hacen muchas veces determinar grandes errores á los Reyes, acaeció
por este tiempo, que, como el padre Vicario de los Dominicos, fray
Pedro de Córdoba, de quien habemos hablado arriba, cuando estuvo en
Castilla informó á algunos religiosos de los daños y perdicion que
aquestas gentes padecian y habian padecido, y, entre los otros, fué
informado dél un padre llamado fray Hierónimo de Peñafiel, persona de
mucha estima y autoridad en la provincia de España, el cual fué á Roma
por los negocios de la Órden, siendo Maestro general de toda ella el
Gaetano; éste padre, como informase al dicho Gaetano de aquellas pocas
cosas que habia oido al dicho padre, fray Pedro de Córdoba, las cuales,
cierto, eran, y con verdad, pocas en cualidad ó crueldad y cantidad
ó número, porque no eran sino las desta isla, y destas el padre fray
Pedro habia oido harto pocas segun las infinitas que despues por todo
este orbe se cometieron, respondió el Gaetano: _¿Et tu dubitas Regem
tuum esse in inferno?_ Estas palabras formales me certificó á mí, que
ésto escribo, el dicho padre fray Hierónimo de Peñafiel, siendo Prior
de Sant Pablo de Valladolid el año de 517, haberle dicho el Gaetano, y
porque por aquel tiempo escribia sobre la _Secunda secundæ_ de Santo
Tomás, acordó de escribir contra esta tiranía en la cuestion 66 sobre
el art. 8.º, donde halló el propio lugar para la materia; el cual en
muy pocas palabras, con cierta distincion que de infieles hizo, dió luz
á toda la ceguedad que hasta entónces se tenia, y áun hoy, por no mirar
ó por no seguir su doctrina, que es verdadera y católica, se tiene;
y cerca de lo que dijo el Gaetano, que no habia duda estar el Rey en
el infierno, por consentir ó permitir tan inhumanas injusticias,
débese entender, tomando el Rey por su Consejo, porque si el Rey
voluntariamente, sin Consejo, mandara entrar en estas Indias de la
manera que los españoles en ellas entraron, y perpetrar en estas gentes
los males, crueldades, y daños, que en ellas hicieron, ninguna duda se
debe tener, que, segun la ley de Dios, él estaba en el infierno, si
penitencia no le valió al tiempo de su muerte; pero porque, como arriba
queda largamente dicho, el Rey mandó siempre con diligencia juntar
Consejo una y muchas veces sobre ello, y estaba aparejado para seguir é
mandar poner en ejecucion lo que determinase su Consejo, si algunos en
el infierno por esta causa están, no es, cierto, el Rey, sino es los de
su Consejo, porque no les era lícito ignorar el derecho pues era de su
oficio, mayormente el natural, y para declararlo el Rey los honraba y
remuneraba haciéndolos de su Consejo, como arriba tambien se ha dicho;
y si las diligencias que el Rey hizo el Gaetano supiera, no dudo yo
sino que al Rey excusara y condenara á los de su Consejo. Tornando á
los repartidores, despues de ido Alburquerque á Castilla, envió el Rey
á un licenciado Ibarra, á tomar residencia al Alcalde mayor, Marcos de
Aguilar, y á los otros sus oficiales del Almirante, que luégo murió,
como en el cap. 53 del libro II se dijo, y éste creo que trujo poder
de dar y quitar indios, el cual muerto, envió el Rey al licenciado
Cristóbal Lebron, y éste trujo el mismo cargo de tomar la dicha
residencia y de los indios, pero no removió indios algunos de quien los
tenia, mas de, cuando vacaban, repartíalos ó encomendábalos á quien
se los pedia ó él darlos queria. Despues de estos repartidores, como
los indios cada dia se disminuian y no eran ya cuasi en nada tenidos,
lo uno por ser pocos, y lo otro por estar tan flacos, desventurados,
que ya no eran sino de poco ó ningun servicio, tuvo cargo de darlos un
fraile de Sant Francisco, llamado fray Pedro Mexía, que era Provincial
ó Prelado guardian del monasterio de Sant Francisco, y de la ciudad
de Sancto Domingo; dije que tuvo cargo de dallos, y lo mismo los
repartidores ántes dél, pero no curó, como ni curaron los otros, más
del bien y vida de los indios, y mucho ménos de su doctrina para que
conociesen á Cristo, que si fueran unos animalitos, y así, murió el
dicho padre fray Pedro Mexía en su ignorancia cerca de ésto, como los
predecesores suyos en aquel oficio muerto habian.
