A las 3-1/2 de la mañana se tocó generala, y á las 4-1/2 estábamos
marchando: paramos á las 10-1/2, y á las 3 de la tarde proseguimos la
marcha hasta las 6 de la misma, en que fué preciso parar para reunir
las tropas, sin poder hacer mas camino que cinco leguas, á causa de ser
el terreno interrumpido de lomas, y ser forzoso poner muchas cuartas
para repecharlas, y fatigarse mucho en ello la boyada. En este punto
recibí chasqui del cacique Antenau, harto comedido, previniéndome iba
á salir al encuentro, al parage nombrado por los indios _Guapalo_, y
nosotros la Cabeza de la Cañada Larga: que traía 200 mocetones con el
fin de hacer algun comercio, y que le mandase algunos soldados, y entre
ellos á Leiva, vecino de la Guardia de Lujan, su antiguo amigo.
Este cacique, aunque al paso por aquel mismo lugar á las Salinas, me
hizo igual peticion, no se la otorgué; previniéndole, como ahora,
que saliese al camino y le recibiria. En efecto, intentó salir, y
se lo impidió un fuerte temporal que experimentamos: por lo que
me hizo espreso á la Laguna, quejándose de no haberle esperado, y
pidiéndome de nuevo le mandase à Leiva: lo que no le otorgué, así por
la distancia, como porque podia hacerme falta, atendida la escasez
de los lenguaraces, y por otras circunstancias que me retraian de
ello. Aquellos motivos, y las posteriores ocurrencias de la Laguna y
Lincon, le hicieron prorrumpir en amenazas, y armarse para atacarme
al paso. Con estos antecedentes tuve motivo de hacer un relato muy
circunstanciado al comisario, que era un indio ladino, chileno, muy
sagaz, y que, segun colegí, dominaba á Antenau.
Procuré en primer lugar mandarle unos chifles de vino que me mandó
pedir, y algunas otras cosas de supererogacion: pero me interesé mas
en agasajar al cristiano chileno; y entonces le reconvine, haciéndole
entender que, ademas de mis armas, venian para observar la conducta de
Antenau aquellos indios y caciques que me acompañaban, para tomar las
armas de todos sus indios, y últimar la tolderia de Antenau al primer
aviso. Ademas tenia en las fronteras mas de 2,000 españoles, esperando
mi aviso para entrar degollando, y acabar con Antenau, sus parientes
y parciales: pues ya habia yo dado parte de su disposicion, y sabia
que habia reunido en su tolderia la indiada del sur y la tenia armada;
pero que me importaba muy poco. Que así le digese, que viniese cuando
quisiese, que lo recibiria de amistad y sin armas como á los demas
caciques: pero que si venia armado, seria haciéndole fuego y tratando
de arruinarlo, sin que entretanto me moviera de aquel sitio hasta dejar
sus toldos destruidos y tambien sus haciendas.
Me aseguró que nada habia, y que aun cuando Antenau quisiese hacer uso
de lanzas, él se lo impediria, y estaba cierto que sin su conocimiento
no habia de emprender cosa alguna. Esta asercion comprueba bien el
ascendiente que los apóstatas tienen entre los indios y sus caciques.
Este debia tener tanto influjo como espresaba, así por su despejo
como por su conocimiento de todos los partidos de nuestra campaña, en
donde ha permanecido conchabado en varias estancias, hasta que diez
años há se casó en los toldos de Antenau. Partió, ofreciendo volver
al siguiente dia y cuando la expedicion estuviese mas inmediata á su
vecindad para llevarse á Leiva, que le franqueé con el fin de que
reconociese las fuerzas y cotejase las aserciones del enviado con la
disposicion de Antenau.
Ademas de los caciques seguian este dia la expedicion mas de
300 indios, á hacer las permutas y cambios de ganados, tegidos y
peleterias, cuya casualidad afirmó en parte las expresiones que de
su amistad dige al comisario de Antenau; que se despidió al parecer
contento y empeñoso de hacer real y efectiva su oferta de tranquilidad.
Se me dió parte de haberse roto dos carretas; mandé hacer alto, lo
que se ejecutó despues de haber repasado el paralelo de la Sierra de
Guaminí. El dia ha sido de mucho viento por el sud-sud-oeste fresco.
Segun los partes no hay novedad de indios que presente cuidado, pero
como lo ofrece el indio Antenau, mandé que ocurriesen todos los
maestros carpinteros para acelerar la compostura de las carretas rotas,
à fin de que se reuniesen á sus respectivas filas: y ejecutado esto, se
pasó la noche en vigilancia, hasta el siguiente dia.