un solo criterio. Pueden caber en ella y caben los versos de los que

intentan una renovación en la poesía castellana y los versos demasiado

sólidos del vigoroso pensador señor Unamuno; los sutiles bordados

psicológicos de Benavente y las paradojas estallantes de Maeztu; los

castizos chispazos de Cávia y las prosas macizas de Unamuno, que valen

más que sus versos, aunque él no lo crea. Además, la _Revista Nueva_

está en relación con Europa y América, y su colaboración aumenta cada

día. Quiera Dios que no vaya, también, una buena mañana, a amanecer

atacada de la enfermedad mortal de las revistas.

Las ilustraciones no son pocas en España, y entre ellas van a la cabeza

la antigua _Ilustración Española y Americana_, fundada por don Abelardo

de Carlos, y la _Ilustración Artística_, de Barcelona. _La Ilustración

Española y Americana_ está asentada sobre inconmovibles bases, entre

las primeras del mundo. Sus redactores son de por vida, como el

invariable Fernández Bremón, o el que fué don Peregrín García Cadena.

Su forma, sus grabados, la colocan en el grupo de _L'Illustration_, de

París, _Illustrated London News_, _Graphic_ y sus semejantes de Berlín,

Roma, Munich o Nueva York. Con los progresos del fotograbado, ha

disminuído un tanto la aristocracia de sus viejos grabados en madera,

que alternan hoy con el inevitable clisé de actualidad. Aunque su plana

mayor se compone de escritores veteranos, tiene campo abierto para

las manifestaciones del pensamiento nuevo, como se sepan guardar «las

conveniencias», pues hay que recordar que si _La Ilustración Española

y Americana_ es popularísima, no deja por eso de ser el periódico

preferido de las clases altas, y eso tanto en España como en la América

española.

La _Ilustración Artística_, de Barcelona, viene en seguida, y se

distingue por su preferencia de los asuntos artísticos, fiel a su

nombre. Uno de sus colaboradores fijos es doña Emilia Pardo-Bazán.

Los Estados Unidos han enseñado al mundo la manera como se hace un

_magazin_ conforme con el paso violento del finisecular progreso. Los

adelantos de la fotografía y el ansia de información que ha estimulado

la Prensa diaria, han hecho precisos esos curiosos cuadernos que

periódicamente ponen a los ojos del público junto al texto que les

instruye, la visión de lo sucedido. El _Blanco y Negro_ va aquí a la

cabeza; luego vienen la _Revista Moderna_, _El Nuevo Mundo_ y algunas

otras como el _Álbum de Madrid_, que publica retratos de escritores

y artistas, artículos literarios y poesías. El _Blanco y Negro_ es

muy parecido a nuestro _Buenos Aires_ o a _Caras y Caretas_, con la

insignificante diferencia de que posee un palacio precioso, tira muchos

miles de ejemplares y da una envidiable renta a su propietario el señor

Luca de Tena. En Barcelona hay varias revistas como _Barcelona Cómica_

más o menos literarias y artísticas; y _La Saeta_, periódico picante

por sus fotograbados, por lo común desnudos, _poses_ de malla o camisa,

género Caramán Chimay y aun más pimentados.

La caricatura tiene por campo una o dos páginas de cada «almacén» o

revista ilustrada. Casi siempre, la política y la actualidad es lo que

forma el argumento. Pero no existe hoy un caricaturista como el famoso

Ortego, por ejemplo. Como todo, la caricatura ha degenerado también.

Ortego, me decía muy justamente el señor Ruiz Contreras, director de la

_Revista Nueva_, ha sido el rey de la caricatura en España; ninguno de

los otros puede compararse con él; él _creó_ la _semblanza_ de todos

los políticos y monarcas, de todos los personajes de la revolución;

él hizo a Montpensier imposible, con una caricatura. Si analizáramos

la influencia que ha tenido Ortego en el porvenir de la Nación, nos

horrorizaríamos. En este pueblo impresionable, una nota se agiganta y

se hace un libro, un chisme se transforma en historia y una calumnia

en _débâcle_ inmensa. Más daño que todos sus enemigos le hicieron a

Montpensier las caricaturas de Ortego, ¿fundadas en qué? Pues en que

Montpensier tenía una huerta de naranjas. «El rey naranjero». Esto

bastó para desacreditarle. Como bastó, para hundir a don Carlos,

pintarle un día rodeado de bailarinas y sacripantas. Ortego, además de

su intención profunda, tuvo una ventaja sobre todos, y es que dibujaba

maravillosamente. Solía también encontrar en el personaje un rasgo

fisonómico para su caricatura, y acertaba tanto en la elección, que

no era posible ninguna variante. Su Narváez, su Prim, su Sagasta, su

Isabel II, son inolvidables. Asimismo se dedicó mucho a la caricatura

de costumbres, en la que hizo prodigios. En esto era un inmediato

descendiente de Gavarni. El pueblo de Madrid, con sus toreros, con sus

curas, con sus manolas, sus majos, sus cursis, sus hambrientos, sus

oficinas, sus teatros y sus verbenas, aparece y resucita en los dibujos

de Ortego, que son para el historiador un documento de grandísima

importancia. Hace algunos años se reunieron los dibujos de Ortego en

álbumes especiales, pero la publicación, con ser de tanto interés para

todos, no se hizo popular. El público estaba distraído con otra cosa.

