«La plegaria verdaderamente hermosa no tiene utilidad terrena. ¡Es sólo

el lazo espiritual entre la criatura y su Señor! ¡Puede producir diez

frutos inmateriales y mucho más hermosos que los tangibles; aclara el

corazón, ilumina el semblante, complace al Clementísimo, excita el furor

del Maligno, atrae la misericordia, aleja los maleficios, preserva del

mal, resguarda contra los atentados de los enemigos, fortalece al

espíritu vacilante y acerca el esclavo á su dueño!»

«¿Cuál es la llave de la plegaria? ¿Y cuál es la llave de esta llave?»

«La llave de la plegaria es la ablución, y la llave de la ablución es la

fórmula inicial: «¡En el nombre de Alah el Clemente sin límite, el

Misericordioso!»

«¿Qué prescripciones han de seguirse para la ablución?»

«Según el rito ortodoxo del imán El-Schafiy ben-Idris, seis: la

intención de purificarse sin otra mira que la de ser agradable al

Creador; la ablución del rostro primeramente; la ablución de las manos

hasta el codo; el frotamiento de parte de la cabeza; la ablución de los

pies, incluso los talones, hasta los tobillos, y un orden estricto en el

cumplimiento de estos diversos actos. Y tal orden implica la observancia

de doce condiciones bien precisas, á saber:

»Primero pronunciar la fórmula inicial: «¡En el nombre de Alah!»;

lavarse las palmas de las manos antes de sumergirlas en la jofaina;

enjuagarse la boca; lavarse las narices tomando agua en el hueco de la

mano y sorbiendo; frotarse toda la cabeza y frotarse las orejas al

exterior y al interior con otra agua; peinarse la barba con los dedos;

torcerse los dedos de pies y manos, haciendo que rechinen; utilizar el

pie derecho antes que el pie izquierdo; repetir cada ablución tres

veces; pronunciar el acto de fe después de cada ablución, y por último,

una vez terminadas las abluciones, recitar además esta fórmula piadosa:

«¡Oh Dios mío! ¡Cuéntame en el número de los arrepentidos, de los puros

y fieles servidores! ¡Loor á mi Dios! ¡Confieso que no hay más Dios que

Tú! ¡Tú eres mi refugio; de Ti imploro el perdón de mis culpas lleno de

arrepentimiento! ¡Amín!»

»Esta fórmula, en efecto, es la que el Profeta (¡con Él la plegaria y la

paz!) nos ha recomendado que recitemos, cuando dijo: «¡A quien la recite

le abriré de par en par las ocho puertas del Edén y podrá entrar por la

puerta que le plazca!»

El sabio dijo: «¡En verdad que contestaste de un modo excelente! Pero

¿qué hacen los ángeles y los demonios junto á aquel que practica sus

abluciones?»

Simpatía respondió: «Cuando el hombre se prepara á verificar sus

abluciones, los ángeles se colocan á su derecha y los diablos á su

izquierda; pero no bien pronuncia la fórmula inicial: «¡En el nombre de

Alah!», los diablos se ponen en fuga, y los ángeles se aproximan á él,

desplegando sobre su cabeza un dosel luminoso de forma cuadrada que

sostienen por las cuatro puntas, y cantan alabanzas á Alah é imploran el

perdón de los pecados de aquel hombre. Pero en cuanto se olvida él de

invocar el nombre de Alah ó deja de pronunciarlo, los diablos vuelven...

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la

mañana, y se calló discretamente.

[Illustration]

_PERO CUANDO LLEGÓ

LA 275.ª NOCHE_

Ella dijo:

»...los diablos vuelven tumultuosos, y trabajan todo lo posible por

turbarle el alma, sugerirle la duda y enfriarle el espíritu y el fervor.

»Cuando el hombre hace sus abluciones, es obligatorio que corra el agua

por todo su cuerpo, por todos sus pelos visibles ó secretos y por sus

miembros sexuales, debiendo también frotarse por todas partes y no

lavarse los pies hasta lo último.»

