NOTAS

_CAPITULO III._

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dellos más de lo que yo cuento, va á un lugar deleitoso lleno de vicios

y recreaciones, adonde todos comen, y beben y huelgan; y si por el

contrario ha sido malo, inobediente á sus padres, enemigo de la

religion, va á otro lugar oscuro y tenebroso. En el primer libro traté

mas largo estas materias[7], por tanto, pasando adelante, contaré de la

manera questaban las gentes deste reino antes que floresciesen los Incas

ni dél se hiciesen señores soberanos, por lo que todos afirman que eran

behetrias sin tener la órden, y gran razon, y justicia que despues

tuvieron, y lo que hay que decir de Ticiviracocha, á quien llamaban y

tenian por Hacedor de todas las cosas.

_CAP. IV.--Que trata lo que dicen los indios deste reino que habia antes

que los Incas fuesen conocidos, y de cómo habia fortalezas por los

collados, de donde salian á se dar guerra los unos á los otros._

Muchas veces pregunté á los moradores destas provincias lo que sabian

que en ellas hobo antes que los Incas los señoreasen, y sobre esto dicen

que todos vivian desordenadamente, y que muchos andaban desnudos, hechos

salvages, sin tener casas ni otras moradas que cuevas de las muchas que

vemos haber en riscos grandes y peñascos, de donde salian á comer de lo

que hallaban por los campos. Otros hacian en los cerros castillos, que

llaman pucara, desde donde, ahullando con lenguas estrañas, salian á

pelear unos con otros sobre las tierras de labor, ó por otras causas, y

se mataban muchos dellos, tomando el despojo que hallaban y las mugeres

de los vencidos; con todo lo cual iban trunfando á lo alto de los

cerros, donde tenian sus castillos, y allí hacian sus sacrificios á los

dioses en quien ellos adoraban, derramando delante de las piedras é

ídolos mucha sangre humana y de corderos. Todos ellos eran behetrias

sin órden, porque cierto dicen no tenian señores ni mas que capitanes

con los cuales salian á las guerras: si algunos andaban vestidos, eran

las ropas pequeñas, y no como agora las tienen. Los llautos y cordones

que se ponen en las cabezas para ser conocidos unos entre otros, dicen

que los tenian como agora los usan. Y estando estas gentes desta manera,

se levantó en la provincia del Collao un señor valentísimo llamado

Zapana, el cual pudo tanto, que metió debajo de su señorio muchas gentes

de aquella provincia; y cuentan otra cosa, la cual si es cierta ó no

sábelo el altísimo Dios que entiende todas las cosas, porque yo lo que

voy contando no tengo otros testimonios ni libros que los dichos de

estos indios; y lo que quiero contar es, que afirman por muy cierto, que

despues que se levantó en Hatuncollao aquel capitan, ó tirano poderoso,

en la provincia de los Canas, questá entre medias de los Canches y

Collao, cerca del pueblo llamado Chungara se mostraron unas mugeres como

si fueran hombres esforzados, que, tomando las armas, compelian á los

questaban en la comarca, donde ellas moraban, y questas, casi al uso de

lo que cuentan de las amazonas, vivian sin[8] sus maridos haciendo

pueblos por sí; las cuales, despues de haber durado algunos años y hecho

algunos hechos famosos, vinieron á contender con Zapana, el que se

habia hecho señor de Hatuncollao, é por defenderse de su poder, que era

grande, hicieron fuerzas y albarradas, que hoy viven, para defenderse, y

que despues de haber hecho hasta lo último de potencia, fueron presas y

muertas, y su nombre deshecho.

En el Cuzco está un vecino que ha por nombre Tomás Vázquez, el cual me

contó que yendo él y Francisco de Villacastin al pueblo de Ayavire,

viendo aquellas cercas y preguntando á los indios naturales lo que era,

les contaron esta historia. Tambien cuentan lo que yo tengo escripto en

la primera parte[9], que en la isla de Titicaca, en los siglos pasados

hobo unas gentes barbadas, blancas como nosotros, y que saliendo del

valle de Coquimbo un capitan que habia por nombre Cari, allegó á donde

agora es Chucuito, de donde, despues de haber hecho algunas nuevas

poblaciones, pasó con su gente á la isla, y dió tal guerra á esta gente

que digo, que los mató á todos. Chirihuana, gobernador de aquellos

pueblos, que son del Emperador, me contó lo que tengo escripto, y como

esta tierra fuese tan grande, y en parte tan sana y aparejada para pasar

la humana vida, y estobiese inchido de gentes, aunque anduviesen en sus

guerrillas y pasiones, fundaron é hicieron muchos pueblos, y los

capitanes que mostraron ser valerosos, pudieron quedarse por señores de

algunos pueblos; y todos, segund es público, tenian en sus estancias ó

fortalezas indios los más entendidos, que hablaban con el Demonio, el

cual, permitiéndolo Dios todopoderoso por lo que él sabe, tuvo poder

grandísimo en estas gentes.

_CAP. V.--De lo que dicen estos naturales de Ticiviracocha, y de la

opinion que algunos tienen que atravesó un Apóstol por esta tierra, y

del templo que hay en Cáchan y de lo que allí pasó._

Antes que los Incas reinasen en estos reinos ni en ellos fuesen

conocidos, cuentan estos indios otra cosa muy mayor que todas las que

ellos dicen, porque afirman questuvieron mucho tiempo sin ver el sol, y

que padeciendo gran trabajo con esta falta, hacian grandes votos é

plegarias á los que ellos tenian por dioses, pidiéndoles la lumbre de

que carecian; y questando desta suerte, salió de la isla de Titicaca,

questá dentro de la gran laguna del Collao, el sol muy resplandeciente,

con que todos se alegraron[10]. Y luego questo pasó, dicen que de hácia

las partes del Mediodía vino y remanesció un hombre blanco de crecido

cuerpo, el cual en su aspecto y persona mostraba gran autoridad y

veneracion, y queste varon, que así vieron, tenia tan gran poder, que de

los cerros hacia llanuras y de las llanuras hacia cerros grandes,

haciendo fuentes en piedras vivas; y como tal poder reconociesen,

llamábanle Hacedor de todas las cosas criadas, Principio dellas, Padre

del sol, porque, sin esto, dicen que hacia otras cosas mayores, porque

dió sér á los hombres y animales, y que, en fin, por su mano les vino

notable beneficio. Y este tal, cuentan los indios que á mí me lo

dixeron, que oyeron á sus pasados, que ellos tambien oyeron en los

cantares que ellos de lo muy antiguo tenian, que fué de largo hácia el

Norte, haciendo y obrando estas maravillas, por el camino de la

serranía, y que nunca jamás lo volvieron á ver. En muchos lugares diz

que dió órden á los hombres cómo viviesen, y que les hablaba

amorosamente y con mucha mansedumbre, amonestándoles que fuesen buenos y

los unos á los otros no se hiciesen daño ni injuria, ántes, amándose, en

todos hobiese caridad. Generalmente le nombran en la mayor parte

Ticiviracocha, aunque en la provincia del Collao le llaman _Tuapaca_, y

en otros lugares della _Arnauan_[11]. Fuéronle en muchas partes hechos

templos, en los cuales pusieron bultos de piedra á su semejanza, y

delante dellos hacian sacrificios: los bultos grandes questán en el

pueblo de Tiahuanacu[12], se tiene que fué desde aquellos tiempos; y

aunque, por fama que tienen de lo pasado, cuentan esto que digo de

Ticiviracocha, no saben decir dél más, ni que volviese á parte ninguna

deste reino.

Sin esto, dicen que, pasados algunos tiempos, volvieron á ver otro

hombre semejable al questá dicho, el nombre del cual no cuentan, y que

oyeron á sus pasados por muy cierto, que por donde quiera que llegaba y

hobiese enfermos, los sanaba, y á los ciegos con solamente palabras daba

vista; por las cuales obras tan buenas y provechosas era de todos muy

amado; y desta manera, obrando con su palabra grandes cosas, llegó á la

provincia de los Canas, en la cual, junto á un pueblo que há por nombre

Cacha, y que en él tiene encomienda el capitan Bartolomé de Terrazas,

levantándose los naturales inconsideradamente, fueron para él con

voluntad de lo apedrear, y conformando las obras con ella, le vieron

hincado de rodillas, alzadas las manos al cielo, como que invocaba el

favor divino para se librar del aprieto en que se veia. Afirman estos

indios más, que luego pareció un fuego del cielo muy grande que pensaron

ser todos abrasados; temerosos y llenos de gran temblor, fueron para el

cual así querian matar, y con clamores grandes le suplicaron de aquel

aprieto librarlos quisiese, pues conocian por el pecado que habian

cometido en lo así querer apedrear, les venia aquel castigo. Vieron

luego que, mandando al fuego que cesase, se apagó, quedando con el

incendio consumidas y gastadas las piedras de tal manera, que á ellas

mismas se hacian testigos de haber pasado esto que se ha escripto,

porque salian quemadas y tan livianas, que aunque sea algo crecida es

levantada con la mano como corcha. Y sobre esta materia dicen más, que

saliendo de allí, fué hasta llegar á la costa de la mar, adonde,

tendiendo su manto, se fué por entre sus ondas, y que nunca jamás

paresció ni le vieron; y como se fué, le pusieron por nombre Viracocha,

que quiere decir espuma de la mar. Y luego questo pasó, se hizo un

templo en este pueblo de Cacha, pasado un rio que va junto á él, al

Poniente, adonde se puso un ídolo de piedra muy grande en un retrete

algo angosto; y este retrete no es tan crecido y abultado como los

questán en Tiahuanaco hechos á remembranza de Ticiviracocha, ni tampoco

parece tener la forma del vestimento que ellos[13]. Alguna cantidad de

oro en joyas se halló cerca dél.

Yo pasando por aquella provincia, fuí á ver este ídolo[14], porque los

españoles publican y afirman que podria ser algun apóstol, y áun á

muchos oí decir que tenia cuentas en las manos, lo cual es burla, si yo

no tenia los ojos ciegos, porque aunque mucho lo miré, no pude ver tal

ni más de que tenia puestas las manos encima de los cuadriles,

enroscados los brazos, y por la cintura señales que debrian significar

como que la ropa que tenia se prendia con botones. Si este ó el otro fué

alguno de los gloriosos apóstoles que en el tiempo de su predicacion

pasaron á estas partes, Dios todopoderoso lo sabe, que yo no sé que

sobre esto me crea más de que, á mi creer, si fuera apóstol, obrara con

el poder de Dios su predicacion en estas gentes, que son simples y de

poca malicia, y quedara reliquia dello, ó en las Escrituras Santas lo

halláramos escrito; mas lo que vemos y entendemos es, que el Demonio

tuvo poder grandísimo sobre estas gentes, permitiéndolo Dios; y en estos

lugares se hacian sacrificios vanos y gentílicos; por donde yo creo que

hasta nuestros tiempos la palabra de Santo Evangelio no fué vista ni

oida; en los cuales vemos ya del todo profanados sus templos, y por

todas partes la Cruz gloriosa puesta.

Yo pregunté á los naturales de Cacha, siendo su cacique, ó señor, un

indio de buena persona y razon, llamado don Juan, ya cristiano, y que

fué en persona conmigo á mostrarme esta antigualla, en remembranza de

cuál Dios habian hecho aquel templo, y me respondió que de

Ticiviracocha. Y pues tratamos deste nombre de Viracocha, quiero

desengañar al lector del creer que el pueblo tiene que los naturales

pusieron á los españoles por nombre Viracocha, ques tanto decir como

espuma de la mar; y cuanto al nombre es verdad, porque _vira_ es nombre

de manteca, y _cocha_ de mar; y así, pareciéndoles haber venido por

ella, les habian atribuido aquel nombre, lo cual es mala interpretacion,

segun la relacion que yo tomé en el Cuzco y dan los orejones; porque

dicen que luego que en la provincia de Caxamarca fué preso Atahuallpa

por los españoles, habiendo habido entre los dos hermanos Huascar Inca,

único heredero del imperio, y Atahuallpa, grandes guerras y dándose

capitanes de uno contra capitanes de otro muchas batallas, hasta que en

el rio de Apurimac, por el paso de Cotabamba, fué preso el rey Huascar y

tratado cruelmente por Calicuchima, sin lo cual el Quízquiz en el Cuzco

hizo gran daño y mató, segun es público, treinta hermanos de Huascar é

hizo otras crueldades en los que tenian su opinion y no se habian

mostrado favorables á Atahuallpa; y como andando en estas pasiones tan

grandes hobiese, como digo, sido preso Atahuallpa y concertado con él

Pizarro que le daria por su rescate una casa de oro, y para traelle

fuesen al Cuzco Martin Bueno, Zárate y Moguer[15], porque la mayor parte

estaba en el solene templo de Curicancha; y como llegasen estos

cristianos al Cuzco en tiempos y coyunturas que los de la parte de

Huascar pasaban por la calamidad dicha, y supiesen la prision de

Atahuallpa, holgáronse tanto como se puede significar; y así, luego, con

grandes suplicaciones imploraba su ayuda contra Atahuallpa, su enemigo,

diciendo ser enviados por mano de su gran dios Ticiviracocha, y ser

hijos suyos, y así luego les llamaron y pusieron por nombre Viracocha. Y

mandaron al gran sacerdote, como á los demás ministros del templo, que

las mugeres sagradas se estuviesen en él, y el Quízquiz les entregó todo

el oro y plata. Y como la soltura de los españoles haya sido tanta y en

tan poco hayan tenido la honra ni honor destas gentes, en pago del buen

hospedage que les hacian y amor con que los servian, corrompieron

algunas vírgenes y á ellos tuviéronlos en poco; que fué causa que los

indios, por esto y por ver la poca reverencia que tenian á su sol, y

como sin vergüenza ninguna ni temor de Dios violaban[16] sus mamaconas,

que ellos tenian por gran sacrilegio, dijeron luego que la tal gente no

eran hijos de Dios, sino peores que _Supais_, que es nombre del Diablo;

aunque por cumplir con el mandado del señor Atahuallpa, los capitanes y

delegados de la cibdad los despacharon sin les hacer enojo ninguno,

enviando luego el tesoro[17]. Y el nombre de _Viracocha_ se quedó hasta

hoy; lo cual, segun tengo dicho, me informaron ponérselo por lo que

tengo escripto, y no por la significacion que dan de espuma de la mar. Y

con tanto contaré lo que entendí del orígen de los Incas.

