Pues toma. Está cargada.
ANTONIO
~(La toma con un gran terror.)~ ¡Cargada! ¿Oye, y esto no?...
MARIANO
No tengas miedo. Guárdatela...
ANTONIO
¿Pero con el movimiento no se me?...
MARIANO
Está en el seguro.
ANTONIO
~(Se la guarda con un miedo espantoso. Desde este momento no se atreve
a moverse violentamente.)~ Bueno; pues nada, Mariano, hasta luego, y
gracias por todo, porque has venido a traer la tranquilidad a mi casa.
MARIANO
¡Adiós, Antonio, y ánimo!... Hay que defender a esos angelitos, que
ahora son chiquillas, pero luego crecen, y si el hambre las empuja...
ANTONIO
¡Calla, por Dios! Hasta luego, Mariano.
MARIANO
Adiós, Antoñito. ~(Le abraza.)~
ANTONIO
~(Aterrado.)~ Oye, no me zarandees, que...
MARIANO
Adiós, nena.
LEONOR
~(Secamente.)~ Adiós.
MARIANO
Pollo...
MARCOS
~(Con igual sequedad.)~ Adiós.
MARIANO
Y no os quedéis con esas caras largas. ¡Hay que vivir!... Cuando no se
pue de un modo, de otro, ¡qué demonio! Lo mío: «¡Pecho alante y viva la
vida!»
ANTONIO
Adiós, Mariano.
MARIANO
Más cornás da el hambre, que decía el otro.
~(Vase.)~
ESCENA X
LEONORCITA, DON ANTONIO y MARCOS
LEONOR
No, papaíto; ¡tú no vas, no vas y no vas!
MARCOS
¡Usté no va, y no va, don Antonio!...
ANTONIO
~(Acordándose de la pistola.)~ No os pongáis a este lado... ¡por
Dios!...
MARCOS
Pero...
ANTONIO
¡Que no os pongáis a este lado, he dicho!
LEONOR
Bueno; ¡pero tú no vas a la casa de Andorra, papá!
MARCOS
¿Usté entre matones?... Usté, que el otro día salimos de paseo y le
tuve que ayudar a llevar el bastón porque se cansaba.
LEONOR
¡No, papaíto, no vayas, yo te lo ruego; no vayas!
ANTONIO
Mira, hija mía, déjame, no insistas; es nuestra salvación. ¡Es tu vida,
tu pan, tu alegría!...
LEONOR
¿Pero qué alegría voy a tener yo si te veo en peligro constante de
muerte?
ANTONIO
¿Y tú crees que el dolor de verte sufrir no puede matarme también?
MARCOS
Pero no se haga usté ilusiones... ¡si es que usté no tie valor ni
arranque pa eso!
ANTONIO
Que no tengo valor, y hace cuatro meses que la veo padecer
horriblemente. ¡Sí, sí tengo valor!... Pero este valor que tengo hay
que volverlo al revés... y quiero tenerlo, no para que no me maten a
mí, sino para que no te mueras tú.
LEONOR
~(Abrazándole.)~ ¡Papaíto!...
ANTONIO
Y no, no te morirás, yo te lo juro. ~(Lloran los dos.)~
MARCOS
~(Llorando también.)~ Bueno; ¡se ponen ustés que tie uno que hincarla!
ANTONIO
¡Además, que esto del valor es una patraña ridicula! El valor es una
cosa que la tiene todo el mundo cuando le hace falta. ¿Qué valor puede
tener un pobre muchacho que está de sacristán en unas monjas? Pues
un día le llega su servicio, le visten de soldado, y hala, adonde le
manden. Y va un señor con unas cuantas estrellas en cualquier lado
y le dice: «Quieto aquí, aunque te maten, porque si te mueves, te
fusilo»... Y el hombre, entre el miedo de que le maten y el terror de
que le fusilen, se hace un lío y no se mueve, pase lo que pase, y ¡es
valiente! Pues eso me ocurre a mí. O me matan en la casa de Andorra, o
nos fusila el hambre... ¡pues no nos fusila, no!... Son mil pesetas,
¡mil!... ¡Tú, vestidita, abrigada, con tu cocidito todos los días!...
