Los Infantes de España doña Eulalia y don Antonio en Chicago

No es cosa fácil seguir, ni siquiera con el pensamiento, la serie no

interrumpida de banquetes, bailes, conciertos é iluminaciones que

durante la permanencia de los Infantes en Chicago, se han ofrecido

á tan augustos huéspedes, y menos fácil ha de ser para mí, que

ocupaciones precisas me han distraído y privado de lo que ha sido

motivo de honda satisfacción para los españoles.

Excuso, pues, hablar de fiestas que la galantería internacional

ha adornado con todos los encantos del lujo y los atractivos de

la belleza, para relatar las puramente españolas, dadas por los

Infantes, con motivo de la apertura de nuestras secciones en los

palacios de la Exposición, que han honrado con su asistencia, dando

ostentoso realce á nuestros trabajos.

Al día siguiente de su llegada, quedaron abiertas la sección de

Mujeres y la de Vinicultura; ayer lo quedaron también la de Bellas

Artes, Minería, Agricultura, Transportes, Manufacturas y el pabellón

de España, copia de la Lonja de Valencia en escala reducida, obra

primorosa que cobija nuestros mejores cuadros y centro donde se

congregaron ayer tarde las personas más visibles de Chicago, los

jefes de todos los Departamentos de la Exposición, las Delegaciones

extranjeras y público numerosísimo, que invadió la planta baja al

salir los Infantes de la inauguración.

Desde las doce de la mañana, las avenidas de nuestra sección de

Manufacturas estaban invadidas, costando trabajo mantener las vallas

y el orden; pero, siendo el recorrido tan largo, la Infanta, asediada

por la multitud que tocaba sus ropas con una avidez extraordinaria,

llegó á las cuatro y media de la tarde sumamente cansada, siendo

además tanta las afluencia de gente que era imposible dar un paso

por los ámbitos de la sección. Con tanto barullo y cansancio era

difícil poder enseñar á la Infanta los objetos expuestos, por cuyo

motivo fué indispensable pasar rápidamente entre la multitud para

sostener las ansias de este público, y sobre todo las de estas

mujeres, dentro de los límites marcados por la consideración y el

respeto.

[Ilustración: PABELLÓN DE ESPAÑA]

Al frente de cada sección estaban los respectivos comisarios

esperando á la comitiva real, agregándose luego á ella para salir

juntos de Manufacturas y embarcarse en una falúa eléctrica que nos

condujo al Pabellón de España.

La banda del regimiento que lleva el nombre de Zaragoza tocó

la marcha real, mientras entraban los Infantes y su comitiva al

Pabellón, en donde esperaban varias señoras de la colonia española

y cubana, y la multitud de personas que habían sido invitadas á la

fiesta inaugural de las secciones de España en Chicago.

Breve fué también la estancia de las altezas reales en el Pabellón,

el necesario para recorrer la planta adornada con los cuadros que han

enviado el Ministerio de Fomento y varios expositores, cuyas obras

no han cabido en las salas del palacio de Bellas Artes, con plantas,

flores y alfombras, y tomar el _lunch_ ofrecido por la Delegación á

los Infantes, del que participó toda la comitiva, invitados y cuantos

se acercaron á la mesa y se asociaron á la fiesta inaugural de la

gran familia española.

Por la noche, la Infanta había convidado á su mesa á los Directores

de la Exposición, siendo recibidos más tarde todos los que, directa

ó indirectamente, hemos contribuído á enaltecer el trabajo español

en Chicago, teniendo para todos frases de halago é interesante

conversación.

Por lo que á Cataluña, y á Barcelona se refiere, muy especialmente,

procuraré reproducir textualmente las palabras que se dignó

dirigirme la Infanta, cuidando de que la memoria no me sea infiel.

«Siento, dijo, no haber podido visitar más detenidamente la sección

de Manufacturas y admirar los productos catalanes; ya sé yo que

Cataluña va á la cabeza de los adelantos industriales, y que aquí,

como á donde vaya, hará siempre un brillante papel; felicítola, pues,

en nombre de la Reina, que me lo ha recomendado expresamente. Además,

diga usted que no olvido, ni olvidaré jamás las atenciones delicadas

que me prodigaron en Barcelona». Y al darme á besar su mano á última

hora, insistió en que supiera Barcelona el recuerdo gratísimo que

guarda de los días pasados en nuestra capital.

Agradecí como pude tan sentidas frases, que recojo y transmito con

exacta fidelidad, como debió ser fiel también mi pensamiento al

manifestar á la Infanta Eulalia que Cataluña y Barcelona agradecerían

vivamente la felicitación de S. M. y la suya, como yo estimaba la

alta honra que me dispensaba al hacerme mensajero de tan gratas y

sentidas manifestaciones.

Hoy, á las ocho de la mañana, dos escuadrones de caballería estaban

ya apostados junto al Palmer House, esperando la salida de los

Infantes; á las ocho y media entraban en el Michigan Depôt, dando

la Infanta el brazo al Mayor de la ciudad, Mr. Harrison, toda la

comitiva real y la Delegación española con las señoras de la colonia,

que han ofrecido por última vez sus respetos á los ilustres viajeros.

A los pocos minutos partió el tren, oyéndose un ¡Viva la Infanta

Eulalia! que fué cordialmente contestado.

La estancia de los representantes de la Reina de España no podía ser

larga si había de evitarse que cediera por cansancio el entusiasmo

que han despertado en los Estados Unidos, las nobles cualidades de

la Infanta Eulalia, que ha cuidado de los prestigios del trono, los

intereses patrios y las susceptibilidades de las democracias con un

tacto exquisito propio de la augusta dama á la cual se ha confiado

una misión delicadísima, cuyas dificultades comprenderán fácilmente

cuantos conozcan la idiosincracia de un pueblo que juzga que todas

las americanas son reinas, y los hombres libres y soberanos en el

seno de una sociedad que, apenas nacida, se cree superior á cuanto ha

existido en el mundo, cantando cada día sus glorias y sus triunfos

con un desenfado y un tono épico que enamoran.

Los Infantes no han abusado de la hospitalidad cordialmente otorgada

por este pueblo y del entusiasmo legítimamente conseguido, y esta

mañana á las ocho y media Chicago los ha despedido con pompa y

afecto, envanecido del pleito homenaje rendido por la realeza á

la democracia americana, y del éxito que ha coronado las fiestas

dedicadas á Colón y á sus ilustres descendientes.

[Ilustración: CONVENTO DE LA RÁBIDA]

Viaje a America, Tomo 1 de 2 Estados Unidos, Exposición Universal de Chicago, México, Cuba y Puerto Rico · 第 23 / 37 题