CAPÍTULO XXXIX.
Dejamos en el estado que está dicho esta isla y las demas, suponiendo
siempre que en todas cuatro perecian cada dia, en las minas y en los
otros trabajos, los indios, sin haber más cuidado un dia que otro de su
salud espiritual, como tampoco lo habia de sus vidas. Item, que, como
cada dia creciese la granjería de las perlas, se hacian de continuo
grandes escándalos é insultos por los nuestros en aquella costa de
tierra firme; lo mismo que, como los indios yucayos eran grandes
nadadores, acordaron, los que los tenian en esta isla y los que podian,
ir á saltear el rebusco que dellos habia quedado en sus islas, ó de
otra cualquiera manera, comprados ó trocados, ó vendidos, que podian
habellos, enviallos á la dicha isleta de Cubagua á que sacasen perlas,
donde todos se consumian y donde fué su final acabamiento, segun que
arriba, en el libro II y en éste, queda dicho. Esto así supuesto,
volvamos á contar las cosas que acaescieron por estos años de 12, 13
y 14, en aquella parte de tierra firme donde quedaron poblados los
españoles que habian escapado de las armadas de Alonso de Hojeda y
Diego de Nicuesa, que fueron los primeros Capitanes que pidieron al Rey
ser Gobernadores en tierra firme, que tan desastrado fin tuvieron, y
los demas que llevó consigo el bachiller Anciso y un Colmenares, segun
en los postreros capítulos del libro II queda escrito; en cuyo cap.
64 referimos como el bachiller Anciso, que habia ido con un navío é
cierta gente de esta isla Española, en favor y socorro del Gobernador
Alonso de Hojeda, pobló el pueblo del Darien y lo intituló Sancta María
del Antigua, por cierto voto que habia prometido. Refirióse más, como
los españoles que allí estaban le quitaron la obediencia, y eligieron
Alcaldes y Regidores de entre sí mismos, y los Alcaldes fueron, Vasco
Nuñez de Balboa, natural de Badajoz, y á un Juan de Çamudio, vizcaino.
Estos, con todo el pueblo, echaron de la tierra á Diego de Nicuesa, y
fueron causa que infelicemente feneciese, puesto que Vasco Nuñez á la
postre remediallo quisiera, como en el capítulo final de aquel libro se
dijo, el cual, despues de Nicuesa ido, como era de buen entendimiento,
y mañoso, y animoso, y de muy linda dispusicion, y hermoso de gesto y
presencia, y tambien por haber acertado en la tierra que habia dicho,
cuando en el navío de Anciso se perdieron, como en el cap. 63 de aquel
libro referimos, cobró mucha estima y autoridad y muchos amigos en
aquella compañía; confiado de todos adminículos, viéndose con vara
de justicia, (y Dios sabe, y áun los hombres lo podrian juzgar, la
jurisdiccion que tenia, que ninguna era, como allí se dijo), presumió,
segun se dijo, de perseguir al bachiller Anciso que lo habia llevado
en su navío, y vengarse de ciertas palabras que le dijo cuando por
la mar venian, desque supo Anciso que habia entrado escondido en una
pipa de harina. Para lo cual hizo proceso contra Anciso, oponiéndole
que habia usurpado y usado jurisdiccion que no tenia, haciéndose
Alcalde mayor, como no tuviese poder del Rey, sino de Hojeda, que ya
era muerto, etc.; echóle prisiones en la cárcel pública, secrestóle y
confiscóle los bienes, y al cabo, por ruegos de algunos, soltóle dellas
con apercibimiento y penas que en el primer navío que viniese se fuese
á Castilla, ó á esta isla, lo que Anciso más que otra cosa queria.
