QUEJAS DE UNA ADEPTA DE NOCEDAL Y REFLEXIONES DE UN CORRELIGIONARIO
DE RUIZ ZORRILLA
Las ideas políticas se han apoderado de todos los cerebros y han
invadido todas las conciencias. En otros tiempos, no sé si más
venturosos ó menos desdichados que los presentes, sólo los actores
que tomaban parte en la representación de la comedia política se
interesaban verdaderamente por ella, ó mejor dicho, por ellos mismos;
pero el público que presenciaba el espectáculo apenas le prestaba
atención pasajera; y lo que es la multitud que llenaba el mundo, ni
sabía la existencia del teatro, ni conocía á los actores, ni acertaba
á deletrear el título de la comedia.
Como la piedra lanzada á un lago lleva hasta el último límite de
su superficie los círculos de sus ondas; como el sonido atraviesa
las capas atmosféricas repercutiéndose en las ondas sonoras hasta
el infinito inapreciable á muchos oídos, llegaban al pueblo los
acontecimientos políticos. Sentía el movimiento, percibía el sonido,
pero ignoraba por completo la piedra que causaba el primero ó el ¡ay!
que producía el segundo.
La Revolución francesa al declarar los derechos del hombre, haciendo
á éste partícipe consciente de la vida de la humanidad, como el
Nuevo Testamento le había antes dado equitativa participación en la
vida eterna, hizo á todos los humanos actores del drama político, de
la comedia social, del sainete de costumbres y aun de la tragedia
religiosa: _Uno para todos y todos para uno_ es el lema moderno;
socialismo práctico más infalible, más inevitable y más eterno que
todos los sistemas teóricos de Prudhones y Smithes presentes y
futuros.
La nueva ley social necesitaba un Nuevo Testamento, y ese Nuevo
Testamento de la nueva ley social fué la _prensa periódica_. Por
ella es hoy el hombre _ente social_, y _factor político_, y _miembro
científico_ y parte integrante del todo humano.
El periódico, que ahorra el libro, por ser la síntesis pública é
impresa de todos los libros; que da diariamente impresa la opinión
ya concreta y condensada sobre todos los hechos, todas las ideas y
todos los sistemas políticos, científicos, artísticos, literarios,
morales, filosóficos y sociales; que ahorra el estudio, el tiempo,
el trabajo intelectual previo para entender de todo, hablar de todo
y juzgar de todo, es hoy, no ya la palanca de la idea, sino la idea
misma, asequible por igual á todos los criterios y á todas las
inteligencias.
Si la invención de la moneda ha hecho fácil y práctico para la gran
masa humana el _pan nuestro_ de cada día indispensable para el
cuerpo, así la invención de la prensa periódica ha dado al mundo
el _pan nuestro_ de cada día para satisfacer las necesidades del
espíritu.
Y como la eterna ley del progreso más se refiere al espíritu que á
la materia; como la humanidad, al irse modificando á través de la
historia y de las vicisitudes del planeta terrestre, ha modificado
su esencia moral, sin alterar en nada su estructura física, puesto
que el hombre y la mujer tienen hoy los mismos órganos, las mismas
funciones fisiológicas y las mismas formas externas que Adán y
Eva, sus primeros padres, claro es que la necesidad del _pan_ es
igual para todos los estómagos humanos, como lo ha sido desde el
pecado original, variando sólo según los progresos del espíritu las
necesidades de éste.
Por eso durante muchos siglos el hombre resumió sus aspiraciones
gritando en todos los tonos: _Pan y palo_.
Por eso los españoles gritaban en los albores del gran siglo XIX,
como resumen de todos sus goces: _Pan y toros_.
Por eso, sin gritarlo, pero sintiéndolo en todos sus actos, en todos
sus juicios y en todos sus deseos, el hombre moderno pide para vivir,
como únicos factores de su existencia: _Pan y periódico_.
Siento corrérseme por los puntos de la pluma el deseo de hacer un
estudio monográfico del periodismo, pero como otros ingenios más
peritos que el mío en la materia lo han de hacer de seguro alguna
vez, y como, después de todo, para mi novela sólo hacen falta algunas
reflexiones que indiquen la importancia del periódico en la vida
social moderna, me contentaré con aquellas que, por ser pocas y venir
á cuento, no han de parecer extravagantes ni inoportunas en mi relato.
El hombre es eminente y fatalmente holgazán. Como se le dió hecho el
mundo, lo tomó á beneficio de inventario, y así toma siempre todo lo
que le dan hecho: la religión, las leyes, las costumbres y hasta las
modas. Como rezan todos, así reza; como le mandan todos, así obedece;
como lo quieren todos, así se viste. Si no fuera por las excepciones
de esta regla general, por los cuatro ó seis hombres que en el
transcurso de cada siglo dan un empujón, ó una sacudida, al mundo
moral donde vegetan mil millones de seres humanos, él viviría hoy,
como al principio del mundo, en paños menores, tumbado á la bartola
debajo de las encinas y alimentándose de las bellotas que por su
propio peso y buscando el centro de gravedad le cayeran en la boca,
con cáscara y todo.