Conociendo, pues, Cortés la grandeza, y riqueza, y señorío que lo que

hasta entónces habia visto de aquella tierra le prometia, y como todo

en lo que ponia la mano se le hacia segun su deseo, acordó de asegurar

el estado usurpado, en que tan infielmente contra su señor, Diego

Velazquez, se habia puesto, y proseguir sus intentos comenzados por

aquel camino que más seguro estimaba, segun via serle posible. Antes

que se alzase con él armada y saliese de la isla de Cuba, tenia ganados

algunos amigos, despues de salido, en los puertos y lugares donde

surgia con la flota, hasta llegado aquí donde le tenemos referido, fué

ganando de secreto muchos más cada dia, y con los de quien más se fiaba

trató un muy desvergonzado artificio, aunque su ambicion y cudicia

no le dejó ver cuán claramente y no por ambajes su maldad descubria;

ésto fué, que negoció con aquellos que persuadiesen á los demas que

lo eligiesen todos por Gobernador de aquella, renunciando él primero

en sus manos dellos el cargo de Capitan que traia, para que del todo

se desobligasen de acudir á Diego Velazquez ni rescibir mandato ni

cosa suya, lo cual forjó por esta vía: que él, como Capitan general,

nombraria Cabildo de una villa que allí poblasen, alcaldes y regidores

y otros oficiales que para regimiento della nombrar conviniese; despues

de señalados los alcaldes y Cabildo, como en personas ya públicas, y

que estaban por el Rey, él renunciaria la Capitanía, y ellos, todos

de comun consentimiento, por Gobernador lo eligiesen en nombre del

rey de Castilla, etc. Hízose así, como lo tuviese bien mañeado y

estuviese seguro que lo habian de elegir. Nombró por alcaldes á un

Alonso Puerto Carrero, de su misma tierra, que era Medellin, é á un

Francisco de Montejo, natural de Salamanca, ambos de un jaez con

él y no de mucho peso; constituyó regidores, escribano y los demas

oficios. ¡Mirad qué jurisdiccion tenia, viniendo alzado con el armada

y contra voluntad de cúya era, y que se la queria quitar sino se

alzara con ella, y qué jurisdiccion pudo dar á los alcaldes y los

alcaldes tener, y qué autoridad al escribano para que diese fe, y qué

valor y entidad pudieron tener todos los actos y obras que hacen los

verdaderos tiranos! Así que, constituidos todos los oficiales como

dicho es, y puesto nombre á la villa, que fué la Villa Rica de la Vera

Cruz, hace luégo delante los alcaldes y ante el escribano dejacion

del oficio de Capitan, diciendo: que por cuanto él habia venido con

poder de Diego Velazquez, teniente del Almirante en la isla de Cuba y

de los frailes Hierónimos que en esta isla Española gobernaban, para

descubrir por aquella costa y en busca de Juan de Grijalva, y que de

los dichos ninguno en aquella tierra tenia jurisdiccion, renunciaba

aquel oficio en sus manos como en manos y ante la justicia Real, y

pidiólo por testimonio. Rescibieron su renunciacion los alcaldes y

diósele por testimonio, como lo pidió, y luégo entran en su Cabildo y

tractan de nombrallo y elegillo por Capitan general, Alcalde mayor y

Gobernador en nombre del Rey, hasta tanto que el Rey proveyese otra

cosa. Determinado, como ya de dias lo habian platicado y definido con

él, de lo nombrar y elegir para los oficios dichos, llámanlo al Cabildo

y hacen una plática larga que contenia lo mucho que iba á Dios y al Rey

en que hobiese una persona superior que gobernase con todos aquellos

hidalgos, así en la paz como en la guerra, y que entre todos les habia

parecido que él lo haria mejor; por tanto, que le rogaban, y áun le

mandaban, que aceptase los oficios de Justicia mayor y Capitan general

para la conquista que en aquellas tierras esperaban de hacer, para

lo cual le daban toda jurisdiccion y autoridad en nombre del rey de

Castilla. Porque se vea qué y cuánta fué la autoridad y jurisdiccion

que Cortés tuvo, para todo lo que en aquella tierra ejercitó. Él lo

aceptó de buena voluntad, y se ofreció á servirlos á todos, y no tuvo

vergüenza Gomara, su criado é historiador, de decir en su Historia que

á pocos ruegos lo aceptó, porque no deseaba otra cosa por entónces.

