VI

«Pepita: Esta mañana estaba yo acostado cuando he oído llamar a mi

puerta. Eran las ocho. A estas horas no podía ser ningún madrileño: un

madrileño no puede ir a visitar a las ocho de la mañana a nadie. ¡Sería

una aberración! Luego este hombre debía de ser un hombre de provincias.

Pocos momentos antes oí yo entre sueños las campanas de enfrente. «Estas

buenas amigas, las campanas--decía yo--, no me van a dejar dormir.» Pero

quien no me ha dejado dormir era este hombre que llamaba a mi puerta

dando grandes porrazos.

»Me he levantado y he abierto. Y ¿sabes a quién me he encontrado? ¡A

nuestro excelente amigo don Juan Férriz! Tú te ríes, pero tú ya lo

sabías... Don Juan traía una cesta enorme, que ha puesto encima de la

mesa; luego me ha abrazado y me ha señalado en silencio la cesta. Yo la

he mirado también en silencio. Esto era solemne; esto era trágico. ¿Qué

contenía esta cesta? ¿Para quién era esta cesta? Era para mí: ya veo que

te vuelves a reír. Ríete: yo he pasado un susto tremendo. Pero ha sido

sólo un momento, claro está; después don Juan me ha dicho:

»--Don Lorenzo Sarrió me ha encargado que le entregue a usted esta

cesta, y Pepita, Lola y Carmen me han dado para usted muchos recuerdos.

»Estos recuerdos, Pepita, yo los he encontrado más dulces y más buenos

que las tortadas que había dentro de la cesta. No eran sólo tortadas:

había mantecadas, sequillos, almendrados; había también naranjas,

naranjas de vuestro huerto, en el que yo tantos ratos he pasado. He

descubierto entre ellas dos que estaban juntas en un mismo tallo. Y en

el tallo tenían prendido con un alfiler un papelito con un letrero que

decía: «Estas las he cogido yo en el huerto para ti».

»Yo, Pepita, no podía decirte lo que he sentido cuando he tocado estas

naranjas: son cosas tan etéreas que no hay palabras humanas con que

expresarlas; lo cierto es que la sorpresa ha sido buena. A todos os doy

las gracias por vuestra atención. Don Juan me ha estado hablando de lo

que por ahí ocurre, que es lo mismo de siempre; todo el día he estado

con él. Hacía quince años que no había venido a Madrid; está aturdido.

Dice que Petrel es mejor que esto. Creo que tiene mucha razón. Yo pienso

continuamente en Petrel. Y de lo que más me acuerdo, ¿sabes de lo que

es?

»No te lo digo. Adiós, hasta mañana.

»ANTONIO.»

Antonio Azorín pequeño libro en que se habla de la vida de este peregrino señor · 第 61 / 81 题