Comienza mientras tanto la representación de la tragedia. Primero

aparecen Clitemnestra é Ifigenia, que ha llegado á Aulis á caballo, y

con pomposa ostentación se dirigen al lugar en donde Agamenón las

espera. La pieza (sobre cuya representación no se dan más pormenores),

es grandemente aplaudida. Al acabarse, pregunta Pinciano si es esencial

á la tragedia que termine desgraciadamente, ó si su fin puede ser feliz;

pero como la función ha sido larga y urge á los amigos dedicarse á sus

negocios, aplazan este debate para otro día, y se separan al salir del

teatro[316].

Hasta aquí López el Pinciano. Para conocer más minuciosamente el estado

de los teatros, de que habla, conviene retroceder al año de 1579. Los

repertorios de los de Madrid de la misma época, según todas las

apariencias, eran bastante pobres. Es de presumir, que las obras de

Malara y de su escuela no formaron parte de ellos, y que las de La

Cueva, Artieda y Virués, no se representaron sino después de muchos años

de haber figurado en los de Sevilla y Valencia, no haciéndose mención

alguna, antes del año de 1580, de poetas naturales de Madrid ó de su

territorio, que surtiesen los teatros de la capital con piezas suyas.

Cada día, sin embargo, se hace sentir más la necesidad de aumentar el

repertorio de los teatros madrileños, creciendo rápidamente la corte en

población y bienestar; la afición á este linaje de espectáculos, mayor

también cada día, contribuyó no poco á ello; y por último, lo que es más

importante, y lo que exigió más enérgicamente la satisfacción de ese

placer, fué el estrecho lazo que unía á los teatros con ciertos

establecimientos benéficos, casi convirtiendo la asistencia á estos

espectáculos en un deber religioso. Al paso que Madrid se elevaba al

primer rango entre las ciudades de España, ofrecía también á las

compañías de cómicos mayores atractivos para permanecer en ella, y como

consecuencia de esto, pedía un repertorio más completo que el que

llevaban en su vida errante, puesto que cuanto más numerosas y nuevas

eran las obras dramáticas, más considerables eran también los ingresos

en la caja de los directores y de los hospitales. Faltándoles obras

poéticas útiles y medios para escribirlas, debieron los actores,

imitando en esto el ejemplo que antes les diera Lope de Rueda, salir por

sí mismos del apuro. Muchos otros nombres de poetas cómicos y de actores

podemos añadir á los citados antes. En todo lo relativo al aparato

escénico, nadie era tan competente como ellos: gran lujo en los

vestidos, decoraciones bellas y cuanto realza el brillo de estos

espectáculos, era muy atendido en sus composiciones. Tanto se había

perfeccionado esta parte de las representaciones escénicas, que, según

dice Rojas, hacia el año 1580 se vieron comedias con apariciones

milagrosas, sorprendentes juegos de maquinaria, estrépito guerrero y

hasta caballos en las tablas. En vez de cantar un romance una sola

persona, como antes se hacía, lo cantaron tres ó cuatro; trajes de

terciopelo y calzas de seda no faltaban ya en ningún guardarropa, y en

lugar de los muchachos, que antes representaban los papeles de mujeres,

salían actrices al escenario, llevando perlas y cadenas de oro, y muchas

veces en traje de hombres. Al entretenimiento y solaz del público se

había provisto suficientemente, aunque no tanto, al parecer, á la

satisfacción de las necesidades del arte. No es sensato, sin embargo,

convertir en certeza tales dudas, puesto que ya no existen las

producciones en que pudiéramos fundarnos[317]; mas no se afirmará que la

degeneración del arte no se anuncie ya en estos nimios cuidados que se

consagran á recrear los sentidos, y hasta la circunstancia de que

ninguno de esos trabajos literarios haya durado hasta nuestros días,

parece confirmar que el mérito de casi todas ellas no era

extraordinario. Si es lícito abandonarse á conjeturas, diremos de estos

adelantos escénicos lo que de los argumentos de La Cueva, cuando nos

fijamos en sus groseros efectos, y los miramos como un esqueleto

desprovisto de las galas brillantes que lo adornan.

