Él CAMASTRON SE ENREDA EN UN MAL NEGOCIO.
CON qué vuestro amigo erais vos mismo? --dijo maese Claypole al presente
Bolter, cuando de resultas de sus convenios fué á habitar el dia
siguiente en casa el judío; --ayer cuasi lo hubiera dudado.
--Todo hombre para sí mismo es su propio amigo --contestó el judío con
una sonrisa significativa --en ninguna parte puede encontrar otro mejor.
--Escepto con todo algunas veces --dijo Mauricio Bolter --dándose humos
de un hombre de mundo. Ya sabeis que hay personas, que son sus propios
enemigos.
--No lo creais --replicó el judío --Cuando un hombre es su propio
enemigo, lo es únicamente porque cuida mas de los intereses de los otros
que del suyo propio . . . Ba! . . Esto es bestialidad! . . y además nada
natural.
--Esto es aun verdad! dijo Mr. Bolter, con aire pensativo --oh! sois un
viejo maligno!
Mr. Fagin vió con cierto placer la impresion que habia producido sobre
maese Bolter. Para aumentar su efecto, le instruia del estado de sus
negocios y de sus operaciones de _comercio_ mezclando tan bien la ficcion
con la verdad, que el respeto y el temor que habia inspirado á ese digno
mozalvete aumentaron visiblemente.
--La confianza mútua, que nos tenemos unos á otros es la que me
consuela y me indemniza de las pérdidas dolorosas que sufrió algunas
veces --prosiguió Fagin. Mi mejor _dependiente_ mi brazo derecho me fué
arrebatado ayer mañana.
--Sin duda quereis decir que ha muerto?
--No; no tan mal como esto . . . seguramente no tan mal.
--Qué ha podido pues acontecerle?
--Han tenido necesidad de él; han juzgado oportuno retenerle.
--Tal vez para negocios importantes?
--No; pretenden que le han visto meter la mano en el bolsillo de un
caballero. Lo han registrado á pretexto de justicia y han encontrado
sobre de él una caja de tabaco de plata . . . la suya querido mio . . .
la suya propia; porque adoraba el tabaco de polvo y lo tomaba
ordinariamente. Lo han guardado hasta hoy, pretendiendo conocer el
individuo á quien pertenece esa _baratija_. Ah! valia él cincuenta
cajas como aquella . . . y yo daria si estuviera en mi mano el valor de
ella con la satisfaccion mayor, con tal de volverle á ver á mi lado.
Quisiera que hubierais conocido al Camastron, querido mio; quisiera que
lo hubierais conocido!
--Puede esperarse que lo conoceré.
--Ah! lo dudo mucho --replicó el judío con un suspiro. --Si no obtiene
nuevas pruebas en apoyo de esta acusacion, no será gran cosa y él
volverá dentro seis semanas ó dos meses lo mas tarde; de otro modo
estarán en el caso de enviarlo al _seminario_ como _pensionista_.
Conocen demasiado lo que vale y harán de él un _pensionista_.
--Qué entendeis por _seminario_ y _pensionista_? preguntó maese Bolter
--A qué viene hablarme en gringo ya que no lo comprendo?
Fagin iba á traducirle en lenguaje vulgar estas espresiones misteriosas
y rebuscadas y maese Bolter hubiera sabido entonces que la combinacion de
estas palabras _seminario_ y _pensionista_ significaban condena
perpétua, cuando el diálogo fué interrumpido por la llegada de Bates
que entró con ademan contrito y las dos manos metidas en las
faltriqueras.
--Se acabó! --dijo.
--Qué quiéres decir? --preguntó Fagin con voz temblorosa.
--Han encontrado al caballero dueño de la caja de polvo. Dos ó tres
testigos por añadidura han venido á engrosar la acusacion y el pobre
Jac . . . está registrado para un _pasaje á lo lejos_: Fagin necesito
un traje de luto y un crespon en mi sombrero, para ir á visitarle antes
de su partida. Pensar que Jaime Dawkins el _Camastron_ el _fino
Camastron_ será deportado por una mala caja de polvo, valor dos sueldos
y medio! . . Jamás hubiera creido que debiera hacer este _viaje_ á no
ser por un reló de oro con su cadena y los colgajos. Oh! por qué no ha
desvalijado á algun viejo ricote! Habia dado que hablar de él y al
menos hubiera partido como un _caballero_ en vez de separarse de nosotros
sin honor y sin gloria como un miserable _pelafustan_.
