Influencia de la configuración de África en las ideas sobre la que
debía tener América.
En esta larga serie de descubrimientos desde la desembocadura del
Orinoco hasta la del Río de la Plata, la época de la muerte de Martín
Behaim coincide con los grandes armamentos que preparaba la Corte de
España para buscar hacia el Sur el paso á la tierra de las especias,
siendo uno de sus resultados más importantes la expedición de Pinzón y
de Solís al Río Colorado, á los 40° de latitud austral (en 1508).
En geografía como en historia, los hechos y las opiniones influyen entre
sí mutuamente, y con frecuencia acaban por confundirse. Modifican esta
reacción ó influencia recíproca el carácter del siglo, los intereses
dominantes y la autoridad de algunos hombres notables.
El curso del Níger y el emplazamiento de esa ciudad africana (Tombuctu),
cuya miseria actual contrasta con su antiguo esplendor comercial,
presenta en los estudios geográficos notable ejemplo de esas
fluctuaciones de hipótesis y de hechos imperfectamente conocidos. Un
descubrimiento que llama mucho la atención modifica las opiniones, y la
que de éstas domina por el momento, da una dirección especial á las
empresas marítimas. Cuando los resultados de las nuevas exploraciones no
confirman las hipótesis forjadas de antemano, no por eso dejan de
consignarse éstas en los mapas, donde á veces quedan estereotipadas
durante siglos.
Para reunir dos épocas muy apartadas, citaré como ejemplos: 1.º, el
mapa de América de Ruysch, publicado en la edición romana de Ptolomeo en
1508 (dos años después de la muerte de Colón), mapa que, conforme á las
opiniones sistemáticas, reune simultáneamente la Groenlandia
(Gruentland) y Terra nova (Insula Bacalauras), á los Gog y Magog del
Asia Oriental, y las partes occidentales de la isla de Cuba á la
Florida; 2.º, una obra muy moderna y estimadísima por muchos
conceptos, la cuarta edición del mapamundi de Purdy, en el cual, á pesar
de cuanto hoy se sabe[187] tanto sobre el origen y la emigración de
Occidente á Oriente del mito del Dorado, como sobre el terreno
comprendido entre las fuentes del Carony y del Río Branco, al Sur de la
cordillera de Pacaraina, el lago Parima está figurado como una cuenca de
30 leguas de diámetro, casi lo mismo que lo representa Joducus Houdius.
Las cartas geográficas expresan las opiniones y los conocimientos más ó
menos limitados del que las ha formado, pero no figuran el estado de los
descubrimientos. Lo que se encuentra dibujado en los mapas
(especialmente en los siglos XIV, XV y XVI) es una mezcla de hechos
comprobados y de conjeturas presentadas como hechos.
Sería sin duda desconocer los progresos de la geografía y las causas que
los han apresurado, desacreditar los ingeniosos procedimientos del arte
que combina lo conocido con lo desconocido. Los resultados de estos
procedimientos sólo son temibles cuando el trazado de los mapas no
presenta los medios de conocer lo que ha sido visto y lo que se supone
que puede existir.
No debe perderse de vista en este problema la influencia que han
ejercido en la representación del trazado de las costas y en la
configuración general de los continentes, las opiniones, las conjeturas
y los deseos excitados por los grandes intereses políticos y
comerciales. Esta anticipación de las conjeturas á los descubrimientos
reales y positivos, y los motivos más ó menos sólidos en que se funda,
nos darán alguna luz acerca de la convicción que Magallanes tenía desde
1517 de la existencia de un estrecho que no descubrió hasta 1526.
Desde la expedición de Diego de Lepe (1500), y la observación que hizo
este navegante de que, doblando el cabo de San Agustín, la costa
empezaba á tomar la dirección de SO., podía conjeturarse en Europa la
forma piramidal de la América del Sur. Las relaciones de posición
geográfica de esta mitad del Nuevo Continente y del Africa son tales (y
este hecho notable ha influído probablemente también, en el origen de
las cosas, en la desigual prolongación de las tierras hacia el polo
austral), que la gran convexidad del continente americano (el vasto
promontorio brasileño), correspondiente á la sinuosidad opuesta del
Africa, lejos de estar en el mismo paralelo con el golfo de Guinea,
encuéntrase á trece grados y medio más al Sur.
