Que de tal suerte confuso
Este espanto me ha dejado,
Que no quiero medios tuyos.
Y así, pues que no has cumplido
Las condiciones que puso
Mi amor, sólo de tí quiero,
Ya que de tu vista huyo,
Que mi cédula me vuelvas,
Pues es el contrato nulo.
DEMONIO.
Yo te dije que te habia
De enseñar en este estudio
Ciencias que atraer pudiesen,
De tus voces al impulso,
A Justina; y pues el viento
Aquí á Justina te trujo,
Válido ha sido el contrato,
Y yo mi palabra cumplo.
CIPRIAN.
Tú me ofreciste que habia
De coger mi amor el fruto
Que sembraba mi esperanza
Por estos montes incultos.
DEMONIO.
Yo me obligué, Ciprïano,
Solo á traerla.
CIPRIAN.
Eso dudo;
Que á dármela te obligaste.
DEMONIO.
Ya la ví en los brazos tuyos.
CIPRIAN.
Fué una sombra.
DEMONIO.
Fué un prodigio.
CIPRIAN.
¿De quién?
DEMONIO.
De quien se dispuso
A ampararla.
CIPRIAN.
¿Y cúyo fué?
DEMONIO.
_(Temblando.)_ No quiero decirte cúyo.
CIPRIAN.
Valdréme yo de mis ciencias
Contra tí. Yo te conjuro
Que quién ha sido me digas.
DEMONIO.
Un Dios, que á su cargo tuvo
A Justina.
CIPRIAN.
Pues ¿qué importa
Solo un Dios, puesto que hay muchos?
DEMONIO.
Tiene este el poder de todos.
CIPRIAN.
Luego solamente es uno,
Pues con una voluntad
Obra más que todos juntos.
DEMONIO.
No sé nada, no sé nada.
CIPRIAN.
Ya todo el pacto renuncio,
Que hice contigo; y en nombre
De aquese Dios te pregunto:
¿Qué le ha obligado á ampararla?
DEMONIO.
_(Despues de hacer fuerza por no decirlo.)_
Guardar su honor limpio y puro.
CIPRIAN.
Luego ese es suma bondad,
Pues que no permite insulto.
Mas ¿qué perdiera Justina,
Si aquí se quedaba oculto?
DEMONIO.
Su honor, si lo adivinara
Por sus malicias el vulgo.
CIPRIAN.
Luego ese Dios todo es vista,
Pues vió los daños futuros.
Pero ¿no pudiera ser
Ser el encanto tan sumo,
Que no pudiera vencerle?
DEMONIO.
No, que su poder es mucho.
CIPRIAN.
Luego ese Dios todo es manos,
Pues que cuanto quiso pudo.
Díme ¿quién es ese Dios,
En quien hoy he hallado junto
Ser una suma bondad,
Ser un poder absoluto,
Todo vista y todo manos,
Que há tantos años que busco?
DEMONIO.
No lo sé.
CIPRIAN.
Díme quién es.
DEMONIO.
¡Con cuánto horror lo pronuncio!
Es el Dios de los cristianos.
CIPRIAN.
¿Qué es lo que moverle pudo
Contra mí?
DEMONIO.
Serlo Justina.
CIPRIAN.
¿Pues tanto ampara á los suyos?
DEMONIO.
_(Rabioso.)_ Sí, mas ya es tarde, ya es tarde
Para hallarle tú, si juzgo
Que siendo tú esclavo mio,
No has de ser vasallo suyo.
CIPRIAN.
¡Yo tu esclavo!
DEMONIO.
En mi poder
Tu firma está.
CIPRIAN.
Ya presumo
Cobrarla de tí, pues fué
Condicional, y no dudo
Quitártela.
DEMONIO.
¿De qué suerte?
CIPRIAN.
Desta suerte.
_(Saca la espada, tírale al Demonio, y no le encuentra.)_
DEMONIO.