El decenio de 1580 á 1590, en cuyo principio comenzó á aumentarse la

importancia del teatro de Madrid, al contrario de lo que sucedía á los

de Valencia y Sevilla, no concluyó sin haberlo mejorado bastante. Acaso

fué debido á los dramas de La Cueva ó de Artieda, que hubieron de llegar

á él por conducto de las compañías errantes, y luego á Cervantes y

Argensola el más viejo, los dos poetas que estuvieron en más íntimo

contacto con los teatros de Madrid. Á sus dos nombres se asocia cuanto

tuvo valor literario en este decenio, y la transición del estilo

dramático, mecánico y grosero, á su perfección artística. Entrambos,

aunque más famosos en otras ramas de la literatura, ocupan también un

lugar distinguido en la historia del teatro, pues aun confesando que

sus talentos no eran especialmente dramáticos, no puede tampoco negarse

que abrieron nueva senda en este género, sustituyendo á las desaliñadas

piezas de efecto, entonces predominantes, más dignos modelos, y echando

cimientos más sólidos, sobre los cuales habían de edificar los grandes

poetas del período siguiente.

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APÉNDICES.

I.

LOA DE LA COMEDIA.

(DE EL VIAJE ENTRETENIDO DE AGUSTÍN DE ROJAS. MADRID, 1603.)

Aunque el principal intento

Con que he salido acá fuera

Era sólo de alabar

El uso de la comedia;

Sus muchas prerrogativas,

Requisitos, preeminencias,

Su notable antigüedad,

Dones, libertad, franquezas,

Entiendo que bastará

No hacer para su grandeza

Catálogo de los reyes

Que con sus personas mesmas

La han honrado, y se han honrado

De representar en ella;

Saliendo siempre en teatros

Públicamente en mil fiestas,

Como Claudio, emperador,

Lo acostumbraba en su tierra,

Heliogábalo, Nerón,

Y otros príncipes de cuenta;

Sino de aquellos varones,

Que con la gran sutileza

De sus divinos ingenios,

Con sus estudios y letras,

La han compuesto y dado lustre

Hasta dejarla perfecta,

Después de tan largos siglos

Como há que se representa.

Y donde más ha subido

De quilates la comedia

Ha sido donde más tarde

Se ha alcanzado el uso de ella;

Que es en nuestra madre España,

Porque en la dichosa era

Que aquellos gloriosos reyes,

Dignos de memoria eterna,

Don Fernando é Isabel

(Que ya con los santos reinan),

De echar de España acababan

Todos los moriscos que eran

De aquel reino de Granada,

Y entonces se daba en ella

Principio á la Inquisición,

Se le dió á nuestra comedia.

Juan de la Encina el primero,

Aquel insigne poeta,

Que tanto bien empezó,

De quien tenemos tres églogas

Que él mismo representó

Al almirante y duquesa

De Castilla y de Infantado,

Que estas fueron las primeras.

Y para más honra suya

Y de la comedia nuestra,

En los días que Colón

Descubrió la gran riqueza

De Indias y Nuevo-Mundo,

Y el Gran-Capitan empieza

A sujetar aquel reino

De Nápoles y su tierra,

Á descubrirse empezó

El uso de la comedia,

Porque todos se animasen

Á emprender cosas tan buenas,

Heróicas y principales,

Viendo que se representan

Públicamente los hechos,

Las hazañas y grandezas

De tan insignes varones,

Así en armas como en letras;

Porque aquí representamos

Una de dos: las proezas

De algún ilustre varón,

Su linaje y su nobleza,

Ó los vicios de algún príncipe,

Las crueldades ó baxezas,

Para que al uno se imite,

Y con el otro haya enmienda;

Y aquí se ve que es dechado

De la vida la comedia.

Que como se descubrió

Con aquélla nueva tierra,

Y Nuevo-Mundo el viaje

Que ya tantos ver desean,

Por ser de provecho y honra,

Regalo, gusto y riquezas,

Así la farsa se halló

Que no es de menos que aquesta.