El sabio dijo: «¡Bien contestado! ¿Puedes ahora decirme cómo hay que

proceder en la ablución llamada tayamum?»

Ella contestó: «La ablución llamada tayamum es la purificación con arena

y polvo. Se verifica esta ablución en los siete casos siguientes,

establecidos según usos conformes á la práctica del Profeta. Y se

efectúa siguiendo las cuatro indicaciones previstas por la enseñanza

directa del Libro.

»Los siete casos que permiten esta ablución, son: la carencia de agua;

el miedo á agotar la provisión de agua; la necesidad de esta agua para

beber; el temor de perder una parte de ella al transportarla; las

enfermedades que producen aversión al agua; las fracturas que precisan

reposo para soldarse; las heridas que no se deben tocar.

»En cuanto á las otras cuatro condiciones necesarias para cumplir esta

ablución con arena y polvo, son: primeramente obrar de buena fe; luego

tomar arena ó polvo con las manos y hacer ademán de frotarse con ello el

rostro; después hacer ademán de frotarse también los brazos hasta los

codos y secarse las manos.

»Hay dos prácticas igualmente recomendables por ser conformes á la

Sunna: empezar la ablución con la fórmula invocadora: «¡En el nombre de

Alah!», y efectuar la ablución de todo el lado derecho del cuerpo antes

que la del lado izquierdo.»

El sabio dijo: «¡Muy bien! Pero, volviendo á la plegaria, ¿puedes

decirme cómo debe verificarse y en qué acciones se basa?»

Ella replicó: «Los actos requeridos para hacer la plegaria constituyen

otras tantas columnas que la sostienen. Estas columnas de la plegaria

son: primera, la buena intención; segunda, la fórmula del Takbir, que

consiste en pronunciar estas palabras: «¡Alah es el más grande!»;

tercera, recitar la Fatiha, que es el capítulo que abre el Korán;

cuarta, prosternarse con la cara en tierra; quinta, levantarse; sexta,

hacer la profesión de la fe; séptima, sentarse sobre los talones;

octava, hacer votos por el Profeta, diciendo: «¡Con Él sean la plegaria

y la paz de Alah!»; novena, mantenerse siempre en la misma intención

pura.

»Hay otras condiciones de una buena plegaria, tomadas solamente de la

Sunna, á saber: levantar ambos brazos, con las palmas vueltas hacia

arriba, en dirección á la Meca; recitar una vez más la Fatiha; recitar

otro capítulo del Korán, por ejemplo, la Surata de la Vaca; pronunciar

otras diversas fórmulas piadosas, y terminar con votos por nuestro

Profeta. (¡Con Él la plegaria y la paz!)»

El sabio dijo: «¡En verdad que respondiste perfectamente! ¿Puedes ahora

decirme cómo debe pagarse el diezmo de la limosna?»

Ella contestó: «Se puede pagar el diezmo de la limosna de catorce

maneras: en oro, en plata, en camellos, en vacas, en carneros, en trigo,

en cebada, en mijo, en maíz, en habas, en garbanzos, en arroz, en pasas

y en dátiles.

»Por lo que se refiere al oro, si sólo posee una suma inferior á veinte

dracmas de oro de la Meca, no hay que pagar ningún diezmo; pasando de

esa suma, se da el tres por ciento. Lo mismo ocurre con la plata en la

proporción correspondiente.

»Por lo que se refiere al ganado, quien posee cinco camellos paga un

carnero; quien posee veinticinco camellos da uno como diezmo, y así

sucesivamente en la misma proporción.

»Por lo que se refiere á carneros y borregos, de cada cuarenta se da

uno. Y así sucesivamente con todo lo demás.»

El sabio dijo: «¡Perfectamente! ¡Háblame ahora del ayuno!»