Acordaron todo el pueblo que se enviasen procuradores á esta isla,
al Almirante y á los jueces, pidiéndoles socorro de mantenimientos
y gente, temiendo la hambre que cada dia se les ofrecia, por tener
turbada y levantada, por sus obras malas, toda la tierra; lo mismo, que
fuese quien hiciese relacion al Rey, pasando á Castilla. Y considerando
Vasco Nuñez que las vejaciones que se habian hecho á Diego de Nicuesa,
y lo mismo las de Anciso, se pagarian algun dia, y tambien quizá por
se quedar sólo en el mandar y señor de toda aquella tierra, tuvo sus
maneras de persuadir á su compañero, el alcalde Çamudio que tuviese
por bien de ir á Castilla, á llevar las nuevas del gran servicio que
allí habian hecho al Rey en tener hecho aquel pueblo, y tomada posesion
de aquella tierra firme por Su Alteza, (puesto que no la tomó él sino
Anciso), y lo que cada dia le esperaban servir, porque estaban en
la más rica tierra del mundo, de donde á Su Alteza grandes tesoros
vernian. Trabajó tambien que se enviase á esta isla Valdivia, uno de
los Regidores y muy amigo suyo, porque lo habian sido ambos, siendo
vecinos, de la villa de Salvatierra de la Çabana, que estaba en el cabo
de esta isla, en la punta ó cabo del Tiburon, donde yo á ambos conocí,
para hacer saber al almirante D. Diego Colon, que la gobernaba, y al
tesorero Pasamonte, que tenia grande autoridad, como algunas veces he
dicho, el estado y servicio del Rey en que quedaban, y en tierra muy
rica, que les enviasen gente, armas y comida, para lo cual envió buena
cantidad de oro, y secretamente al tesorero Pasamonte un buen presente
dello, segun se dijo. Embarcáronse, pues, en una chica carabela, el
Çamudio y Valdivia y el bachiller Anciso, dando Vasco Nuñez al Valdivia
el proceso que habia hecho contra el dicho Anciso. Todavía, estando ya
embarcado Anciso, ántes que se hiciesen á la vela, fueron ciertos de
aquellos vecinos, por ventura movidos por el Vasco Nuñez, á rogalle que
saliese en tierra, y no se fuese, que ellos se ofrecian de intervenir
para que fuesen amigos él y Vasco Nuñez, y que lo dejaria usar el
oficio de Alguacil mayor, como pretendia, y lo demas que le pudieron
ofrecer, pero él nunca quiso. Los cuales, Çamudio, y Valdivia, y
Anciso, llegaron á Cuba, y rescibieron las buenas obras de los indios
vecinos della, como en el cap. 24 referimos; desde allí pasaron todos
tres á esta isla, donde se quedó Valdivia, y los otros dos pasaron á
Castilla. En este tiempo venian algunos indios por espías, para ver si
los cristianos, de quien tanto mal cada dia recibian y temian recibir,
se iban, ó qué acordaban hacer, y esta venida coloraban con traer maíz
y cosas de comer, porque les diesen cuentas, y cuchillejos y cosillas
de Castilla; y, porque se fuesen, decíanles que en la provincia de
Cueba, que distaba 30 leguas, habia mucho oro y mucha comida. Acordó
Vasco Nuñez enviar á Francisco Pizarro, con seis hombres, para que
fuese á descubrir por allí la tierra; salidos por el rio arriba, tres
leguas, salieron 400 indios con su señor Cemaco, escarmentados de la
guerra que les habia hecho Anciso, cuando Vasco Nuñez dió el aviso de
hallar aquel rio y pueblo de aquel señor, como en el cap. 63 dijimos, y
dan en Francisco Pizarro y en sus seis compañeros, con muchas flechas
y piedras, de manera que á todos descalabraron y hirieron. Mas como
las flechas no tenian hierba, porque por allí no hacian ó no sabian
hacella, no les hicieron mucho daño; los españoles arremeten contra los
400, y desbarrigan con las espadas, dellos, 150, sin muchos otros que
hirieron. Viéndose los indios tan maltratados de los siete, volvieron
las espaldas, que es siempre su más seguro y postrero remedio, como
gente desnuda en cueros. Dejáronse uno de los seis, llamado Francisco
Herran, y los demas todos muy heridos volviéronse á su pueblo; desque
Vasco Nuñez los vido, rescibió pesar grandísimo, y mayor desque le
dijeron que Francisco Herran aún quedaba vivo, y, en pena de lo haber
