_CAP. XXV.--Cómo los Incas fueron limpios del pecado nefando y de otras

fealdades que se han visto en otros príncipes del mundo._

En este reino del Perú, pública fama es entre todos los naturales dél,

cómo en algunos pueblos de la comarca de Puerto Viejo se usaba el pecado

nefando de la sodomia,--y tambien en otras tierras habria malos cómo en

las demás del mundo. Y notaré de esto una gran virtud destos Incas,

porque, siendo señores tan libres y que no tenian á quién dar cuenta, y

ni habia ninguno tan poderoso entre ellos que se la tomase, y que en

otra cosa no entendian las noches y los dias que en darse á lujuria con

sus mujeres, y otros pasatiempos;--y jamás se dice ni cuenta que ninguno

dellos usaba el pecado susodicho, ántes aborrecian á los que lo usaban,

teniéndolos en poco como á viles apocados, pues en semejante suciedad se

gloriaban. Y no solamente en sus personas no se halló este pecado, pero

ni áun consentian estar en sus casas ni palacios ningunos que supiesen

que lo usaban; y áun sin todo esto, me parece que oí decir, que si por

ellos era sabido de alguno que tal pecado hubiese cometido,

castigaban[le] con tal pena, que fuese señalado y conocido entre todos.

Y en esto no hay que dudar, sino ántes se ha de creer que en ninguno

dellos cupo tal vicio, ni de los orejones, ni de otras muchas naciones;

y los que han escripto generalmente de los indios, condenándolos en

general en este pecado, afirmando que son todos sodométicos, han

acargádose en ello y, cierto, son obligados á desdecirse, pues ansí han

querido condenar tantas naciones y gentes, que son harto más limpios en

esto de lo que yo puedo afirmar. Porque, dejando aparte lo de Puerto

Viejo, en todo el Perú no se hallaron estos pecadores, sino como es en

cada cabo y en todo lugar uno, ó seis, ó ocho, ó diez, y estos, que de

secreto se daban á ser malos; porque los que tenian por sacerdotes en

los templos, con quien es fama que en los dias de fiesta se ayuntaban

con ellos los señores, no pensaban ellos que cometian maldad ni que

hacian pecado, sino por sacrificio y engaño del Demonio se usaba[78]. Y

aun que por ventura podria ser que los Incas inorasen que tal cosa en

los templos se cometiese; [y] puesto que disimulaban algo, era por no

hacerse mal quistos, y con pensar que bastaba que ellos mandasen por

todas partes adorar el sol y á los más sus dioses, sin entremeterse en

proibir religiones y costumbres antiguas, que es á par de muerte á los

que con ellas nascieron quitárselas.

Y aun tambien tenemos por entendido, que antiguamente, ántes que los

Incas reinasen, en muchas provincias andaban los hombres como salvajes,

y los unos salian á se dar guerra á los otros, y se comian como agora

hacen los de la provincia de Arma y otros de sus comarcas; y luego que

reinaron los Incas, como gente de gran razon y que tenian santas y

justas costumbres y leyes, no solamente ellos no comian aquel manjar,

porque de otros muchos ha sido y es muy estimado, pero pusiéronse en

quitar tal costumbre á los que con ellos trataban, y de tal manera, que

en poco tiempo se olvidó y totalmente se tiró, que en todo su señorío,

que era tan grande, no se comian ya de muchos años ántes. Los que agora

han sucedido, muestran que en ello les vino beneficio notable de los

Incas, por no imitar ellos á sus pasados en comer aqueste manjar, en los

sacrificios de hombres y niños.

Publican unos y otros,--que aún, por ventura, algun escriptor destos que

de presto se arroja lo escribirá,--que mataban, habia dias de sus

fiestas, mill ó dos mill niños y mayor número de indios; y esto y otras

cosas son testimonio que nosotros los españoles levantamos á estos

indios, queriendo con estas cosas que dellos contamos, encubrir nuestros

mayores yerros y justificar los malos tratamientos que de nosotros han

recebido. No digo yo que no sacrificaban y que no matavan hombres y

niños en los tales sacrificios; pero no era lo que se dice ni con mucho.

Animales y de sus ganados sacrificaban, pero criaturas humanas menos de

lo que yo pensé, y harto, segund contaré en su lugar.

Así que, tengo sabido por dicho de los orejones antiguos, que estos

Incas fueron limpios en este pecado, y que no usaban de otras costumbres

malas de comer carne humana, ni andar envueltos en vicios públicos, ni

eran desordenados, antes ellos á sí propios se corregian. Y si Dios

permitiera que tuvieran quien con celo de chripstiandad, y no con ramo

de codicia, en lo pasado les dieran entera noticia de nuestra sagrada

religion, era gente en quien bien imprimiera, segund vemos por lo que

agora con la buena órden que hay se obra. Pero, dejemos lo que se ha

hecho, á Dios, quél sabe por que; y en lo que de aquí adelante se

hiciere, supliquémosle nos dé su gracia, para que paguemos en algo á

gentes que tanto debemos y que tan poco nos ofendió para haber sido

molestados de nosotros, estando el Perú y las demás Indias tantas leguas

d'España, y tantos mares en medio.

_CAP. XXVI.--De cómo tenian los Incas consejeros y ejecutores de la

justicia, y la cuenta que tenian en el tiempo._

Como la ciudad del Cuzco era la más principal de todo el Perú, y en ella

residian lo más del tiempo los reyes, tenian en la misma ciudad muchos

de los principales del pueblo que eran entre todos los más avisados y

entendidos, para sus consejeros; porque todos afirman, que ántes que

intentasen cosa ninguna y de importancia, lo comunicaban con estos

tales, allegando su parecer á los más votos; y para la gobernacion de la

ciudad, y que los caminos estuviesen seguros, y por ninguna parte se

hiciesen ningunos insultos ni latrocinios, de los más reputados[79]

destos, nombraban para que siempre anduviesen castigando á los que

fuesen malos; y para esto, andaban siempre mucho por todas partes. De

tal manera entendian los Incas en proveer justicia, que ninguno osaba

hacer desaguisado ni hurto. Esto se entiende cuanto á lo tocante á los

que andaban hechos ladrones, ó forzaban mujeres, ó conjuraban contra los

reyes; porque en lo demás, muchas provincias hobo que tuvieron sus

guerras unos con otros, y del todo no pudieron los Incas apartallos

dellas.

En el rio que corre junto al Cuzco se hacia la justicia de los que allí

se prendian ó de otra parte traian presos, á donde les cortaban las

cabezas y les daban muerte de otras maneras, como á ellos les agradaba.

Los motines y conjuraciones castigaban mucho, y más que á todos, los que

eran ladrones y tenidos ya por tales; los hijos y mujeres de los cuales

eran aviltados y tenidos por á rentados entre ellos mismos.

En cosas naturales alcanzaron mucho estos indios, así en el movimiento

del sol como en el de la luna; y algunos indios decian habia cuatro

cielos grandes, y todos afirman que el asiento y silla del gran Dios

Hacedor del mundo es en los cielos. Preguntándoles yo muchas veces si

alcanzan quel Mundo se ha de acabar, se ríen; y sobre esto saben poco, y

si algo saben, es lo que Dios permite quel Demonio les diga. A todo el

Mundo llaman _Pacha_, conociendo la vuelta quel sol hace, y las

crecientes y menguantes de la luna. Contaron el año por ello, al cual

llaman _guata_, y lo hacen de doce lunas, teniendo su cuenta en ello; y

usaron de unas torrecillas pequeñas, que agora están muchas por los

collados del Cuzco algo cuidadas[80], para por la sombra quel sol hacia

en ellas, entender en sementeras y en lo que ellos más sobre esto

entienden. Y estos Incas miraban mucho en el cielo y en las señales dél,

lo cual tambien pendia de ser ellos tan grandes agoreros. Cuando las

estrellas corren, grande es la grita que hacen y el mormullo que unos

con otros tienen.

_CAP. XXVII.--Que trata la riqueza del templo de Curicancha y de la

veneracion que los Incas le tenian._

Concluido con algunas cosas que para mi propósito convienen que se

escriban, volveremos luego con grand brevedad á contar la sucesion de

los reyes que hobo hasta Guascar; y agora quiero decir del grande,

riquísimo y muy nombrado templo de Curicancha, que fué el más principal

de todos estos reinos.

Y es público entre los indios, ser este templo tan antiguo como la mesma

ciudad del Cuzco; más de que Inca Yupanqui, hijo de Viracocha Inga, lo

acrescentó en riquezas y paró tal como estaba cuando los chrisptianos

entraron en el Perú; y lo más del tesoro fué llevado á Caxamarca por el

rescate de Atahuallpa, como en su lugar diremos. Y dicen los orejones,

que despues de haber pasado la dudosa guerra que tuvieron los vecinos

del Cuzco con los Chancas, que agora son señores de la provincia de

Andaguaylas, que como de aquella vitoria que dellos tuvieron quedase

Inca Yupanqui tan estimado y nombrado, de todas partes acudian señores á

le servir, haciéndole las provincias grandes servicios de metales de oro

y plata; porque, en aquellos tiempos, habia grandes mineros y vetas

riquísimas; y viéndose tan rico y poderoso, acordó de ennoblecer la Casa

del Sol,--que en su lengua llaman _Indeguaxi_ [Intihuasi], y por otro

nombre la llamaban _Curicancha_, que quiere decir cercado de oro,--y

acrecentalla con riqueza. Y por que todos los que esto vieren ó leyeren

acaben de conocer cuán rico fué el templo que hobo en el Cuzco y el

valor de los que edificaron y en él hicieron tan grandes cosas, porné

aquí la memoria dél, segund que yo ví é oí á muchos de los primeros

chripstianos que oyeron á los tres[81] que vinieron desde Caxamarca,

que [le] habian visto; aunque los indios cuentan tanto dello y tan

verdadero, que no es menester otra probanza.

Tenia este templo en circuito más de cuatrocientos pasos, todo cercado

de una muralla fuerte, labrado todo el edificio de cantería muy

excelente de fina piedra muy bien puesta y asentada, y algunas piedras

eran muy grandes y soperbias; no tenian mezcla de tierra ni cal, sino

con el betun que ellos suelen hazer sus edificios, y están tan bien

labradas estas piedras, que no se le parece mezcla ni juntura ninguna.

En toda España no he visto cosa que pueda compararse á estas paredes y

postura de piedra, sino la torre que llaman la Calahorra, questá junto

con la puente de Córdoba, y á una obra que ví en Toledo, cuando fuí á

presentar la _Primera parte_ de mi _Corónica_ al príncipe don Felipe,

ques el hospital que mandó hacer el arzobispo de Toledo Tavera[82]; y

aunque algo se parecen estos edificios á los que digo, los otros son más

primos, digo cuanto á las paredes y á las piedras estár primísimamente

labradas y asentadas con tanta sotilidad; y esta cerca estaba derecha y

muy bien trazada. La piedra me pareció ser algo negra y tosca y

excelentísima[83]. Habia muchas puertas, y las portadas muy bien

labradas; á media[84] pared, una cinta de oro de dos palmos de ancho y

cuatro dedos de altor. Las portadas y puertas estaban chapadas con

planchas de este metal. Más adentro estaban cuatro casas no muy grandes

labradas desta manera, y las paredes de dentro y de fuera chapadas de

oro, y lo mesmo el enmaderamiento, y la cobertura era paja que servia

por teja. Habia dos escaños en aquella pared, en los cuales daba el sol

en saliendo, y estaban las piedras sotilmente horadadas y puestas en los

agujeros muchas piedras preciosas y esmeraldas. En estos escaños se

sentaban los reyes, y si otro lo hacia, tenia pena de muerte.

A las puertas destas casas estaban puestos porteros que tenian cargo de

mirar por las vírgenes, que eran muchas hijas de señores principales,

las más hermosas y apuestas que se podian hallar; y estaban en el templo

hasta ser viejas; y si alguna tenia conocimiento con varon, la mataban ó

la enterraban viva, y lo mesmo hacian á él. Estas mujeres eran llamadas

_mamaconas_; no entendian en más de tejer y pintar ropa de lana para

servicio del templo y en hacer _chicha_, que es el vino que hacen, de

que siempre tenian llenas grandes vasijas.

En la una destas casas, que era la más rica, estaba la figura del sol,

muy grande, hecha de oro, obrada muy primamente, engastonada en muchas

piedras ricas; y estaban en aquélla algunos de los bultos de los Incas

pasados que habian reinado en el Cuzco, con gran multitud de tesoros.

A la redonda deste templo habia muchas moradas pequeñas de indios

questaban diputados para servicio dél, y habia un cercuito donde metian

los corderos blancos y los niños y hombres que sacrificaban. Tenian un

jardin que los terrones eran pedazos de oro fino, y estaba

artificiosamente sembrado de maizales, los cuales eran [de] oro, así las

cañas dello como las hojas y mazorcas; y estaban tan bien plantados, que

aunque hiciesen recios vientos no se arrancaban. Sin todo esto tenian

hechas más de veinte ovejas de oro con sus corderos, y los pastores con

sus hondas y cayados, que las guardaban, hechos deste metal. Habia mucha

cantidad de tinajas de oro y de plata y esmeraldas, vasos, ollas y todo

género de vasijas, todo de oro fino. Por otras paredes tenian esculpidas

y pintadas otras mayores cosas. En fin, era uno de los ricos templos que

hubo en el mundo.

El gran sacerdote, llamado _Vilaoma_ [Villac Umu], tenia su morada en el

templo, y con los sacerdotes hacia los sacrificios ordinarios con

grandes supersticiones, segund su costumbre. A las fiestas generales iba

el Inca á se hallar presente á los sacrificios, y se hacian grandes

fiestas. Habia dentro en la casa y templo más de treinta trojes de

plata, en que echaban el maíz, y tenia este templo muchas provincias que

contribuian con tributos para su servicio. En algunos dias era visto el

Demonio por los sacerdotes, y daba respuestas vanas y conformes á el que

las daba.

Otras muchas cosas pudiera decir deste templo, que dejo, porque me

parece que basta lo dicho para que se entienda cuán grande cosa fué;

porque no trato de la argentería, chaquira, plumaje de oro y otras

cosas, que si las escribiera, no fueran creidas. Y, lo que tengo dicho,

aún viven chripstianos que vieron la mayor parte dello, que se llevó á

Caxamaca para el rescate de Atahualpa; pero mucho escondieron los indios

y está perdido y enterrado. Aunque todos los Incas habian adornado este

templo, en tiempo de Inca Yupanqui se acrecentó de tal manera, que

cuando murió y Tupac-Inca, su hijo, hobo el imperio, quedó en esta

perficion.