Simpatía contestó: «El ayuno consiste en abstenerse de comer, de beber y

de goces sexuales durante el día y hasta la puesta del sol, en el

transcurso del mes de Ramadán, desde que sale la luna nueva. Es

recomendable abstenerse igualmente, durante la comida, de todo discurso

vano y de cualquier lectura que no sea la del Korán.»

El sabio preguntó: «Pero ¿no hay ciertas cosas que á primera vista

parece que hacen ineficaz el ayuno, aunque, según enseña el Libro, no

aminoran en nada su valor?»

Ella contestó: «En efecto, hay cosas que no hacen ineficaz el ayuno. Son

las pomadas, los bálsamos y los ungüentos; el kohl para los ojos y los

colirios; el polvo del camino; la acción de tragar saliva; las

eyaculaciones nocturnas ó diurnas de licor viril cuando son

involuntarias; las miradas dirigidas á una extranjera que no sea

musulmana; la sangría ó las ventosas simples ó escarificadas. Tales son

todas las cosas que no quitan ninguna eficacia al ayuno.»

Dijo el sabio: «¡Está muy bien! ¿Y qué piensas del retiro espiritual?»

Dijo ella: «El retiro espiritual es una estancia de larga duración en

una mezquita, sin salir nunca mas que para satisfacer una necesidad, y

renunciando al comercio con las mujeres y al uso de la palabra. La

recomienda la Sunna; pero no es una obligación dogmática.»

Dijo el sabio: «¡Admirable! ¡Deseo ahora oirte hablar de la

peregrinación!»

Ella contestó: «La peregrinación á la Meca ó hadj es un deber que todo

buen musulmán ha de cumplir, por lo menos una vez en su vida, cuando

llega á la edad de la razón. Para cumplirlo, hay que observar diversas

condiciones. Debe uno revestirse con la capa de peregrino ó ihram,

guardarse de tener comercio con mujeres, afeitarse el pelo, cortarse las

uñas y taparse la cabeza y el rostro. La Sunna hace también otras

prescripciones.»

El sabio dijo: «¡Perfectamente! ¡Pero pasemos á la guerra santa!»

Ella contestó: «La guerra santa es la que se lleva á cabo contra los

infieles cuando el Islam está en peligro. No se debe hacer mas que para

defenderse y jamás debe tomarse la ofensiva. ¡Cuando el creyente se ha

puesto ya sobre las armas, debe ir contra el infiel sin volver sobre sus

pasos nunca!»

El sabio preguntó: «¿Puedes darme algunos detalles sobre la compra y la

venta?»

Simpatía contestó: «La compra y la venta deben hacerse con libertad por

ambas partes, y en los casos importantes, patentizando el consentimiento

y la aceptación.

»Pero hay algunas cosas prohibidas por la Sunna en la compra y en la

venta. Así, por ejemplo...

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la

mañana, y se calló discretamente.

[Illustration]

_PERO CUANDO LLEGÓ

LA 277.ª NOCHE_

Ella dijo:

»...Así, por ejemplo, está expresamente prohibido cambiar dátiles secos

por dátiles frescos, higos secos por higos frescos, carne curada y

salada por carne fresca, manteca salada por manteca fresca, y en

general, todas las provisiones frescas por otras añejas y secas de la

misma especie.»

Cuando el sabio comentador del Libro hubo oído estas respuestas de

Simpatía, no pudo menos de pensar que sabía ella tanto como él y no

quiso declararse impotente para cogerla en falta. Resolvió, pues,

hacerle preguntas más sutiles, y le interrogó:

«¿Qué significa lingüísticamente la palabra ablución?»

Ella contestó: «Eliminar por medio del lavatorio todas las impurezas

internas ó externas.»

Preguntó él: «¿Qué significa la palabra ayunar?»

Ella dijo: «Abstenerse.»

Preguntó él: «¿Qué significa la palabra dar?»