Desde Cabo Verde á la desembocadura del Gambia, el Africa occidental se
inclina ya al SE. á 15° de distancia del Ecuador, mientras en la América
del Sud hasta el paralelo de 5° de latitud austral continúa
prolongándose de NO. á SE.
La creencia de que era posible la circunnavegación del Africa, subsistió
desde la más remota antigüedad á través de toda la Edad Media.
Fundábase, no diré en hechos comprobados (los restos de los barcos
españoles encontrados en las costas del mar Rojo no los constituyen
seguramente), sino en la creencia de estos hechos y en el conocimiento
más ó menos exacto de la forma trapezoidal ó piramidal del continente.
Mientras no se recorrían más que las costas occidentales hasta el cabo
Bojador y las orientales hasta el Norte de cabo Aromata (Guardafuí),
podía suponerse que Africa, lejos de estrecharse hacia el Sud,
continuaba ensanchándose, y esta fué en efecto la opinión de Maríno de
Tyro y de Ptolomeo[188], que desde el promontorio Prasum, al Sur del
cabo Raptum, prolongaban el Africa oriental hacia el Este para unirla
por medio de una _tierra desconocida_ (especie de _tierra austral_) á
Cattigara y al oriente de Asia.
Si se admite que esta ficción llega á la época de Hipparco y por tanto á
la escuela de Alejandría, siglo y medio antes de nuestra era, y se
compara el estado de los descubrimientos geográficos correspondiente á
los tiempos de Eratosthenes, de Cratés de Malles (confundido por Mr.
Gossellin en su _Rech. geogr._, t. I, pág. 104, con Cratés, el Cínico al
hacerle, contemporáneo de Alejandro), de Posidonio y de Strabón, que
admiten la posibilidad de la circunnavegación de Africa, con el que
tenían en tiempo de Hipparco, de Maríno de Tyro y de Ptolomeo, se llega
al triste resultado de que, en la antigüedad, las opiniones recientes
son con frecuencia menos exactas que muchas de las que le precedieron
(tres siglos transcurrieron entre Cratés, el comentador de Homero, y
Ptolomeo).
En efecto; los sistemas, fruto de ciertas predilecciones ó de deferencia
á la autoridad de un hombre celebre, permanecen independientes de los
progresos de los descubrimientos y de la extensión creciente de la
navegación. A pesar de estos cambios de opiniones, triunfa la idea de un
mar libre y contiguo que baña la extremidad austral del Africa.
El gran crédito que dos escritores de mediana importancia, Mela y
Solino[189], gozaban en España, en la patria de San Isidoro, en ese
mismo país que llegó á ser en la Edad Media el centro de la literatura
geográfica de los árabes, contribuyó mucho á rectificar las inducciones
que en pro de la circunnavegación de Africa podían sacarse del comercio
de la India, del golfo Pérsico y del Yemen con las costas de Azania, de
Zanzíbar (Zanguébar), de Soffala y de la isla de San Lorenzo, el
Magastar (Madagascar) de Marco Polo, cuyo litoral estaba desde muy
antiguo habitado por tribus árabes.
Largo tiempo antes de Bartolomé Díaz y de Vasco de Gama, vemos la
extremidad triangular de Africa representada en el planisferio de
Sanuto, 1306, anejo al _Secreta fidelium crucis_ y publicado por
Bongars[190], en el _Portulaneo della Mediceo Laurenziana_ de 1351,
obra genovesa que el conde Baldelli ha dado á conocer[191] en el
_Planisferio de la Palatina_ de Florencia de 1417, discutido por el
cardenal Zurla[192], y sobre todo, en el famoso mapamundi de Fra Mauro,
construído en los años de 1457 á 1459[193]. Este último mapa
especialmente, anterior en cuarenta años á la circunnavegación de Vasco
de Gama, es el que presenta con mayor claridad el promontorio del Africa
austral, con el nombre de _Capo di Diab_.