Aunque desnudo
El acero contra mí
Esgrimas fiero y sañudo,
No me herirás; y porque
Desesperen tus discursos,
Quiero que sepas que ha sido
El Demonio el dueño tuyo.
CIPRIAN.
¡Qué dices!
DEMONIO.
Que yo lo soy.
CIPRIAN.
¡Con cuánto asombro te escucho!
DEMONIO.
Para que veas, no sólo
Que esclavo eres, pero cúyo.
CIPRIAN.
¡Esclavo yo del demonio!
¿Yo de un dueño tan injusto?
DEMONIO.
Sí, que el alma me ofreciste,
Y es mia desde aquel punto.
CIPRIAN.
¿Luego no tengo esperanza,
Favor, amparo ó recurso,
Que tanto delito pueda
Borrar?
DEMONIO.
No.
CIPRIAN.
Pues ya ¿qué dudo?
No ociosamente en mi mano
Esté aqueste acero agudo;
Pasándome el pecho, sea
Mi voluntario verdugo.
Mas ¿qué digo? Quien de tí
Librar á Justina pudo,
¿A mí no podrá librarme?
DEMONIO.
No, que es contra tí tu insulto.
Él no ampara los delitos,
Las virtudes sí.
CIPRIAN.
Si es sumo
Su poder, el perdonar
Y el premiar será en él uno.
DEMONIO.
Tambien lo será el premiar
Y el castigar, pues es justo.
CIPRIAN.
Nadie castiga al rendido:
Yo lo estoy, pues lo procuro.
DEMONIO.
Eres mi esclavo, y no puedes
Ser de otro dueño.
CIPRIAN.
Eso dudo.
DEMONIO.
¿Cómo, estando en mi poder
La firma que con dibujos
De tu sangre, escrita tengo?
CIPRIAN.
El que es poder absoluto,
Y no depende de otro,
Vencerá mis infortunios.
DEMONIO.
¿De qué suerte?
CIPRIAN.
Todo es vista,
Y verá el medio oportuno.
DEMONIO.
Yo la tengo.
CIPRIAN.
Todo es manos:
El sabrá romper los nudos.
DEMONIO.
Dejaréte yo primero
Entre mis brazos difunto. _(Luchan los dos.)_
CIPRIAN.
¡Grande Dios de los cristianos!
Á tí en mis penas acudo.
DEMONIO.
_(Arrojando de entre sus brazos á Cipriano.)_
Ese te ha dado la vida.
CIPRIAN.
Más me ha de dar, pues le busco. _(Vanse.)_
* * * * *
_Sala en el palacio del Gobernador._
ESCENA XVII.
EL GOBERNADOR, FABIO, SOLDADOS.
GOBERN.
¿Cómo ha sido la prision?
FABIO.
Todos en su iglesia estaban
Escondidos, donde daban
Á su Dios adoracion.
Llegué con armadas gentes,
Toda la casa cerqué,
Prendílos, y los llevé
Á cárceles diferentes;
Y el suceso, en fin, concluyo
Con decir que en esta ruina
Prendí á la hermosa Justina
Y á Lisandro, padre suyo.
GOBERN.
Pues si riquezas codicias,
Puestos, honores y más,
¿Cómo esas nuevas me das,
Fabio, sin pedirme albricias?
FABIO.
Si así estimas mis sucesos,
Las que me has de dar no ignoro.
GOBERN.
Dí.
FABIO.
La libertad de Floro
Y Lelio, que tienes presos.
GOBERN.
Aunque yo con su castigo
Parece que escarmentar
Quise todo este lugar,
Si la verdad, Fabio, digo,
Otra es la causa por qué
Presos han vivido un año:
Y es que así de Lelio el daño
Como padre aseguré.
Floro, su competidor,
Tiene deudos poderosos:
Y estando los dos celosos
Y empeñados en su amor,
Temí que habian de volver
Otra vez á la cuestion;
Y hasta quitar la ocasion,
No me quise resolver.