_CAP. VI.--De cómo remanecieron en Pacarec Tampu ciertos hombres y

mugeres, y de lo que cuentan que hicieron despues que de allí salieron._

Ya tengo otras veces dicho[18], cómo, por ejercicio de mi persona y por

huir los vicios que de la ociosidad se recrecen, tomé trabajo descrebir

lo que yo alcancé de los Incas y de su regimiento y buena órden de

gobernacion; y como no tengo otra relacion ni escriptura que la que

ellos dan, si alguno atinare á escrebir esta materia mas acertada que

yo, bien podia; aunque para claridad de lo que escribo no dejé pasar

trabajo, y por hacerlo con más verdad vine al Cuzco, siendo en ella

corregidor el capitan Juan de Sayavedra[19], donde hice juntar á Cayu

Túpac, que es el que hay vivo de los descendientes de Huaina Capac,

porque Sairi Túpac, hijo de Manco Inca, está retirado en Viticos, á

donde su padre se ausentó despues de la guerra que en el Cuzco con los

españoles tuvo, como adelante contaré[20], y á otros de los orejones,

que son los que entre ellos se tienen por más nobles; y con los mejores

intérpretes y lenguas que se hallaron les pregunté, estos señores Incas

qué gente era y de qué nacion. Y parece que los pasados Incas, por

engrandecer con gran hazaña su nacimiento, en sus cantares se apregona

lo que en esto tienen, que es, questando todas las gentes que vivian en

estas regiones desordenadas y matándose unos á otros, y estando

envueltos en sus vicios, remanecieron en una parte que ha por nombre

Pacarec Tampu, ques no muy lejos de la ciudad del Cuzco, tres hombres y

tres mugeres. Y segun se puede interpretar, Pacarec Tampu quiere tanto

decir como casa de producimiento. Los hombres que de allí salieron dicen

ser Ayar Uchu el uno, y el otro Ayar Cachi Asauca, y el otro dicen

llamarse Ayar Manco: las mugeres, la una habia por nombre Mama Huaco, la

otra Mama Cora, la otra Mama Rahua[21]. Agunos indios cuentan estos

nombres de otra manera y en más número, mas yo á lo que cuentan los

orejones y ellos tienen por tan cierto me allegara (_sic_), porque lo

saben mejor que otros ningunos. Y así, dicen que salieron vestidos de

unas mantas largas y unas á manera de camisas sin collar ni mangas, de

lana riquísima, con muchas pinturas de diferentes maneras, que ellos

llaman _tucapu_, que en nuestra lengua quiere decir vestidos de reyes; y

quel uno destos señores sacó en la mano una honda de oro, y en ella

puesta una piedra; y que las mugeres salieron vestidas tan ricamente

como ellos y sacaron mucho servicio de oro. Pasando adelante con esto,

dicen más, que sacaron mucho servicio de oro, y quel uno de los

hermanos, el que nombraban Ayar Uchu, habló con los otros hermanos

suyos, para dar comienzo á las cosas grandes que por ellos habian de ser

hechas, porque su presuncion era tanta, que pensaban hacerse únicos

señores de la tierra; y por ellos fué determinado de hacer en aquel

lugar una nueva poblacion, á la cual pusieron por nombre Pacarec Tampu;

y fué hecha brevemente, porque para ello tuvieron ayuda de los

naturales de aquella comarca; y andando los tiempos, pusieron gran

cantidad de oro puro y en joyas, con otras cosas preciadas, en aquella

parte, de lo cual hay fama que hobo mucho dello Hernando Pizarro y don

Diego de Almagro el mozo.

Y volviendo á la historia, dicen quel uno de los tres, que ya hemos

dicho llamarse Ayar Cachi, era tan valiente y tenia tan gran poder, que

con la honda que sacó, tirando golpes ó lanzando piedras, derribaba los

cerros, y algunas veces que tiraba en alto, ponia las piedras cerca de

las nubes, lo cual, como por los otros dos hermanos fuese visto, les

pesaba, pareciéndoles que era afrenta suya no se igualar en aquellas

cosas; y así, apasionados con la envidia, dulcemente le rogaron con

palabras blandas, aunque bien llenas de engaño, que volviese á entrar

por la boca de una cueva donde ellos tenian sus tesoros, á traer cierto

vaso de oro que se les habia olvidado, y á suplicar al sol, su padre,

les diese ventura próspera para que pudiesen señorear la tierra. Ayar

Cachi, creyendo que no habia cautela en lo que sus hermanos le decian,

alegremente fué á hacer lo que dicho le habian, y no habia bien acabado

de entrar en la cueva, cuando los otros dos cargaron sobre él tantas

piedras, que quedó sin más parecer; lo cual pasado, dicen ellos por muy

cierto que la tierra tembló en tanta manera, que se hundieron muchos

cerros, cayendo sobre los valles[22].

Hasta aquí cuentan los orejones sobre el orígen de los Incas, porque

como ellos fueron de tan gran presuncion y hechos tan altos, quisieron

que se entendiese haber remanecido desta suerte y ser hijos del sol;

donde despues, cuando los indios los ensalzaban con renombres grandes,

les llaman _¡Ancha hatun apu, intipchuri!_, que quiere en nuestra lengua

decir: ¡Oh muy gran señor, hijo del sol! Y lo que yo para mí tengo que

se deba creer de esto questos fingen, será, que así como en Hatuncollao

se levantó Zapana, y en otras partes hicieron lo mismo otros capitanes

valientes, questos Incas que remanecieron, debieron ser algunos tres

hermanos valerosos y esforzados y en quien hobiese grandes pensamientos,

naturales de algun pueblo destas regiones, ó venidos de la otra parte de

las sierras de los Andes; los cuales, hallando aparejo, conquistarian y

ganarian el señorío que tuvieron; y aún sin esto, podria ser lo que se

cuenta de Ayar Cachi y de los otros ser encantadores, que seria causa de

por parte del Demonio hacer lo que hacian. En fin, no podemos sacar

dellos otra cosa questo.

Pues luego que Ayar Cachi quedó dentro en la cueva, los otros dos

hermanos suyos acordaron, con alguna gente que se les habia llegado, de

hacer otra poblacion, la cual pusieron por nombre Tampu Quiru, que en

nuestra lengua querrá decir _dientes de aposento ó de palacio_; y así,

débese entender questas poblaciones no eran grandes ni más que algunas

fuerzas pequeñas. Y en aquel lugar estuvieron algunos dias, habiéndoles

ya pesado con haber echado de sí á su hermano Ayar Cachi, que por otro

nombre dicen llamarse Huanacaure.

_CAP. VII.--Cómo estando los dos hermanos en Tampu Quiru, vieron salir

con alas de pluma al que habian con engaño metido en la cueva, el cual

les dijo que fuesen á fundar la gran ciudad del Cuzco; y como partieron

de Tampu Quiru._

Prosiguiendo la relacion que yo tomé en el Cuzco, dicen los orejones,

que despues de haber asentado en Tampu Quiru los dos Incas, sin se pasar

muchos dias, descuidados ya de más ver Ayar Cachi, lo vieron venir por

el ayre con alas grandes de pluma pintadas, y ellos con gran temor que

su visita les causó, quisieron huir; más él les quitó presto aquel

pavor, diciéndoles: "No temais ni os acongojeis, que yo no vengo sino

porque comience á ser conocido el imperio de los Incas; por tanto,

dejad, dejad esa poblacion que hecho habeis, y andad más abajo hasta que

veais un valle, adonde luego fundad el Cuzco, ques lo que ha de valer;

porquestos son arrabales, y de poca importancia, y aquella será la

ciudad grande, donde el templo suntuoso se ha de edificar y ser tan

servido, honrado y frecuentado, quel sol[23] sea el más alabado; y

porque yo siempre tengo de rogar á Dios por vosotros, y ser parte para

que con brevedad alcanceis gran señorío, en un cerro questá cerca de

aquí me quedaré de la forma y manera que me veis, y será para siempre

por vos y por vuestros descendientes santificado y adorado, y llamarle

heis Guanacaure; y en pago de las buenas obras que de mí habeis

recibido, os ruego para siempre me adoreis por Dios y en él me hagais

altares, donde sean hechos los sacrificios; y haciendo vosotros esto,

sereis en la guerra por mí ayudados; y la señal que de aquí adelante

teneis para ser estimados, honrados y temidos, será horadaros las orejas

de la manera que agora me vereis." Y así, luego, dicho esto, dicen que

les pareció verlo con unas orejas[24] de oro, el redondo del cual era

como un geme.

Los hermanos, espantados de lo que vian, estaban como mudos, sin hablar;

y al fin, pasada la turbacion, respondieron que eran contentos de hacer

lo que mandaba, y luego á toda prisa se fueron al cerro que llaman de

Guanacaure, al cual desde entónces hasta ora tuvieron por sagrado; y en

lo más alto dél volvieron á ver Ayar Cachi--que sin dubda debió de ser

algun demonio, si esto que cuentan en algo es verdad, y permitiéndolo

Dios, debajo destas falsas apariencias les hacia entender su deseo,

quera que le adorasen y sacrificasen, ques lo quél más procura;--y les

tornó á hablar, diciéndoles, que convenia que tomasen la bolrra ó corona

del imperio los que habian de ser soberanos señores, y que supiese como

en tal acto se ha de hacer para los mancebos ser armados caballeros y

ser tenidos por nobles. Los hermanos respondiéronle que ya habian

primero dicho que en todo su mandado se cumpliria, y en señal de

obidiencia, juntas las manos y las cabezas inclinadas, le hicieron la

mocha, ó reverencia, para que mejor se entienda; y porque los orejones

afirman que de aquí les quedó el tomar de la bolrra y el ser armados

caballeros, pornélo en este lugar, y servirá para no tener necesidad de

lo tornar en lo de adelante á reiterar; y puédese tener por historia

gustosa y muy cierta, por cuanto en el Cuzco Manco Inca tomó la bolrra

ó corona suprema, y hay vivos muchos españoles que se halláron presentes

á esta cirimonia, é yo lo he oido á muchos dellos. Es verdad que los

indios dicen tambien quen tiempo de los reyes pasados se hacia con más

solenidad y preparamientos y juntas de gentes y riquezas tan grandes,

que no se puede inumerar.

Segun parece, estos señores ordenaron esta órden para que se tomase la

bolrra ó corona, y dicen que Ayar Cachi en el mismo cerro de Guanacaure

se vistió de aquesta suerte: el que habia de ser Inca se vistia en un

dia de una camisola negra, sin collar, de unas pinturas coloradas, y en

la cabeza con una trenza leonada se ha de dar ciertas vueltas, y

cubierto con una manta larga leonada ha de salir de su aposento é ir al

campo á cojer un hace de paja, y ha de tardar todo el dia en traerlo sin

comer ni beber, porque ha de ayunar, y la madre y hermanas del que fuere

Inca, han de quedar hilando con tanta priesa, que en aquel propio dia se

han de hilar y tejer cuatro vestidos para el mesmo negocio, y han de

ayunar sin comer ni beber las que en esta obra estuvieren. El uno destos

vestidos ha de ser la camiseta leonada y la manta blanca, y el otro ha

de ser la manta y camiseta todo blanco, y el otro ha ser azul con

flocaduras y cordones. Estos vestidos se ha de poner el que fuere inca,

y ha de ayunar el tiempo establecido, que es un mes, y á este ayuno

llaman _zaziy_[25], el cual se hace en un aposento del palacio real sin

ver lumbre ni tener ayuntamiento con muger; y estos dias del ayuno las

señoras de su linage han de tener muy gran cuidado en hacer con sus

propias manos mucha cantidad de su chicha, ques vino hecho de maíz, y

han de andar vestidos ricamente. Despues de haber pasado el tiempo del

ayuno, sale el que ha de ser señor, llevando en sus manos una alabarda

de plata y de oro, y va á casa de algun pariente anciano á donde le han

de ser tresquilados los cabellos; y vestido una de aquellas ropas, salen

del Cuzco, á donde se hace esta fiesta, y van al cerro de Guanacaure,

donde decimos questaban los hermanos, y hechas algunas cirimonias y

sacrificios, se vuelven á donde está aparejado el vino, donde lo beben;

y luego sale el Inca á un cerro nombrado Anaguar, y desde el principio

dél va corriendo, porque vean cómo es ligero y será valiente en la

guerra, y luego baja dél trayendo un poco de lana atado á una alabarda,

en señal que cuando anduviere peleando con sus enemigos, ha de procurar

de traer los cabellos y cabezas dellos. Hecho esto, iban al mesmo cerro

de Guanacaure á cojer paja muy derecha, y el que habia de ser rey, tenia

un manojo grande della, de oro, muy delgada y pareja, y con ella iba

otro á cerro llamado Yahuira[26], á donde se vestia otra de las ropas

ya dichas, y en la cabeza se ponia unas trenzas ó llautu que llaman

_pillaca_, ques como corona, debajo del cual colgaban unas orejas[27] de

oro, y encima se ponia un bonete de plumas cosido como diadema, que

ellos llaman _puruchuco_[28], y en la alabarda ataban una cinta de oro

larga que llegaba hasta el suelo, y en los pechos llevaba puesta una

luna de oro; y desta suerte, en presencia de todos los que allí se

hallaban, mataba una oveja, cuya sangre y carne repartian entre todos

los más principales, para que cruda la comiesen; en lo cual

significaban, que si no fuesen valientes, que sus enemigos comerian sus

carnes de la suerte que ellos habian comido la de la oveja que se mató.

Y allí hacian juramento solene, á su usanza, por el sol, de sustentar la

órden de caballería y por la defensa del Cuzco morir, si necesario

fuese; y luego les abrian las orejas, poniéndolas tan grandes, que tiene

un geme cada una dellas en redondo; y hecho esto, pónense unas cabezas

de leones fieros, y vuelven con gran estruendo á la plaza del Cuzco, en

donde estaba una gran maroma de oro, que la cercaba toda, sosteniéndose

en horcones de plata y de oro: en el comedio desta plaza bailaban y

hacian grandísimas fiestas á su modo, y andaban los que habian de ser

caballeros cubiertos con las cabezas de leones, que tengo dicho, para

dar á entender que serian valientes y fieros como lo son aquellos

animales. Dando fin á estos bailes, quedan armados caballeros, y son

llamados orejones, y tienen sus privilegios, y gozan de grandes

libertades, y son dignos, si los eligen, de tomar la corona, ques la

borla; la cual cuando se da al señor que lo ha de ser del imperio, se

hacen mayores fiestas, y se junta gran número de gente, y el que ha de

ser emperador ha primero de tomar á su misma hermana por muger, porquel

estado real no suceda en linaje bajo, y hace el _zaziy_ grande, ques el

ayuno. Y en el inter que estas cosas pasan, porque estando el Señor

ocupado en los sacrificios y ayunos no sale á entender en los negocios

privados y de gobernacion, era ley entre los Incas, que cuando alguno

fallescia, ó se daba á otro la corona ó borla, que pudiese señalar uno

de los principales varones del pueblo y que tuviese maduro consejo y

gran autoridad, para que gobernase todo el imperio de los Incas, como el

mesmo señor, durante aquellos dias; y á este tal le era permitido tener

guarda y hablalle con reverencia. Y hecho esto, y recibidas las

bendiciones en el templo de Curicancha, recibe la borla, que era grande

y salia del llautu que tenia en la cabeza cubriéndole hasta caer encima

de los ojos, y este era tenido y reverenciado por soberano. Y á las

fiestas se hallaban los principales señores que habia en más de cinco

leguas quellos mandaron, y parescia en el Cuzco grandísima riqueza de

oro y plata, y pedrería, y plumajes, cercándole toda la gran maroma de

oro, y la admirable figura del sol, que era todo de tanta grandeza, que

pesaba, á lo que afirman por cierto los indios, más de cuatro mill

quintales de oro; y si no se daba la borla en el Cuzco, tenian al que se

llamaba Inca por cosa de burla, sin tener su señorío por cierto[29]; y

así, Atahuallpa no es contado por rey, aunque como fué de tanto valor y

mató tanta gente, por temor fué obedecido de muchas naciones.

Volviendo á los questaban en el cerro de Guanacaure, despues que Ayar

Cachi les hobo dicho de la manera que habian de tener para ser armados

caballeros, cuentan los indios, que, mirando contra su hermano Ayar

Manco, le dijo que se fuese con las dos mugeres al valle que dicho le

habia, á donde luego fundase el Cuzco, sin olvidar de venir hacer

sacrificios aquel lugar, como primero rogado le habian; y que como esto

hobiese dicho, así él como el otro hermano se convirtieron en dos

figuras de piedras, que demostraban tener talles de hombres, lo cual

visto por Ayar Manco, tomando sus mugeres, vino á donde agora es el

Cuzco, á fundar la ciudad, nombrándose y llamándose dende adelante Manco

Capac, que quiere decir rey y señor rico.