_CAP. XXVIII.--Que trata los templos que sin este se tenian por más

principales, y los nombres que tenian._

Muchos fueron los templos que hobo en este reino del Perú, y algunos se

tienen por muy antiguos, porque fueron fundados ántes, con muchos

tiempos, que los Incas reinasen, así en la serrania de los altos, como

en la serrania (_así_) de los llanos; y reinando los Incas, se

edificaron de nuevo otros muchos en donde se hacian sus fiestas é

sacrificios. Y porque hacer mencion de los templos que habia en cada

provincia en particular, seria cosa muy larga y prolija, determino de

contar en este lugar solamente los que tuvieron por más eminentes é

principales. Y así, digo, que despues del templo de Curicancha, era la

segunda guaca de los Incas el cerro de Guanacaure, que está á vista de

la ciudad, y era por ellos muy frecuentado y honrado por lo que algunos

dicen quel hermano del primer Inca se convertió en aquel lugar en

piedra, al tiempo que salian de Pacaritambo [Pacarec Tampu], como al

principio se contó. Y habia en este cerro antiguamente oráculo por donde

el maldito Demonio hablaba; y estaba enterrado á la redonda suma de

grande tesoro, y en algunos dias se sacrificaban hombres y mujeres, á

los cuales, antes que fuesen sacrificados, los sacerdotes les hacian

entender que habian de ir á servir [á] aquel Dios que allí adoraban,

allá en la gloria que ellos fingian con sus desvaríos que tenian; y así,

teniéndolo por cierto los que habian de ser sacrificados, los hombres se

ponian muy galanos y ataviados con sus ropas de lana fina, y llautos de

oro, y patenas, y brazaletes, y sus oxotas con sus correas de oro; y

despues de haber oido el parlamento que los mentirosos de los sacerdotes

les hacian, les daban á beber mucho de su chicha con grandes vasos de

oro, y solenizaban [con] cantares el sacrificio, publicando en ellos,

que, por servir á sus dioses, ofrecian sus vidas de tal suerte, teniendo

por alegre recebir en su lugar la muerte. Y habiendo bien endechado

estas cosas, eran ahogados por los ministros, y puestos en los hombros

sus _quipes_[85] de oro y un jarrillo de lo mesmo en la mano, los

enterraban á la redonda del oráculo, en sus sepulturas. Y á estos tales

tenian por santos canonizados entre ellos, creyendo sin duda ninguna que

estaban en el cielo sirviendo á su Guanacaure. Las mujeres que

sacrificaban iban vestidas asimismo ricamente con sus ropas finas de

colores y de pluma, y sus topos de oro, y sus cucharas, y escudillas y

platos, todo de oro; y así aderezadas, despues que han bien bebido, las

ahogaban y enterraban, creyendo, ellas y los que las mataban, que iban á

servir á su diablo ó Guanacaure. Y hacíanse grandes bailes y cantares,

cuando se hacian semejantes sacrificios questos. Tenian este ídolo,

donde estaba el oráculo, con sus chácaras, yanaconas, y ganados, y

mamaconas, y sacerdotes que se aprovechaban de lo más dello.

El tercero oráculo y guaca de los Incas era el templo de Vilcanota, bien

nombrado en estos reinos, y á donde, permitiéndolo nuestro Dios y Señor,

el Demonio tuvo grandes tiempos poder grande y hablaba por boca de los

falsos sacerdotes, que para servicio de los ídolos en él estaban. Y

estaba este templo de Vilcanota poco más de veinte leguas del Cuzco,

junto al pueblo de Chungara; y fué muy venerado y estimado y que se

ofrecieron muchos dones y presentes, así por los Incas y señores, como

por los ricos hombres de las comarcas [de] donde venian á sacrificar; y

tenia sus sacerdotes y mamaconas y sementeras, y casi cada año se hacian

en este templo ofrendas de la capacocha, que es lo que luego diré.

Dábase grande crédito á lo que el Demonio decia por sus respuestas, y á

tiempos, se hacian grandes sacrificios de aves y ganados y otros

animales.

El cuarto templo estimado y frecuentado por los Incas y naturales de las

provincias, fué la guaca de Ancocagua, donde tambien habia oráculo muy

antiguo y tenido en gran veneracion. Estaba pegado con la provincia de

Hátun Cana, y á tiempos iban de muchas partes con grand veneracion á

este demonio á oir sus vanas respuestas; y habia en él grand suma de

tesoros, porque los Incas y todos los demás los ponian allí. Y dícese

tambien, que sin los muchos animales que sacrificaban á este diablo, que

ellos tenian por dios, hacian lo mesmo de algunos indios é indias, así y

como conté que se usaba en el cerro de Guanacaure. Y que hobiese en este

templo la riqueza que se dice, tiénese por verdad, porque despues de

haber los españoles ganado al Cuzco con más de tres años, y haber los

sacerdotes y caciques alzado los grandes tesoros que todos estos templos

tenian, oí decir que un español llamado Diego Rodríguez Elemosin (_así_)

sacó desta guaca más de treinta mill pesos de oro; y sin esto se ha

hallado más, y todavía hay noticia de haber enterrado grandísima

cantidad de plata y oro en partes que no hay quien lo sepa, si Dios no,

y nunca se sacarán si no fuera acaso ó de ventura.

Sin estos templos, se tuvo otro por tan estimado y frecuentado como

ellos, y más, que habia por nombre la _Coropuna_, que es en la provincia

de Condesuyo, en un cerro muy grande cubierto á la contina de nieve que

de invierno y de verano no se quita jamás. Y los reyes del Perú con los

más principales dél visitaban este templo, haciendo presentes y ofrendas

como á los ya dichos; y tiénese por muy cierto, que de los dones y

capacocha que á este templo se le hizo, habia muchas cargas de oro y

plata y pedrería enterrado en partes que dello no se sabe, y los indios

escondieron otra suma grande que estaba para servicio del ídolo y de los

sacerdotes y mamaconas, que tambien tenia muchos el templo[86]; y como

haya tan grandes nieves, no suben á lo alto, ni saben atinar á donde

están tan grandes tesoros. Mucho ganado tenia este templo, y chácaras y

servicio de indios y mamaconas. Siempre habia en él gente de muchas

partes, y el Demonio hablaba aquí más sueltamente que en los oráculos

dichos, porque á la contina daba mill respuestas, y no á tiempos, como

los otros. Y áun agora en este tiempo, por algun secreto de Dios, se

dice que andan por aquella parte diablos visiblemente, que los indios

los ven y dellos reciben grand temor. Y á chrisptianos he yo oido que

han visto los mesmos en figura de indios y aparecérseles y

desaparecérseles en breve espacio de tiempo. Algunas veces sacrificaban

mucho en este oráculo, y así mataban muchos ganados y aves, y algunos

hombres y mujeres.

Sin estos oráculos, habia el de Aperahua, en donde por el troncon de un

árbol respondia el oráculo, y que junto á él se halló cantidad de oro; y

el de Pachacama, ques de los Yuncas, y otros muchos, así en la comarca

de Andesuyo, como en la de Chinchasuyo y Omasuyo, y otras partes deste

reino, de los cuales pudiera decir algo más; mas, pues que lo dije en la

Primera parte[87], que trata de las fundaciones, no trataré desto más

que de los oráculos, los que tenian más devocion todos los Incas con las

demás naciones, sacrificaban algunos hombres y mujeres y mucho ganado; y

á donde no habia este crédito, no derramaban sangre humana ni mataban

hombres, sino ofrecian oro y plata. A las guacas que tenian en ménos,

que eran como ermitas, ofrecian chaquira y plumas y otras cosas menudas

y de poco valor. Esto digo, porque la opinion que los españoles tenemos

en afirmar que en todos los templos sacrificaban hombres, es falsa; y

esto es la verdad segund lo que yo alcancé, sin tirar ni poner más de lo

que yo entendí y para mí tengo por cierto.

_CAP. XXIX.--De cómo se hacia la Capaccocha y cuánto se usó entre los

Incas, lo cual se entiende dones y ofrendas que hacian á sus ídolos._

En este lugar entra bien, para que se entienda, lo de la capaccocha,

pues todo era tocante al servicio de los templos ya dichos y de otros; y

por noticia que se tiene de indios viejos que son vivos y vieron lo que

sobre esto pasaba, escribiré lo que de ello tengo entendido que es

verdad. Y así, dicen que se tenia por costumbre en el Cuzco, por los

reyes, que cada año hacian venir á aquella ciudad á todas las

estatuas[88] y bultos de los ídolos que estaban en las guacas, que eran

los templos donde ellos adoraban; las cuales eran traidas con mucha

veneracion por los sacerdotes y _camayos_ dellas, ques nombre de

guardianes; y como entrasen en la ciudad, eran recebidas con grandes

fiestas y procesiones y aposentadas en los lugares que para aquello

estaban señalados y establecidos; y habiendo venido de las comarcas de

la ciudad, y áun de la mayor parte de las provincias, número grande de

gente, así hombres como mujeres, el que reinaba, acompañado de todos los

Incas y orejones, cortesanos y principales de la ciudad, entendian en

hacer grandes fiestas y borracheras y táquis.

Ponian en la plaza del Cuzco la gran maroma de oro que la cercaba toda,

y tantas riquezas y pedrería, cuanto se puede pensar por lo que se ha

escripto de los tesoros questos reyes poseian; lo cual pasado, se

entendia en lo que todos los años por ellos se usaba, que era, questas

estátuas y bultos y sacerdotes se juntaban para saber por boca dellos el

suceso del año, si habia de ser fértil, ó si habia de haber esterilidad;

si el Inca tenia larga vida, ó si por caso moriria en aquel año; si

habian de venir enemigos por algunas partes, ó si algunos de los

pacíficos se habian de revelar. En conclusion, eran repreguntados destas

cosas y de otras mayores y menores que va poco desmenuzarlas; porque

tambien preguntaban si habria peste, ó si vernia alguna morriña para el

ganado, y si habria mucho multiplico dél. Y esto se hacia y preguntaba,

no á todos los oráculos juntos, sino á cada uno por sí; y si todos los

años los Incas no hacian esto, andaban muy recatados y vivian

descontentos y muy temerosos, y no tenian sus vidas por seguras.

Y así, alegrado al pueblo y hechas sus solenes borracheras y banquetes y

grandes táquis y otras fiestas que ellos usan, diferente en todo á las

nuestras, en que los Incas están con gran triunfo y á su costa se hacen

los convites, en que habia suma de grandes tinajas de oro y plata, y

vasos de otras cosas, porque todo el servicio de su cocina, hasta las

ollas y vasos de servicio, era de oro y plata;--mandaban á los que para

aquello estaban señalados y tenian las veces del Gran Sacerdote, que

tambien estaba presente á estas fiestas con tan grand pompa y triunfo

como el mesmo rey, acompañado de los sacerdotes y mamaconas que allí se

habian juntado,--que hiciesen á cada ídolo su pregunta destas cosas, el

cual respondia por boca de los sacerdotes que tenian cargo de su bulto;

y éstos, como estaban bien beodos, adivinaban lo que más vian que hacia

al gusto de los que preguntaban, inventando por ellos y por el diablo,

questaba en aquellas estátuas. Y hechas las preguntas á cada ídolo, por

ser los sacerdotes tan astutos en maldades, pedian algund término para

responder, para que con más devocion y crédito dellos oyesen sus

desvarios; porque decian que querian hacer sus sacrificios, para que

estando gratos á los altos dioses suyos, fuesen servidos de responder lo

que habia de ser; y así, eran traidos muchos animales de ovejas y

corderos, y cuis y aves, que pasaba el número de más de dos mill

corderos y ovejas; y estos eran degollados, haciendo sus exorcismos

diabólicos y sacrificios vanos á su costumbre; y luego denunciaban lo

que soñaban ó lo que fingian, ó por ventura lo que el diablo les decia;

y al dar de las respuestas, teníase gran cuenta en mirar lo que decian y

cuantos dellos conformaban en un dicho ó suceso de bien ó de mal; y así

hacian con las demás respuestas, para ver cuál decia verdad y acertaba

lo que habia de ser en el dicho año.

Esto hecho, luego salian los limosneros de los reyes con las ofrendas

que ellos llaman _capaccocha_, y juntándose la limosna general, eran

vueltos los ídolos á los templos; y si pasado el año habian acaso

acertado alguno de aquellos soñadores, alegremente mandaba el Inca que

lo fuese de su casa.

La _capaccocha_, como digo, era ofrenda que se pagaba en lugar de diezmo

á los templos, de muchos vasos de oro y plata y de otras piezas y

piedras, y cargas de mantas ricas, y mucho ganado. Y á las que habian

salido inciertas y mentirosas, no les daban el año venidero ninguna

ofrenda, ántes perdian reputacion. Y para hacer esto, se hacian grandes

cosas en el Cuzco, mucho más de lo que yo escribo. Y agora, despues de

fundada la Audiencia y haberse ido Gasca á España[89], entre algunas

cosas que se trataban en ciertos pleitos, se hacia mencion de esta

_capaccocha_; y ello y todo lo demás que hemos escripto es cierto que se

hacia y usaba. Y contemos agora de la gran fiesta de _Hátun Raimi_[90].

_CAP. XXX.--De cómo se hacían grandes fiestas y sacrificios á la grande

y solene fiesta llamada Hátun Raimi._

Muchas fiestas tenian en el año los Incas, en las cuales hacian grandes

sacrificios conforme á la costumbre dellos, y ponerlas todas en

particular, era menester hacer de solo ello un volúmen; y tambien hacen

poco al caso y ántes conviene que no se trate de contar los desvaríos y

hechicerías que en ellas se hacian, por algunas causas; y solamente

porné la fiesta de _Hátun Raimi_[91], porque es muy nombrada. En muchas

provincias se guardaba, y era la principal de todo el año y en que más

los Incas se regocijaban, y más sacrificios se hacian; y esta fiesta

celebraban por fin de agosto, cuando ya habian cogido sus maices, papas,

quinua[92], oca[93], y las demás semillas que siembran. Y llaman á esta

fiesta, como he dicho, _Hátun Raimi_, que en nuestra lengua quiere decir

fiesta muy solene, porque en ella se habian de rendir gracias y loores

al gran Dios hacedor de los cielos y la tierra, á quien llamaban, como

muchas veces he dicho, Ticiviracocha, y al Sol, y á la Luna, y á los

otros dioses suyos, por les haber dado buen año de cosechas para su

mantenimiento. Y para celebrar esta fiesta con mayor devocion y

solenidad, se dice que ayunaban diez ó doce dias, abstiniéndose de comer

demasiado y no dormir con sus mugeres, y beber solamente por la mañana,

que es cuando ellos comen, chicha, y despues, en el dia, tan solamente

agua, y no comer ají, ni traer cosa en la boca, y otras cirimonias que

entre ellos se guardaban en semejantes ayunos. Lo cual pasado, habian

traido al Cuzco mucha suma de corderos, y de ovejas, y de palomas y

cuis, y otras aves y animales, los cuales mataban para hacer el

sacrificio; y habiendo degollado la multitud del ganado, untaban con la

sangre dellos las estátuas y figuras de sus dioses, ó diablos, y las

puertas de los templos y oráculos, á donde colgaban las asaduras; y

despues de estar un rato, los agoreros y adivinos miraban en los

livianos sus señales, como los gentiles, anunciando lo que se les

antojaban, á lo cual daban mucho crédito.

Y acabado el sacrificio, el grand sacerdote con los demás sacerdotes

iban al templo del sol, y despues de haber dicho sus salmos malditos,

mandaban salir á las vírgenes mamaconas arreadas ricamente y con mucha

multitud de chicha quellas tenian hecha, y entre todos los que se

hallaban en la gran ciudad del Cuzco se comian los ganados y aves que

para el sacrificio vano se habian muerto, y bebian de aquella chicha,

que tenian por sagrada, dándosela á beber en grandes vasos de oro, y

estando ella en tinajas de plata de las muchas que habia en el templo.