Con este intento buscaba
Algun color con que echar
A Justina del lugar;
Pero nunca le encontraba.
Y pues su virtud fingida,
No sólo ocasion me da
Hoy de desterrarla ya,
Mas de quitarla la vida,
No estén más presos; y así,
A sus prisiones irás,
Y con brevedad traerás
A Lelio y á Floro aquí.
FABIO.
Beso mil veces tus piés
Por merced tan peregrina. _(Vase.)_
ESCENA XVIII.
EL GOBERNADOR, SOLDADOS.
GOBERN.
Ya está en mi poder Justina,
Presa y convencida: pues
¿Qué espera mi rabia fiera,
Que ya en ella no ha vengado
Los enojos que me ha dado?
A sangrientas manos muera
De un verdugo.—Vos, mirad...
_(A un soldado.)_
Que aquí la traigais os mando
Hoy á la vergüenza, dando
Escándalo en la ciudad;
Porque si en palacio está,
Nada á darla vida baste.
_(Vase el soldado con otros.)_
ESCENA XIX.
FABIO, LELIO, FLORO.—DICHOS.
FABIO.
Los dos por quien enviaste
Están á tus plantas ya.
LELIO.
Yo que al fin sólo deseo
Parecer tu hijo esta vez,
No te miro como juez,
Con los temores de reo;
Sino como padre airado,
Con los temores de hijo
Obediente.
FLORO.
Y yo colijo,
Viéndome de tí llamado,
Que es para darme, señor,
Castigos que no merezco.
Pero á tus plantas me ofrezco.
GOBERN.
Lelio, Floro, mi rigor
Justo con los dos ha sido,
Porque si no os castigara,
Padre, no juez me mostrara.
Pero teniendo entendido
Que en los nobles no duró
Nunca el enojo, y que ya
Quitada la causa está,
Intento piadoso yo
Haceros amigos luego.
En muestras de la amistad,
Aquí los brazos os dad.
LELIO.
Yo el venturoso á ser llego
En ser hoy de Floro amigo.
FLORO.
Y yo de que lo seré
Doy mano y palabra.
GOBERN.
En fe
Deso, á libraros me obligo,
Que si el desengaño toco
Que de vuestro amor teneis,
No dudo que lo sereis.
ESCENA XX.
EL DEMONIO, GENTE.—DICHOS.
DEMONIO.
_(Dentro.)_ ¡Guarda el loco, guarda el loco!
GOBERN.
¿Qué es esto?
LELIO.
Yo lo iré á ver.
_(Llega á la puerta, y vuelve luego.)_
GOBERN.
En palacio tanto ruido,
¿De qué puede haber nacido?
FLORO.
Gran causa debe de ser.
LELIO.
Aqueste ruido, señor
(Escucha un raro suceso),
Es Ciprïano, que al cabo
De tantos dias ha vuelto
Loco y sin juicio á Antioquía.
FLORO.
Sin duda que de su ingenio
La sutileza le tiene
En aqueste estado puesto.
GENTE.
_(Dentro.)_ ¡Guarda el loco, guarda el loco!
ESCENA XXI.
CIPRIANO, _medio desnudo_, GENTE.—DICHOS.
CIPRIAN.
Nunca yo he estado más cuerdo;
Que vosotros sois los locos.
GOBERN.
Ciprïano, ¿pues qué es esto?
CIPRIAN.
Gobernador de Antioquía,
Virey del gran césar Decio,
Floro y Lelio, de quien fuí
Amigo tan verdadero,
Nobleza ilustre, gran plebe,
Estadme todos atentos;
Que por hablaros á todos
Juntos, á palacio vengo.
Yo soy Ciprïano, yo
Por mi estudio y por mi ingenio
Fuí asombro de las escuelas,
Fuí de las ciencias portento.
Lo que de todas saqué,
Fué una duda, no saliendo
Jamás de una duda sola
Confuso en mi entendimiento.