Estas son sus palabras. Pudiera tambien decir que no habia procurado y

mañeado más otra cosa hasta entónces. De esta eleccion tan maliciosa

y absurda blasfemaron mucho muchos de los que allí estaban, en

especial Diego de Ordas, que habia sido mayordomo de Diego Velazquez,

y Francisco de Morla, su camarero, y otros principales, y todo género

de personas, y un Juan Escudero, y otros criados y amigos suyos,

afirmando ser traicion la que contra Diego Velazquez se cometia, y

horrenda maldad y fealdad detestable. Cortés acudió luégo y prendió á

los dichos y á otros muchos, y hízolos llevar al navío más principal, y

allí aherrojallos y tenellos á buen recaudo. Despues de algunos dias,

por ruegos de amigos que aquellos tenian, hobo Cortés de soltallos;

pero algunos dellos, perseverando en el cognoscimiento de la maldad que

se hacia contra Diego Velazquez, y contra la virtud y la justicia, en

aqueste artículo acordaron de hurtar uno de los bergantines y huirse

para la isla de Cuba, y avisar de todo lo que habia pasado y pasaba á

Diego Velazquez; no faltó algun falsario que lo descubriese. Sabido por

Cortés, hizo prender á muchos, y á unos ahorcó, y á otros azotó, y á

otros afrentó, y el Juan Escudero fué uno de los ahorcados; á muchos

escarmentó que no osaron boquear ni menearse por miedo del tirano.

Bien creo que parece claro ser aquestas obras, con las de hasta aquí,

propias de averiguado tirano. Los demas, que eran hombres de calidad,

y parecian hombres de bien, disimularon y al cabo se hicieron con él,

no sé si de infidelidad y descognoscimiento de lo que eran obligados á

hacer para con Diego Velazquez, pudieron ser excusados; y creo que no

segun lo que sucedió despues. Y porque, como astutísimo, Cortés ninguna

cosa dejaba de pensar y de hacer que le pareciese convenirle para se

sustentar en el estado que con sus mañas y astucias usurpó, porque

no le iba ménos que ser ahorcado por Diego Velazquez y por mandado

del Rey desque supiese la verdad, ó muerto por los indios, y ésto en

breve se le podia rodear huyéndose de su tiranía en los navíos alguna

gente de los que no fueron, mas resistieron, en su eleccion, proveyó

de que todos los navíos se echasen á fondo, no dejando más de uno en

que fuesen los procuradores que á Castilla envió; urdiólo desta manera

para que no le resistiesen, porque si se supiera ninguna duda hobiera

que la gente, amigos y enemigos, no se lo consistieran hacer. Llamó en

secreto á los maestres de los navíos, de quien tuvo más confianza, y

á los contramaestres ó marineros, si de los maestres no se fiaba, y,

ofreciéndoles promesas y dádivas que los haria bienaventurados, rogóles

muy encarecidamente que barrenasen los navíos por tantas y por tales

partes, que por ninguna vía tuviesen sin hundirse remedio, y despues

de hecho viniesen á él, cuando estuviese mucha gente con él junta, y

le denunciasen como no podian vencer el agua de los navíos que no se

fuesen á fondo. Hízose como lo mandó, y mostró cuando se lo dijeron

mucho sentimiento Cortés, porque sabia bien hacer fingimientos cuando

le era provechoso, y respondióles que mirasen bien en ello, y que sino

estaban para navegar, que diesen gracias á Dios por ello, y, pues

no se podia hacer más, mandó que sacasen todo lo que de provecho en

ellos hobiese, y lo demas que lo comiese la mar; al cabo lo hobieron

de sentir la gente, y aína se le amotinaron muchos, y éste fué uno

de los peligros que pasaron por Cortés de muchos que para matallo de

los mismos españoles tuvo, pero súpolos aplacar consolándolos con

la esperanza que de hacellos ricos y bienaventurados les propuso.

