~(Coge al niño de la mano, lo lleva hasta primer término y l

NOTA DE TRANSCRIPCIÓN

* Las cursivas se muestran entre _subrayados_, las indicaciones o

acotaciones escénicas entre ~virgulillas~ y las versalitas se han

convertido a MAYÚSCULAS.

* Los errores de imprenta han sido corregidos.

* La ortografía del texto original ha sido modernizada de acuerdo con

las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española.

* Para facilitar la lectura, se han expandido las abreviaturas en los

nombres de los personajes.

* Las páginas en blanco han sido eliminadas.

ES MI HOMBRE

Esta obra es propiedad de su autor, y nadie podrá, sin su permiso,

reimprimirla ni representarla en España ni en los países con los

cuales se hayan celebrado, o se celebren en adelante, tratados

internacionales de propiedad literaria.

El autor se reserva el derecho de traducción.

Los comisionados y representantes de la _Sociedad de Autores

Españoles_ son los encargados exclusivamente de conceder o negar el

permiso de representación y del cobro de los derechos de propiedad.

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pour tous les pays, y compris la Suède, la Norvège et la Hollande.

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Queda hecho el depósito que marca la ley.

ES MI HOMBRE

Tragedia grotesca

EN TRES ACTOS

ORIGINAL DE

CARLOS ARNICHES

Estrenada en el TEATRO DE LA COMEDIA

el día 22 de diciembre de 1921

SEGUNDA EDICIÓN

MADRID

Imprenta de La Correspondencia Militar

Pasaje de la Alhambra, 1.

TELÉFONO 18-40

1921

A Alicante

Apenas desprendido de tus manos maternales, que deshojaron sobre

mi corazón las rosas de tu amor, vuelvo a Madrid, y los primeros

aplausos que recojo de este pueblo generoso y bueno te los ofrezco

a ti, mi tierra amada, para pagar, en parte mínima, la deuda de

gratitud que dejaste abierta en mi alma filial.

A las bellas y nobles mujeres y a los hombres inteligentes y

cordiales que te representan, envío mi saludo fraterno.

Y a ti, mi ciudad gloriosa, te ofrezco de hoy para siempre decir en

toda oportunidad, ungidos los labios de emoción:

Soc fill del poble que te les chiques

com les palmeres de junt al mar.

CARLOS ARNICHES

Madrid, 24 diciembre 1921.

REPARTO

PERSONAJES ACTORES

LEONOR, 17 años. Aurora Redondo.

LA SOLE. Carmen Andrés.

SEÑÁ CALIXTA, 40 años. Carmen Sanz.

LA PURA. Carmen Sanz.

PAQUITA. Carmen Navascués.

LA ROMUALDA. Isabel Redondo.

DON ANTONIO, 50 años. Valeriano León.

MARCOS, 24 años. Jesús Tordesillas.

DON MARIANO, 54 años. Andrés Tobías.

PACO EL MALUENDA. Carlos Viaña.

SEÑOR TÁRSILO, 50 años. Federico Górriz.

ANICETÍN, 8 años. Niño Larios.

EL POLLO BOTINES. Joaquín Roa.

EL REQUIÉS. Antonio Gimbernat.

EL JARRITAS. Rafael Terry.

CAMARERO. Antonio García.

JUGADOR 1.º José Carrascosa.

JUGADOR 2.º Antonio Brañas.

EL QUEMARROPA. Andrés Tobías.

_Crupiers, jugadores, etc._

La acción, en Madrid, actualmente.

Derecha e izquierda, las del actor.

ACTO PRIMERO

Pequeña habitación en un sotabanco humildísimo. Al foro, a la derecha

hay una puerta con mirilla y llamador, que da a un pasillo que conduce

a la escalera. A la izquierda, una reja con cortina, que da al mismo

pasillo. En los laterales derecha, segundo término, otra ventana con

vidriera, da a un patio. En los laterales izquierda, primer término,

una puerta que conduce a la parte interior de la casa.

El mobiliario pone de manifiesto la extrema miseria de las personas

que habitan el sotabanco, y se reduce a dos o tres sillas de Vitoria,

desvencijadas; una mesita de pino, una cómoda vieja, un baúl

deteriorado, y en un rincón, un lavabo de hierro con palangana, jarro y

cubo, una máquina de coser, un cesto de ropa, etc., etc.

En la ventana de la derecha, una jaula vacía, un tiesto sin flores y un

botijo.

Es por la mañana temprano, en un día de primavera.

ESCENA PRIMERA

LEONORCITA. Luego DON ANTONIO, por la puerta de la izquierda. VOZ DE

HOMBRE y VOZ DE MUJER, en el patio.

Al levantarse el telón aparece Leonorcita, dormida, de bruces sobre

la máquina de coser, en la que se ven unos pantalones de niño, no

terminados. La mesita de pino está cubierta por una manta vieja, y

sobre ella habrá un mantelillo, dos planchas y una tacita con agua.

El cesto de la costura, al lado de la máquina. La niña veló, quedando

dormida sobre su trabajo. Se ha hecho de día y un rayo de sol penetra

por la ventana, a medio abrir, e ilumina la cabecita de la muchacha,

esclareciendo un poco la penumbra del cuarto. Se escucha la Voz de un

hombre que grita desde el patio.

VOZ HOMBRE

Señá Balbina, dígale usté a Ufrasio que baje, que son las ocho, y me

voy pa la obra.

VOZ MUJER

Dice que te vayas delante, que ahora va él.

VOZ HOMBRE

¿Ha dicho que ahora va?

VOZ MUJER

Eso ha dicho.

VOZ HOMBRE

¡Pues dígale usté que recuerdos y que hasta pasao mañana!

~(Se hace un corto silencio y sale don Antonio por la puerta izquierda,

despeinado, como hombre que acaba de echarse de la cama. Viste

pantalón, camiseta, americana, chanclas y un pañuelo al cuello, todo

viejo y raído.)~

ANTONIO

Le he oído gritar al señor Dimas, el cantero, que son las ocho. Y sí

lo serán, porque ese es el Longines de la casa, ¡Caramba, las ocho ya!

¡Me he dormido como un tronco!... En cambio, la niña, ¡pobrecita!, se

conoce que ha velado, pero, al fin, la rindió el sueño. ~(Se acerca.)~

¡Duerme como un angelito! ~(Abre la ventana. Entra una luz radiante.)~

Me dijo que la despertase a las siete. ¡Cómo me va a regañar! Por algo

quiere la pobrecita, un despertador; pero como no puedo comprárselo,

me he comprometido yo a hacer ese oficio... Ahora, que lo hago con una

falta de puntualidad, que es para darme un puntapié en la esfera. En

fin, vamos a despertarla. ~(Se acerca a Leonorcita y trata de imitar,

durante un breve instante, la vibración del timbre de un despertador.)~

Rrrrrrrrrrrrrrrrr...

LEONOR

~(Despertando sobresaltada.)~ ¡Ay!... ~(Mirándole.)~ ¡Papá, tú!...

¿Pero qué hora es?

ANTONIO

Las ocho, hija.

LEONOR

~(Extrañada.)~ ¡Cómo las ocho!

ANTONIO

Sí, las ocho. ~(Con cierta vergüenza.)~

LEONOR

~(Enfadada.)~ ¿Pues a qué hora te puse yo anoche?

ANTONIO

Me pusiste a las siete, pero ya sabes que atraso un poco...

LEONOR

Un poco, bueno; pero atrasar una hora, ¿te parece bonito?... ¿Ves como

no sirves para reló, papá?... ¡Y que no vale darte cuerda ni nada!

ANTONIO

Hija, es que está uno ya tan averiado, que por mucha cuerda que me

des... en cuanto me meto en la relojera, ¡un leño!...

LEONOR

¡Dormírseme el despertador!... ¡Vamos, es el colmo!...

ANTONIO

Que ya no está uno pa dar la hora, hija mía; hay que desengañarse.

