21, MIERCOLES.

En este dia se empeñaron con todo esfuerzo à cargar de sal los dueños

y capataces de tropas y dueños de carretas; y se ha logrado que la

tropa descance algun tanto. Como á las 11 de él, llegò el cacique

Oaquin, cuidadoso de nuestra expedicion, por haber entendido que los

indios Ranqueles nos incomodaban, y con el objeto de proporcionarnos

auxilio de sus gentes, como parcial amigo del cacique Quinteleu y

deudo suyo: y à quien le mereciamos la fineza de haber interceptado

varios robos de caballos, que de la expedicion llevaban otros indios;

pidiendo ademas circunstanciadas noticias de los otros robos, por si

convenia perseguir à los delincuentes. Este indio, cuyo caràcter es

moderado, sobrio y juicioso, se halló en la capital el dia del ataque

del general Whitelocke, y formó por él un concepto el mas alto de

los españoles, por su fuerza y valor. Tuvo la proligidad de recorrer

las calles y plazas donde aun existian los cadàveres ingleses, y vió

luego el acopio que de ellos se hizo para su entierro en distintos

puntos de la ciudad. Como los cadàveres españoles fueron recogidos

inmediatamente à las iglesias y conventos, creció mas su espanto, y

dió mèrito á que fuese exagerando à los demas caciques, el valor y

fuerza de los españoles, llegando su ponderacion hasta asegurar que

en una sola cuadra ó manzana de 150 varas habia contado mas de 1,000

muertos; estrechando en consecuencia de este hecho à todos los demas

indios á que se apresurasen á hacer paces con los españoles, porque

seguramente acabarian con toda la indiada, si en contra de ella tomaban

las armas: y fué su asercion motivo para que todos viniesen á ofrecerse

al gobierno con sus gentes para atacar á los _colorados_, que es como

distinguen á los ingleses.

Interesa tanto esta noticia en boca de un indio, cuanto él es respetado

de valiente entre los suyos, y de gran destreza, como que posee el uso

de las armas de fuego, que le he visto hacer con arma suya propia;

y si, como es presumible, se propaga entre los demas indios, ya por

este conducto, ya por el de los muchos desertores que se hallan entre

ellos, podràn bien presto, á favor de su muchedumbre, oponernos una

fuerza terrible. Su anhelo por las armas de fuego es muy vivo: poseen

las blancas y de todo género por el abuso de venderlas libremente

nuestros traficantes. Por una espada ò sable no repara en precios el

indio, y la codicia hace olvidar al mercader lo que se debe à sì mismo

y à la humanidad, infringiendo las leyes sin reboso, todas cuantas

veces pueden. Llegarà tiempo, si castigos escarmentadores no evitan

estos tratos, en que lloremos sin remedio la ruina que nos preparan

las partidas que entran á las guardias y à la capital, y se arman

incesantemente por medio de este comercio vicioso y ratero.

Se hace, pues, muy forzoso que se cele con la mejor vigilancia el

nùmero de armas, de caballos y demas especies que introducen y extraen

las partidas de indios, como se practica en el reino de Chile. De

cuchillos, dagas y toda suerte de arma corta, se proveen con la misma

franqueza que los españoles: ademas, los indios Araucanos fabrican

machetes y moharras de lanza con bastante perfeccion, cuyos nombres

conservan en sus idiomas; con la distincion de haber corrompido el de

machete en _machito_; y es comun este nombre al sable y á la espada.

Nunca lo tercian al lado izquierdo, y aunque llevan cinturones: se lo

afianzan de frente ó por delante atravesado. Cuando se presentan en

accion de guerra, le llevan colgando à la muñeca, en la mano con que

juegan la lanza, para usar de èl en falta de esta, ó cuando convenga.

Al ponerse el sol, llamè á todos los capataces y dueños de tropas,

para prevenirles del último término que se les concediò para acabar

de cargar, en atencion de haber transcursado el primero. En efecto,

tenièndolos presentes, les dije: que con demasiado dolor veia que

se hallaban dentro de la laguna muchas carretas sin cargar, y no

pocas sin haber entrado á ella; que tuviesen entendido, que esto no

me embarazaria la marcha, porque primero las haria volver vacias,

que esperar mas tiempo, ni dejarlas abandonadas. Que asi por la

creciente de la laguna, como por la incomodidad de los indios, habia

disimulado el retardo; pero, que faltando estos motivos, era estraño el

desperdicio del tiempo que en algunas tropas se notaba, cuando otras

habian ya cargado, y estaban à punto de caminar, porque habian cargado

lo ordinario y no excesivamente, hasta hacerse pedazos las carretas,

como ya habia sucedido con tres: pues siendo el cargamento de 16 à

18 fanegas, cuando mas, habia quien las pusiese à 25 y 30. Que de

esto resultaba el mayor atraso; porque sin duda, ò no sabian calcular

la carga, ó los dominaba una codicia imprudente: pues contando cada

fanega de 13 arrobas de peso en sal seca, en sal mojada excedia de 250

arrobas; y echarle un tércio mas, era un despropósito intolerable que

yo no podia permitir.

Ultimamente, les manifesté que les concedia el dia de mañana, 23,

para acabar de cargar, con el fin de egecutar la salida el 24, segun

lo tenia expuesto al superior gobierno. Ademas, debia hacerles

presente, que los indios no se habian ausentado à sus toldederias,

y los teniamos de observacion à corta distancia en los inmediatos

médanos, desconfiados de nuestra demora: persuadidos por ella que

tratabamos de hacer poblacion, como les habia insinuado el cacique

Lincon y algunos de nuestros lenguaraces ocultos; y todos eran motivos

que me estrechaban á no dilatar mas nuestra marcha, y á precaver de

los riesgos á la expedicion de mi mando, cuyos víveres se agotan, y

nos esponiamos á una total escasez en un viage penoso con carretas

recargadas.

Algunos troperos de considerable nùmero de carretas, me expusieron

ó representaron su imposibilidad, por habèrseles enfermado muchos

peones, à causa del alto del agua, y fortaleza de esta, que les habia

causado muchas llagas y terribles acrimónias à la vista: por lo cual

les seria imposible salir cargados en el dia de mañana, pero que

cumplirian con la órden. En vista de esta respuesta y allanamiento,

persuadido de que se esforzarian, mandé que se retiràran, con ànimo

de diferir un dia ó dos mas, si fuese necesario, y de estrechar à los

indios amigos, á que auxiliasen la carga, gratificàndolos, por medio

del cacique Quinteleu, como me lo ofreciò.

Una de las ventajas mas considerables que pueden lograr las tropas

de carretas, será cargar, de un almacen que se forme, la sal que

les corresponda: por el ahorro del tiempo, por la seguridad de sus

carruages, por el menos peso en la sal seca, y por el retorno pronto:

sobre lo cual expondré separadamente lo que convenga, para el caso de

verificarse la necesaria poblacion en este destino.

Diario de un viage a Salinas Grandes, en los campos del sud de Buenos Aires · 第 38 / 69 题