Ella dijo: «Enriquecerse.»

Preguntó él: «¿Y el ir de peregrinación?»

Ella contestó: «Alcanzar la meta.»

Preguntó él: «¿Y hacer la guerra?»

Ella dijo: «Defenderse.»

A estas palabras, irguióse sobre sus pies el sabio y exclamó: «¡En

verdad que para ella son insignificantes mis preguntas y argumentos!

¡Asombra el saber y la clarividencia de tu esclava, ¡oh Emir de los

Creyentes!»

Pero Simpatía sonrió ligeramente y le interrumpió. «A mi vez--le

dijo--quisiera hacerte una pregunta. ¿Puedes decirme ¡oh sabio lector!

cuáles son las bases del Islam?»

Reflexionó él un instante y dijo: «Son cuatro: la fe iluminada por la

razón sana; la rectitud; el conocimiento de los deberes y derechos

estrictos y la discreción y el cumplimiento de los compromisos.»

Ella añadió: «¡Permíteme que te haga otra pregunta todavía! ¡Si no

pudieses resolverla, tendré el derecho de arrebatarte el manto que te

sirve como distintivo de sabio lector del Libro!»

Dijo él: «¡Acepto! ¡Venga la pregunta, ¡oh esclava!»

Ella preguntó: «¿Cuáles son las ramas del Islam?»

El sabio permaneció algún tiempo recapacitando, y finalmente no supo qué

responder.

Entonces habló el propio califa y dijo á Simpatía: «¡Responde tú misma á

la pregunta, y te pertenecerá el manto de este sabio!»

Simpatía se inclinó, y repuso: «¡Los ramajes del Islam son veinte: la

observancia estricta de lo que enseña el Libro; conformarse con las

tradiciones y la enseñanza oral de nuestro santo Profeta; no cometer

nunca injusticias; comer los alimentos permitidos; no comer jamás

alimentos prohibidos; castigar á los malhechores, á fin de que no

aumente la malicia de los malos por causa de la indulgencia de los

buenos; arrepentirse de las propias faltas; profundizar en el estudio de

la religión; hacer bien á los enemigos; llevar vida modesta; socorrer á

los servidores de Alah; huir de toda innovación y todo cambio; desplegar

valor en la adversidad y fortaleza en las pruebas á que se nos someta;

perdonar cuando se es fuerte y poderoso; ser paciente en la desgracia;

conocer á Alah el Altísimo; conocer al Profeta (¡con Él la plegaria y la

paz!); resistir á las sugestiones del Maligno; resistir á nuestras

pasiones y á los malos instintos de nuestra alma; proclamarse en

absoluto al servicio de Alah con toda confianza y toda sumisión!»

Cuando el califa Arún Al-Rachid hubo oído esta respuesta, ordenó que

inmediatamente despojaran de su manto al sabio y sé lo dieran á

Simpatía, lo cual se ejecutó en seguida, ante la confusión del sabio,

que salió de la sala cabizbajo.

Entonces se levantó un segundo sabio, reputado por su sagacidad en los

conocimientos teológicos, y á quien todos los ojos designaban para que

tuviera el honor de interrogar á la joven. Se encaró con Simpatía, y le

dijo:

«Sólo voy á hacerte breves y pocas preguntas, ¡oh esclava! Ante todo,

¿puedes decirme qué deberes han de observarse durante la comida?»

Ella contestó: «Lo primero es lavarse las manos, invocando el nombre de

Alah en acción de gracias. Luego se sienta uno con la nalga izquierda;

no se sirve para comer de más dedos que del pulgar y de los dos

primeros; no se toman mas que bocados pequeños; se masca bien la comida,

y no debe mirarse al vecino, para no azorarle ó cortarle el apetito.»

El sabio preguntó: «¿Puedes decirme ahora ¡oh esclava! á qué se llama

cualquier cosa, la mitad de cualquier cosa y menos que cualquier cosa?»

