VI.

Cristóbal Colón y Martín Behaim.

En todas las épocas de avanzada civilización ha ocurrido á los

descubrimientos geográficos lo mismo que á las invenciones en las artes

y á las grandes inspiraciones en literatura y en las ciencias, por medio

de las cuales intenta el espíritu humano abrirse nuevos caminos; al

principio se niega el descubrimiento ó la exactitud del invento, después

su importancia, y, últimamente, su originalidad. Estos tres grados de

duda alivian, por lo menos durante algún tiempo, las penas que la

envidia ocasiona. Tal costumbre, cuyo motivo es casi siempre menos

filosófico que las discusiones á que sirve de origen, data de mucho

antes de la fundación de aquella Academia de Italia que dudaba de todo

menos de sus propios acuerdos[130].

«Cuando Colón prometió un nuevo hemisferio, dice el ilustre autor del

_Estudio sobre las costumbres y el genio de las naciones_, decíasele que

este hemisferio no podía existir, y, cuando lo descubrió, se pretendía

que era ya conocido de largo tiempo atrás.»

He procurado precisar el grado de importancia que debe atribuirse á las

relaciones de Toscanelli con Colón en una época en que éste había

adquirido ya por sí mismo la convicción del éxito de su empresa.

Toscanelli proporcionó nuevos datos, que, por ser numéricos, eran más

seguros y preciosos para meditaciones de esta índole; fué, como dice D.

Fernando Colón, la causa más poderosa del ánimo con que el Almirante se

lanzó á la inmensidad de un mar desconocido, y, cosa extraña, la

posteridad casi ha olvidado[131] esta influencia del geómetra

florentino, obstinándose durante largo tiempo en colocar al lado de

Cristóbal Colón otro personaje, merecedor sin duda de la mayor

consideración como geógrafo, como viajero y como marino, pero que

verosímilmente dirigió todas sus miras al camino de la India rodeando la

extremidad de Africa.

Se ha dicho que _Martín Behaim_ ó _Beheim_ había descubierto el

archipiélago de las Azores y revelado á Colón, no sólo el camino hacia

el Asia oriental, sino también la existencia de un nuevo continente; y

que señaló en un globo el estrecho á que dió su nombre Magallanes, por

lo que con más justicia se le debía llamar[132] _Fretum Bohemicum_, como

América entera _Behaimia_ y hasta _Bohemia occidental_.

Cuanto más misterioso aparece este hombre en su origen, más se le quiere

engrandecer. Se le supone unas veces noble portugués, otras bohemio de

raza slava, nacido en la isla de Fayal[133] (en el grupo de las Azores),

otras ciudadano de Nuremberg. Encuéntrasele en Venecia, en Amberes y en

Viena, ocupado durante más de veinte años en el comercio de paños;

construyendo en Lisboa un astrolabio que llegó á ser de grande

importancia para los marinos; viajando con Diego Cam por las costas de

Africa hasta más allá del Ecuador, y trayendo la _malagueta_[134] (una

de las especias más estimadas) del país que la produce. Se le halla en

Nuremberg, en la Zistelgasse, en casa de su primo el senador Miguel

Behaim, terminando en 1492 el globo que quiere dejar como recuerdo «á su

cara patria antes de partir para el lugar donde tiene su casa á 700

millas de Alemania», mientras Colón emprende su primera expedición; está

en las Azores en casa de su suegro el caballero Iobst con Hürter,

mientras Vasco de Gama descubre el camino á las Indias, rodeando la

parte meridional de Africa.

Nació probablemente el mismo año que Cristóbal Colón, y muere en Lisboa

(según las investigaciones de Mr. de Murr), en el mismo mes que el

descubridor de América, cuya gloria jamás quiso empañar. Su muerte

precedió en cerca de dos años al descubrimiento del mar del Sur por

Vasco Núñez de Balboa, y en trece años á la expedición de Magallanes, á

quien debió confiar «el secreto del estrecho».

Vida tan extraordinaria y constantemente agitada, la gran fama de

cosmógrafo de un hombre que fija su domicilio durante diez y seis años

en la isla de Fayal, á la extremidad occidental del mundo conocido,

debía prestarse, aun en los tiempos en que comenzaba á imperar una sana

crítica histórica, á conjeturas é hipótesis especiosas.