Desde el principio del mundo

Hallada, usada y compuesta

Por los griegos y latinos

Y otras naciones diversas:

Ampliada de romanos,

Que labraron para ella

Teatros y coliseos,

Y el anfiteatro, que era

Donde se encerraban siempre

Á oir comedias de estas

Ochocientas mil personas,

Y otras que no tienen cuenta:

Entonces escribió Plauto

Aquella de su _Alcumena_;

Terencio escribió su _Andria_,

Y después con su grandeza

Los sabios italianos

Escribieron muchas buenas;

Los ingleses ingeniosos,

Gente alemana y flamenca,

Hasta los de aqueste tiempo,

Que, ilustrando y componiéndola

La han ido perfeccionando

Así en burlas como en veras.

Y porque yo no pretendo

Tratar de gente extranjera,

Sí de nuestros españoles

Digo que Lope de Rueda,

Gracioso representante,

Y en su tiempo gran poeta,

Empezó á poner la farsa

En buen uso y orden buena;

Porque la repartió en actos,

Haciendo _introito_ en ella,

Que ahora llamamos loa,

Y declaraba lo que eran

Las marañas, los amores,

Y entre los pasos de veras,

Mezclados otros de risa,

Que porque iban entre media

De la farsa, los llamaron

Entremeses de comedia;

Y todo aquesto iba en prosa

Más graciosa que discreta.

Tañían una guitarra,

Y ésta nunca salía fuera,

Sino adentro, y en los blancos,

Muy mal templada y sin cuerdas;

Bailaba á la postre el bobo,

Y sacaba tanta lengua

Todo el vulgacho, embobado

De ver cosa como aquella.

Después, como los ingenios

Se adelgazaron, empiezan

Á dejar aqueste uso,

Reduciendo los poetas

La mal ordenada prosa

En pastoriles endechas;

Hacían farsas de pastores,

De seis jornadas compuestas,

Sin más hato que un pellico,

Un laúd, una vihuela,

Una barba de zamarro,

Sin más oro ni más seda.

Y en efecto, poco á poco

Barbas y pellicos dejan,

Y empiezan á introducir

Amores en las comedias,

En las cuales ya había dama,

Y un padre que aquesta cela.

Había galán desdeñado,

Y otro que querido era.

Un viejo que reprendía,

Un bobo que los acecha,

Un vecino que los casa,

Y otro que ordena las fiestas.

Ya había saco de padre,

Había barba y cabellera,

Un vestido de mujer,

Porque entonces no lo eran

Sino niños: después de esto,

Se usaron otras sin estas

De moros y de cristianos

Con ropas y tunicelas;

Estas empezó Berrio;

Luego los demás poetas

Metieron figuras graves,

Como son reyes y reinas.

Fué el autor primero de esto

El noble Juan de la Cueva:

Hizo del padre tirano,

Como sabéis, dos comedias.

Sus _Tratos de Argel_ Cervantes,

Hizo _El Comendador_ Vega,

Sus _Lauras_ y _El bello Adonis_

Don Francisco de la Cueva,

Loyola aquella de _Audalla_,

Que todas fueron muy buenas;

Y ya en este tiempo usaban

Cantar romances y letras,

Y esto cantaban dos ciegos

Naturales de sus tierras:

Hacían cuatro jornadas,

Tres entremeses en ellas,

Y al fin con un bailecito

Iba la gente contenta.

Pasó este tiempo, vino otro,

Subieron á más alteza;

Las cosas ya iban mejor;

Hizo entonces Artieda

Sus _Encantos de Merlín_

Y Lupercio sus tragedias.

Virués hizo su _Semíramis_,

Valerosa en paz y en guerra:

Morales su _Conde loco_,

Y otras muchas sin aquestas.

Hacían versos hinchados,

Ya usaban sayos de telas

De raso de terciopelo,

Y algunas medias de seda.

Ya se hacían tres jornadas

Y echaban restos en ellas;

Cantaban á dos y á tres

Y representaban hembras.

