FÁBULA III.

_LA EDAD DE ORO._

Principió la edad de oro, y en ella se echaban de ver naturalmente

la fidelidad y la justicia, sin que hubiera leyes que las hiciesen

observar, ni jueces que las vindicasen. No se conocian ni el castigo

ni el temor: ni se grababan en bronce las leyes amenazadoras; ni

delinqüente alguno se miraba temblando en la presencia del juez; porque

vivian todos seguros sin necesidad de quien los defendiese. No habia

entrado en los mares árbol alguno cortado de los montes para descubrir

tierras extrañas;[21] ni el hombre conocia otro pais que aquel en

que habia nacido. Aun no ceñian las ciudades fosos ni murallas; los

clarines marciales, trompas, morriones y las espadas no se conocian

en este tiempo; pues sin la defensa del soldado vivian los hombres

tranquilos en los brazos de la dulce paz. La tierra libre, y no tocada

de los rastrillos, ni hendida con el arado, producia todo género de

frutos, y sus habitantes, contentos con sus naturales producciones, se

alimentaban de madroños, fresas, cerezas, y de la bellota, que sazonada

caia de las copadas encinas.

[Ilustración: (5) La edad de Oro y la de Plata en que reynaron la

Inocencia y la Justicia.]

La primavera era continua: los blandos céfiros mansamente agitaban

con suaves soplos las flores que nacian sin ser plantadas. Tambien

la tierra producia trigo sin el cultivo del arado, y el campo, sin

renovarle, se ponia blanco con las granadas espigas: ya corrian rios

de leche, ya de néctar, y el verde sauce destilaba menudas gotas de la

miel mas regalada.

Metamorfóseos o Transformaciones (1 de 4) · 第 57 / 101 题