UNA ANTIGUA RELACION DE OLIVERIO DANDO PRUEBAS DE UN GENIO SUPERIOR,
LLEGA Á SER UN PERSONAJE PÚBLICO EN LA METRÓPOLI.
EL dia mismo en que Nancy fué á encontrar á Rosa Maylie, despues de
haber dado á Sikes un brevaje suporífico; dos personas que el lector
tiene ya conocidas; pero con las cuales (para mayor inteligencia de esta
historia) debe reanudar las relaciones, marchaban hácia Londres por la
carretera del Norte.
Estos dos viajeros eran un hombre y una mujer (tal vez seria mejor decir
un macho y una hembra). El primero de cuerpo largo y endeble, iba montado
sobre altas piernas y tenia una de esas fisonomías huesosas, á las
cuales es muy difícíl designar ninguna edad exacta; era en fin uno de
esos séres que parecen ya viejos cuando son aun jóvenes y que parecen
niños cuando empiezan á entrar en edad. La mujer podia tener diez y
ocho ó veinte años; pero estaba sólidamente desarrollada y era
necesario que fuera así, á juzgar por el paquete enorme que llevaba
sobre su espalda sujeto con correas. El de su compañero envuelto en un
pañuelo azul y pendiente al estremo de un palo formaba un volúmen muy
pequeño.
--Andarás tú? Qué posma eres Carlota!
--Este paquete es pesado como un diablo!
--Pesado! Qué bestialidad! Para qué sirves pues? --dijo aquel cambiando
de espalda su paquetillo. --Vaya! Hete aquí otra vez plantada!
--Queda aun mucho trecho? --preguntó la mujer.
--Si queda trecho? Tienes telarañas en los ojos! amor mio! No ves desde
aquí las luces de Londres?
--Todavia quedan desde aquí dos millas!
--Y qué! Qué tenemos? Aun que haya dos ó veinte . . . replicó Noé
Claypole (porque era el mismo) . . . Ea! levántate y al avío sino
quieres que con un punta pié te haga entrar en calor.
Como la nariz del Señor Claypole naturalmente colorada se habia vuelto
purpúrea de cólera y como se adelantaba hácia Carlota, ésta se
levantó sin decir palabra y se puso en marcha.
Carlota fatigada, molida, no pensaba mas que en pararse. A cada momento
preguntaba si Noé se detendria pronto papa pasar la noche. Pero maese
Claypole era antes que todo hombre prudente; habia formado sus planes y
temia los alojamientos que podia proporcionarle su muy graciosa Magestad
Británica; por eso desconfiaba de toda posada situada demasiado cerca de
la carretera; tenia una preferencia marcada por los barrios mas
apartados. Sowerberry se le aparecia como la sombra de Banco. [5] En
medio de todos sus temores, no dejaba por ello de hacer sentir su
superioridad á Carlota. Esta reconocia y agradecia á su adorado, la
confianza ilimitada, que le habia dispensado, dejándola todo el dinero
que se habian llevado de la casa de Sowerberry! Pero esta confianza, no
era mas que la consecuencia del sistema de prudencia de maese Claypole;
habia temido comprometerse en el caso de ser perseguidos y el dinero
hallándose únicamente sobre de ella, hubiera podido protestar de su
inocencia y escapar tal vez de las manos de la justicia.
Noé, arrastrando trás si á Carlota, ya suavizaba el paso en la esquina
de una de esas calles que recorria con los ojos en toda su estension,
para ver si descubriria la muestra de alguna modesta posada, ya arrecial
á la marcha, si temia que el sitio fuera demasiado público para él. Al
fin se paró ante una taberna mas súcia y mas miserable en la apariencia
que todos los que habia visto hasta entonces y despues de haber examinado
escrupulosamente su exterior anunció graciosamente á Carlota su intento
de pesar en ella la noche.
--Con que dame ese paquete --dijo desatando las correas pasadas al
rededor de las espaldas de Carlota y cargándoselo sobre sí --y cuida de
no abrir el pico que yo no te dirija la palabra! Cuál es la muestra de
la casa? A . . . l . . . o . . . s . . á los t . . . r . . . e . . . s.
tres á los tres . . . á los tres que? preguntó.
--A los _tres cojos_ --dijo Carlota.
