VIII

Verdú reposa en la ancha cama. Sus brazos están extendidos sobre la

sábana. Y sus manos son transparentes. Y sus ojos están entornados. Y en

su rostro se muestra un sosiego dulce. Verdú respira penosamente. De

rato en rato un gemido se escapa de sus labios. Ya se remueve un poco;

una ancha inspiración hincha su pecho; sus ojos se abren intranquilos. Y

luego dice con voz larga y suave: _¡Ay, Antonio! ¡Ay, Antonio!_

Ha llegado la unción hace un momento y han ido poniendo sobre sus ojos,

sobre sus oídos, sobre sus labios, sobre sus manos, sobre sus pies los

santos óleos.

Al lado de la cama un clérigo lee con voz queda en un libro:

...«_Commendo te omnipotenti Deo, charissime frater, et ei cujus es

creatura, conmitto_»...

Lentamente se ha ido sosegando el maestro; sus párpados descienden

pesados y se cierran; su cuerpo yace inmóvil... Todo está quieto; los

rayos del sol se filtran por la parra y caen en vivas manchas sobre los

ladrillos del patio; el jilguero desenvuelve sus trinos; una mariposa

blanca va, viene, torna, gira, repasa entre los verdes pámpanos. Y de

pronto el maestro se agita nervioso, abre anchos los ojos y grita con

angustia: _¡Mi espíritu!... ¡Mi espíritu!..._ Sus manos se contraen; su

mirada se pierde a lo lejos, extática, espantada. Y poco a poco,

sosegado de nuevo, su rostro se distiende como en un sueño; la

respiración se debilita; algo a modo de una espiración sollozante flota

en el ambiente silencioso.

Entonces Azorín, que sabe que los músculos son los primeros en morir y

que cuando ha muerto el corazón y han muerto los pulmones todavía los

sentidos perciben en aterradora inmovilidad; entonces Azorín se ha

inclinado sobre Verdú y ha pronunciado con voz lenta y sonora:

--¡Maestro, maestro; si me oyes aún, yo te deseo la paz!

Y el clérigo ha levantado los ojos al cielo y ha dicho:

--¡Dios lo habrá acogido en su santo seno! _Suscipe Dómine, servum tuam

in locum sperandoe sibi salvationis a misericordia tua._

Y Azorín añade:

--¡Ha vuelto al alma eterna de las cosas!

Todo ha tornado a quedar en silencio; el aire es luminoso y ardiente; en

el fondo del patio, allá en el huerto, sobre el follaje verde, brillan

las manzanas rosadas, las ciruelas de oro, los encendidos albérchigos.

La mariposa blanca ha desaparecido. Y suena una campanada larga, y

después suena otra campanada breve, y después suena otra campanada

larga...

Antonio Azorín pequeño libro en que se habla de la vida de este peregrino señor · 第 35 / 81 题