La configuración de esta extremidad del continente merece particular
atención. Presenta el aspecto de una isla triangular, en la cual al NE.
del _Capo di Diab_ (nuestro cabo de Buena Esperanza) se encuentran
inscriptos los nombres de Soffala y de Xengíbar, y está separada de la
Abassia (la Abisinia), según las propias palabras del autor del
mapamundi, «por un canal rodeado de altas montañas y frondosas selvas».
Este canal, que tiene la dirección de NNE. á SSO. es tan estrecho, «que
reina en él perpetua oscuridad y los remolinos que forma el agua hacen
peligrar los barcos.» Tales indicaciones y el aspecto del mapa prueban
que se figura la extremidad del continente como separada de la gran masa
más boreal por un _estrecho_, que recuerda involuntariamente el de
Magallanes.
Una inscripción puesta al lado del cabo de Diab indica que en 1420 dobló
dicho cabo un barco indio, _Zoncho de India_ (Junco de la India),
viniendo del Este en busca de las _islas de los Hombres y de las
Mujeres_ (habitadas separadamente por los de cada sexo), que están más
allá; y que después de cuarenta jornadas y de andar más de 2.000 leguas
sin encontrar más que aire y agua, el buque indio volvió en setenta
jornadas de navegación al cabo Diab, donde los marineros encontraron en
la playa un huevo del tamaño de un tonel, que se reconoció ser del ave
Crocho[194].
Observaré primero que esta dirección del rumbo del barco hacia el Oeste
para buscar las Amazonas es contraria á la opinión generalmente admitida
de que dichas mujeres, á quienes Marco Polo atribuye un obispo
cristiano, y que no se comunicaban con los hombres sino durante la
primavera, vivían muy cerca de Socotora (la Scara, según algunos
manuscritos de Marco Polo, y la Scoria de Behaim).
Marsden[195], en su sabio comentario del viajero veneciano, sitúa
_l’Isola Mascola é Femina_ del _Milione_ (libro III, cap. 33) á la
entrada del golfo de Aden, entre Socotora, célebre por un mito árabe,
relativo á una colonización que Aristóteles aconsejó á Alejandro, y el
cabo de Guardafuí, y cree que estas islas de Marco Polo son los islotes
de las Hermanas (_Abd al Curia_).
La ficción de las Amazonas ha recorrido todas las regiones, y
corresponde al círculo uniforme y estrecho en el que la imaginación
poética ó religiosa de todas las razas de hombres y de todas las épocas,
se mueve casi instintivamente. Apenas descubrió Cristóbal Colón las
Pequeñas Antillas al fin de su primer viaje, creyóse ya en las
inmediaciones de una isla (Matinino) habitada por mujeres solas,
«algunas de las cuales hubiera querido coger para presentarlas á la
reina Isabel»[196].
El barco indio de que habla Fra Mauro, buscaba en 1420 («verso ponente
fuora del Cavo de Diab»), á través de las _Isole verde_ y de los bancos
de bruma del _mare tenebrosum_, las islas _de hi Homeni_ è de _le Done_.
Estas palabras que cito textualmente indican por lo menos que el mito
árabe de las Amazonas no se refería á una localidad bien determinada. No
se trata, pues, aquí de una de esas islas situadas en el vasto
archipiélago[197] que Edrisi figura dirigido de O. á E. desde la costa
meridional del Yemen hasta la extremidad oriental del mar de Sind,
frente á una costa de Africa que por Barbara (Cafrorum terra, Edrisi,
ed. Hartm. p. 98), Alzung (Terra Zengitana, Hartm. p. 100) y Sefala
(Zofala, Hartm. p. 103-108 y 113) se prolonga también de E. á O. hasta
el promontorio africano de Vac-Vac (Vakvak); porque existe una parte
continental é islas de este nombre. (Véase el texto de Edrisi, p. 34,
«de terra Sofalæ confini et de propinqua insula Vac-Vac.)»
