este punto y de su campiña hablaré apasionadamente, bien lo sé; pues se
me figura que voy á hacer el elogio de un hijo de mis entrañas. Con la
benevolencia del lector-cazador, que espero me conceda, me tomaré la
libertad de ser algo extenso en este párrafo. Es terreno aquel que
conozco palmo á palmo. Desde San Guim á Calaf, de la Rabasa á Cervera, y
por otro lado de Pujal y Santa Fé y de Rubiñan á Talavera, cuadrilátero
de diez leguas, hay un sinnúmero de cazaderos tan bellos y agradables,
que nada mejor puede exigir el cazador. La primera vez que cazé en dicho
sitio era bisoño en el arte, yendo agregado á la _cuadrilla_ de los
_cazadores de Gracia_, todos honrados menestrales. Agustin Cusí siempre
era el que llevaba la batuta en la cacería y merecia el puesto de
director, pues sabia cazar, y matar mejor, hallándose además dotado de
un conocimiento especial para decir: _allí están las perdices_. Este
buen amigo, sea por simpatía ó por lo que fuere (lo cual le agradezco
en el alma), dióme muy buenas lecciones, lástima que no las aprovechara.
Como por falta de salud tiempo hace que Cusí no puede salir á la caza,
han trascurrido algunos años desde que campo por mis respetos, pero de
mi pecho no se ha borrado el agradecimiento y el grato recuerdo de mi
excelente maestro.
El cazador que en San Guim pueda disponer de una semana _redonda_ cuenta
con grandes recursos, ya que cada dia le es dado cazar en terrenos
nuevos y de buenas querencias; y advertiremos á los de Madrid, por si
alguna vez quieren visitarnos, que aunque no podemos ofrecerles el
_Pardo_ ni _Viñuelas_, tenemos en cambio _La Panadella_, _El Bosch d'en
Carbasa_ y otros sitios. Aunque sea á riesgo de disgustar á algun amigo,
no puedo con aquello de _tente lengua_... dejar de mencionar como le es
fácil á uno gozar una semana enterita en San Guim, cazando cada dia en
terrenos diferentes.
El tren llega al medio dia, y por consiguiente, aunque se esté afanoso
de escopetear las perdices, por necesidad (bien que por poco tiempo) hay
que limitarse á cazar en los alrededores de la estacion, donde nunca
faltan un par de bandos que, tomándolas bien en mano, condúcelas el
cazador á las cercanías de Freixanet ó bien á San Domí, y aprovechando
los tiros aún se lleva uno señales de caza á la posada. He aquí poco más
ó menos lo que puede hacerse en la tarde del primer dia. Recomiendo á
los cazadores para alojarse, el _hostal_ situado á tiro de pistola de la
estacion, ó bien, no estando demasiado fatigados y con humor de andar un
cuarto de hora, se acomodarán bien y como en familia en casa Riera, de
Amorós, grupo de tres casas. Allí vamos á parar con mi amigo Suñol
(Paco), y es tanto el cariño que profesamos á los de la casa y éstos nos
corresponden tan bien, que solemos sacrificar el siguiente dia de
nuestro arribo, no acudiendo hasta el venidero á los cazaderos que _in
mente_ hemos destinado como teatro de nuestras _proezas_.
Al otro dia ya uno puede tomar por el monte dejando á su espalda el
pueblo de Freixanet y dando la cara á Cervera. A simple vista el cazador
quedará sorprendido del hermoso terreno que pisa, querencioso para la
caza. A ambos lados, montañas de tres horas de extension, en medio de
fértil valle cubierto de campos de trigo, viñedos y alguna que otra
hortaliza. Si bien en este terreno las perdices se van largas, se las
conduce á las últimas estribaciones del monte, ó sea en los bajos, y
como siempre ahí es donde se las hace daño, aconsejamos al cazador que
al término de esta jornada, agradabilísima por los lances que
sucesivamente se presentan, descanse y pida asilo en Montpalau,
pueblecito situado en una eminencia. Allí moran los Vilaplana, sencillos
labradores que se desviven por dar buena pitanza y mejor cama á todos
los cazadores que se presentan. Si durante esta jornada, como es muy
probable, sólo se ha logrado recorrer una parte del cazadero, conviene
emplear el dia siguiente para batir el resto. Al salir del pueblo se
irán siguiendo los montes que quedan á la izquierda, y corriéndose
siempre hácia Cervera, se van llevando las perdices adelante; al tercer
vuelo intentan éstas retroceder para volver á sus querencias, y entonces
es cuando se las castiga. Semejante cacería concluye siempre á medio
dia, enfrente del pueblo de Santa Fé; y á la sazon ha de calcular el
cazador si le conviene retroceder por los bajos hasta el punto de
partida, ó atravesar la hondonada y cazar de regreso en la solana que
hay entre Santa Fé, Vergós y Altadill. Para esta parte de la cacería
casi más vale emplear otra jornada, pero si los cazadores son dos ó tres
y saben cazar, aunque hay pocas perdices se las conduce bien y se las
escopetea mucho. El monte presenta infinitas sesgaduras y hay bastantes
matas, por cuyo motivo la caza resiste bien la muestra del perro. El
término de esta jornada es Altadill, pueblecito de cuatro casas paralelo
al norte de Montpalau y que sólo dista un cuarto de hora de él.