LEONOR

~(Muy cariñosa.)~ ¿Pero estará para que le den un beso, verdá, so

extraplano?

ANTONIO

¡Más que nunca, hijita mía! ~(Se besan.)~ Y tú, qué, ¿es que no te

acostaste, vida?

LEONOR

Que me levanté a las dos y media. ¡Pero muy callandito, para que no

despertaras! Quería acabar el trajecito de marinero del chico de la

señora Calixta, que va a tomar mañana la primera comunión en las

Carboneras...

ANTONIO

¡Hombre, qué rico!

LEONOR

Y me he estado hasta las seis y media dale que dale... Ahora, que

cuando empieza a clarear entra un cansancio que ya no se puede... ¡Y me

he quedado...!

ANTONIO

¿Completamente roque?

LEONOR

Roque y familia, porque si tú no me llamas, aún estoy roncando. Y lo

peor es que no he podido terminarlo.

ANTONIO

Déjalo, ahora lo acabas. ~(Con curiosidad.)~ Y dime, hija, dime, ¿cómo

te ha salido el trajecito?

LEONOR

¡Ay, no me lo preguntes, papá, que me aterro! No sé cómo me habrá

salido. Yo creo que bien; pero como es el primero que hago, ¿sabes?...

Estoy asustada.

ANTONIO

Sí, claro.

LEONOR

¿A ti qué te parece la blusita, papá? ~(Se la enseña.)~

ANTONIO

Yo no entiendo, pero yo creo que está muy mona; al menos así, a vista

de pájaro...

LEONOR

¿Te parece que esto está para que el niño tome la primera comunión?

ANTONIO

Mujer, yo creo que no le pondrán dificultades.

LEONOR

¡Dios lo quiera!

ANTONIO

Ahora, que hay que tener en cuenta que el niño es una lombriz, y una

lombriz de marinero, yo no sé el efecto que le hará a un sacerdote...

pero, vamos, como vista... Su cuellecito, sus puñitos, sus anclitas...

Que puede decir su mamá que se lo han hecho en El Capricho.

LEONOR

¡Ay, cómo me animas, papaíto!

ANTONIO

¿Y qué te falta, hija, qué te falta?

LEONOR

Pues una costura del pantaloncito, pero antes verás... voy a chapuzarme

en la palangana, ~(Echa agua en ella.)~ tengo el sueño metido en

los ojos, ~(Se quila la blusa, quedando en cubrecorsé.)~ y así me

despabilo, y en un segundo, visto y no visto. Lo acabo, lo devuelvo,

me lo pagan, me dan las seis pesetas... ¡porque he pedido por él seis

pesetas!...

ANTONIO

¡Seis pesetas! ¡Buen debut!

LEONOR

¡Y nos vamos a dar hoy un banquetazo!... Ya verás, papaíto, ya verás...

Patatas con bacalao, mojama... aceitunas... ¡una cosa como del Ritz!

ANTONIO

Y será de razón, hija, porque ayer, ¡todo el día con un pedazo de pan y

un racimo de uvas, una criatura que está creciendo!...

LEONOR

Eso no. Por ti siento yo estas miserias; porque al cabo, una es joven

y todo lo puede aguantar, que cuando se tienen pocos años, ¡anda con

Dios!...

ANTONIO

~(Con abatimiento.)~ ¡Qué sé yo!...

LEONOR

Mira, papaíto, hazme de aprendiza, anda. Mientras me lavo, veme

quitando los hilvanes de la blusa, ¿quieres?

ANTONIO

Lo que te dé la gana. ~(Quita hilvanes.)~

LEONOR

~(Echándose agua a la cara.)~ ¡Berrrrr!... ¡Uy, qué fresquita está

el agua!... ~(Se echa más.)~ ¡Qué rica y cómo despeja!... ¡Ay, qué

gusto!... ~(Se lava los brazos y las manos.)~ Pero no estés triste,

¡qué tonto!... que hoy ya verás. ¡Hasta churros te voy a traer!

ANTONIO

¡Gracias, hija, gracias!

LEONOR

¡Que yo haya acertado es lo que hay que pedirle a Dios!

ANTONIO

¡Pues ya lo creo!

LEONOR

Mira, dame ese mantelillo para secarme.

ANTONIO

~(Dándole el mantelillo de la mesa.)~ ¡Secarte con el mantel!...

LEONOR

¡Si no hay otra cosa!... Él, que se creería que nos iba a servir para

comer.

ANTONIO

~(Mostrando una forma de plancha tostada que se ve en él.)~ ¡Pues ya

ves qué plancha!... Es para secarnos.

LEONOR

~(Secándose.)~ No se puede presumir de nada. ¡Ajajá!... ¡Ya estoy más

lista y más fresquita!...

ESCENA II

DICHOS y MARCOS.

MARCOS

~(Que desde fuera levanta la cortina de la reja y se asoma.)~ Leo...

LEONOR

~(Asustada, se cubre con el mantelillo.)~ ¡Ay, hombre, por Dios, no

mires... tapa!

~(Marcos suelta la cortina.)~

ANTONIO

Oye, Marquitos, se pide permiso.

MARCOS

¡Pero si no he entrao!

ANTONIO

Tú, no; pero ¿y los ojos?...

MARCOS

~(Vuelve a mirar.)~ ¡Hombre, las niñas no pecan!

LEONOR

¡Que tapes he dicho!

MARCOS

Bueno; se puede...

ANTONIO

¿No has visto que no?

MARCOS

Digo que se puede secar y avisarme luego, que no me corre ninguna prisa.

LEONOR

¿Pues qué querías?

MARCOS

Quería que viese tu padre cómo ha puesto _El Sol_ al señor La Cierva.

ANTONIO

¿Moreno?

MARCOS

Verde. Ya le guardaré a usté el número, don Antonio, que viene bueno.

ANTONIO

Muchas gracias, hijo.

LEONOR

~(Se sienta a coser.)~ Ya puedes asomarte.

MARCOS

~(Se asoma.)~ Ya lo había visto por una auje..., digo, por un cálculo

que había hecho. ¡Buenos días, ~(Muy sonriente.)~ doña Leonor!

LEONOR

¿Qué, te vas al taller?

MARCOS

No, porque hoy no trabajamos, pa celebrar el éxito de la última huelga.

¡Creo que después de una lucha de tres meses sin trabajar, ya podemos

descansar un día!

ANTONIO

Es de razón... ¿Y qué, la habéis ganao?

MARCOS

¡Ya lo creo! Luego le leeré a usté las bases del arreglo con la

Patronal. Hemos encontrao una base pa no hacer nada los sábados por la

tarde y cobrar dos reales más.

ANTONIO

Pues no perderla, que es una ganga.

MARCOS

Oye, Leo: como veo que ahora estás ocupada, me voy ahí en caa el señor

Evaristo, que estamos haciendo un retrato de Lenín con algodón perlé.

Cuando acabes, avísame.

LEONOR

Bueno, ya te avisaré.

MARCOS

Don Antonio, hasta luego, y ¡viva el soviet!

~(Vase.)~

ESCENA III

LEONOR y DON ANTONIO.

ANTONIO

¡Adiós, terrorista!... ¡Pobre Marquitos, qué bueno es! Es en lo único

que has tenido suerte, hija, en el novio. Eso es como un pedazo de pan:

¡lo muerdes y encima te alimenta!

LEONOR

No, y físicamente tampoco es despreciable, no creas, papá.

ANTONIO

Mujer, tanto como eso... ~(Gesto de duda.)~ porque como guapo, la

verdad... ~(Se levanta, coge papel, tintero y pluma.)~

LEONOR

¿Qué tienes que decir de sus ojos?

ANTONIO

Que son chiquitos como aceitunas... y tiene dos niñas, como dos

perdigones.

LEONOR

Hombre, no te diré yo que sean unas niñas como para llevarlas con

«mamuasel», pero como expresivas...

ANTONIO

No, si para mí, con que sea bueno y te quiera, ya tiene la mayor

hermosura. ~(Se sienta a escribir.)~

LEONOR

¿Qué vas a escribir, papá?