El ardimiento con que un profesor de Altorf, Cristóbal Wagenseil, había

atribuído á Behaim el descubrimiento de América, excitó el interés

patriótico de Leibnitz, según se ve en un párrafo de una carta suya á

Tomás Burnet, del año 1697. Los trabajos de Federico Stuven[135] (en

Giessen), de Doppelmayr y de Mr. Otto[136], han obedecido á las mismas

ilusiones, y puede creerse que las disertaciones juiciosas de

Tozen[137], profesor de Gœttinga, del conde Rínaldo Carli[138], de Mr.

de Murr[139], compatriota de la respetable familia de los Behaim, aun

floreciente en Nuremberg, habrían sido suficientes para refutar cargos

tan vagos contra Colón y Magallanes. Pero han aparecido posteriormente

las mismas dudas en obras que son, por otra parte, muy dignas de

estimación.

Creo, pues, que aislando menos los hechos que presenta la biografía del

cosmógrafo, suficientemente desenredada hoy de la serie de

descubrimientos de los españoles y de los portugueses en el mismo

período, se puede llegar á algunas consideraciones más satisfactorias

que las presentadas hasta ahora.

No ha sido por causa de la analogía de los sonidos el llamar á Behaim

Martín de Bohemia en el _Diario de Navegación_ de Pigafetta y en las

_Décadas de Barros_. La familia del cosmógrafo pretende descender de la

antigua familia bohemia de Schwarzbach, en el círculo de Pilsen. He

visto que el magistrado de la ciudad libre de Nuremberg, en una carta al

rey D. Manuel de Portugal (del 7 de Junio de 1518), usa indistintamente

los nombres de Martinus Behaim y de Martinus Bohemus. También advierto

que el cosmógrafo, al firmar una carta de Amberes (del 11 de Marzo de

1494), _Martein Beheim_, quiere que sus parientes le escriban á las

islas Flamencas (Azores), con las señas _Domino M. Boheimo militi_. No

cometen, pues, error ni Pigafetta ni Barros confundiendo un nombre de

país con otro de familia[140]. Los parientes y los contemporáneos del

hombre célebre hablan en el primer documento que acabo de citar «de

_Bohemorum_[141] familia in civitate Nurinbergensi ultra ducentos[142]

annos perdurante.»

Es también probable que el nombre de Behaim ó Beheim, que esta familia

ilustre empleaba indiferentemente á fines del siglo xv, sea sólo una

designación étnica (_aus Böheim ó Böhem_, natural de Bohemia), como los

nombres tan comunes en Alemania de Schwabe, de Sachs y de Preuss.

Resulta del conjunto de estos hechos, minuciosamente expuestos, ser

verosímil que nuestro gran cosmógrafo dió ocasión por sí mismo á la

costumbre seguida en Portugal y en España de llamarle Martín de Bohemia.

Herrera, añadiendo á su nombre el elogio de _cosmógrafo de gran

opinión_, le llama dos veces[143] _portugués_ _nacido_ en la isla de

Fayal. No debe sorprender este error, considerando que Behaim estuvo al

servicio del Rey de Portugal en una célebre expedición marítima á las

costas de Africa; que en 1485 fué nombrado caballero de la Orden de

Cristo, y que en unión de los dos médicos del rey D. Juan II, «maese

Rodrigo y el judío maese Josef, se le nombró miembro de una _Junta de

Mathematicos_ encargada de indicar el medio de navegar con arreglo á la

altura del sol[144], y que pasó más de veinte años de su vida en Lisboa

ó en una colonia portuguesa, en la factoría flamenca de Fayal».

Cristóbal Colón y Martín Behaim, tan próximos en las épocas de su

nacimiento y de su muerte, presentan en su vida privada otra identidad

de situación que contribuyó singularmente al desarrollo de sus aficiones

á los descubrimientos geográficos. Uno y otro entraron por casamiento en

familias que poseían por herencia el gobierno de islas consideradas

entonces, aunque por error, como nuevamente descubiertas y situadas en

los confines del mundo conocido, en el _Mare Tenebrosum_ de los

geógrafos árabes _ultra quod nemo scit quid contineatur_[145].

