_NEPTUNO AMANSA LAS AGUAS._
Viendo Júpiter el mundo reducido á líquidas lagunas, y que de tantos
millares de hombres solo sobrevivia uno, y una muger de otras tantas;
ámbos justos, ámbos adoradores de los Dioses, disipó las nubes, y
arrollándolas con la impetuosidad del Aquilon, descubrió las tierras
al cielo, y el cielo á la tierra. La ira del mar se aplaca; y
Neptuno, deponiendo su tridente, amansa las aguas, y llama al cerúleo
Triton,[46] que está siempre sobre ellas con sus brazos cubiertos de
natural púrpura: le manda tocar la concha, y á los rios y olas que
vuelvan á sus lugares, luego que se haga la señal. Toma la cóncava
concha, bocina torcida hácia un lado, que va ensanchándose desde el
principio, y que quando se toca en medio de la mar hace oirse de polo
á polo. Luego que la llegó á su boca este Dios, mojada con la humedad
de la barba, y promulgó, inflada, los preceptos que le habian dado, fué
oida de todas las aguas, tanto de las de la tierra, como de las de la
mar, y reduxo á sus antiguas márgenes á todas las que la oyéron. El mar
vuelve á tener riberas, y los rios á correr dentro de su propia madre:
báxanse estos, y parece que empiezan á salir los collados: la tierra
se descubre poco á poco, y segun baxaban las aguas, iban creciendo los
lugares. Las selvas, ocultas tanto tiempo entre ellas, presentan sus
cumbres desnudas, y sus árboles cubiertos de cieno.
[Ilustración: (16) Deucalion y Pyrrha vuelven á poblar la tierra
siguiendo el oráculo de Themis.]