CUENTO DE NAVIDAD

I

Cesó de quejarse la pobrecita; movió la cabeza, fijando los tristes ojos

en las personas que rodeaban su lecho; extinguióse poco á poco su

aliento, y expiró. El Ángel de la Guarda, dando un suspiro, alzó el

vuelo y se fué.

La infeliz madre no creía tanta desventura; pero el lindísimo rostro de

Celinina se fué poniendo amarillo y diáfano como cera; enfriáronse sus

miembros, y quedó rígida y dura como el cuerpo de una muñeca. Entonces

llevaron fuera de la alcoba á la madre, al padre y á los más inmediatos

parientes, y dos ó tres amigas y las criadas se ocuparon en cumplir el

último deber con la pobre niña muerta.

La vistieron con riquísimo traje de batista, la falda blanca y ligera

como una nube, toda llena de encajes y rizos que la asemejaban á espuma.

Pusiéronle los zapatos, blancos también y apenas ligeramente gastada la

suela, señal de haber dado pocos pasos, y después tejieron, con sus

admirables cabellos de color castaño obscuro, graciosas trenzas

enlazadas con cintas azules. Buscaron flores naturales; mas no

hallándolas, por ser tan impropia de ellas la estación, tejieron una

linda corona con flores de tela, escogiendo las más bonitas y las que

más se parecían á verdaderas rosas frescas traídas del jardín.

Un hombre antipático trajo una caja algo mayor que la de un violín,

forrada de seda azul con galones de plata, y por dentro guarnecida de

raso blanco. Colocaron dentro á Celinina, sosteniendo su cabeza en

preciosa y blanda almohada, para que no estuviese en postura violenta, y

después que la acomodaron bien en su fúnebre lecho, cruzaron sus

manecitas, atándolas con una cinta, y entre ellas pusiéronle un ramo de

rosas blancas, tan hábilmente hechas por el artista, que parecían hijas

del mismo Abril.

Luego las mujeres aquellas cubrieron de vistosos paños una mesa,

arreglándola como un altar, y sobre ella fué colocada la caja. En breve

tiempo armaron unos al modo de doseles de iglesia, con ricas cortinas

blancas, que se recogían gallardamente á un lado y otro; trajeron de

otras piezas cantidad de santos é imágenes, que ordenadamente

distribuyeron sobre el altar, como formando la corte funeraria del ángel

difunto, y, sin pérdida de tiempo, encendieron algunas docenas de luces

en los grandes candelabros de la sala, los cuales, en torno á Celinina,

derramaban tristísimas claridades. Después de besar repetidas veces las

heladas mejillas de la pobre niña, dieron por terminada su piadosa obra.

Torquemada en la hoguera · 第 22 / 64 题