Y habiendo comido y muchas veces bebido, estando, así el rey como el

grand sacerdote, como todos los demás, bien alegres y calientes dello,

siendo poco mas de mediodia, se ponian en órden y comenzaban los hombres

á cantar con voz alta los villancicos y romances que para semejantes

dias por sus mayores fué inventado, que todo era dar gracias á sus

dioses, prometiendo de servir los beneficios recebidos. Y para esto

tenian muchos atabales de oro engastonados algunos en pedreria, los

cuales les tañian[94] sus mujeres, que juntamente con las mamaconas

sagradas les ayudaban á cantar.

Y en mitad de la plaza tenian puesto, á lo que dicen, un teatro grande

con sus gradas, muy adornado con paños de plumas llenos de chaquira de

oro, y mantas grandes riquísimas de su tan fina lana, sembrados de

argenteria de oro y de pedreria. En lo alto de este trono ponian la

figura de su Ticiviracocha, grande y rica; al cual, como ellos tenian

por Dios soberano hacedor de lo criado, lo ponian en lo más alto y le

daban el lugar más eminente; y todos los sacerdotes estaban junto á él;

y el Inca con los principales y gente común le iban á mochár, tirándose

los alpargates, descalzos, con grand humildad; y encogian los hombros y,

hinchando los carrillos, soplaban hácia él, haciendo la mocha, que es

como decir reverencia.

Abajo deste trono se tenia la figura del sol, que no oso afirmar de lo

que era hecha, y tambien ponian la de la luna y otros bultos de dioses

esculpidos en palos y en piedras; y crean los letores, que tenemos por

muy cierto, que ni en Jerusalem, Roma, ni en Persia, ni en ninguna parte

del mundo, por ninguna república ni rey dél se juntaba en un lugar tanta

riqueza de metales de oro y plata y pedreria como en esta plaza del

Cuzco, cuando estas fiestas y otras semejantes se hacian; porque eran

sacados los bultos de los Incas, reyes suyos, ya muertos, cada uno con

su servicio y aparato de oro y plata que tenian, digo los que habiendo

sido en vida buenos y valerosos, piadosos con los indios, generosos en

les hacer mercedes, perdonadores de injurias; porque á estos tales

canonizaba su ceguedad por sanctos, y honraban sus huesos, sin entender

que las animas ardian en los infiernos, y creían questaban en el cielo.

Y lo mesmo era de algunos otros orejones ó de otra nacion, que por

algunas causas que en su gentilidad hallaban, los llamaban tambien

sanctos. Y llaman ellos á esta manera de canonizar _ylla_, que quiere

decir cuerpo del que fué bueno en la vida[95]; y en otro entendimiento,

_yllapa_ significa trueno ó relámpago; y asi llaman los indios á los

tiros de artilleria _yllapa_, por el estruendo que hace[96].

Pues juntos el Inca y el grand sacerdote con los cortesanos del Cuzco y

mucha gente que venia de las comarcas, teniendo sus dioses puestos en

tálamo, los mochaban, que es hacerles reverencia, lo que ellos usaban

ofreciéndoles muchos dones de ídolos de oro pequeños y ovejas de oro, y

figuras de mujeres, todo pequeño, y otras muchas[97] joyas. Y estaban en

esta fiesta de _Hátun Raimi_ quince ó veinte dias, en los cuales se

hacian grandes táquis y borracheras y otras fiestas á su usanza; lo cual

pasado, daban fin al sacrificio, metiendo los bultos de los ídolos en

los templos, y los de los Incas muertos en sus casas.

El sacerdote mayor tenia aquella dignidad por su vida, y era casado, y

era tan estimado, que competia en razones con el Inca, y tenia poder

sobre todos los oráculos y templos, y quitaba y ponia sacerdotes. El

Inca y él jugaban muchas veces á sus juegos, y eran estos tales de grand

linaje y de parientes poderosos, y no daban la tal dignidad á hombres

bajos ni oscuros, aunque tuviesen mucho merecimiento.--Nobles se llaman

todos los que vivian en la parte del Cuzco, que llamaban _orencuzcos_ y

_anancuzcos_[98], y los hijos descendientes dellos, aunque en otras

partes residiesen en otras tierras. Yo me acuerdo, estando en el Cuzco

el año pasado de mill quinientos y cincuenta por el mes de agosto,

despues de haber cogido sus sementeras, entrar los indios con sus

mugeres por la ciudad con gran ruido, trayendo los arados en las manos y

algunas pajas y maíz, hacer fiesta en solamente cantar y decir cuanto en

lo pasado solian festejar sus cosechas. E porque no consienten los

apos[99] y sacerdotes questas fiestas gentílicas se hagan en público,

como solian, ni en secreto lo consintirian, si lo supiesen; pero como

haya tantos millares de indios sin se haber vuelto chripstianos, de

creer es, que, en donde no los vean, harán lo que se les antojare. La

figura de Ticiviracocha, y la del sol y la luna, y la maroma grande de

oro, y otras piezas conocidas, no se han hallado, ni hay indio, ni

chripstiano que sepa ni atine á dónde están[100]; pero aunque mucho,

esto es poco para lo que está enterrado en el Cuzco y en los oráculos y

en otras partes deste grand reino.

_CAP. XXXI.--Del segundo rey ó Inca que hobo en el Cuzco, llamado Sinchi

Roca[101]._

Pues con la más brevedad que pude escribí lo que entendí de la

gobernacion y costumbre de los Incas, quiero volver con mi escriptura á

contar lo que hobo desde Manco Capac hasta Guascar, como atrás prometí.

Y así, deste como de otros no dan mucha noticia los orejones, porque, á

la verdad, hicieron pocas cosas; porque los inventores de lo escripto y

los más valerosos de todos ellos, fueron Inca Iupanqui y Tupac Inca, su

hijo, y Guayna Capac su nieto; aunque tambien lo debe causar la razon,

que ya tengo escripta, de ser éstos los más modernos.

Luego, pues, que fué muerto Manco Capac y hechos por él los lloros

generales y osequias, Sinchi Roca Inca toma la borla ó corona con las

cirimonias acostumbradas, procurando luego de alargar la casa del sol y

allegar á sí la más gente que pudo con halagos y grandes ofrecimientos,

llamando, como ya se llamaba á la nueva poblacion, Cuzco. Y algunos de

los indios naturales dél afirman, que á donde estaba la grande plaza,

ques la misma que agora tiene, habia un pequeño lago y tremedal de agua

que les era dificultoso para el labrar los edificios grandes que querian

comenzar y edificar; mas, como esto fuese conocido por el rey Sinchi

Roca[102], procura con ayuda de sus aliados y vecinos deshacer aquel

palude, cegándolo con grandes losas y maderos gruesos, allanando por

encima donde el agua solia estar, de tal manera, que quedó como agora lo

vemos. Y aún cuentan más, que todo el valle del Cuzco era estéril y

jamás daba buen fruto la tierra dél de lo que sembraron, y que de dentro

de la grand montaña de los Andes trajeron muchos millares de cargas de

tierra, la cual tendieron por todo él; con lo cual, si es verdad, quedó

el valle muy fértil, como agora lo vemos.

Este Inca hobo en su hermana y mujer muchos hijos: al mayor nombraron

Lloque Yupanqui[103]. Y visto por los comarcanos al Cuzco la buena órden

que tenian los nuevos pobladores que en él estaban, y cómo traian á su

amistad las gentes más por amor y binivolencia que no por armas ni

rigor, algunos capitanes y principales vinieron á con ellos tener sus

pláticas, holgándose de ver el templo de Curicancha y la buena órden con

que se regian; que fué causa que firmaron con ellos amistades de muchas

partes. Y dicen más, que como hobiesen venido al Cuzco, entre estos que

digo, un capitan del pueblo que llaman Zañu[104], no muy léjos de la

ciudad, que rogó á Sinchi Roca[105], con gran veemencia que en ello

puso, que tuviese por bien que una hija que él tenia muy apuesta y

hermosa, la quisiese recibir para darla por mujer á su hijo. Entendido

esto por el Inca, pesóle, porque era lo que se le pedia cosa, que si lo

otorgaba, iba contra lo establecido y ordenado por su padre, y si no

concedia al dicho deste capitan, quél y los demás los tenian por hombres

inhumanos, publicando que no eran más de para sí. Y habiendo tomado

consejo con los orejones y principales de la ciudad, paresció á todos

que debia de recibir la doncella para la casar con su hijo, porque hasta

que tuviesen más fuerza y potencia, no se habian de guiar en aquel caso

por lo que su padre dejó mandado. Y así, dicen que respondió al padre de

la que habia de ser mujer de su hijo, que la trajiesen; y se hicieron

las bodas con toda solenidad, á su costumbre é modo, y fué llamada en el

Cuzco Coya; y una hija que tenia el rey, que habia de ser mujer de su

hermano, fué colocada en el templo de Curicancha, á donde ya habian

puesto sacerdotes y se hacian sacrificios delante de la figura del sol,

y habia porteros para guarda de las mujeres sagradas de la manera y como

está contado. Y como este casamiento se hizo, cuentan los mismos indios

que aquella parcialidad se juntó con los vecinos del Cuzco, y haciendo

grandes convites y borracheras, confirmaron su hermandad y amistad de

ser todos unos; y por ello se hicieron grandes sacrificios en el cerro

de Guanacaure y en Tampuquiro y en el mesmo templo de Curicancha. Lo

cual pasado, se juntaron más de cuatro mill mancebos, y hechas las

cirimonias que para ello se habian inventado, fueron armados caballeros

y quedaron tenidos por nobles, y les fueron rasgadas las orejas y

puestos en ellas aquel redondo que usar solian.

Pasado esto y otras cosas que sucedieron al rey Sinchi Roca, que no

sabemos, despues de ser viejo y de dejar muchos hijos y hijas, murió y

fué muy llorado y plañido, y le hicieron osequias muy suntuosas,

guardando su bulto para memoria que habia sido bueno, creyendo que su

ánima descansaba en los cielos.

_CAP. XXXII.--Del tercero rey que hubo en el Cuzco, llamado Lloque

Yupanqui._

Muerto, de la manera que se ha contado, Sinchi Roca, Lloque Yupanqui, su

hijo, fué recebido por Señor, habiendo primero ayunado los dias para

ello señalados; y como por sus adivinanzas y pensamientos se tuviese

grande esperanza que en lo futuro la ciudad del Cuzco habia de

florescer, el nuevo rey comenzó á la ennoblecer con nuevos edificios que

en ella fueron hechos, y rogó, á lo que cuentan, á su suegro, quisiese

con todos sus aliados y confederados pasarse á vivir á su ciudad, á

donde le seria guardado su honor y en ella ternia la parte que quisiese.

Y el señor ó capitan de Zañu[106] haciéndolo asi, se le dió y señaló

para su vivienda la parte más occidental de la ciudad, la cual, por

estar en laderas y collados, se llamó Anancuzco; y en lo llano y mas

bajo, quedóse el rey con su casa y vecindad; y como ya todos eran

orejones, ques tanto como decir nobles, y casi todos ellos hobiesen sido

en fundar la nueva ciudad, tuviéronse siempre por ilustres las gentes

que vivian en los dos lugares de la ciudad, llamados Anancuzco y

Orencuzco. Y aun algunos indios quisieron decir que el un Inca habia de

ser de uno destos linajes, y otro del otro; mas no le tengo por cierto,

ni que es mas de lo que los orejones cuentan, que es lo que ya está

escripto. Por una parte y por otra de la ciudad habia grandes barrios en

los collados, porque ella estaba atrazada en cerros y quebradas, como se

contó en la Primera parte desta Corónica[107].

No dan relacion que en estos tiempos hobiese guerra notable; ántes

afirman, que los del Cuzco, poco á poco, con buenas mañas que para ello

tenian, allegaban á su amistad muchas gentes de las comarcas de su

ciudad y acrescentaban el templo de Curicancha, así en edificios como en

riqueza; que ya buscaban metales de plata y oro, y dello venia mucho á

la ciudad al tianquez[108] ó mercado que en ella se hacia; y metíanse en

el templo mujeres para no salir dél, segund y como está dicho en otros

lugares.

Y reinando desta manera Lloque Yupanqui en el Cuzco, pasándosele lo mas

de su tiempo, allegó á ser muy viejo, sin haber hijo en su mujer.

Mostrando mucho pesar dello los vecinos de la ciudad, hicieron grandes

sacrificios y plegarias á sus dioses, así en Guanacaure como en

Curicancha, y en Tamboquiro; y dicen que por uno de aquellos oráculos

donde iban [por] respuestas vanas, oyeron que el Inca engendraria hijo

que le sucediese en el reino; de lo cual mostraron mucho contento, y

alegres con la esperanza, ponian al viejo rey encima de su mujer la

Coya, y con tales burlas, á cabo de algunos dias, claramente se conoció

estar preñada, y á su tiempo parió un hijo.

Lloque Yupanqui murió, mandando primero que la borla ó corona del

imperio fuese puesta y depositada en el templo de Curicancha, hasta que

su hijo tuviese edad para reinar, al cual pusieron por nombre Mayta

Capac; y por gobernadores dicen que dejó á dos de sus hermanos, los

nombres de los cuales no entendí.

Muerto el Inca Yupanqui, fué llorado por todos los criados de su casa, y

en muchas partes de la ciudad, conforme á la ceguedad que tenian, se

mataron muchas mujeres y muchachos, con pensar que le habian de ir á

servir al cielo, donde ya tenian por cierto que su ánima estaba; y

santificándole por sancto, mandaron los mayores de la ciudad que fuese

hecho bulto para sacar á las fiestas que se hiciesen. Y cierto, grande

es el preparamiento que se hacia para enterrar á uno de estos reyes, y

generalmente en todas las provincias le lloraban, y en muchas dellas se

tresquilaban las mujeres, ciñéndose sogas de esparto; y al cabo del año

se hacian unas lamentaciones y sacrificios gentílicos, mucho más de lo

que se puede pensar. Y esto, los que se hallaron en el Cuzco el año de

mill quinientos y cincuenta, verian lo que allí pasó sobre las honras de

Paulo[109], cuando le hicieron su cabo de año; que fué tanto, que las

más de las dueñas de la ciudad subieron á su casa á lo ver; y yo me

hallé presente, y cierto era para concebir admiracion. Y háse de

entender que era aquello nada en comparacion de lo pasado. Y diré agora

de Mayta Capac.

_CAP. XXXIII.--Del cuarto Inca que hobo en el Cuzco, llamado Mayta Capac

y de lo que pasó en el tiempo de su reinado._

Pasado, pues, lo que se ha escripto, Mayta Capac, se fué haciendo

grande; el cual, despues de haber hecho las cirimonias que se requerian,

le fueron abiertas las orejas; y siendo más hombre, en presencia de

muchas gentes, así naturales como extranjeros, que para ello se

juntaron, rescebió la corona ó borla del imperio; é porque no tenia

hermana con quien casar, tomó por mujer á una hija de un[110] señorete ó

capitan del pueblo de Oma, que estaba del[111] Cuzco hasta dos leguas;

la cual por nombre habia Mama Cahua Pata.

