Donde se prosigue lo que prometió el primero.
Este tal Rico de Campazas, hermano del Gymnasiarca, se llamaba Anton
Zotes, familia arraygada en Cámpos, pero extendida por todo el mundo,
y tan fecundamente propagada, que no se hallará en todo el Reyno
Provincia, Ciudad, Villa, Aldéa, ni aun Alquería, donde no hiervan los
Zotes, como garbanzos en olla de potage. Era Anton Zotes, como ya se ha
dicho, un Labrador de una mediana passada; hombre de machorra, cecina,
y pan mediado los dias ordinarios, con cebolla ó puerro por postre;
baca y chorizo los dias de fiesta; su torrezno corriente por almuerzo y
cena, aunque esta tal vez era un salpicon de baca; despensa ó agua-pié
su bebida usual, ménos quando tenia en casa algun Frayle, especialmente
si era Prelado, Lector, ó algun gran supuesto en la Orden, que entónces
se sacaba á la mesa vino de Villamañan, ó del Páramo. El genio
bondadoso en la corteza, pero en el fondo un si es no es suspicaz,
envidioso, interessado, y cuentero: en fin legítimo _bonus vir de
Campis_. Su estatura mediana, pero fornido y repolludo; cabeza grande y
redonda, frente estrecha, ojos pequeños, desiguales, y algo taymados;
guedejas rabi-cortas, á la usanza del Páramo, y no consistoriales, como
las de los Sexmeros del Campo de Salamanca: pestorejo, se supone, á la
Geronymiana, rechoncho, colorado, y con pliegues. Este era el hombre
interior y exterior del Tio Anton Zotes, el qual, aunque havia llegado
hasta el banco de abaxo de Medianos con ánimo de ordenarse, porque
dicen que le venia una Capellanía de sangre, en muriendo un Tio suyo,
Arcipreste de Villaornate; pero al fin le puso pleyto una moza del
Lugar, y se vió precisado á ir por la Iglesia, mas no al Choro, ni al
Altar, sino al santo Matrimonio. El caso passó de esta manera.
2. Hallábase estudiando en Villagarcía, y ya Medianista, como se ha
dicho, á los veinte y cinco años de su edad. Llegaron _los quince
dias_, que assí se llaman las Vacaciones, que hay en la Semana Santa,
y en la de Pasqua, y fuése á su Lugar, como es uso y costumbre en
todos los Estudiantes de la redonda. El diablo, que no duerme, le
tentó á que se vistiesse de Penitente el Juéves Santo; y es, que como
el Estudiantico ya era un poco espigado, adulto, y barbicubierto,
miraba con buenos ojos á una mozuela vecina suya, desde que havian
andado juntos á la Escuela del Sacristan, y, para cortejarla mas, le
pareció cosa precisa salir de disciplinante; porque es de saber, que
este es uno de los cortejos, de que se pagan mas todas las mozas de
Cámpos, donde ya es observacion muy antigua, que las mas de las bodas
se fraguan el Juéves Santo, el dia de la Cruz de Mayo, y las tardes que
hay bayle, haviendo algunas tan devotas y tan compungidas, que se pagan
mas de la pelotilla y del ramal, que de la castañuela. Y á la verdad,
mirada la cosa con ojos serenos, y sin passion, un disciplinante con
su cucurucho de á cinco quartas, derecho, almidonado, y pyramidal; su
capillo á moco de pabo, con caída en punta hasta la mitad del pecho;
pues qué si tiene ojeras á pespunte, rasgadas con mucha gracia? con su
almilla blanca de lienzo casero, pero aplanchada, ajustada, y atacada,
hasta poner en prensa el pecho y el talle: dos grandes trozos de carne
momia, maciza, y elevada, que se assoman por las dos troneras rasgadas
en las espaldas, divididas entre sí por una tira de lienzo, que corre
de alto á baxo entre una y otra, que como están cortadas en figura
oval, á manera de quartos traseros de calzon, no parece sino que las
nalgas se han subido á las costillas, especialmente en los que son
rechochos y carnosos; sus enaguas, ó su faldon campanudo, pomposo, y
entre-plegado. Añádase á todo esto, que los disciplinantes macarenos
y majos suelen llevar sus zapatillas blancas, con cabos negros, se
entiende quando son disciplinantes de devocion, y no de Cofradía,