El siguiente dia se toman providencias para cambiar de cazadero; y éste
debe ser el de _La Aygua escampada_, distante una legua escasa del
pueblo de Montpalau, y como por lo regular el término de la cacería es
_Timó_, la experiencia aconseja que el cazador se encamine al _Mas d' en
Jaumet_, situado á la derecha de la carretera y dos horas lejos de
Cervera y quince minutos de _Timó_. La cacería ha de principiar por la
mañana, en las estribaciones del pueblo de la Rabasa, y desde este punto
ya el cazador sabe lo que debe hacer todo el dia. Descúbrese á la
izquierda otro pueblo, el de Montbrió, y en los cerros de la derecha
pasa el tren de Zaragoza, donde está emplazada la via. A lo lejos se
divisa _Timó_, rodeado de montecillos cubiertos de matas de tomillo, y
si las perdices vánse por aquel lado, se las zurra de lo lindo, pues
esperan mucho. Los terrenos que acabo de describir llevan el nombre de
_Aygua escampada_. Los montes tienen bastante base, pero escasos
desaguaderos, por cuyo motivo las lluvias se han abierto cauces, y sin
ser quebrado el terreno se hace penoso para el cazador á causa de las
muchas subidas y bajadas; mas, si se logra meter las perdices en estos
sitios, arrancan todas arrepulladas y se las tira bien. En los terrenos
que acabo de citar, aunque no he hablado de la liebre, por no ser este
mi objeto, las hay abundantes y se tiran bien, no pasándose dia que no
se vean cuatro ó cinco, lo cual presta nuevo aliciente al cazador que se
mete por tales andurriales.
Penetremos ya en el célebre _Mas d'en Jaumet_ y vamos á ver cómo nos
trata la Antonia, á quien han dejado sola, pues su hija (Antonieta)
enlazóse con un rico propietario dels Hostalets, pueblo que dista media
hora del _Mas_. La casa está que ni pintada para los cazadores:
espaciosa sala, buenas alcobas y camas blandas, mesa muy regular, pues
hasta saben presentar un buen puchero, alimento muy conveniente al
cazador para reponerse de las fatigas del dia. De esta casa, cuya _fama
voló algun dia por el mundo de los cazadores_ (estilo cajetillesco), van
desapareciendo sus antiguos dueños, á medida que va ausentándose la caza
de sus contornos. Muchos cazadores han dejado de frecuentarla por lo
tristes que allí se hallan, y sólo impenitentes, tales como mis amigos y
excelentes cazadores Suñol (Paco), el _rebelde_ Vilaseca y un _servidor
de ustedes_, acudimos allí con frecuencia, pues conocemos bien las
querencias de la caza y el sitio en que podremos matar las piezas, con
la certeza de asegurar hasta el número de disparos que debemos efectuar
segun el punto adonde conduzcamos las perdices.
Mas, al pensar el cazador que quince años atrás siempre se llevaba en
movimiento una cincuentena de perdices, mientras que ahora en llegando á
noviembre cuando se encuentra un bando de seis ó siete es un
acontecimiento, apenas tiene calma para escuchar á los idiotas pastores
y rabadanes que dicen: Este año á lo menos hemos cogido en el término de
Montbrió unos _cuatrocientos huevos_ y más de veinte _hembras en sus
nidos, con el lazo_ (histórico). Y no se crea que se necesita mucho
tiempo para recorrer el término citado, pues basta media hora escasa.
