ACLARACION DE MAS DE UN MISTERIO --PROPUESTA DE MATRIMONIO SIN DOTE Y SIN
ARRAS.
DOS dias despues de haber tenido lugar los acontecimientos que hemos
leido en el capítulo anterior, y cerca las tres de la tarde, Oliverio se
encontró dentro una silla de posta en compañía de la Señora Maylie,
de Rosa, de la señora Bedwin y del buen doctor, en direccion á su
ciudad natal; dentro otra silla y un poco atrás venian Mr. Brownlow, y
un individuo cuyo nombre ignoraban.
A medida que se acercaban á la ciudad le fué imposible á Oliverio
dominar su emocion.
Bajaron á la puerta de una de las posadas mas hermosas, y fueron
recibidos por Mr. Grimwig que
los estaba esperando, y los abrazó á todos al bajar del carruaje.
En fin cuando dieron las nueve de la noche, Mr. Losberne y Mr. Grimwig
entraron seguidos de Mr. Brownlow y de un forastero, á la vista del cual
Oliverio lanzó una esclamacion de sorpresa, porque se le dijo que era su
hermano, y le reconoció por el mismo sugeto, que habia encontrado al
salir de la aldea donde habia ido á llevar una carta de la Señora
Maylie y que viera tambien con Fagin á la ventana de su pequeño
gabinete de estudio.
--Acabamos ya! --dijo el forastero volviéndose agitado.
--Este niño es vuestro hermano --dijo Mr. Brownlow atrayendo á si
Oliverio. --Es el hijo natural de mi mejor amigo Ricardo Leefort vuestro
padre, y de la jóven y desdichada Inés Fleming.
--Sí; --replicó Monks --es el fruto ilegítimo de su comercio criminal;
es en fin su bastardo. Habiendo mí padre caido enfermo de gravedad en
Roma, donde fuera para asuntos, como sabeis, mi madre que desde largo
tiempo estaba separada de él y que residia en París en aquella época,
se dirijió al momento conmigo á su lado para su interés propio. El
nada supo, porque cuando llegamos habia perdido el conocimiento y
permaneció en este estado hasta la mañana siguiente en que murió.
Entre sus papeles habia un paquete, bajo carpeta, el cual estaba fechado
del primer dia de su enfermedad y dirijido á vos con encargo espreso
escrito de su puño al reverso de la carpeta, de no remitirlo hasta
despues de su muerte. Este paquete encerraba una carta asáz
insignificante para Inés Fleming y tambien un testamento á favor de esa
jóven.
--¿Qué contenía esa carta? . . preguntó Mr. Brownlow.
--La confesion de su falta, y votos de prosperidad para la jóven
--respondió Monks --nada mas. En aquel entonces ella se hallaba en cinta
de algunos meses. Le decia en aquella carta lo que habia hecho para
ocultar su deshonra; y la suplicaba, que en el caso de morir, no
maldijera su memoria ni creyera que su hijo ni ella debiesen ser
víctimas de su falta, porque solo él era la causa de todo el mal. Le
recordaba el dia en que le habia dado el medallon y el anillo, sobre el
que habia hecho grabar su nombre de pila; reservándose unir á él el
suyo que esperaba hacerle llevar algun dia. Le recomendaba que guardase
cuidadosamente aquel medallon y lo llevára sobre su pecho como antes.
--En cuanto al testamento --dija Mr. Brownlow --yo me encargo de
manifestaros su contenido. Estaba dictado por el mismo espíritu de la
carta. Vuestro padre se lamentaba en él de los disgustos que su esposa
le habia causado; os dejaba á vos y á vuestra madre, para cada uno una
pension vitalicia de ochocientas libras. El resto de sus bienes estaba
dividido en dos partes iguales, la una para Inés Fleming, la otra para
el niño que debia dar á luz, en el caso que naciera y llegára á la
mayor edad. Si era una niña, debia disfrutar de su parte sin restriccion
alguna; pero si al contrario era un muchacho, no podia recoger esta
herencia, sino con condicion _de que durante su menor edad, no
deshonraria jamás su nombre por cualquiera acto de bajeza ó de
felonia_. En caso contrario el dinero debia ser vuestro.