--A los _tres cojos_? repitió, Noé --No es del todo bestia que digamos
esa muestra! Tú, sígueme . . . y no te olvides de lo que te he
recomendado! --dichas estas palabras empujó la puerta con su espalda y
entró seguido de Carlota.
Solo habia en el mostrador un jóven judío, quien con los dos codos
apoyados sobre la mesa, estaba ocupado en leer un periódico grasiento.
Miró fijamente á Noé y éste le inspeccionó del mismo modo.
Si Noé hubiese llevado su traje de la escuela de Caridad, el aire de
sorpresa con que le miraba el judío no hubiera parecido extraordinario;
pero como llevaba una blusa puesta sobre su vestido, parece que nada
habia en él capaz de llamar hasta este punto la atencion en una taberna.
--No es aquí la posada de los _tres cojos_? preguntó Noé.
--Esta es la muestra de esta casa --respondió el judío.
--Un caballero que hemos encontrado en el camino nos ha recomendado
vuestra casa --dijo Noé haciendo un guiño á Carlota, no solo para que
advirtiera la sutileza de su espíritu, si que tambien para advertirla
que no dejára escapar ninguna señal de sorpresa. --Podrémos tener una
cama para esta noche?
--Diré abajo si hay alguna desocupada . . . contestó Barney que era el
mozo de esta casa --voy á informarme.
--Conducidnos á la sala y servidnos un plato de fiambre y una pirta de
cerveza mientras esperamos --dijo Noé.
Barney despues que los hubo introducido en una salita baja les llevó en
seguida lo que le habian pedido, avisándoles al propio tiempo de que
podrian pasar allí la noche y que iban á prepararles una cama; despues
de lo cual se retiró.
Esto aposento estaba situado de modo que cualquiera conocedor de la casa
podia por medio de un pequeño vidrio colocado en un ángulo, ver desde
la sala de entrada todo lo que pasaba en ella sin peligro de ser visto y
aplicando el oido en dicho punto era fácil oir lo que en ella se decia.
Habia cinco minutos que el amo de la casa tenia el ojo pegado al vidrio,
prestando oido al mismo tiempo á la conversacion de nuestros dos
viajeros y Barney acababa cabalmente de desembucharles la respuesta ante
dicha, cuando Fagin entró para informarse, si habia visto á algunos de
sus jóvenes educandos.
--Chit . . . hizo Barney colocando el dedo sobre sus lábios --hay dos
_personas_ en la salita.
--Dos personas! repitió el viejo en voz baja . . .
--Dos buenas piezas . . . como hay Dios! añadió Barney --Llegan de la
campiña. --A fé mia es género de vuestro gusto ó yo soy un bestia.
Esta noticia interesó en gran manera á Fagin. Subió sobre un taburete,
aplicó el ojo al vidrio y pudo divisar á maese Claypole comiendo su
fiambre y bebiendo su cerveza en compañia de Carlota.
--Ah! ah! --dijo en voz baja Fagin volviéndose hacia Barney --El aire de
ese mozalvete me satisface del todo! Nos será útil, estoy de ello
cierto! Comprende á las mil maravillas el modo de llevar á buen fin los
negocios! No muevas ruido Barney; que oiga lo que dicen!
El judío aplicó de nuevo el ojo al vidrio, reprimiendo su respiracion
para oir mejor y el aspecto de su fisonomía en este momento era del todo
satánico.
--Estoy resuelto; quiero ser un señor! dijo maese Claypole alargando sus
piernas y concluyendo una conversacion empezada antes de llegar Fagin. No
quiero hacer mas ataudes . . . estoy harto de ellos! pero quiero llevar
una vida regalona y si tu quieres Carlota, serás tambien una señora!
--No pediria otra cosa mejor Noé --contestó esta --pero no se
encuentran todos los dias _alcancias_ que vaciar.
--Ba! dijo Noé . . . Algo mas que alcancias hay para vaciar!
--¿Qué quiéres decir? preguntó Carlota.
--Hay faltriqueras, ridículos, casas, coches, el Banco mismo . . . y que
se yo que mas! dijo Noé escitado por el _porter_.
--Pero tu no puedes hacer todo esto Noé?
--Procuraré asociarme con otros, si hay medio y no tendrán
inconveniente en emplearnos de una manera ó de otra . . . Tu sola vales
cincuenta mujeres!
