Agua, fuego, lodo. Quiméricas nubes de maravilla que dormís sepultadas
por una venganza de la Naturaleza; ciudades en que florecieron los siete
pecados, en que las manos bíblicas trazaron sus misteriosos conjuros y
las voces de los Profetas fulminaron anatemas; ciudades de pecado y de
abominación en que las cortesanas bailaron desnudas en los templos y las
reinas se prostituyeron a los mercenarios; ciudades de leyenda en que
reinó la Lujuria, en que los apóstoles fueron lapidados y la hija del
Rey de Is evocó al Demonio. Los hombres os han hecho salir a la
superficie, han arrancado la lava que el cielo escupió sobre vosotras, y
cínicas, desnudas en vuestra liviandad, vais surgiendo en los lúbricos
frescos de vuestros lupanares y en los libertinos mosaicos de vuestros
baños patricios. Algunas veces, en las estancias recatadas de una
habitación, surge una momia en un espasmo de lubricidad grotesca.
Y su gesto es el mismo gesto de siempre.
Y el Demonio ha vuelto a reinar sobre la Tierra.