UN LIBRO DE RAMÓN Y CAJAL

El doctor Ramón y Cajal ha publicado la tercera edición de su libro

_Reglas y consejos sobre investigación biológica_; aparece esta

reimpresión considerablemente aumentada. Hay libros que tienen un

clamoroso, pero fugacísimo éxito. Hay otros cuyo éxito parece como

clandestino, como _subterráneo_; ni la prensa ni el gran público

hablan apasionadamente de ellos; mas poco á poco se van vendiendo; un

círculo reducido de estudiosos los comenta; en trabajos de revista y en

conferencias y en _explicaciones_ de cátedras se va viendo lentamente

un reflejo, una influencia de esos libros; otros libros, en fin, nacen

engendrados por ellos; y en definitiva, tal volumen que no obtuvo éxito

ruidoso, que no entusiasmó á la gente que se halla en los aledaños

de la intelectualidad, ni llegó á noticia de los parlamentarios; tal

volumen, repetimos, ha sido fundamental en la ideología de un país--en

determinado momento--y ha constituído uno de los factores de su

evolución social ó literaria. De esta clase de libros es el citado del

doctor Cajal. Prueba de ello nos la ofrece la extensión que por España

y singularmente por los pueblos americanos van teniendo sus repetidas

ediciones, y las exhortaciones que, agotados los ejemplares, se hacen

de todas partes para que se le reimprima.

El libro de nuestro gran sabio no es, como pudiera creerse, un libro

de técnica, de técnica relacionada con las investigaciones que á

Cajal le han dado renombre universal. Se trata, sí, de un conjunto

de observaciones y consejos dictados por la experiencia que pueden

ser útiles, no sólo al investigador biólogo, sino á toda clase de

estudiosos y científicos. Nada más lejos--aparentemente, al menos--de

la biología que la crítica literaria; sin embargo, pocos laboradores

podrán sacar tanto provecho de estas reglas y normas que dicta--sin

dogmatismo alguno--nuestro sabio, como los críticos literarios y los

historiadores de las letras. Imaginad, para formar idea de este libro,

algo así como _El criterio_, de Balmes, hecho por un verdadero hombre

de ciencia y en el cual se hayan aprovechado todas las aportaciones

del saber--y del _sentir_--moderno, á más de la rica experiencia de

uno de los cerebros contemporáneos más poderosos. En igual sentido

que Cajal, pero con un designio menos científico, menos limitado á un

solo objetivo, ha escrito el agudo é independiente pedagogo uruguayo

Carlos Vaz Ferreira, y su libro _Lógica viva_ puede ser recomendado,

sin reservas, efusivamente, al igual que el de nuestro sabio, á cuantos

deseen un _directorio espiritual_ á la moderna.

Sobre las _Reglas y consejos_, de Cajal, habría mucho que hablar; nos

limitaremos á hacer algunas indicaciones; señalaremos, acá y allá,

algunos pasajes del libro, que son á manera de jalones en el espíritu

del autor. Ante todo, hemos de hacer constar el placer que causa el

ver á un hombre que por sus trabajos parecería ajeno al arte de la

prosa, escribiendo en un estilo verdaderamente literario, un estilo

claro, preciso, limpio, ameno, insinuante. Cajal hace honor, con la

pluma en la mano, á esa gran estirpe de prosistas aragoneses de donde

han salido los Argensola, Palafox, Gracián, Mor de Fuentes, Costa,

etc. Abriendo al azar el libro, y sin propósito de hacer una crítica

sistemática, nos encontramos con observaciones, atisbos, intuiciones

de una profunda clarividencia y de una grande y noble libertad de

espíritu. Por ejemplo, en las páginas 69 y 70 vemos el paralelo rápido

que el autor hace entre el héroe y el sabio. Después de hablarnos de

este último, Cajal escribe: «Por el contrario, el héroe sacrifica á

su prestigio una parte más ó menos considerable de la humanidad; su

estatua se alza siempre sobre un pedestal de ruinas y de cadáveres;