El suegro de Colón, Bartolomé Muñiz Perestrello, tuvo en Porto Santo la

misma posición política que Iobst (Jodocus) de Hürter, señor de

Murkirchen (Moerkerken) y Harbrck (en Flandes), suegro de Martín Behaim,

tenía en Fayal. Cristóbal Colón vivió algún tiempo en las posesiones de

su esposa D.ª Felipa Muñiz Perestrello en Porto Santo, donde nació su

hijo Diego Colón; de igual manera Behaim habitó con su esposa Juana de

Macedo en Fayal, donde ésta dió á luz un hijo que, poco después de la

muerte de su padre, fué preso á causa de un homicidio involuntario.

Discútese si estos dos hombres célebres (y la celebridad de Behaim

precedió sólo en doce años á la de Colón) se vieron en las islas Azores,

y si Behaim dió á Colón las noticias de troncos de pinos, cadáveres y

hasta canoas cubiertas de pieles y llenas de hombres de raza desconocida

que las corrientes y los vientos habían llevado á las costas de Fayal,

de la Graciosa y de Flores; noticias que, unidas á las que el Almirante

adquirió en Porto Santo, le alentaron en sus esperanzas de grandes

descubrimientos.

Cierto es que su hijo D. Fernando dice (_Vida del Almirante_, cap.

VIII): «Los moradores de las Azores le contaron (á Colón) que cuando

soplaba viento de Poniente.....»; pero el Almirante podía adquirir estos

informes en cualquier puerto de Portugal ó de España, pues sabemos

positivamente por la _Historia de las Indias_, de Las Casas, que en

España y en el monasterio de la Rábida fué donde conoció Colón el viaje

de Pedro de Velasco, natural de Palos, que, partiendo de Fayal y después

de navegar al Poniente 150 leguas (lo que debió situarle más allá del

borde oriental de la gran banda de fucus), reconoció la isla de Flores.

Antes del descubrimiento de América sólo estuvo Behaim en Fayal durante

los años 1486 y 1490, y en este intervalo no salió Colón de España; pero

los dos marinos vivieron en Lisboa desde 1482 á 1484. En este último año

fué cuando Behaim partió con Diego Cam para un largo viaje á Africa, y

Colón, enojado por los desdenes del Gobierno portugués, fué á Sevilla.

El conocimiento positivo y sincrónico[146] de los hechos puede

únicamente disipar las dudas que suscita la historia de esta época. No

negaré que Colón haya tocado anteriormente en Fayal, porque se ignoran

las fechas de sus expediciones lejanas á Tyle (Islandia?), á San Jorge

de la Mina[147] y á la costa de Guinea, ya fueran antes de 1470, ó entre

1470 y 1482. En su Memoria «sobre las cinco zonas habitables», dice

positivamente Colón, aunque merezca el dicho poco crédito, «que estuvo

en el mes de _Febrero_ de 1477 cien leguas más allá de Tyle, cuya parte

austral está á 73 grados de latitud.» En su vida, tan llena de

aventuras, no sería sorprendente que Colón hubiera tocado en las Azores.

En cuanto á que Behaim y Colón tuvieran relaciones personales, la cosa

es muy probable, aunque no exista ninguna prueba directa. Estos dos

hombres célebres se encontraron en Lisboa en los mismos años y ocupados

en proyectos náuticos. Los mismos médicos del rey Juan II, maese Rodrigo

y el judío maese Josef, que recibieron encargo de Diego Ortiz, obispo

de Ceuta, de examinar el proyecto de Colón relativo á un viaje á

Cipango[148], y en general hacia el Oeste, trabajaron con Martín Behaim,

según he dicho antes, en la construcción de un astrolabio adaptado á la

navegación. Parece natural que médicos del Rey á quienes «era costumbre

consultar en todos los asuntos de cosmografía» pusieran á Colón en

relaciones con Behaim: también Herrera, sin que sepamos en qué otro

motivo se funda, dice que Colón fué alentado en sus ideas sobre la

proximidad del Asia por su amigo Martín de Bohemia. Debo, sin embargo,

hacer constar aquí que estos consejos fueron seguramente muy tardíos,

porque vemos por las cartas de Toscanelli que, seis años antes de la

llegada de Behaim á Lisboa, preocupaba ya á Colón tenazmente su

expedición.