¿Que no sirvo para el cargo?... Sirvo, hijos míos, sirvo... ¡Lo mismo
que otro hombre cualquiera!... ¡Ya veréis si sirvo!... ¡Ya veréis si
soy valiente!... ~(Llaman a la puerta.)~ ¿Quién?
ESCENA XI
DICHOS y SEÑOR TÁRSILO, foro.
LEONOR
~(Que va a mirar. Con terror.)~ ¡El portero! ~(Pausa.)~
ANTONIO
¡Hombre, el señor Társilo!... ¡Ese bárbaro!... ¡Me alegro!... Ahora
vamos a ver si sirvo o si no sirvo. Dejadme solo con él.
LEONOR
¡Por Dios, papá!
ANTONIO
¡Ahora lo veremos!... Dejadme solo.
MARCOS
Don Antonio, no se ensaye usté con ese bruto, que...
ANTONIO
~(Imperativamente.)~ Fuera he dicho. Vosotros ahí dentro... ~(Les
indica el cuarto izquierda.)~
LEONOR
Pero papá...
ANTONIO
Adentro. Pronto. ~(Entran los dos.)~ ¡Ahora, ahora veremos si sirvo o
no sirvo! ~(Abre resueltamente la puerta.)~ Adelante.
TÁRSILO
~(Entrando burlonamente.)~ ¿Y qué, la gallina esa que tenían ustés
recogida ha puesto pies en polvorosa?
ANTONIO
~(Sereno y digno.)~ Señor Társilo, aquí no teníamos ninguna gallina
recogida.
TÁRSILO
Aquí las gallinas se las comen ustés, ¿no?
ANTONIO
Las gallinas y, si hace falta, los gallos. Conque a lo que venga usté
concretamente, y nada más.
TÁRSILO
¿Pero qué es esto?... ¿Es que se va usté a subir por las nubes?
ANTONIO
Yo no me subo por ninguna parte, pero a una impertinencia contesto con
otra.
TÁRSILO
Eso de impertinencia...
ANTONIO
Está dicho. Conque al asunto.
TÁRSILO
¡Caray! Bueno, pues m’alegro de encontrarle a usté en ese terreno,
hombre. Venga el dinero de los cuatro recibos, pero que a tocateja.
ANTONIO
Nada de tocateja. Y hágame usted el favor de decirle al casero, que el
dinero de los cuatro recibos no lo tengo en este instante.
TÁRSILO
~(Burlonamente.)~ ¿Que no lo tiene usté?
ANTONIO
No, señor.
TÁRSILO
¡Ja, jay!... Ya sabía yo que nos daríamos de narices con la excusita.
ANTONIO
Yo no me doy de narices con nada. Y le añade usté al casero que estoy
colocado.
TÁRSILO
~(Gestos de extrañeza.)~ ¿Usté colocao?
ANTONIO
Yo colocado. Que esta noche cobro, y mañana sin falta, a las ocho en
punto, pagaré sus recibos, y nada más. ~(Indicándole la puerta.)~
TÁRSILO
Bueno, don Antonio, usté es un número de circo. Pa un rato de risa,
Charló y usté. ¡Ja, jay!
ANTONIO
Señor Társilo, a la portería.
TÁRSILO
~(Con calma.)~ Espérese usté un ratito, que no quiero. Y antes, cuando
se echaba usté por los suelos, amos, toavía me daba usté un poco de
lástima, ¡qué demonio!; pero hoy que me s’ha disfrazao usté de Ciz
Campeador, voy a aprovecharlo pa decirle a usté escuetamente que es
usté un tío más fresco que la escarcha y un tramposo, pero que como una
loma, ¿está esto clarito?
ANTONIO
~(Vivamente.)~ ¿Yo tramposo?
TÁRSILO
Usté.