ANTONIO

Pues voy a redactarte el recibito para la señora Calixta. Así, al

entregarle el traje, le entregas la cuenta, y siempre es menos violento

que pedirle el dinero de viva voz.

LEONOR

Y además comprenderá la prisa. ¡Porque si no nos pagara!... ¡Otro día

sin nada, Virgen santa!

ANTONIO

Calla, hijita, no vaticines. No querrá Dios. Verás. ~(Escribiendo.)~ He

recibido de doña Calixta Cacho... ¿Cómo se llama el marido?

LEONOR

Ceneque... ~(Se levanta, dobla el trajecito y lo envuelve en un

pañuelo.)~

ANTONIO

De doña Calixta Cacho de Ceneque, la cantidad de seis pesetas cincuenta

céntimos... He añadido estos cincuenta céntimos por si me quieres traer

unos pitillitos; así no te soy gravoso... Se lo cargo a Ceneque.

LEONOR

Ya lo creo, papaíto; bien hecho.

ANTONIO

Seis pesetas cincuenta céntimos por la confección de un trajecito

marinero, modelo primera comunión, para su señor hijo Anicetín, hecho

en piqué, con cuello y bocamangas merino, anclas a realce. Madrid, a

tantos de tantos... Leonor Jiménez, especialidad en primeras comuniones

para niños y niñas de ambos sexos.

LEONOR

Si pones de ambos sexos, sobran las niñas.

ANTONIO

Es verdad. Para niños de ambos sexos. Ahí va el recibo. ~(Se lo da.)~

LEONOR

Y el traje ya está bien envueltecito. ¡Ahora a entregarlo! ¡Tengo un

temblor! ¿Me habrá salido bien, papá?

ANTONIO

¡Ya lo creo, hija!... Ya verás. Dios es bueno.

LEONOR

Dios, sí; pero como el patrón era para un niño mayorcito, si no he

calculado bien las medidas, pues... ¡En fin, sea lo que Dios quiera!

~(Vase.)~

ANTONIO

¡Ánimo, hija mía, ánimo!... ~(Cierra la puerta.)~

ESCENA IV

DON ANTONIO, solo.

ANTONIO

¡Bueno, se me parte el alma... porque eso es un ángel!... ¡No cenó

anoche, no ha desayunado... pues ni una lágrima, ni una queja!... Sin

abrigo, sin alimento, y a los dieciséis años, ¡y tan espigadita como

está!... Creciendo, delicada... y a pesar de esto, la pobre hija, por

no verme sufrir, por ayudarme a sobrellevar estas miserias, se lanza a

todo. Ella costurera, ella modista, ella planchadora, ella peinadora.

Y es natural, como la criatura no tiene nociones de nada.... y todo

lo hace por afición... por afición a comer, ¡claro!... ¡Pues da cada

tropiezo el ángel!... Ayer se empeñó en ondularle el pelo a la señora

Cipriana, la del fumista, que iba a una boda. La empezó a ondular, y

¡bueno!... ¡qué cabeza la puso!... Aquello no era ondulación, aquello

era un oleaje encrespado. La achicharró las patillas, la tostó los

abuelos; unos pelos los tenía quemados, otros de punta... ¡Un desastre!

Había que oír a la pobre mujer, con una cabeza como la de Medusa y el

añadido en la mano, gritando amargamente... «¡Ay, mi mata!... ¡Ay, en

cuanto me vea mi marido!... ¡Mi mata, Dios mío!... ¡Mi mata!...» Yo

me eché a sus pies para aplacarla y de poco me mata de un puñetazo...

Estaba furiosa... ¡Claro, la pobre había perdido la cabeza, pero para

una temporada!... ~(Llaman fuertemente a la puerta.)~ ¡Santo Dios,

qué llamada más recia!... Me suena al animal del portero. Sí, él debe

ser, porque hoy estamos a nueve, y yo le dije que viniese el nueve.

Claro que le dije el nueve como le hubiera podido decir el cuatro mil

setecientos noventa y cinco... porque lo que es pagarle... Y con lo

bruto que es, ¡Dios mío!, se va a poner hecho una fiera... ¡Le tiemblo

a este salvaje!... Me alegro que no esté la niña. ~(Vuelven a llamar

más fuerte.)~ Voy, voy...

ESCENA V

DON ANTONIO y SEÑOR TÁRSILO, del foro.

TÁRSILO

~(Hombre soez y ordinario, habla ásperamente.)~ ¿S’había usté dormido?

ANTONIO

~(Exagerando la afabilidad.)~ No, señor, señor Társilo, no me había

dormido, era que...

TÁRSILO

Pues me paece que llamo pa que me oigan.

ANTONIO

Sí, efectivamente, son llamadas de colegio de sordomudos. Pero siéntese

usté, señor Társilo.

TÁRSILO

¿Pa qué?... Pa que me ensucie como la otra tarde, que me senté en una

silla y aplasté un garbanzo...

ANTONIO

¡¡Un garbanzo!!...

TÁRSILO

¡Un garbanzo!

ANTONIO

~(Como recordando.)~ ¡Ah!, hará unos ocho días, sí; pues crea usted que

es que no lo vimos, porque si no, no se extravía. Aquí los garbanzos,

como no se metan bajo tierra, perecen.

TÁRSILO

~(Tratando de sonreír.)~ ¡Bajo tierra!... ¡Amos, que tie usté un

humor!... ¡Estar en plena miseria y toavía con gana de chirigotas!...

¡Es frescura!

ANTONIO

No es frescura, señor Társilo; pero si no tomase las penalidades de la

vida con cierta resignación, pues ya me había muerto.

TÁRSILO

¡Pa lo que iba usté a perder!

ANTONIO

Hombre, iba a perder el mayor bien de la tierra, porque tengo una hija.

TÁRSILO

Y yo tengo dos. Pues por eso hay que mirar por ellas y no estarse mano

sobre mano, que los panecillos no caen de la atmósfera, don Antonio.

ANTONIO

Ya, ya; pero muchas veces de nada sirve la voluntad de los hombres...

TÁRSILO

Bueno, bueno... Después de too, me estoy metiendo en camisa de ocho

metros veinticinco, que vienen a ser las once varas, aproximadamente.

Conque a lo que vengo.

ANTONIO

Dígame.

TÁRSILO

Pues usté s’acordará que me dijo el día primero que me pasara por aquí

a hacer efectivos los cuatro recibos que me se adeudan, hoy nueve del

que corre.

ANTONIO

~(Aparte, angustiado.)~ (Del que quisiera correr.)

TÁRSILO

~(Que ha empezado a hojear un paquete de recibos que lleva.)~ De

forma que aquí los tie usté... ~(Se moja el dedo, aparta cuatro y los

presenta.)~

ANTONIO

Uno, dos, tres, cuatro... exactamente, señor Társilo; cuatro recibos...

Ahora bien, es decir, ahora mal... o mejor dicho, el caso es, señor

Társilo, que en este momento, y comoquiera que no he podido hacer

efectivas ciertas cantidades que yo esperaba, me es imposible... ~(El

señor Társilo da un terrible puñetazo sobre la mesa )~ ¡Mi madre!...

~(Asustado, suelta los recibos encima de la mesa y los vuelve a recoger

el portero.)~

TÁRSILO

¡Contraporra!... ¿Pero es que me va usté a salir ahora con que no me

paga?

ANTONIO

No, señor Társilo, no es eso, pero es que en este momento...

TÁRSILO

~(Otro puñetazo.)~ Pues no, señor, ¡vaya!... Que ya estoy yo harto de

pamplinas... Cuando los hombres peinan canas y dan una palabra, como

usté me la ha dao a mí, por veinte vigésima vez, la cumplen. ¡Y no

hay más cera que la que arde! De forma, que hoy me paga usté a mí por

encima de too, o salen usté y su hija danzando pa la calle; que no

tengo yo cara e palo pa irle con cuentos al casero y que se crea que

esto es un juego e compadres. ~(Puñetazo.)~ ¡Qué porra!