Otro sabio que hubiera podido relacionar á Colón y Toscanelli con

Behaim, fué el más célebre astrónomo de esta época, Regiomontanus

(Camilo Juan Müller, natural de Kœnigsberg en Franconia) que habitó

desde 1471 á 1475 en la patria de Behaim y dedicó en 1463 á Toscanelli

su tratado de _Quadratura circuli_, es decir, su refutación de la

pretendida resolución de este problema, por el cardenal Nicolás de Cusa.

No satisfecho de las _Tablas_ del rey Alfonso que satíricamente califica

de _Somnium Alphonsinum_, publicó Regiomontanus en Nuremberg sus famosas

_Efemérides astronómicas_ calculadas de antemano para los años de 1475

á 1506 y que sirvieron en las costas de Africa, América y la India en

los primeros grandes viajes de descubrimientos de Bartolomé Díaz, de

Colón, de Vespucci[149] y de Gama.

Aun admitiendo que Behaim, durante la época de sus viajes de comercio á

Venecia, Viena y Flandes, sólo haya residido accidentalmente en su

ciudad natal, no es menos probable que ha podido aprovecharse, si no de

las lecciones, al menos de los escritos de su compatriota

Regiomontanus. Ya hemos citado el testimonio de Barros, que dice,

hablando «de la necesidad sentida por los portugueses de no seguir

tímidamente las costas, sino de acudir á la observación de los astros»,

que Behaim (probablemente poco antes de 1484) fué miembro á la Junta que

por orden del rey Juan II estuvo encargada de construir un astrolabio,

de calcular las tablas de la declinación del sol y de enseñar á los

marinos una _maneira_ _de navegar per altura do sol_. Barros

designa[150] al cosmógrafo con estas palabras: «_Martin de Bohemia

natural daquellas partes ó qual se gloreaba ser discipulo de Joanne de

Monte Regio, affamado astronomo._» Sin duda porque Behaim se

_vanagloriaba_ de ser discípulo de Regiomontanus y, por llegar de la

misma ciudad en que el papa Sixto IV había hecho proponer á

Regiomontanus ir á Roma para trabajar en la reforma del calendario, su

reputación de cosmógrafo se acreditó pronto en Portugal, al lado de la

de tantos hombres ocupados en perfeccionar el arte de la

navegación[151].

Regiomontanus era entonces célebre por la invención de su

_meteoróscopo_, y el _astrolabio_ de Behaim, que se fijaba al palo

mayor del barco, acaso no era más que una imitación simplificada de

aquél. Además, los instrumentos de astronomía náutica «á propósito para

encontrar en el mar la hora de la noche por las estrellas» existían

desde fines del siglo XIII en la marina catalana y en la de Mallorca.

Tal era el astrolabio que inventa y describe Raimundo Lulio en 1295 en

su _Arte de navegar_[152]. Se equivoca Barros al creer que en la época

de los descubrimientos hechos á lo largo de la costa de Africa bajo los

auspicios del infante D. Enrique de Portugal se empezó á comprender la

necesidad de guiarse en plena mar por la observación de los astros.

Parece que ignora el descubrimiento de las Azores por los normandos, y

los largos y atrevidos viajes de los marinos catalanes á las costas

tropicales de Africa y á las partes septentrionales de la Gran Bretaña.