Llegó el tiempo que se usaron

Las comedias de apariencias,

De santos y de tramoyas,

Y entre estas farsas de guerras

Hizo Pedro Díaz entonces

La del _Rosario_, y fué buena;

_San Antonio_ Alonso Díaz,

Y al fin no quedó poeta

En Sevilla que no hiciese

De algún santo su comedia:

Cantábase á tres y á cuatro;

Eran las mujeres bellas;

Vestíanse en hábito de hombre,

Y bizarras y compuestas,

Á representar salían

Con cadenas de oro y perlas.

Sacábanse ya caballos

Á los teatros, grandeza

Nunca vista hasta este tiempo,

Que no fué la menor de ellas.

En efecto este pasó,

Llegó el nuestro, que pudiera

Llamarse el tiempo dorado,

Según el punto en que llegan

Comedias, representantes,

Trazas, conceptos, sentencias,

Inventivas, novedades,

Música, entremeses, letras,

Graciosidad, bailes, máscaras,

Vestidos, galas, riquezas,

Torneos, justas, sortijas,

Y al fin cosas tan diversas

Que en punto las vemos hoy,

Que parece cosa incrédula

Que digan más de lo dicho

Los que han sido, son y sean.

¿Qué harán los que vinieren,

Que no sea cosa hecha?

¿Qué inventarán, que no esté

Ya inventado? Cosa es cierta.

Al fin la comedia está

Subida ya en tanta alteza,

Que se nos pierde de vista:

¡Plega á Dios que no se pierda!

Hace el sol de nuestra España,

Compone Lope de Vega,

La fénix de nuestros tiempos

Y Apolo de los poetas,

Tantas farsas por momentos,

Y todas ellas tan buenas,

Que ni yo sabré contarlas,

Ni hombre humano encarecerlas.

El divino Miguel Sánchez,

¿Quién no sabe lo que inventa,

Las coplas tan milagrosas,

Sentenciosas y discretas

Que compone de contino,

La propiedad grande de ellas,

Y el decir bien de ellas todos,

Que aquesta es mayor grandeza?

El jurado de Toledo,

Digno de memoria eterna,

Con callar está alabado,

Porque yo no sé aunque quiera.

El gran canónigo Tárraga,

Apolo, ocasión es esta,

En que si yo fuera tú,

Quedara corta mi lengua.

El tiempo es breve y yo largo;

Y así he de dejar por fuerza

De alabar tantos ingenios

Que en un sin fin procediera;

Pero de paso diré

De algunos que se me acuerdan,

Como el heróico Velarde,

Famoso Micer Artieda;

El gran Lupercio, Leonardo,

Aguilar el de Valencia,

El licenciado Ramón,

Justiniano, Ochoa, Zepeda,

El licenciado Mexía,

El buen Don Diego de Vera

Mescua, Don Guillén de Castro,

Liñán, Don Félix de Herrera,

Valdivielso y Almendarez,

Y entre muchos, uno queda:

Damián Salustio del Poyo,

Que no ha compuesto comedia

Que no mereciese estar

Con las letras de oro impresa,

Pues dan provecho al autor

Y honra á quien las representa.

De los farsantes que han hecho

Farsas, loas, bailes, letras,

Son Alonso de Morales,

Grajales, Zorita, Mesa,

Sánchez, Ríos, Avendaño,

Juan de Vergara, Villegas,

Pedro de Morales, Castro,

Y el del hijo de la tierra,

Caravajal, Claramonte,

Y otros que no se me acuerdan,

Que componen, y han compuesto

Comedias muchas y buenas.

¿Quién á todos no conoce?

¿Quién á su fama no llega?

¿Quién no se admira de ver

Sus ingenios y elocuencia?

Supuesto que esto es así,

No es mucho que yo me atreva

Á pediros en su nombre,

Que por la gran reverencia

Que se les debe á sus obras,

Mientras se hacen sus comedias,

Que las faltas perdonéis

De los que las representan.

II.

En la serie de poetas portugueses, que escribieron piezas dramáticas en

español, merece nombrarse Saa de Miranda, muy conocido como lírico

(nacido en 1504 y muerto en 1558). Entre sus églogas, hay algunas en

castellano de carácter muy dramático, quizás destinadas á la

representación. D. Adolfo de Castro ha llamado la atención, y no sin

justicia, sobre la séptima _Alejo_ (semanario pintoresco de 1851).