Sólo cito á Montbrió como ejemplo; los pastores se alaban en todas
partes de hacer lo mismo, aunque esté presente el alcalde del pueblo, y
hasta se lo contarán á la primera pareja de la guardia civil que
encuentren.
Abandonemos, pues, el _hostal d'en Jaumet_ con el corazon dolorido por
no poderlo visitar más á menudo, ya que en sus alrededores falta el
principal aliciente del cazador, la caza, y emprendamos la jornada
llamada de la _Carretera_ hasta la Panadella.
Esta cacería, constitúyela el terreno _mejor del mundo_. Figuraos (me
dirijo al cazador que no haya estado) una red de montecillos (tal vez
ascienden á cien), que un par de cazadores inteligentes recorren en una
jornada: cada uno de estos montes forma una pequeña meseta donde
juguetean las perdices comiendo alguna bellota, al par que con el paso
de las carretas que transitan á doscientos metros de allí se entretienen
y acechan los excrementos que van dejando las caballerías en el camino,
pues esas aves son aficionadas al grano que encuentran entre el
estiércol. Serpentea la carretera por entre dichos montecillos, y desde
la Panadella, ya provincia de Lérida, hasta Cervera, forma un plano
inclinado encajonado entre dos angostos rierales, que llevaron la
desolacion á Tárrega, en setiembre del 74, hinchados por las grandes
lluvias de aquellos dias. El cazador que sabe lo que hacen las perdices
en estos terrenos, ha de seguir por la mañana los lindes de la
carretera, si bien son tan querenciosas de dichos sitios las aves, que
hay dia que de arriba á abajo se pierde el tiempo sin poderse salir de
allí, y esto trabajándolas bien, en cuyo caso lo que más disgusta son
los testigos, pues para cazar cómodamente se necesita estar solo.
Cuando las perdices atraviesan al vuelo la carretera, no hay que
molestarse en perseguirlas. El cazador que conoce este juego debe cazar
de modo que las obligue á quedarse en la misma ladera, y que de ésta
pasen á los bajos de Palamós, preciosa ribera de zanjas: allí quedan
pegadas como con obleas y por la tarde reciben una zurra de padre y
señor mio.
En todas estas cacerías conviene ir acompañado de un mozo que cargue con
las liebres, pues éstas se matan á menudo: hay bastantes, salen bien y
en limpio.
Podria contar muchos lances de las liebres que se encuentran en este
terreno, pero ya he manifestado que me apartaria del objeto de este
libro. Diré sí, para inteligencia de los aficionados, que se matan en
abundancia.
Hora es ya de regresar al punto de donde salimos al emprender nuestra
cacería, es decir, San Guim, y entremos otra vez en casa Riera de
Amorós, donde seremos recibidos con agrado.
El cazador, cazando cuatro dias seguidos ya tiene suficiente, máxime
cuando uno observa que el perro sigue aspeado y casi de mala gana,
pero... queda otro terreno que todo conocedor de él no puede dejar de
recorrer; me refiero al célebre _Bosch d'en Carbasa_, llano de mas de
una legua en cuadro, donde se encuentran buenos bandos de perdices,
liebres y en invierno becadas. En ese terreno se fusilan muchos árboles,
aunque las perdices arranquen de cerca, pues es tal la espesura de la
arboleda que sólo se las tira bien aprovechando un claro. Conviene,
pues, dar una fuerte batida y cruzar por todos lados para sacarlas de la
dehesa y llevarlas á los márgenes de los montes vecinos, ya que allí se
dejan parar por el perro. Demos fin á este capítulo, porque nos llaman
otros asuntos _importantes_ relativos al noble arte cinegético.
CAZAR DE MALA LEY.
Los verdaderos cazadores dicen que caza de mala ley todo aquel que va
con el _reclamo_ y forma con el ramaje un _tollo_, y en el cerro ó en
sitio á propósito para su objeto emplaza su _jaula_, y con el
_cuchichí_, _cuchichí_ atrae al perdigon, dejándole muerto en el
terreno.
Este modo de cazar tan en boga en Madrid, segun nos describe el señor
Escrich en su obra _Los Cazadores_, donde aparecen las maravillas de sus
reclamos _Chaparro_ y _D. Juan_, me ha hecho en verdad muy poca gracia.