ANTONIO
Pues bien, señor Társilo; a ese insulto soez y grosero, para el que ni
mi desgracia ni mi conducta le autorizan a usté, yo contesto diciendo
que usté es un canalla, y un bárbaro sin educación y sin decoro.
TÁRSILO
~(Furioso y torvo.)~ Alto el carrito, mi amigo... Eso de canalla, ¿tie
usté coraje pa sostenerlo?...
ANTONIO
¿Que si tengo coraje?... Lo va usted a ver, pero en seguida. ~(Cierra
la puerta con cerrojo.)~
TÁRSILO
¿Qué hace usted?
ANTONIO
Ya estamos encerrados, y mano a mano, señor Társilo. ~(En actitud seria
y resuelta.)~
TÁRSILO
¿Y qué pasa?
ANTONIO
Pues pasa que ahora, ahora mismo va usted a decirme que retira todos,
todos los insultos que me ha dirigido, o le juro a usted, por la
memoria sagrada de mi madre, que uno de los dos se queda muerto aquí
dentro. ~(Dando un puñetazo en la mesa.)~ ¡Muerto!
TÁRSILO
¡Don Antonio!... .
ANTONIO
~(Exaltado.)~ ¡Muerto!... ¡Pronto, señor Társilo, pronto! ¡O retráctese
usted o defiéndase, porque ya no me importa ni morir ni matar!...
TÁRSILO
¡Pero por qué se pone usté así, señor!
ANTONIO
Ni morir ni matar... Conque o dice usted que soy una persona decente, o
se parte usté el corazón conmigo ahora mismo.
TÁRSILO
Don Antonio, un poco de calma...
ANTONIO
¡La he perdido ya! ¡O dice usted que soy un hombre honrado, sin más
excusas, o le parto a usté el corazón, so cobarde!
TÁRSILO
Don Antonio, no se ponga usté así, ¡caray!, que nadie ha dicho en serio
que usté no fuese lo que es. Sino que uno s’acalora y...
ANTONIO
¡Se acalora!... ¡Miserable!... Y cuando me ha visto usted llorando a
sus pies, abrazado a mi hija, pidiéndole un poco de compasión para
nuestra miseria... ¡se ha reído de mí!, llamándome fresco y tramposo...
¿Y ahora?... Repita usted ahora solo una sílaba de esos insultos, y
toda la sangre miserable que...
TÁRSILO
Don Antonio, ¡caray!, que hace tres años que vive usted aquí, y cuando
se toma confianza con las personas, uno no mide...
ANTONIO
¡So blanco!
TÁRSILO
¿Yo blanco?
ANTONIO
¡Nítido!
TÁRSILO
Bueno, eso es otra cosa. A más, que usté ya sabe lo tiranos que son
los caseros, don Antonio, y va uno sin cobrar y le ponen verde. Que
últimamente, que esté usté dos años u tres sin pagar, ¡a mí qué!...
ANTONIO
Ni dos años ni un día siquiera. Mañana sube usted los recibos, y nada
más.
TÁRSILO
Bueno, y si yo no pudiera subir, ya mandaré a la chica... porque como
uno...
ANTONIO
Y ahora a la calle.
TÁRSILO
Sí, señor, y crea usté que si yo sé el disgusto...
ANTONIO
Pero antes una advertencia.
TÁRSILO
Usté dirá.
ANTONIO
Otro día, cuando trasponga usté los umbrales de esta casa, se quita
usté la gorra, así. ~(Se la quita y se la tira al pasillo.)~
TÁRSILO
No hace falta poner ejemplos.
ANTONIO
Y entra usté descubierto, como yo lo estoy.
TÁRSILO
¡Si no m’ha dao usté tiempo, señor!
ANTONIO
¡A la portería!
TÁRSILO
Sí, señor.
ANTONIO
¡Fuera de aquí! ~(Le empuja y cierra.)~ ¡So embustero!
ESCENA ÚLTIMA
DON ANTONIO, LEONOR y MARCOS
ANTONIO
~(Temblando y convulsivamente.)~ Bueno, yo estoy... yo estoy que...
Agua, un poco de agua....