ANTONIO

Sí, señor, señor Társilo; tiene usté razón que le sobra para enfadarse,

lo reconozco.

TÁRSILO

¡Que si la tengo!...

ANTONIO

Yo le prometí pagarle hoy, es verdad; pero es que me engañan los

deseos, señor Társilo... He buscado por todas partes y nadie me

auxilia... Estoy en un momento de desgracia, desamparado, solo... Si

usté quisiera esperar unos días...

TÁRSILO

¿Cómo unos días?... ¡Ni un minuto ni naa!... que a usté ya le he tañao

yo, don Antonio; qué usté lo que s’ha propuesto con sus mansedumbres y

sus hipocriterías es vivir de guagua.

ANTONIO

No me juzgue usté tan cruelmente, señor Társilo.

TÁRSILO

Las cosas como son. Y jugar con el casero y tomarle el pelo a un

servidor; pero a mí, ¡magras del Perú!, que tengo yo muchas agallas pa

que me zarandee un desahogao como usté.

ANTONIO

Señor Társilo, eso de desahogado...

TÁRSILO

Eso de desahogao se lo digo yo a usté aquí y en la calle y en toos

terrenos. Y si encima de tramposo me se pone usté chulo; le juro a

usté... ~(Amenazador e iracundo.)~

ANTONIO

¿Qué está usté diciendo, señor Társilo? Yo no me pongo chulo, porque ni

sé, ni puedo, ni quiero. Yo lo que le ruego a usté es que se compadezca

o no de mi desgracia, pero que no me maltrate, ¡porque yo no soy ningún

tramposo!

TÁRSILO

~(Riendo.)~ ¡¡Menudo!!

ANTONIO

Yo soy un pobre hombre, vencido, acobardado por la miseria, porque

tengo una criatura y quiero luchar para salvarla de este naufragio de

mi vida; que si no fuera por ella, ya me habría ido de aquí, y chulo,

no, no me pondría; pero me pondría donde se ponen los hombres que

tienen dignidad cuando se los maltrata injustamente.

TÁRSILO

¡Injustamente!... ¡Si no mirara!... ~(Amenazador.)~

ANTONIO

¡Señor Társilo!... ¡Que está usted abusando de mi desgracia!

TÁRSILO

Y hemos acabao, y lo dicho; dentro e media hora vuelvo, y me paga

usté u escaleras abajo. Y en la calle ya le diré a usté yo dos o tres

cositas ilustrás con grabaos en madera. ¡Que a mí, humitos y rentoys,

no! ~(A punto de agredirle.)~ Ni usté ni cien como usté... Que si no

fuera usté un desgraciao, ahora mismo... ~(Le amenaza.)~

ANTONIO

~(Asustado, retrocede.)~ ¡Pero señor Társilo!... ¿Qué he dicho yo

para?...

LEONOR

~(Entrando aterrada.)~ ¡Papá!... ¡Señor Társilo!... ¿Pero qué ocurre?

ANTONIO

¡Por Dios, la niña!

TÁRSILO

¡Vaya usté y que le den un caldo! ¡Pues hombre!... ¡El tío farsante!...

¡Maldita sea!...

~(Vase.)~

ESCENA VI

LEONORCITA y DON ANTONIO.

LEONOR

¿Pero qué está usté diciendo? ¿Por qué ofende a mi papá?...

ANTONIO

No, nada, hija... Lo de que me den un caldo no es ninguna cosa

ofensiva, y menos en nuestra situación...

LEONOR

¡Pero estás tembloroso, pálido!... ¿Qué te ha dicho... ese bruto? ¡Si

llego yo antes!... ¡Sinvergüenza! ¡Canalla!

ANTONIO

No, nada, hija; no chilles, no sea que vuelva... Si no ha sido nada...

que es un poco grosero... ¡Ya le conoces!...

LEONOR

¡Si creí que te iba a pegar!...

ANTONIO

No, hija... ¡Cualquier día se atreve!

LEONOR

No te fíes, que es muy bárbaro. ¡Ay, papaíto, tan contenta como yo

venía!

ANTONIO

¿Y por qué no estarlo?... Y dime, dime, qué, ¿te han pagado, hija mía,

te han pagado?

LEONOR

¡Tú verás! ¡Mira qué churros más ricos! ~(Se los enseña.)~ Me ha dicho

la señora Gregoria que me esperase, y míralos, calentitos y con mucho,

mucho azuquitar... ¡Como sé que eres tan goloso!...

ANTONIO

¡Hija mía!...

LEONOR

Y fíjate; los pitillos, las cerillas; no se me ha olvidado nada. ¡Tan

contenta como yo venía, y ese tío ordinariote!...

ANTONIO

¡Pero olvida a ese hombre, hija!... Y dime, dime, ¿le gustó el traje a

la señora Calixta?

LEONOR

Muchísimo, papá.

ANTONIO

¡No te lo decía yo!...

LEONOR

Se ha quedado entusiasmada.

ANTONIO

¿Ves?... ¿Y cómo, cómo le está al niño?

LEONOR

¡Ah, eso no lo sé, porque el niño estaba todavía en la cama, y me dijo

que cuando se levantase se lo probaría! Y como me pagó en seguida,

¿sabes?... Y yo estaba tan impaciente por traerte estas cositas, pues

me fui a comprarlas. Y lo demás del dinero aquí lo tengo, que me he

hecho un nudo en el pañuelo para que no se me perdiese. Verás: un real

los churros, treinta de pitillos y la caja de cerillas... y aquí lo

demás, cinco pesetas ochenta y cinco céntimos... Cuenta si quieres...

ANTONIO

Sí, no sea que me hayas sisado... ¿verdad?... ¡Hija de mi alma!

LEONOR

¡Ay, papá, qué día más rico vamos a pasar!... Te voy a hacer unas

patatas con lomo que... ~(Llaman a la puerta enérgicamente.)~ ¡Ay!

¿Quién será? ¡Y con qué fuerza llaman!

ANTONIO

Hoy parece que todos vienen furiosos. Abre, a ver...

LEONOR

¡Está una tan asustada!... ¿Quién? ~(Abre.)~

ESCENA VII

DICHOS, SEÑORA CALIXTA y ANICETÍN.

La madre saca, cogido de la mano, al niño, que viene vestido de

marinero, con un traje de piqué blanco, hecho una verdadera birria. Una

manga muy corta, la otra muy larga. Lo mismo ocurre con las perneras

del pantaloncito. El cuello le viene sobre un hombro, y tiene un ancla

en el pecho y la otra en la espalda. El bolsillito casi en el sobaco.

Lleva una gorrita blanca con cinta negra, sobre la que se lee en letras

doradas: _El Terror_.

CALIXTA

~(Entrando airada.)~ Aquí traigo esto. Ustés verán. ~(Deja al niño

en mitad de la habitación. El padre y la hija quedan mirándole con

espanto.)~

ANTONIO

~(Coge al niño de la mano, lo lleva hasta primer término y le da

vueltas, examinándolo con estupor. Mira alternativamente al niño, a su

hija y a la señora Calixta., y no sabe si sonreír o afligirse. Al fin

adopta un gesto de extrañeza.)~ ¿Y qué es, que... que no le sienta bien

del todo?...

CALIXTA

¿Cómo del todo?... ¡Pero usté s’ha dejao los ojos en su pueblo,

hijo!... Amos, que si no fuera por no darle un susto al juez, esto es

pa irse al Juzgao de guardia, ¡palabra!, que hay que ver la engañifa;

que esto no se hace con unas personas regulares... ¿A usté le parece

bonito?

ANTONIO

Mujer, como bonito...

LEONOR

~(Aterrada y llorosa.)~ Pues sí que me choca esto, porque...

CALIXTA

Más me choca a mí, que te he encargao un trajecito e marinero, y me

encuentro al niño haciendo de miraguano, metío en la funda de una

almohada. ¡Porque hay que ver la birria!