--Mi madre --dijo á su vez Monks levantando mas la voz --hizo, todo lo
que otra mujer en su lugar hubiera hecho: quemó el testamento. La carta,
no llegó nunca á donde iba dirijida; pero quedó en manos de mi madre,
junto con otras pruebas para el caso en que la jóven Inés osára negar
su deshonra. El padre de esa jóven supo toda la verdad por boca de mi
madre. Agobiado de dolor, aquel bravo militar huyó con sus hijas á una
aldea retirada del pais de Gales y cambió de nombre á fin de que sus
amigos no supiesen el lugar de su retiro. Despues de algunos meses de
estancia en aquel sitio, se le encontró muerto en su cama. Habiendo
abandonado su hija el pais quince dias antes, habia recorrido todos los
alrededores á pié andando noche y dia para buscarla.
--Algunos años despues, la madre de Eduardo Leedfort aqui presente vino
á encontrarme --interrumpió Mr. Brownlow --Esta mujer padecia una
enfermedad incurable, que la iba llevando lentamente hácia la tumba.
--Ella murió al cabo de algunos meses --repuso Monks --despues de
haberme revelado todos sus secretos, y de haberme legado el ódio que
tenia á esa Inés. Jamás quiso creer que esa jóven hubiese destruido
el fruto de su vientre, sino que muy al contrario pensó que sin duda
habia parido. Juré la pérdida de ese niño, si alguna vez la casualidad
me hacia encontrarlo. Mi madre no se habia engañado; tuve la ocasion de
verle, y su semejanza con mi padre me hizo adivinar que era él. Sostuve
fielmente mi promesa; habia ya empezado, con el mejor écsito . . .
Ojalá hubiese concluido del mismo modo! . . y sino hubiese sido, vendido
por una maldita prostituta . . .
--¿El medallon y el anillo? . . preguntó Mr. Brownlow dirijiéndose á
Monks.
--Los compré á esas personas de que os he hablado --respondió éste.
Mr. Brownlow hizo una señal á Mr. Grimwig quien salió y volvió
incontinenti acompañado de los esposos Bumble.
--No me engañan mis ojos! . . --esclamó Mr. Bumble con un entusiasmo
afectado. --Si; si es el pequeño Oliverio! . .
--Callaos viejo loco! --dijo en voz baja la señora Bumble.
--No puedo dominarme señora Bumble. Yo que lo he educado de una manera
completamente _parroquial_; ¿cuándo le veo rodeado de señoras y
caballeros _de alto rango_ no puedo ser sorprendido _superlativamente_? . .
Tengo siempre tanto amor á ese niño, como si fuera mi . . . mi . . .
mi abuelo! --dijo Mr. Bumble buscando en su caletre una justa comparacion
. . Pobre Oliverito! . .
--Ea! . . --interrumpió Mr. Grimwig --Tregua á los sentimientos!
--Voy á hacer lo posible para contenerme --replicó Monsieur Bumble
--¿Cómo vá de salud Caballero? . .
Esta cortesia amistosa iba dirijida á Mr. Brownlow, que acercándose á
la respetable pareja, preguntó señalando con el dedo á Monks:
--Conoceis á ese caballero? . .
--No --contestó con sequedad la señora Bumble.
--Con qué no le conoceis? . .
--En mi vida lo he visto --replicó Mr. Bumble.
--Ni le habeis vendido nunca cosa alguna?
--No nunca --respondió la señora.
--Ni habeis tenido en poder vuestro cierto medallon y cierto anillo, no
es así? . .
--No ciertamente.
Mr. Brownlow hizo una nueva señel á Mr. Grimwig que desapareció
gallardamente, y volvió á aparecer del mismo talante, acompañado esta
vez de dos viejas medio paralíticas, que le seguian con paso vacilante.
