UN LIBRO DE FRAY CANDIL

Emilio Bobadilla, nuestro querido y admirado crítico, acaba de publicar

un libro sobre ciudades y paisajes españoles. _Viajando por España_ se

titula el libro flamante de Bobadilla. Tiene este escritor--lo saben

los aficionados á las letras--una fina, extensa y variada cultura;

conoce escrupulosamente el movimiento filosófico y literario de Europa;

escribe en un estilo limpio, claro, preciso, nervioso. Bobadilla nos

habla en su libro--después de algunas páginas dedicadas á paisajes de

los Pirineos--de las viejas y gloriosas ciudades que se llaman Burgos,

Valladolid, Salamanca, Toledo. Hermosas son las descripciones que el

autor traza de panoramas urbanos y agrestes; no tienen menos interés

las reflexiones--más bien breves estudios--que entre paisaje y paisaje

intercala Bobadilla. Se habla aquí, por ejemplo, de nuestra poesía

medioeval, la lírica y la heroica; del descubrimiento de América; de

la vida estudiantil en el siglo XVI; de Miguel de Cervantes y de sus

dolorosas andanzas.

El estudio más largo y substancioso de todos éstos es el dedicado á

la conquista de América. El tema reviste un interés supremo para los

españoles; fuera de España se escribe también abundantemente en estos

últimos años. La conquista de América ha sido diversamente juzgada á lo

largo de nuestra historia posterior á ella. Sucesos son ésos en que se

han fundamentado y se siguen fundamentando los juicios que de España

se hacen respecto á su actuación en el pasado: un pasado de cuatro

siglos. Un hombre generoso y ardiente--Bartolomé de las Casas--es quien

primero da argumentos copiosísimos á cuantos nos reprochan determinados

procedimientos de colonización. Codicia, violencia, rapacidad,

crueldad: en estas palabras sintetizan sus acusaciones los que se

apoyan en Las Casas. Pero ¿qué es lo que hay de cierto en el libro

famoso de aquel hombre caritativo? ¿En qué cantidad se halla en él la

verdad y en qué la hipérbole?

Son numerosas las rectificaciones que se han hecho á Las Casas;

reputamos por una de las principales la publicada en el siglo XVIII

por el clérigo catalán don Juan Nuix. Tradujo esta obra, y la publicó

en 1782, un ministro del rey: don Pedro Varela y Ulloa. Alegamos la

alta calidad del traductor para que se conceda todo su valor á ciertas

frases del prólogo que él pone á su traducción, y en que se dice

que «aunque el fin del autor es defender á los conquistadores de la

América en común, _no por eso pretende disculparlos del todo_». Bastan

estas palabras para que la cuestión quede colocada en sus verdaderos

términos. En este largo y tenaz pleito de nuestra conquista americana;

en la luenga porfía entre apologistas y detractores, se va haciendo un

resquicio por el que surge la verdad. Entre la muchedumbre de libros

producidos á propósito de este tema, lo que, á nuestro entender,

quedará como expresión de serenidad y equilibrio será el _Diálogo entre

Guatimocin y Hernán Cortés_, trazado por don Francisco Pí y Margall.

Pero si existe en el problema de la conquista de América este aspecto

universal, que interesa tanto en nuestro país como fuera de él, existe

también otro aspecto puramente, exclusivamente nacional: el que atañe

á lo que influyó en la marcha de España el descubrimiento del Nuevo

Mundo. Ángel Ganivet ha indicado en el _Idearium español_ una teoría

que merece ser meditada. Para Ganivet los Reyes Católicos emprendieron

la formación de España, de la nacionalidad española, sobre tres bases:

una, la _política_; otra, la _intelectual_; otra, la _material_. En la

primera estaba comprendida el saneamiento de las costumbres, corrección

de corruptelas administrativas, cauterización de abusos, escándalos,

irregularidades, latrocinios, etc., etc. La segunda abarcaba el fomento

de la instrucción pública, creación de centros de enseñanza, protección

á los estudios, aliento á literatos y publicistas, etc., etc. Y la

tercera, la material, iba encaminada á la creación de una industria

y de un comercio prósperos, al robustecimiento de la agricultura,

construcción de caminos, alumbramiento de aguas, trazado de canales,

etc., etc. Prescindamos--dicho sea de pasada--de exagerar un tantico

una fórmula determinada, un determinado propósito; al escribir

trabajos de historia, fácilmente se incurre en este error de ampliar y

sistematizar en siglos pasados, en hombres de otras épocas, planes y

designios que acaso no fueron mas que ideas embrionarias é inconexas.

Pero, en fin, hay mucho de exacto en lo que escribe Ganivet. Ahora

prosigamos.