Hechas las bodas, estaba un barrio cerca de la ciudad, donde vivia un

linaje de gente á quien llamaban Alcaviquiza[112], y estos no habian

querido tener amistad con los del Cuzco ninguna, y estando llenos de

sospechas unos de otros, dicen que yendo á tomar agua una muger del

Cuzco á ciertas fuentes que por allí estaban, salió un muchacho del otro

barrio y le quebró el cántaro y habló no sé qué palabras; la cual, dando

gritos, volvió al Cuzco; y como estos indios son tan alharaquientos,

salieron luego con sus armas contra los otros, que tambien habian tomado

las suyas al ruido que oian, para ver en lo que paraba el negocio; y

llegando el Inca con su gente cerca, se pusieron en órden de pelea,

habiendo tomado por achaque cosa tan liviana como entre la india y

muchacho habia pasado, para querer sojuzgar los de aquel linaje ó que la

memoria dellos se perdiese.

Y esto por los de Alcaviquiza bien era entendido; y como hombres de

valor, salieron á la batalla con grand denuedo, que fué la primera que

se dió en aquellos tiempos, y pelearon gran rato así los unos como los

otros, porque habiendo sido el caso tan súpito, no habian podido allegar

favores ni buscar ayudas los de Alcaviquiza; los cuales, aunque mucho

pelearon, fueron vencidos despues de ser muertos todos los más, que casi

no escaparon cincuenta con la vida. Y luego el rey Mayta Capac, tomando

posesion en los campos y heredades de los muertos, usando de vencedor,

lo repartió todo por los vecinos del Cuzco, y se hicieron grandes

fiestas por la vitoria, yendo todos á sacrificar á los oráculos que

tenian por sagrados.

Deste Inca no cuentan los orejones más de que Mayta Capac reynó en el

Cuzco algunos años; y estando allegando gente para salir á lo que

llaman Condesuyo, le vino tal enfermedad, que hobo de morir, dejando por

su heredero al hijo mayor, llamado Capac Yupanqui.

_CAP. XXXIV.--Del quinto rey que hobo en el Cuzco, llamado Capac

Yupanqui._

Paréceme, que destos Incas que al principio de la fundacion del Cuzco

reinaron en aquella ciudad, que los indios cuentan pocas cosas dello; y,

cierto, debe ser lo que dicen, que entre los Incas, cuatro ó cinco

dellos fueron [los que] tanto se señalaron y que ordenaron é hicieron lo

que ya [he] escripto.

Muerto Mayta Capac, le fueron hechas las osequias como se usaba entre

ellos, y habiendo puesto su bulto en el templo, para lo canonizar por

santo conforme á su ceguedad, Capac Yupanqui tomó la borla con grandes

fiestas que para solenizar la coronacion fueron hechas; y para ello, de

todas partes vinieron gentes. Y pasadas las alegrias, que lo más es

beber y cantar, el Inca determinó de ir á hacer sacrificio al cerro de

Guanacaure, acompañado del Gran Sacerdote y de los ministros del templo,

y de muchos orejones y vecinos de la ciudad.

Y en la provincia de Condesuyo se habia entendido cómo al tiempo que el

Inca pasado murió, estaba determinado de él ir á dar guerra, [y]

habianse apercebido, porque no los tomase descuidados; y dende á pocos

dias tuvieron tambien noticias de su muerte y de la salida que queria

hacer Capac Yupanqui, su hijo, á hacer sacrificios al cerro de

Guanacaure, y determinaron de venir á le dar guerra, y á cojer el

despojo, si con la victoria quedasen. Y así lo pusieron por obra, y

salieron de un pueblo que está en aquella comarca, á quien llaman Marca,

y así llegaron á donde ya era venido el Inca, que siendo avisado de lo

que pasaba, estaba á punto aguardando lo que viniese; y sin se pasar

muchos dias, se juntaron unos con otros y se dieron batalla; la cual

duró mucho espacio, y que todos pelearon animosamente; mas al fin, los

de Condesuyo fueron vencidos con muerte de muchos dellos; y así, el

sacrificio se hizo con más alegría, matando algunos hombres y mugeres,

conforme á su ceguedad, é mucho ganado de ovejas y corderos, en las

asaduras de los cuales pronosticaban sus desvaríos y liviandades.

Acabados estos sacrificios, el Inca dió la vuelta al Cuzco, á donde se

hicieron grandes fiestas y alegrías por la victoria que habia habido.

Los que escaparon de los enemigos, como mejor pudieron, fueron á parar á

su provincia, á donde de nuevo procuraron de allegar gente y buscar

favores, publicando que habian de morir ó destruir la ciudad del Cuzco,

matando todos los advenedizos que en ella estaban; y con mucha soberbia,

inflamados en ira, se daban priesa á recoger armas, y sin ver el templo

de Curicancha, repartian entre ellos mesmos las señoras que en él

estaban. Y estando aparejados, se fueron hácia el [cerro] de Guanacaure,

para desde allí entrar en el Cuzco; donde habia aviso destos movimientos

y Capac Yupanqui habia juntado todos los comarcanos al Cuzco y

confederados, y con los orejones aguardó á sus enemigos, hasta que supo

estar cerca del Cuzco; á donde fueron á encontrarse con ellos, y entre

los unos y los otros se dió la batalla, animando cada capitan á su

gente. Mas, aunque los de Condesuyo pelearon hasta más no poder, fueron

vencidos segunda vez con muerte de más de seis mill hombres dellos, y

los que escaparon, volvieron huyendo á sus tierras.

Capac Yupanqui los fué siguiendo hasta su propia tierra, donde les hizo

la guerra de tal manera, que vinieron á pedir paz, ofreciendo de

reconoscer al Señor del Cuzco, como lo hacian los otros pueblos que

estaban en su amistad. Capac Yupanqui los perdonó y se mostró muy alegre

con todos, mandando á los suyos que no hiciesen daño ni robasen nada á

los que ya tenian por amigos. Y en aquella comarca fueron luego buscadas

algunas doncellas hermosas para llevar al templo del sol que estaba en

el Cuzco. Y Capac Yupanqui anduvo algunos dias por aquellas comarcas

emponiendo á los naturales dellas en que viviesen ordenadamente, sin

tener sus pueblos por los altos y peñascos de nieve; y así fué hecho

como él lo mandó, y volviose á su ciudad.

La cual se iba ennobleciendo más cada dia y se adornaba el templo de

Curicancha; y mandó hacer una casa para su morada, que era la mejor que

hasta en aquel tiempo se habia hecho en el Cuzco. Y cuentan que hobo en

la Coya, su legítima muger, hijos que le sucedieron en el señorío; y

como ya se extendiese la fama por todas las provincias comarcanas al

Cuzco de la estada en ella de los Incas y orejones y del templo que

habian fundado, y de cuanta razon y buena órden habia en ellos, y de

cómo andaban vestidos y aderezados, de todo esto se espantaban, y la

fama discurria por todas partes, dando pregones destas cosas.

Y en aquellos tiempos, los que tenian señorío á la parte del Poniente de

la ciudad del Cuzco, y se extendia hasta donde agora es Andaguaylas,

como lo oyesen, enviaron á Capac Yupanqui sus embajadores con grandes

dones y presentes, enviándole á rogar los quisiese tener por amigos y

confederados suyos; á lo cual respondió el Inca muy bien, dándoles ricas

piezas de oro y de plata que diesen á los que los enviaron. Y

haciéndoles buen tratamiento y hospedage, estuvieron estos mensajeros

algunos dias en la ciudad, paresciéndoles más lo que veian, que no lo

que habian oido; y así lo contaron en sus tierras, desque allá fueron

vueltos. Y algunos de los orejones del Cuzco afirman, que la lengua

general que se usó por todas las provincias, que fué la que usaban y

hablaban estos Quíchoas, los cuales fueron tenidos por sus comarcanos

por muy valientes, hasta que los Chancas los destruyeron. Habiendo,

pues, el Inca Capac Yupanqui vivido muchos años, [murió] siendo ya muy

viejo; y habiendo ya pasado los lloros y dias de sus honras, su hijo

fué recibido sin contraste ninguno por rey del Cuzco, como su padre lo

habia sido; el cual habia por nombre Inca Roca Inca[113].

_CAP. XXXV.--Del sexto rey que hubo en el Cuzco y lo que pasó en su

tiempo, y de la fábula ó historia que cuentan del rio que pasa por medio

de la ciudad del Cuzco._

Muerto por la manera que se ha contado Capac Yupanqui, sucedió en el

señorío Inca Roca Inca, su hijo, y para el tomar de la borla, vinieron,

como lo solian hacer, de muchas partes número grande de gente á se

hallar presentes á ello; y fueron hechos grandes sacrificios en los

oráculos y templos, conforme á su ceguedad. Y cuentan estos indios, que

al tiempo que le fueron rasgadas las orejas á este Inca, para poner en

ellas aquel redondo que hoy en dia traen los orejones, que le dolió

mucho la una dellas, tanto, que se salió de la ciudad con esta fatiga y

fué á un cerro que está cerca de ella muy alto, á quien llaman Chaca, á

donde mandó á sus mugeres y á la Coya, su hermana, Micai Coca[114], la

cual en vida de su padre habia recibido por muger, que con el

estoviese. Y cuentan en este paso, que sucedió un misterio fabuloso, el

cual fué, que como en aquel tiempo no corriese por la ciudad ni pasase

ningun arroyo ni rio, que no se tenia por poca falta y necesidad, porque

cuando hacia calor se iban á bañar por la redonda de la ciudad en los

rios que habia, y áun sin calor se bañaban, y para proveimiento de los

moradores habia fuentes pequeñas, las que agora hay; y estando en este

cerro el Inca desviado algo de su gente, comenzó á hacer su oracion al

gran Ticiviracocha, y á Guanacaure y al sol y á los Incas sus padres y

abuelos, para que quisiesen declararle cómo y por dónde podrian, á

fuerzas de manos de hombre, llevar algun rio ó acequia á la ciudad; y

que estando en su oracion, se oyó un trueno grande, tanto, que espantó á

todos los que allí estaban; y quel mesmo Inca, con el miedo que recibió,

abajó la cabeza hasta poner la oreja izquierda en el suelo, de la cual

le corria mucha sangre; y que súpitamente, oyó un gran ruido de agua que

por debajo de aquel lugar iba; y que, visto el misterio, con mucha

alegria mandó que viniesen muchos indios de la ciudad, los cuales con

priesa grande cavaron hasta que toparon con el golpe de agua que,

habiendo abierto camino por las entrañas de la tierra, iba caminando sin

dar provecho.

Y prosiguiendo con este cuento, dicen más, que despues que mucho

hobieron cavado y vieron el ojo de agua, hicieron grandes sacrificios á

sus dioses, creyendo que por virtud de su deidad aquel beneficio les

habia venido, y que con mucha alegría se dieron tal maña, que llevaron

el agua por medio de la ciudad, habiendo primero enlosado el suelo con

losas grandes, sacando con cimientos fuertes unas paredes de buena

piedra por una parte y por otra del rio; y para pasar por él, se

hicieron á trechos algunos puentes de piedra.

Este rio yo lo he visto, y es verdad que corre de la manera que cuentan,

viniendo el nacimiento[115] de hácia aquella sierra. Lo demás, no sé lo

que es, más de escribir lo que sobre ello cuentan; y bien podria ir

algun ojo de agua metido en la mesma tierra, sin ser visto ni oido el

ruido del agua, hechálo por la ciudad, como agora lo vemos; porque en

muchas partes deste gran reino van ó corren rios grandes y pequeños por

debajo de la tierra, como ternan noticia los que por los llanos y

sierras dél hubieren andado. En este tiempo, muladares grandes hay por

la orilla deste rio, lleno de inmundicias y bascosidades, lo que no

estaba en tiempo de los Incas, sino muy limpio, corriendo el agua por

encima de las losas dichas; y algunas veces se iban á lavar los Incas

con sus mugeres; y en diversas veces han algunos españoles hallado

cantidad de oro, no puro, sino en joyas menudas, y de sus topos, que

dejaban ó se les caian cuando se bañaban.

Despues de pasado esto, Inca Roca salió, á lo que dicen, del Cuzco á

hacer sacrificios, procurando con grandes mañas y buenas palabras

atraer á su amistad las gentes que más podia; y salió y fué hácia lo que

llaman Condesuyo; á donde, en el lugar que llaman Pomatambo, tuvo una

batalla con los naturales de aquellas comarcas, de la cual quedó por

vencedor y señor de todos; porque, perdonando con muchas liberalidades y

comunicando con ellos sus cosas grandes, le tomaron amor y ofrecieron á

su servicio, obligándose de le acudir con tributos. Despues de haber

estado algunos dias en Condesuyo y visitado los oráculos y templos que

hay por aquellas tierras, se volvió victorioso al Cuzco, yendo delante

dél indios principales, guardando su persona con hachas y alabardas de

oro.

Tuvo este Inca muchos hijos y no hija ninguna; y habiendo ordenado y

mandado algunas cosas grandes y de importancia para la gobernacion,

murió, habiendo primero casado á su primogénito, que por nombre habia

Inca Yupanqui, con una señora natural de Ayarmaca, á quien nombraban

Mama Chiquia.

_CAP. XXXVI.--Del séptimo rey ó Inca que en el Cuzco hobo, llamado Inca

Yupanqui._

Muerto que fué Inca Roca acudieron de Condesuyo, Vicos, de Ayarmaca, y

de las otras partes con que habia asentado alianza y amistad, mucha

gente, así hombres como mugeres, é fueron hechos grandes llantos por el

rey difunto; é muchas mugeres de las que en vida le amaron y sirvieron,

conforme á la ceguedad de los indios general, de sus mesmos cabellos se

ahorcaron, y otras se mataron por otros modos, para, de presto, enviar

sus ánimas para servir á la de Inca Roca; y en la sepoltura, que fué

magnífica y suntuosa, echaron grandes tesoros y mayor cantidad de

mugeres y sirvientes con mantenimientos y ropa fina.

Ninguna sepoltura destos reyes se ha hallado; y para que se conozca si

serian ricas ó no, no es menester más prueba que, pues se hallaban en

sepolturas comunes á sesenta mill pesos de oro y más y ménos, ¿qué

serian las que metian estos que tanto deste metal poseyeron y que tenian

por cosa importantísima salir deste siglo ricos y adornados?

Así mesmo le fué hecho bulto á Inca Roca, contándole por uno de sus

dioses, creyendo que ya descansaba en el cielo.

Pasados los lloros y hechas las osequias, el nuevo Inca se encerró á

hacer el ayuno; y porque con su ausencia no recreciese alguna sedicion ó

levantamiento de pueblo, mandó que uno de los más principales de su

linage estuviese en público representando su mesma persona; al cual dió

poder para que pudiese castigar al que hiciese por qué, y tener la

ciudad en todo sosiego y paz, hasta que él saliese con la insinia real

de la borla. Y este Inca, dicen que tienen por noticia que fué de gentil

presencia, grave y de autoridad. El cual entró en lo más secreto de su

palacio, á donde hizo el ayuno, metiéndole á tiempos el maíz con lo que

más comia, y se estaba sin tener ayuntamiento carnal con muger. Acabado,

se salió luego, mostrando con su vista las gentes gran contento; y se

hicieron sus fiestas y sacrificios grandes; y pasadas las fiestas, mandó

el Inca que se trajese de todas partes cantidad de oro y plata para el

templo; y se hizo en el Cuzco la piedra que llaman de la guerra, grande,

y las engastonadas en oro y piedras[116].