_CAP. VIII.--Cómo despues que Manco Capac vió que sus hermanos se habian

convertido en piedras, vino á un valle donde encontró algunas gentes, y

por él fué fundada y edificada la antigua y muy riquísima ciudad del

Cuzco, cabeza principal que fué de todo el imperio de los Incas._

Reídome he de lo que tengo escripto destos indios: yo cuento en mi

escriptura lo que ellos á mí contaron por la suya, y antes quito muchas

cosas que añido una tan sola. Pues como Manco Capac hobiese visto lo que

de sus hermanos habia sucedido, y llegase al valle donde agora es la

ciudad del Cuzco, alzando los ojos al cielo, dicen los orejones que

pedia con grande humildad al sol que le favoreciese y ayudase en la

nueva poblacion que hacer queria, y que, vueltos los ojos hácia el cerro

de Guanacaure, pedia lo mesmo á su hermano, que ya lo tenia y

reverenciaba por dios, y mirando en el vuelo de las aves y en las

señales de las estrellas y en otros prodigios, lleno de confianza,

teniendo por cierto que la nueva poblacion habia de florecer, y él ser

tenido por fundador della y padre de todos los Incas que en ella habian

de reinar. Y así, en nombre de su Ticiviracocha y del sol y de los otros

sus dioses, hizo la fundacion de la nueva ciudad, el original y

principio de la cual fué una pequeña casa de piedra cubierta de paja que

Manco Capac con sus mugeres hizo, á la cual pusieron por nombre

_Curicancha_, que quiere decir cercado de oro, lugar donde despues fué

aquel tan célebre y tan riquísimo templo del sol, y que agora es

monesterio de frayles de la órden de Santo Domingo; y tiénese por

cierto, que en el tiempo questo por Manco Inca Capac se hacia, habia en

la comarca del Cuzco indios en cantidad; mas como él no les hiciese mal

ni ninguna molestia, no le impidian la estada en su tierra, antes se

holgaban con él; y así, Manco Capac entendia en hacer la casa ya dicha,

y era dado á sus religiones y culto de sus dioses, y fué de gran

presuncion y de persona que representaba gran autoridad.

La una de sus mugeres fué estéril, que nunca se empreñó; en la otra[30]

hobo tres hijos varones y una hija: el mayor fué nombrado Inca Roca

Inca, y la hija Ocllo, y los nombres de los otros dos no cuentan ni

dicen más de que casó al hijo mayor con su hermana; á los cuales mostró

lo que habian de hacer para ser amados de los naturales y no

aborrecidos, y otras cosas grandes. En este tiempo, en Hatuncollao se

habian hecho poderosos los descendientes de Zapana, y con tiranía

querian ocupar toda aquella comarca. Pues como el fundador del Cuzco,

Manco Capac, hobo casado á sus hijos y allegado á su servicio algunas

gentes con amor y buenas palabras, con los cuales engrandeció la casa

de Curicancha, despues de haber vivido muchos años, murió estando ya muy

viejo, y le fueron hechas las obsequias con toda sumptuosidad, sin lo

cual se le hizo un bulto para reverencialle como á hijo del sol.

_CAP. IX.--En que se da aviso al lector de la causa porquel autor,

dejando de proseguir con la sucesion de los reyes, quiso contar el

gobierno que tuvieron, y sus leyes, costumbres qué tales fueron._

Aunque pudiera escribir lo que pasó en el reinado de Sinchi Roca

Inca[31], hijo que fué de Manco Capac, fundador del Cuzco, en este

lugar, lo dejé, pareciéndome quen lo de adelante habria confusion para

saber por entero la manera que se tuvo en la gobernacion destos señores,

porque unos ordenaron unas leyes y otros otras, y así, pusieron unos los

mitimaes y otros las guarniciones de gente de guerra en los lugares

establecidos en el reino para la defensa dél; y porque son todas cosas

grandes y dignas de memoria, y para que las repúblicas que se rigen por

grandes letrados y varones, desto tomen aviso, y unos y otros conciban

admiracion, considerando que pues en gente bárbara y que no tuvo letras

se halló lo que de cierto sabemos que hobo, así en lo del gobierno como

en sojuzgar las tierras y naciones, porque debajo de una monarquía

obedesciesen á un Señor que sólo fuese soberano y digno para reinar en

el imperio que los Incas tuvieron, que fueron más de mill é doscientas

leguas de costas; así, por no variar en decir que unos dicen que ciertos

dellos constituyeron lo uno, y otros lo otro, en lo cual muchos

naturales varian, pondré en este lugar lo que yo entendí y tengo por

cierto, conforme á la relacion que dello tomé en la ciudad del Cuzco y

de las reliquias que vemos haber quedado destas cosas todos los que en

el Perú habemos andado. Y no parezca á los letores que en tomar esta

órden salgo de la que al libro conviene que lleve; para que ellos con

más claridad lo entiendan se pone, como declaro; y esto haré con gran

brevedad, sin querer ocuparme en contar cosas menudas, de que siempre

huyo, y así, con ella misma proseguiré en tratar el reynado de los Incas

y la sucesion dellos, hasta que con la muerte de Huascar y entrada de

los españoles se acabó. Y quiero que sepan los que esto leyeren, que

entre todos los Incas, que fueron once, tres salieron entre ellos

bastantísimos para la gobernacion de su señorío, que cuentan y no acaban

los orejones de loarlos; y estos no se parescieron en las condiciones

tanto como en el juicio; los cuales son Huayna Capac, Tupac Inca

Yupanqui, su padre, é Inca Yupanqui, padre del uno y agüelo del otro. Y

tambien se puede presumir, que como estos fuesen tan modernos, que está

el reyno lleno de indios que conocieron á Tupac Inca Yupanqui, y con él

anduvieron en las guerras, y á sus padres oyeron lo que Inca Yupanqui

hizo en el tiempo de su reinado, podria ser destas cosas, vistas[32]

casi por los ojos, tener más lumbre para las poder contar, y lo sucedido

á los otros señores, sus proxinitores, haberse dello mucho olvidado.

Aunque, cierto, para lo tener en la memoria, y que no se pierda en

muchos años, tienen grande aviso, para no tener letras, que estas ya

tengo escripto en la primera parte desta Crónica[33], cómo no se han

hallado en todo este reino, ni áun en todo este orbe de las Indias. Y

con tanto prosigamos lo comenzado.

_CAP. X.--De cómo el Señor, despues de tomada la borla del reino, se

casaba con su hermana la Coya, ques nombre de reyna; y cómo era

permitido tener muchas mugeres, salvo que, entre todas, sólo la Coya era

la legítima y más principal._

Conté brevemente en los capítulos pasados cómo los que habian de ser

nobles se armaban caballeros, y tambien las cirimonias que se hacian en

el tiempo que los Incas se coronaban por reyes, tomando la corona, que

es la borla que hasta los ojos les caia; y fué por ellos ordenado, quel

que hobiese de ser rey, tomase á su hermana, hija legítima de su padre y

madre, por muger, para que la sucesion del reino fuese por esta vía

confirmada en la casa real, pareciéndoles por esta manera, que aunque la

tal muger, hermana del rey, de su cuerpo no fuese casta, y, usando con

algun hombre, dél quedase preñada, era el hijo que nasciese della y no

de muger extraña; porque tambien miraban, que aunque el Inca se casase

con muger generosa, queriendo, podia hacer lo mismo y concibir con

adulterio, de tal manera, que no siendo entendido, fuese tenido por hijo

del señor y natural marido suyo. Por estas cosas, ó porque les paresció

á los que lo ordenaron que convenia, era ley entre los Incas que el

señor que entre todos quedaba por emperador, tornase á su hermana por

muger, la cual tenia por nombre _Coya_, ques nombre de reyna, y que

ninguna se lo llamaba,--como cuando un rey de España casa con alguna

princesa que tiene su nombre propio, y entrando en su reyno, es llamada

reyna, así llaman las que lo eran del Cuzco, Coya. Y si acaso el que

habia de ser tenido por señor no tenia hermana carnal, era permitido que

casase con la señora más ilustre que hobiese, para que fuese entre todas

sus mugeres tenida por la más principal; porquestos señores, no habia

ninguno dellos que no tuviese más de setecientas mugeres para servicio

de su casa y para sus pasatiempos; y así, todos ellos tuvieron muchos

hijos que habian en éstas que tenian por mugeres ó mancebas, y eran bien

tratadas por él y estimadas de los indios naturales; y aposentado el rey

en su palacio, ó por donde quier que iba, eran miradas y guardadas todas

por los porteros y camayos, ques nombre de guardianes; y si alguna usaba

con varon, era castigada con pena de muerte, dándole á él la misma pena.

Los hijos que los señores habian en estas mugeres, despues que eran

hombres, mandábanles proveer de campos y heredades, que ellos llaman

chácaras, y que de los depósitos ordinarios les diesen ropas y otras

cosas para su aprovechamiento, porque no querian dar señorío á estos

tales, porque en habiendo alguna turbacion en el reyno, no quisiesen

intentar de quedarse con él con la presuncion de ser hijos del rey. Y

así, ninguno tuvo mando sobre provincia, aunque, cuando salian á las

guerras y conquistas, muchos dellos eran capitanes y preferidos á los

que iban en los reales; y el señor natural que heredaba el reyno los

favorescia, puesto que si urdian algun levantamiento, eran castigados

cruelísimamente; y ninguno dellos hablaba con el rey, aunque más su

hermano fuese, que primero no pusiese en su cerviz carga liviana y fuese

descalzo, como todos los demás del reyno, á le hablar.

_CAP. XI.--Cómo se usó entre los Incas que del Inca que hobiese sido

valeroso, que hobiese ensanchado el reyno ó hecho otra cosa digna de

memoria, la hobiese dél en sus cantares y en los bultos; y no siendo

sino remisio y cobarde, se mandaba que se tratase poco dél._

Entendí, quando en el Cuzco estuve[34], que fué uso entre los reyes

Incas, que el rey que entre ellos era llamado Inca, luego como era

muerto, se hacian los lloros generales y continos, y se hacian los otros

sacrificios grandes, conforme á su religion y costumbre; lo cual pasado,

entre los más ancianos del pueblo se trataba sobre qué tal habia sido

la vida y costumbres de su rey ya muerto, y qué habia aprovechado á la

república, ó qué batalla habia vencido que dado se hobiese contra los

enemigos; y tratadas estas cosas entre ellos, y otras que no entendemos,

por entero, se determinaban, si el rey difunto habia sido tan venturoso

que dél quedase loable fama, para que por su valentía y buen gobierno

meresçiese que para siempre quedase entre ellos, mandaban llamar los

grandes quiposcamayos, donde las cuentas se fenescen y sabian dar razon

de las cosas que sucedido habian en el reyno, para que estos lo

comunicasen con otros quentrellos, siendo escogidos por más retóricos y

abundantes de palabras, saben contar por buena órden cada cosa de lo

pasado, como entre nosotros se cuentan por romances y villancicos; y

estos en ninguna cosa entienden que en aprender y saberlos componer en

su lengua, para que sean por todos oidos en regocijos de casamientos y

otros pasatiempos que tienen para aquel propósito. Y así, sabido lo que

se ha de decir de lo pasado en semejantes fiestas de los señores

muertos, y si se trata de guerra por el consiguiente, con órden galana

cantaban de muchas batallas que en lugares de una y otra parte del reyno

se dieron; y por el consiguiente, para cada negocio tenian ordenados sus

cantares ó romances, que, viniendo á propósito, se cantasen, para que

por ellos se animase la gente con lo oir y entendiesen lo pasado en

otros tiempos, sin lo inorar, por entero. Y estos indios que por mandado

de los reyes sabian estos romances, eran honrados por ellos y

favorescidos, y tenian cuidado grande de los enseñar á sus hijos y á

hombres de sus provincias los más avisados y entendidos que entre todos

se hallaban; y así, por las bocas de unos lo sabian otros, de tal

manera, que hoy dia entre ellos cuentan lo que pasó ha quinientos años,

como si fueran diez.

Y entendida la órden que se tenia para no se olvidar de lo que pasaba en

el reyno, es de saber, que muerto el rey dellos, si valiente habia sido

y bueno para la gobernacion del reyno, sin haber perdido provincia de

las que su padre les dejó, ni usado de bajezas ni poquedades, ni hecho

otros desatinos que los príncipes locos con la soltura se atreven á

hacer en su señorío, era permitido y ordenado por los mismos reyes, que

fuesen ordenados cantares honrados y que en ellos fuesen muy alabados y

ensalzados, en tal manera, que todas las gentes admirasen en oir sus

hazañas y hechos tan grandes, y que estos no siempre ni en todo lugar

fuesen publicados ni apregonados, sino cuando estuviese hecho algun

ayuntamiento grande de gente venida de todo el reyno para algun fin, y

cuando se juntasen los señores principales con el rey en sus tiempos y

solaces, ó cuando hacian los taquis[35] ó borracheras suyas. En estos

lugares, los que sabian los romançes, á voces grandes, mirando contra el

Inca, le cantaban lo que por sus pasados habia sido hecho; y si entre

los reyes alguno salia remisio, cobarde, dado á vicios, y amigo de

holgar sin acrescentar el señorío de su imperio, mandaban que destos

tales hobiese poca memoria ó casi ninguna; y tanto miraban esto, que si

alguna se hallaba, era por no olvidar el nombre suyo y la sucesion; pero

en lo demás se callaba, sin contar los cantares de otros que de los

buenos y valientes. Porque tuvieron en tanto sus memorias, que, muerto

uno destos señores tan grandes, no aplicaba su hijo para sí otra cosa

que el señorío, porque era ley entre ellos que la riqueza y el aparato

real del que habia sido rey del Cuzco, no lo hobiese otro en su poder,

ni se perdiese su memoria; para lo cual se hacia un bulto de mano[36],

con la figura que ellos ponerle querian, al cual llamaban del nombre del

rey ya muerto; y solian estos bultos ponerse en la plaza del Cuzco,

cuando se hacian sus fiestas, y en rededor de cada bulto destos reyes

estaban sus mugeres y criados, y venian todos, aparejándose allí su

comida y bebida, porque el Demonio debia de hablar en aquellos bultos,

pues que esto por ellos se usaba; y cada bulto tenia sus truanes ó

decidores, questaban con palabras alegres contentando al pueblo; y todo

el tesoro que el señor tenia siendo vivo, estaba en poder de sus criados

y familiares, y se sacaba á las fiestas semejantes con gran aparato; sin

lo cual, no dejaban de tener sus chácaras, ques nombre de heredades,

donde cogian sus maízes y otros mantenimientos con que sustentaban las

mugeres con toda la demás familia destos señores que tenian bultos y

memorias, aunque ya eran muertos. Y cierto esta usanza fué harta parte

para que en este reyno hobiese la suma tan grande de tesoros que se han

visto por nuestros ojos; y á españoles conquistadores he oydo que,

cuando, descubriendo las provincias del reyno, entraron en el Cuzco,

habia destos bultos, lo cual paresció ser verdad, cuando dende á poco

tiempo, queriendo tomar la borla Manco Inca Yupanqui, hijo de Huayna

Capac, públicamente fueron sacados en la plaza del Cuzco, á vista de

todos los españoles é yndios que en ella en aquel tiempo estaban.

Verdad es, que habian ya habido los españoles mucha parte del tesoro, y

lo demás se escondió y puso en tales partes, que pocos ó no ninguno debe

saber dél; ni de los bultos ni otras cosas suyas grandes hay ya otra

memoria que la que ellos dan y tienen en sus cantares[37].