Como el drama portugués, no sólo se confunde con el español en las obras

de Gil Vicente, sino también en las de otros, debió tratarse con más

extensión de este punto en la historia del teatro español, y así se hará

cuando en lo sucesivo se aumente y reforme esta obra. Haremos, ahora,

sin embargo, algunas indicaciones, tomando por guía la memoria sobre _O

Theatro portuguez_, por Francisco Manoel Trigozo D'Aragaó Morato, en las

_Memorias da Academia Real das Sciencias de Lisboa_, tomo V, parte

primera. Lisboa, 1817.

Espectáculos parecidos á dramas en las fiestas de la Corte de Portugal,

aparecen mencionados repetidas veces en las crónicas, desde la época del

rey Duarte I (1433-38). En las bodas de Leonor, hija de éste y madre del

caballeresco emperador alemán Maximiliano, con Federico III, su hermano

Alfonso V (1438-1481) y los demás infantes, representaron papeles en las

fiestas mímicas, con que se solemnizó en Lisboa esta ceremonia

(_Chronica d'El Rei D. Alfonso V_, capítulo 131). Estas diversiones eran

aún mas frecuentes en la Corte de Juan II, sucesor de Alfonso, cuyo

cronista, el famoso García de Resende, los describe en su _Miscelánea_

con vivos colores.

Vimos grandes judarias,

Judeos, guínolas é touras;

Também mouras, mourarias,

Seus bailos, galantarias

De muitas fermosas mouras;

Sempre nas festas reaes,

Seran os dias principaes,

Fiestas de mouros avia;

Tamben festas se facia,

Que no podia ser mais.

Vimos costumes bem chan;

Nos reys ter esta maneira,

Corpo de Deos, San Joan,

Aver Canas, prociosam;

Aos domingos carreira.

Cabalgar pella cidade

Con muyta solennidade;

Ver correr, saltar, luctar,

Dançar, caçar, montear,

Em seus tempos é hidade.

En los juegos mímicos, que se celebraron en el matrimonio del desdichado

príncipe D. Alfonso, figuraba el mismo Rey (_Vida d'El Rei D. Joan II_,

por García de Resende, cap. CXXVI). Resende habla de una representación

del Paraíso á las puertas de Avis, en Evora, cuando los desposados

hicieron su entrada en la ciudad; de otra en el comedor del rey, en la

cual, el Soberano de Guinea se presentaba acompañado de tres

descomunales gigantes y con un séquito de moros; y, por último, de un

_entremés muito grande que appareceo na mesma sala en que vinhao muitos

mouros mettidos em huma fortaleza_. (Ib. capítulo CXXII, pág. 126.)

Aunque los orígenes del drama religioso en Portugal no han sido objeto

hasta ahora de investigación diligente, aparece, sin embargo, verosímil,

que los autos de Gil Vicente se ajustan á otras piezas dramáticas

portuguesas de esta misma clase, y que no son, como se ha sostenido,

imitaciones de los misterios franceses. Hay datos numerosos de la

existencia de dramas religiosos del siglo XVI, y de la primera mitad del

mismo. Saa de Miranda dice:

Que tróca ver lá Pasquinos

Desta terra cento á cento,

Quem ó vee sem sentimento

Tratar os livros divinos

Con tal desacatamento!