LEONOR
~(Saliendo.)~ ¡Papá, papaíto!
MARCOS
Don Antonio, ¿pero usté es Jiménez u Napoleón de primer apellido?
ANTONIO
Bueno, un poco de agua, que tengo la boca... ~(Con alegría.)~ Pero
¡sirvo!... ¡Ya habréis visto que sirvo!
LEONOR
Si no te conozco.
ANTONIO
¡Ay, qué desagradable es esto de ser valiente!... ¡Agua!
MARCOS
¡Que no se le ocurra a usté ir a la nueva Casa de Fieras, que lo
enjaulan!
ANTONIO
¡Agua! ¡Tila!... ¡Me ahogo!... ¡Pero sirvo, hija mía, sirvo!... ¡Ya
habéis visto que sirvo!... ¡Comerás, irás abrigadita... vivirás!...
¡Sirvo! ¡Sirvo!... ¡Soy un hombre!... ¡Soy un hombre!... ¡¡Un hombre!!
~(Pasea agitado y altivo.)~ -- _Telón_.
FIN DEL ACTO PRIMERO
ACTO SEGUNDO
Habitación destartalada contigua a la sala de juego de uno de esos
garitos, llamados actualmente por el vulgo círculos de recreo o casa...
de cualquiera de las regiones españolas.
Se ve por una puerta amplia que habrá al foro, la mesa donde juegan a
la ruleta, y como es consiguiente, parte de la sala llamada de recreos
mayores. Cuando convenga, las hojas de esta puerta se cierran, o se
corre una cortina para que quede oculta esta sala a los ojos del
público. El lujo de la segunda habitación contrasta con la sencillez y
humildad de la primera, que debe tener en los laterales izquierda dos
puertas: la del primer término, con mampara que da paso a una escalera,
y la de segundo ostentará un letrero sobre ella que diga: _Secretaría_.
En los laterales derecha, un pequeño balcón que da a la calle. En
los ángulos de esta habitación, cuatro mesas, semejantes a las de
los cafés, de mármol o madera, según convenga, rodeadas de sillas y
taburetes. En los ángulos del fondo, perchas para abrigos y sombreros.
Apliques de luz eléctrica en las paredes y lámparas centrales
pendientes del techo. Es de noche.
ESCENA PRIMERA
La SOLE, la PURA y PAQUITA LA RAYO. DON MARIANO con PACO EL MALUENDA.
JUGADOR 1.º, un CAMARERO. Después JUGADOR 2.º, gente jugando, CRUPIERS.
Al levantarse el telón se ve la mesa de ruleta funcionando, rodeada
de gente, hombres y mujeres bien vestidos, que juegan, sentados o de
pie. Los crupiers, vestidos de smoking, tiran la bola, cantan los
números y las jugadas, pagan y cobran. En la habitación primera, en
una mesa próxima al ángulo izquierda, sentadas, la Sole, la Pura y
Paquita la Rayo. Beben whisky y fuman. Van vestidas con elegancia y
descoco. En la mesa del ángulo de la derecha, don Mariano y Paco el
Maluenda toman cerveza. En la mesa primera izquierda, un joven jugador
haciendo cálculos sobre un papel. Toma un refresco. Un Mozo con cara de
presidiario, vestido con una librea elegante y nueva, sirve a unos y
otros. Luego viene el Jugador 2.º
CRUPIER
Hagan juego, señores.
UNO
Ese duro a impares;
OTRO
Diez pesetas encarnao.
UNA
Dos pesetas a ese cuadro.
OTRO
Tres duros al ocho.
UNA
Cinco a caballo.
CRUPIER
¿Está hecho el juego? ~(Tira la bola.)~ No va más. ~(Pausa.)~
Diecisiete negro. Pleno, caballo, cuadro. ~(Se escucha rumor entre los
Jugadores. Los crupiers pagan, retiran el dinero que pierde. Siguen
jugando.)~
SOLE
¡El diecisiete negro!... ¡El mío!... ¡Maldita sea su estampa! ¡Qué
negrito! ¡Estaba esperando que yo me fuese pa salir!