El mal ejemplo es contagioso, y si éste dimana de un cazador aficionado
á la escopeta y al perro, aún es menos excusable. No basta citar en
apoyo del _reclamo_ la obra _Arte de cazar la perdiz_, impresa en
Sevilla en 1855, en la cual, fundándose su autor en que todos los
cazadores son unos _traidores_, declara que cualquier medio empleado
para matar la caza es justificable. Si este argumento se pusiera en
práctica, no habria caza posible; el _reclamo_ tampoco serviria. Era lo
que bastaba para concluir con toda clase de volatería, en cuyo caso la
escopeta podria emplearse en cazar ranas y murciélagos, que bien valdria
la pena de tirar á estos dos bichos á falta de cosa mejor.
En Cataluña hay poca aficion al _reclamo_, pero los que así cazan no
llevan el título de cazadores, y hasta en su propia casa ocultan el
_arma-farol_ homicida si ven entrar un cazador de escopeta; les
avergüenza su método de caza. En Cataluña sólo van al monte á fijar el
reclamo los _cazadores_ panzudos.
Otros medios muy repugnantes se emplean para exterminar la caza, tales
como los _lazos_, el _caldero_ y _cerquilla_, la _rameta_ y las
_corridas_ que la dan en varias comarcas, cuyo nombre es _á la
cansada_..... pero todos los que emplean estos ardides, son conocidos
entre los cazadores, con el nombre de _rateros_.
Si los gobernadores de provincia pudiesen ocuparse más de la
administracion, pasando severas circulares á los alcaldes de los pueblos
para que denunciaran estos abusos á cuantos faltan á la ley de caza, no
tendríamos que deplorar su completo exterminio. El mal es grave, y urge
poner coto á tantos desmanes.
Hace tiempo sólo se pide la licencia de caza á la vista de Barcelona. En
los demás puntos nadie repara quien lleva escopeta y á lo que va. De
seguir así, la caza en España sólo será un recuerdo legendario.
NUESTROS CAZADORES.
Es justo que dedique un capítulo de mi _obrita_ como recuerdo á nuestros
émulos de san Eustaquio. Los viejos cazadores de esta provincia van
desapareciendo para no volver. La sencillez de sus costumbres, la poca
importancia que daban al mérito y fama que en su tiempo conquistaran de
excelentes cazadores, sus escopetas de chispa, los cañones Ripollenses,
de los _tres sietes_, sus cacerías en los alrededores de Barcelona, la
mortandad de perdices que continuamente hacian en lo que hoy llamamos el
_Putxet_[1], sus salidas á los fosos de las murallas con traillas de
perros, matando á la sazon más conejos allí donde ahora se levantan los
mejores edificios de la capital, que actualmente en cualquiera salida á
la distancia de veinte y cinco kilómetros, todo esto es digno de
recordacion. ¡Y con cuánto placer se escuchan aún tan agradables
conversaciones! ¿Quién no se deleita al oirles? Aún quedan restos de tan
honrosa pléyade, disminuida por los achaques y la vejez, abriéndose paso
los contemporáneos, para quienes se ha simplificado mucho la diversion,
merced á los últimos adelantos, y sobre todo á las vías férreas, que
permiten recorrer en poco tiempo la provincia de uno á otro confin.
[1] Pueblo situado á cuatro kilómetros de Barcelona.
Entre nosotros viven los Mateus, los Angladas, los Anfruns, los Torras,
los Sandiumenges, los Martorells, los Suñols y muchos otros tan diestros
como los mencionados, cuya aficion á la caza raya en delirio,
lamentándose de verla desaparecer por las causas indicadas.
Lástima es que habiendo tanta predileccion en Barcelona por el ejercicio
de la caza, carezcan los cazadores de un punto de reunion. Años atrás se
abrió un casino con el objeto de hablar de cacerías y hasta para
reclamar colectivamente sobre cualquiera infraccion de la ley de caza;
pero... tuvo que cerrarse por algunas pequeñeces y miserias. Resultado
de esto es, que el que quiere saber algo de las salidas debe acudir á
los establecimientos de los amigos Anfruns y Maciá, y allí siempre se
coge algo al vuelo.
Algun tiempo servian para el caso algunos establecimientos; pero como la
política lo invade todo, ésta tiene siempre la palabra, y los cazadores
que no están por _música_, poco á poco han dejado de frecuentar aquellos
centros.
Esto ha contribuido á que el noble arte de la caza se haya elevado á
poca altura en Barcelona y á que muchas de las buenas cacerías que
todavía se llevan á cabo pasen completamente desapercibidas para el
_mercado_ de los cazadores.
MÁXIMAS Y CONSEJOS.