En muchas constituciones sinodales (como la de Lisboa de 1536, de Braga

de 1537, de Angra de 1559, de Lamego de 1561, de Miranda de 1563, de

Finchal de 1578 y de Oporto de 1585), se ordena que no se hagan

representaciones dramáticas en la iglesia sin licencia de las

autoridades eclesiásticas, ni la del nacimiento de Cristo, su pasión y

resurrección, deduciéndose que esas órdenes se quebrantaban con

frecuencia, si nos atenemos á las veces que se repiten. También los

autos sacramentales, con danzas y entremeses, llamaron desde un

principio por sus escándalos la atención de las autoridades civiles. En

la ciudad de Oporto eran tan populares, que en el año 1538 acordaron el

obispo y los magistrados seculares, confirmándolo luego Juan II, que

mientras atravesaba la procesión la Rua Nova se representase un auto

corto de un asunto piadoso, mientras se descubrían todos delante de la

Custodia, y que, en las vísperas del mismo día, se repitiese en la

iglesia, siempre que no perturbase el oficio de las mismas vísperas. En

virtud de un rescripto dirigido al municipio de Oporto, fecho en Lisboa

el 30 de Mayo de 1560, prohibió más tarde el rey D. Sebastián los

abusos, que se habían deslizado ya en la procesión del Corpus de esa

ciudad, apareciendo de él que se elegían anualmente cinco ó seis

doncellas de las más hermosas, hijas de menestrales, para representar á

Santa Catalina, Santa Clara y otras Santas, y que no siempre guardaban

el decoro que convenía á sus papeles.

El ejemplo de Gil Vicente dió nacimiento á una escuela de poetas

dramáticos, que escribieron autos y farsas de su estilo. Las obras de

algunos de los más notables, fueron coleccionadas por Alfonso Lopes da

Acosta, y como primera parte _dos autos é comedias portuguesas_, Lisboa,

por Andre Lobato, 1587--4.º Este libro, una de las rarezas

bibliográficas más buscadas, contiene los autos _Do Ave María_, _Do

Procurador_, _Do Dezembargado_, _Dos Dous hirmaós Do Cioso_, _Do Mouro

encantado_, _Dos Camtarinhos_, de Antonio Prestes, de Santarem; el auto

de _Rodrigo é Mendo_ de Jorge Vinto, _Os Amphitrytes y Filidemo_ de Luis

de Camöens, el auto _Do Físico_, de Jerónimo Ryveiro Soarez, y la _Cena

Feliciana_, de Enrique López.

A estos autores, y añadiendo á ellos también Sebastián Pires, de Oporto

(de quien se conservan muchos autos impresos en Coimbra, de 1557) pueden

agregarse otros poetas, que, como por ejemplo, Alfonso Alvarez, Baltasar

Díaz, Fray Antonio de Lisboa y Francisco Rodríguez Lobo, escribieron

piezas dramáticas portuguesas nacionales hasta principio del siglo

XVII.

Después que Portugal se hizo provincia española en 1580, penetró el

drama español en los teatros de Lisboa, sin duda en razón á su brillo é

importancia. Ya á fines del siglo XVI escribió un cierto Simón Machado,

en verso español, la comedia titulada _La Pastora Alfea_, por que, como

dice en el prólogo, sólo lo extranjero merece los aplausos del público.

Vendo quan mal aceitais

As obras dos naturaes,

Fiz esta em lingua estrangeira,

Por ver se desta maneira

Como á elles nos tratais.

Después se arraigó la costumbre de escribir todas las comedias en

castellano; y hasta cuando se hizo Portugal independiente de la nación

española, no hubo en esto alteración alguna, constando de los catálogos

hechos por Barbosa Machado, que eran innumerables las piezas dramáticas

de esta clase, escritas en español por los poetas portugueses.

Según parece, el idioma portugués quedó reservado para los autos.

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ÍNDICE.

Págs.