--Tuvisteis buen cuidado de cerrar la puerta, la noche en que murió la
vieja Sally --dijo una de las dos mujeres levantando su mano trémula
--pero no por esto nosotras hemos oido menos vuestra conversacion, al
través de la rendija de la puerta.
--Ah! ah! . . no os esperabais esto hé? . . --dijo la otra.
--Mirábamos por el ojo de la llave, y hemos visto como le tomabais un
papel que tenia en la mano! . . --repuso la primera --Y á la mañana
siguiente os espiábamos cuando fuisteis al Monte-Pio.
--Y nosotras sabemos mas que vos en este asunto --añadió la segunda
--porque la vieja Sally nos repetia amenudo que aquella jóven habia
dicho que sintiendo que no podria soportar sus infortunios . . . se
dirijia á Roma (cuando los primeros dolores del parto la obligaron á
detenerse aquí) resuelta á dejarse morir allí sobre la tumba de su
amante.
--Deseais ver el administrador del Monte-Pio? . . preguntó Mr. Grimwig
dirijiéndose á la puerta.
--No hay de que --respondió la matrona. --Puesto que el caballero ha
sido bastante infame para confesar, y vosotros habeis sabido arrancar los
gusanos de la nariz de esas viejas brujas, nada mas tengo que decir.
--No --repuso Mr. Brownlow. --Podeis retiraros.
--Espero --dijo Mr. Bumble mirando con aire lastimero á su alrededor
--espero que esta desagradable circunstancia, que nada puede ser en si
misma, no me privará de mi cargo _parroquial_?
--Desengañaos! --contestó Mr. Brownlow. --Así debeis esperarlo.
--Os juro que yo no entro para nada en ello! --replicó Monsieur Bumble;
despues de haberse asegurado de que la matrona habia salido de la sala.
Esto no es una escusa; vos sois á los ojos de la ley mas culpable que
vuestra esposa; porque es razonable suponer que ella ha obrado segun
vuestras órdenes.
--Si la ley se mete en semejantes suposiciones --dijo Monsieur Bumble
apretando fuertemente el sombrero entre sus manos. --La _ley_ es una
necia . . . La _ley_ no es mas que una vieja solterona . . . Si fuera
casada pensaria de modo muy diferente.
Despues de haber pronunciado estas palabras con tono enfático, hundió
el sombrero en su cabeza, metió las manos en las faltriqueras del
redingote y se retiró.
--Vos bella señorita dadme vuestra mano --dijo Mr. Brownlow,
volviéndose á Rosa. --No tembleis así! . . nada teneis que temer por
las pocas palabras que quedan para decir.
--Si se refieren á mi (á pesar de que ignoro en lo que pueden
concernirme) --dijo Rosa --dispensadme hoy de oirlas; en este momento no
tengo para ello fuerza ni valor.
--Teneis mas firmeza de la que creeis! . . --repuso Monsieur Brownlow,
tomándola por el brazo --¿Conoceis á esta señorita? . . --continuó
dirijiéndose á Monks.
--Si.
--Jamás os he visto antes de ahora --dijo Rosa con voz débil.
--Pero yo os he visto amenudo! --contestó Monks.
--El padre de la infortunada Inés tenia dos hijas --prosiguió Mr.
Brownlow ¿Qué se ha hecho la mas jóven? . . .
--Cuando murió su padre bajo nombre supuesto sin dejar papel alguno, que
pudiera darla á conocer á sus amigos --replicó Monks --la mas jóven,
que no era mas que una niña, fué adoptada por unos pobres aldeanos que
la criaron como hija suya.
--Proseguid --dijo Mr. Brownlow haciendo señal á la Señora Maylie de
que se acercára.
--Vos no pudisteis saber el sitio en que se habia retirado aquel hombre;
pero allí donde fracasa la amistad, amenudo el ódio triunfa: mi madre
acabó por descubrir la niña despues de un año de pesquisas.
--Y se apoderó de ella, no es cierto? . .