_CAP. XXXVII.--Cómo, queriendo salir este Inca á hacer guerra por la

provincia del Collao, se levantó cierto alboroto en el Cuzco, y de cómo

los Chancas vencieron á los Quichuas, y les ganaron su señorío._

Estando Inca Yupanqui en el Cuzco procurando de lo ennoblecer, determinó

de ir á Collasuyo, que son las provincias que caen á la parte del Austro

de la ciudad, porque tuvo aviso que los descendientes de Zapana, que

señoreaban la parte de Atuncollao, eran ya muy poderosos y estaban tan

soberbios, que hacian junta de gente para venir sobre el Cuzco; y así,

mandó apercibir sus gentes. Y como el Cuzco mucho tiempo no sufre paz,

cuentan los indios, que como hobiese allegado mucha gente Inca Yupanqui

para la jornada que queria hacer, estando ya para se partir, como

hobiesen venido algunos capitanes de Condesuyo con gente de guerra,

trataron entre sí de matar al Inca, porque si de aquella jornada salia

con victoria, quedaria tan estimado, que á todos querria tener por

vasallos y criados. Y así, dicen que estando el Inca en sus fiestas algo

alegre con el mucho vino que bebian, allegó uno de los de la liga y que

habian tomado el partido ya dicho, y alzando el brazo, descargó un golpe

de baston en la cabeza real, y que el Inca turbado y con ánimo, se

levantó diciendo: "¿Qué hiciste, traidor?" Y ya los de Condesuyo habian

hecho muchas muertes; y el mismo Inca se pensó guarecer con irse al

templo; mas fué en vano pensarlo, porque alcanzado de sus enemigos, le

mataron, haciendo lo mesmo á muchas de sus mugeres.

Andaba gran ruido en la ciudad, tanto que no se entendian los unos á los

otros: los sacerdotes se habian recogido al templo y las mujeres de la

ciudad, aullando, tiraban de sus cabellos, espantadas de ver al Inca

muerto de sangre, como si fuera algun hombre vil. E muchos de los

vecinos quisieron desamparar la ciudad, y los matadores la querian poner

á saco, cuando, cuentan, que haciendo gran ruido de truenos y

relámpagos, cayó tanta agua del cielo, que los de Condesuyo temieron, y

sin proseguir adelante, se volvieron, contentándose con el daño que

habian hecho.

Y [cuentan ó dicen] los indios, que en este tiempo eran señores de la

provincia que llamaban Andaguailas los Quíchuas[117], y que de junto á

un lago que habia por nombre Choclococha[118], salieron cantidad de

gente con dos capitanes llamados Guaraca y Uasco, los cuales vinieron

conquistando por donde venian, hasta que llegaron á la provincia dicha;

y como los moradores della supieron su venida, se pusieron á punto de

guerra, animándose los unos á los otros, diciendo que seria justo dar la

muerte á los que habian venido contra ellos; y así, saliendo por una

puerta que va á salir hacia los Aymaraes, los Chancas con sus capitanes

venian acercándose á ellos, de manera que se juntaron y tuvieron algunas

pláticas los unos con los otros, y sin quedar avenidos, se dió la

batalla entre ellos; que, cierto, segun la fama pregona, fué reñida y la

victoria estuvo dudosa; mas, al fin, los Quíchuas fueron vencidos y

tratados cruelmente, matando á todos los que podian á las manos haber,

sin perdonar á los niños tiernos, ni á los inútiles viejos, tomando á

sus mujeres por mancebas. Y hechos otros daños, se hicieron señores de

aquella provincia y la poseyeron como hoy dia la mandan sus

descendientes. Y esto hélo contado, porque adelante se ha de hacer mucha

mencion de estos Chancas.

Y volviendo á la materia, como los de Condesuyo se fueron del Cuzco,

fué limpiada la ciudad de los muertos y hechos grandes sacrificios; y se

dice por muy cierto, que á Inca Yupanqui no se le hizo en su entierro la

honra que á los pasados, ni le pusieron bulto como á ellos, y no dejó

hijo ninguno.

_CAP. XXXVIII.--Cómo los orejones trataron sobre quien seria Inca, y lo

que pasó hasta que salió con la borla Viracocha Inga, que fué el octavo

rey que reinó._

Pasado lo que se contó conforme á la relacion que los orejones del Cuzco

dan de estas cosas, dicen más, que como se hobiese hecho grandes lloros

por la muerte del Inca, se trató entre los principales de la ciudad

quién seria llamado rey é merescia tener la tal dignidad. Sobre esto

habia diversas opiniones; y porque tales hobo que querian que no hobiese

rey, sino que gobernasen la ciudad los que señalasen, otros decian que

se perdia sin tener cabeza.

Sobre estas cosas habia gran ruido; y temiendo su porfía, se cuenta que

salió una mujer de través de los Anancuzcos, la cual dijo: "¿En qué

estais ahí? ¿Por qué no tomais á Viracocha Inga, pues lo merece tan

bien?" Oida esta palabra, como son tan determinables estas gentes,

dejando los vasos del vino, á gran priesa fueron por Viracocha Inga,

hijo de Inca Yupanqui[119], diciéndole, como le vieron, que ayunase lo

acostumbrado y recebiese la borla que darle querian. Viniendo Viracocha

en ello, se entró á hacer el ayuno y encargó la ciudad á Inca Roca Inca,

su pariente, y salió al tiempo con la corona, muy adornado, y se

hicieron fiestas solenes en el Cuzco, y que muchos dias duraron,

mostrando todos gran contento con la eleccion del nuevo Inca.

Del cual algunos quisieron decir que este Inca se llamó Viracocha por

venir de otras partes y que traia traje diferenciando, y que en las

faiciones y aspecto mostró ser como un español, porque traia barbas.

Cuentan otras cosas que más cansáran, si las hobiese de escribir. Yo

pregunté en el Cuzco á Cayo Tupac Yupanqui y á los otros más principales

que en el Cuzco me dieron la relacion de los Incas que yo voy

escribiendo, y me respondieron ser burla y que nada es verdad; porque

Viracocha Inga fué nascido en el Cuzco y criado, y que lo mesmo fueron

sus padres y abuelos; y que el nombre de Viracocha se lo pusieron por

nombre particular, como lo tiene cada uno.

Y como le fué entregada la corona, se casó con él una señora principal,

llamada Runtu Caya[120], muy hermosa. Y como la fiesta del regocijo

hobiese pasado, determinó de salir á conquistar algunos pueblos de la

redonda del Cuzco que no habian querido el amistad de los Incas pasados,

confiados en la fuerza de sus pucaraes; y con la gente que quiso juntar,

salió del Cuzco con sus ricas andas, con guarda de los más principales,

y endrezó su camino á lo que llamaban Calca[121], á donde habian sido

rescebidos sus mensajeros con mucha soberbia; más, como supieron los del

Cuzco ya estaban cerca dellos, se juntaron, armándose de sus armas, y se

ponian por los altos de los collados en sus fuerzas y albarradas, de do

desgalgaban[122] grandes piedras encaminadas á los reales del Inca, para

que matasen á los que alcanzasen. E los enemigos, poniéndolo por obra,

subieron por la sierra, y apesar de los contrarios, pudieron ganarles

una de aquellas fuerzas. Como los de Calca[123] vieron los del Cuzco en

sus fuerzas, salieron á una gran plaza, á donde pelearon con ellos

reciamente, y duró la batalla desde por la mañana hasta el medio dia, y

murieron muchos de entrambas partes, y fueron más los presos. La

victoria quedó por los del Cuzco.

El Inca estaba junto á un rio, donde tenia asentados sus reales, y como

supo la victoria, sintió mucha alegría. Y en esto, sus capitanes

abajaban con la presa y cativos. Y los indios que habian escapado de la

batalla con otros capitanes de Calca y de sus comarcas, mirando que

pues tan mal les habia cuadrado el pensamiento, que el final remedio que

les quedaba era tentar la fe del vencedor y pedirle paz con obligarse á

servidumbre moderada, como otros muchos hacian; y así acordado, salieron

por una parte de la sierra, diciendo á voces grandes: "Viva, para

siempre viva el poderoso Inca Viracocha, nuestro Señor." Al roido que

hacia el resonante de las voces, se pusieron en armas los del Cuzco, más

no pasó mucho tiempo, cuando ya los vencidos estaban postrados por

tierra delante de Viracocha Inga; á donde, sin levantar, uno que entre

ellos se tenia por más sabio, alzando la voz, comenzó á decir: "Ni te

debes, Inca, ensoberbecer con la vitoria que Dios te ha dado, ni tener

en poco á nosotros por ser vencidos, pues á tí y á los Incas es

permitido señorear las gentes, y á nosotros es dado con todas nuestras

fuerzas defender la libertad que de nuestros padres heredamos, y cuando

con ello salir no pudiéremos, obedecer y recibir con buen ánimo la

subjecion[124]. Por tanto, manda que ya no muera más gente ni se haga

daño, y dispon de nosotros á tu voluntad." Y como el indio principal

hobo dicho estas palabras, los demás que allí estaban dieron aullidos

grandes, pidiendo misericordia.

El rey Inca respondió, que si daño venido les habia, que su ira habia

sido la culpa, pues al principio no quisieron creer sus palabras ni

tener su amistad, de que á él habia pesado; y liberalmente les otorgó

que pudiesen estar en su tierra poseyendo, como primero, sus haciendas,

con tanto que, á tiempo y conforme á las leyes, tributasen de lo que

hobiese en sus pueblos al Cuzco; y que dellos mismos fuesen luego á la

ciudad y le hiciesen dos palacios, uno dentro della y otro en

Caqui[125], para se salir á recrear. Respondió que lo harian, y el Inca

mandó soltar los cativos, sin que uno sólo faltase, y restituir sus

haciendas á los que ya tenian por sus confederados; y para que

entendiesen lo que habian de hacer y entre ellos no hobiese disensiones,

mandó quedar un delegado suyo con poder grande, sin quitar el señorío al

señor natural.

Pasado lo que se ha scripto, Inca Viracocha envió un mensajero á llamar

á los de Caitomarca[126], questaban de la otra parte de un rio hechos

fuertes, sin jamás haber querido tener amistad con los Incas que habia

habido en el Cuzco; y como llegó [el] mensajero de Viracocha Inga, le

maltrataron de palabra, llamando al Inca loco, pues así creia que

ligeramente se habian de someter á su señorío.

_CAP. XXXIX.--De cómo Viracocha Inga tiró una piedra de fuego con su

honda á Caitomarca, y cómo le hicieron reverencia._

Luego que hobo enviado el mensajero Viracocha Inga, mandó á sus gentes

que, alzado el real, caminasen para se acercar á Caitomarca. Y andando

por el camino, llegó junto á un rio, á donde mandó que parasen para

refrescar; y estando en aquel lugar, llegó el mensajero, el cual contó

cómo los de Caitomarca habian burlado dél, y cómo decian que ningun

temor tenian á los Incas. Y cómo fué entendido por Viracocha Inga, con

gran saña subió en las andas, mandando á los suyos que caminasen á toda

priesa; y así lo hicieron hasta ser llegados á la ribera de un rio

caudaloso y de gran corriente, que creo yo debe ser el de Yucay[127]; y

mandó poner sus tiendas el Inca, y quisiera combatir el pueblo de los

enemigos, que de la otra parte del rio estaban; más iba el rio tan

furioso, que no se pudo poner en efecto. Los de Caitomarca llegaron á la

ribera, desde donde con las hondas lanzaban muchas piedras al real del

Inca, y comenzaron de una y otra parte á dar voces y gritos grandes;

porque en esto es estraña la costumbre conque las gentes de acá pelean

unos con otros, y cuán poco dejan á sus bocas reposar.

Dos dias cuentan questuvo en aquel rio el Inca sin pasarlo, que no habia

puente ni tampoco se usaban las que agora hay ántes que hobiese Incas;

porque unos dicen que sí y otros afirman que nó. Y como pasase el rio

Viracocha Inga, dicen que mandó poner en un gran fuego una piedra

pequeña, y como estuviese bien caliente, puesto en ella cierta mestura ó

confacion, para que pudiese en donde tocase enprender la lumbre, la

mandó poner en una honda de hilo de oro, conque, cuando á él placia,

tiraba piedras, y con gran fuerza la echó en el pueblo de Caitomarca; y

acertó á caer en el alar de una casa que estaba cubierta con paja bien

seca, y luego con ruido ardió de tal manera, que los indios acudieron

por ser de noche al fuego que vian en la casa, preguntándose unos á

otros qué habia sido aquello y quién habia puesto el fuego á la casa. Y

salió de través una vieja, la cual dicen que dijo: "Mirá lo que os digo

y lo que os conviniere, sin pensar que de acá se haya puesto fuego á la

casa, ántes creed que vino del cielo, porque yo lo ví en una piedra

ardiendo, que, cayendo de lo alto, dió en la casa y la paró tal como la

veis.

Pues como los principales é mandones con los más viejos del pueblo

aquello oyeron, siendo, como son, tan grandes agoreros y hechiceros,

creyeron que la piedra habia sido enviada por mano de Dios, para

castigarlos porque no querian obedecer al Inca; é luego, sin aguardar

respuesta de oráculo ni hacer sacrificio ninguno, pasaron el rio en

balsas, llevando presentes al Inca; y como fueron delante su presencia,

pidieron la paz, haciéndole grandes ofrecimientos con sus personas y

haciendas, así como lo hacian los confederados suyos.

Sabido por Viracocha Inga lo que habian dicho los de Caitomarca, les

respondió con gran disimulacion, que si aquel dia no hubieran sido

cuerdos en venir, que el siguiente tenia determinado de dar en ellos con

grandes balsas que habia mandado hacer. Y pasado esto, se hizo el

asiento entre los de Caitamarca y el Inca; el cual dió al capitan ó

señor de aquel pueblo una de sus mujeres, natural del Cuzco, la cual fué

estimada y tenida en mucho.

Por la comarca destos pueblos corria la fama de los hechos del Inca, y

muchos, por el sonido della, sin ver las armas de los del Cuzco, se le

mandaban á ofrescer por amigos y aliados del rey Inca, que no poco

contento con ello mostraba tener, hablando á los unos y á los otros

amorosamente y mostrando para con todos gran benivolencia, proveyendo de

lo que él podia á los que veia tener necesidad. Y como vido que podia

juntar grande ejército, determinó de hacer llamamiento de gente para ir

en persona á lo de Condesuyo.

_CAP. XL.--De cómo en el Cuzco se levantó un tirano, y del alboroto que

hobo, y de cómo fueron castigadas ciertas mamaconas, porque, contra su

religion, usaban de sus cuerpos feamente, y de cómo Viracocha Inga

volvió al Cuzco._

De todas las cosas que á Viracocha sucedian iban al Cuzco las nuevas; y

como en la ciudad se contase la guerra que tenia con los de Caitamarca,

dicen que se levantó un tirano hermano de Inca Yupanqui el pasado, el

cual, habiendo estado muy sentido, porque el señorío y mando de la

ciudad se habia dado á Viracocha Inga y no á él, y aguardaba tiempo

oportuno para procurar de haber el señorío. Y este pensamiento tenia

éste, porque hallaba favor en alguno de los orejones y principales del

Cuzco del linaje de los Orencuzcos; y con la nueva desta guerra que el

Inca tenia, paresciéndoles que tenia harto que hacer en la fenecer,

animaban á este que digo, para que, sin mas aguardar, matase al que en

la ciudad por gobernador habia quedado, para se apoderar della.