La larga permanencia de Behaim en las Azores durante dos épocas, una de

1486 á 1490, y otra de 1494 á 1506, constituye un poderoso argumento

contra la pretensión de que Joao Vas Cortereal descubrió la tierra de

los Bacallaos (Terranova) en 1463. Este marino había sido nombrado,

según Cordeyro, autor de la _Historia insulana_ del Océano occidental,

gobernador de Terceira el 12 de Abril de 1464. Ahora bien; sabemos que

el suegro de Behaim, Iobst de Hürter, llegó pocos años después á las

Azores, con el título de gobernador y feudatario de la colonia flamenca

de Fayal. ¿Cómo es posible que Behaim no tuviera conocimiento, ó por sí

mismo ó por su suegro, de un suceso como el descubrimiento de los

Bacallaos por los portugueses, que habría precedido en veintinueve años

á la llegada de Colón á Guanahani? ¿Cómo es posible que no situara estas

tierras occidentales en su globo construído en 1492? ¿Cómo es posible

que ni siquiera las mencionase en una de las minuciosas notas que

acompañan al mapamundi? Estas consideraciones deben añadirse á los

argumentos que el ingenioso y sabio autor del _Memoir of Sebastián

Cabot_[153] ha expuesto recientemente contra el viaje de Joao Vas

Cortereal á las costas de América del Norte y en pro del descubrimiento

de este continente por Juan Cabot el 24 de Junio de 1497[154].

Llama la atención que el excelente historiador portugués Barros, que

cita á Martín Behaim como miembro de la comisión náutica del astrolabio,

ignore, al parecer[155], la parte que tomó en la expedición de Diego Cam

en 1484 á la embocadura del río Zaire ó Congo; nombrado primero río

Pedrao á causa de un pilar de piedra puesto como señal de toma de

posesión. De ello se ha querido deducir que esta participación es tan

fabulosa como su influencia sobre Colón y sobre Magallanes. Para mí no

existe tal duda. Si Behaim se embarcó con Cam como piloto y cosmógrafo

para practicar su astrolabio, casi lo mismo que Vespucci en la

expedición de Alonso de Ojeda (Diciembre de 1498--Junio de 1500), el

silencio de Barrios nada tiene de extraordinario.

En las notas que Behaim añadió á su globo en 1492, habla en cuatro

sitios distintos (en el título del globo; en Cabo Verde; cerca de las

islas del Príncipe y de Santo Tomás, y en el cabo de Buena Esperanza) de

dos carabelas con las cuales el rey Juan II hizo explorar las costas de

Africa. Añade, del modo más terminante, «que fué enviado en esta

expedición por su rey, y que duró diez y nueve meses.» Behaim no nombra

á Diego Cam; pero Hartmann Schedel en su _Liber Chronicarum_[156],

impreso en Nuremberg en 1493, cuando el cosmógrafo vivía aún en esta

ciudad, reunió los dos nombres: «Præfecit galeis beni instructis

Johannes II Portugaliæ rex, anno 1483, patronos duos Jacobum (?) Canum

Portugalensem, et Martinum Bohemum, hominem germanum ex Nuremberga, de

bona Bohemorum familia natum, qui superato circulo equinoxiali in

alterum orbem excepti sunt.»

La ingenuidad con que Behaim habla de las primeras expediciones

portuguesas, de sí mismo y de «su querido suegro M. Iobst, residente en

Fayal,» da gran carácter de verosimilitud á los comentarios de su carta;

y no creo que se deba oponer á estos testimonios la fecha del día (18 de

Febrero de 1485), en que, según una nota conservada en los archivos de

familia, recibió Martín Behaim la Orden de caballero de Cristo en la

ciudad de Albassauas (Alcobaça?). Este documento, cuya época se ignora,

y que no tiene carácter alguno oficial, ni es de letra de Behaim, ni

está redactado en su nombre. Sabido es á cuántos errores se ha prestado

la manera de escribir los números árabes (indios) á fines del siglo XV.

Si no hay error en el año y debe leerse 1483 por 1485, podría verse en

ello un simple error en la indicación del mes de Febrero, porque el

viaje de Cam, comenzado en 1484, duró sólo diez y nueve meses. Behaim

encontrábase todavía seguramente en la costa de Africa el 18 de Febrero

de 1485; y es menos probable que el nombramiento de caballero fuera una

recompensa por la invención del astrolabio, que una gracia concedida al

compañero de Diego Cam á consecuencia de una expedición en que habían

pasado el Ecuador hasta mas allá del sexto grado de latitud austral y

recogido el grano del Paraíso (_malagueta_) en el clima en que se

produce.