su triunfo es exclusivamente celebrado por una tribu, por un partido

ó por una nación, y deja tras sí en el pueblo vencido, y á menudo en

la historia, reguero de odios y de sangrientas reivindicaciones.» Al

hablar así, Ramón y Cajal se coloca plenamente dentro de la tradición

española; de una tradición creada por un núcleo--renovado á través del

tiempo--de pensadores y artistas literarios. En 1859 Campoamor decía

en su poema _Colón_, parte V, estrofa XXIV: «Toda fama es un crimen si

es sangrienta--ó la gloria no es gloria ó es incruenta». En el siglo

XVIII Feijóo compara á los héroes con los malhechores en su discurso

_La ambición en el solio_, y escribe: «No es paridad, sino identidad

la que propongo; porque verdaderamente esos grandes héroes que celebra

con sus clarines la fama, nada más fueron que unos malhechores de alta

guía. Si yo me pusiese á escribir un catálogo de los ladrones famosos

que hubo en el mundo, en primer lugar pondría á Alejandro Magno y á

Julio César». Cien años antes, en el siglo XVII, Quevedo escribía en

su _Marco Bruto_: «En el mundo los delitos pequeños se castigan y los

grandes se coronan, y sólo es delincuente el que puede ser castigado; y

el facineroso que no puede ser castigado es señor».

En la página 30 y en la 54 Cajal se rebela contra la superstición

de lo sancionado y consagrado. Regla fundamental es ésta. Ni un

biólogo, ni un historiador, ni un crítico literario podrán aportar

nada nuevo á la ciencia y al arte si no están dotados de un espíritu

independiente. Y la base de esa independencia será la revisión

minuciosa de lo ya sancionado. No es que se trate de destruirlo todo

absurda y estúpidamente. No; se trata de ir á ver _personalmente_, con

escrupulosidad, si lo que se dice de tal ó cual valor científico, ó

literario es exacto; se trata de ir á verificar un juicio formulado

por las generaciones pasadas ó por grandes autoridades, con el fin de

comprobar si ese juicio, si esa sanción se ajusta ó no á la realidad.

Cajal cita diversos casos á él ocurridos en los comienzos de sus

investigaciones. No podría caminar la humanidad, ni evolucionarían la

ciencia y el arte, sin ese espíritu de rebeldía, de insumisión, de no

conformidad, que es el más hondo propulsor del progreso.

Páginas de fina intuición también las dedicadas al _por qué de los

fenómenos_. ¿Llegaremos alguna vez á desentrañar el secreto de la vida

y del pensamiento? Hoy nuestros sentidos--dice el autor--son de «una

gran penuria analítica»; algún día acaso alcancemos una agudización

de los registros óptico y acústico que nos permita escudriñar ese

misterio; acaso el cerebro humano llegue á una sensibilización de

que no podemos formarnos hoy idea. Relacione el lector estas páginas

en que nuestro Cajal habla de los sentidos y de la realidad objetiva

con otras páginas análogas de Montaigne. Al cabo de cuatro siglos,

es curioso observar cómo un gran sabio se nos muestra embargado con

la misma preocupación que embargara á un espíritu fino y libre del

siglo XVI. ¿Cuál es la verdadera realidad?--se preguntaba Montaigne--.

¿No hay más que lo que nos _dicen_ los sentidos? ¿Y si tuviéramos

un sentido más, ó dos, ó tres más? «Hemos formado una verdad por la

consultación y concurrencia de nuestros cinco sentidos; pero acaso era

necesario el acuerdo y cooperación de ocho ó de diez sentidos para

percibir la realidad exactamente y en su esencia.» _Certainement et en

son essence_--así escribe Montaigne en el célebre capítulo XII, del

libro II, de los _Ensayos_. ¿Alcanzaremos algún día esa exactitud y esa

esencia?--pregunta ahora nuestro Cajal. Si para ello se necesitaran

más sentidos y no los tenemos, ¿llegará á hiperestesiarse el cerebro

humano--á través de los siglos--en grado tal que supla esa falta?

Nos vemos precisados á terminar; la última parte del libro de Cajal

está consagrada al «problema» de España. Se expone en ella las

distintas teorías que sobre la decadencia española se han formulado

desde hace más de tres siglos: teorías _materialistas_ unas; teorías

_espiritualistas_ otras. Materialistas, por ejemplo, Saavedra Fajardo,

Gracián, Macías Picavea, etc., que ven nuestra postración en causas

materiales (guerras, abandono de los campos, falta de fomento en

la Marina, etc.); espiritualistas, los que consideran--como Larra,

como Cadalso--que nuestro abatimiento proviene de no habernos

incorporado, en la época del Renacimiento, al movimiento de renovación

intelectual--y emocional--de Europa. Á decir verdad, las dos teorías

capitales suelen ir mezcladas y entreveradas, como en Joaquín Costa,

y á la educación, al trabajo de rehacer el espíritu, sobre bases

científicas, fían la mayoría de los palingenistas el remedio. Esa es

la actitud--no podría ser otra--del doctor Ramón y Cajal, y por eso

su libro, en que tan bellas páginas hay, es un patriótico y alentador

libro.

Los valores literarios · 第 16 / 90 题