Capac, que así habia por nombre, codicioso del señorío, juntados sus

aliados, en un dia questaban en el templo del sol todos los más de los

orejones y entre ellos Inca Roca, el gobernador del Inca Viracocha,

tomando las armas, publicando libertad del pueblo y que Viracocha Inga

no pudo haber el señorío, arremetieron para el lugarteniente y lo

mataron así á él como á otros muchos; la sangre de los cuales regaba los

altares donde estaban las aras y santuarios y las figuras del sol. Las

mamaconas con los sacerdotes salieron con grand ruido, maldiciendo á los

matadores, diciendo, que, tan grand pecado, grand castigo merecia. De la

ciudad acudió grand golpe de gente á ver lo que era; y entendido, unos,

aprobando lo hecho, se juntaron con Capac; otros, pesándoles, se

pusieron en armas sin querer pasar por ello; y así, habiendo divison,

caian muchos muertos de una parte y de otra. La ciudad se alborotó en

tanta manera, que reendiendo por los aires el sonido de sus propias

voces, no se oian ni entendian. En esto, prevaleciendo el tirano, se

apoderó de la ciudad, matando á todas las mugeres del Inca, aunque las

más principales habian ido con él. Huyéronse de la ciudad algunas, las

cuales fueron á parar á donde Viracocha Inga estaba; y como por él fué

entendido, disimulando el pesar que sintió, mandó á su gente que

caminasen la via del Cuzco.

Pues volviendo á Capac el tirano, como hobo tomado la ciudad en sí,

quiso salir en público con la borla, para por todos ser tenido por rey;

más como el primer ímpetu fuese pasado, y aquel furor conque los

hombres, saliendo de su entero juicio, acometen grandes maldades, los

mesmos que lo incitaron á que se levantase, riéndose de que quisiese la

dignidad real, le injuriaron de palabra y le desampararon, saliendo á

encontrarse con el verdadero Señor, á quien pidieron perdon por lo que

habian cometido.

A Capac no le faltó ánimo para llevar el negocio adelante; mas, viendo

la poca parte que era, muy turbado, viendo la mudanza tan súpita,

maldecia á los que le habian engañado y á sí propio, por fiarse dellos;

y por no ver con sus ojos al rey Inca, castigó el mesmo su yerro,

tomando ponzoña, [de que] cuentan que murió. Sus mujeres y hijos con

otros parientes le imitaron en la muerte.

La nueva de todo esto iba á los reales del Inca, el cual, como llegase á

la ciudad y entrase en ella, fué derecho al templo del sol á hacer

sacrificios. Los cuerpos de Capac y de los otros que se habian muerto,

mandó que fuesen echados en los campos, para ser manjar de las aves, y

buscando los participantes en la traicion, fueron condenados á muerte.

Entendido por los confederados y amigos de Viracocha Inga lo sucedido,

le enviaron muchas embajadas con grandes presentes y ofrecimientos,

congratulándose con él; y á estas embajadas respondió alegremente.

En este tiempo, dicen los orejones que habia en el templo del sol muchas

señoras vírgenes, las cuales eran muy honradas y estimadas y no

entendian en más de lo por mí dicho en muchas partes desta Historia. Y

cuentan que cuatro dellas usaban feamente de sus cuerpos con ciertos

porteros de los que las guardaban, y siendo sentidas, fueron presas y lo

mesmo á los adulteradores, y el sacerdote mayor mandó que fuesen

justiciados ellas y ellos.

El Inca estaba con determinacion á lo de Condesuyo, mas, hallándose

cansado y viejo, lo dejó. Por entónces, mandó que le fuesen hechos en el

valle de Xaquixaguana unos palacios para salirse á recrear en ellos; y

como tuviese muchos hijos y conosciese que el mayor de ellos, que habia

por nombre Inca Urco, en quien habia de quedar el mando del reino, tenia

malas costumbres y era vicioso y muy cobarde, deseaba privarlo del

señorío, para lo dar á otro más mancebo, que por nombre habia Inca

Yupanqui.

_CAP. XLI.--De cómo vinieron al Cuzco embajadores de los tiranos del

Collao, nombrados Sinchi Cari[128] y Zapana, y de la salida de Viracocha

Inga al Callao[129]._

Muchas historias y acaecimientos pasaron entre los naturales destas

provincias en estos tiempos; mas, como yo tengo por costumbre de contar

solamente lo que yo tengo por cierto segun las opiniones de los hombres

de acá y la relacion que tomé en el Cuzco, dejo lo que inoro é muy

claramente no entendí, y tratare lo que alcancé, como ya muchas veces he

dicho. Y así, es público entre los orejones, que en este tiempo vinieron

al Cuzco embajadores de la provincia del Collao; porque cuentan, que,

reinando Inca Viracocha, poseia el señorío de Hátun[130] Collao un señor

llamado Zapana, como otro que hobo deste nombre; y que como en el palude

de Titicaca[131] hobiese islas pobladas de gente, con grandes balsas,

entró en las islas, á donde peleó con los naturales dellas, y se dieron

entre él y ellos grandes batallas, de las cuales el Cari[132] salió

vencedor[133]; mas, que no pretendia otro honor ni señorío más que robar

y destruir los pueblos, y cargado con el despojo, sin querer traer

cautivos, dió la vuelta á Chucuito, á donde habia hecho su asiento y por

su mandado se habian poblado los pueblos de Hilave, Xulli, [ó Chulli],

Cepita, Pumata[134] y otros; y con la gente que pudo juntar, despues de

haber fecho grandes sacrificios á sus dioses, ó demonios, determinó de

salir á la provincia de los Canas; los cuales, como lo supieron,

apellidándose unos [á otros], salieron á encontrarse con él y se dieron

batalla, en la cual fueron los Canas vencidos con muerte de muchos

dellos. Habida esta victoria por Cari, determinó de pasar adelante, y

haciéndolo así, llegó hasta Lurocachi, á donde dicen que se dió otra

batalla entre los mismos Canas y en la cual tuvieron la misma fortuna

que en las pasadas.

Con estas victorias estaba muy soberbio Cari, y la nueva habia corrido

por todas partes; y como Zapana, el Señor de Hátun Collao, lo supiese,

pesóle por el bien del otro, y mandó juntar sus amigos y vasallos, para

le salir al camino y quitarle el despojo; mas, no se pudo hacer tan

secreta la junta, que Cari no entendiese el designio que Zapana tenia, y

con buena órden se retiró á Chucuito por camino desviado, de manera que

Zapana no le pudiese molestar; y llegado á su tierra, mandó juntar los

principales della, para que estuviesen apercebidos para lo que Zapana

intentase, teniendo propósito de procurar su destruicion y que en el

Collao uno solo fuese el Señor; y este mesmo pensamiento tenia Zapana.

Y como se divulgase por todo este reino el valor de los Incas y su gran

poder y la valentia de Viracocha Inga, que reinaba en el Cuzco, cada uno

destos, queriendo granjear su amistad, la procuraron con embajadores que

le enviaron para que quisiese mostrarse su valedor y ser contra su

enemigo. Partidos estos mensajeros con grandes presentes, llegaron al

Cuzco al tiempo quel Inca venia de los palacios ó tambos que para su

pasatiempo habia mandado hacer en Xaquixaguana; y entendido á lo que

venian, los oyó, mandando que los aposentasen en la ciudad y proveyesen

de lo necesario; y tomando parescer con los orejones y ancianos de su

consejo sobre lo que haria en lo tocante á las embajadas que habian

venido del Collao, se acordó de pedir respuesta en los oráculos. Lo cual

hacen delante de los ídolos los sacerdotes, y encojiendo sus hombros,

meten la barba en los pechos, y haciendo grandes papos, que ellos mesmos

parecen fieros diablos, comienzan hablar con voz alta y entonada.

Algunas veces, yo, por mis ojos, ciertamente he oido hablar á indios con

el Demonio; y en la provincia de Cartagena, en un pueblo marítimo

llamado Bahayre, oí responder al Demonio en silvo tenorio, y con tales

tenores, que yo no se cómo lo diga, mas que un chripstiano que estaba en

el mesmo pueblo más de media legua de donde yo estaba, oyó el mesmo

silvo, y despanto, estuvo algo mal dispuesto; y los indios dieron

grandísima grita otro dia por la mañana publicando la respuesta del

Diablo. Y en algunas partes desta tierra, como los defuntos los tengan

en hamacas, entran en los cuerpos los demonios algunas veces y

responden. A un Aranda oí yo decir, quen la isla de Cárex[135] vió

tambien hablar á uno destos muertos, y es para reir las niñerias y

embustes que les dice.

Pues como el Inca determinase de haber respuesta de los oráculos, envió

los que solian ir á tales casos, y dicen que supo que le convenia ir al

Collao y procurar el favor de Cari; y como este hobo entendido, mandó

parescer ante sí á los mensajeros de Zapana, á los cuales dijo que

dijesen á su Señor, que él saldria con brevedad del Cuzco para ver la

tierra del Collao, á donde se verian y tratarian su amistad. A los que

de parte de Cari vinieron, dijo que le dijesen cómo él se quedaba

adrezando para ir en su ayuda y favor, que presto seria con él. Y como

esto hobiese pasado, mandó el Inca hacer junta de gente para salir del

Cuzco, dejando uno de los principales de su linaje por gobernador.

_CAP. XLII.--De cómo Viracocha Inga pasó por las provincias de los

Canches y Canas, y anduvo hasta que entró en la comarca de los

Collas[136] y lo que sucedió entre Cari y Zapana._

Determinado por el Inca de ir al Collao, salió de la ciudad del Cuzco

con mucha gente de guerra, y pasó por Móyna, y por los pueblos de Úrcos

y Quiquixana. Como los Canches supieron la venida del Inca, acordaron de

se juntar y salir con sus armas á le defender la pasada por su tierra; y

por él entendido, les envió mensajeros que les dijesen que no tuviesen

tal propósito, porque él no queria hacerles aquel enojo, ántes deseaba

de los tener por amigos; y que si para él se venian los principales y

capitanes, que les daria á beber con su propio vaso. Los Canches[137]

respondieron á los mensajeros que no estaban por pasar por lo que

decian, sino por defender su tierra de quien en ella entrase. Vueltos

con la respuesta, encontraron con Viracocha Inga en Cangalla, y lleno de

ira por lo poco que los Canches tuvieron su embajada, caminó con más

priesa que hasta allí, y llegando á un pueblo que há por nombre

Combapata, junto á un rio que por él pasa, halló á los Canches puestos

en órden de guerra, y allí se dió entre unos y otros la batalla, donde

de ambas partes murieron muchos, y fueron los Canches vencidos, y

huyeron los que pudieron, y los vencedores tras ellos, prendiendo y

matando. Y habiendo pasado gran rato, volvieron con el despojo, trayendo

muchos cautivos, así hombres, como mujeres.

Y como esto hobiese pasado, los Canches de toda la provincia enviaron

mensajeros al Inca para que les perdonase y en su servicio recebiese, y

como él otra cosa no desease, lo otorgó con las condiciones que solia,

que era, que rescibiesen por soberanos señores á los del Cuzco y se

rigiesen por sus leyes y costumbres, tributando con lo que en sus

pueblos hobiese, conforme como lo hacian los demás. Y habiendo estado

algunos dias entendiendo en estas cosas y en hacer entender á los

Canches que los pueblos tuviesen juntos y concertados, y que entre ellos

no se diese guerra ni hobiese pasion, y pasó adelante.

Los Canas habíanse juntado número grande dellos en el pueblo que llaman

Lurucachi[138], y como entendieron el daño que habian rescebido los

Canches, y como el Inca no hacia injuria á los que se daban por sus

amigos, ni consentia hacerles agravio, determinaron de tomar amistad con

él. A esto, el rey Inca venia caminando, acercándose á Lurucachi[139], y

entendió la voluntad que los Canas tenian, de que mostró holgarse mucho;

y como estuviese en aquella comarca el templo de Aconcagua, envió

grandes presentes á los ídolos y sacerdotes.

Llegados los embajadores de los Canas, fueron bien recebidos por Inca

Viracocha, y les respondió que fuesen los principales y más viejos de

los Canas allá cerca, donde se verian, y que como hobiese estado algunos

dias en el templo de Vilcanota, se daria priesa á verse con ellos. Y dió

á los mensajeros algunas joyas y ropas de lana fina, é mandó á su gente

de guerra que no fuesen osados de entrar en las casas de los Canas, ni

robar nada de lo que tuviesen, ni hacellos daño ninguno; porque el buen

corazon que tenian no se les turbase y tomasen otro pensamiento.

Los Canas, oida la respuesta, mandaron poner mucho mantenimiento por los

caminos y abajaban de los pueblos á servir al Inca, que con mucha

justicia entendió en que no fuesen agraviados en cosa alguna, y eran

proveidos de ganado y de _suvica_[140], que es su vino; y como hobiere

llegado al vano templo, hicieron sacrificios conforme á su gentilidad,

matando muchos corderos para el sacrificio. De allí caminaron para

Ayavire, donde los Canas estaban con mucho proveimiento y el Inca les

habló amorosamente, y con ellos asentó su asiento de paz como solia con

los demás. Y los Canas, teniendo por provechoso para ellos el ser

gobernados por tan santas y justas leyes, no reusaron pagar tributo ni

el ir al Cuzco con reconocimiento.

Esto pasado, Viracocha Inga determinó de se partir para el Collao, á

donde ya se savia todo lo que por él habia sido hecho, así en los

Canches como en los Canas, y estaban aguardándole en Chucuito, y lo

mismo en Hátun Collao; á donde Zapana estaba ya entendiendo cómo Cari se

habia gratulado con Viracocha, y que le estaba aguardando; y porque no

se hiciese más poderoso, acordó de le salir á buscar y dar batalla ántes

que el Inca se juntase con él; y Cari, que debia de ser animoso, salió

con su gente á un pueblo que se llama Paucarcolla[141], y junto á él se

afrontaron los dos más poderosos tiranos de la comarca, con tanta gente,

que se afirma que se juntaron ciento y cincuenta guarangas[142] de

indios: y entre todos se dió la batalla á su usanza, la cual cuentan que

fué muy reñida y á donde murieron mas de treinta mill indios. Y habiendo

durado gran rato, Cari quedó por vencedor, y Zapana y los suyos fueron

vencidos con muerte de muchos; y el mismo Zapana fué muerto en esta

batalla.

_CAP. XLIII.--De cómo Cari volvió á Chucuito, y de la llegada de

Viracocha Inga, y de la paz que entre ellos trataron._

Luego que Zapana fué muerto, Cari se apoderó de su real y robó todo lo

que en él habia, con la cual presa dió la vuelta á Chucuito; y estaba

aguardando á Viracocha Inga, y mandó adreszar los aposentos y proveerlos

de mantenimientos. El Inca supo en el camino el fin de la guerra y cómo

Cari habia vencido, y aunque en lo público daba á entender haberse

holgado, en lo secreto le pesó por lo sucedido, porque con haber

diferencias entre aquellos dos, pensaba él fácilmente hacerse señor del

Collao, y pensó de se volver con brevedad al Cuzco, porque no le

sucediese alguna desgracia.