_CAP. XII.--De cómo tenian coronistas para saber sus hechos, y la órden

de los quipos como fué, y lo que dello vemos agora._

Fué ordenado por los Incas lo que ya habemos escripto acerca del poner

los bultos en sus fiestas, y en que se escogiesen algunos de los más

sábios dellos, para que en cantares supiesen la vida de los señores qué

tal habia sido y cómo se habian habido en el gobierno del reyno, para el

efecto por mí dicho. Y es tambien de saber, que, sin esto, fué costumbre

dellos y ley muy usada y guardada, de escoger cada uno, en tiempo de su

reynado, tres ó cuatro hombres ancianos de los de su nacion, á los

cuales, viendo que para ello eran hábiles y suficientes, les mandaba que

todas las cosas que sucediesen en las provincias durante el tiempo de su

reynado, ora fuesen prósperas, ora fuesen adversas, las tuviesen en la

memoria, y dellas hiciesen y ordenasen cantares, para que por aquel

sonido se pudiese entender en lo foturo haber así pasado; con tanto

questos cantares no pudiesen ser dichos ni publicados fuera de la

presencia del Señor; y eran obligados estos que habian de tener esta

razon durante la vida del rey, no tratar ni decir cosa alguna de lo que

á él tocaba, y luego que era muerto, al sucesor en el imperio le decian,

casi por estas palabras: "¡Oh Inca grande y poderoso, el Sol y la Luna,

la Tierra, los montes y los árboles, las piedras y tus padres te guarden

de infortunio y hagan próspero, dichoso y bienaventurado sobre todos

cuantos nacieron! Sábete, que las cosas que sucedieron á tu antecesor

son éstas." Y luego en diciendo esto, los ojos puestos al suelo, y

bajadas las manos, con gran humildad le daban cuenta y razon de todo lo

que ellos sabian; lo cual podrian muy bien hacer, porque entre ellos hay

muchos de gran memoria, subtiles de ingenio, y de vivo juizio, y tan

abastados de razones, como hoy dia somos testigos los que acá estamos é

los oimos. Y así, dicho esto, luego que por el rey era entendido,

mandaba llamar á otros de sus indios viejos, á los cuales mandaba que

tuviesen cuidado de saber los cantares que aquéllos tenian en la

memoria, y de ordenar otros de nuevo de lo que pasaba en el tiempo de su

reynado, y que las cosas que se gastaban y lo que las provincias

contribuian, se asentasen en los quipos, para que supiesen lo que daban

y contribuyan muerto él y reynando su progenitor. Y si no era en un dia

de gran regocijo, ó en otro que hobiese lloro ó tristeza por muerte de

algun hermano ó hijo del rey, porque estos tales dias se permitia contar

su grandeza dellos y su orígen y nascimiento, fuera destos, á ninguno

era permitido tratar dello, porque estaba así ordenado por los señores

suyos, y si lo hacian, eran castigados rigurosamente.

Sin lo cual tuvieron otra órden para saber y entender cómo se habia de

hacer en la contribucion, en las provincias, de los mantenimientos, ora

pasase el rey con el ejército, ora fuese visitando el reyno, ó que sin

hacer nada desto, se entendiese lo que entraba en los depósitos y pagaba

á los súbditos, de tal manera, que no fuesen agraviados, tan buena y

subtil, que ecede en artificio á los _carastes_ que usaron los mexicanos

para sus cuentas y contratacion; y esto fué los quipos, que son ramales

grandes de cuerdas anudadas, y los que desto eran contadores y entendian

el guarismo destos nudos, daban por ellos razon de los gastos que se

habian hecho, ó de otras cosas que hobiesen pasado de muchos años atrás;

y en estos nudos contaban de uno hasta diez, y de diez hasta ciento, y

de ciento hasta mill; y en uno destos ramales está la cuenta de lo uno,

y en otro lo del otro; de tal manera esto, que para nosotros es una

cuenta donosa y ciega, y para ellos singular. En cada cabeza de

provincia habia contadores á quien llamaban quiposcamayos[38], y por

estos nudos tenian la cuenta y razon de lo que habian de tributar los

questaban en aquel distrito, desde la plata, oro, ropa y ganado, hasta

la leña y las otras cosas mas menudas, y por los mismos quipos se daba á

cabo de un año, ó de diez, ó de veinte, razon á quien tenia comision de

tomar la cuenta, tan bien, que un par de alpargatas no se podian

esconder.

Yo estaba incrédulo en esta cuenta, y aunque lo oia afirmar y tratar,

tenia lo más dello por fábula; y estando en la provincia de Xauxa, en lo

que llaman Marcavillca[39], rogué al señor Guacarapora[40] que me

hiciese entender la cuenta dicha de tal manera que yo me satisficiese á

mí mismo, para estar cierto que era fiel y verdadera; y luego mandó á

sus criados que fuesen por los quipos, y como este señor sea de buen

entendimiento y razon para ser indio, con mucho reposo satisfizo á mi

demanda, y me dijo, que para que mejor lo entendiese, que notase que

todo lo que por su parte habia dado á los españoles desde que entró el

gobernador don Francisco Pizarro en el valle, estaba allí sin faltar

nada: y así ví la cuenta del oro, plata, ropa que habian dado, con todo

el maíz, ganado y otras cosas, que en verdad yo quedé espantado dello. Y

es de saber otra cosa, que tengo para mí por muy cierto, segun han sido

las guerras largas, y las crueldades, robos y tiranías que los españoles

han hecho en estos indios, que si ellos no estuvieran hechos á tan

grande órden y concierto, totalmente se hubieran todos consumido y

acabado; pero ellos, como entendidos y cuerdos y que estaban impuestos

por príncipes tan sábios, entre todos determinaron que si un ejército de

españoles pasase por cualquiera de las provincias, que si no fuere el

daño que por ninguna vía se puede escusar, como es destruir las

sementeras y robar las casas y hacer otros daños mayores questos, que en

lo demás, todas las comarcas tuviesen en el camino real, por donde

pasaban los nuestros, sus contadores, y éstos tuviesen proveimiento lo

más ámplio que ellos pudiesen, porque con achaque no los destruyesen del

todo; y así eran proveidos; y despues de salidos, juntos los señores,

iban los quipos de las cuentas, y por ellos, si uno habia gastado más

que otro, lo que ménos habian proveido lo pagaban, de tal suerte, que

iguales quedasen todos.

Y en cada valle hay esta cuenta hoy dia, y siempre hay en los aposentos

tantos contadores como en él hay señores, y de cuatro en cuatro meses

fenescen sus cuentas por la manera dicha; y con la órden que han tenido,

han podido sufrir combates tan grandes, que si Dios fuese servido que

del todo hobiesen cesado con el buen tratamiento que en este tiempo

reciben, y con la buena órden y justicia que hay, se restaurarian y

multiplicarian, para que en alguna manera vuelva á ser este reyno lo que

fué, aunque yo creo que será tarde ó nunca. Y es verdad que yo he visto

pueblos, y pueblos bien grandes, y de una sola vez que cripstianos

españoles pasen por él, quedar tal, que no parecia sino que fuego lo

habia consumido; y como las gentes no eran de tanta razon, ni unos á

otros se ayudaban, perdíanse despues con hambres y enfermedades, porque

entre ellos hay poca caridad, y cada uno es señor de su casa, y no

quiere más cuenta. Y esta órden del Perú débese á los señores que lo

mandaron y supieron ponerla en todas las cosas tan grande como vemos los

que acá estamos, por estas y otras cosas mayores; y con tanto pasaré

adelante.

_CAP. XIII.--Cómo los Señores del Perú eran muy amados por una parte y

temidos por otra de todos sus súbditos, y cómo ninguno de ellos, aunque

fuese gran señor muy antiguo en su linage, podia entrar en su presencia,

si no era con una carga en señal de grande obediencia._

Es de notar, y mucho, que como estos reyes mandaron tan grandes

provincias y en tierra tan larga, y en parte tan áspera y llena de

montañas y de promontorios nevados, y llanos de arena secos de árboles y

faltos de agua, que era necesario gran prudencia para la gobernacion de

tantas naciones y tan distintas unas de otras en lenguas, leyes y

religiones, para tenellas todas en tranquilidad y que gozasen de la paz

y amistad con él; y así, no embargante que la ciudad del Cuzco era la

cabeza de su imperio, como en muchos lugares hemos apuntado, de cierto

en cierto término, como tambien diremos, tenian puestos sus delegados y

gobernadores, los cuales eran los más sábios, entendidos y esforzados

que hallarse podian, y ninguno tan mancebo que ya no estuviese en el

postrer tercio de su edad. Y como le fuesen fieles y ninguno osase

levantarse, y tenia de su parte á los mitimaes, ninguno de los

naturales, aunque más poderoso fuese, osaba intentar ninguna rebelion, y

si alguna intentaba, luego era castigado el pueblo donde se levantaba,

embiando presos los movedores al Cuzco. Y desta manera eran tan temidos

los reyes, que si salian por el reyno y permitian alzar algun paño de

los que iban en las andas, para dejarse ver de sus vasallos, alzaban tan

gran alarido, que hacian caer las aves de lo alto donde iban volando, á

ser tomadas á manos; y todos los temian tanto, que de la sombra que su

persona hacia no osaban decir mal. Y no era esto solo; pues es cierto,

que si algunos de sus capitanes ó criados salian á visitar alguna parte

del reyno para algun efecto, le salian á recibir al camino con grandes

presentes, no osando, aunque fuese sólo, dejar de cumplir en todo y por

todo el mandamiento dellos.

Tanto fué lo que temieron á sus príncipes en tierra tan larga, que cada

pueblo estaba tan asentado y bien gobernado como si el Señor estuviera

en él para castigar los que lo contrario hiciesen. Este temor pendia del

valor que habia en los señores y de su misma justicia, que sabian que

por parte de ser ellos malos, si lo fuesen, luego el castigo se habia de

hacer en los que lo fuesen, sin que bastase ruego ni cohecho ninguno. Y

como siempre los Incas hiciesen buenas obras á los questaban puestos en

su señorío, sin consentir que fuesen agraviados, ni que les llevasen

tributos demasiados, ni que les fuesen hechos otros desafueros, sin lo

cual, muchos que tenian provincias estériles y que en ellas sus pasados

habian vivido con necesidad, les daban órden que las hacian fértiles y

abundantes, proveyéndoles de las cosas que en ella habia necesidad; y en

otras donde habia falta de ropa, por no tener ganados, se los mandaban

dar con gran liberalidad. En fin, entendíase, que así como estos señores

se supieron servir de los suyos y que les diesen tributos, así ellos les

supieron conservar las tierras y traellos de bastos á muy pulíticos, y

de desproveidos, que no les faltase nada; y con estas buenas obras, y

con que siempre el Señor á los principales daba mugeres y preseas ricas,

ganaron tanto las gracias de todos, que fueron dellos amados en estremo

grado, tanto que yo me acuerdo por mis ojos haber visto á indios viejos,

estando á vista del Cuzco, mirar contra la ciudad y alzar un alarido

grande, el cual se les convertia en lágrimas salidas de tristeza,

contemplando el tiempo presente y acordándose del pasado, donde en

aquella ciudad por tantos años tuvieron señores de sus naturales, que

supieron atraellos á su servicio y amistad de otra manera que los

españoles.

Y era usanza y ley inviolable entre estos señores del Cuzco, por

grandeza y por la estimacion de la dignidad real, questando él en su

palacio, ó caminando con gente de guerra, ó sin ella, que ninguno,

aunque fuese de los más grandes y poderosos señores de todo su reyno, no

habia de entrar á le hablar, ni estar delante de su presencia, sin que

primero, tirándose los zapatos, que ellos llaman oxotas, se pusiese en

sus hombros una carga para entrar con ella á la presencia del Señor, en

lo cual no se tenia cuenta que fuese grande ni pequeña, porque no era

por más de que supiesen el reconocimiento que habian de tener á los

señores suyos; y entrando dentro, vueltas las espaldas al rostro del

Señor, habiendo primero hecho reverencia, quellos llaman _mocha_, dice á

lo que viene ó oye lo que les mandado, lo cual pasado, si quedaba en la

Córte por algunos dias y era persona de cuenta, no entraba más con la

carga; porque siempre estaban los que venian de las provincias en la

presencia del Señor en convites y en otras cosas que por ellos eran

hechas.

_CAP. XIV.--De cómo fué muy grande la riqueza que tuvieron y poseyeron

los reyes del Perú y cómo mandaban asistir siempre hijos de los señores

en su Córte._

Por la gran riqueza que habemos visto en estas partes, podremos creer

ser verdad lo que se dice de las muchas que tuvieron los Incas; porque

yo creo, lo que ya muchas veces tengo afirmado, que en el mundo no hay

tan rico reyno de metal, pues cada dia se descubren tan grandes veneros,

así de oro como de plata; y como en muchas partes de las provincias

cogiesen en los rios oro, y en los cerros sacasen plata, y todo era por

un rey, pudo tener y poseer tanta grandeza; y dello yo no me espanto de

estas cosas, sino como toda la ciudad del Cuzco y los templos suyos no

eran hechos los edificios de oro puro. Porque, lo que hace á los

príncipes tener necesidad y no poder atesorar dineros, es la guerra, y

desto tenemos claro ejemplo en lo que el Emperador ha gastado desdel año

que se coronó hasta este; pues aviendo más plata y oro que ovieron los

reyes d'España desde el rey don Rodrigo hasta él, ninguno dellos tuvo

tanta necesidad como S. M. y si no tuviera guerras, y su asiento fuera

en España, verdaderamente, con sus rentas y con lo que ha venido de las

Indias, toda España estuviera tan llena de tesoros como lo estaba el

Perú en tiempo de sus reyes.

Y esto tráigolo á comparacion, que todo lo que los Incas habian, lo

gastaban no en otra cosa que arreos de su persona y ornamento de los

templos y servicio de sus casas y aposentos; porque en las guerras, las

provincias les daban toda la gente, armas y mantenimientos que fuese

necesario, y si [á] alguno de los mitimaes daban algunas pagas de oro en

alguna guerra que ellos tuviesen por dificultosa, era poca y que en un

dia lo sacaban de las minas; y como preciaron tanto la plata y oro, y

por ellos fuese tan estimada, mandaban sacar en muchas partes de las

provincias cantidad grande della, de la manera y con la órden que

adelante se dirá.

Y sacando tanta suma, y no podiendo el hijo dejar que la memoria del

padre, que se entiende su casa y familiares con su bulto, estuviese

siempre entera, estaban de muchos años allegados tesoros, tanto, que

todo el servicio de la casa del rey, así de cántaros para su uso como de

cocina, todo era oro y plata; y esto no en un lugar y en una parte lo

tenia, sino en muchas, especialmente en las cabeceras de las provincias,

donde habia muchos plateros, los cuales trabajaban en hacer estas

piezas; y en los palacios y aposentos suyos habia planchas destos

metales, y sus ropas llenas de argenteria y desmeraldas y turquesas y

otras piedras preciosas de gran valor. Pues para sus mugeres tenian

mayores riquezas para ornamento y servicio de sus personas, y sus andas

todas estaban engastonadas en oro y plata y pedrería. Sin esto, en los

depósitos habia grandísima cantidad de oro en tejuelos, y de plata en

pasta, y tenian mucha chaquira, ques en estremo menuda, y otras joyas

muchas y grandes para sus taquis y borracheras; y para los sacrificios

eran más lo que tenian destos tesoros; y como tenian y guardaban aquella

ceguedad de enterrar con los difuntos tesoros, es de creer que cuando se

hazian los osequias y entierros destos reyes, que seria increible lo que

meterian en las sepulturas. En fin, sus atambores y asentamientos y

estrumentos de música y armas para ellos eran deste metal; y por

engrandecer su señorío, paresciéndoles que lo mucho que digo era poco,

mandaban por ley que ningun oro ni plata que entrase en la ciudad del

Cuzco, della pudiese salir, sopena de muerte, lo cual ejecutaban luego

en quien lo quebrantaba; y con esta ley, siendo lo que entraba mucho y

no saliendo nada, habia tanto, que si cuando entraron los españoles se

dieran otras mañas y tan presto no ejecutaran su crueldad en dar la

muerte á Atahuallpa, no sé qué navíos bastaran á traer á las Españas tan

grandes tesoros como están perdidos en las entrañas de la tierra y

estarán, por ser ya muertos los que lo enterraron.