ANTONIO

No, no está tan mal; lo que pasa es que el cuellito...

CALIXTA

¿Pero le llama usté cuellito a esto?... ¡Qué imaginación! Si esto no es

cuellito, hijo; si esto es como si se hubiá echao el niño una manta al

hombro.

LEONOR

¡Qué he hecho yo, Dios mío!

ANTONIO

Mujer, no tanto; usté exagera.

CALIXTA

¿Que exagero?... Fíjese usté en las anclitas; una le pilla en las

narices y la otra en salva sea la parte... Y un bolsillo en el

sobaco... pa guardarse el sudor será... ¡Amos, que esto clama al cielo,

hija!... ¡Habernos echao a perder la tela!... ¿Pero ande ties tú los

ojos?

LEONOR

~(Llorosa.)~ ¡Ay, señora Calixta!...

CALIXTA

¡Qué señora Calixta ni qué narices!... Que si tú no sabes de estas

cosas ¿pa qué te metes?

ANTONIO

No, si la niña sabe.

LEONOR

Sí, señora, yo sé... y no es el primer traje de marinero que hago.

CALIXTA

¡Pero hay que ver la poca vergüenza!... ¿Pues no dice que sabe?...

LEONOR

Y además, lo he cortado con patrón...

ANTONIO

Y ya sabe usté de toda la vida que donde hay patrón...

CALIXTA

Donde hay patrón no se manda este marinero... que es lo que yo digo.

Que fíjense ustés... una manga de pierró... y la otra como si el niño

se hubiá remangao pa hacer morcillas... Y el pantaloncito ídem de

lienzo; es decir, ídem de piqué... y el talle en las corvas... porque

hay que ser francos... ¿Ustés creen que si el niño se presenta así en

la parroquia le dan la primera comunión?... Le dan la primera patada. Y

luego la ocurrencia de haberle puesto en el letrero de la gorrita _El

Terror_. ¡El terror va a ser si lo saco a la calle!...

ANTONIO

¡_El Terror_ es un destróyer, señora!

CALIXTA

El destróyer lo ha sío su hija de usté... ¡Dos metros de tela

perdidos!... ¡No m’ha pasao otra en los años que tengo!... ¡Amos, que

el disgusto es pa morirse!...

LEONOR

¡Por Dios, no lo tome usté así!

CALIXTA

No, si yo no lo tomo. ¡Ni así ni de ninguna manera!... Y ustés verán lo

que hacen, que yo no pierdo el piqué...

ANTONIO

Calma, señora Calixta, calma, que me estoy fijando y esto tiene arreglo.

CALIXTA

¿Cómo arreglo?

ANTONIO

Sí, señora; verá usted... Al niño, el trajecito, bien, bien del todo

no le sienta; ¡pa qué nos vamos a engañar! Ahora, que yo creo que

bajándole de aquí, metiéndole de este lao, sacándole de esta sisa...

CALIXTA

¡Usté quie decir que haciéndole otro, vamos!

ANTONIO

No, no creo yo que sea para tanto. Mira, Leonorcita, fíjate, hija;

a este niño lo que hay que hacer es cortarle el cuello... dame un

cuchi... digo, dame unas tijeras.

LEONOR

~(Se las da.)~ Toma.

ANTONIO

Dame los alfileres. Lo dejo como un figurín, va usté a ver. Verás tú

cómo remetiéndole de esta sisa... ~(Le hace un pliegue, le clava un

alfiler y le pincha.)~

ANICETÍN

~(Dando un grito.)~ ¡¡Ay!!

ANTONIO

Perdona, rico. ~(A la madre y sonriendo.)~ Nada, un ligero

pinchacito... que uno está nervioso... Ahora, iguálale esa pernerita.

LEONOR

Yo creo que así será bastante. ~(Le clava otro alfiler.)~

ANICETÍN

¡Ay! ~(Se lleva la mano a la parte dolorida.)~

ANTONIO

¡Y estrechándole de aquí! ~(Le clava otro.)~

ANICETÍN

~(Huyendo.)~ ¡Ay!... ¡Mamá, que me pinchan!

CALIXTA

¡Bueno, a ver si dejan ustés al chico, no me lo vayan a agujerear

encima!

ANTONIO

¿Y si le cortáramos la pierna?

ANICETÍN

¡Que me quieren cortar la pierna!

CALIXTA

Que no le cortan ustés na, vaya, y no sirven pamplinas. El trajecito

está echao a perder, de modo que m’ha dicho mi marido que le diga a

ustés que se queden con él... ~(Coge al niño y lo empieza a desnudar.)~

ANTONIO

Pero si yo creo que cortándole...

CALIXTA

Que no le corta usté na, hombre, ¡qué empeño! Ahí va la blusita, el

pantalón y la gorra. ~(Se lo tira.)~ ¡El Terror!... ¡Ha sío ocurrencia!

LEONOR

Que se va a acatarrar.

CALIXTA

Está hecho al fresco. Conque busquen ustés otra tela nueva pa esta

tarde, que vendrá mi marido a recogerla; y vengan las seis pesetas

cincuenta céntimos que le he entregao a la niña.

ANTONIO

Pero si yo creo que cortándole...

CALIXTA

Corte usté por donde quiera. Las seis pesetas o doy un escándalo.

ANTONIO

Bueno, pero es que...

CALIXTA

Las seis pesetas o vamos al juzgao; ustés verán.

LEONOR

No, por Dios; papá, dáselas.

ANTONIO

Las seis pesetas no es posible, hija, porque...

CALIXTA

~(Furiosa.)~ ¿Cómo que no es posible?

ANTONIO

Enteras, vamos... porque es que la niña cobró, sabe usté, y claro, la

criatura trajo unos churros para el desayuno y unos pitillos para mí...

y no nos quedan más que cinco ochenta y cinco...

CALIXTA

Pos hay que ver la frescura, hijo... En fin, venga lo que sea, en

dinero y en lo demás... ~(Coge el dinero, los pitillos y los churros.)~

LEONOR

Y se lleva hasta los churros...

CALIXTA

Te paecen pocos churros los que te dejo. Anda, hijo, cómetelos tú...

Eso has sacao. ~(El niño se va comiendo un churro.)~ ¡Conque esta

era la especialidad en primeras comuniones!... ¡Hay que ver!... ¡Se

necesita frescura de niña!... Engañar a la gente de esta manera... ¡qué

desahogo!... En fin, que ustés lo pasen bien.

~(Vanse foro.)~

ANTONIO

~(Casi llorando.)~ ¡Dice que lo pasemos bien, hija mía! ¡Y se lo lleva

todo!

LEONOR

~(Echándose en brazos del padre, anegada en llanto.)~ ¡Ay, papaíto de

mi vida, que yo no sirvo para nada!

ANTONIO

¡No, hija, por Dios, no digas eso, no llores!...

LEONOR

¡No, papaíto, no sirvo para nada!...

ANTONIO

¡No has de servir!... ¡Pues menuda habilidad tienes tú! Lo que hay es

que te falta práctica, costumbre... y claro...

LEONOR

No, papaíto, no, ya lo ves; no sé hacer nada... Yo, que pongo el alma

en todo para que me salga bien y ayudarte... Un día que podíamos comer

a gusto... por culpa mía... ¡qué rabia! ~(Sigue llorando.)~

ANTONIO

~(Hondamente conmovido.)~ Mira, hija mía, no llores... ¡no llores,

porque se me parte el corazón!... Y déjalo... ~(Reaccionando y con gran

energía.)~ Es decir, ¡déjalo, no!... No es posible dejarlo. Esto es

preciso que termine, pero que termine hoy mismo. Pero no eres tú la que

debes trabajar; soy yo, yo el que es necesario que busque, que busque y

que encuentre trabajo, sea como sea y donde sea y lo que sea.

LEONOR

¡Pero si tú lo has intentado todo, papá!... Aún no hace ocho días

viniste a casa... ¡Pobrecito!, muerto de cansancio y con las manos

ensangrentadas por haber querido trabajar en un tajo de la Villa...