Ví á Justina, y en Justina
Ocupados mis afectos,
Dejé á la docta Minerva
Por la enamorada Vénus.
De su virtud despedido,
Mantuve mis sentimientos,
Hasta que mi amor, pasando
De un extremo en otro extremo,
A un huésped mio, que el mar
Le dió mis plantas por puerto,
Por Justina ofrecí el alma,
Porque me cautivó á un tiempo
El amor con esperanzas,
Y con ciencias el ingenio.
Deste, discípulo he sido,
Esas montañas viviendo,
A cuya docta fatiga
Tanta admiracion le debo,
Que puedo mudar los montes
Desde un asiento á otro asiento;
Y aunque puedo estos prodigios
Hoy ejecutar, no puedo
Atraer una hermosura
A la voz de mi deseo.
La causa de no poder
Rendir este monstruo bello,
Es que hay un Dios que la guarda,
En cuyo conocimiento
He venido á confesarle
Por el más sumo y inmenso.
El gran Dios de los cristianos
Es el que á voces confieso;
Que aunque es verdad que yo ahora
Esclavo soy del infierno,
Y que con mi sangre misma
Hecha una cédula tengo,
Con mi sangre he de borrarla
En el martirio que espero.
Si eres juez, si á los cristianos
Persigues duro y sangriento,
Yo lo soy; que un venerable
Anciano, en el monte mesmo
El carácter me imprimió
Que es su primer sacramento.
Ea pues, ¿qué aguardas? Venga
El verdugo, y de mi cuello
La cabeza me divida,
O con extraños tormentos
Acrisola mi constancia;
Que yo rendido y resuelto
A padecer dos mil muertes
Estoy, porque á saber llego
Que sin el gran Dios que busco,
Que adoro y que reverencio,
Las humanas glorias son
Polvo, humo, ceniza y viento.
_(Cae boca abajo en el suelo, como desmayado.)_
GOBERN.
Tan absorto, Ciprïano,
Me deja tu atrevimiento,
Que imaginando castigos,
A ninguno me resuelvo. _(Pisándole.)_
Levántate.
FLORO.
Desmayado,
Es una estatua de hielo.
ESCENA XXII.
SOLDADOS, JUSTINA.—DICHOS.
UN SOLD.
Aquí está, señor, Justina.
GOBERN.
(_Ap._ Verla la cara no quiero.)
Con ese vivo cadáver
Todos sola la dejemos;
_(Ap. á los presentes.)_
Porque cerrados los dos,
Quizá mudarán de intento,
Viéndose morir el uno
Al otro; ó sañudo y fiero,
Si no adoraren mis dioses,
Morirán con mil tormentos.
LELIO.
_(Ap.)_ Entre el amor y el espanto
Confuso voy y suspenso.
FLORO.
(Ap.) Tanto tengo que sentir,
Que no sé qué es lo que siento.
_(Vanse todos, ménos Justina.)_
ESCENA XXIII.
JUSTINA; CIPRIANO, _sin sentido, en el suelo_.
JUSTINA.
¿Todos os vais sin hablarme?
Cuando yo contenta vengo
A morir, ¡áun no me dais
Muerte, porque la deseo!
_(Repara en Cipriano.)_
Mas sin duda es mi castigo,
Cerrada en este aposento,
Darme muerte dilatada,
Acompañada de un muerto,
Pues sólo un cadáver me hace
Compañía. ¡Oh tú, que al centro
De donde saliste, vuelves!
¡Dichoso tú, si te ha puesto
En este estado la fe
Que adoro!
CIPRIAN.
_(Recobrándose.)_ Monstruo soberbio,
¿Qué aguardas, que no desatas
Mi vida en?... _(Ve á Justina, y levántase.)_
¡Válgame el cielo!
_(Ap.)_ ¿No es Justina la que miro?
JUSTINA.
_(Ap.)_ ¿No es Ciprïano el que veo?