Ella contestó sin vacilar: «¡El creyente es cualquier cosa, el hipócrita

es la mitad de cualquier cosa y el infiel es menos que cualquier cosa!»

Él añadió: «¡Así es! ¡Dime! ¿Dónde está la fe?»

Ella contestó: «La fe habita en cuatro lugares: en el corazón, en la

cabeza, en la lengua y en los miembros. ¡Por eso la fuerza del corazón

consiste en la alegría, la fuerza de la cabeza en el conocimiento de la

verdad, la fuerza de la lengua en la sinceridad, y la fuerza de los

demás miembros en la sumisión!»

Él preguntó: «¿Cuántas clases de corazones hay?»

Ella contestó: «Hay varias: el corazón del creyente, que es un corazón

puro y sano; el corazón del infiel, que es completamente opuesto al

primero...

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la

mañana, y se calló discretamente.

[Illustration]

_PERO CUANDO LLEGÓ

LA 278.ª NOCHE_

Ella dijo:

»...el corazón del infiel, que es completamente opuesto al primero; el

corazón tocado de las cosas terrenas, y el corazón tocado de las cosas

espirituales; hay corazón dominado por las pasiones, ó por el odio, ó

por la avaricia; hay corazón cobarde, corazón abrasado de amor, corazón

henchido de orgullo; también existe el corazón iluminado, como es el de

los compañeros de nuestro santo Profeta, y por último, existe el propio

corazón de nuestro santo Profeta, ¡el corazón del Elegido!»

Cuando oyó tal respuesta el sabio teólogo, exclamó: «¡Mereces mi

aprobación, ¡oh esclava!»

Entonces la hermosa Simpatía miró al califa y dijo: «¡Oh Comendador de

los Creyentes, permíteme que á mi vez haga una sola pregunta á mi

examinador, y me apodere de su manto si no puede contestarme!» Y cuando

se le otorgó el consentimiento, preguntó al sabio:

«¿Puedes decirme ¡oh venerable jeque! qué deber ha de cumplirse con

preferencia á todos los deberes, aunque no sea el de más importancia?»

A esta pregunta no supo qué decir el sabio, y la joven se apresuró á

quitarle el manto y se dió á sí misma la siguiente respuesta:

«¡Es el deber de la ablución, porque está formalmente prescrito que

hemos de purificarnos antes de cumplir el menor deber religioso y antes

de cualquier acto previsto por el Libro y la Sunna!»

* * * * *

Tras de lo cual, Simpatía se volvió hacia la asamblea y la interrogó con

una mirada en redondo, á la que respondió cierto sabio, que era uno de

los hombres más célebres del siglo y que no tenía igual en el

conocimiento del Korán. Se levantó y dijo á Simpatía:

«¡Oh joven llena de espiritualidad y de aromas encantadores! Puesto que

conoces el Libro de Alah, ¿podrías darnos una prueba de la exactitud de

tu sabiduría?

Ella contestó: «El Korán se compone de ciento catorce suratas ó

capítulos, de los cuales setenta se dictaron en la Meca y cuarenta y

cuatro en Medina.

»Se divide en seiscientas veintiuna divisiones llamadas _aschar_, y en

seis mil doscientos treinta y seis versículos.

»Comprende setenta y nueve mil cuatrocientas treinta y nueve palabras y

trescientas veintitrés mil seiscientas setenta letras, cada una de las

cuales tiene diez virtudes especiales.

»En él se cita el nombre de veinticinco profetas: Adán, Nouh, Ibrahim,

Ismail, Isaac, Yacub, Yussef, El-Yosh, Yunés, Loth, Saleh, Hud, Schoaib,

Daud, Soleimán, Zul-Kefel, Edris, Elías, Yahia, Zacharia, Ayub, Mussa,

Harún, Issa (Jesús) y Mohamed. (¡Con todos la plegaria y la paz!)