Con esto maese Bates dando libre curso á su dolor, se dejó caer en una
silla y permaneció silencioso por algunos momentos.
--Y qué entiendes tu por ello, cuando dices que nos deja sin honor y sin
gloria? preguntó Fagin con tono irritado --¿Acaso no ha sido el primero
entre todos vosotros? hay, digo, uno solo que sea digno de limpiar sus
botas hé?
--No ciertamente! --respondió Bates con voz lastimera --no conozco
ninguno que pueda vanagloriarse de ello.
--Y bien? entonces á qué viene esa cantinela? --dijo el judío con
acritud --¿de qué sirven esas jeremiadas?
--Por qué los periódicos no hablan de ello palabra, como vos mismo
sabeis bien! --esclamó Cárlos irritándose á despecho de su venerable
amigo. --Porque el asunto no tendrá publicidad y nadie sabrá jamás lo
que él era. ¿Cómo figurará en el calendario de Newgate? Pueda que ni
siquiera su nombre sea inscrito en él. Ah! Dios mio! Dios mio! que
desgracia! Esto es desgarrador!
--Ah! ah! --hizo el judío estendiendo la mano y volviéndose hácia el
señor Bolter --Ya veis querido mio, que orgullosos están de su
_profesion_! No es esto edificante?
--No carecerá de nada --repuso --Estará en su celda como un señor,
Cárlos . . . como un jóven príncipe. Tendrá todo lo que apetezca . .
. todo. Quiero que como de costumbre tenga su cerveza en todas sus
comidas y dinero en su bolsillo para jugarlo á cara ó cruz sino puede
gastarlo.
--Si? esclamó Bates.
--Sin duda. Y le encontrarémos un defensor, Cárlos! Escojerémos aquel
que pase por tener el mejor _pico_. Tomará su partido con calor en un
discurso soberbio que conmoverá al auditorio. Nuestro jóven amigo
hablará tambien á su vez, si lo juzga conveniente y nosotros verémos
esto en los periódicos: --El _fino Camastron_ . . . (esplosiones de risa
en el público). Mas abajo . . . (agitacion en el banco de los Señores
jurados). Y algunas líneas despues . . . (hilaridad general). Hé
Carlino?
--Ah! ah! --esclamó maese Bates riendo --á puesto mi gaznate que Fagin
los corta á todos en pedazos menudos! Como va á retorcéroslos el
Camastron! Con el no los veo _blancos_!
--Y hará bien, en no tenerles consideraciones!
--No cabe duda --contestó Cárlos frotándose las manos.
--Me parece estarlo viendo ahora --dijo el judío fijando sus miradas
sobre su jóven educando.
--Y yo tambien! esclamó Bates . . . Ah! ah! ah! Paréceme que estoy
allí. Me lo represento como si ello pasára ante mis ojos . . . Qué
buena farza! Esas vetustas cabezas de pelucon, haciendo todo lo posible
para mantenerse sérias y Jaime Dawkins, no tartamudeando para decirles
su modo de pensar, como si fuera su camarada, y hablándoles con la misma
soltura que lo haria el hijo del propio presidente despues de una buena
comida . . ah! ah! ah!
Es lo cierto que el judío, habia tenido tanta habilidad en exitar el
humor jovial de su jóven educando, que éste, que de pronto considerará
la prision de su amigo como una desgracia y el mismo _Camastron_ como una
víctima, miraba ahora á este ilustre jóven como el primer galan de una
escena cómica y le tardaba ver llegar el momento en que su jóven
camarada tendria una ocasion tan favorable para desplegar sus talentos.
--De un modo ú otro será necesario procurar lo medios de tener hoy
mismo noticias suyas. --dijo Fagin --Calculemos . . .
--Si fuera yo allí? --preguntó Cárlos.
--Te guardarás muy bien! --contestó el judío --Querido mio estás
loco? A la verdad es preciso que seas --archi-loco para pensar en
encagarte dentro la gola del lobo! No, no hijito! ya es bastante para mi
el haber perdido el uno, para esponerme á perder el otro.
--Creo, no intentaréis ir vos mismo? dijo Cárlos con tono chocarrero.
--No me conviene de ningun modo --repuso el judío sacudiendo la cabeza.
--Entonces por qué no enviais á ese recien venido? preguntó Maese
Bates poniendo su mano sobre el brazo de Noé. --Nadie le conoce.
--Si quiere ir no deseo otra cosa mejor! --observó Fagin.
--Por qué no querrá?
--No lo sé querido. --dijo Fagin volviéndose á Bolter --realmente no
lo sé!