--Oh! que gusto me dá el oirte hablar así --esclamó la muchacha
imprimiendo un gordo beso sobre el rostro feo de su compañero.
--Bien, basta ya con esto! . . . . no te exaltes demasiado por temor de
disgustarme, dijo Noé rechazándola con gravedad --Quisiera ser el
capitan de alguna cuadrilla . . . Os los llevaria, á las mil maravillas
. . . y me enmascararia para acecharles . . . Oh! Esto me convendria
bastante! . . . Y con tal que pudiera encontrar algunos caballeros de ese
género, digo que valdria mas que la _bicoca_ de las veinte libras que
has soplado á Sowerberry, tanto mas que ni uno ni otro sabemos como
deshacernos de ellas.
Despues que maese Claypole hubo manifestado su opinion en tales
términos, miró el jarro de cerveza con aire deliberado; y habiendo
sacudido su contenido hizo una señal de inteligencia á Carlota y bebió
un trago que pareció refrescarle completamente. Se disponia á beber
otro, cuando fué interrumpido por la repentina llegada de un estranjero.
Este estranjero no era otro que Mr. Fagin quien haciendo un saludo
gracioso acompañado de una sonrisa amable al pasar por frente nuestros
dos viajeros, se sentó á una mesa cerca de ellos y pidió al astuto
Barney que le sirviera algo de beber.
--Hermosa noche á fé mia; si bien algo helada atendida la estacion
--dijo Fagin frotándose las manos --Caballero á lo que parece llegais
de la campiña?
--Cómo podeis saberlo? --preguntó Noé.
--No tenemos en Londres tanto polvo como el que miro --contestó Fagin
señalando con el dedo los zapatos de Noé.
--Teneis á mi ver el aire de un _perillan_ --dijo Noé --Ha! . . ha! ha!
--No se puede menos de serlo en una ciudad como esta.
Acompañó esta observacion, con un golpecillo sobre su nariz dado con el
index de su mano derecha; gesto que Noé quiso imitar pero hizo pífia,
á causa de la poca tela que el suyo ofrecia en esta parte de su rostro.
Fagin satisfecho de la intencion, compartió liberalmente con nuestros
dos amigos el licor que Barney habia traido.
--Esto es añejo --observó Noé haciendo castañear sus lábios.
--Si; pero es caro! dijo Fagin . . . Un hombre necesita vaciar bolsillos,
ridículos, casas, carruages y hasta el Banco, si quiere beber de ello en
todas sus comidas.
A tales palabras Noé se dejó caer en el respaldo de su silla y miró
alternativamente á Fagin y á Carlota.
--No os asusteis querido! --dijo Fagin acercándose á Noé --Ha! ha! Ha
sido mucha fortuna que haya sido yo solo quien os ha oido, por la mayor
de las casualidades.
--Yo no he sido el que ha sillado la _bicoca_! balbuceó Noé no
alargando ya sus piernas como un hombre _independiente_ sino
encajándolas lo mejor que pudo bajo su silla; ella es la que ha dado el
golpe. Todavía la tienes sobre de tí, Carlota; no puedes decir lo
contrario.
--Querido, poco importa quien ha dado el golpe ó quien tiene el dinero!
replicó el judío fijando con todo sus ojos de alcon sobre la jóven y
sobre los dos paquetes --Yo mismo soy de la _partida_ y por eso os quiero
mas.
--De qué _partida_ queréis hablar? preguntó maese Claypole algo mas
tranquilo.
--Del mismo _ramo de comercio_ --contestó Fagin. Igualmente todas las
personas de la casa. Habeis caido aquí como _Marzo en cuaresma_ querido!
No hay en Londres un sitio mas seguro que los _tres cojos_ . . . sobre
todo si os tomo bajo mi proteccion . . . Y como vos y esa jóven me
inspirais interés, podeis tranquilizaros; os aseguro que nada hay que
temer.
Noé Claypole hubiera debido tranquilizarse en efecto, despues de esta
seguridad; pero si su espíritu estaba mas desahogado, no sucedia así
con su cuerpo porque se torcia de mil maneras en su silla y tomó
diferentes posiciones á cual mas estravagantes, mirando, entretanto á
su nuevo amigo con aire á la vez desconfiado y temeroso.