Al Sr. D. Felipe González Vallarino. 7

Adolfo Federico, conde de Schack. 9

PRÓLOGO. 31

PRIMER PERIODO.--ORIGEN DEL DRAMA DE LA EUROPA

MODERNA Y ORIGEN Y VICISITUDES DEL DRAMA ESPAÑOL

HASTA REVESTIR SUS CARACTERES Y FORMA DEFINITIVA EN

TIEMPO DE LOPE DE VEGA, Á FINES DEL SIGLO XVI (1588

á 1590). 79

CAPÍTULO PRIMERO.--Diversos orígenes del drama moderno.--Decadencia

del teatro romano en los últimos tiempos del imperio.--Elementos

dramáticos en el culto de la Iglesia primitiva.--Fiestas religiosas, en

cuya celebración aparecen las primeras representaciones

dramáticas.--Juegos escénicos romanos, y su fusión en las farsas de la

Edad media. 81

CAPÍTULO II.--Influencia simultánea de los ritos de la

Iglesia y de las diversiones profanas en la formación del

drama religioso.--Dramas religiosos más antiguos que

existen.--Fiestas del _Corpus_ en el siglo XIII.--Edad de oro

del drama religioso.--Misterios.--Moralidades.--Dramas

profanos del siglo XIII. 123

CAPÍTULO III.--Teatro romano en España.--Existencia

de los espectáculos escénicos bajo los visigodos.--Si los

árabes conocieron también el drama.--Juegos mímicos de

los juglares.--Romances populares y su fusión en el drama. 165

CAPÍTULO IV.--Representaciones dramáticas en tiempo

de Alfonso X.--Mención más antigua de las fiestas escénicas

de Navidad (1360).--El Arcipreste de Hita.--Representación

dramática de la _Danza de los muertos_.--Pedro

González de Mendoza.--Fiestas y diversiones poéticas en

la corte de Juan II.--La comedieta de Pouza.--Las estrofas

de Mingo Revulgo.--Poesías dialogadas de _El Cancionero

general_.--Leyes contra la representación de dramas

en las iglesias. 213

CAPÍTULO V.--España á fines del siglo XV.--Juan del

Encina.--_La Celestina_.--Gil Vicente. 251

CAPÍTULO VI.--Torres Naharro.--Aparato escénico en la

primera mitad del siglo XVI.--Dramas religiosos de esta

época.--Traducciones é imitaciones de tragedias y comedias

antiguas. 303

CAPÍTULO VII.--Tragedias de Vasco Díaz Tanco.--Comedias

de Jaime de Huete, Agustín de Ortiz, Juan Pastor

y Cristóbal de Castillejo.--Lope de Rueda.--Disposición

externa del teatro á mediados del siglo XVI.--Alonso de la

Vega.--Comedia más antigua en tres actos ó jornadas de

Francisco de Avendaño.--Luis de Miranda. 341

CAPÍTULO VIII.--Juan de Timoneda.--Dramas religiosos

y su división en _autos_ y _comedias divinas_.--Juan de Malara

y otros poetas dramáticos de Sevilla.--Perfeccionamiento

del aparato escénico por Pedro Navarro.--Noticia

de las compañías errantes de _El viaje entretenido de

Agustín de Rojas_. 373

CAPÍTULO IX.--Fundación y progresos de los teatros de

Madrid.--Teatros de la Cruz y del Príncipe.--Disposición

interior de los teatros españoles.--Nombres de diversos

autores ó directores famosos de teatros del año de 1580,

que fueron también poetas dramáticos.--Tragedias de Jerónimo

Bermúdez.--Juan de la Cueva.--Su dramaturgia.--Sus dramas. 413

CAPÍTULO X.--Andrés Rey de Artieda.--Cristóbal de Virués.--López

Pinciano, sobre el drama español. 447

APÉNDICES. 473

_Este libro se acabó de imprimir

en Madrid, en casa de

Manuel Tello, el día

12 de Enero del

año de

1886._

[imagen]

COLECCIÓN DE ESCRITORES CASTELLANOS.

ALARCÓN (D. P. A. de). Obras: trece tomos, 52 pesetas.

BALAGUER (D. Víctor). _Las ruinas de Poblet_: un tomo, 4 pesetas.

BELLO (D. Andrés). _Poesías_. (Agotada la edición ordinaria, hay

ejemplares de lujo, de 6 pesetas en adelante.)--_Derecho Internacional_:

dos tomos, 8 pesetas.

CÁNOVAS DEL CASTILLO (D. Antonio). _El Solitario y su tiempo_: dos

tomos, 8 pesetas.--_Problemas contemporáneos_: dos tomos, 10 pesetas.

CAÑETE (D. Manuel). _Escritores españoles é hispano-americanos_: tomo I,

4 pesetas.--_Teatro español del siglo XVI_: tomo I, 4 pesetas.

Historia de la literatura y del arte dramático en España, tomo I · 第 19 / 26 段