Respecto a la unidad del asunto, al aislamiento del proceso de la
novela de otros próximos, indudablemente está bien siempre que se pueda
realizar. El no conseguirlo o el no practicarlo es un defecto; de
ahí que las novelas que se continúan en otras tengan siempre un aire
fragmentario y poco definitivo.
La novela debe encontrar la finalidad en sí misma —una finalidad sin
fin—; debe contar con todos los elementos necesarios para producir su
efecto; debe ser, en este sentido, inmanente y hermética.
La novela cerrada, sin transcendentalismo, sin poros, sin agujeros por
donde entre el aire de la vida real, puede ser indudablemente y con
mayor facilidad la más artística.