--Os diré mas --continuó el judío despues de haber logrado
tranquilizar á la jóven á fuerza de movimientos de cabeza y de
protestas de amistad; tengo un buen amigo que podrá satisfacer el deseo
que acabais de manifestar lanzándoos en el buen camino; con el bien
entendido de dejaros libre para escojer de pronto el ramo que mejor os
convenga, reservándose solo el cuidado de enseñaros los otros.
--Decís esto como si hablárais sériamente? --repuso Noé.
--No veo porque me burlaria --dijo el judío encojiéndose de hombros.
--Venid conmigo á la puerta para que os diga una palabra á solas.
--No es necesario que nos desordenemos --dijo Noé alargando de nuevo sus
piernas; podeis decirme esto mientras que ella va á llevar los paquetes
arriba. Carlota! vé á procurar que esos paquetes se coloquen en el
aposento donde debemos dormir.
Carlota se hizo un deber en obedecer y Noé abrió la puerta para
facilitarla el paso y verla salir; despues de lo cual volvió á sentarse.
--He! ya veis como os la hago marchar! --dijo con el tono de un domador
que hubiese amansado un animal feroz.
--Bravo! --contestó Fagin dándole un golpecillo sobre la espalda;
--sois un génio, querido!
--Seguramente y por esto he resuelto venir á Londres --replicó Noé
--Pero harémos bien en no perder el tiempo, porque ella no tardará á
volver.
--Teneis razon. Al caso --dijo el judío --Ea; veamos! si mi amigo os
gusta ¿creéis que será lo mejor asomaros con él?
--Hace buenos negocios? Este es el _quid_ del asunto! preguntó Noé
guiñando sus ojuelos.
--Los hace escelentes --respondió el judío --ocupa una multitud de
_manos_ y tiene á su servicio los _trabajadores_ mas _hábiles_ y mas
_distinguidos de la profesion_.
--Como si dijéramos _maestros obreros_, he? preguntó al señor Claypole.
Luego el judío y su nuevo asociado se pusieron á pasar revista á todos
los modos de robar conocidos y desconocidos. A cada proposicion, Noé
encontraba siempre que objetar: ya el género de comercio era demasiado
peligroso, porque, ya como tenemos dicho la bravura no entraba en las
cualidades dominantes de este héroe; ya no redituaba lo bastante y la
rapacidad de maese Claypole no se encontraba satisfecha; y si algo habia
difícil de satisfacer, era esta rapacidad; porque si el tal Claypole
hubiese sido dividido en dos partes creemos que la gula se hubiera
apoderado de todo el lado derecho y la avaricia del izquierdo al lado del
corazon. Al fin encontró un _género de ocupacion_ á su gusto: quedó
convenido que se dedicaria á la _caza menuda_.
--Qué se entiende por esto? preguntó.
--La _caza menuda_ son los chicuelos, que van por recados. Cuasi siempre
llevan en la mano un _cheling_ ó una pieza de seis sueldos, se les hace
la zanjadilla, se toma su dinero y se sigue el camino!
--Ah! ah! hé aquí mi negocio!
--Con que, queda convenido, dijo Noé, viendo que Carlota acababa de
entrar. Mañana á qué hora?
--A las diez, os parece bien? preguntó el judío. --Y en cuanto maese
Claypole hubo hecho una señal de cabeza afirmativa añadió. Con qué
nombre hablaré de vos á mi amigo?
--Mr. Bolter --contestó Noé que habia previsto la pregunta y estaba
preparado para responder --Mr. Mauricio Bolter. Os presento á la señora
Bolter --prosiguió señalando á Carlota.
--Muy servidor de la Señora Bolter! --dijo Fagin haciendo un saludo
grotesco. Espero que antes de poco tendré la satisfaccion de conocerla
mejor.
--Oyes lo que te dice este caballero, Carlota?
--Si Noé! --contestó la Señora Bolter alargando su mano á Fagin.
--Me llama Noé, por via de cariño --dijo Mr. Mauricio Bolter (antes de
ahora Noé Claypole), dirijiéndose á Fagin. ¿Comprendeis?
--Si, si comprendo . . . perfectamente --contestó el judío diciendo por
esta vez la verdad. Buenas noches! Buenas noches!