Los cañones de la escopeta deben mirar siempre al cielo.
* * * * *
Aunque se tenga la seguridad de que está descargada la escopeta, cuando
se está en actitud de descanso jamás deben apoyarse los codos en la boca
de los cañones, ni dirigirlos nunca en direccion á ningun compañero.
* * * * *
Si una pieza marcha en direccion á algun punto que haya la más remota
probabilidad de hacer daño, no se le tira.
* * * * *
En los sitios de pasos peligrosos para las caidas, se pondrá el
disparador de la escopeta al _seguro_.
* * * * *
Antes de pasar los umbrales de tu casa ó la de cualquiera, se descargará
la escopeta.
* * * * *
Buscarás la caza en verano en los umbriles, y en invierno en las
solanas.
* * * * *
Se cazará siempre contra el viento, para evitar que la caza se aperciba
de las pisadas del cazador y ser más favorable al perro que recibe los
vientos de ella.
* * * * *
Si te has propuesto cazar varios dias seguidos, el primer dia debes
retirarte temprano, para acostumbrarte á la fatiga.
* * * * *
No bebas mucha agua, pues hasta cierto punto ésta no apaga la sed, y sí
quita las ganas de andar. Lo mejor es _tragos_ de _vino aguado_.
* * * * *
Cuando yerres muchas piezas, entonces descansa un poco, y de este modo
la excitacion se calma y se tira mejor.
* * * * *
La caza cansada es la que se debe perseguir. No tengas capricho de ir en
busca de nueva.
* * * * *
Cuando obsequies á algun amigo á cacería, en terreno desconocido para
él, cédele siempre los sitios de preferencia.
* * * * *
En las cacerías se conoce la buena educacion de las personas.
* * * * *
Cuando se vaya á alguna cacería en compañía de varios amigos y se
pregunte al regreso por quién ha muerto más ó menos piezas, la
contestacion debe ser: _tantas piezas en total_.
Jamás lleves al entrar en los pueblos la caza colgada fuera del morral,
pues hace muy _niño_.
* * * * *
Si no quieres _deshonrar_ el buen nombre de cazador, no debes, en
cualquier caso que te encuentres, comprar ninguna pieza de caza.
* * * * *
No creas que sean buenos cazadores los que todos los dias cambian de
escopeta y perro.
* * * * *
Cazador que use anteojos, pocas perdices matará.
* * * * *
No lleves el perro perdiguero en las cacerías de conejos.
* * * * *
Si en algo estimas el perro, no lo prestes á nadie.
* * * * *
Si alguna vez tienes alguna querella en el monte por asunto de caza,
transige siempre á favor del dueño ó colono.
* * * * *
Siguiendo las máximas y consejos indicados, puedes lanzarte por esos
mundos de Dios, amigo cazador, con toda la tranquilidad y satisfaccion
que requiere el cazar, con escopeta, al vuelo y perro de muestra.
EPÍLOGO
Dedicado al Teniente general D. Lorenzo Milans del Bosch.
Escrita la presente obrita ó lo que quiera llamarse, llega á mis manos
el libro que V. acaba de publicar, titulado: _La Caza. Utilidad de su
conservacion._ Doy á V. la más cordial enhorabuena por su nueva
elucubracion y por el fin laudable que en ella se propone, es á saber:
la conservacion de la caza por medio de una ley previsora que evite su
exterminio.
Cuando leí el libro _Los Cazadores_, su autor D. Enrique Pérez Escrich,
admiré el gracejo con que está escrito; mas ¡con cuánta amargura víle
hacer la apología de los reclamos y dar á los que los usan el título de
cazadores! En mi concepto los tales no son más que unos _fusileros_.
Despues el señor baron de Córtes, en su libro _Recuerdos de caza_, sale
indirectamente á la defensa del cazador de buena ley, es decir, con
escopeta, al vuelo y perro de muestra, y por deferencia (no puede ser
otra cosa) transige con el reclamo; empero á condicion y como recurso de
la edad madura, pues parece que al señor baron ya le fatigan los
_repechos_. Con todo, estoy convencido, atendida la valía de ese
cazador, que no _deshonrará_ las glorias conquistadas en su larga
carrera cinegética.
Su libro, señor Milans, vale mucho, y los cazadores lo han de reconocer
así. La caza va desapareciendo de nuestras fértiles comarcas, siendo
tanto lo que se abusa en el asunto que, como dice V. muy bien, ésta
pronto será un mito.