CIPRIAN.
_(Ap.)_ Mas no es ella, que en el aire
La finge mi pensamiento.
JUSTINA.
_(Ap.)_ Mas no es él: por divertirme,
Fantasmas me finge el viento.
CIPRIAN.
Sombra de mi fantasía...
JUSTINA.
Ilusion de mi deseo...
CIPRIAN.
Asombro de mis sentidos...
JUSTINA.
Horror de mis pensamientos...
CIPRIAN.
¿Qué me quieres?
JUSTINA.
¿Qué me quieres?
CIPRIAN.
Ya no te llamo. ¿A qué efecto
Vienes?
JUSTINA.
¿A qué efecto tú
Me buscas? Ya en tí no pienso.
CIPRIAN.
Yo no te busco, Justina.
JUSTINA.
Ni yo á tu llamada vengo.
CIPRIAN.
Pues ¿cómo estás aquí?
JUSTINA.
Presa.
¿Y tú?
CIPRIAN.
Tambien estoy preso.
Pero tu virtud, Justina,
Díme ¿qué delito ha hecho?
JUSTINA.
No es delito, pues ha sido
Por el aborrecimiento
De la fe de Cristo, á quien
Como á mi Dios reverencio.
CIPRIAN.
Bien se lo debes, Justina;
Que tienes un Dios tan bueno,
Que vela en defensa tuya.
Haz tú que escuche mis ruegos.
JUSTINA.
Sí hará, si con fe le llamas.
CIPRIAN.
Con ella le llamo; pero
Aunque dél no desconfío,
Mis extrañas culpas temo.
JUSTINA.
Confía.
CIPRIAN.
¡Ay, qué inmensos son
Mis delitos!
JUSTINA.
Más inmensos
Son sus favores.
CIPRIAN.
¿Habrá
Para mí perdon?
JUSTINA.
Es cierto.
CIPRIAN.
¿Cómo, si el alma he entregado
Al demonio mismo, en precio
De tu hermosura?
JUSTINA.
No tiene
Tantas estrellas el cielo,
Tantas arenas el mar,
Tantas centellas el fuego,
Tantos átomos el dia,
Ni tantas plumas el viento,
Como él perdona pecados.
CIPRIAN.
Así, Justina, lo creo,
Y por él daré mil vidas.
Pero la puerta han abierto.
ESCENA XXIV.
FABIO, _trayendo presos á_ MOSCON, CLARIN Y LIVIA.—CIPRIANO, JUSTINA.
FABIO.
Entrad, que con vuestros amos
Aquí habeis de quedar presos. _(Vase.)_
LIVIA.
Si ellos quieren ser cristianos,
¿Acá qué culpa tenemos?
MOSCON.
Mucha; que los que servimos,
Harto gran delito hacemos.
CLARIN.
Huyendo del monte, vine
De un riesgo á dar á otro riesgo.
ESCENA XXV.
UN CRIADO.—DICHOS.
CRIADO.
A Justina y á Cipriano
El gobernador Aurelio
Llama.
JUSTINA.
¡Feliz yo mil veces,
Si es para el fin que deseo!—
No te acobardes, Cipriano.
CIPRIAN.
Fe, valor y ánimo tengo;
Que si de mi esclavitud
La vida ha de ser el precio,
Quien el alma dió por tí,
¿Qué hará en dar por Dios el cuerpo?
JUSTINA.
Que en la muerte te querria
Dije; y pues á morir llego
Contigo, Cipriano, ya
Cumplí mis ofrecimientos.
_(Vanse Justina, Cipriano y el criado.)_
ESCENA XXVI.
MOSCON, LIVIA, CLARIN.
MOSCON.
¡Qué contentos á morir
Van!
LIVIA.
Mucho más contentos
Los tres á vivir quedamos.
CLARIN.
No mucho; que falta un pleito
Que averiguar; y aunque aquesta
No es ocasion, por si luego
No hay lugar, no será justo
Que echemos á mal el tiempo.
