FÁBULA XII.

_MERCURIO Y HERSE._

Se habia levantado de aquí Mercurio con próspero vuelo, y contemplaba

por la region del ayre los Munichîos campos, la tierra agradable á

Minerva,[173] y las arboledas del cultivado Licéo.[174] En este dia

por casualidad llevaban las vírgenes á los sagrados alcázares de Palas

sobre sus inclinadas cabezas (segun su costumbre) puros sacrificios en

coronados canastillos. Las ve el alado Dios quando salian del templo,

y no sigue su camino, sino que vuela á la redonda sobre aquel sitio.

Así como el rapaz Milano, luego que ve las entrañas de las víctimas,

temiendo á los Ministros del sacrificio miéntras estan presentes,

discurre al rededor, no atreve á retirarse, y halaga su esperanza

batiendo las alas: del mismo modo el ágil Cileno[175] inclina su curso

á los Áticos alcázares, y rodea los mismos ayres.

[Ilustración: (35) Mercurio, detenido sobre la Ciudad de Atenas, se

enamora de Herse.]

Quanto el lucero excede en resplandor á las demas estrellas, y quanto

á este la dorada hermana de Febo;[176] tanto aventajaba en hermosura

á las demas doncellas, Herse, que era el honor de la pompa y de sus

hermanas. Sorprehendió su belleza al hijo de Júpiter, y pendiente del

ayre, no se enardeció ménos que la honda Mallorquina quando dispara

la bola; vuela, pero con la agitacion mas se enciende, y halla en las

nubes el fuego que no tenia. Muda de rumbo, y baxa por fin á la tierra:

no quiere usar de disfraces: ¡tanta confianza tenia en su hermosura!

la que acrecienta con el cuidado, aunque era muy perfecta: peyna sus

cabellos, y se compone el velo, para que cayga bien é igual sobre los

dos hombros, y hace que campee la faxa y todo el oro, y la delicada

vara que da y quita el sueño luzca en su diestra, y los talares en sus

hermosas plantas. Tenia tres aposentos la parte interior del palacio

de Cecrope adornados de marfil y concha. Pandrosa, tú habitabas el

de la derecha, el de la izquierda Aglaura, y el del medio Herse. Vió

venir á Mercurio la primera, la qual tenia el izquierdo; y se atrevió á

preguntar á este Dios su nombre, y la causa de su venida. El nieto de

Atlante y Pleyone le responde de este modo: „Yo soy el que rompiendo

los ayres, llevo á todas partes los mandatos de mi padre, que es el

mismo Júpiter. Ni tampoco te ocultaré la causa de mi venida; solo

quiero seas fiel á tu hermana, y te contentes con llamarte tia de mis

hijos. Por Herse he venido; ayuda, te suplico, á un amante.” Mírale

Aglaura con la misma curiosidad con que poco ha habia descubierto los

secretos[177] de la roxa Minerva: le pide por la mediacion que iba á

hacer mucho oro; y en el ínterin le manda salir de su casa. Puso la

vista en ella la guerrera Diosa, é iracunda suspira con tanta fuerza,

que conmueve á un mismo tiempo su pecho y el escudo llamado Egida,

que trae de él pendiente. Se acuerda que esta profanó con impía mano

sus secretos, viendo contra la fe prometida al hijo del habitador de

Lemnos criado sin madre, y que seria ingrata á un Dios y á su hermana,

queriendo enriquecerse con el oro que codiciosamente habia pedido.

[Ilustración: (36) Palas manda á la Envidia que infunda celos á Aglaura

de su hermana Herse.]

Metamorfóseos o Transformaciones (1 de 4) · 第 85 / 101 题