»También se hallan en él los nombres de nueve pájaros ó animales alados:

el mústico, la abeja, la mosca, la abubilla, el cuervo, el saltamontes,

la hormiga, el pájaro ababil y el pájaro de Issa (¡con él la plegaria y

la paz!), que no es otro que el murciélago.»

El jeque dijo: «Maravilla tu exactitud. Desearía también saber por ti

cuál es el versículo en que nuestro santo Profeta juzga á los infieles.»

Ella contestó: «Es el versículo donde se encuentran estas palabras: «Los

judíos dicen que están errados los cristianos y los cristianos afirman

que los judíos ignoran la verdad. ¡Por lo demás, tienen razón unos y

otros!»

Cuando oyó el jeque estas palabras, declaróse satisfechísimo; pero quiso

interrogarla todavía. Así, pues, le preguntó:

«¿Cómo vino el Korán desde el cielo á la tierra? ¿Bajó íntegro, copiado

de las tablas que se guardan en el cielo, ó bajó en varias veces?»

Ella contestó: «Por orden del Señor del universo, se lo dió el ángel

Gabriel á nuestro profeta Mohamed, príncipe de los enviados de Alah, y

lo hizo por versículos, según las circunstancias, en el interregno de

veinte años.»

Él preguntó: «¿Cuántos compañeros del Profeta se cuidaron de ordenar

todos los versículos dispersos del Korán?»

Ella dijo: «Cuatro: Abi ben-Kaab, Zeid ben-Tabet, Abu-Obeida

ben-Al-Djerrah y Othmán ben-Affán. (¡Alah tenga en su gracia á los

cuatro!)»

Él preguntó: «¿Cuántos son los que nos transmitieron y enseñaron la

verdadera manera de leer el Korán?»

Ella contestó: «Cuatro: Abdalah ben-Massud, Alei ben-Kaab, Moaz

ben-Djabal y Salem ben-Abdalah.»

Preguntó él: «¿En qué ocasión descendió del cielo el siguiente

versículo: «¡Oh creyentes, no os privéis de los goces terrenos en toda

su plenitud!?»

Ella contestó: «Cuando algunos, queriendo llevar más lejos de lo preciso

la espiritualidad, resolvieron disciplinarse y gastar cilicios de crin.»

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la

mañana, y se calló discretamente.

[Illustration]

_PERO CUANDO LLEGÓ

LA 279.ª NOCHE_

Ella dijo:

»...resolvieron disciplinarse y gastar cilicios de crin.»

Cuando oyó el sabio estas respuestas de Simpatía, no pudo por menos de

exclamar: «¡Certifico ¡oh Emir de los Creyentes! que esta joven posee

una sabiduría innegable!»

Entonces Simpatía pidió permiso para hacer una pregunta al jeque, y le

dijo:

«¿Puedes decirme qué versículo del Korán comprende veintitrés veces la

letra _kaf_, cuál comprende diez y seis veces la letra _mim_ y cuál

comprende ciento cuarenta veces la letra _ain_?»

Estupefacto quedó el sabio, sin poder hacer la menor referencia sobre

ello; y después de quitarle el manto, Simpatía se apresuró á indicar por

sí misma, entre la general estupefacción de los concurrentes, los

versículos pedidos.

* * * * *

Entonces se irguió en medio de la asamblea un médico reputado por lo

vasto de sus conocimientos y que había producido libros muy estimados.

Encaróse con Simpatía y le dijo:

«Hablaste de un modo excelente acerca de lo espiritual; pero ya es hora

de ocuparse del cuerpo. ¡Explícanos ¡oh bella esclava! la formación del

cuerpo del hombre, sus nervios, sus huesos y sus vértebras, y por qué á

Adán se le llamó Adán!»