ANTONIO

Pero no tuve resistencia. Que uno es blando, que uno es débil. Para los

bajos oficios no tengo fuerza ni temperamento, para los altos no tengo

favor ni suerte...

LEONOR

Desde que perdiste el destino en aquella maldita agencia de negocios,

todo se nos volvió al revés.

ANTONIO

¡Ah! Pero no te apures, hija; todavía me queda un recurso, ¡uno!, y a

él hay que recurrir.

LEONOR

¿Qué recurso, papá?

ANTONIO

¿Te acuerdas, hija, que hace ocho días traía yo todas las noches cinco

pesetas a casa y tú te extrañabas?...

LEONOR

Sí, ¿y de qué eran?

ANTONIO

Pues que me coloqué de anuncio ambulante y por las tardes...

LEONOR

~(Aterrada.)~ ¡Papá!... ¿Tú?...

ANTONIO

Sí, pero no con la cara descubierta, no te asustes; para eso no tenía

valor. Iba metido dentro de una gran botella de cartón que anunciaba el

coñac «Diez Cepas» de la casa Maroto y Compañía.

LEONOR

¿Tú dentro de una botella?

ANTONIO

Sí, pues ahí está, que me duró poco; porque, claro, como yo no había

estado nunca embotellado, una tarde quise atravesar la calle de Alcalá,

me atonté y me dio un golpe una motocicleta.

LEONOR

¡Qué espanto!

ANTONIO

~(Sonriendo.)~ Sí, pero no me hizo nada. Salimos rodando... la botella

quedó vacía, yo derramado por el suelo... nada, un sustillo. Recogí los

cascos, me volví a la Casa anunciadora y, compadecidos, me cambiaron de

anuncio. Y como cosa más a propósito para mí, me dieron un disfraz de

cabezudo.

LEONOR

¿Tú cabezudo?...

ANTONIO

Ahí lo tengo. Lo escondí debajo de la cama para que no lo vieses; pero

hoy, ante la perspectiva de otro día sin pan...

LEONOR

No, papá, de ninguna manera. ¡Tú de cabezudo para que te apedreen los

chicos! ¡No, jamás, nunca!... ¡Prefiero morir de hambre!

ANTONIO

No, hija mía, no insistas; es preciso.

LEONOR

¡No, papá!

ANTONIO

¡Anunciar, barrer las calles, pedir limosna, todo para que tú vivas! Es

mi obligación y debo cumplirla. Déjame.

LEONOR

~(Desesperada, llorosa.)~ ¡No, papaíto, no!

ANTONIO

Déjame. ~(La aparta y entra en su cuarto, puerta izquierda.)~

LEONOR

~(Golpeando la puerta.)~ No, papá, papaíto mío, abre... No te vistas,

que no te dejo... Yo empeñaré mi abrigo... mis zapatos, todo... Abre,

que no te dejo...

ANTONIO

~(Abre y sale con un disfraz de cabezudo, que consiste en una gorda

y ridicula cabeza de un señor molletudo y sonriente, con un monóculo

y sombrero de paja, ladeado, guiñando un ojo, con el pelo rizado.

Lleva un gran batín gris en forma de gabán de trabilla. En la mano,

un cartelón sujeto a un palo con un anuncio que dice: «Coñac Diez

Cepas. El rey de la alegría. Maroto Hermanos, cosecheros. Jerez de la

Frontera. Sucursal, Carmen, 119. Madrid.»)~ Ya ves que no se me conoce.

¡Déjame, hija mía, déjame!... ~(Intenta irse.)~

LEONOR

~(Le detiene.)~ ¡Ay, qué horror! ¡Ay, no!... ¡Ay, no, papá!... ¡No

quiero verte en esa vergüenza tan ridicula!... ¡No, no sales! ¡Quítate

eso!

ANTONIO

No hay otro remedio: déjame, hija mía. ¡No puedo dejarte morir!

LEONOR

~(Llorando.)~ ¡No, por Dios, papá; quítate eso, de rodillas te lo

pido! ~(Se arrodilla y se coge a sus pies.)~ Que no quiero verte así.

¡Quítatelo!

ESCENA VIII

DICHOS y MARCOS, puerta foro.

MARCOS

~(Asombrado. En la puerta.)~ ¡Mi señora madre!

LEONOR

~(Llorando.)~ ¡Ay, Marcos de mi alma!

MARCOS

¡Tú de rodillas ante un cabezudo! ¿Pero qué es esto?

LEONOR

Dile que no se vaya.

MARCOS

¿Pero quién es? ~(Le golpea con los nudillos la cabeza.)~

ANTONIO

Soy yo, Marquitos.

MARCOS

~(Insiste.)~ ¿Pero quién es?

LEONOR

No des muy fuerte, que es papá.

MARCOS

¡Tu padre!... ¡Pero don Antonio!... ¿Pero qué hace usted ahí dentro y

con monocle?

ANTONIO

Lee y te lo explicarás. ~(Le muestra el cartelón.)~

MARCOS

«¡El rey de la alegría!»... ¿Pero esto es una broma?

ANTONIO

Es un coñac.

LEONOR

¡Que quiere salir de anuncio con esa facha para ganarse cinco

pesetas!... ¡Figúrate!...

MARCOS

~(Con energía y conmovido.)~ De ninguna forma, don Antonio. ¡Don

Antonio, dispense usted que le quite la cabeza! ~(Intenta quitársela.)~

ANTONIO

¡No, Marquitos!... ~(Luchan.)~ ¡No me la quites, por tu madre!

MARCOS

~(Se la quita al fin.)~ Sí, señor... y mientras Marcos Govianes taconee

en el asfaltao terrestre, usté no se rebaja a cartelera, don Antonio.

Usté es un caballero.

LEONOR

Tiene razón.

MARCOS

Usté no ha nacío pa esto. Y se lo digo a usté con too respeto, don

Antonio, que en cuanto yo le vuelva a usté a ver así, le rompo la

cabeza.

LEONOR

Pero después de quitársela.

MARCOS

Claro, mujer, no voy a ser tan arrebatado.

ANTONIO

~(Desnudándose.)~ ¿Pero qué hacemos, Marquitos, qué hacemos? Porque tú

me quitas la cabeza porque no sabes la situación en que estamos.

MARCOS

¡No voy a saberla, hombre! Y lo que yo siento es haber estao tres meses

en huelga, que si no, ¿de dónde iban ustés a pasar las fatigas que

pasan?... ¡Que pasamos!... Que uno de verlo también se repudre y se le

enternece a uno hasta el filete que s’ha comido, que ya es enternecer.

Cuando yo veo que la meta e los días toman ustés el chocolate con la

imaginación... ¡Vamos, es que!...

ANTONIO

Sí, pero es que la de hoy es una situación desesperada, Marcos,

horrorosa... ¡Insostenible!

MARCOS

¿Pues qué pasa hoy?

LEONOR

Que le he hecho un trajecito al hijo de la señora Calixta, pero como

me ha salido mal, después de haberme pagado se ha vuelto a llevar los

cuartos y nos hemos quedado sin nada.

MARCOS

¡Atiza!... ¿Pero le has hecho tú ese trajecito de marinero que

llevaba?...

LEONOR

Yo.

MARCOS

¡Mi madre! Pues he metío la pata, porque en cuanto le hemos visto de

pasar nos hemos muerto de risa y le hemos achagao con cacahuetes,

creyendo que era un mono...

ANTONIO

Y por si no bastaba el no tener que comer, ha venido el señor Társilo a

cobrar los cuatro recibos que le debemos, y me ha puesto como un trapo,

y hasta me ha amenazao...

MARCOS

¿Amenazarle a usté?... ¡Qué tío ladrón! ~(El señor Társilo se asoma a

la ventana.)~

LEONOR

Cuando yo llegué quedé aterrada; creí que le pegaba a papá... Estaba

así, con el puño en alto...

