Yo le respondo cuerdamente:

--¡Mi pobre María Antonieta, me sonrío porque no hallo motivo para ser

severo! Hay quien prefiere ser el primer amor: Yo he preferido siempre

ser el último. ¿Pero acaso lo seré?

--¡Qué crueles son tus palabras!

--¡Qué cruel es la vida cuando no caminamos por ella como niños ciegos!

--¡Cuánto me desprecias!... Es mi penitencia.

--Despreciarte, no. Tú fuiste como todas las mujeres, ni mejor ni peor.

Ahora acabas en santa. ¡Adios, mi pobre María Antonieta!

María Antonieta solloza, y desgarra con los dientes el pañolito de

encajes: Se ha dejado caer en el sofá: Yo, en pie, permanezco ante ella.

Hay un silencio lleno de suspiros. María Antonieta se enjuga los ojos,

me mira y sonríe tristemente:

--Xavier, si todas las mujeres son como tú me juzgas, yo tal vez no haya

sido como ellas ¡Compadéceme, no me guardes rencor!

--No es rencor lo que siento, es la melancolía del desengaño: Una

melancolía como si la nieve del invierno cayese sobre mi alma, y mi

alma, semejante a un campo yermo, se amortajase con ella.

--Tú tendrás el amor de otras mujeres.

--Temo que reparen demasiado en mis cabellos blancos y en mi brazo

cercenado.

--¡Qué importa tu brazo de menos! ¡Qué importan tus cabellos blancos!...

Yo los buscaría para quererlos más. ¡Xavier, adios por toda la vida!...

--¿Quién sabe lo que guarda la vida? ¡Adios, mi pobre María Antonieta!

Estas palabras fueron las últimas. Después ella me alarga su mano en

silencio, yo se la beso y nos separamos. Al trasponer la puerta sentí

la tentación de volver la cabeza y la vencí. Si la guerra no me había

dado ocasión para mostrarme heroico, me la daba el amor al despedirse de

mí, acaso para siempre.

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ACABÓSE DE IMPRIMIR ESTE LIBRO

EN LA IMPRENTA CERVANTINA

DE MADRID A XI DÍAS

DEL MES DE ENERO

DE MCMXXIV

AÑOS

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Sonata de otoño; Sonata de invierno: memorias del Marqués de Bradomín · 第 11 / 11 段