PURA
Lo que te hacen muchos blancos, hija.
SOLE
¡Paece que me tenía miedo el ladrón!
PAQUITA
¿Y qué es, que te has quedao sin naa?
SOLE
Pa que me crezcan telarañas en el bolso naa más. ~(Lo abre y lo
enseña.)~ Echa una ojeada.
PAQUITA
El vacío más aterrador.
SOLE
El pañuelo, las llaves y el frasco de las sales por si pierdo... el
conocimiento y me tengo que agarrar a la postura del señor de al lao.
PAQUITA
¡Qué fresca eres! ~(Riendo.)~
SOLE
¡Quién habló!... Pues a ver pa qué llevas tú los impertinentes, hija.
Crupier
Treinta y tres negro. Caballo, línea, cuadro.
PAQUITA
¡Otro negro!
SOLE
¿No te digo?... Mi suertecita arrastrá. Esta noche me se hace a mí
negra hasta la barra e los labios.
PURA
¡Cuando se ponen así las cosas!...
SOLE
¡Calla, hija! Sabes mi pasión por los negros; pos mientras yo jugaba,
ni uno. Y por fin, harta de perder, ya desesperá, saqué los cinco duros
últimos que me quedaban y dije, digo: «Tres a la línea y dos a la
calle». Pos como si los hubiá tirao a la calle los cinco; ¡la contraria!
PAQUITA
Señor, si es que tú ties un prurito con las calles...
PURA
Si de las calles no se saca naa, hija.
SOLE
Barro.
PURA
Ni más ni menos.
SOLE
Y luego, chiquillas, pa alivio, ¿vosotras habéis visto el ispetorcito
ese que han traído?
PAQUITA
¿A don Antoñito el Modoso?
PURA
¡Camará con el Modoso!... Porque toda la modosidaz es que antes de dar
un puntapié hace una reverencia; pero no se sabe si es pa hacer un
saludo u pa tomar impulso.
SOLE
¡Y qué genio; es una fiera! Mueves, sin querer, una peseta que no sea
de tu propiedaz, y te echa una mirada que te mustia hasta las flores
del sombrero.
PURA
Lo que es ahora, eso de levantar aquí un muertecito...
SOLE
¡Cómo levantarlo, ni incorporarlo siquiera!...
PAQUITA
Como que yo ya no sé qué hacer con los impertinentes.
PURA
Ni yo con el abanico. ¡Con los duros que me ha ganao este!
SOLE
Ya, ya; el gandumbas ese ha metío la sala en un puño.
PURA
¡Paece mentira, una pizca de hombre!
PAQUITA
¡Porque hay que ver lo ruin!
SOLE
Pos ya veis... El otro día, que me había yo hartao de dejar pesetas,
por no perderlo too, vi un duro distraído y fui a por él; y cuando
pagaban voy y dije, digo: Ese duro de la calle es mío. Y va él y dice:
«El duro es de este señor... pero la calle es de too el mundo, conque a
ella». Y me señala la puerta.
PURA
¡Qué grosero! ¡No tener consideración ni con las señoras!...
SOLE
Que si no me voy al tocador y me hago la distraída, pues que me
expulsa; naa más.
PAQUITA
¡El demonio del gusarapo!...
SOLE
Ahora, que yo, aquí pa internosotras, os voy a decir una cosita.
LAS DOS
¿Tú dirás?
SOLE
Que poco puedo, o por estas que a ese ispetor le fascino yo.
PURA
¡Qué quies que te diga!...
SOLE
Ya conocéis mis dotes oratorias y de las otras; y a ese le veis, antes
de naa, de rodillas y a mis pies.
PURA
Me paece que te falla.
SOLE
De rodillitas. Está dicho.
PURA
Te avierto que yo ya le he tanteao. La otra noche le dirigí cuatro
miradas como pa pasarse el invierno sin cok, pa ver si podía colar
un duro sevillano; pues naa; lo único que logré fue que me dijese:
«Preciosidad, ese duro cecea»... Y me lo volvió a meter en el bolso.