MARCOS

Claro, ese tío sinvergüenza abusa de que ha encontrado dos personas

indefensas, que si estoy yo aquí, de dónde se atreve ese bocazas...

TÁRSILO

~(Asomándose a La ventana del foro.)~ He procedido como he procedido...

MARCOS

¡Mi madre!

TÁRSILO

Porque he encontrao dos personas indefensas. Si te llego a encontrar a

ti, a estas horas está la habitación llena de plumas... de gallina.

MARCOS

Señor Társilo, a un servidor no le pelan más que los sábados y en la

barbería...

TÁRSILO

Pues aguárdate, que dentro de diez minutos vuelvo a ponerles los

trastos en la calle, y si estás aquí, de paso te descañono, ¡por estas!

¡So niñera! ~(Desaparece.)~

MARCOS

¿Está usté oyendo?

ANTONIO

¡Que abusa de que ha encontrao tres personas indefensas!

MARCOS

~(Se va a un rincón y coge una tranca.)~ Bueno, esto...

LEONOR

~(Deteniéndole.)~ ¿Qué vas a hacer?

MARCOS

Quitar esto de la vista... porque como ha dicho que vuelve y sé lo

bruto que es... ~(Lo esconde.)~

ANTONIO

Pues ya lo estás viendo. Esta es la situación. Conque ¿qué me

aconsejas, Marquitos, qué me aconsejas, tú que algunos ratos discurres?

MARCOS

¿Y usté por qué no mira entre sus amigos a ver si pue usté meter la

cabeza en un escritorio u pa llevar cuentas u algo así?

ANTONIO

¡Ay, Marquitos! En estos cuatro meses de miseria nada me queda que

solicitar... ¡nada!

LEONOR

~(Con cierta cortedad.)~ Pues yo, papá, no quería decírtelo por si te

disgustaba, pero como una ya no sabe qué hacer, ayer hice yo una cosa

que no sé si te agradará.

ANTONIO

¿Qué hiciste, hija?

LEONOR

A Marcos tampoco se lo quise decir, porque...

MARCOS

Oye, Leo, ¿pero qué has hecho?...

LEONOR

Es que... como lo hice sin permiso...

ANTONIO

Dilo, por Dios, que nos tienes soliviantados, hija.

LEONOR

Pues nada, que aunque hace mucho tiempo que no le vemos, le escribí a

don Mariano, a mi padrino, contándole nuestra miseria y diciéndole si

él sabía de algún sitio donde tú o yo pudiésemos trabajar.

ANTONIO

~(Gesto de indiferencia.)~ ¡Bah! ¡Pedirle trabajo a Mariano! ¡Qué va a

saber él de trabajo, si no ha trabajado en su vida!

MARCOS

¿Pero es amigo de usted ese señor?

ANTONIO

Eso sí, desde niños. Ya ves, es padrino de esta. Y nos hemos querido

siempre fraternalmente. Pero él tenía una cabeza algo ligera; tomó

otros rumbos. Se dio a la vida alegre... Bullangas, juergas, qué sé yo.

Y por eso es el único amigo a quien nunca se me ha ocurrido pedirle

nada.

~(Llaman a la puerta.)~

LEONOR

~(Asustada.)~ ¡Ay, han llamado otra vez!

ANTONIO

¡Será el señor Társilo!...

MARCOS

~(Medroso.)~ ¡Caray!... Pues sí que sentiría yo, porque me pilla en

casa ajena, y la prudencia...

ANTONIO

Mira a ver, hija.

LEONOR

~(Que ha mirado con cierta precaución, sin abrir se vuelve, llena de

estupor.)~ ¡Ay, papá!

ANTONIO

~(Con ansiedad.)~ ¿Quién es?

LEONOR

¡Ay, papaíto!

MARCOS

¿Pero qué te pasa?

LEONOR

~(Alegre.)~ ¿A que no sabes quién es, papá?

ANTONIO

¿Quién?

LEONOR

¡Don Mariano!... ¡Mi padrino!

ANTONIO

¡Mariano aquí! ¿Es posible?

MARCOS

¡Y nombrándole!... Paece cosa de milagro.

ANTONIO

¿Habrás estado acertada, hija?

LEONOR

De seguro, porque cuando ha venido tan pronto...

ANTONIO

Abre a ver...

LEONOR

~(Abre.)~ Adelante, padrino.

ESCENA IX

DICHOS y DON MARIANO, foro.

MARIANO

~(Entrando.)~ ¡Chiquita!... ¡Mi madre!... ¡Pues no has crecío

ni naa!... Ven que te vea. Bueno, que l’hacen a uno viejo estas

chiquillas, pero que al trote largo. ¡Antoñito!... ¡A mis brazos, salao!

ANTONIO

¡Mariano! ~(Se abrazan efusivamente.)~

MARIANO

¡No te quiero yo naa!... ¡Maldita sea! Bueno, ¿y qué es de vuestra

vida, buen mozo?

ANTONIO

Si le llamas vida a esto, ya puedes figurártelo, Mariano.

MARIANO

~(Mirando la habitación.)~ Sí, ya veo... Y ya m’ha dicho la chica...

¡Tropelías del destino, Antonio! Pero, en fin, aquí estoy yo. No hay

que apurarse. No siendo la muerte, de too se sale. Yo debía haber venío

antes, que os quiero chipén, y no os tengo olvidaos; que no me acuesto

una noche, la noche que me acuesto, que no m’acuerde de vosotros, por

mi salú. Sino que este Madriz arruga los días; el tiempo s’achica y no

tiene uno una hora pa naa. Y menos con la vida, de uno, que siempre

pa arriba y pa abajo y jaleos y berenjenales... que ya lo sabes tú.

En fin... bueno, chiquilla, que estás mu monísima... Algo de mal

colorcito, pero eso ya, se remediará, que las cosas van a cambiar.

ANTONIO

¿Qué dices?...

MARIANO

¿Y este joven?

ANTONIO

Un vecino y amigo. Buen muchacho.

MARIANO

~(Dándole la mano.)~ De eso tiene cara. ¿Impresor?

MARCOS

Estuchista.

MARIANO

Pues ya te daré yo una alhaja pa que la hagas un estuche... ~(Mira

a Leonor.)~ Y no te pongas coloraba, que no eres tú la alhaja, ni

muchísimo menos. ~(A Marcos.)~ ¿Vives aquí?

MARCOS

En el pasillo d’arriba, en el quince.

MARIANO

Hombre, ¡el quince!, la niña bonita. Mu bien. No te mudes. ~(A Leonor.

)~ Le digo que no se mude.

LEONOR

¡Qué cosas tiene usté!

MARIANO

¿Yo?... Tú serás la que las tengas, ¿verdad, pollo?

MARCOS

¡Hombre!

MARIANO

~(Abrazándole.)~ En fin, estuchista, que desde la presente te quiero

como cosa nuestra.

MARCOS

Gracias, don Mariano; es usté muy simpático.

MARIANO

Naa, hijo, que no tiene uno desalquilao el prencipal izquierda. Yo

también tengo una chiquilla, un capullito de rosa, no despreciando a

nadie, y ella... ¡pos también tie otro sinvergüenza! Naa, Antoñito;

esta juventú, que como está encargá de la confeción d’agüelos, ¡pues

se quie dar una prisa loca! ¿Y qué le vas a hacer?... Lo que yo digo:

«Arrear y alante, y ¡viva la vida!»... Y naa más. ¡Ah, bueno, y ya

habrás visto, nena, que ayer me escribiste y m’ha faltao tiempo!

LEONOR

Ya, ya... Muchas gracias, padrino.

MARIANO

~(Con cierta solemnidad.)~ Y que os traigo... os traigo una buena

noticia.

ANTONIO

¿De veras?

MARIANO

Al menos, eso me figuro.

LEONOR

¿Y qué es, qué es, padrino?

MARIANO

¿Tú no me decías que buscase una coloración pa tu padre? ¡Pues se la he

buscao!

