Recuérdame aquellos cielos,
Y aquellas dulces auroras,
Y aquellas verdes campiñas,
Y el arrullo de sus tórtolas;
Y aquellos lagos, y aquellas
Montañas que al cielo tocan,
Todas llenas de perfumes,
Vestidas de flores todas,
Donde Dios abre su mano
Y sus tesoros agota;
Mas ¡ay!, como me recuerda
También que hay allí quien dobla,
En medio de la abundancia,
Al hambre la frente torva,
_No acierto á deciros_
_Si canta ó si llora_.