MOSCON.
¿Qué pleito es ese?
CLARIN.
Yo he estado
Ausente...
LIVIA.
Dí.
CLARIN.
Un año entero,
Y un año Moscon ha sido
Sin mi intermision tu dueño;
Y á rata por cantidad,
Para que iguales estemos,
Otro año has de ser mia.
LIVIA.
¿Pues de mí presumes eso,
Que habia de hacerte ofensa?
Los dias lloraba enteros
Que me tocaba llorar.
MOSCON.
Y yo soy testigo dello;
Que el dia que no era mio
Guardé á tu amistad respeto.
CLARIN.
Eso es falso, porque hoy
No lloraba cuando dentro
De su casa entré, y con ella
Estabas tú muy de asiento.
LIVIA.
No era hoy dia de plegaria.
CLARIN.
Sí era, que si bien me acuerdo,
El dia que me ausenté
Era mio.
LIVIA.
Ese fué yerro.
MOSCON.
Ya sé en lo que el yerro ha estado.
Este fué año de bisiesto,
Y fueron pares los dias.
CLARIN.
Yo me doy por satisfecho,
Porque no lo ha de apurar
Todo el hombre.—Mas ¿qué es esto?
_(Suena gran ruido de tempestad.)_
ESCENA XXVII.
EL GOBERNADOR, GENTE; _luego_, FABIO, LELIO Y FLORO, _todos
alborotados; despues_, EL DEMONIO.
LIVIA.
La casa se viene abajo.
MOSCON.
¡Qué confusion! ¡qué portento!
GOBERN.
Sin duda se ha desplomado
La máquina de los cielos.
_(Suena la tempestad, y salen Fabio, Lelio y Floro.)_
FABIO.
Apénas en el cadalso
Cortó el verdugo los cuellos
De Cipriano y de Justina,
Cuando hizo sentimiento
Toda la tierra.
LELIO.
Una nube,
De cuyo abrasado seno
Abortos horribles son
Los relámpagos y truenos,
Sobre nosotros cae.
FLORO.
Della
Un disforme monstruo horrendo
En las escamadas conchas
De una sierpe sale, y puesto
Sobre el cadalso, parece
Que nos llama á su silencio.
_(Descúbrese el cadalso con las cabezas y cuerpos de Justina y
Cipriano, y el Demonio, en lo alto, sobre una sierpe.)_
DEMONIO.
Oid, mortales, oid
Lo que me mandan los cielos
Que en defensa de Justina
Haga á todos manifiesto.
Yo fuí quien por disfamar
Su virtud, formas fingiendo,
Su casa escalé, y entré
Hasta su mismo aposento;
Y porque nunca padezca
Su honesta fama desprecios,
A restituir su honor
De aquesta manera vengo.
Ciprïano, que con ella
Yace en feliz monumento,
Fué mi esclavo; mas borrando
Con la sangre de su cuello
La cédula que me hizo,
Ha dejado en blanco el lienzo;
Y los dos, á mi pesar,
A las esferas subiendo
Del sacro solio de Dios,
Viven en mejor imperio.
Esta es la verdad, y yo
La digo, porque Dios mesmo
Me fuerza á que yo la diga,
Tan poco enseñado á hacerlo.
_(Cae velozmente, y húndese.)_
LELIO.
¡Qué asombro!
FLORO.
¡Qué confusion!
LIVIA.
¡Qué prodigio!
TODOS.
¡Qué portento!
GOBERN.
Todos estos son encantos
Que aqueste mágico ha hecho
En su muerte.
FLORO.
Yo no sé
Si los dudo ó si los creo.
LELIO.
A mí me admira el pensarlos.
CLARIN.
Yo solamente resuelvo
Que si él es mágico, ha sido
El mágico de los cielos.
MOSCON.
Pues dejando en pié la duda
Del bien partido amor nuestro,
Al _Mágico prodigioso_
Pedid perdon de los yerros.