Luque, Padró, Perea y Alaminos han hecho casi solamente, la caricatura

política. Menos hábiles en el dibujo, buscaban la intención en las

ideas; sus caricaturas tienen más _bilis_ que _lápiz_; demuestran

sus odios políticos más que su arte. Iban sólo a hacer daño; más que

revolucionarios de su tiempo, eran anarquistas. Destruían con el

ridículo, aumentándolo, inventándolo a veces. Perea se dedicó luego a

la especialidad de toros y sus dibujos de _La Lidia_ han circulado

por todo el mundo. Sojo ha sido también un político de lápiz; _dibuja_

poco: todo el interés de su obra se basa en el pensamiento. Cilla y

_Mecachis_ explotan por algún tiempo la crítica de costumbres. Cilla

_inventa_ los personajes, mucho más que los toma de la realidad; ha

creado varios tipos que repite constantemente. Así ha hecho Mars en

París. Cilla es en el dibujo en España algo como López Silva en sus

versos. Nada más alejado de la verdad, nada más falso que los chulos

de López Silva, a quien llaman el heredero de don Ramón de la Cruz;

y sin embargo, se ha convenido en que los chulos de López Silva

son los verdaderos, y por tales se les mira y admira; y queriendo

hablar en chulo, la gente joven habla en López Silva. Lo mismo sucede

con los dibujos de Cilla. Nadie es exactamente como lo que Cilla

dibuja, pero, a fuerza de verla, parece más real su mentira que la

realidad. Más humano es _Mecachis_: y como más humano es también

menos monótono; como observa y copia, varía más. Después de Ortego,

_Mecachis_. Todos los demás, excelentes _periodistas_. Ángel Pons,

que hoy está en México, empezó bien; pero también tiene más ideas que

dibujo; tampoco es un observador. Y muy observador de la caricatura

extranjera, como Rojas su discípulo. Puede decirse que casi todos los

actuales dibujantes se proveen de inventiva y de rasgos felices en las

revistas de otras naciones. Apeles Mestres y Pellicer saben dibujar

y dibujan de firme. Mestres ha hecho caricaturas admirables en los

periódicos satíricos catalanes. Es un _moralista_, como casi todos los

verdaderos caricaturistas. Es de recordar una caricatura publicada

en _La Esquella_, de Barcelona. Un coche fúnebre, con ocho caballos

empenachados y otro con un jaco de mala muerte; y la leyenda: _Com

mes richs mes besties_: Como más ricos, más animales. Pellicer conoce

su arte y estudia las costumbres. Sus dibujos son documentos y sus

ilustraciones de obras admirables estudios. Para las obras completas de

Larra ha dibujado tipos como _Fígaro_ pudo concebirlos; a Larra le ha

hecho como era.

Ese retrato ha quedado definitivo para el futuro, con un valor de

época, inimitable. Pellicer ha superado en esto al mismo Madrazo. Moya

y _Sileno_, Rojas y Sancha trabajan profusamente y tienen bastante

demanda; _Sileno_ ilustra principalmente el _Gedeón_, y sobresale en

la sátira política. Sancha se ha hecho un puesto especial, apoyado

en el _Fligene Blatter_, y deformando, hace cosas que se imponen.

Sus deformaciones recuerdan las imágenes de los espejos cóncavos y

convexos; es un dibujo de abotagamientos o elefantiasis; monicacos

macrocéfalos e hidrópicas marionetas. Marín estudia mucho, y apoyado

en Forain, hace excursiones al bello país de Inglaterra. Es un erudito

de lo moderno, un simpático artista, cuyo modelo principal debe de ser

una elegantísima y singular mujer, apasionada de D'Annunzio y fascinada

por París. Leal da Cámara, portugués, joven, de indiscutible talento,

dibuja en Madrid, un tanto desganado, con el pensamiento puesto en

Jossot, a quien conoce, y animado por el espíritu de Cruikshank, a

quien seguramente ignora.

[Ilustración]

AL REDEDOR DEL TEATRO

[Ilustración]

4 de julio de 1899.

ÁSPERO empieza el verano en Madrid. Desde que los calores se inician,

el desbande a la _villégiature_ comienza. Se abren los nocturnos

refugios, entre ellos el Buen Retiro, con su teatro y sus conciertos en

los jardines; se instalan las horchaterías con sus incomparables aguas

dulces que entusiasmaron a Gautier, servidas por frescas y sabrosas

muchachas, la mayor parte denunciadoras de su gracia levantina;

los sombreros de paja hacen su entrada y uno que otro panamá de

«repatriado» da su blanca nota tropical. ¿A dónde ir después de comer?