dejado, mando á Francisco Pizarro, no embargante que venia mal herido,
que tornase por él con cierta gente, y así lo trujo; no supe si murió
de aquellas heridas. Salió luégo Vasco Nuñez con cien hombres al campo,
y anduvo ciertas leguas hácia la provincia de Cueba, cuyo Rey tenia por
nombre Careta, donde tenian nueva que habia mucho de aquel cebo del oro
que todos pretendian, y no halló persona que le resistiese, ni viese,
de paz ni de guerra; no porque no supiesen que salia, porque en tener
espías no se descuidan los indios, sino por el miedo que á Vasco Nuñez
ya tenian, porque no eran como quiera los estragos que en los indios,
cuando en ellos daba, hacia. Tornóse desde á pocos dias al pueblo del
Darien, y dijeron algunos que traia propósito de, si hobiese Nicuesa
vuelto, dalle la gobernacion y sometérsele, y debia de platicarlo así,
por reguardo de cumplimiento si acaso volviese, porque su entendimiento
á ésto y á más que ésto se estendia. Llegado al Darien, visto que
Nicuesa no volvia, tuvo color de enviar por los españoles pocos que
de Nicuesa estaban en el Nombre de Dios, con dos bergantines, los
cuales, viniendo por la costa arriba, y llegando á un puerto de la
tierra del Cacique y señor de Cueba, llamado Careta, salieron á ellos
dos españoles, desnudos, en cueros, pintados de colorado, que es la
color de la que en esta isla llamaban lixa. Estos dos, con otro, que
fueron tres, habia año y medio que se habian salido huyendo del navío
de Nicuesa, cuando pasaba en busca de la provincia de Veragua, por
temor de la pena que Nicuesa quisiera dallos por alguna culpa en que
debieran de haber incurrido, los cuales se fueron á poner en manos
del cacique Careta, que pudiera hacerlos pedazos, segun las obras via
ya que los españoles por aquellas provincias hacian, pero no lo hizo,
ántes los rescibió como si fueran sus deudos, y los trató siempre
como á sus hijos. Y, porque los que andan los pasos que andaban todos
éstos, no pueden dejar de ofender á Dios, y á otros, y á si mismos en
todas maneras, estando en poder y á peligro de quien pudiera justamente
destruillos, no siendo más de tres, aún no les faltaban soberbia y
rencillas, no pudiendo sufrirse; y así, habiendo palabras los dos,
un dia, echaron mano de las espadas, y el uno, que se llamaba Juan
Alonso, dejó al otro mal herido. Viendo ésto el Cacique, señor de la
tierra, llamado Careta, hízolo su Capitan en la guerra, como á hombre
más valiente, contra ciertos enemigos que tenia, sin el consejo y
parecer del cual ninguna cosa hacia; del tercero no supe qué se hubiere
hecho, debió de morirse. Desque vieron los de los bergantines y gente
de Nicuesa, los dos de su compañía, que eran vivos, fué grandísimo
el gozo que con ellos rescibieron; á los cuales, platicando en las
cosas de la tierra, dijeron ser de oro muy rica, certificándoles que,
si Vasco Nuñez viniese con gente sobre ella, serian todos ricos, y
para ésto el Juan Alonso se ofreció que él daria el Cacique, y que
ya era señor suyo, en las manos preso. Esto debia él hacer para le
pagar el caritativo y humanísimo rescibimiento y tractamiento que el
cacique Careta les hizo, pudiéndoles dar meritísimamente la muerte,
y por cumplir con la fidelidad que por ley y razon natural á Careta,
Rey y señor ya suyo, debia. Finalmente, acordaron que, para efectuar
todos sus deseos, era bien que se fuese con ellos el uno para informar
largo de las cosas de la provincia, que, como dijimos, se llamaba
Cueba, á Vasco Nuñez, y el Juan Alonso se quedase para cuando fuese
menester hacer la presa. Júzguese aquí si éstos dos, ó á lo ménos el
Juan Alonso, era traidor á su señor, á quien, al ménos tácitamente,
habia prometido fidelidad, pues lo habia hecho su Capitan y tomado por
consejero; item, si eran ambos, en suma ingratitud, desagradecidos, y
los que tales ofertas les admitian, iniquísimos: pero como estas obras
han sido las que los indios de nosotros han rescibido.
CAPÍTULO XL.