--Oh! que si que lo sabeis muy bien! --observó Noé dando algunos pasos
retrógados hácia la puerta. --Que si, que si lo sabeis bien! --añadió
balanceando la cabeza un tanto alarmado de la proposicion de Cárlos.
--Guarda Pablo! este género de comision no entra en mi departamento. No
lo ignorais de antemano!
--Entónces Fagin para que género de _trabajo_ lo habeis reclutado?
--preguntó maese Bates midiendo á Noé de la cabeza á los piés con
aire de desden --para jugar las piernas cuando habrá algo embrollado ó
para _enguller_ sin duda, él solo todo lo que habrá sobre la mesa,
cuando todo irá bien?
--Esto no os incumbe á vos, jóven imberbe! --replicó Bolter --y si os
permitís estas libertades con vuestros _superiores_ podrémos enojarnos:
tenedlo entendido!
Maese Bates, prorrumpió en tal carcajada á esta amenaza que Fagin
necesitó mucho tiempo antes de poder interponer su autoridad y hacer
comprender al señor Bolter que no corria ningun riesgo en visitar el
tribunal de policía, tanto mas que el pequeño asunto que lo llevara á
Londres no habiendo transpirado aun en esta ciudad, era mas que probable
que no se sospechase que se habia refugiado en ella y que de consiguiente
si cambiaba de traje, no habia mas peligro para él, en ir al tribunal de
policía que el que podia haber, yendo á cualquiera otra parte, ya que
de todos los sitios de la capital era aquel sin disputa, al que se
pensaria menos, que pudiese visitar, de su pleno alvedrío.
Persuadido por estas palabras de Fagin tanto como por el temor que éste
le habia infundido, el señor Bolter consintió de muy mala gana en hacer
esta escursion. Por consejo del judío se encajó un traje de carretero.
Concluido su tocador, se le hizo el retrato del _Camastron_ de modo que
pudiera reconocerle fácilmente; y Cárlos despues que le hubo
acompañado hasta la entrada de la calle, en que estaba el tribunal de
policía, le prometió esperarle en el mismo sitio.
Noé Claypole, ó Mauricio Bolter (como mejor le parezca Hamarle el
lector), siguiendo la direccion que le habia dado Cárlos Bates, que
tenia un conocimiento exacto de los sitios, llegó sin obstáculo al
santuario de la justicia.
Buscó con la vista al Camastron; pero aunque vió muchas mujeres que
hubieran podido muy bien pasar las unas por la madre y las otras por las
hermanas de ese apreciable jóven y que entre los hombres que aparecieron
en el banco de los acusados, hubiese mas de uno que se le pareciese lo
bastante para que se le tomase por su hermano ó por su padre, no
apercibió con todo entre los jóvenes de su edad, nadie que respondiese
á las señas que le habian dado. Esperaba con impaciencia cuando
apareció un jóven preso que reconoció al momento por Jaime Dawkins.
En efecto era el Camastron quien con las mangas arremangadas, como de
costumbre, la mano izquierda en su bolsillo y sosteniendo con la derecha
su sombrero, entró resueltamente seguido del carcelero. Despues de haber
tomado asiento en el banco de los acusados, preguntó con tono
semi-sério y semi-cómico la razon por la cual se le trataba de una
manera tan indigna.
--Silencio! --gritó el carcelero.
--Soy inglés, no es cierto? --dijo el Camastron --Dónde están mis
privilegios?
--Pronto los tendréis vuestros privilegios y _sazonados_ con su
correspondiente sal y pimienta --replicó el carcelero.
--Verémos lo que el ministro del interior tendrá qué decir á los
_picos_ si se me retiran mis privilegios --contestó Jaime Dawkins.
--¿Ahora queréis hacerme el favor de decirme que significa toda esa
farándula? Os agradeceré --prosiguió dirijiéndose á los magistrados
--que termineis pronto este pequeño asunto, no me tengais aquí en
suspenso divertiéndoos en leer esos periódicos porque tengo una cita
con un caballero en la _Cité_ y como sabe que soy muy exacto cuando se
trata de _negocios_ y que jamás he faltado á mi palabra, os prevengo
que se irá si no llego á la hora convenida. Si así lo haceis no
reclamaré daños ni perjuicios como tengo el derecho de redamarlos
contra los que me han hecho perder el tiempo.