La tierra que busca el _Zoncho de la India_ está al otro lado del cabo
austral de Africa, y sólo en el caso de creerle inmensamente alejado al
Este del promontorio Vac-Vac y conforme al convencimiento de la redondez
de la tierra, generalmente admitido por los geógrafos árabes, hubiera
podido llegar, navegando hacia el Oeste al _mar Tenebroso_ (el
Atlántico), donde están las _isole verde_, de las cuales se tenían
nociones muy vagas.
Pero mucho más que la situación de una de estas islas fabulosas de los
árabes que los navegantes cristianos han poblado de obispos y de
monjes, importa el trazado del cabo de Buena Esperanza en un mapamundi
de 1459. Los mismos que sospechan algunas adiciones posteriores[198], no
las suponen más allá de 1470; de suerte que las expediciones de Díaz y
de Gama son indudablemente diez y siete y veintisiete años posteriores á
la ejecución del mapa que nos presenta el _Capo di Diab_. El
conocimiento de la existencia de este promontorio es más notable, porque
su nombre mismo parece indicar qué pueblo lo descubrió y qué en general
las corrientes pelásgicas que, según nociones exactísimas adquiridas
desde el siglo XIII por Marco Polo en las Indias, impulsan con extrema
violencia hacia el SO. y el SSO., impedían á los árabes estacionados en
las factorías desde el siglo XII en toda la costa oriental de Africa,
desde el cabo Guardafuí hasta Quilloa y Sofala, llevar su navegación más
allá del promontorio que los portugueses llamaron después _Cabo de las
Corrientes_ (latitud austral 23° 58′).
Temíase pasar la desembocadura meridional del canal de Mozambique,
porque se sabía que no era posible volver navegando contra la corriente.
«Il mare corre si forte á mezzodi, que á pena se potrebbe tornare»
(Marco Polo, lib. III, cap. 35). Resulta, pues, que sólo por noticias de
los indígenas y por alguna atrevida expedición, semejante á la que Fra
Mauro supone hecha en 1420, pudo conocerse la configuración de la
extremidad de Africa. Acaso el barco indio que dobló el cabo Diab á
favor de la _corriente_ del Banco de las Agujas (el _great Lagullas
stream_ de Rennell) volvió[199], después de estar, como dice Fra Mauro,
cuarenta días en el Océano Atlántico, á favor de la contracorriente
(_southern connecting current_), que, reforzada por los vientos del
Oeste en latitudes más meridionales, entre los paralelos 37° y 40°,
arrastra una parte de las aguas del Atlántico hacia el Este en el Océano
de la India, y constituye uno de los rasgos más notables del gran cuadro
de los ríos pelásgicos.
El nombre que dió Mauro al promontorio austral de Africa exige algunas
explicaciones basadas en conocimientos lingüísticos más exactos. El
Cardenal Zurla ve en el cabo Diab el cabo de los _Lobos_. En árabe,
_dsiáb_ (el colectivo ó _pluralis fractus_ de _dsib_) significa
indudablemente lobos; pero M. Walckenaer[200] en un interesante artículo
sobre el mapamundi de Fra Mauro, ha demostrado que esta etimología es
menos probable que la de una derivación de la palabra malaya _dib_ ó
_div_, isla.
Las comarcas de Zanguébar y de Mozambique las frecuentaron, antes que
los portugueses, los barcos árabes, persas é indios. El nombre dado al
cabo puede, por tanto, corresponder á dos familias de lenguas
originalmente distintas, á las lenguas semíticas (armenias) ó á las
lenguas indo-germánicas. La palabra que comunmente se usa en persa para
decir isla, es _bendâb_ (unión de agua, en alemán _das Wasserband_);
pero _duab_ (dos aguas en persa, comarca entre el Jumna y el Ganges),
palabra formada regularmente por analogía con la _pendjab_ (la
Pentapotamida), confúndese remontando al sanscrito con _dvîpa_ (_dvi_,
dos, y _âpa_, agua), que significa á la vez isla y península[201].