Se ha inaugurado en el Madrid Moderno, allá lejos, un teatrito al aire

libre, en el Parque de Rusia. En compañía de un autor dramático, buen

observador y excelente _copain_, allá me voy, animado por las estrellas

que pican de oro el fino azul de la noche. Al pasar por el Prado, me

siento detener por un grupo de niños que, a la claridad del cielo,

asidos de las manos, cantan acompasadamente. ¿Qué cantan? Son unas de

esas antiguas canciones que han venido de siglo en siglo y de labio en

labio, repetidas en las rondas infantiles, al crepúsculo de las tardes

de mayo y en las abrasantes noches de estío. Apuro la oreja, y me llega:

Un pajarito va, carabí,

Cantando el pío, pío, carabí,

El pío, pío, pá, carabí, hurí, hurá.

Luego, en otro tono:

Papá, si me deja usted...

Un ratito a la alameda (_bis_)

Con los hijos de Medina

Que llevan rica merienda (_bis_).

Al tiempo de merendar

Se perdió la más pequeña (_bis_).

Y luego, en otro ritmo:

Quien fuera tan alta

Como la luna,

Ay, ay,

Como la luna,

Para ver los soldados

De Cataluña.

Ay, ay,

De Cataluña,

De Cataluña vengo

De servir al rey.

Ay, ay,

De servir al rey.

Con licencia absoluta

De mi coronel.

Ay, ay,

De mi coronel.

Al pasar el arroyo

De Santa Clara,

Ay, ay,

De Santa Clara,

Me se cayó el anillo

Dentro del agua,

Ay, ay,

Dentro del agua,

Por sacar el anillo

Saqué un tesoro,

Ay, ay,

Saqué un tesoro.

Con la Virgen de plata

Y el Niño de oro,

Ay, ay,

Y el niño de oro.

La música tiene el perfume de un vino viejo y sano. Su sencillez y su

gracia _vieillotte_ hablan de otros tiempos, y el espíritu observador

y meditativo coge al paso en esa flor armoniosa una gota de poesía.

Pasa una _manuela_, es decir, una victoria, y en ella nos encaminamos

al Parque de Rusia. Dejando atrás la Puerta de Alcalá, después de

recorrer muchas calles llenas de polvo, llegamos. Un gran jardín, con

laguneta, columpios, glorietas y kioscos rústicos, mal cuidado y mal

presentado. Un _restaurant_ y un teatro. Cuando se alzó el telón habría

unas ochenta personas en todo el recinto, y ellas no se aumentaron

mucho hasta el momento de partir. El espectáculo... El _Casino_ de la

Boca, a la par, es suntuoso, el _Cosmopolita_ de la calle Veinticinco

de Mayo, cualquiera de nuestros _café-concert_ de segundo orden es una

_Alhambra_ londinense o un _Jardín de París_, en comparación con estas

abominables iniciaciones en el finisecular divertimiento. En el extinto

_Variétés_, a fuerza de pesetas, se logró presentar algo escasamente

semejante a nuestro teatrito de la calle Maipú; había siquiera

dos o tres números que pudiesen despertar el gusto por el exótico

espectáculo. Henry Lyonnet, en su libro sobre el teatro en España,

observa lo poco preparado que está el terreno para la importación

parisiense; pero es el caso que a estas horas, en la calle de Alcalá

hay dos teatritos en que alternan tarde y noche cantaoras y bailaoras

flamencas con _divettes_ traídas de Barcelona, de Marsella, o de París,

y en uno de ellos he visto a una famosa pensionista de Nollet, la Nella

Martini, cantando siempre sus desairados y pornográficos _couplets de

la Pulga_.

En el Parque de Rusia se dió principio a la función con una cuadrilla

de osados vejestorios, una parodia del Moulin Rouge. Las bailarinas,

seguramente improvisadas para el caso, aun cuando pretendían encender

a la escasa concurrencia, resultaban de un efecto moralizador

indiscutible: ¡ni que hubiesen sido del Ejército de Salvación! Luego

salió a decir su canción en _argot_ una flaca veterana, retirada

seguramente del oficio, a quien nadie entendió una sola palabra; y

otra le siguió, _grivoise_, igualmente detestable. Si no aparece en

seguida Pilar Monterde, una española de cuerpo encantador, que baila

las danzas nacionales con mucha gracia aunque un poco _para París_,

la parte primera del espectáculo hubiera petrificado de fastidio a la

asistencia. La segunda la desempeñó un discípulo de Frégoli, llamado

Minuto--italiano, de Rosario de Santa Fe, ¡qué pensáis!--y la gente le

aplaudió largamente, y con mucha justicia. Entre él y la Monterde se

salvaron la noche. Ahora, a la ciudad. Y he ahí que no se encuentra a

la salida ni coche ni tranvía. Los que salen primero logran atrapar uno

que otro, y los demás... a seguir el camino por las calles empolvadas,

con calor y fatiga. No me quejo sino vagamente, del percance, con mi

amigo el autor; pero aprovecho la caminata para hablar sobre teatro.

María Guerrero debe de estar a la sazón, al partir de Buenos Aires, con

rumbo a su buena villa de Madrid; Antonio Vico, en sus postreros años

de arte, va a América a hacer lo que debió hace mucho tiempo, corriendo

el riesgo de una desilusión.

España Contemporánea Obras Completas Vol. XIX · 第 11 / 24 段