ANTONIO

¡Ay, Mariano! ~(En el colmo de la alegría.)~ ¿Qué dices?

LEONOR

¿Pero es posible?

MARIANO

Chipén.

LEONOR

¡Ay, bendito sea usté!

MARCOS

~(Abrazándole.)~ ¡Usté es Dios, don Mariano!

ANTONIO

¿Pero no me engañas, Mariano?

MARIANO

No soy ningún atropellao, Antonio.

ANTONIO

¿Y es cosa inmediata?

MARIANO

De mañana mismo, si quieres.

ANTONIO

¡Cómo que si quiero!... ¡Ay, Mariano, deja que te abrace! ~(Se abrazan

todos.)~

LEONOR

¡Bendita sea su vida!

ANTONIO

~(Bailando con loca alegría.)~ ¡Larán, larán, larán!... ¡¡Yo colocao!!

¡¡Ya estoy colocao!!

MARCOS

¡Bueno; la paellaza en la Bombi va a ser como pa costernar a un

gallinero! ~(Baila.)~ ¡Colocao!

ANTONIO

¡Ay, hija de mi alma! Al fin nos vamos a tutear con los filetes.

MARCOS

¡Cómo tutear!... ¡Desde mañana, las cuarenta en garbanzos y veinte en

tocino... y arrastrando de ensalaíta, naa más!

ANTONIO

Bueno, y vengan pormenores. ¿Es una oficina, Mariano?

MARIANO

No.

LEONOR

¿De cobrador?

MARIANO

No es cosa de callejeo.

MARCOS

¿Vigilante?

MARIANO

Algo de eso, sin ser eso. La cosa no es ninguna ganga, no quiero

engañarte, Antonio. Pagan bien, pero hay que ganarlo.

ANTONIO

A mí el trabajo no me asusta.

MARIANO

No es cosa de trabajo.

ANTONIO

¿Que no?... ¿Entonces qué es?

MARIANO

Os voy a sacar de dudas. De lo que yo puedo colocarte, hoy mismo si

quieres, es de inspector de sala en la casa de Andorra.

ANTONIO

~(Con cierta perplejidad.)~ ¿Inspector de qué?...

MARCOS

¿En la casa de Andorra?

LEONOR

¿Y qué es eso?

MARIANO

Pues nada, un círculo de recreo... Inspector de sala de un círculo de

recreo.

ANTONIO

~(Con decepción.)~ ¡Mi madre!

MARIANO

De recreos mayores, vamos. Donde se... ~(Se moja el dedo índice y sobre

la palma de la mano golpea como pasando cartas.)~

ANTONIO

Ya, ya... ¿Y yo?...

MARIANO

El contratista de juego es un íntimo mío, Paco el Maluenda; hombre

serio y formal en estos negocios, y el otro día, hablando, me dijo que

necesitaba un hombre, un hombre de agallas...

LEONOR

¿De qué?...

ANTONIO

De agallas, hija.

MARIANO

Es una casa algo castigadilla por tahúres y barateros, y hay que

limpiar aquello; ya comprenderás... Y yo me he acordao de ti.

ANTONIO

Te has acordao de mí pa limpiar...

LEONOR

¿Limpiar mi papá?

MARIANO

La chica me pidió una cosa a la desesperá, fuese lo que fuese, porque

os estáis muriendo de hambre. Yo os hubiera querido traer la gloria,

pero no he podido más que esto. Si sirve, sirve, y si no...

ANTONIO

Sí; pero yo en una casa de juego, entre matones, para tenerlos a

raya... Bueno, Mariano; esto ha sido buscarme una colocación, pero

en la estantería de una Sacramental... porque ni mi carácter, ni mis

chichas...

MARIANO

¡Por Dios, Antonio, no seas apocao, que os va a matar la miseria en

un rincón a tu hija y a ti! Hay que tener bríos; hazlo siquiera por

ella... Hay que lanzarse al mundo, tener acción, pegarle dos patás al

hambre, tener gana de vivir. Cuando la vida vuelve la espalda, se la

pone de cara a bofetás, a bocaos, ¡como sea!

ANTONIO

Sí, lo comprendo. Pero es que yo...

MARIANO

Y te advierto que salíais d’apuros, porque dan mil pesetas mensuales.

ANTONIO

~(En el colmo del asombro y de la exaltación.)~ ¿Qué?... ¡¡Qué has

dicho!!... ¿Mil pesetas?...

MARIANO

¡Mil! Y si ties empuje y suerte, pue que más.

ANTONIO

¡¡Más!!... ¡¡Yo mil pesetas!!... ¡Uno... dos... cinco... cerca de siete

duros diarios!... ¡Voy, Mariano, voy!

MARIANO

Bien hecho.

ANTONIO

¡Mil pesetas!... Voy, sea como sea.

LEONOR

No, papá...

ANTONIO

~(Exaltado.)~ ¡Voy!

MARCOS

Pero don Antonio...

ANTONIO

~(Gritando.)~ Voy he dicho. No contradecirme. Ahora, que quizá no me

admitan, porque como yo tengo este aspecto así...

MARIANO

Está previsto. Le he dicho al Maluenda que de figura, eres poquita

cosa, pero que ties un valor frío, que hielas la sangre.

ANTONIO

¿Que hielo yo?...

MARIANO

Y que ni en la bronca más terrible se te oye la voz.

ANTONIO

¡A mí qué se me va a oír en las broncas!

MARIANO

Y que, siempre correzto y bien educao, con la mayor finura le metes al

tío de más fachenda una cuarta de acero en el estómago... por lo cual

le he dicho que te llaman Antonio Jiménez «el Modoso».

ANTONIO

¡El Modoso!... ¿Yo el Modoso?... Y una cuarta de... ~(Hace gestos como

de contraer el estómago.)~ ¡Ay, que me da frío!

LEONOR

¡Mi papá con mote!

ANTONIO

Pues nada, Mariano, sea lo que Dios quiera; voy.

LEONOR

No, papá.

ANTONIO

Voy.

MARCOS

Pero don Antonio, que con las chichas de usté, si le dan un cate...

ANTONIO

Voy he dicho. Y no contradecirme, ¡vaya!... ~(Los asusta con su

energía.)~ Bueno, Mariano, ¿y desde cuándo podría yo cobrar? ~(Lo ha

llevado aparte.)~

MARIANO

Desde en seguida, verás. Yo, por lo pronto, te voy a dejar cinco duros.

Toma. ~(Se los da.)~

ANTONIO

~(Se los guarda.)~ Gracias.

MARIANO

Coméis hoy, te arreglas y a las tres te espero yo, con Paco el

Maluenda, en la calle de Sevilla.

ANTONIO

Muy bien.

MARIANO

Te presento, habláis, nos vamos a la casa de Andorra, te darán tu

smoking.

ANTONIO

¿Smoking?... ¿De modo que eso de la cuarta hay que hacerlo de

etiqueta? ~(Acción de dar un navajazo.)~

MARIANO

Es lo obligao. Empiezas tu servicio a la noche, y si te arreglas, te

darán hoy mismo el dinero, porque pagan adelantao.

ANTONIO

¿Adelantao?... Ni una palabra más.

MARIANO

Yo te ilustraré de too. Estoy allí de cajero.

ANTONIO

Bueno; oye, tú, ¿y qué clase de tipos son los que?...

MARIANO

Naa, hombre; too es tomarle el aire a la cosa.

ANTONIO

¿El aire?

MARIANO

El peorcito es uno que le llaman «el Ciclón».

ANTONIO

¿El Ciclón?... ¿Y dices que tomarle el aire?...

MARIANO

Y si me crees a mí, pocas palabras, dos tiros a tiempo y te haces el

amo.

ANTONIO

¿Dos tiros a tiempo y el amo?...

MARIANO

A propósito... ~(Le enseña una pistola discretamente.)~ Tú no tendrás...

ANTONIO

No, no tengo...

Es mi hombre: Tragedia grotesca en tres actos · 第 1 / 5 段