EL PRÍNCIPE CONSTANTE.
PERSONAS.
DON FERNANDO, _príncipe_.
DON ENRIQUE, _príncipe_.
DON JUAN COUTIÑO.
EL REY DE FEZ, _viejo_.
MULEY, _general_.
CELIN.
ALFONSO, _rey de Portugal_.
TARUDANTE, _rey de Marruecos_.
BRITO, _gracioso_.
FÉNIX, _infanta_.
ROSA.
ZARA.
ESTRELLA.
CELIMA.
_Soldados portugueses._
_Cautivos._
_Moros._
La escena es en Fez y sus contornos, y en los de Tánger.
La accion principia en el año 1437.
JORNADA PRIMERA.
_Jardin del rey de Fez._
ESCENA PRIMERA.
CAUTIVOS, _que salen cantando_; ZARA.
ZARA.
Cantad aquí, que ha gustado,
Miéntras toma de vestir
Fénix hermosa, de oir
Las canciones, que ha escuchado
Tal vez en los baños, llenas
De dolor y sentimiento.
CAUT. 1.º
Música cuyo instrumento
Son los hierros y cadenas
Que nos aprisionan, ¿puede
Haberla alegrado?
ZARA.
Sí:
Ella escucha desde aquí.
Cantad.
CAUT. 2.º
Esa pena excede,
Zara hermosa, á cuantas son,
Pues solo un rudo animal,
Sin discurso racional,
Canta alegre en la prision.
ZARA.
¿No cantais vosotros?
CAUT. 3.º
Es
Para divertir las penas
Propias, mas no las ajenas.
ZARA.
Ella escucha, cantad pues.
CAUTIVOS
_(Cantando.)_ _Al peso de los años_
_Lo eminente se rinde;_
_Que á lo fácil del tiempo_
_No hay conquista difícil._
ESCENA II.
ROSA.—DICHOS.
ROSA.
Despejad, cautivos; dad
A vuestras canciones fin;
Porque sale á este jardin
Fénix á dar vanidad
Al campo con su hermosura,
Segunda aurora del prado.
_(Vanse los cautivos.)_
ESCENA III.
FÉNIX, ESTRELLA Y CELIMA, _como acabando de vestir á la Infanta_.—ZARA,
ROSA.
ESTREL.
Hermosa te has levantado.
ZARA.
No blasone el alba pura
Que la debe este jardin
La luz ni fragancia hermosa,
Ni la púrpura la rosa,
Ni la blancura el jazmin.
FÉNIX.
El espejo.
ESTREL.
Es excusado
Querer consultar con él
Los borrones que el pincel
Sobre la tez no ha dejado. _(Danle un espejo.)_
FÉNIX.
¿De qué sirve la hermosura
(Cuando lo fuese la mia),
Si me falta la alegría,
Si me falta la ventura?
CELIMA.
¿Qué sientes?
FÉNIX.
Si yo supiera,
¡Ay Celima! lo que siento,
De mi mismo sentimiento
Lisonja al dolor hiciera;
Pero de la pena mia
No sé la naturaleza;
Que entónces fuera tristeza
Lo que hoy es melancolía.
Solo sé que sé sentir;
Lo que sé sentir no sé;
Que ilusion del alma fué.
ZARA.
Pues no pueden divertir
Tu tristeza estos jardines,
Que á la primavera hermosa
Labran estatuas de rosa
Sobre templos de jazmines,
Hazte al mar: un barco sea
Dorado carro del sol.
ROSA.
Y cuando tanto arrebol
Errar por sus ondas vea,
Con grande melancolía
El jardin al mar dirá:
«Ya el sol en su centro está:
Muy breve ha sido este dia.»
FÉNIX.