Mientras se permita á los pastores llevar perros de sentido para que á
lo mejor se dirijan á la yacija de la liebre y la devoren los gazapos, ó
destrocen las polladas de las perdices, y que los _rabadanes_ cojan los
huevos comiéndoselos en tortilla; mientras por las fiestas mayores de
los pueblos de corto vecindario se tolere que la juventud se reuna y
tome posiciones en las eminencias, y, _allá va, allá viene_, cansen á
las perdices cogiendo de una vez dos ó trescientas, para con su producto
pagar el gasto de la fiesta, presidida siempre por el señor alcalde;
mientras en Cataluña, y sobre todo en la Segarra, haya tantos
_ramalistas_ que á mansalva y á engaño, de un tiro maten diez ó doce
perdices; mientras en los pueblos de Levante se vean tantos _ñiñoleros_
que á montones las estrangulan; mientras haya el _caldero_, y la
_linterna_ y la jaula con el _reclamo_, y pueda salir éste en pleno dia
á vista y paciencia de las autoridades de la capital de España; mientras
existan gobernadores de provincia que telegrafien porque en tal ó cual
sitio se ha extraviado un reclamo; mientras un propietario con su
jaulita y el _cuchichí_ pueda atraer á su propiedad caza que no le
pertenece y matarla en cualquier época del año; mientras á los
indivíduos del somaten se les permita sin licencia de caza piratear por
todos los montes; mientras... ¡esta es la gorda!... anuncien los
papeles públicos que en marzo, abril, mayo, junio y julio, _el señor
presidente del Consejo de ministros, etc., con el conde tal ó cual y el
ex-ministro de esa ó de aquella procedencia han salido á cazar á los
montes de_...; mientras vea V. todo eso, inútil que se canse en escribir
libros para la conservacion de la caza. Si se aplicara la ley
principiando por los de arriba y por los que han de dar buen ejemplo, no
dude V. que los de abajo cumplirian mejor.
Mi humilde opinion es que basta la ley que hoy rige en la materia, con
tal de que se cumpliera.
La que V. propone limita la época de caza á cinco meses, y de aprobarse
¿sabe V. lo que sucederia? Que los cazadores que observamos
estrictamente la ley, haríamos inútilmente el sacrificio de dos meses,
mientras que los _rateros de monte_, el uno por ser propietario, el otro
porque la caza _se le come la sembradura_ (éste la extermina en caso
necesario hasta con estrignina), el de más allá para venderla, la
perseguirian lo mismo que ahora.
V. no ignora, mi general, que en nuestro querido país sacan en las
fondas perdices cluecas en el mes de mayo, y en julio perdices pollas,
lo cual consideramos los españoles bocado delicado, sin rechazarlo
enérgicamente. Así pues, mientras miremos la cosa con tanta calma y no
se respete la ley, sino que, al contrario, hasta por lujo se infrinja;
mientras, repito, no se ponga un correctivo á todo esto, sostendré que
la ley de caza que rige es buena y retebuena, siempre que se cumplan sus
artículos, y en este caso, yo ó cualquiera, sin ser cazador de fama ni
mucho menos, como los Pepe Real, Ahumada y otros, admitiria por mi
cuenta, en compañía de mi _Pito_, el noble desafío con que les brinda V.
de matar, en noviembre del 77 y en campo libre, las seis perdices que V.
les propone.
Dispense V. mi osadía, señor Milans, en dedicarle este epílogo. Si es de
su agrado, quedará muy satisfecho,
Su paisano Q. B. S. M.
Manuel Saurí.
Barcelona 15 de diciembre de 1876.
FIN.
ÍNDICE.
Págs.
PRÓLOGO.--El porqué de la obra. 5
Traje del cazador. 7
La escopeta. 9
Municiones. 10
Perro perdiguero. 11
Modo de tirar á las perdices. 13
1.º de Agosto. 17
Setiembre. 25
Octubre y noviembre. 29
Diciembre y enero. 33
Febrero. 34
Ventajas y desventajas de cazar solo ó acompañado. 37
Terrenos y recuerdos agradables. 39
Cazar de mala ley. 49
Nuestros cazadores. 51
Máximas y consejos. 53
EPÍLOGO.--Dedicado al Teniente general D. Lorenzo
Milans del Bosch. 56
FIN DEL ÍNDICE.
MANUEL SAURÍ, EDITOR. BARCELONA.
EXTRACTO DEL CATÁLOGO.