Fernando Colón, aficionado á los rasgos de erudición, dice que el nombre
de cabo de Buena Esperanza «ha sido sustituído al de _Agesingua_»,
indudablemente corrupción de Agisymba. Este nombre recuerda la
problemática expedición de Julio Materno hacia el límite extremo de la
Etiopía, que Maríno de Tyro (Ptolomeo, lib. I, capítulos 7 y 9) quería
situar más allá del trópico de invierno, y que dió ocasión á Ptolomeo
para entrar en curiosas discusiones de Geografía zoológica.
En el gran siglo de los descubrimientos marítimos, los portugueses
recordaron con frecuencia el nombre de Agisymba, y Barros (déc I, lib.
X, cap. 1) indica, al parecer, que el nombre de Symbaoé (_corte_), que
los indígenas dan á las antiguas fortificaciones al Oeste de Sofala
(lat. austral 20° ó 21°) podría ser muy bien un reflexo de _Agisymba_ de
Maríno de Tyro, denominación etiópica que Julio Materno y Septimio Flaco
dieron á conocer á los romanos.
Acabamos de ver que la circunnavegación del África austral fué impulsada
por el conocimiento de la forma triangular de este continente; por las
tradiciones, verdaderas ó falsas, pero religiosamente conservadas de
antiguos viajes; por las nociones que los árabes de España, de la
Mauritania y de Egipto extendieron desde los siglos XII y XIII en el
comercio árabe, persa é indio con la costa oriental de Africa;
finalmente, por los mapamundis que, fundados en las mismas nociones,
presentaban, medio siglo antes de Vasco de Gama, la configuración de
este cabo, hacia el cual se dirigía la corriente de Mozambique y que
bañaban á la vez el Océano Indio y el Océano Atlántico.
La analogía de forma entre Africa y la América del Sur pudo engendrar la
misma esperanza de circunnavegación, cuando en 1508 Vicente Yáñez Pinzón
y Juan Díaz de Solís llegaron al grado 40 de latitud austral y vieron la
inclinación de las costas de América hacia el Suroeste, desde el cabo de
San Agustín, en una extensión de más de 900 leguas marinas. Balboa no
había descubierto aún el Océano Pacífico; sin embargo, Colón sabía,
poco antes de morir (1506), que este Océano existía y que estaba próximo
á las costas orientales de Veragua: sabíalo, no por combinaciones
hipotéticas sobre la configuración del Asia oriental, sino por
testimonio de los indígenas, quienes, en el cuarto viaje del Almirante,
le dijeron que cerca del río de Belén el otro mar vuelve (_boxa_) hacia
Ciguara y las bocas del Ganges, y que estas tierras occidentales (del
_Aurea_, es decir, del Quersoneso de Oro, de Ptolomeo) están
relativamente en la misma posición[202] con las costas (orientales) de
Veragua que está Tortosa (en la desembocadura del Ebro) con Fuenterrabía
(en las Vascongadas) ó Venecia con Pisa.
Colón buscaba, como dice su hijo (_Vida del Almirante_, cap. 90), el
_estrecho de Tierra Firme_; pero la palabra _estrecho_ ocasiona en todas
las lenguas equivocaciones, «pudiendo ser de agua ó de tierra»; por
tanto, un _paso_ ó un _istmo_. El Almirante fué con frecuencia engañado
por los intérpretes que, en su nombre, se informaban de la forma de las
tierras.
Sorprende ver que la analogía con Africa no infundiera la esperanza de
una circunnavegación (el proyecto de dar la vuelta á la parte austral
del Nuevo Continente) antes que la convicción de la existencia de un
estrecho. En los documentos oficiales, sobre todo en los que datan de
los años de 1505 á 1507, la vía por la cual se llegaba á _las especias_
no está verdaderamente indicada con claridad, y, sin embargo, con
frecuencia se habla del _estrecho_ «por el cual los mismos portugueses
deseaban buscar un camino más corto para llegar á las islas de las
especias».