--No. Aquellos honrados labriegos eran muy pobres, y tal accion de
humanidad les puso aun mas sobre aviso. El hombre acabó por caer
enfermo; lo que visto por mi madre les dejó la niña; remitiéndoles una
módica suma de dinero que no debia durar mucho tiempo, y prometiéndoles
otra mayor que no tenia la intencion de enviarles. Viendo que su estado
de miseria no era motivo suficiente para indisponerles contra aquella
niña, les contó á su modo la historia de la hermana; diciéndoles que
si no ponian mucho cuidado, la muchacha que mantenian, de seguro llegaria
á ser como ella; porque procedia de padres sin principios, y era hija
ilegítima. Aquellas buenas gentes dieron crédito á todo lo que les
dijo mi madre y la niña arrastró una existencia miserable hasta que una
señora viuda que habitaba en Chertsey habiéndola visto casualmente,
tuvo compasion de ella y la adoptó. Es necesario que exista un destino
contrario á nosotros, porque á pesar de todos nuestros esfuerzos,
permanecia en casa de aquella señora y fué feliz. Hace dos ó tres
años que la habia perdido de vista, y no volvia á verla hasta hace
algunos meses.
--La veis ahora? . .
--Si, apoyada en vuestro brazo.
--Pero por eso no es menos mi sobrina --esclamó la señora Maylie
estrechando la jóven sobre su corazon --no es menos mi querida niña. No
quisiera perderla ahora por todos los tesoros del mundo. Mi dulce
compañera! . . Mi hija de adopcion! . . Mis mas caras esperanzas! . .
--Vos sois la única amiga que tengo en el mundo! --esclamó Rosa pasando
sus brazos alrededor del cuello de la señora. --Vos fuisteis para mi la
mejor de las amigas, la mas tierna de las madres.
--Tranquilizaos ángel mio! --dijo la Señora Maylie abrazándola con la
mayor ternura --y acordaos que hay otros á quienes sois tambien querida.
--Rosa, amada Rosa! --clamó Oliverio --fuisteis para mi una buena
hermana, quiere consideraros en adelante no como una tia sino como una
hermana idolatrada! . .
Permanecieron solos por mucho tiempo. Un golpe ligero en la puerta del
aposento anunció que alguien deseaba entrar. Oliverio corrió á abrir,
y apartóse al momento para dar paso á Enrique Maylie.
--Lo sé todo! --dijo sentándose al lado de la jóven --No es la
casualidad la que me conduce á este sitio --añadió despues de un
silencio prolongado --y solo desde ayer sé todo lo que os concierne. Sin
duda no ignorais que he venido para recordaros vuestra promesa.
--Un memento --dijo Rosa ¿Lo sabeis todo? . .
--Ah! . . Rosa, sois para mi asaz cruel! . .
--Oh! . . Enrique! . . Enrique! . . --continuó Rosa prorumpiendo en
llanto --quisiera hacer lo contrario y evitarme estos dolores! . .
--Pues bien; entonces reflecsionad sobro lo que habeis sabido esta noche.
--Y qué he sabido Dios mio! . . --que el sentimiento de su deshonra ha
obrado con tal fuerza sobre mi desdichado padre, que no ha podido
soportar su desgracia . . .
--No; --replicó el jóven reteniendo á Rosa por el brazo cuando iba á
retirarse. --Mis deseos, mi porvenir, todo en fin menos mi amor á vos,
ha esperimentado un cambio. Al presente no os ofrezco ya un rango
distinguido en el mundo; donde ciertas preocupaciones hacen ruborizar á
la misma inocencia . . .
--Qué queréis decir? . . esclamó Rosa con voz entrecortada . . .
--Digo --prosiguió Enrique --que en una de los condados mas bellos de la
Inglaterra, en medio de risueñas colinas y verdes praderas, existe una
pequeña iglesia de aldea que me pertenece, Rosa, y de la que soy el
pastor; cerca de esta iglesia está el presbiterio, habitacion rústica
que vos embelleceréis con vuestra presencia, y que me haréis preferir
mil veces á todas las dignidades á que he renunciado: tal es el rango
que ocupo en el mundo, y que tendré una felicidad inmensa en compartir
con vos . . .