Ella contestó: «El nombre de Adán viene de la palabra árabe _adim_, que

significa la piel, la superficie de la tierra, y se llamó así el primer

hombre porque fué creado con un amasijo de tierra de diversas partes del

mundo. En efecto, la cabeza de Adán se formó con tierra de Oriente, su

pecho con tierra de la Kaaba, y sus pies con tierra de Occidente.

»En el cuerpo dispuso Alah siete puertas de entrada y dos puertas de

salida: los dos ojos, las dos orejas, las dos narices y la boca, y por

otra parte, una delantera y un ano.

»Luego, para dar un temperamento á Adán, el Creador reunió en él los

cuatro elementos: agua, tierra, fuego y aire. He aquí por qué el

temperamento bilioso tiene la naturaleza del fuego, que es cálido y

seco; el temperamento nervioso tiene la naturaleza de la tierra, que es

seca; el linfático tiene la naturaleza del agua, que es fría y húmeda; y

el sanguíneo la naturaleza del aire, que es cálido y seco.

»Después de lo anterior, acabo Alah de constituir el cuerpo humano. Puso

en él trescientos setenta conductos y doscientos cuarenta huesos. Le dió

tres instintos: el instinto de la vida, el instinto de la reproducción y

el instinto del apetito. Luego le puso un corazón, un bazo, pulmones,

seis tripas, un hígado, dos ríñones, un cerebro, dos compañones, un

nervio y una piel. Le dotó de cinco sentidos guiados por siete espíritus

vitales. En cuanto al orden de los órganos, Alah puso el corazón en el

lado izquierdo del pecho, y debajo de él extendió el estómago; puso

también los pulmones para que sirviesen de abanicos al corazón; el

hígado á la derecha para que fuese como la guarda del corazón, y por

último el entrelazamiento de los intestinos y la articulación de las

costillas.

»Respecto á la cabeza, se compone de cuarenta y ocho huesos; en cuanto

al pecho, contiene veinticuatro costillas en el hombre y veinticinco en

la mujer: esta costilla suplementaria se halla á la derecha y sirve para

guardar al niño en el vientre de su madre, rodeándole y sosteniéndole.»

El sabio médico no pudo disimular su sorpresa; luego añadió: «¿Puedes

ahora hablarnos de los síntomas de las enfermedades?»

Ella contestó: «Los síntomas de las enfermedades son externos é

internos, y sirven para indicar la clase de dolencia y su grado de

gravedad.

»Efectivamente, el hombre hábil en su arte sabe adivinar el mal nada más

que con tomar el pulso al enfermo: de este modo averigua el grado de

sequedad, de calor, de dureza, de frío y de humedad; sabe asimismo que

si á un hombre le amarillean los ojos, es porque debe tener malo el

hígado, y que si á otro se le encorva la espalda, es porque debe tener

gravemente atacados de inflamación los pulmones.

»En cuanto á los síntomas internos que guían la observación del médico,

son: los vómitos, los dolores, los edemas, los excrementos y la orina.»

Él preguntó: «¿A qué obedece el dolor de cabeza?»

Ella contestó: «El dolor de cabeza se debe principalmente á la

nutrición, cuando se carga de nuevo el estómago antes de que los

primeros alimentos se hayan digerido; igualmente se debe á comidas

hechas sin tener gana. La gula es causa de todas las enfermedades que

asolan la tierra. Quien quiera prolongar su vida debe, pues, practicar

la sobriedad, y además, levantarse temprano, evitar las vigilias, no

hacer excesos con la mujer, no abusar de la sangría ni de las

escarificaciones, y por último, vigilar su vientre. A tal fin conviene

que divida su vientre en tres partes, de las cuales llenará con

alimentos una, con agua la otra y con nada la tercera, dejándola libre

para la respiración y para que pueda el alma aposentarse allí. Lo mismo

podría decirse del intestino, cuya longitud es de diez y ocho palmos.»

Él preguntó: «¿Cuáles son los síntomas de la ictericia?»

El libro de las mil noches y una noche; t. 7 · 第 12 / 13 段