La época de la residencia de Colón y de Behaim en Lisboa era aquella de

verdadera gloria y entusiasmo nacional en que el hijo de Alfonso V, al

subir al trono, continuaba la serie de descubrimientos á lo largo de la

costa de Africa, interrumpida por la muerte (1460) del infante D.

Enrique, duque de Viseo, tío de Alfonso V.

Pero conviene no olvidar que los trabajos de los marinos catalanes

fueron para el Africa occidental lo que los de los marinos

normando-escandinavos habían sido para el Norte del Nuevo Continente.

Unos y otros precedieron á los descubrimientos que han ilustrado los

nombres de D. Enrique y de Isabel de Castilla.

La isla de Mallorca fué desde el siglo XIII un centro de conocimientos

científicos en el difícil arte de navegar. Sabemos por el _Fénix de las

maravillas del orbe_, de Raimundo Lulio, que los mallorquines y los

catalanes[157] usaban _cartas de marear_ mucho antes de 1286; que se

fabricaban en Mallorca instrumentos, groseros sin duda, pero destinados

á determinar el tiempo y la altura del polo á bordo de los barcos. Desde

allí los conocimientos, que en su origen fueron aprendidos de los

árabes, se extendieron á toda la cuenca del Mediterráneo. Las ordenanzas

de Aragón prescribieron desde el año 1359 que cada galera debía ir

provista, no sólo de una, sino de dos cartas marinas[158]. Un marino

catalán, D. Jaime Ferrer, llegó en el mes de Agosto de 1346 á la

desembocadura de Río de Oro[159], cinco grados al Sur del famoso Cabo de

Non que el infante D. Enrique se vanagloriaba de que lo hubieran doblado

por primera vez los barcos portugueses en 1419. Los marinos de Dieppe

habían ido en 1364 á Sierra Leona y á Río Sestos (Sesters River),

llamado entonces Río del Pequeño Dieppe. En 1365 llegaron á la Costa de

Oro, según la relación de Villaut, señor de Bellefonds[160]. Un

mallorquín, maese Jacobo, fué elegido por el Infante para presidir la

célebre Academia de Sagres.

En los descubrimientos geográficos ha ocurrido lo mismo que en los de

las ciencias físicas. Las tentativas con buen éxito, pero que permanecen

aisladas largo tiempo, ó no se saben ó son condenadas al olvido; sólo

cuando los descubrimientos se suceden y relacionan entre sí, se coloca

el primer eslabón de una serie en el punto en que comienza á no ser

interrumpida. Llena está la historia de la geografía de estos errores

sistemáticos que comprenden hasta el siglo XVI las navegaciones á Nueva

Guinea, Nueva Holanda y á muchos archipiélagos del Océano Pacífico[161].

Atribúyese el descubrimiento de las Azores, que son las Cassiterides de

Pedro Mártir de Anghiera[162] y de Behaim, el de la isla de Madera[163],

el de las islas de Cabo Verde y de las costas equinocciales del Africa

occidental á los navegantes del siglo XV. Confúndense los marinos que

reconocieron tierras con los primeros que las descubrieron; y no aludo

ahora á la relación tan debatida del viaje de Hannon que Rennell y M.

Heeren (II, I, pág. 520) llevan hasta más allá del Gambia, situando «la

región ardiente de Thymiamata» en Cabo Verde y tomando por el Senegal,

no el _Chrestes_, que creo muy distinto de _Chremetes_, «uno de los

mayores ríos del mundo», según Aristóteles (_Met._, lib. I, pág. 350,

Bekk), sino el río sin nombre, poblado, según Hannón, de cocodrilos y de

hipopótamos; limitaréme á nociones más ciertas y recientes.

