IX.

Ya el ejército domina

una encumbrada colina,

y al fin al contrario ve

sobre la encantada tierra,

que de Elvira la alta sierra

se tiende fértil al pié.

Y ya venciendo á la aurora

puro el sol las cumbres dora,

y á su roja ardiente luz

reflejan centellas puras,

las brillantes armaduras

del Profeta y de la cruz.

Ambas huestes se hostilizan,

llegan, chocan, se encarnizan,

tras el potente embestir,

y el eco va retumbando

de monte en monte lanzando

el fragoroso reñir.

Arde la fuerte bombarda,

y allí, donde no se aguarda,

va su disparo á caer,

y al trueno espantable y fuerte

un alarido de muerte

viene horrible á responder.

El infierno del amor: leyenda fantastica · 第 32 / 40 题