_PENTÉO DESPEDAZADO POR SU MADRE._
Entónces pues, el Dios, encubierta su magestad, como si en efecto
acabase de conocer el engaño, tiende la vista al mar desde la corva
popa, y aparentando llorar: Marineros, les dice, no me habeis prometido
estas riberas: no es esta la tierra á que os pedí me conduxéseis:
¿qué os he hecho yo para merecer este castigo? ¿qué gloria adquiris
con engañar unos hombres á un jóven, y muchos á uno? Hacia ya tiempo
que lloraba: la multitud impía se rie de las lágrimas, y surca las
aguas moviendo ligeramente los remos. Por él mismo juro (porque no
hay otro mas favorable) que digo la verdad, aunque parezca superior á
todo encarecimiento. Se paró en el mar la nave del mismo modo que si
estuviera en tierra. Ellos, llenos de admiracion, usan de los remos
con doble fuerza, despliegan las velas, é intentan navegar á vela y
remo. Hacen estorbo las hojas de yedra[214] á los remos, enroscándose
en ellos con retorcidas vueltas, llenando las velas de sus pesados
racimos. Baco, rodeada su frente de una guirnalda de racimos, blandea
su asta[215] cubierta de pámpanos: aparecen á su lado tigres, espectros
vanos de linces pintados, y los crueles cuerpos de panteras. Arrójanse
al mar aquellos hombres, ó ya poseidos de locura, ó de temor: Medon
empieza á ennegrecerse el primero de todos, y á doblegarse su espalda,
despues de habérsele disminuido el cuerpo. ¿En qué monstruo, dice á
este Licabas, te conviertes? Mas quando hablaba, su boca se le habia
agrandado, su nariz aplanado, y una dura escama cubria su piel. Libis,
queriendo agitar los remos que se le oponian, vió que sus manos se le
achicaban en poco tiempo; y que poco despues no se podian llamar manos
sino aletas. Otro, deseando asir sus brazos á las torcidas cuerdas, se
halló sin ellos, y encorvándose, saltó al mar, truncado el cuerpo.[216]
La cola tiene la figura de una hoz, como demuestran los cuernos de la
luna en su creciente. Saltan por todas partes; esparcen agua como si
fuera un rocío. Vuelven á salir otra vez, y de allí á poco vuelven á
zabullirse: retozan juntos á manera de una multitud de hombres, tienden
sus juguetones cuerpos, y arrojan el agua por las corvas narices. Solo
yo restaba de veinte que llevaba la nave; pero pavoroso y helado en
un cuerpo lleno de temor: el Dios me alienta, aunque con dificultad,
diciéndome: Desecha de tu corazon el miedo, y sigue tu derrota á
Dia.[217] Luego que llegué allí me hizo sacerdote de sus sacrificios, y
ahora me ocupo en las ceremonias de Baco.”
„He atendido, dice Pentéo, á tu dilatada historia, para que con esta
dilacion pudiese disminuir sus fuerzas mi ira. Criados, arrebatad á
este hombre prontamente, y despues de atormentar cruelmente su cuerpo,
enviadle con la muerte á la laguna Estigia.” El Tirreno Acetes,
arrebatado inmediatamente, es encerrado en fuertes prisiones; é ínterin
se preparan los crueles instrumentos de la muerte, segun se habia
mandado, el acero y fuego, se cuenta que naturalmente se abriéron las
puertas, y las cadenas cayéron de los brazos sin quitarlas ninguno.
Pero obstinado Equionéo,[218] no manda ya ir á sus criados, sino que
él va en persona adonde el Citeron,[219] preparado para celebrar las
fiestas de Baco, resonaba con los cánticos y voces de las Bacantes. Al
modo que relincha el brioso caballo, y desea entrar en la batalla,
quando la belicosa trompeta da la señal con el metal sonoro,[220] de
la misma manera el ayre, herido con los resonantes alaridos de las
Menades,[221] conmovió á Pentéo, y volvió á encenderse su ira luego que
oyó la gritería.
Casi en medio del monte hay un lugar sin árbol alguno, cuyas
extremidades estan rodeadas de selvas, y que puede mirarse por todas
partes. Su madre le vió la primera mirar con profanos ojos los
sacrificios: ella fué la primera que se movió contra él corriendo
precipitadamente: la primera que hirió á Pentéo disparándole el tirso:
ella clama, venid mis dos hermanas, yo tengo de herir aquel soberbio
jabalí, que vaga en nuestros campos; toda la turba corre enfurecida
contra uno solo, todas se reunen, y todas le siguen ya tímido, ya
articulando palabras ménos vehementes, ya condenándose á sí mismo, y ya
confesando haber pecado. Sin embargo, herido clama: Tia mia Autonoe,
ampárame, muevan tu corazon las sombras de Acteon: ella no conoce quien
es Acteon, y arranca la mano derecha del que la suplicaba: Ino arrebató
la otra; y queriendo extender los brazos á su madre, no tenia brazos
el infeliz que alargar; pero mostrándole el cuerpo truncado, divididos
los miembros: mira, madre, le dice; mas Agave aulla como un lobo al
mirar aquel espectro, impelió el cuello, y tremoló sus cabellos por
el ayre; y asiendo con sus ensangrentadas manos la cabeza arrancada:
¡vitor compañeras! clama: esta victoria es obra de mis manos. No
arrebata tan pronto el viento las hojas heridas del frio del otoño, y
que apénas pueden sostenerse en el árbol, como dividiéron los miembros
de Pentéo aquellas sacrílegas manos. Instruidas con este exemplo
las Isménides,[222] celebran con freqüencia los nuevos sacrificios,
tributan incienso, y adoran las sagradas aras.