Y como estuviese ya cerca de Chucuito, salió Cari con los más

principales de los suyos á le recebir, y fué aposentado é muy servido; y

como desease la vuelta al Cuzco con brevedad, habló con Cari, adulándole

con palabras de lisonjas sobre lo mucho que se habia holgado de su buena

andanza, y que venia á le ayudar con toda voluntad, y que para que

estuviese cierto que siempre le seria buen amigo, le queria dar por

muger á una hija suya. A lo cual respondió Cari, que era muy viejo y

estaba muy cansado, que le rogaba que casase á su hija con mancebo, pues

habia tantos en que escoger, y que supiese que él se habia de tener por

señor y amigo y reconocerle en lo que él mandase; y así, le ayudaria en

guerras y en otras cosas que se ofresciesen. Y luego, en presencia de

los más principales que allí estaban, mandó traer Viracocha Inga un gran

vaso de oro y se hizo el pleito homenaje entre ellos desta manera:

bebieron un rato del vino que tenian las mujeres, y luego el Inca tomó

el vaso ya dicho, y poniéndolo encima de una piedra muy lisa, dijo: "La

señal sea esta, que este vaso se esté aquí y que yo no le mude ni tú le

toques, en señal de ser cierto lo asentado." Y besando, hicieron

reverencia al sol, y hicieron un gran taqui y areyto con muchos sones; y

los sacerdotes, diciendo ciertas palabras, llevaron el vaso á uno de los

vanos templos donde se ponian los semejantes juramentos que se hacian

por los reyes y señores. Y habiéndose holgado algunos dias Viracocha

Inga en Chucuito, se volvió al Cuzco, siendo por todas partes muy

servido y bien recebido.

E ya muchas provincias estaban asentadas, y usaban de mejoras ropas y

tenian mejor costumbre y religiones que ántes, gobernándose por las

leyes y costumbres del Cuzco. Adonde habia quedado por gobernador de la

ciudad Inca Urco, hijo de Viracocha Inga, del cual cuentan que era muy

cobarde, remiso, lleno de vicios y con pocas virtudes; mas, como era el

mayor, habia de suceder en el imperio de su padre; quien dicen que,

conociendo estas cosas, quisiera mucho privarlo del señorio y darlo á

Inca Yupanqui, su segundo hijo, mancebo de muy gran valor y adornado de

buenas costumbres, esforzado y animoso, y que tenia los pensamientos muy

grandes y altos; mas, los orejones y principales de la ciudad no querian

que fuesen quebrantadas las leyes y lo que se usaba y guardaba por

ordenacion y estatuto de los pasados, y aunque conocian cuán mal

inclinado era Inca Urco, querian que él y no otro fuese rey despues de

la muerte de su padre. Y esto lo he dicho tan largo, porque dicen los

que desto me avisaron, que desde Úrcos Viracocha Inga embió sus

mensajeros á la ciudad para que lo tratasen, y no pudo concluir nada de

lo que queria. Y como entró en el Cuzco, le fué hecho gran recebimiento;

y como ya estuviese muy viejo y cansado, determinó de dejar la

gobernacion del reino á su hijo y entregarle la borla y salirse al valle

de Yucay y al de Xaquixaguana á recrear y holgar; y así lo comunicó con

los de la ciudad, pues no pudo que le sucediese Inca Yupanqui.

_CAP. XLIV.--De cómo Inca Urco fué recebido por gobernador general de

todo el imperio y tomó la corona en el Cuzco, y de cómo los Chancas

determinaban de salir á dar guerra á los del Cuzco._

Los orejones, y áun todos los demás naturales destas provincias, se

reyeron de los hechos deste Inca Urco. Por sus poquedades, quieren que

no goce de que digan que alcanzó la dignidad del reino, y así vemos que

en la cuenta que de los quipos y romances tienen de los reyes que

reinaron en el Cuzco, callan este, lo cual yo no haré, pues al fin, mal

ó bien, con vicios ó virtudes, gobernó y mandó el reino algunos dias. Y

así, luego que Viracocha Inga se fué al valle de Xaquixaguana, envió al

Cuzco la borla ó corona, para que los mayores de la ciudad la entregasen

á Inca Urco, habiendo dicho que bastaba lo que habia trabajado y hecho

por la ciudad del Cuzco, que lo que de la vida le quedaba queria gastar

en holgarse, pues era viejo é no para la guerra. Y como se entendió su

voluntad, luego Inca Urco sentró á hacer los ayunos y otras religiones

conforme á su costumbre, y acabado, salió con la corona y fué al templo

del sol á hacer sacrificios; y se hicieron en el Cuzco á su usanza

muchas fiestas y grandes borracheras.

Habiase casado Inca Urco con su hermana para haber hijo en ella que le

sucediese en el señorío. Era tan vicioso y dado á lujurias y

deshonestidades, que sin curar della, se andaba con mujeres bajas y con

mancebas, que eran las que queria y le agradaban; y áun afirman que

corrompió algunas de las mamaconas questaban en el templo, y era tan de

poca honra, que no queria que se estimasen. Y andaba por las más partes

de la ciudad bebiendo; y desque tenia en el cuerpo una arroba y más de

aquel brebaje, provocándose al vómito, lo lanzaba, y sin vergüenza

descubria las partes vergonzosas, y echaba la chicha convertida en

orina; y á los orejones que tenian mujeres hermosas, cuando las via, les

decia: "Mis hijos, ¿cómo están?" Dando á entender que habiendo con ellas

usado, los que tenian eran dél y no de sus maridos. Edificio ni casa

nunca lo hizo; era enemigo de armas; en fin, ninguna cosa buena cuentan

del sino ser muy liberal.

Y como hobiese tomado la borla, despues de ser pasados algunos dias,

determinó de salirse á holgar á las casas de placer que para recreacion

de los Incas estaban hechas, dejando por su lugar teniente á Inca

Yupanqui, que fué padre de Tupac Inca, como adelante contaré.

Estando las cosas del Cuzco de esta manera, los Chancas, como atrás

conté, habian vencido á los Quíchuas y ocupado la mayor parte de la

provincia de Andabailes, y como estuviesen victoriosos, oyendo lo que

se decia de la grandeza del Cuzco y su riqueza y la majestad de los

Incas, desearon de no estarse encojidos ni dejar de pasar adelante,

ganando con las armas todo lo á ellos posible; y luego hicieron grandes

plegarias á sus dioses ó demonios, y dejando en Andabailes, que es lo

que los españoles llaman Andaguaylas[143], que está encomendada á Diego

Maldonado el rico, gente bastante para la defensa della, y con la que

estaba junta para la guerra, salió Hastu Huaraca y[144] un hermano suyo

muy valiente, llamado Omoguara, y partieron de su provincia con muy gran

soberbia, camino del Cuzco, y anduvieron hasta llegar á Curampa[145],

donde asentaron su real, y hicieron gran daño á los naturales de la

comarca. Mas como en aquellos tiempos muchos de los pueblos estuviesen

en los altos y collados de las sierras, con grandes cercas, que llaman

pucaraes, no se podian hacer muchas muertes, ni querian cativos, ni más

que robar los campos. Y salieron de Curampa[146] y fueron al aposento de

Cochacassa[147] y al rio de Amancay[148], destruyendo todo lo que

hallaban, y así se acercaron al Cuzco, adonde ya habia ido la nueva de

los enemigos que venian contra la ciudad; mas, aunque fué sabido por el

viejo Viracocha no se le dió nada, mas ántes, saliendo del valle de

Xaquixaguana, se fué al valle de Yucay con sus mujeres y servicio. Inca

Urco tambien dicen que se reia, teniendo en poco lo que era obligado á

tener en mucho; mas, como el ser del Cuzco estuviese guardado para ser

acrecentado por Inca Yupanqui y sus hijos, hobo él de ser el que libró

de estos miedos, con su virtud, á todos; y no solamente venció á los

Chancas, mas sojuzgó la mayor parte de las naciones que hay en estos

reinos, como adelante diré.

_CAP. XLV.--De cómo los Chancas allegaron á la ciudad del Cuzco y

pusieron su real en ella, y del temor que mostraron los que estaban en

ella, y del gran valor de Inca Yupanqui._

Despues que los Chancas hobieron hecho sacrificios en Apurima, y

llegasen cerca de la ciudad de Cuzco, el capitan general que llevaban, ó

señor dellos, Hastu Guaraca[149], les decia que mirasen la alta empresa

que tenian, que se mostrasen fuertes y no tuviesen pavor ni temor

ninguno de aquellos que pensaban espantar la gente con pararse las

orejas tan grandes como ellos se ponian; y que si los vencian, habrian

mucho despojo é mujeres hermosas con quien holgasen; los suyos le

respondian alegremente que harian el deber.

Pues como en la ciudad del Cuzco hobiesen sabido ya de los que venian

contra ella, é Viracocha Inga ni su hijo Inca Urco no se diesen nada por

ello, los orejones y más principales estaban muy sentidos por ello, y

como ya supiesen los enemigos cuán cerca estaban, fueron hechos grandes

sacrificios á su costumbre, y acordaron de rogar á Inca Yupanqui que

tomase el cargo de la guerra, mirando por la salud de todos. Y tomando

la mano uno de los más ancianos, habló con él en nombre de todos y él

respondió, que cuando su padre queria á él darle la borla, no

consintieron, sino que fuese Inca el cobarde de su hermano, y que él

nunca con tirania ni contra la voluntad del pueblo pretendió la dignidad

real, y que pues ya habian visto Inca Urco no convenir para ser Inca,

que hiciesen lo que eran obligados al bien público, sin mirar la

costumbre antigua no fuese quebrantada. Los orejones respondieron, que,

concluida la guerra, entenderian en hacer lo que á la gobernacion del

reino conviniese; y dicen que por la comarca enviaron mensajeros que

todos los que quisiesen venir á ser vecinos del Cuzco, les serian dadas

tierras en el valle y sitio, para casas, y serian privilegiados; y así

vinieron de muchas partes. Y pasado esto, el capitan Inca Yupanqui

salió á la plaza donde estaba la piedra de la guerra, puesta en su

cabeza una piel de leon, para dar á entender que habia de ser fuerte

como lo es aquel animal.

En este tiempo llegaban los Chancas á la sierra de Villcacunga[150], y

Inca Yupanqui mandó juntar la gente de guerra que habia en la ciudad,

con determinacion de le salir al camino, nombrando capitanes los que más

esforzados les pareció; mas, tornando á tomar parecer, se acordó de los

aguardar en la ciudad.

Los Chancas llegaron á poner su real junto al cerro de Carmenga, que

está por encima de la ciudad, y pusieron luego sus tiendas. Los del

Cuzco habian hecho por las partes de la entrada de la ciudad grandes

hoyos llenos de piedra y por encima tapados sotilmente, para que cayesen

los que allí anduviesen. Como en el Cuzco las mujeres y muchachos

vieron[151] los enemigos, hobieron mucho espanto y andaba gran ruido.

Inca Yupanqui envió mensajeros á Hastu Guaraca para que asentasen entre

ellos, y no hobiese muerte de gentes. Hastu Guaraca, con soberbia, tuvo

en poco la embajada, y no quiso mas de pasar por lo que la guerra

determinase; aunque, importunado de sus parientes y más gente, quiso

tener plática con el Inca y así se lo envió á decir.--La ciudad está

asentada entre cerros en lugar fuerte por natura, y las laderas y cabos

de sierras estaban cortados y por muchas partes puestas púas recias de

palma, que son tan recias como de hierro y más enconosas y

dañosas[152].--Llegaron á tener habla el Inca y Hastu Guaraca; y estando

todos puestos en arma, aprovechó poco la vista, porque encendiéndose más

con las palabras que el uno al otro se dijeron, allegaron á las manos,

teniendo grandísima grita y ruido;--porque los hombres de acá son muy

alharaquientos en sus peleas, y más se teme su grita que no su esfuerzo

por nosotros;--y pelearon unos con otros gran rato; y sobreviniendo la

noche, ceso la contienda, quedándose los Chancas en sus reales, y los de

la ciudad por la redonda della, guardándola por todas partes, porque los

enemigos no la pudiesen entrar; porque el Cuzco ni otros lugares destas

partes no son cercados de muralla.

Pasado el rebato, Hastu Guaraca animaba los suyos esforzándolos para la

pelea, y lo mesmo hacia Inca Yupanqui á los orejones y gente que estaba

en la ciudad. Los Chancas, denodadamente salieron de sus reales con

voluntad de la entrar, y los del Cuzco salieron con pensamiento de se

defender; y tornaron á la pelea, á donde murieron muchos de ambas

partes; mas, tanto fué el valor de Inca Yupanqui, que alcanzó la vitoria

de la batalla con muerte de los Chancas todos, que no escapó, á lo que

dicen, sino poco más de quinientos, y ente ellos su capitan Hastu

Guaraca, el cual con ellos, aunque con trabajo, llegó á su provincia. El

Inca gozó el despojo y hobo muchos cativos así hombres como mujeres.

_CAP. XLVI.--De cómo Inca Yupanqui fué rescebido por rey y quitado el

nombre de Inca á Inca Urco, y de la paz que hizo con Hastu Guaraca._

Desbaratados los Chancas, entró en el Cuzco Inca Yupanqui con gran

triunfo y habló á los principales de los orejones sobre que se acordasen

de cómo habia trabajado por ellos lo que habian visto, y en lo poco que

su hermano ni su padre mostraron tener á los enemigos; por tanto, que le

diesen á él el señorío y gobernacion del imperio. Los del Cuzco, unos

con otros, trataron y miraron, así el dicho de Inca Yupanqui, como lo

más que Inca Urco le (_así_) habia hecho, y por consentimiento del

pueblo, acordaron de que Inca Urco no entrase más en el Cuzco y que le

fuese quitada la borla ó corona y dada á Inca Yupanqui; y aunque Inca

Urco, como lo supo, quiso venir al Cuzco á justificarse y mostrar

sentimiento grande, quejándose de su hermano y de los que le quitaban de

la gobernacion del reino, no le dieron lugar ni se dejó de cumplir lo

ordenado. Y áun hay algunos que dicen que la Coya, mujer de Inca Urco,

lo dejó sin tener hijo dél ninguno, y se vino al Cuzco, donde la recebió

por mujer su segundo hermano Inca Yupanqui; que, hecho el ayuno y otras

cirimonias, salió con la borla, haciéndose en el Cuzco grandes fiestas,

hallándose á ellas gentes de muchas partes. Y á todos los que murieron

de la parte suya en la batalla, los mandó el nuevo Inca enterrar,

mandando hacerles osequias á su usanza; y á los Chancas, mandó que se

hiciese una casa larga á manera de tumba en la parte que se dió la

batalla, adonde, para memoria, fuesen desollados todos los cuerpos de

los muertos, y que inchiesen los cueros de ceniza ó de paja, de tal

manera, que la forma humana paresciese en ellos, haciéndoles de mil

maneras; porque á unos, paresciendo hombres, de su mesmo vientre salia

un atambor, y con sus manos hacia muestra de lo tocar; otros ponian con

flautas en las bocas. De esta suerte y de otras estuvieron hasta que los

españoles entraron en el Cuzco. Pero Alonso Carrasco y Juan de Pancorvo,

conquistadores antiguos, me contaron á mí de la manera que vieron estos

cueros de ceniza, y otros muchos de los que entraron con Pizarro y

Almagro en el Cuzco.