Y como se tuviesen en tanto estos Incas, mandaron más, que en todo el

año residiesen en su córte hijos de los señores de las provincias de

todo el reino, porque entendiesen la órden della y viesen su magestad

grande, y fuesen avisados cómo le habian de servir y obedecer, de que

heredasen sus señoríos y curacazgos; y si iban los de unas provincias,

venian los de otras. De tal manera se hacia esto, que siempre estaba su

córte muy rica y acompañada; porque sin esto, nunca dejaban destar con

él muchos caballeros de los orejones, y señores de los ancianos, para

tomar consejo en lo que se habia de proveer y ordenar.

_CAP. XV.--De cómo se hacian los edificios para los Señores, y los

caminos reales para andar por el reino._

Una de las cosas de que yo mas me admiré, contemplando y notando las

cosas deste reino, fué pensar cómo y de qué manera se pudieron hacer

caminos tan grandes y soberbios como por él vemos, y que fuerzas de

hombres bastáran á los hacer, y con que herramientas y estrumentos

pudieron allanar los montes y quebrantar las peñas, para hacerlos tan

anchos y buenos como están; porque me parece que si el Emperador

quisiese mandar hacer otro camino real, como el que va del Quito á

Cuzco, ó sale de Cuzco para ir á Chile, ciertamente creo, con todo su

poder para ello no fuese poderoso, ni fuerzas de hombres le pudiesen

hazer, sino fuese con la órden tan grande que para ello los Incas

mandaron que hobiese. Porque si fuera camino de cincuenta leguas, ó de

ciento, ó docientas, es de creer, que aunque la tierra fuese más áspera,

no se tuviera en mucho, con buena diligencia, hacerlo; mas estos eran

tan largos, que habia alguno que tenia mas de mill y cien leguas, todo

hechado por sierras tan ágras y espantosas, que por algunas partes,

mirando abajo, se quitaba la vista, y algunas destas sierras drechas y

llenas de piedras, tanto, que era menester cavar por las laderas en peña

viva, para hacer el camino ancho y llano; todo lo cual hacian con fuego

y con sus picos. Por otros lugares habia subidas tan altas y ásperas,

que salian de lo bajo escalones para poder subir por ellos á lo más

alto, haciendo entre medias dellos algunos descansos anchos para el

reposo de las gentes. En otros lugares habia montones de nieve, que era

más de temer, y esto no en un lugar, sino en muchas partes, y no así

como quiera, sino que no va ponderado ni encarecido como ello es ni como

lo vemos; y por estas nieves, y por donde habia montañas de árboles y

céspedes, lo hacian llano, y empedrado, si menester fuese.

Los que leyeren este libro y hobieren estado en el Perú, miren el camino

que va desde Lima á Xauxa por las sierras tan ásperas de Huarochiri[41],

y por la montaña nevada de Pariacaca[42], y entenderán, los que á ellos

lo oyeron, si es más lo que ellos vieron, que no lo que yo escribo; y

sin esto, acuérdense de la ladera que abaja al rio de Apurímac[43], y

cómo viene el camino por las sierras de los Paltas, Caxas y Ayauacas[44]

y otras partes deste reyno, por donde el camino va tan ancho como quince

piés, poco más ó ménos; y en tiempo de los reyes estaba limpio, sin que

hobiese ninguna piedra ni hierba nacida, porque siempre se entendia en

lo limpiar; y en lo poblado, junto á él, habia grandes palacios y

alojamiento para la gente de guerra, y por los desiertos nevados y de

campaña, habia aposentos donde se podian muy bien amparar de los frios y

de las lluvias; y en muchos lugares, como es en el Collao[45] y en otras

partes, habia señales de sus leguas, que eran como los mojones d'España

con que parten los términos, salvo que son mayores y mejor hechos los de

acá. A estos tales llaman topos, y uno dellos es una legua y media de

Castilla[46].

Entendido de la manera que iban hechos los caminos y la grandeza dellos,

diré con la facilidad que eran hechos por los naturales, sin que les

recreciese muerte ni trabajo demasiado; y era, que determinado por algun

rey que fuese hecho alguno destos caminos tan famosos, no era menester

muchas provisiones ni requerimientos ni otra cosa que decir el rey,

hágase esto, porque luego los veedores iban por las provincias marcando

la tierra y los indios que habia de[47] una á otra, á los cuales mandaba

que hiciesen los tales caminos; y así, se hacian desta manera, que una

provincia hacia hasta otra á su costa y con sus indios, y en breve

tiempo lo dejaban como se lo pintaba; y otras hacian lo mismo, y áun, si

era necesario, á un tiempo se acababa gran parte del camino, ó todo él;

y si allegaban á los despoblados, los indios de la tierra adentro

questaban más cercanos, venian con vituallas y herramientas á los hacer,

de tal manera, que con mucha alegría y poca pesadumbre era todo hecho;

porque no les agraviaban en un punto, ni los Incas ni sus criados les

metian en nada.

Sin todo esto, se hicieron grandes calzadas de excelente edificio, como

es la que pasa por el valle de Xaquixaguana, y sale de la ciudad del

Cuzco, y va por el pueblo de Muhina. Destos caminos reales habia muchos

en todo el reyno, así por la sierra como por los llanos. Entre todos,

cuatro se tienen por los más importantes, que son los que salian de la

ciudad del Cuzco, de la misma plaza della, como crucero, á las

provincias del reino, como tengo escripto en la Primera parte desta

Crónica, en la fundacion del Cuzco[48]; y por tenerse en tanto los

señores, cuando salian por estos caminos, sus personas reales con la

guarda convenible iban por uno, y por otro la demás gente; y áun en

tanto tuvieron su poderío, que muerto uno de ellos, el hijo, habiendo de

salir á alguna parte larga, se le hacia camino por sí mayor y más ancho

que el de su antecesor; mas esto era si salia [á] alguna conquista el

tal rey, ó á hacer cosa digna de tal memoria que se pudiese decir que

por aquello era más largo el camino que para él se hizo. Y esto vemos

claro, porque yo he visto junto á Vilcas tres ó cuatro caminos; y áun

una vez me perdí por el uno, creyendo que iba por el que agora se usa; y

á estos llaman, al uno camino del Inca Yupanqui, y al otro de Tupac

Inca; y el que agora se usa y usará para siempre, es el que mandó hacer

Huaina Capac, que llegó acerca del rio de Angasmayo, al Norte, y al Sur,

mucho adelante de lo que agora llamamos Chile; caminos tan largos, que

habia de una parte á otra más de mill y doscientas leguas.

_CAP. XVI.--Cómo y de qué manera se hacian las cazas reales por los

Señores del Perú._

En la primera parte[49] conté ya cómo en este reino del Perú habia suma

grandísima de ganado doméstico y bravo, urcos, carneros y pacos,

vicunias y ovejas, llamas, en tanta manera, que así lo poblado como lo

que no lo era andaba lleno de grandes manadas; porque por todas partes

habia y hay excelentes pastos para que bien se pudiese criar. Y es de

saber, que aunque habia tanta cantidad, era mandado por los reyes, que

so graves penas, ninguno osase matar ni comer hembra ninguna, y si lo

quebrantaban, luego eran castigados, y con este temor no lo osaban

comer. Multiplicábanse tanto, ques de no creer lo mucho que habia en el

reino cuando los españoles entraron en él; y lo principal porquesto se

mandaba, es porque hobiese abasto de lanas para hacer ropas; porque,

cierto, en muchas partes, si faltase del todo este ganado, no sé cómo

podrian las gentes guarecerse del frio, por la falta que tenian de

lanas para hacer ropas. Y así, con esta órden, eran muchos los depósitos

que por todas partes habia llenos de ropa, así para la gente de guerra,

como para los demás naturales; y la más desta ropa se hacia de la lana

del ganado de los guanacos y vicunias.

Y cuando el Señor queria hacer alguna caza real, es de oir lo mucho que

se mataba y tomaba á manos de hombres; y tal dia hubo, que se tomó más

de treinta mill cabezas de ganado; mas cuando el rey lo tomaba por

pasatiempo y salia para ello de propósito, poníanle las tiendas en el

lugar que á él le parescia; porque como fuese en lo alto de la serranía,

en ninguna parte dejaba de haber este ganado y tanto como habemos dicho;

de donde, habiéndose ya juntado cincuenta ó sesenta mill personas, ó

cien mill, si mandado les era, cercaban los breñales y campañas de tal

manera, que con el ruido que iban haciendo en el resonido de sus voces,

bajaban de los altos á lo más llano; en donde poco á poco se vienen

juntando unos hombres con otros, hasta quedar asidos de las manos, y en

el redondo que con sus propios cuerpos hacian, está la caza detenida y

represada, y el Señor puesto á la parte que á él más le place, para ver

la matanza que della se hace; y entrando otros indios con unos que se

llaman _ayllos_, ques para prender por los piés, y otros con bastones y

porras, comienzan de tomar y matar; y como hay tan gran cantidad de

ganado detenido y entre ellos tantos de los guanacos, que son algunos

mayores que pequeños asnillos, largos de pescuezos, como camellos,

procuran la salida, echando por la boca la roña que tienen[50], en los

rostros de los hombres, y con hender por donde pueden con grandes

saltos. Y cierto, se dice ques cosa despanto ver el ruido tan grande que

tienen los indios por les tomar, y el estruendo que ellos hacen para

salir, tanto, que se oye gran trecho de donde pasa. Y si el rey quiere

matar alguna caza sin entrar en la rueda questá hecha, lo hace como á él

le place[51].

Y en estas cazas reales se gastaban muchos dias; y muerta tanta cantidad

de ganado, luego se mandaba por los veedores llevar la lana de todo ello

á los depósitos ó á los templos del sol, para que las mamaconas

entendiesen en hacer ropas finísimas para los reyes, que lo eran tanto,

que parescian de sargas de seda, y con colores tan perfectos cuanto se

puede afirmar. La carne de esto que sacaban, della comian los que

estaban allí con el rey, y della se secaba al sol[52], para tener puesta

en los depósitos, para proveimiento de la gente de guerra; y todo este

ganado se entiende que era de lo montesino, y no ninguno de lo

doméstico. Tomábase entre ellos muchos venados y biscachas, raposas y

algunos osos y leones pequeños.

_CAP. XVII.--Que trata la órden que tenian los Incas, y cómo en muchos

lugares hacian de las tierras estériles fértiles, con el proveimiento

que para ello daban._

Una de las cosas de que más se tiene envidia á estos señores, es

entender cuán bien supieron conquistar tan grandes tierras y ponellas,

con su prudencia, en tanta razon como los españoles las hallaron, cuando

por ellos fué descubierto este nuevo reyno; y de questo sea así muchas

veces me acuerdo yo, estando en alguna provincia indómita fuera destos

reynos, oir luego á los mismos españoles: "Yo seguro, que si los Incas

anduvieran por aquí, que otra cosa fuera esto;" es decir, no

conquistaron los Incas esto como lo otro, porque supieran servir y

tributar. Por manera, que, cuanto á esto, conocida está la ventaja que

nos hacen, pues con su órden las gentes vivian con ella y crecian en

multiplicacion, y de las provincias estériles hacian fértiles y

abundantes, en tanta manera y por tan galana órden como se dirá.

Siempre procuraron de hacer por bien las cosas y no por mal en el

comienzo de los negocios; despues, algunos Incas hicieron grandes

castigos en muchas partes; pero antes, todos afirman que fué grande la

benevolencia y amicicia con que procuraban el atraer á su servicio estas

gentes. Ellos salian del Cuzco con su gente y aparato de guerra y

caminaban con gran concierto hasta cerca de donde habian de ir y querian

conquistar, donde muy bastantemente se informaban del poder que tenian

los enemigos y de las ayudas que podian tener y de qué parte les podrian

venir favores, y por qué camino; y esto entendido por ellos, procuraban

por las vías á ellos posibles, estorbar que no fuesen socorridos, ora

con dones grandes que hacian, ora con resistencias que ponian;

entendiendo, sin esto, de mandar hacer sus fuertes, los cuales eran en

cerros ó laderas, hechos en ellos ciertas cercas altas y largas, con su

puerta cada una, porque perdida la una, pudiesen pasarse á la otra, y de

la otra hasta lo más alto. Y enviaban escuchas de los confederados para

marcar la tierra y ver los caminos y conoscer del arte questaban

aguardando, y por donde habia mas mantenimiento; y sabiendo por el

camino que habian de llevar y la órden con que habian de ir, enviábales

mensajeros propios, con los cuales les enviaba decir quel queria

tenerlos por parientes y aliados, por tanto, que con buen ánimo y

corazon alegre, saliesen á lo recebir y recibirlo en su provincia, para

que en ella le sea dada la obediencia, como en las demás; y por que lo

hagan con voluntad, enviaba presentes á los señores naturales.

Y con esto, y con otras buenas maneras que tenian, entraron en muchas

tierras sin guerra, en las cuales mandaba á la gente de guerra que con

él iba, que no hiciesen daño ni injuria ninguna, ni robo, ni fuerza; y

si en esta provincia no habia mantenimientos, mandaba que de otras

partes se proveyese; porque á los nuevamente venidos á su servicio no

les paresciese, desde luego, pesado su mando y conocimiento, y el

conocelle y aborrecelle fuese en un tiempo. Y si en alguna destas

provincias no habia ganado, luego mandaba que le diesen por cuenta

tantas mill cabezas, lo cual mandaban que mirasen mucho y con ello

multiplicasen, para proveerse de lana para sus ropas; y que no fuesen

osados de comer ni matar ninguna cria por los años y tiempo que le

señalaba. Y si habia ganado y tenian de otra cosa falta, era lo mismo; y

si estaban en collados y breñales, bien les hacian entender con buenas

palabras, que hiciesen pueblos y casas en lo más llano de las sierras y

laderas; y como muchos no eran diestros en cultivar las tierras,

avezábanles como lo habian de hacer, emponiéndoles en que supiesen sacar

acequias y regar con ellas los campos.

En todo lo sabian proveer tan acertadamente, que cuando entraba por

amistad alguno de los Incas en provincias de estas, en breve tiempo

quedaba tal, que parescia otra, y los naturales, le daban la obidiencia,

consintiendo que sus delegados quedasen en ellas, y lo mismo los

mitimaes. En otras muchas que entraron de guerra y por fuerza de armas,

mandábase que en los mantenimientos y casas de los enemigos se hiciese

poco daño, diciéndoles el Señor: "presto serán estos nuestros como los

que ya lo son." Como esto tenian conocido, procuraban que la guerra

fuese la mas liviana que ser pudiese, no embargante que en muchos

lugares se dieron grandes batallas, porque todavía los naturales dellos

querian conservarse en la libertad antigua, sin perder sus costumbres y

religion por tomar otras extrañas; más durando la guerra, siempre habian

los Incas lo mejor, y vencidos, no los destruyan de nuevo, antes

mandaban restituir los presos, si algunos habia, y el despojo y ponerlos

en posesion de sus haciendas y señorío, amonestándoles que no quieran

ser locos en tener contra su persona real competencias ni dejar su

amistad, antes quisieran ser sus amigos, como lo son los comarcanos

suyos. Y diciendo esto, dábanles algunas mujeres hermosas y piezas ricas

de lana ó de metal de oro.

Con estas dádivas y buenas palabras, habia las voluntades de todos, de

tal manera, que sin ningun temor los huidos á los montes se volvian á

sus casas, y todos dejaban las armas; y el que mas vezes via al Inca, se

tenia por bien aventurado y dichoso.