Mucho antes de los nobles esfuerzos del infante don Enrique, duque de

Viseo, y de la fundación de la Academia de Sagres (Tercanabal en el

Algarve ó villa do Infante), dirigida por un piloto cosmógrafo catalán,

maese Jacobo de Mallorca[164], los cabos Non (Nam) y Bojador habían sido

ya doblados[165] (el último es el cabo Buzedor de Andres Bianco y de

Livio Sanuto). El _Portulano Mediceo_, obra de un piloto genovés, que el

conde Baldelli nos ha dado á conocer (Polo, t. I, página CLV), indica

desde 1351 el _Cavo di Non_. Marinos catalanes, como lo prueba el Atlas

de 1374 examinado por M. Buchon, habían estado _al jorn de Sant Lorens,

qui es a X d’agost_ de 1346, ochenta y seis años antes que el almirante

portugués Gilianez[166] en Río de Oro (Río do Ouro, lat. 23° 56′). El

valeroso Juan de Betancourt sabía que antes de la expedicion de Alvaro

Becerra, es decir, antes de terminar el siglo XIV, los marinos normandos

habían llegado hasta Sierra Leona (latitud 8° 30′), y procuraba seguir

sus huellas. Pero antes que los portugueses, creo que los de ninguna

nación de Europa fueron más allá del Ecuador[167]. La región al Sur de

la bahía de Biafra, notable por el encuentro en ella de dos corrientes

opuestas (del NO. y SE.), llegó á ser desde 1471 á 1474, ocho ú once

años después de la muerte del infante D. Enrique, el centro del comercio

(_rescate_) del oro, dado en firme á un activísimo mercader de Lisboa,

Fernando Gómez.

En esta época fueron sucesivamente descubiertas la isla de Fernando Pó,

llamada primero Ilha Formosa, y las de S. Thomás, do Príncipe y d’Anno

Bom[168]. Esta última isla (lat. aust. 1° 24′ 18″) fué la primera que

encontraron los portugueses al Sur del Ecuador; pero en las dos

expediciones, inmediata una á otra, que emprendió Juan Cam al reino del

Congo en 1484 y 1485, en una de las cuales tomó parte Martín Behaim, fué

descubierto (no me detengo en las latitudes, referidas con bastante

corrección por el mismo Barros) un espacio de costa comprendido entre

los paralelos de 1° 50′ (cabo de Santa Catalina), y 22° de latitud

austral (_la señal de piedra_[169], Manga de Areas, al Sur de cabo

Frío). Entre estos dos puntos extremos se encuentra situada la señal

(Padrao de San Jorge) de la desembocadura del río Zaire ó «Río do

Padrâo do Reyno de Congo» (latitud aust. 6° 5′) y la señal del cabo San

Agustín (Padrâo do Sancto Agostinho, lat. aust. 13°)[170].

Behaim no nombra nunca á Diego Cam, ni en sus cartas, ni en las

aclaraciones de su globo; pero repito que cita claramente y muchas veces

esta expedición[171], «en la cual el que ha construído este globo tomó

parte y fué enviado por el Rey de Portugal para descubrir lo que

Ptolomeo no había visto», llamándola la expedición de dos carabelas de

1484 y 1485. Indica el gran río Zaïre con el nombre que le dió Diego Cam

á causa de la señal de piedra (Padrâo de San Jorge), pero tan poco

correcto en la antigua ortografía portuguesa, como en la de su propia

lengua, llama al Zaïre, no río de Pedrâo, sino río de Patrón. Todos

nuestros mejores mapas modernos han conservado la costumbre de nombrar

al cabo al Sur de la embocadura del Zaïre _Cabo Padrón_.

El conocimiento que Behaim tenía de la factoría de Angra de Gato[172] y

del santo personaje[173] que sólo enseñaba la punta del pie por detrás

de una cortina de seda, y de quien los misioneros cristianos enviados á

Asia y Africa se sirvieron durante tres siglos para mixtificar á los

soberanos de Europa, prueban también, al parecer, la existencia de

relaciones íntimas entre Martín Behaim y Diego Cam. Como este último

hizo dos viajes («descubrió por duas vezes», dice Barros), podría

suponerse que Behaim sólo le acompañó en la primera expedición de 1484,

lo cual no explicaría, sin embargo, ni el error de una señal colocada,

según el globo de Nuremberg, el 18 de Enero de 1485 en la bahía de la

Tabla, ni la posibilidad de que Behaim fuera el 18 de Febrero de 1485 al

convento de Alcobaça para recibir la orden de caballero del Cristo.

Cristóbal Colón y el descubrimiento de América, Tomo 1 Historia de la geografía del nuevo continente y de los progresos de la astronomía náutica en los siglos XV y XVI · 第 14 / 43 题