En este dia se empeñaron con todo esfuerzo à cargar de sal los dueños
y capataces de tropas y dueños de carretas; y se ha logrado que la
tropa descance algun tanto. Como á las 11 de él, llegò el cacique
Oaquin, cuidadoso de nuestra expedicion, por haber entendido que los
indios Ranqueles nos incomodaban, y con el objeto de proporcionarnos
auxilio de sus gentes, como parcial amigo del cacique Quinteleu y
deudo suyo: y à quien le mereciamos la fineza de haber interceptado
varios robos de caballos, que de la expedicion llevaban otros indios;
pidiendo ademas circunstanciadas noticias de los otros robos, por si
convenia perseguir à los delincuentes. Este indio, cuyo caràcter es
moderado, sobrio y juicioso, se halló en la capital el dia del ataque
del general Whitelocke, y formó por él un concepto el mas alto de
los españoles, por su fuerza y valor. Tuvo la proligidad de recorrer
las calles y plazas donde aun existian los cadàveres ingleses, y vió
luego el acopio que de ellos se hizo para su entierro en distintos
puntos de la ciudad. Como los cadàveres españoles fueron recogidos
inmediatamente à las iglesias y conventos, creció mas su espanto, y
dió mèrito á que fuese exagerando à los demas caciques, el valor y
fuerza de los españoles, llegando su ponderacion hasta asegurar que
en una sola cuadra ó manzana de 150 varas habia contado mas de 1,000
muertos; estrechando en consecuencia de este hecho à todos los demas
indios á que se apresurasen á hacer paces con los españoles, porque
seguramente acabarian con toda la indiada, si en contra de ella tomaban
las armas: y fué su asercion motivo para que todos viniesen á ofrecerse
al gobierno con sus gentes para atacar á los _colorados_, que es como
distinguen á los ingleses.
Interesa tanto esta noticia en boca de un indio, cuanto él es respetado
de valiente entre los suyos, y de gran destreza, como que posee el uso
de las armas de fuego, que le he visto hacer con arma suya propia;
y si, como es presumible, se propaga entre los demas indios, ya por
este conducto, ya por el de los muchos desertores que se hallan entre
ellos, podràn bien presto, á favor de su muchedumbre, oponernos una
fuerza terrible. Su anhelo por las armas de fuego es muy vivo: poseen
las blancas y de todo género por el abuso de venderlas libremente
nuestros traficantes. Por una espada ò sable no repara en precios el
indio, y la codicia hace olvidar al mercader lo que se debe à sì mismo
y à la humanidad, infringiendo las leyes sin reboso, todas cuantas
veces pueden. Llegarà tiempo, si castigos escarmentadores no evitan
estos tratos, en que lloremos sin remedio la ruina que nos preparan
las partidas que entran á las guardias y à la capital, y se arman
incesantemente por medio de este comercio vicioso y ratero.
Se hace, pues, muy forzoso que se cele con la mejor vigilancia el
nùmero de armas, de caballos y demas especies que introducen y extraen
las partidas de indios, como se practica en el reino de Chile. De
cuchillos, dagas y toda suerte de arma corta, se proveen con la misma
franqueza que los españoles: ademas, los indios Araucanos fabrican
machetes y moharras de lanza con bastante perfeccion, cuyos nombres
conservan en sus idiomas; con la distincion de haber corrompido el de
machete en _machito_; y es comun este nombre al sable y á la espada.
Nunca lo tercian al lado izquierdo, y aunque llevan cinturones: se lo
afianzan de frente ó por delante atravesado. Cuando se presentan en
accion de guerra, le llevan colgando à la muñeca, en la mano con que
juegan la lanza, para usar de èl en falta de esta, ó cuando convenga.
Al ponerse el sol, llamè á todos los capataces y dueños de tropas,
para prevenirles del último término que se les concediò para acabar
de cargar, en atencion de haber transcursado el primero. En efecto,
tenièndolos presentes, les dije: que con demasiado dolor veia que
se hallaban dentro de la laguna muchas carretas sin cargar, y no
pocas sin haber entrado á ella; que tuviesen entendido, que esto no
me embarazaria la marcha, porque primero las haria volver vacias,
que esperar mas tiempo, ni dejarlas abandonadas. Que asi por la
creciente de la laguna, como por la incomodidad de los indios, habia
disimulado el retardo; pero, que faltando estos motivos, era estraño el
desperdicio del tiempo que en algunas tropas se notaba, cuando otras
habian ya cargado, y estaban à punto de caminar, porque habian cargado
lo ordinario y no excesivamente, hasta hacerse pedazos las carretas,
como ya habia sucedido con tres: pues siendo el cargamento de 16 à
18 fanegas, cuando mas, habia quien las pusiese à 25 y 30. Que de
esto resultaba el mayor atraso; porque sin duda, ò no sabian calcular
la carga, ó los dominaba una codicia imprudente: pues contando cada
fanega de 13 arrobas de peso en sal seca, en sal mojada excedia de 250
arrobas; y echarle un tércio mas, era un despropósito intolerable que
yo no podia permitir.
Ultimamente, les manifesté que les concedia el dia de mañana, 23,
para acabar de cargar, con el fin de egecutar la salida el 24, segun
lo tenia expuesto al superior gobierno. Ademas, debia hacerles
presente, que los indios no se habian ausentado à sus toldederias,
y los teniamos de observacion à corta distancia en los inmediatos
médanos, desconfiados de nuestra demora: persuadidos por ella que
tratabamos de hacer poblacion, como les habia insinuado el cacique
Lincon y algunos de nuestros lenguaraces ocultos; y todos eran motivos
que me estrechaban á no dilatar mas nuestra marcha, y á precaver de
los riesgos á la expedicion de mi mando, cuyos víveres se agotan, y
nos esponiamos á una total escasez en un viage penoso con carretas
recargadas.
Algunos troperos de considerable nùmero de carretas, me expusieron
ó representaron su imposibilidad, por habèrseles enfermado muchos
peones, à causa del alto del agua, y fortaleza de esta, que les habia
causado muchas llagas y terribles acrimónias à la vista: por lo cual
les seria imposible salir cargados en el dia de mañana, pero que
cumplirian con la órden. En vista de esta respuesta y allanamiento,
persuadido de que se esforzarian, mandé que se retiràran, con ànimo
de diferir un dia ó dos mas, si fuese necesario, y de estrechar à los
indios amigos, á que auxiliasen la carga, gratificàndolos, por medio
del cacique Quinteleu, como me lo ofreciò.
Una de las ventajas mas considerables que pueden lograr las tropas
de carretas, será cargar, de un almacen que se forme, la sal que
les corresponda: por el ahorro del tiempo, por la seguridad de sus
carruages, por el menos peso en la sal seca, y por el retorno pronto:
sobre lo cual expondré separadamente lo que convenga, para el caso de
verificarse la necesaria poblacion en este destino.