SOLE
No le hace. Vosotras dejármelo a mí, y yo os juro que la semana que
viene ponemos en pie el cementerio del Este. ~(Se levantan.)~
PAQUITA
¿Le gustarán las gordas?
SOLE
Ahí está mi suerte. Si no, me pongo a plan.
PURA
Sí, porque lo que es ahora estás pa racataplán.
SOLE
¡Amos a él! ¡Sería el primer menudito que me fallase! Son mi
especialidad. Los pesos plumas, que dicen en boxeo. Si lo atonto, os
pago dos de Pomery extra. ¡Jurao! ~(Entran en la sala de juego.)~
ESCENA II
DICHOS, menos la SOLE, PURA y PAQUITA
JUGADOR 1.º
Las ocho y ese sin venir. ~(Escribiendo.)~ Dos encarnaos impares,
docena, calle. Repetidos, cinco, siete, nueve o cuatro, seis, ocho...
Se tienen que dar por fuerza, Después, un negro, menores...
JUGADOR 2.º
~(Entra y se acerca a la mesa.)~ ¡Hola!
JUGADOR 1.º
¡Lo que has tardao!
JUGADOR 2.º
Que no he tenido la precaución de irme a pie. ¡Me se ha ocurrido tomar
el tranvía, y el paro forzoso, por carencia de fluido!...
JUGADOR 1.º
¡El tranvía es pa cuando no se tiene naa que hacer, hombre! ¿Qué te han
dao?
JUGADOR 2.º
Dos del portamonedas, cinco del reloj, seis de la sortija, quince del
alfiler, cuatro de la petaca, tres del...
JUGADOR 1.º
Bueno, ¿total?...
JUGADOR 2.º
Cuarenta y cinco. Diez de la papeleta, cinco de la papeleta de la
papeleta, dos de la papeleta de la papeleta de la pa...
JUGADOR 1.º
Bueno; dime que has empeñao hasta el infinito y acabas de una. Venga
todo.
JUGADOR 2.º
Ahí va. ~(Le da el dinero.)~
JUGADOR 1.º
Cuatro que hacen ocho; ocho que hacen dieciséis; dieciséis que
hacen treinta y dos... Oye, métete el pico del pañuelo, por lo que
más quieras, que me da mala sombra, En cuanto te veo el triángulo
tremolante, no acierto una.
JUGADOR 2.º
~(Se oculta el pañuelo.)~ Remediao.
JUGADOR 1.º
Si no me falla la combina, siete mil pesetas.
JUGADOR 2.º
Y si se da mal, ¿por qué no cuelas un galápago?
JUGADOR 1.º
¿Con el ispetorcito nuevo?
JUGADOR 2.º
¡Qué más da!
JUGADOR 1.º
En fin, si la cosa viene mal, probaremos.
JUGADOR 2.º
Entra con el pie derecho.
JUGADOR 1.º
A una, dos y tres... ~(Entrando.)~ Cae un duro al trece... ~(Entran los
dos.)~
ESCENA III
DON MARIANO y PACO EL MALUENDA
MARIANO
Bueno, Paco, y hablando de otro asunto, ¿qué te parece de mi recomendao?
PACO
Chico, yo no tengo vista una cosa semejante en lo que llevo en estos
negocios, que ya va pa fecha.
MARIANO
Me paece que hemos acertao con el don Antoñito.
PACO
¿Que si hemos acertao?... ¡Eso es un tío de temple!
MARIANO
Sereno, duro, frío...
PACO
Y al mismo tiempo bien educao de verdá, que es lo que me cautiva;
porque no tie naa que ver el chascarle a uno la nuez pa decirle le
bésole a usté la mano. ¡Ese me limpia la sala de pillos en cuatro días!
MARIANO
¿Y has visto su sistema?... Too lo arregla sin voces, sin palabrotas,
sin ruidos...