Proveyó luégo enviar á Castilla procuradores, que fueron, á los dichos

Alonso Puerto Carrero, de Medellin, tierra de Cortés, y á Francisco de

Montejo, natural de Salamanca, como dije, los cuales llevasen aquel

presente arriba dicho, y diesen noticia al Rey de aquella tierra,

gentes y riquezas della, en la cual, por su servicio, habian trabajado

y esperaban trabajar muy mucho y subjetalle aquel gran Rey y señor muy

rico della, de que tenian noticia estar la tierra adentro, suplicándole

que confirmase por gobernador á Cortés, al cual, ellos en su real

nombre, habian elegido por ser persona de mucho esfuerzo y valor, y

que habia gastado en aquella armada toda su hacienda, y quejándose de

Diego Velazquez y aniquilándole cuanto pudieron, negando ó callando

haber él hecho la dicha armada, fingiendo mil cautelas y afirmando

muchas otras falsedades y mentiras, y áun dando á entender, que si otro

alguno enviase á gobernallos no lo rescibirian; grande aunque confitada

desvergüenza. Esta carta no vido el Emperador, porque, si la viera, no

les sucederia ni á Cortés ni á sus consortes el negocio tan favorable

como abajo se parecerá. Partiéronse en aquella nao que de los barrenos

se escapó, del puerto del Peñon, que llamaron la Villa Rica, por el

mes de Julio, el año de 1519; llegaron á Sevilla, creo, por Octubre,

y como allí estuviese el clérigo Benito Martin de vuelta para Cuba,

hecho Abad de aquella tierra, como se dijo arriba, entendió luégo que

Cortés se habia alzado á Diego Velazquez, por lo cual los oficiales de

la Contratacion de Sevilla tomáronles todo el oro que traian, sin lo

del presente, que era 3.000 castellanos para su gasto, y otros 3.000

que Cortés enviaba para su padre. Los oficiales de la dicha casa de

la Contratacion enviaron el presente á Valladolid, para que allí lo

viese el Rey que venia camino de Barcelona para se ir á la Coruña,

ya electo Emperador, á embarcar para Flandes. Avisó luégo el clérigo

Benito Martin y los oficiales de Sevilla al obispo de Búrgos D. Juan de

Fonseca, que estaba en la Coruña haciendo el armada para en que el Rey

pasase, el cual escribió luégo una carta al Rey á Barcelona, agraviando

el alzamiento de Cortés contra Diego Velazquez, y diciendo que debia

de ahorcar á los procuradores, y que era traidor Cortés y otras cosas

semejantes; los dichos procuradores y el piloto Alaminos que habia sido

piloto en todos los dichos tres descubrimientos de Francisco Hernandez,

Grijalva y Cortés, fueron á Medellin y tomaron á Martin Cortés, padre

de Cortés, y todos con harta pobreza, porque los oficiales no les

dieron sino pocos dineros para su gasto, fuéronse hácia Barcelona, y,

sabiendo en el camino que el Rey era partido, viniéronse con la corte

hasta llegar á la Coruña, y en este camino los cognoscí yo.

FIN DEL TOMO CUARTO.

ÍNDICE.

Páginas.

ADVERTENCIA PRELIMINAR V

LIBRO TERCERO.--Capítulo XXV 1

Cap. XXVI 5

Cap. XXVII 10

Cap. XXVIII 15

Cap. XXIX 19

Cap. XXX 26

Cap. XXXI 30

Cap. XXXII 36

Cap. XXXIII 40

Cap. XXXIV 45

Cap. XXXV 49

Cap. XXXVI 54

Cap. XXXVII.--En el cual se contiene cómo se hobo el repartidor

Alburquerque en el repartimiento que hizo.--Como se dijo que

habia vendido los repartimientos.--Los clamores y quejas que

dieron dél.--Cómo rezaba la Cédula de la encomienda, y lo que

proveyó el Rey sobre las quejas que dél á Castilla fueron. 57

Cap. XXXVIII 63

Cap. XXXIX 66

Cap. XL 72

Cap. XLI 76

Cap. XLII 80

Cap. XLIII 84

Cap. XLIV 89

Cap. XLV 95

Cap. XLVI 100

Cap. XLVII 104

Cap. XLVIII 109

Cap. XLIX 114

Cap. L 119

Cap. LI 125

Cap. LII 131

Cap. LIII 135

Cap. LIV.--En el cual se contiene la Instruccion que el Rey

mandó dar á Pedrárias, cómo se habia de haber con los indios,

atrayéndolos por bien á la fe, y no consintiendo que se les

hiciese mal alguno. 139

Cap. LV 143

Cap. LVI 148

Cap. LVII 154

Cap. LVIII 158

Cap. LIX 164

Cap. LX 169

Cap. LXI 172

Cap. LXII 175

Cap. LXIII 180

Cap. LXIV 185

Cap. LXV 188

Cap. LXVI 192

Cap. LXVII 198

Cap. LXVIII 203

Cap. LXIX 207

Cap. LXX 211

Cap. LXXI 216

Cap. LXXII 220

Cap. LXXIII 226

Cap. LXXIV 230

Cap. LXXV 235

Cap. LXXVI 240

Cap. LXXVII 245

Cap. LXXVIII 249

Cap. LXXIX 253

Cap. LXXX 258

Cap. LXXXI 262

Cap. LXXXII 268

Cap. LXXXIII 272

Cap. LXXXIV 277

Cap. LXXXV 281

Cap. LXXXVI 285

Cap. LXXXVII 291

Cap. LXXXVIII.--En el cual se contiene la Instruccion que

llevaron los frailes Hierónimos, cerca de lo que habian de

hacer para poner en libertad los indios, y primero se puso

cierto preámbulo. 296

Cap. LXXXIX 309

Cap. XC 316

Cap. XCI 321

Cap. XCII 326

Cap. XCIII 332

Cap. XCIV 336

Cap. XCV 343

Cap. XCVI 348

Cap. XCVII 354

Cap. XCVIII 358

Cap. XCIX 364

Cap. C 368

Cap. CI 374

Cap. CII 379

Cap. CIII 385

Cap. CIV 391

Cap. CV 398

Cap. CVI 405

Cap. CVII 411

Cap. CVIII 415

Cap. CIX 421

Cap. CX 425

Cap. CXI 428

Cap. CXII 433

Cap. CXIII 439

Cap. CXIV 445

Cap. CXV 450

Cap. CXVI 455

Cap. CXVII 460

Cap. CXVIII 465

Cap. CXIX 470

Cap. CXX 475

Cap. CXXI 481

Cap. CXXII 487

Cap. CXXIII 494

Historia de las Indias (vol. 4 de 5) · 第 38 / 38 段