Cuando posteriormente (dos años después de la expedición de Balboa y del
descubrimiento del mar del Sur) recibió Solís el encargo de navegar «á
_espaldas_ de Castilla del Oro», es decir, de visitar las costas
occidentales de esta provincia, se le prescribió ir primero al Sur, sin
especificar si doblaría el cabo que debía formar la extremidad austral
del continente. La palabra _abertura_ del continente no consta en la
instrucción de 24 de Noviembre de 1514 (según lo expresé antes al
enumerar las expediciones hechas desde 1498 á 1517), sino como medio de
comunicar con la isla de Cuba «luego que llegaredes á las espaldas de
donde estuviere Pedrarias enviarleeis un mensagero, con cartas vuestras
para mi, con la figura de la costa, é continuareis vuestro camino; _é si
la dicha Castilla del Oro quedare isla é obiere abertura_ por donde
podais enviar otras cartas vuestras á la isla de Cuba, enviadme otro
hombre por alli, haciendome saber lo que hobieredes hallado, _despues
que me hobieredes escrito por via de Pedrarias_, é la figura de lo que
hobieredes descubierto.»
He aquí cómo concibo el sentido de esta notable instrucción. Cuando
hayáis llegado á la espalda (á la costa occidental) del gobierno de
Pedrarias, comunicaréis con él (por tierra) y continuaréis vuestro
camino (hacia el Norte, para llegar al paralelo de Cuba). Si entonces
descubrís que este gobierno de Pedrarias (Pedro Arias de Avila) ó la
Castilla del Oro es una isla y que existe alguna abertura (de la costa)
por donde podáis enviar otros despachos á la isla de Cuba, haréis pasar
un mensajero por este estrecho, para que yo sepa lo que habéis hecho
desde la primera carta entregada á Pedrarias. Supónese el estrecho hacia
el Norte del Darien «despues de haber comunicado con Pedrarias». Toda
esta expedición se llama un viaje _á la parte del Sur_ (Real
nombramiento de contador de la armada de Solís del 22 de Julio de 1515),
y como por el Sur debe llegar la expedición á espaldas de Castilla del
Oro y la _instrucción_ de 1514 sólo dice, si encontráis _otro estrecho_
(_otra abertura_) para enviar un despacho á Cuba, podría creerse que
Solís esperaba rodear la extremidad austral de América para entrar en
el mar descubierto por Balboa. Esta inducción me parece natural; pero
Herrera[203], que muy bien pudiera no haber visto los mismos documentos,
es de opinión contraria, pues dice pura y simplemente que Solís debía
ser enviado (en 1515) hacia el Sur, porque, según las opiniones de los
cosmógrafos, «podría haber por allí un paso para llegar á las islas de
las especias».
Iguales dudas existen respecto á las instrucciones y esperanzas de
Magallanes. Este marino portugués no habla de circunnavegación, de un
cabo semejante al que doblaron Díaz y Gama, y sólo indica un medio de
conseguir buen éxito, el de seguir la costa más allá del cabo de Santa
María á la desembocadura del río de Solís (río de la Plata) hasta
encontrar el estrecho que había visto señalado en el mapa de Behaim.
Hemos expuesto antes los testimonios de este hecho, tomados de los
documentos coetáneos del Diario de Pigafetta y de los Diarios de los
pilotos que Herrera tuvo á su disposición. Magallanes pudo atribuir
equivocadamente al cosmógrafo de Nuremberg, cuyo nombre gozaba gran
celebridad, lo que no era obra suya (errores de esta clase hasta hoy
mismo son frecuentes); pero no se trata aquí tanto del autor de un
mapamundi, como de la influencia que éste ejerció en la previsión de un
descubrimiento real.