PACO
Pero chico, ¿habré yo visto tíos valientes?... Pues este es que pone
una mirá, y se le desencaja la cara de una forma, que costerna. Ya ves,
conmigo no pue estar más cariñoso; pues hay noches que viene a decirme:
«Usté descanse», y me da miedo.
MARIANO
Y hay que verlo cuando se arma la más ligera bronca, en la sala. Va
muy menudito, muy atildao; se para delante del promotor, se pone un
poco pálido, un poco tembloroso, y muy bajito y con la mejor educación
del mundo le dice, al que sea, su frase sacramental: «O la calle o
la peritonitis», y les apunta al vientre. Y, claro, la cosa no es pa
dudar...
PACO
En fin, si será atento, que el otro día me dijo que le trajesen jabón
de sublimao, porque quería desinfectarse las manos por si tenía que dar
algunas bofetás. ¡Cómo pensará darlas!...
MARIANO
Ya te dije que era un hallazgo.
PACO
¡Menuda arquisición!
~(Se escucha en la sala rumor de inquietud. Voces que van creciendo. Se
suspende el juego. Algunos se ponen de pie increpando a alguien.)~
VOCES
¡Ese señor! ¿Yo? ¡Sí! ¡Fuera! ¡Echarlo! ¡No hay quién! ¡Granuja!
¡Canalla! ¡Don Antonio! ~(Crecen las voces hasta convertirse en gritos
y el jaleo en bronca.)~
MARIANO
¿Qué es eso?
PACO
¿Qué pasará?
MARIANO
~(Yendo hacia la sala.)~ ¿Qué ha sido?
PACO
¿Quién es?
VOCES
¡Que le echen!... ¡A la calle!... ¡Fuera!...
~(Violentamente, y como echado de la sala de un formidable empujón,
sale a trompicones el Jugador 1.º, que queda apoyado contra una mesa en
actitud airada.)~
JUGADOR 1.º
¡A mí no hay quién! ¡Que salga a echarme el que quiera!...
ESCENA IV
DICHOS y DON ANTONIO, de la sala.
ANTONIO
~(Sale imponente, de smoking, andando paso a pasito, serio, haciendo
guiños e imponiendo silencio. Durante la escena, cada guiño hace
estremecer al adversario. Todo el mundo, agolpado a las puertas, calla
con enorme expectación.)~ ¡Chist!... ~(Se para frente a él.)~
JUGADOR 1.º
Es que a mí no hay quién... porque yo...
ANTONIO
¡Chistss!... Hónreme con su más profundo silencio. ~(Guiño.)~
JUGADOR 1.º
¡Pero de dónde voy a callarme yo, cuando!...
ANTONIO
Inestimable contertulio, ruégole que con la más discreta sordomudez
tenga la amabilidad de movilizarse a noventa por hora con rumbo a la
vía pública.
JUGADOR 1.º
Es que a mí...
ANTONIO
Tengo el honor de invitarle a bajar por su pie las escaleras; pero
si usted prefiere golpear con el cráneo en los descansillos, será
complacido. ~(Guiño.)~
JUGADOR 1.º
¡Pero señor, antes de echarme, que me se diga qué he hecho yo!
ANTONIO
Tratar de engrosar sus ingresos dando a sus amables posturas en la mesa
de juego unos leves impulsos fraudulentos con la manga, con el objeto
benéfico de arriesgar dos y que apoquinen cinco. Nada... Ingenuos y
discretos robos.
JUGADOR 1.º
Eso de robos...
ANTONIO
Bueno; juveniles y ligeras estufillas, como usted lo prefiera. Conque
planee y aterrice. ~(Guiño.)~ Siga la flecha. ~(Le señala la puerta con
el dedo.)~
JUGADOR 1.º
A mí no hay quién me eche del local.
ANTONIO
¿Que no? Pollo, reasumamos: «O la calle o la peritonitis». ~(Le apunta
con una pistola.)~
JUGADOR 1.º
~(Aterrado.)~ ¿No tiene usted términos medios?
