_DE LA CREACION DEL HOMBRE._
Luego que aquel Dios,[11] quien quiera que sea, dividió aquella masa,
y así dividida la distribuyó en sus partes; hizo redonda primeramente
la superficie de la tierra á modo de un grande globo, para que su
superficie quedase por todas partes á igual distancia del centro.
Extendió los mares, y ordenó se embraveciesen con la rapidez de los
vientos, y que circundasen las riberas de la tierra ceñida por todas
partes de las aguas. Las distribuyó tambien en fuentes, estanques y
lagunas; enfrenó en sus tortuosas márgenes á los rios, de los quales,
aunque colocados en diversos lugares, parte embebe la tierra, y
parte van á desaguar al mar; en donde teniendo un espacio de agua
mas dilatado, hallan anchas riberas en lugar de las limitadas que
ántes tenian. Tambien mandó á los campos extenderse, á las selvas
cubrirse de hojas,[12] á los escarpados montes elevarse, y á los valles
abatirse. Y así como dos zonas dividen por la derecha al cielo, otras
dos por la izquierda, y en el centro está colocada la quinta, que es la
mas ardiente; del mismo modo la providencia de aquel Dios dividió la
tierra baxo la misma disposicion. La zona del medio es inhabitable,[13]
á causa de su excesivo calor: las de los dos extremos estan siempre
endurecidas con el rigor de la nieve y del hielo; pero las otras dos
son templadas con la agradable alternativa de calor y frio. Sobre ellas
está el ayre, que es tanto mas pesado que el fuego, quanto el peso del
agua es mas leve que el de la tierra: en él[14] determinó que habitasen
las nieblas, las nubes, los truenos, que atemorizan al hombre, y los
vientos, que forman el rayo y el granizo. Pero el Criador del mundo no
permitió á estos enseñorearse á su arbitrio alternativamente de los
ayres, pues á pesar de tener cada uno sus límites, con mucho trabajo
se les contiene, para que no destruyan al mundo:[15] ¡tan grande es la
discordia que reyna entre estos hermanos! El Euro fixó su asiento en
el pais de la Aurora, y reyna comunmente hácia la Arabia, la Persia
y otros pueblos del Oriente. El lucero de Vénus, y las templadas
riberas donde el sol se oculta, cupiéron por suerte al Céfiro. El
terrible Boreas se apoderó de la Escitia, y de los helados climas del
Septentrion; y la region contrapuesta[16] á este se humedece con las
continuas nubes, y el viento meridional. Colocó sobre estos el éter
mas puro y ligero, que nada tiene del ayre denso que nos rodea, y
apénas habia prescrito á todos estos seres límites fixos, quando los
astros, que habian estado ocultos en la masa comun del caos, empezáron
á brillar por todo el cielo; y para que á ninguna region faltasen sus
propios animales, las estrellas y los Dioses[17] ocupáron el cielo:
los plateados peces habitáron las aguas, las fieras[18] pobláron la
tierra, y las aves el ayre. Faltaba aun en el mundo un animal mas
perfecto que todo esto, el qual, dotado de un espíritu mas sublime,
fuese capaz de mandar á los otros. Fué hecho el hombre, sea que le
formase de su divina semilla el Autor de la Naturaleza, orígen de mundo
mas excelente[19], ó que la nueva tierra, separada poco ántes del
sublime éter, encerrase dentro de su seno algunas partículas del cielo,
nacido al mismo tiempo que ella; y Prometeo[20], amasándola con las
aguas de los rios, la dió una forma semejante á los Dioses que todo lo
gobiernan. Porque quando los demas animales llevan siempre inclinada la
cabeza á la tierra, á este concedió el semblante erguido, y le mandó
contemplar el cielo, y dirigir á las estrellas sus elevadas miradas.
De este modo la tierra, que ántes era una masa informe y sin expresión,
recibió con esta mudanza las figuras que ántes no eran conocidas.