Los señoríos nunca los tiraban á los naturales. A todos mandaban unos y

otros que por Dios adorasen el sol; sus demás religiones y costumbres no

se las proivian, pero mandábanles que se gobernasen por las leyes y

costumbres que usaban en el Cuzco, y que todos hablasen la lengua

general.

Y puesto gobernador por el Señor con guarniciones de gente de guerra,

parten para lo de adelante; y si estas provincias eran grandes, luego se

entendia en edificar templo del sol, y colocar las mujeres que ponian

en los demás, y hacer palacios para los señores; y cobraban los tributos

que habian de pagar, sin llevarles nada demasiado, ni agravialles en

cosa ninguna, encaminándoles en su pulicía y en que supiesen hacer

edificios, traer ropas largas, y vivir concertadamente en sus pueblos; á

los cuales, si algo les faltaba, de que tuviesen necesidad, eran

proveidos y enseñados como lo habian de sembrar y beneficiar. De tal

manera se hacia esto, que sabemos en muchos lugares que no habia ganado,

lo hubo y mucho desdel tiempo que los Incas lo sojuzgaron; y en otros

que no habia maíz, tenello despues sobrado. Y en todo lo demás andaban

como salvages, mal vestidos y descalzos, y desde que conocieron á estos

señores, usaron de camisetas, lazos y mantas, y las mujeres lo mismo, y

de otras buenas cosas; tanto, que para siempre habrá memoria de todo

ello. Y en el Collao y en otras partes mandó pasar mitimaes á la sierra

de los Andes, para que sembrasen maíz y coca, y otras frutas y raíces,

de todos los pueblos la cantidad conviniente; los cuales con sus mujeres

vivian siempre en aquella parte donde sembraban, y cogian tanto de lo

que digo, que se sentia poco la falta, por traer mucho destas partes y

no haber pueblo ninguno, por pequeño que fuese, que no tuviese destos

mitimaes. Adelante trataremos cuantas suertes habia destos mitimaes, y

[que] hacian los unos y entendian los otros.

_CAP. XVIII.--Que trata la órden que habia en el tributar las provincias

á los reyes, y del concierto que en ello se tenia._

Pues en el capítulo pasado escribí la manera que en sus conquistas los

Incas tuvieron, será bien decir en éste cómo tributaban tantas naciones,

y cómo en el Cuzco se entendia lo que venia de los tributos; pues es

cosa muy notoria y entendida, ningun pueblo de la sierra ni valle de los

llanos dejó de pagar el tributo de derrama que le era impuesto por los

que para ello tenian cargo; y aun tal provincia hubo, que diciendo los

naturales no tener con que pagar tributo, les mandó el rey que cada

persona de toda ella fuese obligada de le dar cada cuatro meses un

cañuto algo grande lleno de piojos vivos, lo cual era industria del

Inca, para emponellos y avisallos en el saber tributar, y contribuir; y

así, sabemos que pagaron su tributo de piojos algunos dias, hasta que,

habiéndoles mandado dar ganado, procurar de lo criar, y hacer ropas, y

buscar con que tributar para el tiempo de adelante.

Y la órden que los orejones del Cuzco y los más señores naturales de la

tierra dicen que se tenia en el tributar, era esta: que desde la ciudad

del Cuzco, el que reinaba, enviaba algunos principales criados de su

casa á visitar por el uno de los cuatro reales caminos que salen de

aquella ciudad, que ya tengo escripto[53] llamarse Chincha Suyo el uno,

en el cual entran las provincias que hay hasta Quito, con todos los

llanos de Chincha para abajo hácia el Norte; y el segundo se llama Conde

Suyo, ques donde se incluyen las regiones y provincias questán hácia la

mar del Sur y muchas de la serranía; al tercero llaman Colla Suyo, ques

por donde contaron todas las provincias que hay hácia la parte del Sur

hasta Chile. El último camino llaman Ande Suyo[54]; por este van á todas

las tierras questán en las montañas de los Andes, que se estiende en las

faldas y vertientes dellas.

Pues como el Señor quisiese saber lo que habian de tributar todas las

provincias que habia del Cuzco hasta Chile, camino tan largo, como

muchas veces he dicho, mandaba salir, como digo, personas fieles y de

confianza, las cuales iban de pueblo en pueblo mirando el traje de los

naturales y posibilidad que tenian, y la grosedad de la tierra, ó si en

ellas habia ganados, ó metales, ó mantenimientos, ó de las demás cosas

quellos querian y estimaban; lo cual mirado con mucha diligencia,

volvian á dar cuenta al Señor de todo ello; el cual mandaba hacer Córtes

generales y que acudiesen á ellas los principales del reino; y estando

allí los señores de las provincias que le habian de tributar, les

hablaba amorosamente, que pues le tenian por solo Señor y monarca de

tantas tierras y tan grandes, que tuviesen por bien, sin recibir

pesadumbre, de le dar los tributos debidos á la persona real, el cual él

queria que fuesen moderados y tan livianos, que ellos fácilmente lo

pudiesen hacer. Y respondídole conforme á lo que él deseaba, tornaban á

salir de nuevo con los mesmos naturales algunos orejones á imponer el

tributo que habian de dar; el cual era en algunas partes más que el que

dan los españoles en este tiempo; pero con la órden tan grande que se

tenia en lo de los Incas, era para no sentirlo la gente, y crecer en

multiplicacion; y con la desorden y demasiada codicia de los españoles,

se fueron disminuyendo en tanta manera, que falta la mayor parte de la

gente, y del todo se acabara de consumir por su codicia y avaricia que

los más, ó todos, acá tenemos, si la misericordia de Dios no lo

remediara con permitir que las guerras hayan cesado, ques cierto se han

de tener por azotes de su justicia, y que la tasacion se haya hecho de

tal manera y moderacion, que los indios con ella gozan de gran libertad

y son señores de sus personas y haciendas, sin tener más pecho ni

subsidio que pagar cada pueblo lo que le ha sido puesto por tasa.

Estotra de adelante. Un poco más largo[55].

Visitando los que por los Incas son enviados las provincias, entrando

en una, en donde ven por los quipos la gente que hay, asi hombres como

mujeres, viejos é niños, en ella[56], y mineros de oro ó plata, mandaban

á la tal provincia, que puestos en las minas tantos mill indios, sacasen

de aquellos metales la cantidad que les señalaban, mandando que lo

diesen y entregasen á los veedores que para ello ponian; y porque en el

inter que andaban sacando plata los indios que eran señalados, no podian

beneficiar sus heredades y campos, los mismos Incas ponian por tributo á

otras provincias que les viniesen á les hacer la sementera á sus tiempos

y coyuntura; de tal manera, que no quedase por sembrar; y si la

provincia era grande, della mesma salian indios á cojer metales y á

sembrar y labrar las tierras; y mandábase, que si estando en las minas

adolesciese alguno de los indios, que luego se fuese á su casa y viniese

otro en su lugar; mas que ninguno cojiese metales que no fuese casado,

para que sus mujeres le adrezasen el mantenimiento y su brevaje; y sin

esto, se guardaba de enviar mantenimientos bastantes á estos tales. De

tal manera se hacia, que aunque toda su vida estuvieran en las minas, no

lo tuvieran por gran trabajo; ni ninguno moria por darselo demasiado. Y

sin todo esto, en el mes le era permitido dejar de trabajar algunos

dias, para sus fiestas y solazes; y no unos [mismos] indios estaban á la

continua en los mineros, sino de tiempo á tiempo los mandaban, saliendo

unos y entrando otros.

Tal manera tuvieron los Incas en esto, que les sacaban tanto oro y plata

en todo el reino, que debió de haber año que les sacaron más de

cincuenta mill arrobas de plata, y más de quince mill de oro, y siempre

sacaban destos metales para servicio suyo. Y estos metales eran traidos

á las cabeceras de las provincias, y de la manera y con la órden con que

los sacaban en las unas, los sacaban en las otras, de todo del reino; y

si no habia metal que sacar en otras tierras, para que pudiesen

contribuir, echaban pechos y derramas de cosas menudas, y de mugeres y

muchachos; los cuales se sacaban del pueblo sin ninguna pesadumbre,

porque si un hombre tenia un solo hijo ó hija, este tal no le tomaban,

pero si tenia tres ó cuatro, tomábales una para pagar el servicio.

Otras tierras contribuian con tantas mill cargas de maíz como en ella

habia casas, lo cual se daba cada cosecha[57] y á costa de la misma

provincia. En otras regiones proveian por la mesma órden de tantas

cargas de chuño[58] seco como los otros hacian de maíz; lo cual hacian

otros, y contribuian de quínua[59] y de las otras raíces. En otros

lugares daban cada uno tantas mantas como indios en él habia casados, y

en otros tantas camisetas como eran cabezas. En otros se echaba por

imposicion que contribuyesen con tantas mill cargas de lanzas, y otras

con hondas y ayllos con todas las demás armas que ellos usan. A otras

provincias mandaban que diesen tantos mill indios puestos en el Cuzco,

para que hiciesen los edificios públicos de la ciudad y los de los

reyes, proveyéndoles de mantenimiento necesario. Otros tributaban

maromas para llevar las piedras; otros tributaban coca. De tal manera se

hacia esto, que desde lo más menudo hasta lo más importante les

tributaban á los Incas todas las provincias y comarcas del Perú; en lo

cual hobo tan grande órden, que ni los naturales dejaban de pagar lo ya

debido é impuesto, ni los que cojian los tales tributos osaban llevar un

grano de maíz demasiado. Y todo el mantenimiento y cosas pertenecientes

para el proveimiento de la guerra, que se contribuian, se despendia en

la gente de guerra ó en las guarniciones ordinarias questaban puestas en

partes del reino, para la defensa dél. Y cuando no habia guerra, lo más

de todo lo comian y gastaban los pobres, porque estando los reyes en el

Cuzco, ellos tenian sus anaconas[60], que es nombre de criado perpétuo,

y tantos, que bastaban á labrar sus heredades y sus casas y sembrar

tanto mantenimiento que bastase, sin lo que para su plato se traia de

las comarcas siempre, muchos corderos y aves, y pescado, y maíz, coca,

raíces, con todas las frutas que se cogen. Y tal órden habia en estos

tributos que los naturales los pagaban, y los Incas se hallaban tan

poderosos, que no tenian guerra ninguna que se recreciese.

Para saber cómo y de qué manera se pagaban los tributos y se cogian las

otras derramas, cada _guata_, que es nombre de año, despachaba ciertos

orejones como juezes de comision, porque no llevaban poder de más de

mirar las provincias y avisar á los moradores si alguno estaba agraviado

lo dijese y se quejase, para castigar á quien le hubiese hecho alguna

sinjusticia; y recibidas las quejas, si las habia, ó entendido si en

alguna parte algo se dejaba por pagar, daba la vuelta al Cuzco, de donde

salia otro con poder para castigar quien tuviese culpa. Sin esta

diligencia, se hacia otra mayor, que era, que de tiempo á tiempo

parecian los principales de las provincias, donde el dia que á cada

nacion le era permitido hablar, proponia delante del Señor el estado de

la provincia y la necesidad ó hartura que en ella habia, y el tributo si

era mucho ó poco, ó si lo podian pagar ó no; á lo cual eran despachados

á su voluntad, estando ciertos los señores Incas que no mentian, sino

que les decian la verdad; porque si habia cautela, hacian gran castigo y

acrecentaban el tributo. Las mugeres que daban las provincias, dellas

las traian al Cuzco para que lo fuesen de los reyes, y dellas dejaban en

el templo del sol.

_CAP. XIX.--De cómo los reyes del Cuzco mandaban que se tuviese cuenta

en cada año con todas las personas que morian y nacian en todo su reino,

y cómo todos trabajaban y ninguno podia ser pobre con los depósitos._

Para muchos efectos concuerdan los orejones que en el Cuzco me dieron la

relacion, que antiguamente, en tiempo de los reyes Incas, se mandaba por

todos los pueblos y provincias del Perú, que los señores principales y

sus delegados supiesen cada año los hombres y mugeres que habian sido

muertos, y todos los que habian nacido; porque así para la paga de los

tributos, como para saber la gente que habia para la guerra y la que

podia quedar por defensa del pueblo, convenia que se tuviese ésta; la

cual fácilmente podian saber, porque cada provincia, en fin del año,

mandaba asentar en los quipos por la cuenta de sus nudos todos los

hombres que habian muerto en ella en aquel año, y por el [con] siguiente

los que habian nacido. Y por principio del año que entraba, venian con

los quipos al Cuzco, por donde se entendia, así los que en aquel año

habian nacido, como los que faltaban por ser muertos. Y en esto habia

gran verdad y certidumbre, sin en nada haber fraude ni engaños. Y

entendido esto, sabian el Señor y los gobernadores los indios que

destos eran pobres y las mugeres que eran viudas, y si bien podian pagar

los tributos, y cuánta gente podia salir para la guerra; y otras muchas

cosas que para entre ellos se tenian por muy importantes.

Y como sea este reino tan largo, como en muchos lugares de esta

escriptura tengo dicho, y en cada provincia principal habia número

grande de depósitos llenos de mantenimientos y de otras cosas necesarias

y provechosas para el provehimiento de los hombres; si habia guerra,

gastábase, por donde quiera que iban los reales, de lo questaba en estos

aposentos, sin tocar en lo que los confederados suyos tenian, ni allegar

á cosa ninguna que en sus pueblos hobiese; y si no habia guerra, toda la

multitud de mantenimientos que habia, se repartia por los pobres y por

las viudas. Estos pobres habian de ser los que eran viejos

demasiadamente, los que eran cojos, mancos ó tollidos, ó toviesen otras

enfermedades; porque si estaban sanos, ninguna cosa les mandaban dar. Y

luego eran tornados á hinchir los depósitos con los tributos que eran

obligados á dar; y si por caso venia algun año de mucha esterilidad,

mandaban así mesmo abrir los depósitos y prestar á las provincias los

mantenimientos necesarios; y luego, en el año que hobiese hartura, lo

daban y volvian por su cuenta y medida cierta. Aunque los tributos que á

los Incas se daban no sirvieran para otras cosas que para las dichas,

era bien empleado, pues tenian su reino tan harto y bien proveido.

No consentian que ninguno fuese haragan y anduviese hurtando el trabajo

de otros, sino á todos mandaban trabajar. Y así, cada señor, en algunos

dias, iba á su chácara y tomaba el arado en las manos y aderezaba la

tierra, trabajando en otras cosas. Y aún los mismos Incas lo hacian,

puesto que era por dar buen ejemplo de sí; porque se habia de tener por

entendido, que no habia de haber ninguno tan rico que por serlo quisiese

baldonar y afrentar al pobre; y con su órden no habia ninguno que lo

fuese en toda su tierra, porque, teniendo salud, trabajaba y no le

faltaba, y estando sin ella, de sus depósitos le proveian de lo

necesario. Ni ningun rico podia traer más arreo ni ornamento de los

pobres, ni diferenciar el vestido y traje, salvo á los señores y

curacas, que estos, por la dignidad suya, podian usar de grandes

franquezas y libertades, y lo mesmo los orejones, que entre todas las

naciones eran jubilados.