Llegados los bergantines al Darien, hobo Vasco Nuñez grande alegría
con ellos, mayormente viendo al compañero de Juan Alonso, y sabidas
las nuevas que traian de la riqueza de la tierra, y del aparejo que,
para prender al rey Careta, el Juan Alonso, que allá quedaba, ofrecia;
informóse muy en particular de la disposicion de la tierra y de la
gente della, y de todo lo que á su propósito y deseos pertenecia, de
aquel compañero de Juan Alonso, y tornando á enviar los bergantines,
para del todo acabar de traer la gente de Nicuesa del Nombre de Dios,
porque de aquella vez ó viaje no habian en ellos cabido, aparejóse
muy de propósito para, en siendo venidos, ir á infestar, turbar, y
angustiar, y robar al cacique Careta, que nunca le habia ofendido;
los cuales, finalmente, vinieron, y tomó 130 hombres, los más sanos
y dispuestos, en demanda del rey Careta, señor de la provincia de
Cueba; creo que debia estar del Darien hasta 30 leguas. Llegado
Vasco Nuñez con sus 130 apóstoles á la tierra y pueblo, y casa del
Cacique y señor Careta, donde le esperaba Juan Alonso, y creyendo el
Cacique, que teniendo á Juan Alonso por su criado, y en su casa, y
habiéndole hecho las obras de suso dichas, estaba seguro de rescibir
de cristianos agravios ó daños, no quiso huir ó resistille, sino
esperalle y rescibille en su casa; Vasco Nuñez, empero, no como quien
venia á tierra y señorío ageno, ni á casa de señor y debajo de cuya
jurisdiccion, segun ley natural estaba, y á quien hacer reverencia por
la misma ley é razon natural era obligado, sino como si viniera á su
propia casa y á tomar cuenta á su criado y esclavo, con rostro feroz
y mandando dice al Cacique que haga aparejar comida y bastimentos
para los cristianos, conviene á saber, para llevar al Darien, y para
los que allí venian; responde Careta, que las veces que por su casa
cristianos habian pasado, les habia mandado dar de los bastimentos que
tenia liberalmente, y que al presente no tenia que dalles, mayormente
que, por tener como tenia guerra con otro señor, su vecino, llamado
Ponca, su gente no habia tenido lugar de sembrar, y así estaba gastado,
y padecia su casa y tierra necesidad. Dada esta respuesta, dice Juan
Alonso á Vasco Nuñez, que finja quererse luégo tornar con su gente al
Darien y vuelva aquella noche á dar en ellos desque estén durmiendo,
descuidados, y que él trabajará de mirar por el Cacique para que
de sus manos y prision no se escapase. Hízolo así Vasco Nuñez, y
tórnase con su gente por el camino donde habia venido, del Darien,
muy disimulado; el triste Cacique y su gente, siempre confiando estar
seguro por la fidelidad que estimaba tenerle y deberle Juan Alonso,
y por consiguiente todos los españoles, por las obras buenas dél
rescibidas, en especial teniéndolo en su servicio y casa, creyó ser
verdad y sin engaño la maldad que se le coloraba, por lo cual, no
sospechando mal alguno, echóse á dormir como de ántes, descuidado.
Vuelve á media noche Vasco Nuñez con los suyos, y dá en el pueblo por
tres partes, dando grita, llamando á Santiago que en tan buena obra
les ayudase; cuando la gente con su señor á huir acordaron, estaban ya
muchos dellos desjarretados y otros desbarrigados con las espadas; el
traidor de Juan Alonso, tuvo tino de mirar por el Cacique, y échale
mano abrazándose con él y llamando que viniesen á le ayudar, porque
allí estaba, acudieron á las voces aquellos bienaventurados, y hállanle
con el Cacique abrazado. Por esta órden fué preso Careta, en premio de
las buenas obras que habia hecho á los cristianos; prendieron tambien
dos mujeres suyas, y hijos, y otras muchas personas, y mandólos á todos
llevar al Darien, robado todo lo que pudieron hallar en su pueblo y
casa, y por esta manera cargó los bergantines de bastimento, y tórnase
al Darien esta grande hazaña hecha. Bien es aquí de considerar,
cuán casi semejante fué aquesta traicion de Juan Alonso, cometida
contra este cacique Careta, su señor, cuyo oficio de Capitan habia
usado, y viviendo en su casa, y de quien se fiaba y á quien tanto
agradescimiento él debia por no lo matar, como pudiera, de la de
Judas, ó al ménos, traicion y maldad fué con muchas circunstancias
muy calificada; deste caso abominable, y salida del Darien para robar
é inquietar aquellas gentes, hace mencion en su segunda Década, cap.