Pues no me puede alegrar,
Formando sombras y léjos,
La emulacion, que en reflejos,
Tienen la tierra y el mar;
Cuando con grandezas sumas
Compiten entre esplendores
Las espumas á las flores,
Las flores á las espumas;
Porque el jardin, envidioso
De ver las ondas del mar,
Su curso quiere imitar;
Y así el céfiro amoroso
Matices rinde y olores,
Que soplando en ellas bebe,
Y hacen las hojas que mueve
Un océano de flores;
Cuando el mar, triste de ver
La natural compostura
Del jardin, tambien procura
Adornar y componer
Su playa, la pompa pierde,
Y á segunda ley sujeto,
Compite con dulce efeto
Campo azul y golfo verde,
Siendo, ya con rizas plumas,
Ya con mezclados colores.
El jardin un mar de flores,
Y el mar un jardin de espumas:
Sin duda mi pena es mucha,
No la pueden lisonjear
Campo, cielo, tierra y mar.
ZARA.
Gran pena contigo lucha.
ESCENA IV.
EL REY, _con un retrato_.—DICHOS.
REY.
Si acaso permite el mal,
Cuartana de tu belleza,
Dar treguas á tu tristeza,
Este bello original
(Que no es retrato el que tiene
Alma y vida) es del infante
De Marruecos, Tarudante,
Que á rendir á tus piés viene
Su corona: embajador
Es de su parte; y no dudo
Que, embajador que habla mudo,
Trae embajadas de amor.
Favor en su amparo tengo:
Diez mil jinetes alista
Que enviar á la conquista
De Ceuta, que ya prevengo.
Dé la vergüenza esta vez
Licencia: permite amar
A quien se ha de coronar
Rey de tu hermosura en Fez.
FÉNIX.
_(Ap.)_ ¡Válgame Alá!
REY.
¿Qué rigor
Te suspende de esa suerte?
FÉNIX.
_(Ap.)_ La sentencia de mi muerte.
REY.
¿Qué es lo que dices?
FÉNIX.
Señor,
Si sabes que siempre has sido
Mi dueño, mi padre y rey,
¿Qué he de decir? (_Ap._ ¡Ay Muley!
¡Grande ocasion has perdido!)
El silencio (¡ay infelice!)
Hace mi humildad inmensa.
(_Ap._ Miente el alma, si lo piensa;
Miente la voz, si lo dice.)
REY.
Toma el retrato.
FÉNIX.
_(Ap.)_ Forzada
La mano le tomará;
Pero el alma no podrá.
_(Disparan una pieza.)_
ZARA.
Esta salva es á la entrada
De Muley, que hoy ha surgido
Del mar de Fez.
REY.
Justa es.
ESCENA V.
MULEY, _con baston de general_.—DICHOS.
MULEY.
Dáme, gran señor, los piés.
REY.
Muley, seas bien venido.
MULEY.
Quien penetra el arrebol
De tan soberana esfera,
Y á quien en el puerto espera
Tal aurora, hija del sol,
Fuerza es que venga con bien.
Dáme, señora, la mano,
Que este favor soberano
Puede mereceros quien
Con amor, lealtad y fe
Nuevos triunfos te previene.
(_Ap._ Y fué á serviros, y viene
Tan amante como fué.)
FÉNIX.
(_Ap._ ¡Válgame el cielo! ¿qué veo?)
Tú, Muley (estoy mortal),
Vengas con bien.
MULEY.
_(Ap.)_ No, con mal
Será, si á mis ojos creo.
REY.
En fin, Muley, ¿qué hay del mar?
MULEY.
Hoy tu sufrimiento pruebas:
De pesar te traigo nuevas,
Porque ya todo es pesar.
REY.
Pues cuanto supieres dí;
Que en un ánimo constante
Siempre se halla igual semblante
Para el bien y el mal.—Aquí
Te sienta, Fénix.
FÉNIX.
Sí haré.
REY.
Todos os sentad.—Prosigue,
Y nada á callar te obligue,
_(Siéntanse el Rey y las damas.)_
MULEY.