ANTONIO
El corazón. ~(Le apunta con otra.)~
JUGADOR 1.º
¡Mi madre!... ~(Da un salto atrás.)~ ¡Pero por estas que vuelvo!
~(Vase.)~
ANTONIO
¡Fuera! ~(Dándole un puntapié que le obliga a salir violentamente. A
la gente, riendo.)~ Se ha dado de narices contra la mampara. Concluso
el incidente. ~(A todos.)~ Tengan la sin par bondad de proseguir el
recreo. Hasta otra.
PACO
~(Abrazándole.)~ ¡Es usté admirable, don Antonio!
ANTONIO
~(Con fingida indiferencia.)~ ¡Futesas!
PACO
~(A la gente.)~ Sigan, sigan... ~(Los convence para que entren. Entran
y prosigue el fuego.)~
ANTONIO
~(Aprovecha este momento para irse a un rincón, y tembloroso y
demudado, con la cara de verdadera angustia de un hombre que acaba de
hacer un esfuerzo supremo, saca un frasquito del bolsillo del chaleco
y, tembloroso y acongojado, bebe un sorbo.)~ ¡Ay, hija mía!
MARIANO
~(Se acerca. Aparte.)~ ¿Qué tomas?
ANTONIO
Antiespasmódica.
MARIANO
¡Qué rato habrás pasao!
ANTONIO
¡Como que se me ha hecho una pelota en la garganta, que no me la puedo
tragar! ¡Ay, Mariano, el día que me falle uno de estos, mi ruina!
MARIANO
~(Por Paco, que se acerca.)~ Calla, que viene.
PACO
¡Don Antonio!... ~(Abrazándole.)~ ¡Me tie usté encantao! ¡Usté es mi
hombre!
ANTONIO
~(Volviendo a la sonrisa y a la jactancia.)~ Nada, don Paco.
Escaramucillas de principiante. ¡Digo!... ¡Pues si usté me hubiera
visto a mí una noche en la calle de las Sierpes, en Sevilla!... ¡Cinco
hombres disparándome tiros, y yo limpiándome las botas y cantando la
Madelón traducida!... ¡Que lo diga aquí Mariano!... ¿Te acuerdas?...
MARIANO
¡Aquello era para erizar a un queso de bola!
ANTONIO
¡Cinco blancos en la caja de betún, un impacto en el cepillo, el
betunero herido en la región metacarpiana y un servidor desviando las
balas con ligeros balanceos! ~(Los hace.)~ Lo mismito que si estuviera
bailando un fox.
PACO
¡Qué admirable! ¿Y de dónde se saca usté esa serenidad?
ANTONIO
~(Señalando al corazón.)~ Del almacén. Que tengo stock. Nada.
~(Vase hacia la sala, humilde y modoso.)~
ESCENA V
DON MARIANO y PACO
PACO
Bueno, yo no he conocido a Napoleón, pero debía ser una chinela
comparao con este hombre.
MARIANO
(¡Pobre Antonio!... ¡El miedo que está pasando!)
PACO
¿Pero tú has visto una cosa como esta? ¡Es admirable!
MARIANO
~(Con amarga ironía.)~ ¡Que si es admirable! ¡No lo sabes tú bien!
PACO
Yo le aumento el sueldo desde este mes.
MARIANO
Se lo merece.
PACO
¡Pero que en un doble! Porque, además, hay que reconocerlo, lo que
ha tenío que hacer hasta ahora no es naa en comparación de lo que le
queda, que es lo gordo.
MARIANO
¿A qué te refieres?
PACO
Pues que aún tiene que ponerse cara a cara con los de cuidao. Con el
Pollo Botines, el Requiés y el Jarritas. ¡Los tres granujas de más
agallas de Madrid! ¡Menudo historial carcelario!
MARIANO
Pero esos hasta ahora parece que le respetan a don Antonio.
PACO
¿Que le respetan? ¡Narices! Que son unos vivales y lo estaban
tanteando; pero se conoce que ya le han encontrao el tacón de Aquiles,
porque, ¿no sabes lo de anoche?
MARIANO
¿Qué?
PACO