Las páginas de este libro han sido escritas a medida que he ido
recorriendo los países a que se refieren. No tengo por lo tanto la
pretensión de presentar una obra rigurosamente sujeta a un plan de
unidad, sino una sucesión de cuadros tomados en el momento de reflejarse
en mi espíritu por la impresión. Habiéndome el gobierno de mi país hecho
el honor de nombrarme su representante cerca de los de Colombia y
Venezuela, pensé que una simple narración de mi viaje ofrecería algún
interés a los lectores americanos, más al cabo generalmente de lo que
sucede en cualquier rincón de Europa, que de los acontecimientos que se
desenvuelven en las capitales de la América española. Puedo hoy asegurar
que las molestias y sufrimientos del viaje han sido compensados con
usura por los admirables panoramas que me ha sido dado contemplar, así
como por los puros goces intelectuales que he encontrado en el seno de
sociedades cultas e ilustradas, a las que el aislamiento material a que
las condena la naturaleza del suelo que habitan, las impulsa a aplicar
toda su actividad al levantamiento del espíritu.
He procurado contar y contar ligeramente; pienso que un libro de viajes
debe marchar con paso igual y suelto, sin bagajes pesados, con buen
humor para contrarrestar las inevitables molestias de la travesía, con
cultura, porque se trata de hablar de aquéllos que nos dieron
hospitalidad, y, sobre todo, sin más luz fija, sin más guía que la
verdad. Cuando la pintura exacta de ciertas cosas me ha sido imposible
por altísimas consideraciones que tocan a la delicadeza, he preferido
omitir los hechos antes que arreglarlos a las exigencias de mi
situación. Rara vez se me ha ofrecido ese caso; por el contrario, ha
sido con vivo placer cómo he llenado estas páginas que me recordarán
siempre una época que por tantos motivos ha determinado una transición
definitiva de mi vida.
En esta reedición, única que se ha hecho desde la publicación de _En
viaje_, en 1883, se ha suprimido bastante en los primeros capítulos, de
los que sólo se han conservado algunos contornos trazados al pasar, que,
como los de Gambetta, Gladstone y Renán, pueden interesar aún. El autor
no ha agregado _una sola palabra_ a su primera redacción. El lector
podrá ver así si el tiempo ha sancionado o corregido los juicios que los
hombres y las cosas de aquel tiempo y en aquella parte de América
sugirieron al autor.
Diciembre, 1903.