_CAP. XX.--De cómo habia gobernadores puestos en las provincias, y de la

manera que tenian los reyes, cuando salian á visitarlas, y cómo tenian

por armas unas culebras ondadas con unos bastones._

Por muy cierto se averigua de los reyes deste reino, en el tiempo de su

señorio y reinado tuvieron en todas las cabeceras de las

provincias,--como eran Vilcas, Xauxa, Bombon, Caxamalca, Guancabamba,

Tomebamba, Latacunga[61], Quito, Carangui; y por la otra parte del

Cuzco, hácia el Mediodia, Hatuncana, Hatuncolla, Ayavire, Chuquiabo,

Chucuito, Paria, y otros que van hasta Chile,--sus delegados; porque en

estos lugares habia mayores aposentos y mas primos que en otros muchos

pueblos deste gran reino, y muchos depósitos; y eran como cabezas de

provincias ó de comarcas, porque de tantas á tantas leguas venian los

tributos á una destas cabeceras, y de tantas á tantas, iba á otra;

habiendo en esto tanta cuenta, que ningun pueblo dejaba de tener

conocido á donde habia de acudir. Y en todas estas cabeceras tenian los

reyes templos del sol y casa de fundicion y muchos plateros, que no

entendian en todo el tiempo en más que en labrar ricas piezas de oro, ó

grandes vasijas de plata; y habia mucha gente de guarnicion, y, como

dije, mayordomo mayor ó delegado que estaba sobre todos, y á quien venia

la cuenta de lo que entraba, y el que era obligado á la dar de lo que

salia. Y estos tales gobernadores no podian entremeterse en mandar en la

jurisdiccion agena y que tenia á cargo otro como él; mas en donde él

estaba, si habia algun escándalo y alboroto, tenia poder para

castigarlo, y más si era cosa de conjuracion ó de levantarse algun

tirano, ó de querer negar la obidiencia al rey; porque es cierto que

toda la fuerza estaba en estos gobernadores. Y si los Incas no cayeran

en ponerlos y en que hubiese los mitimaes, muchas veces se levantaran

los naturales y esimieran de sí el mando real; pero con tantas gentes de

guerra y tanto proveimiento de mantenimientos, no podian, si entre

todos, los unos y los otros, no hobiese trama de traicion ó

levantamiento; lo cual habia pocas veces, porque estos gobernadores que

se ponian, eran de gran confianza, y todos orejones y que los más dellos

tenian sus chácaras, que son heredades, en la comarca del Cuzco, y sus

casas y parientes; y si alguno no salia bastante para gobernar lo que

tenia á cargo, luego le era quitado el mando y puesto otro en su lugar.

Y estos, si en algunos tiempos venian al Cuzco á negocios privados ó

particulares con los reyes, dejaban en sus lugares tenientes, no á los

que ellos querian, sino á los que sabian que harian[62] con más

fidelidad lo que les quedaba mandado, y más á servicio de los Incas. Y

si alguno destos gobernadores ó delegados moria en su presidencia, los

naturales, cómo y de qué habia muerto con mucha presteza enviaban la

razon ó probanza dello al Señor, y aun los cuerpos de los muertos

llevaban por el camino de las postas, si vian que convenia. Lo que

tributaba cada término destas cabeceras y contribuian los naturales, así

oro, como plata, y ropa y armas, con todo lo demás que ellos daban, lo

entregaban por cuenta á los camayos que tenian los quipos, los cuales

hacian en todo lo que por este les era mandado en lo tocante á despender

estas cosas con la gente de guerra, ó repartillo con quien el Señor

mandaba, ó de llevallo al Cuzco; pero cuando de la ciudad del Cuzco

venian á tomar la cuenta, ó á que la fuesen á dar al Cuzco, los mesmos

contadores con los quipos la daban ó venian á la dar á donde no podia

haber fraude, sino todo habia de estar cabal. Y pocos años se pasaban

sin dar cuenta y razon de todas estas cosas.

Tenian gran autoridad estos gobernadores y poder bastante para formar

ejércitos y juntar gente de guerra, si súpitamente se recresciese alguna

turbacion ó levantamiento, ó que viniese alguna gente extraña por alguna

parte á dar guerra; y eran delante del Señor honrados y favorecidos; y

desto se quedaron, cuando entraron los españoles, muchos dellos con

mando perpétuo en provincias. Yo conozco algunos dellos y estar ya tan

aposesionados, que sus hijos heredan lo que era de otros.

Cuando en tiempo de paz salian los Incas á visitar su reino, cuentan que

iban por él con gran magestad, sentados en ricas andas, armadas sobre

unos palos lisos, largos, de maderas excelentes, engastonadas en oro y

en argentería; y de las andas salian dos arcos altos, hechos de oro,

engastonados en piedras preciosas, y caian unas mantas algo largas por

todas las andas, de tal manera, que las cubrian todas; y si no era

queriendo el que iba dentro, no podia ser visto, ni alzaban las mantas

sino era cuando entraba y salia; tanta era su estimacion. Y para que le

entrase aire y él pudiese ver el camino, habia en las mantas hechos

algunos agujeros. Por todas partes destas andas habia riqueza, y en

algunas estaban esculpidos el sol y la luna, y en otras unas culebras

grandes ondadas, y unos como bastones que las atravesaban;--esto traian

por insinia[63], por armas;--y estas andas las llevaban en hombros de

señores los mayores y más principales del reino, y aquel que más con

ellas andaba, aquel se tenia por más honrado y por más favorecido.

En redor de las andas y á la hila iba la guarda del rey con los

archeros y alabarderos, y delante iban cinco mill honderos, y detrás

venian otros tantos lanceros, con sus capitanes, y por los lados del

camino y por el mesmo camino, iban corredores fieles descubriendo lo que

habia y avisando la ida del Señor; y acudia tanta gente por lo ver, que

parecia que todos los cerros y laderas estaban llenos della; y todos le

daban sus bendiciones alzando alaridos y grita grande á su usanza;

llamándoles "_Ancha hatun apu, intipchuri, canqui zapallaapu tucuy pacha

ccampa uyay sullull_[64]"; que en nuestra lengua dirá: "Muy grande y

poderoso Señor, hijo del sol, tú sólo eres Señor, todo el mundo te oya

en verdad." Y sin esto le decian otras cosas más alto; tanto, que poco

faltaba para le adorar por Dios.

Todo el camino iban indios limpiando, de tal manera, que ni yerba ni

piedra no parescia, sino todo limpio y barrido. Andaba cada dia cuatro

leguas, ó lo que él queria; paraba lo que era servido, para entender el

estado de su reino; oia alegremente á los que con quejas le venian,

remediando y castigando á quien hacian injusticia. Los que con ellos

iban, no se desmandaban á nada ni salian del camino un paso. Los

naturales proveian de lo necesario, sin lo cual lo habia tan cumplido en

los depósitos, que sobraba, y ninguna cosa faltaba. Por donde iba,

salian muchos hombres y mugeres y muchachos á servir personalmente en

lo que les era mandado; y para llevar las cargas, los de un pueblo las

llevaban hasta otro, de donde los unos las tomaban, y los otros las

dejaban; y como era un dia, y cuando mucho dos, no lo sentian, ni dello

recebian agravio ninguno. Pues yendo el señor desta manera, caminaba por

su tierra el tiempo que le placia, viendo por sus ojos lo que pasaba, y

proveyendo lo que entendia que convenia: que todo era cosas grandes é

importantes; lo cual hecho, daba la vuelta al Cuzco, principal ciudad de

todo su imperio.

_CAP. XXI.--Cómo fueron puestas las postas en este reino._

Era tan grande el reino del Perú, que mandaban los Incas lo ya muchas

veces dicho desde Chile hasta Quito, y áun del rio de Maule hasta el de

Angasmayo; y si estando el rey en el un cabo destos, hobiera de ser

informado de lo que pasaba en el otro con quien anduviera por jornadas,

aunque fueran grandes, fuera una cosa muy larga; porque, á cabo de haber

andado mill leguas, ya seria sin tiempo lo que se habia de proveer, si

conviniera, ó remediar otros negocios de gobernacion. En fin, por esto,

é por en todo acertar á gobernar las provincias, los Incas inventaron

las postas, que fué lo mejor que se pudo pensar ni imaginar; y esto á

sólo Inca Yupanqui se debe, hijo que fué de Viracocha Inga, padre de

Tupac Inca, segun dél publican los cantares de los indios, y afirman los

orejones. No sólo lo de las postas inventó Inca Yupanqui, que otras

cosas grandes hizo, como iremos relatando. Y así, desde el tiempo de su

reinado, por todos los caminos reales fueron hechas de media legua á

media legua, poco más ó ménos, casas pequeñas bien cubiertas de paja é

madera, y entre las sierras estaban hechas por las laderas y peñascos de

tal manera, que fueron los caminos llenos destas casas pequeñas de

trecho á trecho, como es dicho de suso. Y mandóse que en cada una dellas

estuviesen dos indios con bastimentos, y que estos indios fuesen puestos

por los pueblos comarcanos, y que no estuviesen estantes, sino, de

tiempo á tiempo, que fuesen unos y viniesen otros; y tal órden hobo en

esto, que no fué menester más de mandarlo para nunca dejarlo de hacer

mientras los Incas reinaron.

Por cada provincia se tenia cuidado de poblar las postas que caian en

sus términos, y lo mismo hacian en los desiertos campos y sierras de

nieve los que estaban más cerca del camino. Y como fuese necesario dar

aviso en el Cuzco ó en otra parte á los reyes de alguna cosa que hobiese

sucedido ó que conviniese á su servicio, salian de Quito ó de Tomebanba,

ó de Chile ó de Caranqui, ó de otra parte cualquiera de todo el reino,

así de los llanos como de las sierras, y con demasiada presteza andaban

al trote sin parar aquella media legua; porque los indios que allí

ponian y mandaban estar, de creer es que serian ligeros y los más

sueltos de todos. Y como llegaba junto á la otra posta, comenzaba á

apellidar al que está en ella y á le decir: "Parte luego, y ve á tal

parte, y avisa desto y esto que ha acaecido, ó desto y esto que tal

gobernador hace saber al Inca." Y así como el que está lo ha oido, parte

con mayor priesa, y entra, el que viene, á descansar en la casilla, y á

comer y beber de lo que siempre en ella está, y el que va corriendo hace

lo mesmo.

De tal manera se hacia esto, que en breve tiempo sabian á trescientas

leguas, y quinientas, y ochocientas, y más y ménos, lo que habia pasado

ó lo que convenia proveer y ordenar. Y con tanto secreto usaban de sus

oficios estos que residian en las postas, que por ruego ni amenaza jamás

contaban lo que iban á avisar, aunque el aviso hobiese ya pasado

adelante. Y por tales caminos, así de sierras ásperas como de montañas

bravas, como de promontorios de nieves y secadales de pedregales llenos

de abrojos y de espinas de mill naturas, ván estos caminos, que se puede

tener por cierto y averiguado, que en caballos ligeros ni mulas no

pudiera ir la nueva con más velocidad que estos correos de pié; porque

ellos son muy sueltos, y andaba más uno de ellos en un dia, que

anduviera en tres un correo á caballo ó á mula; y no digo siempre un

indio, sino cómo y de la órden quellos tenian, que era andar uno media

legua, y otro otra media legua. Y es de saber, que nunca por tormenta ni

por cosa que sucediese, habia de estar posta ninguna despoblada, sino en

ella los indios que digo, los cuales, ántes que de allí se fuesen, eran

venidos otros á quedar en su lugar.

Y por esta manera eran avisados los señores de todo lo que pasaba en

todo su reino y señorío, y proveian lo que más les parescia convenir á

su servicio. En ninguna parte del mundo no se lee que se haya hallado

tal invençion, aunque sé que, desbaratado Xerxes el Grande, fué la nueva

así, por hombres de pié, en tiempo breve. Y cierto fué esto de las

postas, muy importante en el Perú, y que se vé bien por ello cuán buena

fué la gobernacion de los señores dél. Y hoy dia están en muchas partes

de las sierras, junto á los caminos reales, algunas casas destas en

donde estaban las postas, y por ellas vemos ser verdad lo que se dice. Y

aun tambien he visto yo algunos topos, que son, como atrás dije, á

manera de mojones de términos, salvo que estos de acá son grandes y

mejor hechos, y era por donde contaban sus leguas, y tiene cada uno

legua y media de Castilla.

_CAP. XXII.--Cómo se ponian los mitimaes, y cuántas suertes dellos

habia, y cómo eran estimados por los Incas._

En este capítulo quiero escrebir lo que toca á los indios que llaman

mitimaes, pues en el Perú tantas cosas dellos se cuentan, y tanto por

los Incas fueron honrados y privilegiados y tenidos, despues de los

orejones, por los más nobles de las provincias; y esto digo, porque en

la _Historia_, que llaman, _de Indias_, está escripto por el autor, que

estos mitimaes eran esclavos de Huaina Capac[65]. En estos descuidos

caen todos los que escriben por relacion y cartapacios, sin ver ni

saber la tierra de donde escriben, para poder afirmar la verdad.

En la mayor parte de las provincias del Perú, ó en todas ellas, habia y

aun hay de estos mitimaes[66], y tenemos entendido que hobo tres maneras

ó suertes dellos; lo cual convino grandemente para la sustentacion[67]

dél y para su conservacion, y áun para su poblacion; y entendido cómo y

de qué manera estaban puestos estos mitimaes y lo que hacian y

entendian, conocerán los letores cómo supieron los Incas acertar en todo

para la gobernacion de tantas tierras y provincias como mandaron.

_Mitimaes_ llaman á los que son traspuestos de una tierra en otra; y la

primera manera ó suerte de mitimaes mandada poner por los Incas, era,

que despues que por ellos habia sido conquistada alguna provincia ó

traida nuevamente á su servicio, tuvieron tal órden para tenella segura,

y para que con brevedad los naturales y vecinos della supiesen cómo la

habian de servir y de tener, y para desde luego entendiesen lo demás

que entendian y sabian sus vasallos de muchos tiempos, y para que

estuviesen pacíficos y quietos, y no todas veces tuviesen aparejo de se

rebelar, y si por caso se tratase dello, hobiese quien lo

estorbase,--trasmutaban de las tales provincias la cantidad de gente que

della parecia convenir que saliese; á los cuales mandaban pasar á poblar

otra tierra del temple y manera de donde salian, si fria fria, si

caliente caliente, en donde les daban las tierras y campos y casas tanto

y más como dejaron; y de las tierras y provincias que de tiempo largo

tenian pacíficas y amigables y que habian conoscido voluntad para su

servicio, mandaban salir otros tantos ó más y entremetellos en las

tierras nuevamente ganadas y entre los indios que acababan de sojuzgar,

para que dependiesen dellos las cosas arriba dichas, y los impusiesen en

su buena órden y pulicía, para que, mediante este salir de unos y entrar

de otros, estuviese todo seguro con los gobernadores y delegados que se

ponian, segun y como digimos en los capítulos de atrás.

Y conosciendo los Incas cuánto se siente por todas las naciones dejar

sus patrias y naturalezas propias, porque con buen ánimo tomasen aquel

destierro, es averiguado que honraban á estos tales que se mudaban, y

que á muchos dieron brazaletes de oro y de plata y ropas de lana y de

pluma y mugeres, y eran privilegiados en otras muchas cosas; y así,

entre ellos habia espías que siempre andaban escuchando lo que los

naturales hablaban é intentaban, de lo cual daban aviso á los

delegados, ó con priesa grande iban al Cuzco á informar dello al Inca.

Con esto, todo estaba seguro y los mitimaes temian á los naturales y los

naturales á los mitimaes, y todos entendian en obedecer y servir

llanamente. Y si en los unos ó en los otros habia motines ó tramas ó

juntas, hacianse grandes castigos; porque los Incas, algunos dellos

fueron vengativos y castigaban sin templanza y con gran crueldad.

Para este efecto estaban puestos los unos mitimaes, de los cuales

sacaban muchos para ovejeros y rabadanes de los ganados de los Incas y

del sol, y otros para roperos, y otros para plateros, y otros para

canteros y para labradores, y para debujar y esculpir y hacer bultos; en

fin, para lo que más le mandaban y dellos requerian servir. Y tambien

mandaban que de los pueblos fuesen á ser mitimaes á las montañas de los

Andes, á sembrar maíz y criar la coca y beneficiar los árboles de fruta,

y proveer de la[68] que faltaba en los pueblos donde con los frios y con

las nieves no se pueden dar ni sembrar estas cosas.