porque á estos no se les permiten zapatos, salvo á los Penitentes de
luz, que son los jubilados de la Orden. Considérese despues, que este
tal disciplinante, que vamos pintando, saca su pelotilla de cera,
salpicada de puntas de vidrio, y pendiente de una cuerda de cáñamo
empegada para mayor seguridad; que la mide hasta el codo con gravedad
y con mesura; que toma con la mano izquierda la punta del moco del
capillo; que apoya el codo derecho sobre el híjar del mismo lado (ménos
que sea zurdo nuestro disciplinante, porque entónces es cosa muy
necessaria advertir, que todas estas posturas se hacen al contrario);
que sin mover el codo, y jugando únicamente la mitad del brazo derecho,
comienza á sacudirse con la pelotilla ázia uno y otro lado, sabiendo
con cierta ciencia, que de esta manera ha de venir á dar en el punto
céntrico de las dos carnosidades espaldares, por reglas inconcusas
de Anatomía, que dexó escritas un Cirujano de Villamayor, mancebo,
y aprendiz que fué de otro de Villarramiel. Contémplese finalmente
como empieza á brotar la sangre, que en algunos, si no es en los mas,
parecen las dos espaldas dos manantiales de pez, que brotan leche de
empegar botas: como va salpicando las enaguas, se distribuye en canales
por el faldon, como le humedece, como le empapa, hasta entraparse
en los pernejones del pobre disciplinante. Y dígame con serenidad
el mas apassionado contra las glorias de Cámpos, si hay en el mundo
espectáculo mas galan, ni mas ayroso? si puede haver resistencia para
este hechizo, y si no tienen buen gusto las mozanconas, que se van tras
los Penitentes, como los muchachos tras los Gigantones y la Tarasca el
dia del Corpus?
3. No se le ocultaba al bellaco de Anton esta inclinacion de las mozas
de su Tierra, y assí salió de disciplinante el Juéves Santo, como ya
llevamos dicho. A la legua le conoció Catanla Rebollo (que este era el
nombre de la doncella su vecina, y su condiscípula de Escuela); porque,
ademas de que en toda la procession no havia otro caperuz tan chusco,
ni tan empinado, llevaba por contraseña una cinta negra, que ella misma
le havia dado al despedirse por San Lucas para ir á Villagarcía. No le
quitaba ojo en toda la procession; y él, que lo conocia muy bien, tenia
gran cuidado de cruzar de quando en quando los brazos, encorbar un poco
el cuerpo, y apretar las espaldas, para que exprimiessen la sangre,
haciendo de camino un par de arrumacos con el caperuz, que es uno de
los passos tiernos á que están mas atentas las donzellas casaderas; y
el patan que le supiere hacer con mayor gracia, tendrá mozas á escoger,
aunque por otra parte no sea el mayor jugador de la calva, ó del
morrillo, que hayga el Lugar. Al fin, como Anton se desangraba tanto,
llegó el caso de que uno de los Mayordomos de la Cruz, que gobernaba la
procession, le dixesse que se fuesse á curar. Catanla se fué tras él,
y como vecina se entró en su casa, donde ya estaba prevenido el vino
con romero, sal, y estopas, que es todo el aparato de estas curaciones.
Estrujáronle muy bien las espaldas, por si acaso havia quedado en ellas
algun vidrio de la pelotilla; laváronselas, aplicáronle la estopada,
vistióse, embozóse en su capa parda, y los demas se fueron á ver la
procession, ménos Catanla, que dixo estaba cansada, y se quedó á darle
conversacion. Lo que passó entre los dos no se sabe: solo consta de
los Anales de aquel tiempo, que, vuelto Anton á Villagarcía, comenzó á
correr un run run malicioso por el Lugar; que sus padres quisieron se
ordenasse á título de la Capellanía; que él, por debaxo de cuerda, hizo
que la moza le pusiesse impedimento; que al fin y postre se casaron; y
que, para que se vea el poco temor de Dios y la mucha malicia con que
havian corrido aquellas voces por el Pueblo, la buena de la Catanla no
parió hasta el tiempo legal y competente.