Las dos primeras acciones--la política y la intelectual--comenzaron á

realizarlas Fernando é Isabel con gran brío y eficacia. Se pueden citar

numerosos hechos que lo demuestran. En cuanto á la tercera acción--la

atañadera al fomento de la riqueza--, se disponían á emprenderla cuando

se interpuso el descubrimiento de América. Ese hecho magno torció

el curso de nuestra historia. América refulgió espléndidamente á lo

lejos con resplandores de oro. «Y dejando las prosaicas herramientas

del trabajo--escribe Ganivet--, allá partieron cuantos pudieron en

busca de la independencia personal, representada por el _Oro_; no por

el oro ganado en la industria ó el comercio, sino por el oro puro,

en pepitas.» Á partir de ese éxodo alucinante de millares y millares

de españoles--lo mejor de la nación--, la decadencia de España se

inicia. Nótese que el esplendor verdadero, robusto, no ha tenido

ocasión de comenzar; los Reyes Católicos apenas han puesto las primeras

piedras del nuevo y soñado edificio. Pero va á comenzar un período de

esplendor, de apogeo, de vitalidad nacional, completamente ficticio,

artificial, morboso.

Tan exacto es esto, tan cierta es en el fondo la teoría de Ganivet,

que no podremos hallar otra más lógica y racional. En ella vienen

á parar implícita ú ostensiblemente cuantos reflexionan sobre el

desenvolvimiento de España desde el siglo XVI hasta la fecha. No de

otro modo que Ganivet piensa Jovellanos en su _Informe sobre la ley

agraria_. Para el gran pensador, el esplendor de España, ocasionado por

las conquistas de América y por las guerras europeas, «pasó como un

relámpago.» «Todo creció entonces--añade--si no la agricultura». «Las

artes, la industria, el comercio, la navegación recibieron el mayor

impulso; pero mientras la población y la opulencia de las ciudades

subía como la espuma--dice también Jovellanos--, _la deserción de los

campos y su débil cultivo descubrían el frágil y deleznable cimiento de

tanta gloria_.»

Sí; el esplendor, la vitalidad, la solidez de un país no pueden ser

resultado más que del trabajo y de la ciencia. _Ciencia y trabajo_: he

ahí en dos palabras, para los nuevos españoles, todo un programa.

* * * * *

Fray Candil da en su libro una serie de visiones intensas y precisas

de viejas ciudades españolas. Toledo, Salamanca, Burgos pasan ante la

vista del lector evocadas en un estilo limpio, diáfano, nervioso,

preciso. No es un sentimental Emilio Bobadilla, ni, por el contrario,

tiene parentesco alguno con los secos eruditos catalogadores. Culto,

erudito, la cultura y la erudición son en el ilustre crítico un medio.

Lo importante para este artista--como para todos los artistas--es

la esencia de las cosas. Á ella llega Fray Candil en esas páginas

luminosas.

Á Bobadilla debe la moderna cultura literaria española muchas de

las ideas que hoy, entre los jóvenes, andan en circulación. Su obra

crítica es paralela á la de Leopoldo Alas. Se podría hacer (y habrá

de hacerse) un catálogo de las ideas nuevas que la generación actual

debe á Clarín y á Fray Candil. Los dos han contribuído poderosamente á

renovar la sensibilidad artística española. Han enseñado á pensar...

y á sentir. Todavía Alas se sentía coartado por el compañerismo que

le unía á los escritores de la generación anterior; muchos de sus

juicios--hiperbólicos--nos desplacen hoy (por ejemplo, hablando de

Balart, de M. Pelayo, de Núñez de Arce, etc.); desearíamos un poco más

de _crítica_, de _examen_.

Bobadilla, venido de fuera, más libre de toda solidaridad sentimental,

ha podido ser más sincero. Otro factor: su culto por la ciencia, su

entusiasmo por la experimentación ha hecho que en su espíritu chocaran,

más que en el de Alas, la enorme incoherencia, la formidable falta

de lógica, la terrible superficialidad--hablamos en general--de la

literatura producida por sus contemporáneos. Verbalismo, hipérboles,

falso lirismo, prejuicios sentimentales, efectismos ilícitos, ausencia

de cultura, mal gusto, chocarrería tradicional... todo esto ha sido

combatido, ridiculizado, escarnecido por Bobadilla. Viajero incansable

por Europa, curioso de todas las literaturas, Fray Candil ha sido uno

de los obradores primeros del actual contacto con el pensamiento de

fuera...

No son estas líneas mas que sumarias indicaciones. El autor de ellas,

que tanto ha modelado su espíritu en la obra crítica de Bobadilla, se

complace en enviarle, desde estas páginas, la expresión de su sincero

reconocimiento.

Los valores literarios · 第 14 / 90 题