Habiendo dicho estas palabras con una volubilidad extraordinaria, pidió
al carcelero le dijera los nombres de los _dos viejos buos_ (señalando
á los magistrados), que estaban sentados al mostrador, lo que exitó en
tan alto grado la hilaridad de los espectadores, que rieron de tan buen
corazon como hubiera podido hacerlo maese Bates estando presente allí.
--Silencio! --gritó el carcelero.
--De qué se trata? --preguntó uno de los jueces.
--De un robo señor presidente --contestó el carcelero.
--Ese muchacho ha comparecido ya otra vez aquí?
--No ha comparecido ante este tribunal, señor presidente, aunque lo haya
merecido mas de una vez, pero respondo que ha estado _mas de una_ vez en
otra parte. Lo conozco desde largo tiempo.
--Ah! me conoceis! --dijo el Camastron, tomando nota de las palabras del
carcelero. --Bueno es saberlo. Me acordaré de ello. Esto no es mas que
una calumnia y una calumnia en regla.
Estas espresiones fueron seguidas de nuevas carcajadas entre la multitud
y de otro «_Silencio_!» por parte del carcelero.
--Dónde están los testigos? --preguntó el escribano.
--Es justo; al hecho! --replicó el Camastron --Donde están. Tengo
curiosidad de verlos.
Pronto quedó satisfecho sobre este punto; porque un _policemon_
adelantándose declaró que entre la muchedumbre habia visto al
prisionero introducir su mano en el bolsillo de un desconocido, retirar
de el un pañuelo que examinó con atencion y no habiéndolo encontrado
sin duda bastante bueno para él, volverlo del mismo modo despues de
haberse sonado los mocos dentro; que en consecuencia lo habia arrestado
por este hecho y que habiendo sido registrado en forma de derecho se le
habia encontrado encima una caja de polvo de plata, sobre cuya tapadera
estaba gravado el nombre del caballero á quien pertenecia, el cual
estaba tambien presente á la audiencia.
Este caballero cuyo domicilio se habia encontrado por medio del Almanaque
del Comercio, juró que la caja de polvo era realmente suya y que la
habia perdido la víspera anterior en el momento de abrirse paso entre la
muchedumbre. Añadió que habia notado á un jóven afanoso de atravesar
el tropel y que ese jóven era el prisionero que tenia á la vista.
--Jóven teneis alguna observacion que hacer al testigo aquí presente?
dijo el magistrado.
--Creeria rebajarme teniendo conversacion con él. --respondió el
Camastron.
--Teneis algo que decir para vuestra defensa?
--No oís al señor presidente que os pregunta si teneis algo que decir
para vuestra defensa? --dijo el carcelero dando un codazo al Camastron
que se obstinaba en guardar silencio.
--Os pido mil perdones --dijo este levantando la cabeza con aire de
distraccion y dirijiéndose al magistrado. --Es á mi á quién hablais
señor pelucon?
--Señor presidente en mi vida he visto un pilluelo tan descarado como
este, observó el carcelero --No teneis nada que decir pequeño bagamundo?
--No aquí --replicó el Camastron --porque no es aquí la _botica_ de la
justicia. Por otra parte mi defensor está ahora almorzando con el
vice-presidente de la cámara de los comunes. Algo tendré que decir en
otra parte y él tambien, como mis amigos que son muchos y muy
respetables.
--Volvedlo á la prision --gritó el escribano --será juzgado en los
prócsimos _assises_.
--Vamos! dijo el carcelero.
--Voy! contestó el Camastron acepillando su sombrero con la palma de la
mano. --Ah! prosiguió dirijiéndose á los magistrados --Os advierto que
de nada os sirve el aparecer espantados! Estad muy seguros que no tendria
compasion de vosotros por un _liart_. Algo os escozerá esta partida . . .
no lo dudeis . . . y ahora rehusaria mi libertad aun cuando os
pusierais de rodillas para hacérmela aceptar! Ea! en marcha vos! dijo el
carcelero --volvedme á la prision; estoy pronto á seguiros!
Dicho esto el Camastron se dejó cojer por el cuello y siguió ó mas
bien marchó lado por lado del carcelero, no cesando de amenazar á los
jueces hasta que estuvo fuera de la sala, en seguida alargó la lengua á
su guardian con un aire de satisfaccion interior y se encontró otra vez
bajo los cerrojos. Despues que el Camastron hubo dejado la sala, Noé
fué al sitio en que habia dejado á Bates.
Ambos se apresuraron á llevar á Fagin la feliz noticia de que el
Camastron hacia honor á los _principios_ que habia recibido y que
trabajaba en establecerse una reputacion gloriosa.