Para el segundo efecto que los mitimaes se pusieron, fué, porque los

indios de las fronteras de los Andes, como son Chunchos y Moxos

Cheriguanaes, que los más dellos tienen sus tierras á la parte de

Levante á la decaida de las sierras, y son gentes bárbaras y muy

belicosas, y que muchos dellos comen carne humana, y que muchas veces

salieron á dar guerra á los naturales de acá y les destruyan sus campos

y pueblos, llevando presos los que dellos podian; para remedio desto,

habia en muchas partes capitanías y guarniciones ordinarias, en las

cuales estaban algunos orejones. Y porque la fuerza de la guerra no

estuviese en una nacion, ni presto supiesen concertarse para alguna

rebelion ó conjuracion, sacaban para soldados destas capitanías,

mitimaes de las partes y provincias que convenian, los cuales eran

llevados á donde digo, y tenian sus fuertes, que son pucaraes, para

defenderse, si tuviesen necesidad; y proveian de mantenimiento á esta

gente de guerra, del maíz y otras cosas de comida que los comarcanos

proveian de sus tributos y derramas que les eran echadas; y la paga que

se les hacia, era, en algunos tiempos mandalles dar algunas ropas de

lana y plumas ó braceletes de oro y de plata á los que se mostraban más

valientes; y tambien les daban mujeres de las muchas que en cada

provincia estaban guardadas en nombre del Inca; y como todas las más

eran hermosas, teníanlas y estimábanlas en mucho. Sin esto les daban

otras cosas de poco valor; lo cual tenian cargo de proveer los

gobernadores de las provincias, porque tenian mando y poder sobre los

capitanes á quien estos mitimaes obedecian. Y sin las partes dichas,

tenian algunas destas guarniciones en las fronteras de los Chachapoyas y

Bracamoros, y en el Quito, y en Caranque, que es adelante del Quito, al

Norte, junto á la provincia que llaman de Popayan, y en otras partes

donde seria menester, así en Chile como en los llanos y sierras.

La otra manera de poner mitimaes era más extraña; porque, aunque esotras

son grandes, no es novedad poner capitanes y gente de guarnicion en

fronteras, puesto que hasta agora no ha faltado quien así lo haya

acertado á hacer; y era, que si por caso, andando conquistando la tierra

de sierras ó valles ó campaña ó en ladera aparejada para labranza y

crianza, y que fuese de buen temple y fértil, que estuviese desierta y

despoblada, que fuese como he dicho y teniendo las partes que he puesto,

luego con mucha presteza mandaban que de las provincias comarcanas que

tuviesen el mismo temple que aquellas, para la sanidad de los

pobladores, que viniesen tantos que bastasen á poblarlas, á los cuales

luego repartian los campos, proveyéndolos de ganados y mantenimientos

todo lo que habian menester, hasta tener fructo de sus cosechas; y tan

buenas obras se hacian á estos tales, y tanta diligencia en ello mandaba

poner el rey, que en breve tiempo estaba poblado y labrado y tal, que

era gran contento verlo. Y desta manera se poblaron muchos valles en los

llanos y pueblos en la serranía de los que los Incas vian, como de los

que por relacion sabian haber en otras partes; y á estos nuevos

pobladores, por algunos años no les pedian tributo ni ellos lo daban,

ántes eran proveidos de mujeres y coca y mantenimientos, para que con

mejor voluntad entendieren en sus poblaciones.

Y desta manera habia en estos reinos, en los tiempos de los Incas, muy

poca tierra que pareciese fertil que estuviese desierta, sino todo tan

poblado como saben los primeros chripstianos que en este reino entraron.

Que por cierto no es pequeño dolor contemplar, que siendo aquellos Incas

gentiles é idólatras, tuviesen tan buena órden para saber gobernar y

conservar tierras tan largas, y nosotros, siendo chripstianos, hayamos

destruido tantos reinos; porque, por donde quiera que han pasado

chripstianos conquistando y descubriendo, otra cosa no parece sino que

con fuego se va todo gastando. Y háse de entender, que la ciudad del

Cuzco tambien estaba llena de gentes estranjeras, todo de industria;

porque habiendo muchos linages de hombres, no se conformasen para

levantamiento ni otra cosa que fuese deservicio del rey; y [de] esto hoy

dia están en el Cuzco Chachapoyas y Cañares y de otras partes, de los

que han quedado de los que allí se pusieron.

Tiénese por muy cierto de los mitimaes, que [se] usaron desde Inca

Yupanqui, el que puso las postas, y el primero que entendió [en]

engrandecer el templo de Curicancha, como se dirá en su lugar; y aunque

otros algunos indios dicen que fueron puestos estos mitimaes desde el

tiempo de Viracocha Inga, padre de Inca Yupanqui, podrálo creer quien

quisiere, que yo hice tanta averiguacion sobre ello, que torno [á]

afirmar haberlo inventado Inca Yupanqui; y así lo creo y tengo para mí;

y con tanto, pasemos adelante.

_CAP. XXIII.--Del gran concierto que se tenia cuando salian del Cuzco

para la guerra los Señores, y cómo castigaban los ladrones._

Conté en los capítulos de atrás de la manera que salia el Señor á

visitar el reino, para ver y entender las cosas que en él pasaban; y

agora quiero dar á entender al lector cómo salian para la guerra y la

órden que en ello se tenia. Y es, que como estos indios son todos

morenos y alharaquientos y que en tanto se parecen los unos á otros,

como hoy dia vemos los que con ellos tratamos; para quitar

inconvenientes y que los unos á los otros se entendiesen, porque si no

era cuando algunos orejones andaban visitando las provincias, nunca en

ninguna dejaron de hablar en lengua natural, puesto que por la ley que

lo ordenaba eran obligados á saber la lengua del Cuzco, y en los reales

era lo mesmo, y lo que es en todas partes; pues está claro, que si el

Emperador tiene un campo en Italia, y hay españoles, tudescos,

borgoñones, flamencos é italianos, que cada nacion hablará en su

lengua;--y por esto, se usaba en todo este reino, lo primero, de las

señales en las cabezas diferentes las unas de otras; porque si eran

Yuncas[69], andaban arrebozados como gitanos[70]; y si eran Collas,

tenian unos bonetes como hechura de morteros, hechos de lana; y si

Canas; tenian otros bonetes mayores y muy anchos; los Cañares traian

unas coronas de palo delgado como aro de cedazo; los Guancas unos

ramales que les caian por debajo de la barba, y los cabellos

entrenchados; los Canchis[71] unas vendas anchas coloradas ó negras por

encima de la frente; por manera, que así estos como todos los demás,

eran conocidos por estas [señales] que tenian por insinia[72], que era

tan buena y clara, que aunque hobiera juntos quinientos mill hombres,

claramente se conoscieran los unos á los otros. Y hoy dia, donde vemos

junta de gente, luego decimos, estos son de tal parte, y estos de tal

parte; que por esto, como digo, eran unos de otros conocidos.

Y los reyes, para que en la guerra, siendo muchos, no se embarazasen y

desordenasen, tenian esta órden: que en la gran plaza de la cibdad del

Cuzco estaba la piedra de la guerra, que era grande, de la forma y

hechura de un pan de azúcar, bien engastonada y llena de oro; y salia el

rey con sus consejeros y privados á donde mandaba llamar á los

principales y caciques de las provincias, [para saber] de los cuales

los que entre sus indios eran más valientes, para señalar por mandones y

capitanes; y sabido, se hacia el nombramiento; que era, que un indio

tenia cargo de diez, y otro de cincuenta, y otro de ciento, y otro de

quinientos, é otro de mill, é otro de cinco mill, y otro de diez mill; y

estos que tenian estos cargos, era cada uno de los indios de su patria,

y todos obedecian al capitan general del rey. Por manera, que siendo

menester enviar diez mill hombres [á] algun combate ó guerra, no era

menester más de abrir la boca y mandarlo, y si cinco mill[73], por el

consiguiente; y lo mesmo para descubrir el campo, y para escuchas y

rondas, á los que tenian menos gente. Y cada capitanía llevaba su

bandera, y unos eran honderos, y otros lanceros, y otros peleaban con

macanas, y otros con ayllos y dardos, y algunos con porras.

Salido el Señor del Cuzco, habia grandísima órden, aunque fuesen con él

trescientos mill hombres; iban con concierto por sus jornadas de tambo á

tambo, á donde hallaban proveimiento para todos, sin que nada faltase, é

muy cumplido, é muchas armas y alpargates y toldos para la gente de

guerra, y mugeres é indios para servirlos y llevarles sus cargas de

tambo á tambo, á donde habia el mesmo proveimiento y abasto de

mantenimiento; y el Señor se alojaba y la guarda estaba junto á él, y la

demás gente se aposentaba en la redonda en los muchos aposentos que

habia; y siempre iban haciendo bailes y borracheras, alegrándose los

unos á los otros.

Los naturales de las comarcas por donde pasaban, no habian de ausentarse

ni dejar de proveer lo acostumbrado y servir con sus personas á los que

iban á guerra, sopena de que eran castigados en mucho; y los soldados y

capitanes, ni los hijos de los mismos Incas, eran osados á les hacer

ningun mal tratamiento ni robo ni insulto, ni forzaban á muger ninguna,

ni les tomaban una sola mazorca de maíz; y si salian deste mandamiento y

ley de los Incas, luego les daban pena de muerte; y si alguno habia

hurtado, lo azotaban harto más que en España, é muchas veces le daban

pena de muerte. Y haciéndolo ansí, en todo habia razon y órden, y los

naturales no osaban dejar de servir y proveer á la gente de guerra

bastantemente, y los soldados tampoco querian roballos ni hacelles mal,

temiendo el castigo. Y si habia algunos motines ó conjuraciones ó

levantamientos, los principales y más movedores llevaban al Cuzco á buen

recaudo, donde los metian en una cárcel que estaba llena de fieras, como

culebras, víboras, tigres, osos, y otras sabandijas malas; y si alguno

negaba, decian que aquellas serpientes no le harian mal, y si mentia,

que le matarian; y este desvarío tenian y guardaban por cierto. Y en

aquella espantosa cárcel tenian siempre, por delitos que hecho habian,

mucha gente, los cuales miraban de tiempo á tiempo; y si su suerte tal

habia sido que no le hobiesen mordido [á] algunos dellos, sacábanlos,

mostrando grande lástima, y dejábanlos volver á sus tierras. Y tenian

en esta cárcel carceleros los que bastaban para la guarda della, y para

que tubiesen cuidado de dar de comer á los que se prendian, y áun á las

malas sabandijas que allí tenian. Y cierto, yo me reí bien de gana

cuando en el Cuzco oí que solia haber esta cárcel, y aunque me dijeron

el nombre, no me acuerdo, y por eso no lo pongo[74].

_CAP. XXIV.--Cómo los Incas mandaron hacer á los naturales pueblos

concertados, repartiendo los campos en donde sobrello podrian haber

debates, y cómo se mandó que todos generalmente hablasen la lengua del

Cuzco._

En los tiempos pasados, ántes que los Incas reinasen, es cosa muy

entendida que los naturales destas provincias no tenian los pueblos

juntos como ahora los tienen, sino fortalezas con sus fuertes, que

llaman _pucaraes_[75], de donde salian á se dar los unos á los otros

guerra; y así siempre andaban recatados y vivian con grandísimo trabajo

y desasosiego. Y como los Incas reinaron sobre ellos, paresciéndoles

mal esta órden y la manera que tenian en los pueblos, mandáronles,

procurándolo en unas partes con halagos y en otras con amenazas, y en

todos lugares con dones que les hacian, á que tuvieren por bien de no

vivir como salvajes, mas ántes, como hombres de razon, asentasen sus

pueblos en los llanos y laderas de las sierras juntos en barrios, como y

de la manera que la disposicion de la tierra lo ordenase; y desta

manera, los indios, dejados los pucaraes que primeramente tenian,

ordenaron sus pueblos de buena manera, así en los valles de los llanos,

como en la serranía y llanura de Collao; y para que no tuviesen enojo

sobre los campos y heredades, los mismos Incas les repartieron los

términos, señalando lo que cada uno habia de tener, en donde se puso

límites, para conocimiento de los que habian y despues dellos nasciesen.

Esto claro lo dicen los indios hoy dia, y á mí me lo dijeron en Xauxa, á

donde dicen que uno de los Incas les repartia entre unos y otros los

valles y campos que hoy tienen, con la cual órden se han quedado y

quedarán. Y por muchos lugares destos que estaban en la sierra, iban

echadas acequias sacadas de los rios con mucho primor y grande ingenio

de los que las sacaron; y todos los pueblos, los unos y los otros,

estaban llenos de aposentos y depósitos de los reyes, como en muchos

lugares está dicho.

Y entendido por ellos cuán gran trabajo seria caminar por tierra tan

larga y á donde á cada legua y á cada paso habia nueva lengua, y que

seria gran dificultad el entender á todos por interpretes, escogiendo

lo más seguro, ordenaron y mandaron, so graves penas que pusieron, que

todos los naturales de su imperio entendiesen y supiesen la lengua del

Cuzco generalmente, así ellos como sus mujeres; de tal manera, que aun

la criatura no hobiese dejado el pecho de su madre, cuando le comenzasen

á mostrar la lengua que habia de saber. Y aunque al principio fué

dificultoso, y muchos se pusieron en no querer deprender más lenguas de

las suyas propias, los reyes pudieron tanto, que salieron con su

intencion, y ellos tovieron por bien de cumplir su mandado; y tan de

veras se entendió en ello, que en el tiempo de pocos años se sabia y

usaba una lengua en más de mill y doscientas leguas; y aunque esta

lengua se usaba, todos hablaban las suyas, que eran tantas, que aunque

lo escribiese no lo creerian.

Y como saliese un capitan del Cuzco ó alguno de los orejones á tomar

cuenta ó residencia, ó por juez de comision, entre algunas provincias, ó

para visitar lo que le era mandado, no hablaba en otra lengua que la del

Cuzco, ni ellos con él. La cual es muy buena, breve y de gran

comprehension y abastada de muchos vocablos, y tan clara, que en pocos

dias que yo la traté, supe [lo] que me bastaba para preguntar muchas

cosas por donde quiera que andaba. Llaman al hombre en esta lengua

_luna_ [runa], y á la mujer _guarare_ [huarmi], y á el padre _yaya_, y

al hermano[76] _guayqui_ [huauque], y á la hermana[77] _nana_ [ñaña], y

á la luna _quilla_, y al mes por el consiguiente, y al año _guata_, y al

dia _pinche_ [punchau], y á la noche _tota_ [tuta], y á la cabeza llaman

_oma_ y á los orejas _lile_ [rinri], y á los ojos _naui_ [ñahui], y á

las narices _sunga_ [zenca ó singa] y los dientes _queros_ [quiru], y á

los brazos _maqui_ y á las piernas _chaqui_.

Estos vocablos solamente pongo en esta Corónica, porque agora veo que

para saber la lengua que antiguamente se usó en España, andan variando,

atinando unos á uno y otros á otro; porque los tiempos que han de venir,

es sólo para Dios saber los sucesos que han de tener; por tanto, para si

algo viniere que enfrie ó haga olvidar lengua que tanto cundió y por

tanta gente se usó, que no estén vacilando cuál fué la primera ó la

general, ó de dónde salió, ó lo que sobre esto más se desea. Y con

tanto, digo que fué mucho beneficio para los españoles haber esta

lengua, pues podian con ella andar por todas partes, en algunas de las

cuales ya se vá perdiendo.

Segunda parte de la crónica del Perú, que trata del señorio de los Incas Yupanquis y de sus grandes hechos y gobernacion · 第 5 / 9 题