En una calle
que tortuosa
con sus aleros
la luz estorba;
medrosa y lúgubre
cuando las sombras
de la alta noche
la envuelven lóbregas,
calle que llaman
de la Almanzora,
en la opulenta
rica paloma
de las ciudades,
que el nombre roba
á la Granada
que la blasona,
hay una casa,
que hoy se desploma,
cuyas paredes
el viento azota,
la lluvia inunda
y el sol empolva;
abandonada
se desmorona,
los jaramagos
en ella brotan
y entre ruinas
doliente asoma
el arco bello
que un tiempo alcoba
fué de la linda
Leila la Horra.