Y dicen los orejones que habia en este tiempo gran vecindad en el Cuzco,

y que siempre iba en crecimiento, y de muchas partes vinieron mensajeros

á congratularse con el nuevo rey; el cual respondió á todos con buenas

palabras, y deseaba salir á hacer guerra á lo que llaman Condesuyo; y

como por experiencia hobiese conocido cuán valiente y animoso era Hastu

Guaraca, el señor de Andaguaylas, pensó de lo atraer á su servicio; y

así, cuentan que le embió mensajeros, rogándole con sus hermanos y

amigos se viniese á holgar con él; y entendiendo que le seria provechoso

allegarse á la amistad de Inca Yupanqui, fué al Cuzco, donde fué bien

recebido. Y como se hobiese hecho llamamiento de gente, se determinó de

ir á Condesuyo.

En este tiempo cuentan que murió Viracocha Inga, y se le dió sepultura

con ménos pompa y honor que á los pasados suyos, porque en la vejez

habia desamparado la ciudad y no querido volver á ella cuando tubieron

la guerra con los Chancas. De Inca Urco no digo más, porque los indios

no tratan de sus cosas sino es para reir; y dejando á él aparte, digo

que Inca Yupanqui es el noveno rey que hobo en el Cuzco.

_CAP. XLVII.--De cómo Inca Yupanqui salió del Cuzco, dejando por

gobernador á Lloque Yupanqui, y de lo que sucedió._

Como ya por mandado de Inca Yupanqui se hobiese juntado cantidad de más

de cuarenta mill hombres, junto á la piedra de la guerra se hizo alarde

y nombró capitanes, haciendo fiestas y borracheras; y estando adrezado,

salió del Cuzco en andas ricas de oro y pedrería, yendo á la redonda dél

su guarda con alabardas y hachas y otras armas; junto á él iban los

señores; y mostrava más valor y autoridad este rey que todos los pasados

suyos. Dejó en el Cuzco, á lo que dicen, por gobernador á Lloque

Yupanqui, su hermano. La Coya y otras mujeres iban en hamacas, y afirman

que llevaban gran cantidad de cargas de joyas y de repuesto. Delante

iban limpiando el camino, que ni yerba ni piedra pequeña ni grande no

habia de haber en él.

Llegado al rio de Apurima, pasó por la puente que se habia echado, y

anduvo hasta los aposentos de Curahuasi[153]. De la comarca salian

muchos hombres y mujeres y algunos señores y principales, y cuando lo

vian, quedaban espantados, y llamábanlo "Gran señor, Hijo del Sol,

Monarca de todos," y otros nombres grandes. En este aposento dicen que

dió á un capitan de los Chancas, llamado Tupac Uasco[154], por mujer,

una palla del Cuzco y que la tuvo en mucho.

Pasando adelante el Inca por el rio de Apurima y Cochacassa, como los

naturales de aquella parte estuviesen en los pucaraes fuertes y no

tuviesen pueblos juntos, les mandó que viviesen ordenadamente sin tener

costumbre mala ni darse la muerte los unos á los otros. Mucho se

alegraron con estos dichos, y les fué bien de obedecer su mandamiento.

Los de Curampa[155] reian dello, y entendido [de] Inca Yupanqui, y no

bastando amonestaciones, los venció en batalla, matando á muchos y

cativando á otros. Y porque la tierra era buena, mandó á un mayordomo

suyo quedase á reformarla y á que se hiciesen aposentos y templo del

sol.

Ordenado esto con gran prudencia, el rey salió de allí y anduvo hasta la

provincia de Andaguaylas, á donde le fué hecho solene recebimiento, y

estuvo allí algunos dias determinando si iria á conquistar á los

naturales de Guamanga, ó Xauxa, ó los Soras y Rucanas[156]; mas, despues

de haber pensado, con acuerdo de los suyos, determinó de ir á los Soras.

Y saliendo de allí, anduvo por un despoblado que iba á salir á los

Soras, los cuales supieron su venida y se juntaron para se defender.

Habia inviado Inca Yupanqui capitanes con gentes para otras partes

muchas á que allegasen las gentes á su servicio con la más blandura que

pudiesen, y á los Soras envió mensajeros sobre que no tomasen armas

contra él, prometiendo de los tener en mucho sin les hacer agravio ni

daño; mas, no quisieron paz con servidumbre, sino guerrear por no perder

la libertad. Y así, juntos unos con otros, tuvieron la batalla, la cual,

dicen los que della tuvieron memoria, que fué muy reñida, y que murieron

muchos de ambas partes, mas quedando el campo por los del Cuzco. Los que

escaparon de ser muertos y presos, fueron dando aullidos y gemidos á su

pueblo, á donde pusieron algun cobro en sus haciendas, y sacando sus

mujeres, lo desampararon y se fueron, segun es público, á un peñol

fuerte, questá cerca del rio de Vilcas, donde habia en lo alto muchas

cuevas y agua por naturaleza; y en este peñol se recogieron muchos

hombres con sus mujeres; é hízose por miedo del Inca, proveyéndose del

más bastimento que pudieron. Y no solo los Soras se recogieron á este

peñol, que de la comarca de Guamanga y del rio de Vilcas y de otras

partes se juntaron con ellos, espantados de oir que el Inca queria ser

solo Señor de las gentes.

Vencida la batalla, los vencedores gozaron del despojo, y el Inca mandó

que no hiciesen daño á los cativos; antes los mandó soltar á todos

ellos, y mandó ir un capitan con gente á lo de Condesuyo por la parte de

Pumatampu[157]; y como entrase en los Soras y supiese haberse ido la

gente al peñol ya dicho, recebió mucho enojo y determinó de los ir á

cercar; y así, mandó á sus capitanes que con la gente de guerra

caminasen contra ellos.

_CAP. XLVIII.--De cómo el Inca revolvió sobre Vilcas y puso cerco en el

peñol donde estaban hechos fuertes los enemigos._

Muy grandes cosas cuentan los orejones deste Inca Yupanqui y de Tupac

Inca, su hijo, y Guayna Capac, su nieto; porque estos fueron de los que

se mostraron más valerosos. Los que fueren leyendo sus acaecimientos,

crean que yo quito ántes de lo que supe, que no añadir nada, y que para

afirmarlo por cierto, fuera menester lo que es causa que yo no afirme

más de lo que[158] escribo por relacion destos indios; y para mí creo

esto y más por los rastros y señales que dejaron de sus pisadas estos

reyes, y por el su mucho poder, que da muestra de no ser nada esto que

yo escribo para lo que pasó; la cual memoria durará en el Perú mientras

hubiese hombres de los naturales.

E volviendo al propósito, como el Inca tanto desease haber á las manos á

los questaban en el peñol, andaba con su gente hasta llegar al rio de

Vilcas. Los de la comarca, como supieron su estada allí, muchos vinieron

á le ver, haciéndole grandes servicios, y firmaron con él amistad, y

por su mandato comenzaron á hacer aposentos y edificios grandes en lo

que agora llamamos Vilcas, quedando maestros del Cuzco para dar la traza

y mostrar con la manera que habian de poner las piedras y losas en el

edificio. Llegando, pues, al peñol, procuró con toda buena razon de

atraer á su amistad á los que en él estaban hechos fuertes, enviándoles

sus mensajeros; mas ellos se reian de sus dichos y lanzaban muchos tiros

de piedra. El Inca, viendo su propósito, determinó de no partir sin

dejar hecho castigo en ellos. Y supo cómo los capitanes que envió á la

provincia de Condesuyo, habian dado algunas batallas á los de aquellas

tierras y los habian vencido y metido en su señorío los más de la

provincia; y porque los del Collao no pensasen que habian de estar

seguros, conociendo ser valiente Hastu Guaraca, el señor de Andaguaylas,

le mandó que con su hermano Tupac Uasco[159] se partiese para el Collao

á procurar de meter en su señorío á los naturales. Respondieron que lo

harian como lo mandaba, y luego partieron para su tierra, para desde

ella ir al Cuzco á juntar el ejército que habian de llevar.

Los del peñol, todavía estaban en su propósito de se defender, y el Inca

los habia cercado, y pasaron entre unos y otras grandes cosas, porque

fué largo el cerco; y al fin, faltando los mantenimientos, se hobieron

de dar los que estaban en el peñol, obligándose de servir, como los

demás, al Cuzco, y tributar y dar gente de guerra. Y con esta

servidumbre quedaron en gracia del Inca, de quien dicen no hacerles

enojo, ántes mandarles proveer de mantenimientos y otras cosas, y

enviallos á sus tierras; otros dicen que los mató á todos sin que

ninguno escapase. Lo primero creo, aunque de lo uno y de lo otro no sé

más de decirlo estos indios.

Acabado esto, cuentan que de muchas partes vinieron á ofrecerse al

servicio del Inca, y que recibia graciosamente á todos los que venian; y

que salió de allí para volver al Cuzco, y halló en el camino hechos

muchos aposentos, y que en las más partes se habian abajado de las

laderas los naturales, y tenian en lo llano pueblos concertados como lo

mandaba y habia ordenado.

Llegado al Cuzco, fué recebido á su usanza con gran pompa, y se hicieron

grandes fiestas. Los capitanes que por su mandado habian ido á hacer

guerra á los del Collao, habian andado hasta Chucuito, y tuvieron

algunas batallas en partes de la provincia, y saliendo vencedores,

sujetábanlo todo al señorío del Inca; y en Condesuyo fué lo mesmo. E ya

era muy poderoso y de todas partes acudian señores y capitanes á le

servir con los hombres ricos de los pueblos, y tributaban con grande

órden, y hacian otros servicios personales, pero todo con gran concierto

y justicia. Cuando le iban á hablar, iban cargados livianamente;

mirávanle poco al rostro; cuando él hablaba, temblaban los que le oian,

de temor ó de otra cosa; salia pocas veces en público, y en la guerra,

siempre era el delantero; no consentia que ninguno, sin su mandamiento,

tuviese joyas ni asentamiento ni anduviese en andas; en fin, este fué el

que abrió camino para el gobierno tan excelente que los Incas tuvieron.

_CAP. XLIX.--De cómo Inca Yupanqui mandó á Lloque Yupanqui que fuese al

valle de Xauxa á procurar de atraer á su señorío á los Guancas y á los

Yauyos[160], sus vecinos, con otras naciones que caen en aquella parte._

Pasado lo que se ha escripto, cuentan los orejones que como se hallase

tan poderoso el rey Inca, mandó hacer llamamiento de gente, porque

queria comenzar otra guerra más importante que las pasadas; y cumpliendo

su mandato, acudieron muchos principales con gran número de gente armada

con las armas que ellos usan, que son hondas, hachas, macanas, aillos,

dardos y lanzas pocas. Como se juntaron, mandó hacerles convites y

fiestas, y por alegrarlos, cada dia salia con nuevo traje ó vestido, tal

cual tenia la nacion que aquel dia queria honrar, y pasado, se ponia de

otro, conforme á lo que tenian los que eran llamados al convite y

borrachera. Con esto, holgábanse tanto cuanto aquí se puede encarescer.

Cuando hacian estos grandes bailes, cercaba la plaza del Cuzco una

maroma de oro que se habia mandado hacer de lo mucho que tributaban las

comarcas, tan grande como en lo de atrás tengo dicho, y otra grandeza

mayor de bultos y antiguallas.

Y como se hobiesen holgado los dias que les paresció á Inca Yupanqui,

les habló cómo queria que fuesen á los Guancas, y á los Yauyos[161], sus

vecinos, y procurar de los traer[162] en su amistad y servicio sin

guerra, y cuando nó, que, dándosela, se diesen maña de los vencer y

forzar que lo hiciesen. Respondieron todos que harian lo que mandaba con

gran voluntad. Fueron señalados capitanes de cada nacion, y sobre todos

fué por general Lloque Yupanqui, y con él, para consejo, Tupac

Yupanqui[163]; y avisándoles de lo que habian de hacer, salieron del

Cuzco y caminaron hasta la provincia de Andaguaylas, á donde fueron bien

recibidos por los Chancas, y salió con ellos un capitan Ancoallo con

copia de gente de aquella tierra, para servir en la guerra al Inca.

De Andaguaylas fueron á Vilcas, á donde estaban los aposentos y templos

del sol que Inca Yupanqui habia mandado hacer, y hablaron con todo amor

á los que entendian en aquellas obras. De Vilcas fueron por los pueblos

[de] Guamanga, Azángaro, Párcos, Picoy, Ácos[164] y otros, los cuales ya

habian dado la obediencia al Inca y proveian de bastimentos y de lo que

más tenian en sus pueblos, y hacian el camino real que les era mandado,

grande é muy ancho.

Los del valle de Xauxa, sabida la venida de los enemigos, mostraron

temor y procuraron favor de sus parientes y amigos, y en el templo suyo

de Guarivilca hicieron grandes sacrificios al demonio que allí

respondia. Venídoles los socorros, como ellos fuesen muchos, porque

dicen que habia más de cuarenta mill hombres á donde agora no sé si hay

doce mill, los capitanes del Inca llegaron hasta ponerse encima del

valle, y deseaban sin guerra ganar las gracias de los Guancas y que

quisiesen ir al Cuzco á reconocer al rey por Señor; y así, es público

que les enviaron mensajeros. Mas, no aprovechando nada, vinieron á las

manos y se dió una gran batalla en que dicen que murieron muchos de una

parte y otra, mas que los del Cuzco quedaron por vencedores; y que

siendo de gran prudencia Lloque Yupanqui, no consintió hacer daño en el

valle, evitando el robo, mandando soltar los cativos; tanto, que los

Guancas, conocido el beneficio y con la clemencia que usaban teniéndolos

vencidos, vinieron á hablar y prometieron de vivir dende en adelante por

la ordenanza de los reyes del Cuzco, y tributar con lo que hobiese en

su valle; y pasando sus pueblos por las laderas, los sembraron, sin lo

repartir, hasta que el rey Guayna Capac señaló á cada parcialidad lo que

habia de tener; y se enviaron mensajeros.

_CAP. L.--De cómo salieron de Xauxa los capitanes del Inca y lo que les

sucedió, y cómo se salió de entre ellos Ancoallo._

Los naturales de Bonbon habian savido, segun estos cuentan, el desbarate

de Xauxa, y cómo habian sido los Guancas[165] vencidos, y sospechando

que los vencedores querian pasar adelante, acordaron de se apercibir,

porque no los tomasen descuidados; y poniendo sus mujeres é hijos con la

hacienda que pudieron en una laguna que está cerca dellos[166],

aguardaron á lo que sucediese. Los capitanes del Inca, como hobieron

asentado las cosas del valle de Xauxa, salieron y anduvieron hasta

Bonbon, y como se metieron en la laguna, no les pudieron hacer otro mal

que comerles los mantenimientos; y como esto vieron, pasaron adelante y

allegaron á lo de Tarama, á donde hallaron á los naturales puestos en

arma, y hobieron batalla en que fueron presos y muertos muchos de los

Taramentinos, y los del Cuzco quedaron por vencedores; y como les

dejasen en la voluntad del rey, [que] era que le sirviesen y tributasen

como hacian otras muchas provincias, y que serian bien tratados y

favorecidos, hicieron todo lo que les fué mandado, y envióse al Cuzco

relacion de todo lo que se habia hecho en este pueblo de Tarama.

Segunda parte de la crónica del Perú, que trata del señorio de los Incas Yupanquis y de sus grandes hechos y gobernacion · 第 6 / 9 题