3.º, Pedro Mártir, en mucha parte, y la traicion de Juan Alonso, de la
manera que está certificada, escribió Tobilla en su Historia, que llamó
Barbárica; Pedro Mártir, dice así: _Duce Vascho Nuñez circiter centum
triginta viri conveniunt; Vascus aciem suam more gladiatorio instruit.
Folle tumidior præstites subtitesque sibi ac tergi ductores ad libitum
eligit: Comitem et collegam ducit secum Colmenarem. Exit rapturus a
finitimis regulis quicquid fiet obvium, regionem per id littus nomine
Coibam, de qua mentionem alias fecimus, adit. Caretam, ejus regulum, a
quo nihil unquam adversi passi fuerant, transeuntes appellat, imperiose
trucique vultu petit præberi advenientibus cibaria. Careta, regulus,
posse illis quicquam inpartiri negat, se transeuntibus christianis
succurrisse sepe numero unde penu habeat exaustum arguit, ex dissidiis
præterea et simultatibus quas exercuit ab ineunte sua ætate cum
finitimo regulo, qui Poncha dicitur, laborare domum suam rerum penuria.
Nihil horum admittit Vascus gladiator miserum Caretam; spoliato ejus
vico, vinctum jubet duci ad Darienem cum duabus uxoribus et filiis
universaque familia. Apud Caretam regulum repererunt tres ex socijs
Nicuescæ, qui, Nicuesa pretereunte, judicium ex malefactis timentes,
aufugerant e navibus in anchoris stantibus, classe vero abeunte Careiæ
regulo se crediderunt; Careta hos tractavit amicissime. Agebatur
jam mensis duodevigessimus, propterea et nudos reperere penitus uti
reliquos incolas, et saginatos uti capones manu fæminea domi depastos,
in ob caro obsonia dapesque regias fuisse sibi illo tempore incolarum
cibaria visa sunt. Ex Caretæ vico ad presentem famem propulsamdam,
non autem ad necessitatem penitus tollendam, cibaria detulerunt ad
socios in Dariene relictos_, etc. Esto es lo que dice Pedro Mártir;
de la traicion de Juan Alonso no dice nada, porque tenia vergüenza
y confusion, el que aquesta salida de Vasco Nuñez y obra refirió,
declarársela, pero pónela Tobilla donde arriba fué declarado. Con la
comida y despojos que á Careta y su pueblo robó Vasco Nuñez, vuelto
al Darien, Careta debia de sentir mucho su captiverio y destierro de
su casa, y tierra, mujeres, y familia; rogóle que no le hiciese tanto
mal, pues no se lo habia merecido, y que él le prometia de hacer
cuanto pudiese por dalle bastimento para los cristianos, y siempre ser
su amigo, en señal de lo cual le daba una de sus hijas por mujer, la
cual era muy hermosa, y que para que su gente tuviese lugar de hacer
labranzas y sementeras para le proveer, que le ayudase contra el señor
y cacique Ponca, que era su enemigo. Aceptó Vasco Nuñez la dádiva y las
promesas, y holgóse mucho con la hija, la cual tuvo por manceba, puesto
que Careta no entendió dársela sino por mujer, como se acostumbraba
entre ellos. Esta quiso y amó Vasco Nuñez mucho, y fué parte de causa
por donde al cabo se le rodeó al triste, como parecerá, la muerte; sin
culpa, empero, del padre Careta y della, sino por los grandes pecados y
tiranías dél que habia el juicio de Dios comprendelle algun dia. Esta
confederacion y amistad de este modo así asentada, suelta Vasco Nuñez á
Careta, y promete que, desde á ciertos dias, será con él; puesto que no
soy cierto si Vasco Nuñez quiso que fuese delante Careta, ó si fueron
juntos, mas que ambos cumplieron sus promesas.
CAPÍTULO XLI.